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2013/11/25

Aniversario del asesinato de Pedro de Navarra en Simancas

Aniversario del asesinato de Pedro de Navarra en Simancas
Juan Goñi
Pedro de Navarra RIP 24 de noviembre de 1522: A vueltas con la Historia.

"No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños." Cicerón.

Pedro de Navarra fue el VII gran Mariscal perpetuo de Navarra, jefe supremo de los ejércitos de Navarra en los tiempos de la Conquista y líder del bando agramontés. La familia de los Navarra descendía de Leonel de Navarra, hijo natural del Rey Carlos II y Catalina de Lizaso. Estaban muy ligados a Pamplona, pero se establecieron en Tafalla, donde construyeron un gran palacio. En ese palacio, conocido como el Palacio de los Mariscales, es donde hoy está situada la Biblioteca de Tafalla. Tras emparentar con los Arellano, los Navarra se hicieron cargo del castillo de estos, en Estella, y seducidos por la belleza de la Ciudad del Ega, decidieron construir una cripta en San Pedro de la Rúa, una de las iglesias más bellas del Reino, donde decidieron ser enterrados.

Como se ha dicho, Pedro de Navarra, era el jefe del ejército de Navarra durante la Conquista de 1512. Cuando el Duque de Alba tomó Pamplona, Don Pedro, junto con otros muchos caballeros navarros, acompañaron a los reyes Catalina de Foix y Juan de Albret en su huida a sus territorios del norte, cruzando los Pirineos por Isaba y Belagua.

El 23 de enero de 1516 muere Fernando II de Castilla y V de Aragón, apodado el Católico. En su testamento justifica la conquista de Navarra por "la notoria cisma conspirada contra la persona del Sumo pontífice y Sede Apostólica y contra el patrimonio de aquella...". Hay que recordar que la Bula de excomunión que dictó el papa Julio II fue dictada el 21 de julio de 1512, cuando ya había comenzado la conquista, y que no llegó a conocerse por estas tierras hasta un mes después, por lo que la excusa que presenta a la Historia Fernando el Católico es totalmente injusta e ilegítima.

Durante años, por orden de los Reyes de Navarra, Don Pedro de Navarra realiza intensas negociaciones con la Santa Sede para anular dicha injusta Bula de Excomunión, que resultan infructuosas. Ante esta situación, Don Pedro recibe la orden de los Reyes de recuperar militarmente el reino, por lo que prepara una ofensiva que tendrá lugar el 17 de marzo de 1516. En este segundo contraataque, los ejércitos de Navarra se dividen en tres columnas. La primera de ellas, con el rey Juan III de Albret al frente, sitia San Juan de Pie de Puerto. La segunda, al mando del Vizconde de Baigorri, toma Roncesvalles y controla este importante paso pirenaico. La tercera, al mando de Pedro de Navarra, entra por Roncal y Salazar y sus tropas se robustecen con el alistamiento de numerosos roncaleses y salacencos. Al mismo tiempo, numerosas localidades de Navarra se alzan contra los invasores castellanos. El alcaide de Sangüesa es detenido por Miguel de Jasso, hermano de San Francisco de Javier; mientras tanto, Juan, otro de sus hermanos lucha con Pedro de Navarra en Roncal.

Las tropas de Pedro de Navarra son derrotadas estrepitosamente en Isaba por los castellanos, ayudados por algunos caballeros navarros como Miguel de Donamaria, al que se habían unidos algunas decenas de aezkotarras. Esta segunda ofensiva navarra fracasa definitivamente. El Cardenal Cisneros ordena la inmediata destrucción de las fortalezas navarras, y son desmochados los castillos de Javier, del Eslava, de Tafalla… en definitiva la gran mayoría de los castillos del reino son derruidos. Don Pedro cae preso y trasladado a la fortaleza de Atienza, donde el nuevo rey de España Carlos I le conmina a jurarle fidelidad a cambio de perdón, a lo que el Mariscal replica:

“Una vez más suplico, con toda humildad posible a su Majestad, se sirva demostrar conmigo la magnificencia que ha de esperarse de semejante Majestad, devolviéndome la libertad entera y el permiso de ir servir a quien estoy obligado. La fidelidad, la limpieza que su Alteza quiere y estima de sus servidores, yo podré guardarla a los míos, y por ello me tornaré cautivo y esclavo de su servicio.”

Tras su negativa a deponer su lealtad a los reyes Juan III de Albret y Catalina de Foix, Pedro de Navarra es trasladado a los calabozos de Simancas, hoy Archivo Nacional de España, donde un día como hoy, 24 de noviembre de 1522 es asesinado en extrañas circunstancias; mientras su hijo y heredero, Pedro, lucha en el Castillo de Fuenterrabía (hoy Hondarribia) en un nuevo intento de recuperar la libertad e independencia del Reino de Navarra. La victoria castellana en estas hostilidades en Irún y Hondarribia, que pasaron a la Historia con el nombre de la Batalla de San Marcial, todavía se conmemoran en las fiestas de estas dos localidades con sendos “Alardes”. El Castillo de Fuenterrabía cae el 29 de abril de 1524, poniendo fin a los intentos de reconquista de la Navarra peninsular por parte de los legítimos Reyes de Navarra.

Don Pedro de Navarra, VII Mariscal de Navarra, está enterrado en la Cripta de los Mariscales, al pie del altar mayor de San Pedro de la Rúa, en Estella.


Nota: Don Pedro de Navarra tuvo un hijo natural en Tafalla con Doña Mayor de la Cueva: Don Francisco de Navarra y Hualde, nacido en 1498 en el Palacio de los Mariscales. Con el tiempo, este tafallés llegó a ser Prior de Roncesvalles, y posteriormente Rector de la Universidad de Salamanca, obispo de Ciudad Rodrigo y de Badajoz y Arzobispo de Valencia. Participó muy activamente en el famoso Concilio de Trento y a él se le atribuye una extensa obra teológica y una “Historia General de España”. Murió en Torrente (Valencia) el 14 d abril de 1563. Está enterrado en la Catedral de Valencia. La plaza mayor de Tafalla lleva su nombre.

2013/11/23

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (III)

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (III)
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra
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“Los intentos de insurgencia para liberar nuestro Estado han sido numerosos, siendo los siguientes los más significativos, 6 veces en 400 años”.

5. Segunda Guerra Carlista, el Estado federal de Carlos IV de Nabarra

“También es verdad que cuando se conquista por segunda vez un país que se había revelado anteriormente es más difícil volverlo a perder, porque el señor, después de la rebelión, no tiene tantos reparos en asegurar su posición castigando a quienes le son hostiles, individuando a los sospechosos, y reforzando sus puntos débiles (….)” Nicolás Maquiavelo “El Príncipe” (s. XVI).

Un segundo alzamiento carlista hizo que en Nabarra entre 1873 a 1876 se creara un pleno "Estado Federal Vasco Carlista” con las “cuatro provincias” (reducidas a esa condición tras perder la Primera Guerra Carlista), con todas las atribuciones de un Estado: moneda, sellos, tribunal de justicia o deuda pública propia, con un centro de comunicaciones en Baiona -tras el consentimiento del gobierno francés- y, finalmente y lo más importante, con un ejército de 24.000 soldados que lo defendía. 

Con la formación de un Estado nabarro pleno, un nuevo Bourbon reinaba sobre los baskones del sur con su consentimiento desde que lo hiciera Enrique III de Nabarra, “el bearnés” o el “nabarro”, se trataba de Carlos IV de Nabarra (sería quinto si contamos al príncipe de Biana, pero que nunca reinó), el cual buscaba mediante el reino de Nabarra, el reconocimiento internacional a su corona que nunca se produjo. Fue una pequeña brisa de libertad después de varios siglos desde que se perdió el Estado soberano de Nabarra.


“Al ser necesaria una constante movilidad del rey, siempre al frente de su ejército, los órganos de Gobierno habían de acompañar a la trashumante Corte, pese a tener, esos mismos órganos, su sede oficial en algún lugar concreto, que normalmente sería Vergara, excepto la Secretaría de Guerra, con residencia en Zumárraga, y el Tribunal Supremo de Justicia, en Oñate -mientras que en la guerra de 1833 lo había sido Estella-. Solo esta población, y por escaso tiempo, pudo considerarse como capital de Carlos; el Pueblo la ha mitificado, y desde entonces es como el “arca santa” del carlismo, gracias a la aureola legendaria que le dejó Carlos, pese a que nunca fue, ni mucho menos, unánimemente leal a la causa.

La concepción carlista (vasca) del Estado no admitía el sistema liberal de Ministerios: el rey reinaba y gobernaba de acuerdo con las sugerencias de otros órganos democráticos, como las Juntas del Señorío o las Diputaciones Autónomas, y sólo se veía auxiliado por secretarías de las distintas ramas de la Administración (según establece el derecho pirenaico o Fueros). De ahí que, no obstante disfrutar en la práctica de las mismas prerrogativas que los Ministerios, Carlos contase con secretarías, generalmente desempeñadas por personas más entusiastas que entendidas, pero que, a pesar de ello, lograrían desarrollar una actividad asombrosa con resultados muy efectivos. El Gobierno carlista -ya lo hemos indicado- sólo era un coordinador. La Administración, de hecho, la desempeñaba en cada territorio la Diputación respectiva (al modo de un Estado federal), que se hallaba en relación directa con el rey tras haber éste jurado los Fueros, o hacer promesa de respetar sus libertades” web de Euskalherriko Karlista Alderdia (EKA, Eudo).


Fue prácticamente el fin de los Fueros o legislación del Estado de Nabarra basado en el Derecho Pirenaico y en el Pueblo baskón, infinitamente más democrático para nuestro Pueblo que todo lo que ha venido después (aún quedan los Batzarres o Concejos en Alaba o Alta Nabarra para demostrarlo ). La supresión foral supuso el comienzo del servicio militar en el ejército español, la pérdida total de casi toda la autonomía económica o legislativa hasta el presente (la autonomía actual del estatuto en temas fiscales o legislativos no es comparable a la que el Pueblo se había dotado en época foral), lo que empobreció el país, pero que no impidió un último alzamiento más en armas.

La idiosincrasia del Pueblo baskón se basaba en nuestro idioma nacional, nuestra cultura, la religión católica y sobre todo en nuestras instituciones autónomas, todo lo cual se percibían como uno solo por el Pueblo, por lo que la pérdida de los Fueros y de las instituciones que de él emanaban, se vivió como un trauma social al mismo nivel que la pérdida de la soberanía durante las invasión castellano-españolas y aquitano-francesas, lo que dio paso al nacionalismo vasco. Sin el paraguas foral, la represión contra el idioma nacional (en las escuelas, administración-gobierno o Iglesia) y cultura baskona, fue aún mayor que en épocas anteriores.

Perdidas las dos Guerras Carlistas en lo que fue una nueva invasión de las tropas españolas del territorio peninsular del Reino de Nabarra, hubo un connato de rebelión popular en la transición entre el foralismo y el nacionalismo vasco. En 1893 el ministro español Germán Gamazo quiso aumentar los “tributos” que los nabarros estamos obligados a pagar España a través de los llamados Conciertos Económicos y Convenio Económico, el Pueblo se rebeló en Vitoria, Bilbao, San Sebastián y sobre todo en Pamplona en nuevas “matxinadas”, rebeliones populares y democráticas por la defensa foral. Buscaba el Gobierno de Madrid la igualdad definitiva de la fiscalidad en todo el territorio del imperio español. 

El 4 de junio salieron a la calle unos 20.000 nabarros en Pamplona, con los representantes de las Cuatro Diputaciones Forales y Arturo Campión de la “Asociación Euskariana” a la cabeza. El propio Arturo Campión en las Cortes Españolas el 22 de julio de 1893 explicó lo que había ocurrido: “si los reyes de España, mientras retuvieron la plena soberanía carecieron, como hemos visto, de derecho y facultad para modificar los Fueros, las Cortes que posteriormente les han disputado esa soberanía, tampoco poseyeron nunca semejante derecho y facultad. Y cuánto han hecho las Cortes en la materia es nulo y vicioso por su origen, y únicamente fluye de la fuerza”. Pese a las 120.000 firmas presentadas contra la ley, ésta se intentó imponer, pues desde el poder totalitario y ya centralizado en Madrid, mostrar debilidad se creía que podría provocar un nuevo alzamiento foralista.

Esta rebelión popular se llamará “Gamazada”, en la misma participaron los hermanos Arana, Luis y Sabino, con una bandera predecesora de la “ikurriña”. Sabino en su primera revista llamada “Bizkaitarra” publicó entonces el artículo llamado literalmente: “¡Viva Nabarra!” (sic), lo que hizo que su visión “bizkaitarra” se volviera nacional con una confederación de Estados vascos llamada “Euzkadi”, para ello creará un partido político de nombre Partido Nacionalista Vasco (PNV), que sin embargo aceptará la (i)legalidad de las instituciones españolas militarmente impuestas contra el deseo casi unánime del Pueblo baskón.

La lucha del Pueblo baskón por los Fueros abarca varios siglos desde la conquista, tanto en la parte invadida por Francia como en la parte invadida por España, y no acaba en las dos Guerras Carlistas, pues parte de los residuos carlistas o requetés fueron engañados para tomar parte en la insurrección y golpe de Estado de 1936 junto a los fascistas españoles, otra vez por la restitución foral.

Carlos Hugo de Borbón y Parma pretendiente carlista y dirigente del movimiento en los años 70, lo explica así: "Cuando mi padre, Don Javier Borbón y Parma, negoció con el general Emilio Mola la participación de los requetés en el alzamiento de julio de 1936 (Javier presidió la junta suprema militar golpista), se acordó que, cuando este triunfase, se abordaría la forma de gobierno con una votación popular. Pero las cosas fueron de otro modo. Franco, apoyado por alemanes y británicos -lo que no se suele comentar-, se hizo con el poder y en abril de 1937, forzó la unificación de la Falange y el carlismo. Mi padre se negó a que este se integrara en una organización totalitaria y se dio así la paradoja de ser los carlistas unos vencidos en el campo del vencedor (…)”.

El nacionalismo vasco apoyó sin embargo al bando republicano español, pese a las reticencias de los independentistas encabezados por Elias Gallastegi “Gudari” de participar en una contienda española y no apostar por la independencia del país en aquella coyuntura favorable. 

Sabino Arana Goiri: “Es pues, inexacto decir que el gobierno español ha abolido, suprimido, derogado etc. los Fueros vascos: lo que es exacto y preciso, en términos histórico-jurídicos, es que España ha conquistado y sometido al Pueblo vasco”.

2013/11/18

De nabarro a portugués, pero siempre vasco

De nabarro a portugués, pero siempre vasco
Iñigo Saldise Alda

El próximo día 3 de diciembre se celebra un nuevo día de más de la  colonial Comunidad Foral y española de Navarra, coincidiendo con la festividad cristiano-católica de San Francisco Javier.

San Francisco Javier nació el 7 de abril de 1506 en el Estado de Nabarra y su nombre original fue el de Frantzes de Jasso. Miembro de una familia noble, era hijo del presidente del Real Consejo de Reino de Nabarra, Juan de Jasso y de la que posteriormente firmaría como la triste María de Azpilkueta. A su vez era hermano de Magdalena, Ana, Miguel y Juan. Estos dos últimos fueron destacados combatientes por la libertad de la Patria nabarra. Por tanto, no cabe ninguna duda de cuál era su nacionalidad.

Durante la guerra de Nabarra comprendida entre los años 1512 y 1530, sus hermanos Miguel de Xabier y Juan de Azpilkueta atacaron en el año 1521 el castillo que había construido el rey español Fernando II de Aragón en la Iruñea ocupada y sojuzgada. Esta fortaleza española en el corazón de Nabarra fue defendida por las tropas invasoras españolas, entre las que se encontraba un soldado con rango de capitán, Iñigo López de Loyola o de Recalde. En el transcurso del combate cayó herido y fue enviado a su Azpeitia natal por los propios caballeros nabarros que le habían herido, una vez liberada la capital del Estado de Nabarra. Allí se recuperaría de sus heridas abandonando posteriormente su vocación militar, sustituyéndola finalmente por la religiosa.

Con la ocupación española asentada en el Reino de Nabarra tras la debacle de la batalla de Noain, este se traslada a estudiar a la Universidad de Sorbona de París en el año 1525. Allí coincide con Iñigo de Loyola con quien finalmente fundaría la Compañía de Jesús, más conocida como los jesuitas. Pero antes de formarla sus discusiones se centraron en la política, pues uno era nabarro y el otro español. Indiscutiblemente ambos poseían una cultura común, como así lo demuestra el idioma que utilizan en sus debates, que no podía ser otro más que el euskara o vascuence, vamos la lingua navarrorum

En París definitivamente, Iñigo siendo ya Ignacio convence a Frantzes de su proyecto religioso, lo que les lleva a presentarse en el año 1537 por primera vez ante el Papa, emperador de Roma o Jefe Supremo de la Religión Cristiano-Católica; esto fue tres años después de realizar votos de castidad junto a sus hermanos de la Compañía de Jesús. Ese mismo año es ordenado sacerdote. Posteriormente y ante un viaje frustrado a Tierra Santa por la guerra existente entre la República de Venecia y el imperio Otomano de Turquía, Frantzes ya como Javier, le pide al Papa permiso para ir de misionero.

Pero en lugar de elegir ir bajo pabellón español, Francisco de Javier parte a Lisboa en el año 1540. Su itinerario le hace pasar por Azpeitia, pueblo natal de Ignacio, para entregar unas cartas de éste a la familia.  Evita intencionadamente pasar por Xabier, donde fue “desahuciado” por los españoles a los 10 años, tras ser desmochado su hogar, el castillo familiar, y su foso rellenado el año 1516 por orden del Cardenal español Cisneros. Sus viajes le llevarán hasta Japón, muriendo en una lengua desconocida para el chino Santa Fe, un 3 de diciembre del año 1552 en una pequeña isla de la China imperial. 

Frantzes de Jasso nació nabarro y podemos afirmar decir que murió como portugués bajo el nombre de Francisco de Javier, pero nunca dejó de ser vasco. Así podemos deducir de la relación que tuvo con el también vasco Iñigo de Loyola, el cual nació como castellano, es decir español, y murió como tal en Roma en el 1556.

Detrás de un viaje espiritual más allá de sus misiones religiosas, Frantzes cambió su nombre por Francisco, sin dejar nunca de ser vasco, cambió incluso su nacionalidad nabarra por la portuguesa. Eso sí, nunca por la española, ya que él sufrió la violencia y sanguinaria acción militar española contra los suyos y el resto de nabarros.

2013/11/14

Mi Declaración Unilateral de Independencia

Mi Declaración Unilateral de Independencia*
J.J. Labiano, Arazuri-Nabarra

Conociendo la Resolución del Tribunal Internacional de la Haya con respecto a la Declaración Unilateral de Independencia de Kosovo, como quiera que desconozco cuándo hará lo propio el Gobierno Provisional del Estado de Nabarra, he tomado de motu proprio esta iniciativa independentista, buscando con ella que cunda el ejemplo en todo el Pueblo nabarro, en toda la Nación nabarra, por ello hago pública la siguiente declaración:

Yo, J.J. Labiano C., natural de Nabarra y, por tanto Patriota nabarro, en pleno uso de mis facultades psíquicas, físicas y mentales, y en aras de la libertad de mi Patria, promulgo solemnemente que…

-En base a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, inspirada en la declaración de independencia de Estados Unidos de 1776 y en el vigor filosófico del siglo XVIII, donde en sus 17 artículos consagra que los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos; que los derechos naturales e imprescriptibles del hombre son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión; que nadie debe ser incomodado por sus opiniones; que la libre comunicación de pensamiento y de opiniones es uno de los derechos más preciados del hombre.

-Bajo el amparo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su Resolución 217 (III), de 10 de diciembre de 1948 en París; en la que recogen en sus 30 artículos los DD.HH. considerados básicos, a partir de la Carta de San Francisco de 1945, como: "Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria o sometido a cualquier otra limitación de soberanía".

-Al paraguas del Derecho Internacional contemporáneo, en el que se inscribe la Declaración sobre la concesión de la Independencia a los Países y Pueblos colonizados, Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de la ONU de 14 de diciembre de 1960; teniendo presente que los Pueblos del mundo han proclamado en la Carta de las Naciones Unidas que están resueltos a reafirmar la fe en los Derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de los derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, y a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.

-Considerando a su vez que el Pueblo nabarro está sujeto a una subyugación, dominación y explotación extranjera por parte de España y Francia, lo que constituye una negación de los Derechos Humanos fundamentales, contraria a la Carta de las Naciones Unidas.

-Reflexionando que por estos motivos, el Pueblo nabarro tiene legítimo Derecho a recuperar su libertad arrebatada por la violenta fuerza de las armas, para determinar libremente su condición política y a perseguir libremente su desarrollo económico, social y cultural.

-Fundamento que el Estado español y el Estado francés no observan fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de Naciones Unidas, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ni la Resolución 1514 (XV), proclamo:

Al mundo entero mi Declaración Unilateral de Independencia (DUI) de España y de Francia; por lo que a partir de hoy, 14 de noviembre de 2013, soy, solo y exclusivamente, nabarro; Nacional del Estado de Nabarra, y actuaré en consecuencia.

En este momento histórico, animo al Pueblo nabarro, a la Nación nabarra en general, a imitar mi Patriótica reafirmación de nabarridad, haciendo lo mismo que yo he hecho individualmente. También insto a todo el ámbito político, verdadera y auténticamente nacionalista, independentista, soberanista, estatalista y legitimista de nuestro País, a promover entre sus afiliados este ejercicio de dignidad, personalidad, descolonización personal, autoestima y libertad; al tiempo que inicien campañas para informar del calado político-social de esta novedosa e inédita iniciativa.

*Basada o copiada si se prefiere la presente declaración bajo el prisma nabarro, de una realizada por el independentista canario Isidro Santana León en octubre del presente año.

2013/11/12

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (II)

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (II) 
Aitzol Altuna Enzunza; Galdakao-Nabarra
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“Los intentos de insurgencia para liberar nuestro Estado han sido numerosos, siendo los siguientes los más significativos, 6 veces en 400 años”.

•La Primera Guerra Carlista, Tomás I de Nabarra

Alexis Tocquevillle (s. XIX): “Me he preguntado muchas veces dónde está la fuente de esta pasión por la libertad política que en todos los tiempos ha movido a los hombres a hacer las cosas más grandes que la humanidad haya realizado jamás; en qué sentimientos arraiga y se alimenta (…) lo que odian los pueblos nacidos para ser libres es el mismo mal de la dependencia”.

La primera Guerra Carlista tuvo lugar entre 1833 y 1839. Aunque empezó como una guerra dinástica, llevaba en su seno la lucha nacional del pueblo baskón por mantener nuestras instituciones propias basadas en los Fueros o las leyes consuetudinarias del derecho pirenaico.

El bando “liberal” lo conformaban militares de alta graduación y la burguesía de los nuevo ricos aliados con la regente Maria Cristina y su hija Isabel, los cuales pagaban dos pesetas a sus tropas reclutadas, por lo que eran conocidos como los “peseteros” frente a las milicias voluntarias carlistas del “ejército de los pobres”. El bando llamado “liberal” quería implantar un modelo de Estado similar al centralista y jacobino francés con una Constitución para todos los Estados de la corona “de las Españas” con base en la legislación, cultura e idioma de Castilla, sin respetar los Fueros o leyes propias ni la idiosincrasias propias de la corona de Nabarra y la de Aragón-Catalunya (y menos la de los finiquitados Estados de Al-Ándalus o de León), eliminados los Fueros en el caso catalano-aragonés por los Decretos de Nueva Planta tras la entronización del primer Bourbon a la que se habían opuesto, el francés Philippe V de Anjou (1707-1715), pero cuya recuperación anhelaba el pueblo.

A principios del siglo XIX, los diferentes territorios en los que se dividió el reino de Nabarra en el sur pirenaico, estaban acomodados a sus Fueros o leyes nabarras aunque fuera bajo un Estado o Imperio ajeno (por lo que no eran soberanos) y funcionaban como pequeños Estados confederados a la corona de las Españas, de ahí el nombre de “estados separados” y después de “provincias exentas” que les dieron los emperadores y reyes de las Españas. La Nabarra peninsular estaba dividida en cuatro instituciones autónomas entre sí encabezadas por las Diputaciones Forales como órganos permanentes de las Juntas Generales o de las Cortes (creadas en los s. XVI-XVII). Sólo Alta Navarra mantenía el nombre de “reino” con Cortes, pero con un “virrey” según el modelo colonial impuesto desde la corona española, equivalente al “Corregidor” impuesto a la Nabarra Occidental.

No fueron pocos los testigos que refirieron situaciones de conato independentista dentro de las tropas carlistas vascas, algo que no resulta extraño cuando se habían producido pocos años antes procesos similares en las demás colonias españolas de allende de los mares en las que los descendientes de baskones participaron activamente como el propio Simón Bolívar, Mariano Abasolo, Juan de Aldama (así como su tío y hermano), Agustín de Iturbide o José Antonio Etxebarri, y, en algunos casos, llegando desde Europa para ayudar a los americanos a ser de nuevo libres, como Xabier y Mina, los enkartados Miguel de La Torre y Pedro Celestino Negrete, Luciano Elhuyar (hijo de uno de los famosos científicos de la RSBAPV) o Martín Alzaga.

Se ha especulado mucho sobre las intenciones reales de la principal figura del primer carlismo vasco, Tomás Zumalakarregi (Ormaiztegi 1788-Zegama 1835, Gipuzkoa). Algunos de sus coetáneos como Luciano Bonaparte (príncipe francés y vascófilo) y Agusti Xaho (pensador y político zuberotarra), hablan de él como el caudillo de la independencia vasca. Es probable que tal idea no pasara por su cabeza, o al menos no fuera un planteamiento bien formado, y que su lucha fuera por la defensa foral. Su temprana muerte cortó de raíz esta posibilidad.

La idea de la recuperación del reino de Nabarra entre las tropas carlistas vascas lo constataron, por ejemplo, los británicos Wilkinson y Somerville (1837 y 1839), los cuales relatan que Zumalakarregi estuvo a punto de aceptar la corona del país como “Tomás I, rey de Nabarra y Señor de Vizcaya”. El ayudante del general, el coronel de Vargas, se hizo eco de este rumor en sus memorias, rumor que corrigió en parte el prusiano Laurens (1839): "Zumalakarregi era el ídolo de su pueblo y se hablaba sin reparo de alzarlo con la corona de Nabarra y hacerlo rey de los vascos. No era ésta, sin embargo, la idea de Zumalakarregi. No quería otra cosa que defender los derechos y libertades de su patria y esquivó aquel honor modestamente, dejando paso a su legítimo rey que se hallaba en Inglaterra" (Idoia Estornés Zubizarrreta 2008).

El historiador Pirala en el año 1835 dijo en Baiona: “no se sabe cuáles fueron las miras de Zumalakarregi, aunque hay barruntos para creer que se trataba de declarar la independencia de las provincias”. También desde las cuatro Diputaciones forales salió la pretensión de nombrarle a Zumalakarregi Tomás I de Nabarra; así, a la vista de ciertas connivencias internacionales, se le pide que acepte ser nombrado “rey de los vascos”.

En el libro Fueros y carlistadas, Mikel Sorauren, señala que fue el general carlista Maroto quien sembró la desconfianza del pretendiente D. Carlos hacia Zumalakarregi, pues creía que miraba más hacia la independencia (autobiografía “Vindicación del General Maroto” de 1846). En esas memorias, el general carlista Maroto -jefe del ejército carlista tras la muerte de Zumalakarregi-, relata que en junio de 1839 la oficialidad del carlismo gipuzkoano le ofreció finalizar la contienda y proclamarse presidente de una república vasca de cuatro provincias, pero que no aceptó. El zuberotarra Agosti Xaho en su libro Viaje por Navarra durante la sublevación de los vascos de 1835, relata la situación política con frases tan contundentes como: “La independencia de la Federación Vasca se proclamará sin combate”.

La traición del murciano Maroto se consumó en el “Abrazo de Vergara” con entrega de las tropas al general liberal Espartero que puso fin a la contienda. La cuestión más importante de la Primera Guerra Carlista, es que cualquier iniciativa de Zumalakarregi para proclamarse rey de Nabarra hubiese sido imparable. El pueblo había tomado militarmente nuestro país, donde era soberano como lo había bajo el reino baskón de Nabarra, sólo un ejército superior en poder armamentístico así como una clase dirigente ajena a la voluntad mayoritaria del país, pudo poner freno a su poder libertador.

•León Iriarte y Pablo Barricart, sublevados por la independencia de Nabarra

“Y quien se adueñe de una ciudad acostumbrada a ser libre y no la destruya, que se espere ser destruido por ella, porque el nombre de la libertad y de las antiguas instituciones siempre encuentra refugio en la rebelión, y ni el tiempo transcurrido ni los beneficios obtenidos pueden hacer que sean olvidadas”. Nicolas Maquiavelo, “El príncipe” (s. XVI).

A pesar de que la opción carlista para la defensa foral fue la mayoritaria entre el Pueblo nabarro, hubo una minoría que llevaron esa defensa desde el lado llamado “liberal”. En plena primera Guerra Carlista varios militares liberales se sublevaron junto a su tropa por los Fueros y la independencia del reino de Nabarra. Es decir, no sólo los nabarros implicados en el bando carlista o del pretendiente Don Carlos lucharon por sus Fueros e incluso por la independencia, también una parte de la minoría de nabarros que se manifestaron a favor del modelo liberal y de la princesa Doña Isabel, pidieron el respeto a los Fueros, yendo algunos incluso mucho más allá.

Empezó la sublevación el 26 y 27 de agosto de 1837, cuando estalló una sedición en la fortificación de Zizur Menor comandada por el coronel León de Iriarte, ex guerrillero con Espoz y Mina, y por Pablo Barricart, los cuales comandaban los batallones francos de Alta Navarra que peleaban contra los carlistas. Los sedicentes, nabarros del ejército de la reina española Isabel II y de su madre Cristina, se sublevaron contra las tropas españolas de ocupación, se hicieron dueños de Pamplona y fusilaron entre otros al ex virrey de Alta Navarra y general de la reina el conde Sansfield, al que los sublevados atravesaron con sus bayonetas y dejaron desnudo durante 2 horas en la actual plaza del Castillo -en aquel entonces de la Constitución-. Dominada la sedición, Iriarte y Barricart fueron fusilados en el interior de la Ciudadela de Pamplona junto a otros dirigentes por orden del general liberal Espartero por haber intentado recuperar la independencia de Nabarra:

“(…) considerando asimismo por las declaraciones testificales que se comprometió bajo su firma a seguir y llevar a efecto la conspiración que tenía por objeto la independencia de Navarra, cuyo documento confesó el mismo Iriarte haber firmado (…).Condena a la propia pena al comandante del Segundo Batallón de Tiradores Don Pablo Barricart, por resultar justificado: que se mantuvo al frente de su batallón cuando se pronunció la insurrección, y que en vez de contenerla, continuó a su cabeza y vino a Pamplona (…)”.

Es el parte de la sentencia del Consejo de Guerra celebrado en Pamplona en 1837 contra el coronel León Iriarte, el comandante Pablo Barricart y el resto de las tropas sublevadas por proclamar la independencia de Nabarra. También fueron fusilados 4 de los 8 sargentos condenados -pues los otros 4 sargentos amotinados habían logrado huir- y que fueron los que empezaron la rebelión.


El abogado e historiador ronkalés Tomás Urzainqui concluye que en esta rebelión “los batallones liberales navarros liderados por León Iriarte, Pablo Barricart y otros muchos oficiales, se sublevan y se hacen con la ciudad, proclaman la independencia de Navarra y apoyan una trama civil". 

2013/11/07

Lampegia, la belleza baskona que cautivó al moro

 Lampegia, la belleza baskona que cautivó al moro
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra

El Ducado de Aquitania-Baskonia fue creado sobre el año 600 por los francos merovingios imponiendo como duque a Genial para intentar dominar a los baskones y aquitanos, los cuales mandaban sobre sus tierras ancestrales entre el río Ebro y Loira desde la caída del Imperio Romano en el año 476. Pero los baskones se alzaron contra el imperialismo franco y proclamaron a uno de los suyos como nuevo duque de nombre latino Félix (660-670). Siguieron libres los baskones con Lupo I “Otsoa” (670-710) y comenzó entonces una línea de los que se llamaron duques o príncipes de Aquitania y de Baskonia, pues lo baskón y aquitano se desdibujó. El hijo de Otsoa I fue Eudon “el Grande” (710-734), con él, Baskonia llegó a su cénit político.

Eudón u Odón tenía dos grandes enemigos, los musulmanes al sur y los francos merovingios al norte. En el año 719 entró Eudón con su ejército en París aprovechando las guerras entre los dos reinos en que se dividieron los francos -neutrasianos y austrasianos-, llevándose el tesoro real y al mismísimo rey Chilperico II. El franco merovingio Carlos Martel atacó a Eudón, al que persiguió por París y Orleans, firmando la paz en el año 720 por la que Eudón devolvió el tesoro regio y el rey. Carlos Martel o “Martillo” fue el abuelo de Carlomagno y “mayordomo” franco –equivalente a un Primer Ministro- que tomó el poder ante el secuestro de su rey, creando así una nueva familia dominante a la que se llamará “carolingia”.

Los musulmanes entraron por el sur en Europa en el año 711, al año siguiente de coronarse Eudón, el cual estaba en ese momento defendiendo Pamplona-Iruña contra el intento de expansión imperialista del reyezuelo visigodo Rodil, Roderico o Rodrigo. Los musulmanes tomaron el imperio godo peninsular en un paseo militar, por lo que su primera derrota en Europa se produjo el 10 de junio del año 721 en la “Batalla de Tolouse” a manos del rey aquitano-baskón Eudón. El caudillo militar As-Samh enviado por el califa de Damasco Sulaimán había cruzado los Pirineos en el año 719 por el Este, tomando la provincia romana de Narbona pero resistiéndoseles la ciudad de Nimes. Era el último reducto godo en el continente de donde habían sido expulsados por los francos tras la Batalla de Vouillé en el año 507. Desde Narbona, en el año 721 As-Samh intentó conquistar Aquitania-Baskonia y sitió la gran ciudad amurallada de Carcasona que se interponía, pero sin éxito, por lo que siguió hacia Tolouse que era entonces la principal ciudad del ducado, la cual también fue sitiada durante dos meses, lo que dio tiempo a reaccionar a Eudón.

Comenta el catedrático en historia y derecho José Luis Orella Unzué en el libro “Historia de Euskal Herria”, que tras la paz firmada entre aquitano-baskones y francos “había que hacer frente a los árabes de As-Samh que se dirigían hacia Toulouse a la que sitiaron. Eudón se encontraba en Burdeos reunido con su ejército de vascones y aquitanos y presentó batalla de ante de la villa en el lugar denominado por los árabes El Balat. As-Samh tuvo que ceder y murió en el combate y el resto de ejército musulmán retrocedió por la calzada que va a Toulouse a Carcarsona (…).

El enfrentamiento con Eudón no dio un vencedor definitivo, si bien los árabes se posicionaron en la Septimania (región oriental de Narbona). El duque Eudón se oponía a muchos frentes y pactaba con el walí Munuza para proteger sus posesiones en la Cerdaña (parte suroeste de Septimania ), casando a Lampegia, hija de Eudón”. El bereber Otman ben Neza “Munuza”, dominaba la Cerdaña, matando para ello al obispo cristiano de la Seu de Urgell (Lleida) e intentado separarse del califato árabe de Damasco con el que las tropas bereberes ya habían demostrado su descontento. 

Pero el califa de Damasco no cejó en su empeño de dominar Europa, encrespado por su derrota y por el acuerdo entre cristianos y musulmanes-bereberes de la Cerdaña. Es así como mandó un poderoso ejército encabezado por el wali Al-Gafiqi, el cual atacó en el año 732 el ducado aquitano-baskón por dos frentes. El primero llegó a Iruña-Pamplona y pasó el Pirineo por Orreaga-Roncesvalles con la idea de tomar Burdeos. El jefe de las tropas musulmanas Al Gafiki siguió hacia el norte y Eudón y su ejército fue derrotado en primera instancia, pero pidió ayuda al franco Carlos Martel y un nuevo enfrentamiento tuvo lugar a 20 kilómetros al nordeste de Poitiers, llamada en la historiografía europea como la “Batalla de Tours”. Las tropas musulmanas fueron derrotadas y Al Gafiki murió en la contienda retirándose el resto de su ejército a Narbona. La vía romana que va desde Tolouse a Carcasona será denominada por los cronistas árabes “Vía de los mártires”. Fue la gran derrota musulmana que paró su expansión por Europa. 

Narbona seguía en manos del califa de Damasco, gracias a que, antes del ataque a Eudón, parte de su ejército se había trasladado al Este pirenaico, hacia Cerdaña, para castigar a los enamorados Munuza y Lampegia e incendiando su capital Llivia donde vivían. La pareja huyó hacia Aquitania-Baskonia intentando buscar refugio en la Corte de Eudón, pero fueron alcanzados logrando resguardarse en un profundo barranco, donde, según la leyenda (falsa a todas luces) Lampegia consiguió la conversión de su esposo al cristianismo, encargándose ella misma de bautizarlo. Poco después apareció el ejército musulmán encabezado por Gheby ben Zeyan derrotando a Munuza a quien decapitó. La belleza de Lampegia cautivó también a los vencedores, por lo que fue secuestrada y mandada el harén del Califa de Damasco. 

Cuenta la leyenda que la primera vez que Munuza vio Lampegia no sabía nada sobre ella, y pensó que tal vez fuera una campesina que recogía manzanas en el huerto del palacio del rey Eudón. El matrimonio se instaló en un suntuoso palacio de Llivia donde un mosaico en una plaza con una fuente aún la recuerda. La belleza de Lampegia fue perpetuada por la leyenda y los poetas los cuales ponen en su boca: “Abandoné por ti y contigo entonces/el antiguo castillo de mi padre, /la tierra de mi infancia do reposa/la verdadera tumba de mi madre. /Todo, Otmán, te lo di: corazón, vida, /honra, la flor de mi pureza, y hasta /mi patria bendecida”. Según relata Iñaki Egaña en su libro “Mil noticias insólitas del país de los vascos”, Jacinto Verdaguer escribió una larga poesía sobre la protagonista, que comienza de esta manera: “Hermosa es Lampegia, la hija del duque de Aquitania; cuando al alba del castillo sube a la torre más alta, a quien la ve desde el bosque le parece estrella de alba, quien en el bosque la ve por Diana la tomara”.

No fue el último matrimonio político entre cristianos y musulmanes, así, la madre del primer rey nabarro Eneko Aritza de nombre Oneka, se casó en segundas nupcias a principios del siglo IX con el caudillo del norte de la frontera musulmana, un baskón de la familia Banu-Casi (Casius) convertido al Islam, lo que afianzó el incipiente reino baskón.

En el año 860 el emir Abd Allah de Córdoba mandó su ejército contra Pamplona como venganza a la pérdida de las tierras de los Banu Casi, eliminados del poder por sus hermanos cristiano-baskones, llevándose como prisionero a Fortuño, el primogénito del rey de Nabarra Garsea I y a su hija Oneka (latinizada como Iñiga), con la que se desposó. Esta segunda Oneka abrazó la fe musulmana, tomó el nombre de Durr (perla) y concibió un hijo de nombre Muhammad, el cual, de su amante Muzna (“nube o lluvia”, una esclava nabarra) tuvo un niño rubio y de ojos azules que será conocido como el emir de Córdoba Abderramán III (por tanto con 3/4 partes de sangre baskona), con el que al-Andalus (emirato separado para entonces de Damasco), alcanzó su máximo esplendor, proclamándose Abderramán III en el año 929 califa o príncipe de los creyentes. El historiador nabarro Pierre Narbaitz considera a Abderramán III como el vasco más poderoso de la historia. 

No mucho después, Sancho II Garcés “Abarca” casó a una de sus hijas, Abda “la baskona”, con el caudillo musulmán Almanzor, el cual pidió vasallaje al rey nabarro que lo tuvo que dar postrándose ante su propio nieto, el hijo de Almanzor de nombre Abd al-Rahman Ibn Sanchul, llamado por su madre Sanchuelo (983-1009). El propio Almanzor era sólo el Primer Ministro del califato y el amante de la viuda del califa, Subh, que significa “Aurora la baskona”, por ser también de descendencia nabarra.

2013/10/31

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (I)

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (I)
Aitzol Altuna Enzunza; Galdakao-Nabarra

Declaración unilateral de independencia de la República de Irlanda hecha por P. Pearse en 1916, EL GOBIERNO PROVISIONAL de la REPUBLICA IRLANDESA AL PUEBLO DE IRLANDA: irlandeses e irlandesas: En el nombre de Dios y de las generaciones pasadas de las cuales recibió su vieja tradición y nacionalidad, Irlanda, a través nuestro, convoca a sus hijos bajo su bandera y se rebela por su libertad (…).

Declaramos que el derecho del Pueblo irlandés a la posesión de Irlanda, al control sin condiciones de los destinos Irlandeses, es soberano e irrevocable. La larga usurpación de tal derecho por un Pueblo y gobierno extranjero, no ha extinguido tal derecho, que no puede ser nunca extinguido sino mediante la destrucción del Pueblo Irlandés. En cada generación el Pueblo Irlandés ha reclamado su derecho a la libertad y a la soberanía nacional: seis veces durante los últimos trescientos años lo ha reclamado por las armas”. Irlanda fue invadida en el siglo XII, como la Nabarra Occidental y la Continental, y recuperó su libertad en 1921.

El reino o Estado de Nabarra fue creado por los baskones que sobrevivieron a la caída del Imperio Romano Occidental que tuvo lugar en el año 476 y a todas las invasiones bárbaras que llegaron tras su destrucción. Por tanto, por el Pueblo que resistió a los siglos de colonialismo y explotación romana manteniendo su cultura, idioma y legislación propia, institucionalizando ese poder en un Estado, llamado sobre el año 600 ducado de Baskonia y después reino de Pamplona o de Nabarra tras las Dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles contra los francos: el 15 de agosto del año 778 -Askatasun Eguna- y en el año 824, donde fue aclamado como rey el baskón Eneko Aritza.

El reino baskón fue atacado y roído constantemente por sus enemigos entre los años 1054 de la Batalla de Atapuerca y 1620 del Edicto de Unión, "Utrinque roditur", año éste en el que nació el último baskón o nabarro libre. Fueron 1144 años de libertad (476-1620) y 52 jefes de Estado: una docena de duques de Baskonia y 40 reyes y reinas de Pamplona-Nabarra. Desde entonces, los intentos de insurgencia para liberar nuestro Estado han sido numerosos, siendo los siguientes los más significativos, 6 veces en 400 años.

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños” Marco Tulio Cicerón (s. I a.C.).

Los nabarros no somos franceses

El bearnés Enrique III de Nabarra (1572-1610) dejó escrito la separación de los Estados de Nabarra y Bearne del Estado francés del que fue coronado rey finalmente en 1594, esta separación quedó reflejada en documentos oficiales como el de 1607 (Parlamento de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43): “hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Nabarra, soberanía de Bearne (…) permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia”.

El hijo de Enrique, el Bourbon Luis XIII, rey de Francia educado en su Corte por Richelieu, anexionó la corona soberana de los Estados de Nabarra, Bearne y Andorra a la francesa mediante el Edicto de Unión de 1620, impuesto después el Edicto militarmente el 15 de octubre de ese año con la toma de las Cortes Nabarras que se reunían en la iglesia de Donapaleu y los Estados Generales del Bearne del parlamento de Pau: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”.

En 1621, en el debate de los Estados de Bearne, se acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptaran el Edicto de Unión con Francia. Luis XIII renunció a ser “príncipe de Biana” – paso previo necesario para ser nombrado rey de Nabarra-, por lo que ni él ni sus descendientes fueron reconocidos por los representantes del Pueblo de los Estados de Nabarra y Bearne como su rey, por lo que se trató de una invasión contra los Tratados Internacionales y sin previa declaración de guerra, similar a la conquista del resto de territorios del reino baskón de Nabarra. Pese a ello, todos los reyes de Francia firmaban sin legitimidad alguna como “reyes de Francia y de Nabarra”.

Federico Krutwig en su libro “Vasconia” (1962), relata la legítima defensa de nabarros y bearneses de sus Estados: “El Edicto de 1620 fue rechazado y los nobles bearneses encabezados por el marqués de Force, se sublevaron, Juan Pablo de Lescun organizó partidas armadas para defender su soberanía, pero fue apresado por un ejército mandado por el Parlamento de Burdeos y ejecutado”.

“Pero la dificultades aparecen cuando se conquistan dominios en una región con lengua, costumbres y leyes diferentes, y hay que tener mucha suerte y mucha habilidad para conservarlos” Nicolás Maquiavelo “El Príncipe” (s. XVI).

La situación duró hasta la brutal represión contra la población baskona que siguió a la Revolución Francesa del año 1789, con cientos de muertos y masivas deportaciones de población civil. Durante la Revolución Francesa, los nabarros decidieron no participar en Versalles en los Estados Generales del reino de Francia por considerarse reino o Estado aparte, no reconociendo así el Edicto de Unión de 1620, alegaron su soberanía y por tanto su independencia. Para los nabarros los principios de la Revolución francesa, como eran la soberanía nacional y el derecho al voto, ya figuraban desde antiguo en sus Fueros, por lo que consideraban la Revolución Francesa como una “revolución extranjera” (Descree, A. Op. Cit., p 381, 383 y 386). En primera instancia no acudieron a la Estados Generales los representantes de Baja Navarra, Zuberoa, Bearne y Bretaña.

Sí se reunieron, sin embargo, las Asambleas de cada Estado y región mencionados, con el objeto de redactar los cuadernos de quejas y agravios, donde pidieron la recuperación en su integridad de sus antiguos Fueros o legislación propia y en el caso de Nabarra (reducida territorialmente a Baja Navarra): moneda distinta, restablecimiento de la chancillería, prohibición de ejercer ninguna función en Nabarra al intendente y a sus subdelegados regios, anulación del tratado de límites de 1785, reconocimiento del franco alodio etc. Es decir, exigían volver a la situación anterior al “Edicto de Unión” de total independencia o plena soberanía separados de Francia.

Los representantes de Nabarra se presentaron finalmente en París, pero no acudieron a la Asamblea Nacional cuando se constituyó ésta, pues estimaban que su presencia sería “un acto de adhesión a los derechos de la Asamblea Nacional, como una renuncia de Nabarra a su Constitución, a su independencia”. Todo Iparralde y el Bearne protestó por la supresión de los Fueros y encabezados por los hermanos Garat, exigieron la independencia, señalando que el reino de Nabarra se unió al francés por la mera coincidencia en la misma persona de ambas coronas, sin que ello supusiera la unión de ambos Estados y menos la creación de una nación común (como ya había ocurrido anteriormente en los siglo XIII), pidiendo, una vez más, la abolición del Edicto de Unión de 1620 de Luis XIII tal y como dejó escrito su padre Enrique III “el bearnés” o “el nabarro”. Francia desoyó a los nabarros, toda la Nabarra continental quedó asimilada en el Departamento de los Bajos Pirineos junto al Estado del Bearne (desde 1971 se llama Pirineos Atlánticos).

El 3 de marzo de 1794 fueron extraditados a la Landas por “infâmes” 4.000 habitantes de Ainhoa, Sara, Zuraide, Kanbo, Larresoro, Ezpeleta o Biriatu (pueblos o barrios de Lapurdi y Baja Navarra), mientras sus casas eran saqueadas; murieron 1.600, de los cuales 600 eran de Sara. Los nombres en euskara de las localidades fueron cambiados por otros en francés inventados para la ocasión en un claro genocidio: “El genocidio es un crimen cometido con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” (Resolución 96 I de la Asamblea General Las Naciones Unidas de 1946).

Las deportaciones a las Landas de 1794 fueron explicadas por el gobierno francés del siguiente modo: “Los habitantes de las comunas infames de Sare, Itxassou y Ascain serán secuestrados de sus domicilios y conducidos a una distancia de al menos 20 leguas de las frontera. Esta medida, obligada por la perversidad de monstruos indignos de ser franceses, no afectará a los ciudadanos que, en las comunas señaladas, hayan dado pruebas constantes y auténticas de civismo y amor por la patria (francesa)”.

El euskara quedó prohibido en cualquier acto público, al igual que su enseñanza en las escuelas en nombre de la Revolución y de la Ilustración: “Liberté, igualité et fraternité”, eslogan eufemístico que escondió el genocidio físico y ahogamiento institucional de los millones de “infames monstruos indignos de ser franceses”, compuestos por personas de todas las naciones aplastadas por el Estado francés. Los 90 libros escritos hasta ese momento en euskara en Iparralde fueron quemados, al igual que manuscritos de obras aún no publicadas. La persecución religiosa produjo a su vez una huida masiva de clérigos, sólo en Bizkaia fueron acogidos más de mil.

Las Cortes nabarras reunidas en la iglesia Saint-Palais de Donapaleu acordaron: “La nación francesa puede llegar a darse una constitución bastante prudente o juiciosa para que Nabarra piense un día renunciar a los suyo y unirse a Francia, pero mientras ese día llega, no hará el sacrificio de su propia Constitución que asegura su reposo y su libertad”. La resistencia natural a cambiar de Constitución, de nación y de Estado renunciando para ello a los propios, nos salió muy caro en víctimas humanas y dejó indefenso a nuestro Pueblo frente a los dirigentes franceses y sus proyectos totalitarios.

Fue el fin de los Fueros en la Nabarra Continental o la legislación del Estado de Nabarra basadas en el Derecho Pirenaico y en el Pueblo baskón con raíces prerromanas, infinitamente más democrático que todo lo que ha venido después.

La Declaración unilateral de independencia de 1794, volver a Nabarra

El árbol de Gernika es el más antiguo, el primero, el padre de todos los árboles de la libertad" J.J. Rousseau (s. XVIII) ilustrado ginebrino.

Tras la Revolución Francesa, en 1794, las tropas francesas con unos 40.000 contingentes invadieron la Nabarra peninsular, Aragón y Catalunya, en represión al ataque español previo a Iparralde y al Rosellón catalán en manos francesas; España quiso evitar la entrada de las nuevas ideas en su suelo, para ello el Bourbon Carlos IV de España mandó cerrar fronteras, donde situó a su ejército con 18.000 soldados que tomaron pueblos de Baja Navarra como Aldude.

En Gipuzkoa, la ciudad de San Sebastián con su alcalde a la cabeza, pidió negociar con las tropas francesas en base a la potestad que para ello le otorgaban los Fueros. Estaban dispuestos entregar la ciudad a los invasores si estos prometían respetar los Fueros que los reyes Bourbones atacaban constantemente desde la corona española, petición a la que se unieron poco después las Juntas Generales de Gipuzkoa reunidas en Getaria -primera capital de Gipuzkoa bajo el reino nabarro-. Las Juntas reclamaron la soberanía de la provincia anterior a 1200, año de la invasión castellana de la Nabarra Occidental, así como el respecto a la religión católica y a los Fueros o legislación del reino baskón de Nabarra.

Gipuzkoa declaró después su adhesión a la República francesa: “El pueblo guipuzcoano es digno de asociarse a la brillante suerte de la República (francesa) y al acercarse vuestras falanges victoriosas proclamando de nuevo su independencia, que durante quinientos años supo defender contra insidiosas pretensiones de un astuto gobierno…Las bayonetas de los republicanos franceses sabrán ayudar los deseos de los republicanos guipuzcoanos para la independencia y defender su territorio de la invasión de nuestros enemigos comunes”. Los enemigos comunes eran los españoles, claro.

El donostiarra Antonio Mendizabal comenta al respecto: “Puede suponerse el escándalo sin límites que en el mundo hispano y de los madriles provocaron primero la claudicación sin guerra y segundo el paso de Gipuzkoa al Estado francés. Pero no solo esto, pues lo que se proyectaba era que Gipuzkoa fuera un Estado independiente o unido a Bizkaia, Alava y (Alta) Navarra y también la resurrección del viejo Reino con Zazpiak Bat (sic), como antes del 1200, decían. Atribuían todo al Seminario de Bergara, a la fundación que hiciera Munibe, Narros y Altuna y que tuvo relación tan directa con el enciclopedismo francés de Voltaire, Diderot y sobre todo Rousseau con su deseo de venirse a Azkoitia”.

Finalmente se llegó a un acuerdo de paz entre los imperialistas españoles y franceses de la que quedamos excluidos los nabarros. La “Paz de Basilea” fue firmada en Madrid en 1795, en la misma, el primer ministro Godoy en nombre del Gobierno español, ofreció a la representación francesa los territorios de Gipuzkoa y Bizkaia a cambio de recuperar las tierras ocupadas por Francia en la isla caribeña de Santo Domingo (hoy Haití), por ser estas tierras nabarras menos interesantes y más conflictivas para la corona española.

El gobierno de París no aceptó el cambio que sí había aceptado la representación francesa en Basilea, es más, Francia volvió a masacrar a la población civil baskona con asesinatos masivos y deportaciones de la población de Iparralde por no querer colaborar con el ejército francés contra sus hermanos del sur, imponiendo Francia a los baskones el servicio militar en su ejército tras la supresión foral. Tras la Paz de Basilea, numerosos mandos gipuzkoanos fueron condenados a muerte por entregar San Sebastián y Gipuzkoa sin lucha, pese a que España había prometido no tomar represalias. Godoy pasará a ser apodado el “Príncipe de la Paz” por su negociación con Francia.

Los españoles se vengaron de los donostiarras el 31 de agosto de 1813, cuando el General Castaños mandó arrasar hasta sus cimientos la ciudad a sus aliados ingleses y portugueses según relataron después los donostiarras sobrevivientes, así como matar a los habitantes que aún estaban dentro y violar a las mujeres y niñas en un nuevo genocidio, tras quedar la ciudad militarmente ocupada por los franceses gracias a la ineptitud de Godoy (segundo Tratado de Fointanebleu de 1807) y de los reyes franceses de España, Carlos IV y Fernando VII, los cuales, regalaron toda España al emperador francés Napoleón I Bonaparte.

Los franceses tomaron toda España ante la huida o colaboracionismo de gran parte de su clase política y sólo en el territorio de Nabarra la población se lanzó al monte de forma organizada en partidas de milicianos. En Alta Navarra estaban comandadas las milicias por Espoz y Mina, con 10.000 guerrilleros de los 30.000 que había en toda España. También destacó el guerrillero ronkalés Gregorio Kurutxaga Urzainki, que llegó a tener 13.000 soldados franceses tras su captura pero que no consiguieron darle caza. Gaspar Jauregi, Artzai, natural de Urretxu (Gipuzkoa), era coronel a sus 20 años y mandaba sobre 3.000 hombres en Gipuzkoa; Tomás Antxia Longa hacía lo propio en Bizkaia (era natural de Mallabia). Eran los cabecillas de la resistencia vasca, actuaban en forma de guerrilla luchando a veces juntos. Estornés Lasa narra en su libro “Lo que NO nos enseñaron”: “Cuando Espoz y Mina recibió un ejemplar de la Constitución de Cádiz (1812), lo puso en una silla y lo fusiló”. Sin embargo, no parece que ninguno de ellos tratara de expulsar de Nabarra a los dos Estados imperialistas.

El trasfondo de estos hechos es el descontento de los baskones por el centralismo borbónico que entró a gobernar en España en 1700 con el Bourbon francés Philippe V (previa renuncia ante su abuelo Luis XIV a sus posibles aspiraciones a la corona de Nabarra) y el intento de creación de una nueva nación llamada “española” de base únicamente castellana. Philippe V de Anjou: “deseo de reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por la leyes de Castilla” (Novísima Recopilación de España 3.3.1).

La nula identificación del Pueblo baskón con el proyecto de crear una nación española o francesa era y es manifiesta. Siempre se aludía al monarca común y nunca a España o a Francia, y menos a la nación española o francesa, las cuales eran aún un proyecto en el siglo XVIII. Corona “de las Españas” y de “Francia y Nabarra”, de las cuales no les importaba en absoluto separarse a los nabarros pese a las represalias que conllevaba por parte de los imperialistas.

2013/10/30

La Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra

 La Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra
J.X. Mauleon, Cadreita-Nabarra

En la lucha por la independencia no valen medias tintas. En la querella independentista no está permitido la duda y el titubeo. No es válido el estar con el invasor y con sus reglas y leyes. Esto es un litigio incondicional donde el único objetivo es la Descolonización e Independencia de Nabarra.

¿Por qué la gran mayoría de los denominados independentistas no apuestan por la Descolonización de Nabarra y siguen gritando independentzia Euskal Herria o Euzkadi askatuta? Porque la gran mayoría de todos ellos, esos autodenominados independentistas son funcionarios, en su mayoría políticos, de los Estados imperialistas que nos sojuzgan, o bien mendigan alguna subvención españolas y francesas desde algunas empresas y sociedades culturales. La Descolonización, que es la única vía correcta para recuperar la independencia del Estado de Nabarra,  implica un compromiso personal, grupal y social para eliminar o sustituir todas las instituciones extranjeras impuestas en nuestro territorio por el colonialismo del Reino de España y de la República de Francia, aplicando así el grito de ¡Qué se vayan!-de aquí, de Nabarra-, pues ni los queremos ni los necesitamos.

Todo político dado de alta en España o Francia es un colaboracionista de los mismos y por ende, enemigo o traidor del Estado de Nabarra. Además cualquier colectivo político u organización cultural que busca las migajas de subvenciones de los Estado invasores está en el mismo grupo de enemigos de la Patria nabarra. Como decía aquel: “un perro no puede tener y obedecer a dos dueños”.

Esta triste e incluso insultante realidad por la cual muchos se sentirán inclusive ofendidos, es que no sólo nos han colonizado desde hace muchos siglos, sino que a día de hoy hay muchos que colaborar interesadamente con el mantenimiento de nuestra esclavitud, bien por beneficio partidista o bien por beneficio personal.

¡¡¡Qué pena me das Nabarra!!!! ¡¡Qué pena me dan esos jóvenes que siguen obcecados a esos indudables colaboracionistas!! ¡¡Cómo se pueden dejar engatusar por cualquier oferta golosa!!! Estamos viviendo lo mismo de hace seis siglos y todavía ¿no hemos aprendido que el amor a la Patria es primordial? Españoles y franceses  que se vayan de aquí ya.

¿Qué buscamos? ¿República socialista? ¿Monarquía parlamentaria? ¿Otro sistema cualquiera? Sinceramente esas teorías o ideas o cuales quiera otras, con la cual organizar el Estado de Nabarra son secundarias en la situación actual que padecemos de sometimiento; primero hay que Descolonizar para poder alcanzar la independencia que nos permita decir eso y otros asuntos políticos propios.

Pero, ¿Qué es Descolonización? Se podrían hacer más de 1000 páginas explicando que es la Descolonización, debido a su complejidad, pero centrándonos en lo que estamos hablando sobre la lucha por la independencia, concretaremos de forma sutil qué es la Descolonización para los nabarros.

El Pueblo de toda Nabarra es suficientemente soberano para debatirse en Asamblea y por ello debemos creérnoslo y aplicarlo; una asamblea de nabarros en pro de las Descolonización, convocada oficialmente con su orden del día y llevada a cabo en cualquier patio o casa particular más valor independentista que las resoluciones de los plenos en ayuntamientos o parlamentos aceptados por los colonizadores españoles y franceses; tenemos que confiar en la alta capacidad de la iniciativa popular y en la espontaneidad de las masas. 

Debemos recordar que será el Pueblo unido el único protagonista de la revolución, de la emancipación. Tenemos que reemplazar las formaciones políticas y culturales aceptadas por los imperios invasores y opresores, por libres auzolanes patrióticos nabarros, políticos y culturales; organizar la sociedad nabarra donde todos seamos reconocidos por igual y en donde nadie es más que nadie, negándonos a cualquier tipo de autoridad y censura que solo beneficia el mantenimiento de nuestra esclavitud. Esto significa Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

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