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2008/09/17

Iruinea, Septiembre de 2008


Iñigo Saldise Alda
El último rey de Navarra
Soberanía de Navarra

El 16 de noviembre del año 1528, Enrique II de Navarra tuvo que soportar las mofas despectivas hacia su persona, tras el nacimiento de Juana, princesa de Viana, en las que también estaban incluidas la recién nacida y su esposa Margarita de Navarra. Las maléficas burlas provenían del mayor enemigo de los navarros, el emperador Carlos I de España y V de Alemania, que entre satíricas risotadas afirmó lo siguiente:

“¡Milagro: la vaca ha parido una oveja y el pastor guardará su rebaño”.

El 1 de abril del año 1553, en el palacio de Pau, la princesa de Viana, Juana de Albret, pare a un hijo varón, al cual le dan el mismo nombre que su abuelo el rey de Navarra, Enrique II el Sangüesino. El júbilo se apoderó del monarca navarro, “bautizando” con sus propias manos al joven infante de Navarra con un diente de ajo y una gota de vino de Jurançon y contestó gozoso a los absurdos de los españoles:

“¡Este es el milagro: la oveja ha parido un león”.

Tras la muerte en el año 1555 de Enrique II el Sangüesino y el ascenso al trono del Reino de Navarra de su madre Juana de Albret, el niño Enrique adquiere el título de príncipe de Viana. Junto a su hermana Catalina adquiere una educación humanista y conforme, en materia religiosa, a las creencias reformadoras de su madre Juana III de Navarra, adquiriendo así una formación acorde con el Navarrismo.

Su padre, Antonio de Borbón y Vedôme, rey consorte de Navarra, es apresado junto algunos aliados protestantes en Ruan, el día 10 de noviembre de 1562, siendo asesinado posteriormente a manos de los católicos franceses, en el marco de la primera guerra de religión que asoló el reino de Francia. Sus títulos pasan al joven príncipe de Viana. Los Borbón eran descendientes directos de San Luis IX, siendo por ello herederos de la casa de Valois, reinante en Francia.

Tras ello Enrique, príncipe de Viana, fue enviado a la corte francesa de Paris, donde sería presentado a Carlos IX de Francia. Durante la visita conoció a Michel de Nôtre-Dame, más conocido por Nostradamus, quien realiza una predicción al joven navarro, ante la madre del monarca francés, Catalina de Médicis, en la cual le dice que llegará a ser rey de Navarra y Francia.

Con apenas quince años y por orden de su madre, la reina Juana III de Navarra, el joven príncipe de Viana se pone al mando del ejército de Navarra y acude a socorrer a la sede protestante y francesa de La Rochelle, consiguiendo la victoria ante tropas católicas francesas, que involucraría definitivamente al Reino de Navarra en la segunda guerra de religión, después de haberse mantenido relativamente al margen tras la primera, que solo se había desarrollado en el reino de Francia.

El príncipe de Viana tuvo que retornar al Reino Pirenaico al mando de las tropas navarras, para combatir a los católicos y proespañoles que se levantaron en armas a comienzos del año 1568 y que habían expulsado a los ministros protestantes e incluso se habían apoderado de varios castillos. El joven Enrique, príncipe de Viana, intervino consiguiendo una paz entre las facciones católicas y protestantes del Reino de Navarra. Su madre la reina Juana III de Navarra, otorgó el perdón total a los rebeldes, y tras ello proclamó la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra, algo que nunca olvidaría el joven príncipe de Viana.

La guerra religiosa prosiguió entretanto en el reino de Francia. Así en 1569, el barón de Terride, en nombre de Carlos IX, ocupa el señorío de Bearne, perteneciente al Reino Pirenaico, y restablece el catolicismo como única doctrina de fe. El señor de Luxe, junto algunos católicos, se revela de nuevo contra la reina Juana III de Navarra. Las tropas navarras, comandadas por Enrique, príncipe de Viana, consiguen expulsarlo del castillo de Maule.

La religión católica vuelve a ser prohibida en el Reino de Navarra, pero un año después de la paz de Saint-Germain del año 1570, en las cortes de la Rochelle y a petición realizada por los Estados de Navarra, la reina Juana III de Albret, restablece la libertad de culto para el Reino Pirenaico. También se firma las Confesiones de Fe de la Iglesias Reformadas de Francia y el joven Enrique, príncipe de Viana, se instala en la ciudad portuaria a orillas del océano Atlántico.

La reina Juana III de Navarra, comienza las conversaciones con la corte francesa, en busca de una paz duradera con el Reino de Francia. Para ello promueve un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX. A dicho enlace se muestra contrario, en un principio, el joven príncipe de navarro.

En 1572 la reina de Navarra es envenenada en París por orden de su archienemiga, Catalina de Médicis. Enterado de la noticia y tras ser coronado rey de Navarra, Enrique III entra en París junto a 900 caballeros navarros vestidos de negro, color representativo los protestantes.

Enrique III de Navarra se muestra partidario de continuar con el matrimonio con la bella princesa Margarita de Valois. Esta boda no contó con el apoyo del papa, y se realizó en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, debido a las creencias reformistas de Enrique III de Navarra.

En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos atacaron a los protestantes, esgrimiendo como simple excusa la herejía y la defensa de la fe católica. En total, en el reino de Francia, fueron asesinadas unas cien mil personas, protestantes mayoritariamente, y con ellos la inmensa mayoría del séquito de 900 navarros del rey de Navarra. El propio monarca navarro, fue hecho prisionero y forzado a convertirse al cristianismo, además de verse obligado a proclamar el catolicismo como religión única del reino de Navarra, teniendo que permanecer de manera forzada en la Corte de París.

Enrique III de Navarra, ese mismo año, consigue huir de París. Abjura de la religión católica nada más entrar el Reino Pirenaico y de inmediato se pone al mando de las tropas protestantes en la cuarta guerra de religión, que pronto se transformaría en la conocida como la guerra de los tres Enriques, que implicaba al propio rey de Navarra, al nuevo rey de Francia y Enrique I de Guisa.

Enrique III de Francia, tras reconocer a Enrique III de Navarra como heredero o sucesor al trono francés, muere asesinado por un ultra católico, del partido de Guisa, en el año 1589. La muerte del último Valois, permitía, en teoría al rey de Navarra convertirse en rey de Francia. Pero para poder lograrlo, Enrique III de Navarra mantuvo una guerra abierta contra la Liga Católica, el emperador de Roma y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En fases de este enfrentamiento, Enrique III tuvo que retirarse al Reino de Navarra, donde preparó un ejército que debería facilitarle el acceso al trono francés mediante la vía militar.

En el año 1585, el emperador de Roma, Sixto V, excomulga por hereje a Enrique III de Navarra. Las tropas protestantes consiguieron algunas victorias, pero París resiste gracias al apoyo de las tropas españolas comandadas por Alejando Farnesio. En 1593, el rey de Navarra se convierte al catolicismo con el fin de obtener el trono de París, algo que se resumiría con una frase que falsamente se le atribuye:

“París bien vale una misa”.

Esta coronación no supuso la unión de los reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico.

En 1598 firma la paz de Vervins con el reino de España. En ese tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre los reinos de Francia y España, el rey navarro introduce una clausura concerniente a la anexión de las tierras del sur del Pirineo por parte española, negándose claramente en ella, a legitimar el atropello español.
Ese mismo año realiza el Edicto de Nantes, donde se reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, a semejanza de aquel Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra, realizado treinta años antes por su madre Juana III de Albret. Enrique III de Navarra pretendía que el Edicto de Nantes se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases definitivas para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo habían costado millones de muertos. Esta decisión le supone una nueva excomunión a Enrique III de Navarra y IV de Francia, por parte del emperador de Roma.

Enrique III casó en segundas nupcias con María de Médicis en el año 1600. De esta unión nacería el futuro Luis XIII de Francia, el cual no fue educado según las condiciones existentes en el Fuero navarro, paso obligado para ostentar el título de príncipe de Viana y así acceder al trono del Reino de Navarra, sino que recibió su educación católica en la corte francesa de Paris, de manos del Cardenal Richelieu.

El 14 de mayo del año 1610, el rey de Navarra y Francia, era asesinado en una calle de París por un jesuita, llamado Ravaillac. A pesar de ello, el Reino Pirenaico mantuvo su intendencia hasta el año 1620, cuando Luis XIII de Francia visita las Cortes de Pau y restaura la religión católica en Reino de Navarra, prohibiendo la religión protestante en todos los reinos bajo su dominio.

Luis XIII de Francia disuelve militarmente las Cortes de Navarra ese mismo año y realiza el decreto de unión desde las Cortes de París. Así el Reino de Navarra quedaba anexionado de forma ilegítima al reino de Francia y el Navarrismo existente en los reyes navarros desde los tiempos de Margarita de Navarra, era exterminado por un soberano francés.


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