Iñigo Saldise Alda
Unidad, primer paso hacia la libertad
Soberanía de Navarra
"La unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo”.
Isaac Newton
El 4 de diciembre de 2008, casi al final de una jornada de trabajo en post de la recuperación del Estado de los vascos, en esta ocasión realizada en Gasteiz, dentro del marco organizativo que está realizando Orreaga Iritzi Taldea a lo largo de la geografía de Vasconia y que llevan por título: “La reconstrucción de la razón política, un arma para la libertad”, me pareció interesante la pregunta que dejó en el aire, uno de los asistentes, dirigida a los ponentes que nos encontrábamos allí, que éramos en esa ocasión, Joseba Ariznabarreta, Kepa Anabitarte y yo.
La cuestión planteada por este preocupado compatriota, venía a decir más o menos lo siguiente:-¿Cómo podemos lograr una unidad nacional vasca, para lograr el objetivo primordial, que no puede ser otro más que la liberación de nuestro propio Estado?
Esta consulta, que a primera vista puede parecer simple y sencilla, lleva una complejidad algo más que relativa, ya que depende y mucho, de los esfuerzos que estemos dispuestos a dar todos y todas, dentro de los diferentes ámbitos de esta sociedad.
Esta pregunta nos la deberíamos repetir todos los que poseemos la inquietud de gozar nuestro propio Estado, hasta conseguir lograr la o las, respuestas apropiadas, siempre sin perder nunca el referente que nos mueve en nuestro interior, es decir, objetivo final de nuestra noble causa, el cual es y debe de ser hasta logarlo, la independencia.
Como punto de partida y algo esencial para el proyecto unitario, es que los diferentes colectivos e individuos, tenemos que analizar cual es el patrón ideal a seguir más ajustado de cara a nuestro interés fundamental. Para ello tenemos, al menos, tres diferentes paradigmas que examinar, estudiar y considerar, quedándonos única y exclusivamente con un de ellos, el que contenga mayor peso político y sirva así, de proyecto básico en nuestra estrategia.
Estos tres paradigmas, como nos dice Luís Mª Mtz Garate, serían en un primer momento el denominado modelo foral, basado en las supuestas y primitivas relaciones entre la corona de Castilla y la provincias Vascongadas, actualmente C.A.V. y de una simulada incorporación de igual a igual, también supuestamente pactada con los restos del Reino de Navarra al sur del Pirineo, que es hoy en día la C.F.N.
Mirándolo desde el punto de vista de las provincias Vascongadas, ya en el siglo XVI encontramos una defensa de este modelo, concretamente llevada a cabo por un historiador de la monarquía española de los Austrias, llamado Esteban de Garibay. Posteriormente en el siglo XVIII, también nos hallamos una defensa de este paradigma, esta vez, llevada a cabo por Manuel Larramendi, siendo tal vez la última vez que se defendió este planteamiento en los siglos XIX y XX, por el pensamiento carlista.
Al analizar exhaustivamente este paradigma, llegamos por varios motivos, rápidamente a la conclusión de lo inapropiado de este modelo a la hora de alcanzar nuestro vital objetivo. Para empezar, en este planteamiento los vascos continuaríamos divididos, pues en ningún momento se cuenta con los vascos del norte del Pirineo en este proyecto, basado, recordémoslo, en unos supuestos pactos con el reino de España, el cual, no se nos olvide, no permitirá nunca la constitución de nuestro Estado propio en el ámbito actual europeo, infringiéndonos además entre otras imposiciones, las pesadas cargas forales referentes a materia económica, como son el cupo para la C.A.V. y el tributo para la C.F.N.
Como segundo paradigma, nos encontramos al denominado modelo bizkaitarra o aranista, el cual fue planteado por los hermanos Arana, Sabino y Luís, a finales del siglo XIX. Los hermanos Arana conscientes de los diferentes movimientos nacionales que en su época surcaban Europa y sin llegar de desechar del todo, el modelo foral anteriormente explicado, incorporándolo a su particular visión nacional basada exclusivamente en una perspectiva totalmente bizkaitarra. Esto fue debido, principalmente, po no haber realizado una reflexión profunda sobre nuestra realidad histórica y por tanto política, de la totalidad de nuestra amada Vasconia.
Sin embargo, no se nos puede pasar por alto, el paso de gigante que ejecutaron los hermanos Arana, al afirmar sin tapujos, ni complejos, el que los vascos no somos ni españoles, ni franceses, y que por lo tanto, tenemos derecho a nuestra propia independencia, es decir, a poseer nuestro propio Estado, pero la falta de conocimiento de una realidad política propia, basada en la historia del Estado que ha tenido este pueblo, les llevó no solo a inventarse un nombre para nuestro Estado, sino también propusieron unos territorios para conformarlo, inferiores a los realmente son de nuestro Estado.
Pero los hermanos Arana, mediante la exposición de su paradigma, buscaron una respuesta a pregunta planteada más de un siglo después en Gasteiz. Sus esfuerzos se dirigieron a buscar la unidad de los vascos, fuera de la república de Francia y del reino de España, algo que no debe olvidársenos a ningún soberanista, calando muy hondo su mensaje en la inmensa mayoría del pueblo vasco, incentivando con el, un sentimiento nacional propio para los vascos.
La dificultad de estos planteamientos radicaba por el contrario, en que estaban basados en un imaginario poco, por no decir nada, apropiado en el objetivo final, ya que estaban asentados en una visión histórica ciertamente falsa y a la postre, contraproducente para el objetivo político primordial que perseguían, que no era otro más que el de lograr conseguir la independencia, con respecto a los imperios español y francés.
Así que llegamos al último patrón, el paradigma navarro, el cual está basado principalmente en la centralidad política que nos otorga el Estado de Navarra, el cual fue creado por los vascones a principios del siglo IX, que mantuvo una estructura política propia, con leyes propias, los fueros, y que nos representó en diferentes congresos internaciones, contando así con pleno derecho internacional al poseer una soberanía propia y que además sirvió para salvaguardar la cultura y lengua propia de los vasco(ne)s, manteniéndose independiente hasta el primer tercio del siglo XVII.
Por tanto, como punto inevitable con el cual buscar una unidad entre las fuerzas independentistas de este hermoso país, debemos aceptar la fuerza política y cultural que nos da el paradigma navarro, adecuándole en su justa media el mensaje lanzado por los hermanos Arana, haciendo así, que sea el pilar básico de nuestra unidad y decir alto y claro al resto del mundo lo siguiente:
“Los vascos no somos españoles, tampoco franceses. Sencillamente, los vascos somos navarros”
SOBERANÍA DE NAVARRA by Nabartzale bilduma. Este es el correo para escritos, artículos, comentarios y sugerencias. Los artículos, escritos y comentarios deben estar debidamente firmados por su autor o autora en formato Word. Solo se publicaran aquellos escritos que estén realizados desde la independencia y soberanía de su autor o autora siguiendo los criterios editoriales de los miembros de NABARRAKO BURUJABETASUN-SOBERANÍA DE NAVARRA. nabartzale@gmail.com
2008/12/09
2008/12/01
Iruinea, diciembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Día de Navarra
Soberanía de Navarra
El día 3 de diciembre se celebrará de nuevo el día de Navarra, coincidiendo con la festividad católica de San Francisco Javier. Esta celebración se instituyó el 16 de agosto de 1982, tras la entrada en vigor de la denominada Ley Orgánica Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral.
En los primeros años, el día de Navarra se celebraba en el monasterio de Leyre, el último domingo de junio, fecha coincidente con el aniversario de la batalla de Noain (30 junio de 1521), en la cual 5000 patriotas navarros, murieron a manos de las tropas invasoras españolas. Seguramente este fue el motivo por el cual, el gobierno existente en la C.F. de Navarra del año 1985, comandado por el Partido Socialista Obrero Español, decididió el traslado de dicha festividad, al día 3 de diciembre, escudándose en la coincidencia con una festividad ya existente, de carácter católico, de uno de los dos patronos de Navarra, el cual era hermano de dos defensores de la independencia del Reino de Navarra durante la invasión española.
Como contraposición a las instituciones españolas existentes en la C.F., el colectivo Orreaga Fundazioa, comenzó hace ya once años, unos actos populares desmarcados de las instituciones ajenas a la cultura propia de los navarros. Este año y como miembros participantes de la iniciativa, 1512-2012 Nafarroa Bizirik! los actos que nos presentan desde Orreaga Fundazioa, tiene como eslogan: Recuperemos nuestra historia.
Hay que decir, que esta fiesta instaurada desde las instituciones españolas existentes en la Navarra residual o reducida, no es la primera en poseer el nombre de día de Navarra, ya que desde el año 1978, el último domingo de abril, se celebra en la localidad de la Navarra ultra pirenaica de Baigorri, el Nafarroaren Eguna (día de Navarra en lingua navarrorum), celebración realizada exclusivamente por navarros y cuyo objetivo primordial es incentivar la unidad de todos los navarros, rompiendo las fronteras impuestas por españoles y franceses.
Así, estas reivindicaciones y actos populares navarros, ajenos a las instituciones impuestas que realmente no nos representan, no deben ser flor de un día o tal vez dos, ¡No!. Nosotros los navarros y navarras, debemos trabajar todos los días de año, año tras año, en la protección y divulgación de nuestra cultura, en la recuperación de nuestra lengua milenaria, haciendo que se escuche en todos los rincones de Vasconia y ahondar en el conocimiento de nuestra historia política, para que con ello, el objetivo primordial y básico de alcanzar algún día la libertad, se ponga al alcance de nuestras manos.
El 3 de diciembre no debe quedarse como algo anecdótico, sino debe de ser un día más de trabajo para todos nosotros. La constancia en el trabajo, es una de nuestras principales armas con las que alcanzar el objetivo primordial de la recuperación de la soberanía del Estado de Navarra, en donde la cultural y la lengua propia permanecerán a salvo de las políticas de exterminio realizadas por el reino de España y la república de Francia, que no tiene mayor objetivo que el de conquistar a los navarros, mediante la aniquilación de nuestra lengua y cultura.
2008/11/24
Iruinea, noviembre de 2008
Iñigo Saldise Alda
Euskadi ¿Nombre de la selección de fútbol de nuestro Estado?
Soberanía de Navarra
El fútbol moderno, como lo conocemos hoy en día, fue creado en el reino de Inglaterra, tras instituirse la Football Association en el año 1863, sentándose con ella, las primeras reglas para el deporte más popular del mundo en la actualidad.
La práctica del fútbol, bajo la normativa inglesa, fue introducida en Vasconia a finales del siglo XIX, momento en que los hermanos Arana gestaron el paradigma bizkaitarra o aranista, que nos plantea el término de Euzkadi como nombre del Estado de los vascos, en el cual se encuadrarían la totalidad de los territorios del Zazpiak bat, lema de origen cultural acuñado por Antoine d'Abbadie y Agustin Xaho.
La guerra civil en el estado español, involucró a las tierras de la Vasconia cispirenaica bajo imposición española, tras el alzamiento militar que sufrió la II república de España. Precisamente en ese contexto, apareció a primeros de 1937 la selección de Euskadi. Fue creada por el lehendakari José Antonio Agirre y su principal motivo, por no decir el único, fue el de recaudar fondos para las tropas leales a la II república española, que se encontraban en la pro-vinci de Bizkaia, y que estaban conformadas en su mayoría, no su totalidad, por miembros de los partidos nacionalistas vascos de la época, EAJ-PNV y EAE-ANV.
El combinado de Euskadi se convirtió en el embajador de la causa republicana española en el mundo, buscando obtener simpatías y especialmente apoyos económicos, con los que alimentar la maquinaria bélica existente contra el levantamiento militar e intentar salvar así, el régimen republicano en que estaba instituido el estado español.
Incluso la selección de Euskadi, llegó a convertirse en un equipo más dentro de la liga de Mexico durante la temporada 1938-1939, consiguiendo incluso el campeonato de dicho estado , antes de su disolución tras salir derrotados militarmente, los defensores de la II república en el estado español, pasando este a estructurarse en una dictadura de carácter fascista, sistema semejante a los ya existentes en dicha época en otros estados europeos, como Alemania e Italia.
La llamada transición española facilitó la vuelta de la formación futbolística de Euskadi, que volvió a jugar en el año 1979 en pleno Aste Nagusia de Bilbo, siendo prohibida la entonación del Gernikako Arbola antes del partido, por el delegado del gobierno del reino de España, sito en la provincia de Vizcaya.
Es entonces, cuando el término político que acuñaron los hermanos Arana para el Estado de los vascos, pasó a ser el de una mera y simple, comunidad autónoma dentro del reino de España, conformada exclusivamente por solo tres territorios del Zazpiak bat. Con ello, esta realidad que sufrimos en la actualidad, está muy alejada de las pretensiones iniciales realizadas en su tiempo, por Luís y Sabino Arana, quienes acuñaron dicho término dentro de su paradigma o modelo Estatal para la totalidad de los vascos en esta parte de Europa.
Así, con alguna intermitencia en las ya casi tradicionales apariciones anuales del combinado de Euskadi, el cual pese a ser la selección de la federación de una comunidad formada por tres provincias del reino de España, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, ha contado con la participación de jugadores vascos de otros territorios pertenecientes al ya mencionado Zazpiak bat, hasta llegar al año pasado (2007), cuando se decidió el cambio del nombre para la selección, cambiándose el término político de Euskadi, por un término cultural, el de Euskal Herria, retractándose la federación de la comunidad autónoma vasca, apenas en un año.
Esto ha suscitado un debate en la sociedad vasca, siendo a mi parecer ambos términos incorrectos, si nos estamos refiriendo al Estado que crearon los vasco(ne)s libres e independientes a comienzos del siglo IX y que existió soberano hasta el primer cuarto del siglo XVII.
Yo particularmente, comparto la misma opinión que Luís Mª Mtz Garate, en lo que se refiere a la insuficiencia del término cultural de Euskal Herria, si lo que queremos es nombrar a una selección de fútbol de nuestro propio Estado, principalmente. A su vez, la utilización del término político devaluado de Euskadi, no sirve para dicho propósito y no por su desvalorización actual, sino por carecer de legitimidad histórica de aquel Estado que crearon y poseyeron los vasco(ne)s libres e independientes.
Además: ¿Podrán jugar aquellos jugadores vascos que están en la diáspora, que tienen una nacionalidad (estatalidad) diferente a los vascos de esta zona de Europa? ¿Los jugadores no vascos serán excluidos de jugar en dicha selección, a pesar de tener la misma nacionalidad (estatalidad) que los jugadores que si son vascos?
Para concluir, decir que no considero a ninguno de estos términos como el apropiado para designar a la selección de fútbol de una Vasconia libre e independiente. El término político correcto, que nos ha dejado la historia de este país para designar a nuestra amada Vasconia, es el término político que le dieron los vasco(ne)s libres e independientes a nuestro Estado, a los cuales se les conocía como navarros y que no es otro más que Navarra.
Euskadi ¿Nombre de la selección de fútbol de nuestro Estado?
Soberanía de Navarra
El fútbol moderno, como lo conocemos hoy en día, fue creado en el reino de Inglaterra, tras instituirse la Football Association en el año 1863, sentándose con ella, las primeras reglas para el deporte más popular del mundo en la actualidad.
La práctica del fútbol, bajo la normativa inglesa, fue introducida en Vasconia a finales del siglo XIX, momento en que los hermanos Arana gestaron el paradigma bizkaitarra o aranista, que nos plantea el término de Euzkadi como nombre del Estado de los vascos, en el cual se encuadrarían la totalidad de los territorios del Zazpiak bat, lema de origen cultural acuñado por Antoine d'Abbadie y Agustin Xaho.
La guerra civil en el estado español, involucró a las tierras de la Vasconia cispirenaica bajo imposición española, tras el alzamiento militar que sufrió la II república de España. Precisamente en ese contexto, apareció a primeros de 1937 la selección de Euskadi. Fue creada por el lehendakari José Antonio Agirre y su principal motivo, por no decir el único, fue el de recaudar fondos para las tropas leales a la II república española, que se encontraban en la pro-vinci de Bizkaia, y que estaban conformadas en su mayoría, no su totalidad, por miembros de los partidos nacionalistas vascos de la época, EAJ-PNV y EAE-ANV.
El combinado de Euskadi se convirtió en el embajador de la causa republicana española en el mundo, buscando obtener simpatías y especialmente apoyos económicos, con los que alimentar la maquinaria bélica existente contra el levantamiento militar e intentar salvar así, el régimen republicano en que estaba instituido el estado español.
Incluso la selección de Euskadi, llegó a convertirse en un equipo más dentro de la liga de Mexico durante la temporada 1938-1939, consiguiendo incluso el campeonato de dicho estado , antes de su disolución tras salir derrotados militarmente, los defensores de la II república en el estado español, pasando este a estructurarse en una dictadura de carácter fascista, sistema semejante a los ya existentes en dicha época en otros estados europeos, como Alemania e Italia.
La llamada transición española facilitó la vuelta de la formación futbolística de Euskadi, que volvió a jugar en el año 1979 en pleno Aste Nagusia de Bilbo, siendo prohibida la entonación del Gernikako Arbola antes del partido, por el delegado del gobierno del reino de España, sito en la provincia de Vizcaya.
Es entonces, cuando el término político que acuñaron los hermanos Arana para el Estado de los vascos, pasó a ser el de una mera y simple, comunidad autónoma dentro del reino de España, conformada exclusivamente por solo tres territorios del Zazpiak bat. Con ello, esta realidad que sufrimos en la actualidad, está muy alejada de las pretensiones iniciales realizadas en su tiempo, por Luís y Sabino Arana, quienes acuñaron dicho término dentro de su paradigma o modelo Estatal para la totalidad de los vascos en esta parte de Europa.
Así, con alguna intermitencia en las ya casi tradicionales apariciones anuales del combinado de Euskadi, el cual pese a ser la selección de la federación de una comunidad formada por tres provincias del reino de España, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, ha contado con la participación de jugadores vascos de otros territorios pertenecientes al ya mencionado Zazpiak bat, hasta llegar al año pasado (2007), cuando se decidió el cambio del nombre para la selección, cambiándose el término político de Euskadi, por un término cultural, el de Euskal Herria, retractándose la federación de la comunidad autónoma vasca, apenas en un año.
Esto ha suscitado un debate en la sociedad vasca, siendo a mi parecer ambos términos incorrectos, si nos estamos refiriendo al Estado que crearon los vasco(ne)s libres e independientes a comienzos del siglo IX y que existió soberano hasta el primer cuarto del siglo XVII.
Yo particularmente, comparto la misma opinión que Luís Mª Mtz Garate, en lo que se refiere a la insuficiencia del término cultural de Euskal Herria, si lo que queremos es nombrar a una selección de fútbol de nuestro propio Estado, principalmente. A su vez, la utilización del término político devaluado de Euskadi, no sirve para dicho propósito y no por su desvalorización actual, sino por carecer de legitimidad histórica de aquel Estado que crearon y poseyeron los vasco(ne)s libres e independientes.
Además: ¿Podrán jugar aquellos jugadores vascos que están en la diáspora, que tienen una nacionalidad (estatalidad) diferente a los vascos de esta zona de Europa? ¿Los jugadores no vascos serán excluidos de jugar en dicha selección, a pesar de tener la misma nacionalidad (estatalidad) que los jugadores que si son vascos?
Para concluir, decir que no considero a ninguno de estos términos como el apropiado para designar a la selección de fútbol de una Vasconia libre e independiente. El término político correcto, que nos ha dejado la historia de este país para designar a nuestra amada Vasconia, es el término político que le dieron los vasco(ne)s libres e independientes a nuestro Estado, a los cuales se les conocía como navarros y que no es otro más que Navarra.
2008/11/20
Iruinea, noviembre de 2008
Iñigo Saldise Alda
El Estado soberano de Navarra, 1530-1620
Irujo Etxea Elkartea
“Navarra será la admiración del Mundo”. William Shakespeare, 1594
El año 1530, el emperador Carlos V de Alemania y I de España ordena la retirada de las tropas de ocupación españolas de la tierra de Ultrapuertos. Toma dicho mandato por motivos estratégicos en su guerra contra el rey Francisco I de Francia, aliado del legítimo soberano del reino de Navarra, Enrique II “el Sangüesino”. Una razón es la falta de control sobre los naturales del lugar desde 1524, a pesar de las extremas y continuas medidas de represión ejercidas por las tropas castellanas con el consentimiento del representante de la iglesia católica.
Debido a la invasión militar española, las legítimas Cortes navarras se habían exiliado a Pau en1512, en el señorío de Bearne, encabezadas por Catalina I de Foix y Juan III de Albret, reyes de Navarra. Pero incluso antes de que las tropas españolas retrocedan sobre los Pirineos hacia el sur, liberando la tierra de Ultrapuertos en 1530, las Cortes de Navarra se reúnen en Donapaleu a petición de Enrique de Albret en el año 1527, llegando a ostentar dicha localidad la capitalidad del reino.
Desde 1530, en la Navarra libre del norte del Pirineo se sucedieron los intentos, por vía diplomática, encaminados a la recuperación de las tierras ocupadas. El rey Enrique II de Navarra lo intentó mediante el matrimonio de su hija Juana de Albret con el hijo del emperador Carlos V, el futuro Felipe II de España. La perspectiva esperanzó a los navarros sometidos del sur del Pirineo, donde los beaumonteses de Iruñea prepararon un memorandum el año 1540, detallando cuáles eran las tierras arrebatadas que debía reclamar su rey, además de las cinco Merindades:
“Quanto a lo que pertenesce a V. Alteza, según lo que solía extender este Reyno antiguamente como es pública voz y fama que era señor de Guipúzcoa, Vizcaya y Alaba y mucha parte de Rioja, hasta el holmo de Burgos; como por la sepultura que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parescen las armas de Navarra; anssí como en Logroño y en otros lugares y de poco acá se han borrado...”
Durante el reinado de Enrique II, en 1545 se editó el primer libro en euskara, escrito por Bernart Etxepare, titulado Linguae Vasconum Primitiae. Margarita de Angulema, reina de Navarra, había escrito tres años antes el Heptamerón, colección de relatos eróticos, que no pudo concluir al sobrevenirle la muerte en 1549. Anteriormente la reina Margarita había acogido con buenos ojos los inicios de la Reforma, difundiendo el evangelismo y el platonismo.
En 1555, tras la muerte de Enrique II, le sucede en el trono Juana III de Albret, casada en 1548 con Antonio de Borbón, enlace celebrado en Moulins. Este matrimonio fue promovido por otro Enrique II, nuevo rey de Francia. La reina Juana III de Navarra era una mujer de gran talento, extraordinaria cultura, firme carácter, inquebrantables energías, elevadas ideas y bondadosos sentimientos.
Juana III y Antonio I de Navarra continuaron reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo, en poder de las tropas españolas. La reina Juana III llegó a presentarse, junto a su esposo y varios caballeros navarros, en la frontera impuesta por los españoles. Allí les esperaba el ejército ocupante, que negó a los legítimos reyes de Navarra visitar el país y entrar en su territorio. Hoy en día este acto se recuerda con una leyenda en torno a los días en que la niebla se apodera de la selva del Irati.
Pero las reclamaciones de la devolución de las tierras navarras del sur de los Pirineos no solo fueron simbólicas. Los monarcas utilizaron la diplomacia internacional, llegando incluso a enviar una carta al papa Pío IV, en diciembre de 1560, con una oración solemne de adhesión, buscando con ello la recuperación de todas las tierras perdidas.
La reina Juana III de Navarra, en 1560, introdujo la Reforma en el Reino de Navarra y en el vizcondado del Bearne, divulgando el calvinismo desde el año 1561. El príncipe de Viana, Enrique, fue educado junto a su hermano conforme a las ideas religiosas de esta reina. Uno de estos profesores era el reformador español Antonio del Corro, acogido en la Corte navarra.
La primera guerra de religión ocurrida en el reino de Francia no llegó a afectar a Navarra, ni al vizcondado del Bearne. La reina se opuso y resistió a jesuitas e inquisidores cuando intentaron establecerse en el reino, al temer por la integridad y las conciencias de los suyos, tras conocer las atrocidades sufridas por los navarros a manos de la Inquisición en los valles de mayoría agramontesa, en la Navarra ocupada.
La religión calvinista fue implantada en la Navarra libre como la religión del Estado. Así, la reina Juana III de Albret ordenó la traducción del Nuevo Testamento al euskara a Joannes Leizarraga en el año 1571, con la intención de que la palabra de Dios sería accesible para el pueblo llano.
El señor de Luxe, casa perteneciente al bando de Beaumont durante la guerra civil y en la ocupación del reino en 1512, enfrentada con la casa de Agramont desde el siglo XIV, apoya militarmente a los clérigos católicos en Navarra. Siendo como era esta casa partidaria de la unión con España, se alza contra la reina de Navarra en las guerras de religión, por defender la religión católica. De nuevo las viejas rivalidades entre los bandos salen a relucir en una nueva guerra. Enfrente se le opone de nuevo un notable agramontés, el señor de Agramont, que aceptaba la Reforma y era partidario de la reina, y con ello de la independencia de reino.
Los católicos y proespañoles se levantaron en armas a comienzos del año 1568, expulsaron a los ministros hugonotes, y se apoderaron de varios castillos. El joven Enrique, príncipe de Viana, intervino consiguiendo una paz entre ambas facciones. La reina Juana III de Navarra otorgó el perdón a los rebeldes, y proclamó la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra.
La guerra religiosa prosiguió entretanto en el reino de Francia. Así en 1569, el barón de Terride, en nombre de Carlos IX, ocupó el señorío de Bearne y restableció el catolicismo. El señor de Luxe le ayudó en el asedio a Navarrenx, en cuya plaza se había encerrado el barón de Arros, un jefe hugonote. España, junto al emperador de Roma, apoyó a los católicos contra Navarra.
La reina Juana III encomienda la recuperación del señorío de Bearne y los puestos ocupados por los católicos en el reino al conde de Mongome. En agosto de 1569 levantaron el asedio de Navarrenx y tomaron Orthez. El lugarteniente de Juana III ordenó la toma de los bienes eclesiásticos y el 28 de enero de 1570 quedó abolido en el señorío de Bearne el ejercicio de la religión católica.
Por otro lado, las tropas de la reina derrotaron a los católicos en el reino, tomaron Donibane Garazi, destruyeron las iglesias y expulsaron al señor de Luxe del castillo de Maule. Se prohibió el ejercicio del culto católico y se designó como gobernador de la castellanía de Donibane Garazi a un hugonote. Sin embargo la religión católica permaneció gracias al ejercicio de libertad y tolerancia que promovía la reina Juana III, que seguía el consejo en la Corte celebrada en La Rochelle y tras la demanda de libre culto religioso realizada por los Estados de Navarra en el año 1571.
La reina Juana III de Navarra, en pos de una paz duradera con el Reino de Francia, promovió un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX, a lo que se oponía el joven príncipe de Navarra. En 1572 la reina de Navarra fue envenenada en París. Enterado de la noticia Enrique III, ya rey de Navarra, entra en París junto a 900 caballeros navarros vestidos de negro, color de los hugonotes.
La boda no se suspende y se celebra en París entre un rey protestante y una hermosa princesa católica. Esta boda no contaba con el apoyo del papa, y se realizó en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, por las creencias religiosas de Enrique III de Navarra.
En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos atacaron a los rebeldes protestantes, como siempre con la excusa de la herejía y la religión. Fueron asesinados en Francia unos cien mil, protestantes en su mayoría, y con ellos la mayor parte del séquito de 900 navarros del rey de Navarra. Éste fue hecho prisionero y obligado a establecer el catolicismo como religión del reino de Navarra, teniendo que permanecer en la Corte de París.
Ese mismo año consigue huir de París. Abjura de la religión católica y de inmediato se pone al mando de las tropas hugonotas en la cuarta guerra de religión, conocida como la guerra de los tres Enriques, que implica el propio rey de Navarra, el nuevo rey de Francia y Enrique I de Guisa, que se negaba a que un rey protestante accediera al trono de Francia.
Enrique III de Francia muere en el año 1589, y ello permite al rey de Navarra convertirse en rey de Francia. Enrique III de Navarra mantuvo una guerra abierta contra la Liga Católica, el papa y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En algún momento Enrique III tuvo que retirarse a Navarra, donde preparó un ejército que le facilitó el acceso al trono francés, por la vía militar.
Ya en el año 1585 el papa Sixto V había excomulgado por hereje a Enrique III de Navarra. Las tropas hugonotas consiguieron algunas victorias, pero París resiste gracias al apoyo de las tropas españolas mandadas por Alejando Farnesio. En 1593, el rey de Navarra se convierte al catolicismo para conseguir el trono de París, haciendo realidad una de las profecías de Nostradamus, realizada a Catalina de Medicis y al propio Enrique III de Navarra, cuando el navarro le fue presentado por Carlos IX de Francia. Esta conversión se resume en la célebre frase que se le atribuye:
“París bien vale una misa”.
Esta coronación no supuso la unión de los reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban en Pau, mientras que en Donapelau se continúa acuñando la moneda navarra. En 1598 firma la paz de Vervins con el reino de España. Es un tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre Francia y España, pero el rey navarro introduce una clausura negándose con ella a legitimar la anexión forzosa de las tierras del sur del Pirineo, pendiente desde la invasión militar de 1512.
Ese mismo año 1598, firmó el Edicto de Nantes, que reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, e intentó que se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo costaron millones de muertos.
Esta decisión le supone una nueva excomunión. Enrique III de Navarra y IV de Francia, fue asesinado en París por el jesuita Ravaillac en 1610. El reino de Navarra permanece como estado soberano 10 años más.
En el Fuero de Navarra una de las condiciones para el nombramiento del Príncipe de Viana, título del heredero de la corona, era que debía ser educado en la Corte de Navarra y en el respeto a las leyes del reino. El futuro Luís XIII de Francia, en cambio, permaneció en la Corte extranjera de París, y fue educado en la religión católica por el cardenal Richelieu durante 10 años.
En 1620 visitó las Cortes de Pau, restauró la religión católica en Navarra y el vizcondado del Bearne y prohibió la religión hugonote en todos los territorios bajo su dominio. Disolvió militarmente las Cortes de Navarra y del Bearne ese mismo año y realizó el decreto de unión desde las Cortes de París: Navarra quedaba anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.
Los Estados Generales de Navarra perduraron aún y todo, pero cada vez con menos competencias, en el parlamento de Pau. El rey francés intentó suprimirlos por completo en 1632, sin conseguirlo. La llama soberana de Navarra se apagó en el año 1620, pero el rescoldo siguió humeando hasta el año 1789, es decir, hasta la Revolución Francesa, a la espera de volver a ser encendida por los navarros algún día.
El Estado soberano de Navarra, 1530-1620
Irujo Etxea Elkartea
“Navarra será la admiración del Mundo”. William Shakespeare, 1594
El año 1530, el emperador Carlos V de Alemania y I de España ordena la retirada de las tropas de ocupación españolas de la tierra de Ultrapuertos. Toma dicho mandato por motivos estratégicos en su guerra contra el rey Francisco I de Francia, aliado del legítimo soberano del reino de Navarra, Enrique II “el Sangüesino”. Una razón es la falta de control sobre los naturales del lugar desde 1524, a pesar de las extremas y continuas medidas de represión ejercidas por las tropas castellanas con el consentimiento del representante de la iglesia católica.
Debido a la invasión militar española, las legítimas Cortes navarras se habían exiliado a Pau en1512, en el señorío de Bearne, encabezadas por Catalina I de Foix y Juan III de Albret, reyes de Navarra. Pero incluso antes de que las tropas españolas retrocedan sobre los Pirineos hacia el sur, liberando la tierra de Ultrapuertos en 1530, las Cortes de Navarra se reúnen en Donapaleu a petición de Enrique de Albret en el año 1527, llegando a ostentar dicha localidad la capitalidad del reino.
Desde 1530, en la Navarra libre del norte del Pirineo se sucedieron los intentos, por vía diplomática, encaminados a la recuperación de las tierras ocupadas. El rey Enrique II de Navarra lo intentó mediante el matrimonio de su hija Juana de Albret con el hijo del emperador Carlos V, el futuro Felipe II de España. La perspectiva esperanzó a los navarros sometidos del sur del Pirineo, donde los beaumonteses de Iruñea prepararon un memorandum el año 1540, detallando cuáles eran las tierras arrebatadas que debía reclamar su rey, además de las cinco Merindades:
“Quanto a lo que pertenesce a V. Alteza, según lo que solía extender este Reyno antiguamente como es pública voz y fama que era señor de Guipúzcoa, Vizcaya y Alaba y mucha parte de Rioja, hasta el holmo de Burgos; como por la sepultura que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parescen las armas de Navarra; anssí como en Logroño y en otros lugares y de poco acá se han borrado...”
Durante el reinado de Enrique II, en 1545 se editó el primer libro en euskara, escrito por Bernart Etxepare, titulado Linguae Vasconum Primitiae. Margarita de Angulema, reina de Navarra, había escrito tres años antes el Heptamerón, colección de relatos eróticos, que no pudo concluir al sobrevenirle la muerte en 1549. Anteriormente la reina Margarita había acogido con buenos ojos los inicios de la Reforma, difundiendo el evangelismo y el platonismo.
En 1555, tras la muerte de Enrique II, le sucede en el trono Juana III de Albret, casada en 1548 con Antonio de Borbón, enlace celebrado en Moulins. Este matrimonio fue promovido por otro Enrique II, nuevo rey de Francia. La reina Juana III de Navarra era una mujer de gran talento, extraordinaria cultura, firme carácter, inquebrantables energías, elevadas ideas y bondadosos sentimientos.
Juana III y Antonio I de Navarra continuaron reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo, en poder de las tropas españolas. La reina Juana III llegó a presentarse, junto a su esposo y varios caballeros navarros, en la frontera impuesta por los españoles. Allí les esperaba el ejército ocupante, que negó a los legítimos reyes de Navarra visitar el país y entrar en su territorio. Hoy en día este acto se recuerda con una leyenda en torno a los días en que la niebla se apodera de la selva del Irati.
Pero las reclamaciones de la devolución de las tierras navarras del sur de los Pirineos no solo fueron simbólicas. Los monarcas utilizaron la diplomacia internacional, llegando incluso a enviar una carta al papa Pío IV, en diciembre de 1560, con una oración solemne de adhesión, buscando con ello la recuperación de todas las tierras perdidas.
La reina Juana III de Navarra, en 1560, introdujo la Reforma en el Reino de Navarra y en el vizcondado del Bearne, divulgando el calvinismo desde el año 1561. El príncipe de Viana, Enrique, fue educado junto a su hermano conforme a las ideas religiosas de esta reina. Uno de estos profesores era el reformador español Antonio del Corro, acogido en la Corte navarra.
La primera guerra de religión ocurrida en el reino de Francia no llegó a afectar a Navarra, ni al vizcondado del Bearne. La reina se opuso y resistió a jesuitas e inquisidores cuando intentaron establecerse en el reino, al temer por la integridad y las conciencias de los suyos, tras conocer las atrocidades sufridas por los navarros a manos de la Inquisición en los valles de mayoría agramontesa, en la Navarra ocupada.
La religión calvinista fue implantada en la Navarra libre como la religión del Estado. Así, la reina Juana III de Albret ordenó la traducción del Nuevo Testamento al euskara a Joannes Leizarraga en el año 1571, con la intención de que la palabra de Dios sería accesible para el pueblo llano.
El señor de Luxe, casa perteneciente al bando de Beaumont durante la guerra civil y en la ocupación del reino en 1512, enfrentada con la casa de Agramont desde el siglo XIV, apoya militarmente a los clérigos católicos en Navarra. Siendo como era esta casa partidaria de la unión con España, se alza contra la reina de Navarra en las guerras de religión, por defender la religión católica. De nuevo las viejas rivalidades entre los bandos salen a relucir en una nueva guerra. Enfrente se le opone de nuevo un notable agramontés, el señor de Agramont, que aceptaba la Reforma y era partidario de la reina, y con ello de la independencia de reino.
Los católicos y proespañoles se levantaron en armas a comienzos del año 1568, expulsaron a los ministros hugonotes, y se apoderaron de varios castillos. El joven Enrique, príncipe de Viana, intervino consiguiendo una paz entre ambas facciones. La reina Juana III de Navarra otorgó el perdón a los rebeldes, y proclamó la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra.
La guerra religiosa prosiguió entretanto en el reino de Francia. Así en 1569, el barón de Terride, en nombre de Carlos IX, ocupó el señorío de Bearne y restableció el catolicismo. El señor de Luxe le ayudó en el asedio a Navarrenx, en cuya plaza se había encerrado el barón de Arros, un jefe hugonote. España, junto al emperador de Roma, apoyó a los católicos contra Navarra.
La reina Juana III encomienda la recuperación del señorío de Bearne y los puestos ocupados por los católicos en el reino al conde de Mongome. En agosto de 1569 levantaron el asedio de Navarrenx y tomaron Orthez. El lugarteniente de Juana III ordenó la toma de los bienes eclesiásticos y el 28 de enero de 1570 quedó abolido en el señorío de Bearne el ejercicio de la religión católica.
Por otro lado, las tropas de la reina derrotaron a los católicos en el reino, tomaron Donibane Garazi, destruyeron las iglesias y expulsaron al señor de Luxe del castillo de Maule. Se prohibió el ejercicio del culto católico y se designó como gobernador de la castellanía de Donibane Garazi a un hugonote. Sin embargo la religión católica permaneció gracias al ejercicio de libertad y tolerancia que promovía la reina Juana III, que seguía el consejo en la Corte celebrada en La Rochelle y tras la demanda de libre culto religioso realizada por los Estados de Navarra en el año 1571.
La reina Juana III de Navarra, en pos de una paz duradera con el Reino de Francia, promovió un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX, a lo que se oponía el joven príncipe de Navarra. En 1572 la reina de Navarra fue envenenada en París. Enterado de la noticia Enrique III, ya rey de Navarra, entra en París junto a 900 caballeros navarros vestidos de negro, color de los hugonotes.
La boda no se suspende y se celebra en París entre un rey protestante y una hermosa princesa católica. Esta boda no contaba con el apoyo del papa, y se realizó en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, por las creencias religiosas de Enrique III de Navarra.
En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos atacaron a los rebeldes protestantes, como siempre con la excusa de la herejía y la religión. Fueron asesinados en Francia unos cien mil, protestantes en su mayoría, y con ellos la mayor parte del séquito de 900 navarros del rey de Navarra. Éste fue hecho prisionero y obligado a establecer el catolicismo como religión del reino de Navarra, teniendo que permanecer en la Corte de París.
Ese mismo año consigue huir de París. Abjura de la religión católica y de inmediato se pone al mando de las tropas hugonotas en la cuarta guerra de religión, conocida como la guerra de los tres Enriques, que implica el propio rey de Navarra, el nuevo rey de Francia y Enrique I de Guisa, que se negaba a que un rey protestante accediera al trono de Francia.
Enrique III de Francia muere en el año 1589, y ello permite al rey de Navarra convertirse en rey de Francia. Enrique III de Navarra mantuvo una guerra abierta contra la Liga Católica, el papa y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En algún momento Enrique III tuvo que retirarse a Navarra, donde preparó un ejército que le facilitó el acceso al trono francés, por la vía militar.
Ya en el año 1585 el papa Sixto V había excomulgado por hereje a Enrique III de Navarra. Las tropas hugonotas consiguieron algunas victorias, pero París resiste gracias al apoyo de las tropas españolas mandadas por Alejando Farnesio. En 1593, el rey de Navarra se convierte al catolicismo para conseguir el trono de París, haciendo realidad una de las profecías de Nostradamus, realizada a Catalina de Medicis y al propio Enrique III de Navarra, cuando el navarro le fue presentado por Carlos IX de Francia. Esta conversión se resume en la célebre frase que se le atribuye:
“París bien vale una misa”.
Esta coronación no supuso la unión de los reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban en Pau, mientras que en Donapelau se continúa acuñando la moneda navarra. En 1598 firma la paz de Vervins con el reino de España. Es un tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre Francia y España, pero el rey navarro introduce una clausura negándose con ella a legitimar la anexión forzosa de las tierras del sur del Pirineo, pendiente desde la invasión militar de 1512.
Ese mismo año 1598, firmó el Edicto de Nantes, que reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, e intentó que se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo costaron millones de muertos.
Esta decisión le supone una nueva excomunión. Enrique III de Navarra y IV de Francia, fue asesinado en París por el jesuita Ravaillac en 1610. El reino de Navarra permanece como estado soberano 10 años más.
En el Fuero de Navarra una de las condiciones para el nombramiento del Príncipe de Viana, título del heredero de la corona, era que debía ser educado en la Corte de Navarra y en el respeto a las leyes del reino. El futuro Luís XIII de Francia, en cambio, permaneció en la Corte extranjera de París, y fue educado en la religión católica por el cardenal Richelieu durante 10 años.
En 1620 visitó las Cortes de Pau, restauró la religión católica en Navarra y el vizcondado del Bearne y prohibió la religión hugonote en todos los territorios bajo su dominio. Disolvió militarmente las Cortes de Navarra y del Bearne ese mismo año y realizó el decreto de unión desde las Cortes de París: Navarra quedaba anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.
Los Estados Generales de Navarra perduraron aún y todo, pero cada vez con menos competencias, en el parlamento de Pau. El rey francés intentó suprimirlos por completo en 1632, sin conseguirlo. La llama soberana de Navarra se apagó en el año 1620, pero el rescoldo siguió humeando hasta el año 1789, es decir, hasta la Revolución Francesa, a la espera de volver a ser encendida por los navarros algún día.
2008/11/17
Iruinea, noviembre de 2008
Iñigo Saldise Alda
El paradigma navarro. Arma para recuperar el Estado propio de los vascos.
Soberanía de Navarra
“Toda herramienta es un arma, si se empuña adecuadamente”. Ani Di Franco
El paradigma navarro está basado principalmente, en la centralidad política que nos otorga el Estado de Navarra para la totalidad de Vasconia. Mediante este paradigma, como nos indica Luís Mª Mtz Garate, podemos llegar a comprender y conocer mejor nuestra realidad política actual, por los diferentes sucesos histórico-políticos, que a vivido Euskal Herria a lo largo de estos siglos.
Hay que decir, que han sido bastantes los vascos que han defendido el paradigma navarro en los últimos siglos. El suletino Agustin Xaho, en el siglo XIX, ya lo dejó entrever en su obra Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos. En esta novela romántica, que está enmarcada durante la 1ª guerra carlista, encontramos una clara alusión a la importancia del Reino de Navarra, como referente político nacional de Euskal Herria.
Este modelo Estatal se vio fortalecido por la aportación realizada en el último tercio del siglo XIX, por la Asociación Euskara de Navarra, especialmente por los trabajos, estudios y ensayos políticos, realizados por sus miembros, donde destacan entre otros, Arturo Kanpion, Juan Iturralde y Suit o Serafín Olave, este último autor de las bases Constitucionales para la República de Navarra.
Los miembros de la Asociación Euskara de Navarra, se centraron en diferentes campos, de los que destacaban sus trabajos en materia histórica, cultura y del folclore propio de Euskal Herria, sentando con ello las bases para un conocimiento necesario, para una posterior acción política correcta, para la globalidad del soberanismo vasco.
Ya en el siglo XX, el paradigma navarro tuvo un gran interlocutor en la persona del bilbotarra Anacleto Ortueta, el cual en el año 1931 afirma de una manera rotunda, la necesidad de una centralidad política entorno a Navarra, considerándola como primordial para la unidad de los vascos en un Estado propio y soberano. Anacleto Ortueta llega a realizar esta afirmación, al basarse únicamente en la historia política de Vasconia.
Posteriormente, Federico Krutwing en su obra Vasconia, constata plenamente que la unidad de la gran Vasconia solo se ha dado con la máxima extensión lograda por el Reino de Navarra, involucrándose así en la defensa del paradigma navarro, mediante la defensa de la territorialidad plena del Estado de Navarra.
Los historiadores Tomás Urzainqui y el difunto J.Mª Olaizola, realizaron un gran trabajo histórico para el pueblo vasco al publicar La Navarra Marítima. Obra donde se habla de una unidad nacional vasca en la figura política del Estado, en forma de Reino y de nombre Navarra. Un planteamiento que podíamos intuir en una obra anterior, Navarra o cuando los vascos tenían reyes, del difunto Pierre Narbaitz, donde se puede llegar rápidamente a una conclusión semejante, simplemente al leer el título.
Por tanto, el conocimiento y la difusión de nuestra historial nacional, fortalece en gran medida las legítimas pretensiones de Euskal Herria de tener un Estado propio en el marco internacional actual, pues la historia nos demuestra que realmente ya lo tenemos, aunque actualmente se encuentre ocupado, incluso podíamos afirmar, casi colonizado por la república de Francia y el reino de España.
El conocer nuestra historia política, desde cualquier aspecto, como con la obra de Iñaki Sagredo, Castillos que defendieron el Reino, consolidan nuestra idea independentista entorno al planteamiento o paradigma navarro, algo que no se puede lograr desde cualquier otro paradigma actual, ya que es el único en el cual, tiene cabida la existencia de un Estado propio, en condiciones idénticas a los demás estados europeos y con plena soberanía con respecto a ellos.
El paradigma navarro se basa en la integridad de historia de este país, de este pueblo, sin olvidarse de su cultura, demostrando claramente la existencia de la única unidad política vasca real, dada únicamente con el Estado de Navarra, por lo que nos sirve de guía para recuperar el valor absoluto de la soberanía y alcanzar con ello la libertad.
El paradigma navarro nos hace conscientes de que el único Estado de pleno derecho a nivel internacional, que hemos creado y poseído los vascos fue el Reino de Navarra, lo que permitió en gran medida la supervivencia de nuestro país, ante las agresiones militares externas y pese a que actualmente se encuentra ocupado y semicolonizado por dos imperios, es realmente la principal baza que tenemos nosotros los vascos, para poder alcanzar la autodeterminación.
El paradigma navarro. Arma para recuperar el Estado propio de los vascos.
Soberanía de Navarra
“Toda herramienta es un arma, si se empuña adecuadamente”. Ani Di Franco
El paradigma navarro está basado principalmente, en la centralidad política que nos otorga el Estado de Navarra para la totalidad de Vasconia. Mediante este paradigma, como nos indica Luís Mª Mtz Garate, podemos llegar a comprender y conocer mejor nuestra realidad política actual, por los diferentes sucesos histórico-políticos, que a vivido Euskal Herria a lo largo de estos siglos.
Hay que decir, que han sido bastantes los vascos que han defendido el paradigma navarro en los últimos siglos. El suletino Agustin Xaho, en el siglo XIX, ya lo dejó entrever en su obra Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos. En esta novela romántica, que está enmarcada durante la 1ª guerra carlista, encontramos una clara alusión a la importancia del Reino de Navarra, como referente político nacional de Euskal Herria.
Este modelo Estatal se vio fortalecido por la aportación realizada en el último tercio del siglo XIX, por la Asociación Euskara de Navarra, especialmente por los trabajos, estudios y ensayos políticos, realizados por sus miembros, donde destacan entre otros, Arturo Kanpion, Juan Iturralde y Suit o Serafín Olave, este último autor de las bases Constitucionales para la República de Navarra.
Los miembros de la Asociación Euskara de Navarra, se centraron en diferentes campos, de los que destacaban sus trabajos en materia histórica, cultura y del folclore propio de Euskal Herria, sentando con ello las bases para un conocimiento necesario, para una posterior acción política correcta, para la globalidad del soberanismo vasco.
Ya en el siglo XX, el paradigma navarro tuvo un gran interlocutor en la persona del bilbotarra Anacleto Ortueta, el cual en el año 1931 afirma de una manera rotunda, la necesidad de una centralidad política entorno a Navarra, considerándola como primordial para la unidad de los vascos en un Estado propio y soberano. Anacleto Ortueta llega a realizar esta afirmación, al basarse únicamente en la historia política de Vasconia.
Posteriormente, Federico Krutwing en su obra Vasconia, constata plenamente que la unidad de la gran Vasconia solo se ha dado con la máxima extensión lograda por el Reino de Navarra, involucrándose así en la defensa del paradigma navarro, mediante la defensa de la territorialidad plena del Estado de Navarra.
Los historiadores Tomás Urzainqui y el difunto J.Mª Olaizola, realizaron un gran trabajo histórico para el pueblo vasco al publicar La Navarra Marítima. Obra donde se habla de una unidad nacional vasca en la figura política del Estado, en forma de Reino y de nombre Navarra. Un planteamiento que podíamos intuir en una obra anterior, Navarra o cuando los vascos tenían reyes, del difunto Pierre Narbaitz, donde se puede llegar rápidamente a una conclusión semejante, simplemente al leer el título.
Por tanto, el conocimiento y la difusión de nuestra historial nacional, fortalece en gran medida las legítimas pretensiones de Euskal Herria de tener un Estado propio en el marco internacional actual, pues la historia nos demuestra que realmente ya lo tenemos, aunque actualmente se encuentre ocupado, incluso podíamos afirmar, casi colonizado por la república de Francia y el reino de España.
El conocer nuestra historia política, desde cualquier aspecto, como con la obra de Iñaki Sagredo, Castillos que defendieron el Reino, consolidan nuestra idea independentista entorno al planteamiento o paradigma navarro, algo que no se puede lograr desde cualquier otro paradigma actual, ya que es el único en el cual, tiene cabida la existencia de un Estado propio, en condiciones idénticas a los demás estados europeos y con plena soberanía con respecto a ellos.
El paradigma navarro se basa en la integridad de historia de este país, de este pueblo, sin olvidarse de su cultura, demostrando claramente la existencia de la única unidad política vasca real, dada únicamente con el Estado de Navarra, por lo que nos sirve de guía para recuperar el valor absoluto de la soberanía y alcanzar con ello la libertad.
El paradigma navarro nos hace conscientes de que el único Estado de pleno derecho a nivel internacional, que hemos creado y poseído los vascos fue el Reino de Navarra, lo que permitió en gran medida la supervivencia de nuestro país, ante las agresiones militares externas y pese a que actualmente se encuentra ocupado y semicolonizado por dos imperios, es realmente la principal baza que tenemos nosotros los vascos, para poder alcanzar la autodeterminación.
2008/11/05
Iruinea, noviembre de 2008
Iñigo Saldise Alda
Nuestro propio camino
Soberanía de Navarra
Los imperios español y francés, después de más de tres siglos ocupación de esta tierra, sigue sin fiarse lo más mínimo del pueblo vasco(n), a pesar de su intento continuado de sometimiento, mediante unas leyes que son realizadas ad hoc, que no buscan más que exterminar cualquier resquicio del pueblo que creo el Estado de Navarra.
Los vasco(ne)s nunca nos hemos rendido y siempre hemos buscado recuperar nuestro propio camino político, en este mundo lleno de estados. Para mantenerse libres, los vascones independientes o navarros, formaron su propio Estado en el año 824, ante las continuas presiones militares provenientes de otros pueblos. Bajo este Estado, estructurado en forma de Reino, como los demás de la época, todos los vascones fueron libres y permanecieron unidos, aunque por desgracia, por poco tiempo.
El pueblo vasco(n) fue perdiendo de manera diferente, el único referente Estatal que ha tenido, de una forma paulatina, debido a los continuos ataques militares que hemos sufrido, siendo la primera agresión territorial en el año 1054, en las campas de Atapuerca, castellanos los invasores. Las usurpaciones continuaron, con la consiguiente ocupación de las tierras naturales del Estado de Navarra, tanto al sur como al norte del Pirineo.
Hoy en día, a comienzos del siglo XXI, una inmensa mayoría del pueblo vasco(n), está inquieto por proseguir un camino propio, junto a los demás pueblos de Europa, sabiendo que esta es la única solución para conservar nuestra propia cultura y lengua. Para ello, el pueblo vasco(n) ha intensificado sus esfuerzos para conseguir la información histórica y con ello política, necesaria con la que reconstruir la razón, única vía con la que podemos recuperar la soberanía.
El pueblo vasco(n) debe aprender de sus errores y tener presentes sus aciertos a lo largo de toda su existencia, la cual se pierde en los albores de la historia europea y mundial.
Han sido muchos los pasajes de violencia que ha vivido este pueblo, semejantes al de otros. Defensa ante agresiones externas y combates por recuperar las tierras invadidas y ocupadas (1054, 1063, 1076, 1134, 1176, 1199, 1200, 1204, 1463, 1512, 1516, 1521, 1522, 1524) levantamientos populares contra nuevas imposiciones militares o políticas (las guerras llamadas carlistas), etc, que fueron formando diferentes pensamientos, alguno erróneo en materia historia, pero que han permitido llegar vivo a este pueblo al siglo XXI.
Hoy es el momento de unirnos en solo objetivo, el único objetivo. Hay que retomar la unidad nacional a base de trabajo. Con ese objetivo claro y primordial, para crear la fuerza necesaria con la cual, podernos declarar soberanos. Ese objetivo es simplemente básico, recuperar la libertad del pueblo vasco(n), mediante la recuperación de la soberanía de nuestro Estado, Navarra.
No tenemos otra vía para logarlo y en ella debemos emplear todos nuestros esfuerzos. Como dice mi amigo y maestro, Kepa Anabitarte, esto hay que hacerlo desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, empleando todas nuestras energías en lograr este único objetivo y así tener la presencia política que necesitamos ante los demás estados y con ello poder decir que somos libres.
Es un esfuerzo grande el que tenemos que hacer, todos y todas, pero tened presente que si se puede, es más, se debe trabajar desde ya para poder logarlo, hoy mejor que mañana.
Nuestro propio camino
Soberanía de Navarra
Los imperios español y francés, después de más de tres siglos ocupación de esta tierra, sigue sin fiarse lo más mínimo del pueblo vasco(n), a pesar de su intento continuado de sometimiento, mediante unas leyes que son realizadas ad hoc, que no buscan más que exterminar cualquier resquicio del pueblo que creo el Estado de Navarra.
Los vasco(ne)s nunca nos hemos rendido y siempre hemos buscado recuperar nuestro propio camino político, en este mundo lleno de estados. Para mantenerse libres, los vascones independientes o navarros, formaron su propio Estado en el año 824, ante las continuas presiones militares provenientes de otros pueblos. Bajo este Estado, estructurado en forma de Reino, como los demás de la época, todos los vascones fueron libres y permanecieron unidos, aunque por desgracia, por poco tiempo.
El pueblo vasco(n) fue perdiendo de manera diferente, el único referente Estatal que ha tenido, de una forma paulatina, debido a los continuos ataques militares que hemos sufrido, siendo la primera agresión territorial en el año 1054, en las campas de Atapuerca, castellanos los invasores. Las usurpaciones continuaron, con la consiguiente ocupación de las tierras naturales del Estado de Navarra, tanto al sur como al norte del Pirineo.
Hoy en día, a comienzos del siglo XXI, una inmensa mayoría del pueblo vasco(n), está inquieto por proseguir un camino propio, junto a los demás pueblos de Europa, sabiendo que esta es la única solución para conservar nuestra propia cultura y lengua. Para ello, el pueblo vasco(n) ha intensificado sus esfuerzos para conseguir la información histórica y con ello política, necesaria con la que reconstruir la razón, única vía con la que podemos recuperar la soberanía.
El pueblo vasco(n) debe aprender de sus errores y tener presentes sus aciertos a lo largo de toda su existencia, la cual se pierde en los albores de la historia europea y mundial.
Han sido muchos los pasajes de violencia que ha vivido este pueblo, semejantes al de otros. Defensa ante agresiones externas y combates por recuperar las tierras invadidas y ocupadas (1054, 1063, 1076, 1134, 1176, 1199, 1200, 1204, 1463, 1512, 1516, 1521, 1522, 1524) levantamientos populares contra nuevas imposiciones militares o políticas (las guerras llamadas carlistas), etc, que fueron formando diferentes pensamientos, alguno erróneo en materia historia, pero que han permitido llegar vivo a este pueblo al siglo XXI.
Hoy es el momento de unirnos en solo objetivo, el único objetivo. Hay que retomar la unidad nacional a base de trabajo. Con ese objetivo claro y primordial, para crear la fuerza necesaria con la cual, podernos declarar soberanos. Ese objetivo es simplemente básico, recuperar la libertad del pueblo vasco(n), mediante la recuperación de la soberanía de nuestro Estado, Navarra.
No tenemos otra vía para logarlo y en ella debemos emplear todos nuestros esfuerzos. Como dice mi amigo y maestro, Kepa Anabitarte, esto hay que hacerlo desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, empleando todas nuestras energías en lograr este único objetivo y así tener la presencia política que necesitamos ante los demás estados y con ello poder decir que somos libres.
Es un esfuerzo grande el que tenemos que hacer, todos y todas, pero tened presente que si se puede, es más, se debe trabajar desde ya para poder logarlo, hoy mejor que mañana.
2008/10/31
Iruinea, octubre de 2008
Iñigo Saldise Alda
Estrategia política y militar imperialista contra el Estado de Navarra
Soberanía de Navarra
A lo largo de la historia de la humanidad, son muchos los sumarios en los que podemos encontrar el mismo ejemplo que ha sufrido nuestro pueblo, siendo este el caso que nos agita e interesa, al igual que a nuestros antepasados, los cuales y siempre ante las circunstancias político-militares del siglo VIII, crearon posteriormente el único Estado que nos ha representado a vascones libres o navarros, ante los demás pueblos del mundo.
El imperio franco del siglo VIII, estaba gobernado por Carlomagno, quien en sus ansias imperialista, utilizó a los vascones que tenía rendidos y sometidos, en una palabra, conquistados, como de punta de lanza contra los vascones libres, surgiendo entonces el término político de navarros, para designar a estos últimos. Así hermanos o mejor dicho primos, se enfrentaron entre si, unos formando parte de la maquinaria bélica del imperio franco y otros unidos en defensa de su independencia, por amor a la libertad.
En esa ocasión, al imperio franco no le sirvió el tener conquistado a gran parte de nuestro pueblo en su intento de vencer al resto, precisamente por las ansias de libertad que emanaba de los navarros, quienes no tardaron mucho en crear un Estado propio, con una estructura política propia y teniendo como base sus leyes ancestrales, que evolucionaron con el tiempo, adecuándose a las necesidades de cada momento. Estas leyes son los Fueros.
Los castellanos tomaron buen ejemplo de lo pretendido por los francos y fueron rindiendo a base comprar por medio de tierras y títulos, a funcionarios del Estado de los navarros, facilitando así la invasión y ocupación de las tierras del Reino vascón, y llevando la esclavitud a gran parte del pueblo vasco(n) tras su rendición, engrandeciendo así su maquinaria bélica. Estos conquistados les sirvieron posteriormente, de carne de flechas, hoy diríamos de cañón, contra aquellos vasco(ne)s que aún permanecía libres, es decir, contra los navarros.
Estos hermanos o primos, con este paso, se convirtieron en enemigos de los navarros, siendo primordiales para la estrategia bélica del incipiente imperio español de principios del siglo XVI. Con ello tenían la cantidad necesaria de peones desechables. con los que atacar al Estado navarro y a la vez, poder resguardar sus tropas metropolitanas o realmente españolas, cuyo cometido principal era el proteger el interior de su imperio, ante potenciales reacción musulmana e incluso italianas, que se sumaban a posibles sublevaciones interiores de los reinos y principados de la península itálica o de las tierras recientemente invadidas, como el reino de Granada.
Pero nos solo contó con aquellos vasco(ne)s que dejaron de ser navarros hacía más de 3 siglos, sino que traidores al Reino de Navarra, desertaron voluntariamente de su condición política y se alistaron en las filas del invasor español, conquistados por las innumerables riquezas a base de tierras y títulos. Estos seducidos por los españoles, sencillamente traicionaron a nuestro país, siendo meros agentes sin escrúpulos del imperio español contra los navarros.
El imperio español se mostró contento de contar con estos traidores al Estado de los navarros, ya que su empresa imperialista se tornó así más sencilla y en caso de salir derrotado en su empresa militar, realmente solo perdería piezas prescendibles, que incluso se podían volver contra el imperio español, para lo que resguardaban sus verdaderas tropas, hasta lograr su objetivo, que no fue otro más que el colonizar a un Estado soberano y neutral, como era el Reino de Navarra en el año 1512.
Estrategia política y militar imperialista contra el Estado de Navarra
Soberanía de Navarra
A lo largo de la historia de la humanidad, son muchos los sumarios en los que podemos encontrar el mismo ejemplo que ha sufrido nuestro pueblo, siendo este el caso que nos agita e interesa, al igual que a nuestros antepasados, los cuales y siempre ante las circunstancias político-militares del siglo VIII, crearon posteriormente el único Estado que nos ha representado a vascones libres o navarros, ante los demás pueblos del mundo.
El imperio franco del siglo VIII, estaba gobernado por Carlomagno, quien en sus ansias imperialista, utilizó a los vascones que tenía rendidos y sometidos, en una palabra, conquistados, como de punta de lanza contra los vascones libres, surgiendo entonces el término político de navarros, para designar a estos últimos. Así hermanos o mejor dicho primos, se enfrentaron entre si, unos formando parte de la maquinaria bélica del imperio franco y otros unidos en defensa de su independencia, por amor a la libertad.
En esa ocasión, al imperio franco no le sirvió el tener conquistado a gran parte de nuestro pueblo en su intento de vencer al resto, precisamente por las ansias de libertad que emanaba de los navarros, quienes no tardaron mucho en crear un Estado propio, con una estructura política propia y teniendo como base sus leyes ancestrales, que evolucionaron con el tiempo, adecuándose a las necesidades de cada momento. Estas leyes son los Fueros.
Los castellanos tomaron buen ejemplo de lo pretendido por los francos y fueron rindiendo a base comprar por medio de tierras y títulos, a funcionarios del Estado de los navarros, facilitando así la invasión y ocupación de las tierras del Reino vascón, y llevando la esclavitud a gran parte del pueblo vasco(n) tras su rendición, engrandeciendo así su maquinaria bélica. Estos conquistados les sirvieron posteriormente, de carne de flechas, hoy diríamos de cañón, contra aquellos vasco(ne)s que aún permanecía libres, es decir, contra los navarros.
Estos hermanos o primos, con este paso, se convirtieron en enemigos de los navarros, siendo primordiales para la estrategia bélica del incipiente imperio español de principios del siglo XVI. Con ello tenían la cantidad necesaria de peones desechables. con los que atacar al Estado navarro y a la vez, poder resguardar sus tropas metropolitanas o realmente españolas, cuyo cometido principal era el proteger el interior de su imperio, ante potenciales reacción musulmana e incluso italianas, que se sumaban a posibles sublevaciones interiores de los reinos y principados de la península itálica o de las tierras recientemente invadidas, como el reino de Granada.
Pero nos solo contó con aquellos vasco(ne)s que dejaron de ser navarros hacía más de 3 siglos, sino que traidores al Reino de Navarra, desertaron voluntariamente de su condición política y se alistaron en las filas del invasor español, conquistados por las innumerables riquezas a base de tierras y títulos. Estos seducidos por los españoles, sencillamente traicionaron a nuestro país, siendo meros agentes sin escrúpulos del imperio español contra los navarros.
El imperio español se mostró contento de contar con estos traidores al Estado de los navarros, ya que su empresa imperialista se tornó así más sencilla y en caso de salir derrotado en su empresa militar, realmente solo perdería piezas prescendibles, que incluso se podían volver contra el imperio español, para lo que resguardaban sus verdaderas tropas, hasta lograr su objetivo, que no fue otro más que el colonizar a un Estado soberano y neutral, como era el Reino de Navarra en el año 1512.
2008/10/29
Iruinea, octubre de 2008
Iñigo Saldise Alda
Los condes de Lerin (y III)
Soberanía de Navarra
El IV conde de Lerin, Luís V de Beaumont, fue la fortuna más importante del siglo XVI, en las cinco merindades que permanecían ocupadas por tropas españolas. Tras la invasión española, su padre, enemigo colérico y tenaz del Estado de Navarra, fue recompensado por el Falsario con la restitución de unos vienes que le habían sido requisados por la Corona navarra, tras enfrentarse a los monarcas Catalina I de Foix y Juan III de Albret.
Luís V de Beaumont, recibió por parte del emperador Carlos I de España, el nuevo título de chanciller mayor del Reino de Navarra. Pero lo más sangrante para los navarros, es que también se le otorgara por parte española, del título de condestable de Navarra, tras la muerte de su padre en el año 1530. Esta última hidalguía proviene del primer tercio del siglo XV, era para designar al antiguo alférez del Reino independiente de Navarra y su principal obligación era la de portar el estandarte real navarro. Esta importante función, lo convertía junto al mariscal de Navarra, en uno de los nobles más importantes del Estado soberano de Navarra, siendo uno de los brazos de los caballeros navarros, del cual la familia Beaumont había sido desposeída por alta traición a Navarra.
El IV conde de Lerin, jamás portó el estandarte real de Navarra. En cambio se mantuvo fiel a su señor, el emperador español, facilitando la labor de los virreyes extranjeros, en unas cortes navarras ilegítimas, que permanecieron en la ocupada Iruñea. En esa ciudad, Luís V de Beaumont, en el año 1548, compró cuatro casas adyacentes a la suya en la calle Mayor por 3000 ducados, siendo esta la primera compra de los condes de Lerin en el último siglo, ya que sus antecesores, siempre utilizaron la violencia contra los navarros para lograr sus nefastas ambiciones de poder y adquisición de nuevas posesiones, siempre de manera ilícita.
Las buenas relaciones que mantenía la casa de Lerin con la casa de Alba, ambas grande de España, permitieron concertar el matrimonio entra Brianda de Beaumont y Diego de Toledo. Luís V de Beaumont, no pudo asistir a esta boda de la alta alcurnia española, ya que encontró la muerte un año antes.
Así, en el año 1565, la casa de Lerin entronca con la de Alba. Diego de Toledo tras su matrimonio con la V condesa de Lerin, recibe el título de conde de Lerin e incluso el de condestable de Navarra, jure uxoris. El emperador Carlos I de España, como regalo de bodas a esta importante pareja española, mandó construir el castillo de Gorraiz.
Así desde el hijo de ambos, Antonio Álvarez de Toledo, tras la muerte de sus progenitores, recibe el título de VI conde de Lerin, condestable de Navarra, entre otros títulos nobiliarios, por parte materna, a los que habría que unir el de duque de Alba y otros por vía paterna. Antonio Álvarez de Toledo llegó a ser nombrado mayordomo mayor del rey de España, consejero de estado y virrey de Nápoles, siendo una de las personas más importantes de su época en el imperio español, mientras florecía el humanista Estado de Navarra al norte del Pirineo.
Tanto el título de conde de Lerin, como de duque de Alba de Tormes, no se dividieron con el paso de los siglos, recayendo actualmente en la misma persona, Cayetana Fitz-James Stuart.
Para conocer un poco más la relevancia que tuvo para el imperio español, la participación en la invasión y ocupación del Estado soberano de Navarra, no hay más que mirar ciertas cenas que se realizan en el palacio de Oriente, residencia principal de los reyes de España, donde asisten personalidades extranjeras,. A ellas, a veces son llamados los grandes de España, ocupando sitio en el besamano frente al personal de la casa real y en los banquetes precediendo a los secretarios de estado.
Según José Antonio Urbina, los grandes de España son iguales entre sí y se prelacionan por su antigüedad en el título y en caso de igualdad por la antigüedad de la creación del título. Esté título fue creado por el emperador Carlos I de España en el año 1520, siendo reconocidos por primera vez como grandes, 25, entre ellos el duque de Alba, encargado de realizar el listado y el conde de Lerin.
A pesar que el título de duque es per se grande de España, es de destacar que en las recepciones en las que son invitados las 400 grandezas de España, Cayetana Fitz-James Stuart, no tenga preferencia entre sus iguales por el título de duquesa de Alba, sino por un título creado por un gran rey del Estado soberano de Navarra, concretamente en el año 1425, como regalo de boda a una hija natural. Este título no es otro más que el de condesa de Lerin.
BIBLIOGRAFÍA
AGRAMONT, Pedro. Historia de Navarra, 1996
AOIZ, Floren. La vieja herida. De la conquista española al amejoramiento Foral, 2002
ARBELOA, Víctor Manuel. La corte protestante de Navarra (1527-1563), 1992
CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983
CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971
ESARTE, Pello. Represión y reparto del Estado navarro (siglos XVI y XVII), 2007
FORTUN, Luís Javier y JUSUE, Carmen. Historia de Navarra, 1993
JIMENO, J Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980
MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980
ORIA, Jon. Los últimos reyes de Navarra, 1987
ORIA, Jon. Navarra es una colonia española y francesa, 1994
PÉREZ, María Cruz. Atlas de Navarra. Geografía e historia, 2006
SERRANO Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006
SORAUREN Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999
URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003
USUNARIZ, Jesús María. Historia Breve de Navarra, 2006
VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993
YANGUAS Y MIRANDA, José. Diccionario de antigüedades del Reino de Navarra, 2000
WEB
http://www.beatrizdesuabia.com/imagen%20personal/DIAPOSITIVAS/06%20PRECEDENCIA%20EN%20ACTOS%20PUBLICOS%20NO%20OFICIALES.pdf
http://es.wikipedia.org/wiki/Grande_de_Espa%C3%B1a
Los condes de Lerin (y III)
Soberanía de Navarra
El IV conde de Lerin, Luís V de Beaumont, fue la fortuna más importante del siglo XVI, en las cinco merindades que permanecían ocupadas por tropas españolas. Tras la invasión española, su padre, enemigo colérico y tenaz del Estado de Navarra, fue recompensado por el Falsario con la restitución de unos vienes que le habían sido requisados por la Corona navarra, tras enfrentarse a los monarcas Catalina I de Foix y Juan III de Albret.
Luís V de Beaumont, recibió por parte del emperador Carlos I de España, el nuevo título de chanciller mayor del Reino de Navarra. Pero lo más sangrante para los navarros, es que también se le otorgara por parte española, del título de condestable de Navarra, tras la muerte de su padre en el año 1530. Esta última hidalguía proviene del primer tercio del siglo XV, era para designar al antiguo alférez del Reino independiente de Navarra y su principal obligación era la de portar el estandarte real navarro. Esta importante función, lo convertía junto al mariscal de Navarra, en uno de los nobles más importantes del Estado soberano de Navarra, siendo uno de los brazos de los caballeros navarros, del cual la familia Beaumont había sido desposeída por alta traición a Navarra.
El IV conde de Lerin, jamás portó el estandarte real de Navarra. En cambio se mantuvo fiel a su señor, el emperador español, facilitando la labor de los virreyes extranjeros, en unas cortes navarras ilegítimas, que permanecieron en la ocupada Iruñea. En esa ciudad, Luís V de Beaumont, en el año 1548, compró cuatro casas adyacentes a la suya en la calle Mayor por 3000 ducados, siendo esta la primera compra de los condes de Lerin en el último siglo, ya que sus antecesores, siempre utilizaron la violencia contra los navarros para lograr sus nefastas ambiciones de poder y adquisición de nuevas posesiones, siempre de manera ilícita.
Las buenas relaciones que mantenía la casa de Lerin con la casa de Alba, ambas grande de España, permitieron concertar el matrimonio entra Brianda de Beaumont y Diego de Toledo. Luís V de Beaumont, no pudo asistir a esta boda de la alta alcurnia española, ya que encontró la muerte un año antes.
Así, en el año 1565, la casa de Lerin entronca con la de Alba. Diego de Toledo tras su matrimonio con la V condesa de Lerin, recibe el título de conde de Lerin e incluso el de condestable de Navarra, jure uxoris. El emperador Carlos I de España, como regalo de bodas a esta importante pareja española, mandó construir el castillo de Gorraiz.
Así desde el hijo de ambos, Antonio Álvarez de Toledo, tras la muerte de sus progenitores, recibe el título de VI conde de Lerin, condestable de Navarra, entre otros títulos nobiliarios, por parte materna, a los que habría que unir el de duque de Alba y otros por vía paterna. Antonio Álvarez de Toledo llegó a ser nombrado mayordomo mayor del rey de España, consejero de estado y virrey de Nápoles, siendo una de las personas más importantes de su época en el imperio español, mientras florecía el humanista Estado de Navarra al norte del Pirineo.
Tanto el título de conde de Lerin, como de duque de Alba de Tormes, no se dividieron con el paso de los siglos, recayendo actualmente en la misma persona, Cayetana Fitz-James Stuart.
Para conocer un poco más la relevancia que tuvo para el imperio español, la participación en la invasión y ocupación del Estado soberano de Navarra, no hay más que mirar ciertas cenas que se realizan en el palacio de Oriente, residencia principal de los reyes de España, donde asisten personalidades extranjeras,. A ellas, a veces son llamados los grandes de España, ocupando sitio en el besamano frente al personal de la casa real y en los banquetes precediendo a los secretarios de estado.
Según José Antonio Urbina, los grandes de España son iguales entre sí y se prelacionan por su antigüedad en el título y en caso de igualdad por la antigüedad de la creación del título. Esté título fue creado por el emperador Carlos I de España en el año 1520, siendo reconocidos por primera vez como grandes, 25, entre ellos el duque de Alba, encargado de realizar el listado y el conde de Lerin.
A pesar que el título de duque es per se grande de España, es de destacar que en las recepciones en las que son invitados las 400 grandezas de España, Cayetana Fitz-James Stuart, no tenga preferencia entre sus iguales por el título de duquesa de Alba, sino por un título creado por un gran rey del Estado soberano de Navarra, concretamente en el año 1425, como regalo de boda a una hija natural. Este título no es otro más que el de condesa de Lerin.
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http://es.wikipedia.org/wiki/Grande_de_Espa%C3%B1a
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