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2012/09/06

¡A España!

Ilustración de Martíntxo Alzueta

¡A España!
J.X.Mauleon, Cadreita-Nabarra

Hoy, confiada en su poder,
España a Nabarra da muerte.
Hoy, tu gran insolencia no advierte,
que nuestro patrimonio es mujer.

Nabarra, Nación ducha a romper
y no a soportar tus coloniales cadenas,
somos océano que tú desenfrenas,
brío libertario sin miedo a perder.
 
Como animal al cual siempre enojas,
alegre y combativo como de espada la hoja.
Aupándose a tus baluartes sin temor arroja,
tu imperial divisa que nos sonroja.

Si al mirar tu blasón vencido,
como cual león rendido,
¡Nabarra no tiene cadenas!
deberás haber aprendido.

2012/09/04

El antinabarrismo del catolicismo en los siglos XVI y XVII

El antinabarrismo del catolicismo en los siglos XVI y XVII
Iñigo Saldise Alda

En mayo del año 1512, viéndose amenazado militarmente el Estado de Nabarra por el autotitulado como rey de España, Fernando II el Católico, el Consejo Real del neutral Reino pirenaico ante la proximidad de una guerra franco-española, requiere el Pase o exequáter de las Bulas Pontificias para que pasen por él. Ello era debido a que la Nación de Nabarra estaba totalmente asentada en el espacio de las Naciones Europeas. Finalmente, esta petición diplomática nunca fue atendida por el emperador de Roma de turno, que por aquel entonces era Julio II, aliado acérrimo del maquiavélico Fernando de España.

El 21 de julio del año 1512 aparece la Bula Pastor ille celestis, donde no se nombra directamente a los monarcas nabarros, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, pero que sirvió de escusa para que Fernando el Falsario para iniciar la invasión del Estado Pirenaico de Nabarra. En dicha Bula, en cambio, si se refiere a cierto veneno a modo de herejía que afectaba a los cántabros y nabarros, lo cual no justificaba, ni por supuesto mucho menos legitimaba, la invasión y ocupación del Reino de Nabarra por parte española. La presión y manipulación por parte del rey de España, Fernando el Falsario, o bien en la Curia romana o más probablemente llevada a cabo desde la Cancillería de Aragón, consiguió una segunda Bula, Exigit contumatiam, ese mismo año. En esta se vinculada al Estado de Nabarra a la condición de colonia española y a la postre ha servido al Estado español, para justificar toda suerte de atropellos y crímenes realizados por su inquisición, junto a la destrucción de los castillos nabarros, la expulsión de la nobleza legitimista y la intelectualidad humanista del territorio ocupado por soldados españoles, extranjeros sin duda en la tierra de Nabarra. Pero no contento el rey español llegó una tercer Bula, etsi obstinati. Esta ya es una clara condenación de los reyes nabarros, Catalina I de Foix y Juan III de Albret. Es muy probable que el emperador de Roma, Julio II, sólo proclamara la Bula contra Louis XII de France, Universis Santae Matris Ecclesiae, y las otras tres serían prefabricadas o incluso falsificadas desde la Cancillería de Aragón por mandato del rey de España, Fernando, ante la pasividad cómplice del emperador cristiano de Roma.

En resumen, fue la Bula Exigit contumatiam, no anulada aún día por el estado católico del Vaticano, la que asentó realmente la ocupación militar española en el Estado de Nabarra. En ella se dispensaba a los nabarros bajo pena de excomunión, de continuar obedeciendo a sus legítimos monarcas, Catalina I y Juan III, a quienes habían jurado "por Fuero Sacrosanto ancestral" lealtad, hasta entonces nunca jamás violado de manera unilateralmente. Con ella, el rey de España salía fortalecido al condenar personalmente a Catalina y a Juan, más a todos los nabarros que masivamente les defendían, por lo que España no dudó en imponer en la tierra de los nabarros su horrenda ley de excepción, la cual arruinó a los naturales y devastó nuestro territorio, al menos a los nabarros situados al sur del Pirineo. El emperador de Roma, Julio II, moría en febrero del año 1513. Durante su mandato y gracias a su necesaria complicidad, sus aliados españoles invadieron el Estado neutral de Nabarra con el pretexto de recuperar la Guyena para otro de sus aliados, los ingleses. Dicha invasión y ocupación se sustentó con la presentación por parte del rey español, Fernando el Falsario, de documentación falsa como el Tratado de Blois, a las que habría que añadirles las tres Bulas Papales contra los reyes de Nabarra, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, y contra aquellos nabarros que se atrevieran a apoyar a sus legítimos reyes. Todo ello sin desatar indignación alguna en el emperador de Roma, sino todo lo contrario, lo que condenó bajo las garras imperiales españolas  a los nabarros del sur del Pirineo.

León X le sustituyó en el cargo de emperador de la cristiandad, siendo un leal escudero para los intereses españoles en el recientemente ocupado Reino de Nabarra. Catalina I y Juan III de Albret enviaron innumerables delegaciones al emperador de Roma las cuales, en muchos casos, ni si quiera fueron recibidas por el indudablemente mayor aliado con el cual han contado los españoles. El ascenso al trono del Estado de Nabarra de Enrique II el Sangüesino, significó una mayor reivindicación, por parte de los nabarros, al Estado Pontificio de Roma. León X debía obligar a España a retirarse de las tierras ocupadas por su ejército en las tierras de Nabarra al sur del Pirineo. Pero León X, una vez más siguiendo la norma del Estado Católico, dio la espalda a los nabarros. En diciembre del año 1521 moría León X sin haber hecho nunca nada en favor los nabarros, después de que las tropas españolas hubieran invadido y ocupado de nuevo el Reino de Nabarra tras derrotar y matar a más de 5000 nabarros en las campas de Noain-Barbatain-Ezkirotz.

Por primera vez tras la ilegal invasión por parte española del Estado de Nabarra, un emperador de Roma se postulaba a favor de las reivindicaciones nabarras. Este fue Adriano VI, pero su repentina y extraña muerte en septiembre del año 1523, provocó que en Nabarra se celebraran funerales por su defunción. Esto fue aprovechado por los españoles, los cuales impidieron el nombramiento de nabarros para altos cargos en la jerarquía eclesiástica en la Nabarra ocupada. Roma volvía con ello a ser el mayor aliado de los españoles.

La llega al trono de Roma de Clemente VII fue mala para los nabarros. Enrique II de Albret fue hecho prisionero en la batalla de Pavía, junto a su amigo el rey de France, por las tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania. Tras la fuga del nabarro, este se casa con la hermana de Françrois I de France,
Marguerite d’Angoulême, quien se encarga de introducir el humanismo en la corte de Nabarra, algo que aborrecía el emperador de Roma, el cual era prisionero del emperador español Carlos I desde el año 1527. El rey español participaba activamente en las decisiones del Papa, incluidas las que iban en contra de los nabarros, los cuales soportaron en dicho periodo histórico, la conocida como caza de brujas por parte de la inquisición española.

Pablo III, tras la muerte en el año 1534 de Clemente VII, se hace cargo del imperio de la cristiandad de occidente. En un principio se posiciona por el Reino de France, provocándose así un ligero enfrentamiento con el Reino de España. Pese a ello, los nabarros no consiguieron ningún avance en sus reclamaciones políticas, principalmente en las de materia territorial. Solo se consiguió la anulación del primer matrimonio de la princesa de Biana, Juana. Su política antihumanista le enfrentaba directamente al Nabarrismo incipiente en la Corte de la Nabarra soberana. Esto a su vez,  le llevó a aprobar, reiteradamente, el voraz apetito colonialista llevado a cabo por los invasores españoles en las tierras nabarras del sur del Pirineo. Tras su muerte toma el control del imperio cristiano de occidente Julio III. Durante sus cinco años de reinado, no atendió ninguna reclamación proveniente del Estado soberano de Nabarra, ya que estaba centrado en el concilio de Trento impulsado por su predecesor. Marcelo II apenas tuvo tiempo de atender alguna reclamación nabarra, ya que no ostentó el cargo de emperador de Roma ni un mes.

El viejo y colérico Pablo IV, tras ponerse al mando del imperio cristiano de Roma en mayo del año 1555, pondera el Reino del Terror con el cual combatir las reformas protestantes de Lutero y Calvino. El Nabarrismo es un enemigo más al que combatir debido a la “rebeldía” de los nabarros. Su carácter impulsivo le llevó incluso a realizar un boceto donde planteaba entregar la Nabarra soberana del norte del Pirineo a la monarquía española.

En diciembre del año 1559, la corona del emperador de Roma recayó en Pío IV, el cual comienza una política de presión sobre Felipe II de España, con la cual buscaba o pretendía una resolución definitiva sobre la legitimidad de los reyes Privativos de Nabarra. Pedro de Albret llevaría a Roma la carta de adhesión al nuevo Papa de los reyes Juana III de Albret y Antonie I de Bourbon. En dicha carta debía ser el propio Papa el encargado de llevar las negociaciones con las que se restituirían al Reino Soberano de Nabarra las tierras del sur ocupadas por las sanguinarias tropas españolas. En enero del año 1561, el emperador de Roma nombró a los reyes de Nabarra legítimos soberanos para la Nabarra Plena, incluida las tierras ocupadas y devastadas por las tropas y por la inquisición española. Pero el Reino de España reaccionó y se interpuso en la resolución del conflicto. Así, finalmente, Roma rechaza a todas las delegaciones diplomáticas provenientes del Estado de Nabarra. Con ello el emperador católico de Roma traicionó el juramento dado a los nabarros, lo que provoca la entrada definitiva del Nabarrismo religioso en el Reino Pirenaico, con ciertas fuentes calvinistas, pero innegablemente semejante del Anglicanismo.

Su sucesor Pío V, fue el gran inquisidor en un momento., en el cual, en el Estado Pirenaico se extendía la tolerancia religiosa y el respeto a las personas y opiniones. Después de él llegó al trono de Roma, Gregorio XIII. Este emperador tras enterarse del asesinato de la reina Juana III de Nabarra manos de la madre del rey de France, no tuvo otra cosa mejor que celebrar su muerte. Además, tras la matanza de San Bartolomé, ordenó que se cantara Te Deum en las iglesias de Roma; sus aliados españoles, con su rey Felipe II al frente, también lo celebraron por todo lo alto.

El nuevo emperador católico romano, Sixto V, se alió de nuevo con el Reino de España. Por ello instó a la invasión de Inglaterra y de pasó, incentivado por su odio a los nabarros, condenó por hereje a Enrique III de Nabarra. Sixto V fue quien realizó la condenación más clara que ha realizado el estado Pontificio sobre el Nabarrismo, mediante una Bula que obligó firmar a 25 cardenales cristianos, católicos, apostólicos y romanos. Urbano VII, Gregorio XIV e Inocencio IX, apenas pudieron hacer daño a los nabarros, solo intentaron incluir al Nabarrismo dentro de la Reforma, ya que sus mandatos en el imperio católico fuero extremadamente cortos. El sucesor de estos fue Clemente VIII, el cual retiró la excomunión a Enrique de Bourbon y Albret, pero solo como rey de Francia, nunca como de Nabarra. Este Papa no dudo en exigir la imposición de la doctrina católica a modo de única para el Reino Pirenaico, calificando que el edicto de Nantes era obra del mismísimo diablo. Este emperador de Roma, llegó a afirmar lo siguiente:

“(…) y del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones.”

Su sucesor León XI, nunca llegó a preocuparse de los asuntos de los nabarros, algo que si sucedió con Pablo V, último emperador católico de Roma que se inmiscuyó en los asuntos de los nabarros libres y soberanos. Pablo V llegó a mencionar. en uno de sus conclaves, que habría más paz si Enrique III de Nabarra y VI de France, fuese asesinado. Esto finalmente fue algo que se llevó a efecto por el ultracatólico y jesuita Ravaillac, en el año 1610. Tras la muerte de Marguerite de Valois, Louis XIII de France invade y ocupa miltarmente el Reino Pirenaico, al cual para satisfacción de los españoles y principalmente del emperador de Roma, lo declara de manera ilegal como parte de la France católica, completando con ello la destrucción del Estado de los nabarros iniciada por España y siempre con el total apoyo del Estado Católico de Roma o Estado Pontificio del Vaticano.

824...nabarrako independentzia!


2012/09/03

Por unos sanmarciales con memoria

Por unos sanmarciales con memoria
José Ramón Estévez-Preso político vasco

En conmemoración de la batalla del 30 de junio de 1522 se edificó la ermita San Marcial, por orden del capitán Beltrán al servicio del emperador Carlos V de España y I de Alemania. En aquellos años en que Nafarroa inició una ofensiva para recuperar la independencia arrebatada por Castilla en 1512 en Amaiur, consecuencia de ello fueron la recuperación del castillo de Amaiur en 1521, la batalla de Noain, la conquista del castillo de Behobia que originó la batalla de San Marcial, y la toma-sitio de Hondarribia dos años y medio en la que participaron entre otros los hermanos del luego santo Francisco de Xabier. Los Jaso, contaron con todo el apoyo del pueblo de Hondarribia y resistieron el cerco español compuesto por tropas guipuzcoanas, vizcainas, y alavesas, junto a los beamonteses.

En aquella época las tropas españolas sembraron Zuberoa, Lapurdi y Benafarroa de muerte y desolación. Ya se ha escrito mucho de esto y tampoco es el fundamento de este artículo hacer un relato histórico, sí por contra intentar aclarar la confusión o ignorancia. Porque afortunadamente los vencidos han sabido sacar del baúl del silencio la otra historia de nuestro pueblo, en la que tuvimos un estado independiente, Nafarroa, y demostrar que el conflicto no era entre españoles y franceses, como se nos quiere hacer creer, sino de españoles contra navarros-lapurtanos en la que desgraciadamente se luchó entre euskaldunes en el monte San Marcial. Como a lo largo de la historia ha sido habitual hasta la guerra civil española de 1936.

En aquella época Nafarroa tuvo que buscar aliados en Francia, e iniciar la reconquista de su independencia arrebatada por España, pero no nos equivoquemos, porque Ipar Euskal Herria no es Francia ni lo era en aquellos años, mientras que Hego Euskal Herria, excepto Nafarroa, estaba bajo dominio español en el que los respectivos jauntxos de Gipuzkoa, Araba y Bizkaia colaboraron con España para abortar cualquiere intento de Nafarroa de reconquistar su independencia. Esa es la historia que se nos ha pretendido ocultar, y el que siga creyendo en la versión oficial no creo que tenga un sentimiento abertzale, y sí más bien de los que se empeñan en mantener los símbolos españoles y aplauden la represión para torpedear el proceso hacia la resolución del conflicto de nuestro pueblo en términos democráticos.

Como decía, no es mi pretensión bucear en la historia, sí en cambio invitar a l@s irunes@s a realizar una reflexión sobre el Alarde de Irun, que es el que más conozco y que lleva a replantearme una cuestión de conciencia como abertzale, cual es si se está haciendo lo correcto celebrando una victoria española sobre los euskaldunes napar-lapurtanos que lucharon por recobrar nuestra independencia, al participar en esta mofa que para muchos navarr@s nos resulta hiriente mas que como navarr@s como abertzales, que al igual que ayer luchamos por la independencia de Euskal Herria recogiendo el testigo desde hace más de 500 años de los que cayeron en Amaiur en 1512-1522. La esencia del Alarde o Alardes, tanto el mixto como el oficial-betiko, son partícipes de este agravio a Nafarroa, y por tanto una lamentable equivocación.

La fiesta, sin ninguna duda debe de ser participativa e igualitaria, fuera de cualquier connotación patriarcalista, y más en estos momentos en el que el neoliberalismo busca, de la mano de los jauntxos del PNV y PP-PSOE, convertir las fiestas de los pueblos y ciudades de Euskal Herria en elitistas volcadas al consumo, impulsada por lobbies hosteleros y financieros. Para ello busca anular cualquier participación popular en la organización de las fiestas, llámese comparsas o peñas, y de igual forma borrar cualquier signo identitario euskaldun en ellas.

Por ello las mujeres y hombres abertzales que creemos en otro modelo de sociedad más justa e igualitaria entre mujeres y hombres, y sobre todo en una Euskal Herria independiente, deberíamos no sé si replantearnos el Alarde en sí mismo o su reformulación; y si merece la pena tanto esfuerzo y sacrificio para caer en el mismo error, la celebración de una victoria española, estamos a tiempo: hay fuerzas y conciencia necesarias para reformular el Alarde, que no debiera de ser un fin en sí mismo aunque se lograse finalmente un único Alarde igualitario, ¿pero para celebrar qué? ¡Por ahí nos equivocamos! Es lo que significa y celebra esta fiesta, y los árboles no debieran de impedirnos ver el bosque. Como decía, hagamos una reflexión, abramos un debate alejado de tópicos falsos de autoengaño: «Como lo importante es la fiesta y pasarlo bien»… etc. Por supuesto, es la finalidad de la fiesta su disfrute, pero que tampoco sea un ejercicio de amnesia, en fiestas también debemos de reivindicar nuestra historia y con ella nuestra identidad.

En mi modesta opinión, es necesaria una recaracterización del Alarde de San Marcial. Esta podría ser una celebración cuyo fundamento fuese el homenaje a los hombres que en el monte Aldabe-San Marcial dieron su vida por la independencia de Nafarroa. Así, formando compañías mixtas de navarros y lapurtanos en el Alarde mixto; del ‘Betiko’ nos olvidamos porque ellos celebran otra fiesta y modelo social que no es nuestro. ¿Por qué no también en el Alarde de Hondarribia en recuerdo a los que murieron en el asedio de 1524 luchando por la independencia de Nafarroa en Hondarribia? En estos Alardes se leería un recordatorio a aquellos luchadores, así mismo, una bandera de Nafarroa abriría en lo sucesivo el o los Alardes junto con la bandera de Lapurdi. Podría ser una idea para reformular el Alarde; sino, para hacer lo mismo que los ‘betikos’ no merece la pena aunque sea mixto y todo lo que queramos, no para glorificar al imperio español que nos arrebató la independencia. Para hacer una copia del Alarde tradicional no merece la pena, insisto, sea como sea tenemos un año por delante para debatirlo. Hagámoslo y demos un paso en la reunificación de Euskal Herria.

http://www.naiz.info/eu/iritzia/articulos/por-unos-sanmrciales-con-memoria

OREAGA-IRUÑEA. NAFARROA BIZIRIK 2012




Nabargorri

Nabarrako armarria graffiti


2012/08/31

La iglesia de Roma contra Nabarra en el siglo XII

La iglesia de Roma contra Nabarra en el siglo XII
Iñigo Saldise Alda

Según la doctrina cristiana católica, apostólica y romana, el judío Jesús de Nazaret fundo una comunidad jerárquicamente organizada y con autoridad, dirigida tras su muerte en la cruz por los apóstoles. Según dicha doctrina o creencia religiosa, los apóstoles y los primeros seguidores de Jesucristo se estructuraron en una iglesia organizada siendo su primer Jefe o Papa, el apóstol San Pedro, repartiéndose las responsabilidades entre obispos, presbíteros y diáconos a medida que se iba propagando el cristianismo, situándose su centro neurálgico en la ciudad de Roma.

Para conocer las injerencias y ataques al Estado de Nabarra realizadas por la Iglesia Católica, debemos retroceder en nuestra historia hasta Reinado de Alfonso I el Batallador. Es durante este período de nuestra importante historia soberana, cuando el Estado de los nabarros alcanzó su mayor esplendor territorial, algo que no sucedía desde los tiempos del Ducado de Vasconia. Con este rey vascón, las tendencias pre-romanas que mantuvieron y potenciaron sus antecesores, Sancho V y Pedro I, alcanzaron su mayor esplendor gracias a incrementar el Batallador, de una manera considerable, la concordancia existente hasta entonces entre la dinastía pirenaica y el emperador de Roma o Papa. Nuevamente la capitalidad de Iruñea volvía a ser la sede más importante del Estado nabarro y su obispo se vinculó directamente con el rey de Iruñea y Aragoi.  Este gesto de política independiente, facilitó una renovación plena de los altos cargos eclesiásticos dentro de las fronteras nabarras, lo que provocó el inicio del deterioro en las buenas relaciones que mantenían hasta entonces el Estado nabarro y el Estado Pontificio, al ver limitada su congénita autoridad dentro del territorio nabarra el heredero de San Pedro, Jefe de la cristiandad. Para colmo, el testamento de Alfonso I de Iruñea y Aragoi, trajo lamentablemente duras consecuencias para el Estado de los nabarros en cuestión de unidad territorial. En su última voluntad, el Rey de los nabarros entregaba los Reinos de Iruñea y Aragoi a tres órdenes militares cristianas. Estas eran el Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple. Los nabarros, como era de esperar, se opusieron y eligieron como nuevo rey a García Ramírez el Restaurador. Éste tenía con principal misión, restituir o reponer la monarquía vascona en los Reinos de Iruñea y Aragoi, pero la intervención militar  del maestre de la Orden del Temple, el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que contaba con el apoyo del autotitulado emperador Alfonso VII de León y Castilla, significó la división definitiva del antiguo condado vascón de Aragoi, del resto del Estado nabarro. El emperador de León y Castilla propuso el mejor candidato posible para emperador de Roma, Ramiro el Monje, como rey para ambos Reinos, algo inaceptable para los nabarros. Es en este contexto cuando el emperador de Roma, Benedicto IX, se negó a reconocer como rey de los nabarros a García Ramírez el Restaurador, otorgándole solo el título de dux, facilitando con ello las pretensiones invasoras imperialistas de los peligrosos vecinos de los nabarros, lo que provocaría a la postre un continuo desmembramiento territorial del Estado nabarro durante lo que restaba de siglo XII.

Sancho VI el Sabio, debemos saber que tampoco fue reconocido como rey por San León IX, lo que obligó al monarca vascón, entre otras cosas, a cambiar el nombre del Reino de Iruñea por el de Nabarra. El emperador de Roma tardó más de setenta años en reconocer el título de rey a los monarcas nabarros, y para entonces, Castilla-León, Inglaterra, Barcelona-Aragón y Francia, que ya habían comenzado a dar muestras su insaciable apetito imperial, se habían aprovechado de ello invadido y ocupado numerosas tierras nabarras en las dos vertientes Pirenaicas, en oriente y occidente, asestando así una importante herida, no solo para la soberanía territorial nabarra, sino para la independencia final del Estado Pirenaico y Vascón de Nabarra. Un claro ejemplo de ello es la invasión y ocupación, por parte castellanoleonesa, de las comarcas nabarras del Durangüesado, Araba y Bizkaia en los años 1199 y 1200, tras la excomunión del Sancho VII de Nabarra realizada en el año 1196 desde la sede pontificia por el emperador de la cristiandad, Celestino III.

 

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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