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2008/11/24

Iruinea, noviembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Euskadi ¿Nombre de la selección de fútbol de nuestro Estado?
Soberanía de Navarra

El fútbol moderno, como lo conocemos hoy en día, fue creado en el reino de Inglaterra, tras instituirse la Football Association en el año 1863, sentándose con ella, las primeras reglas para el deporte más popular del mundo en la actualidad.

La práctica del fútbol, bajo la normativa inglesa, fue introducida en Vasconia a finales del siglo XIX, momento en que los hermanos Arana gestaron el paradigma bizkaitarra o aranista, que nos plantea el término de Euzkadi como nombre del Estado de los vascos, en el cual se encuadrarían la totalidad de los territorios del Zazpiak bat, lema de origen cultural acuñado por Antoine d'Abbadie y Agustin Xaho.

La guerra civil en el estado español, involucró a las tierras de la Vasconia cispirenaica bajo imposición española, tras el alzamiento militar que sufrió la II república de España. Precisamente en ese contexto, apareció a primeros de 1937 la selección de Euskadi. Fue creada por el lehendakari José Antonio Agirre y su principal motivo, por no decir el único, fue el de recaudar fondos para las tropas leales a la II república española, que se encontraban en la pro-vinci de Bizkaia, y que estaban conformadas en su mayoría, no su totalidad, por miembros de los partidos nacionalistas vascos de la época, EAJ-PNV y EAE-ANV.

El combinado de Euskadi se convirtió en el embajador de la causa republicana española en el mundo, buscando obtener simpatías y especialmente apoyos económicos, con los que alimentar la maquinaria bélica existente contra el levantamiento militar e intentar salvar así, el régimen republicano en que estaba instituido el estado español.

Incluso la selección de Euskadi, llegó a convertirse en un equipo más dentro de la liga de Mexico durante la temporada 1938-1939, consiguiendo incluso el campeonato de dicho estado , antes de su disolución tras salir derrotados militarmente, los defensores de la II república en el estado español, pasando este a estructurarse en una dictadura de carácter fascista, sistema semejante a los ya existentes en dicha época en otros estados europeos, como Alemania e Italia.

La llamada transición española facilitó la vuelta de la formación futbolística de Euskadi, que volvió a jugar en el año 1979 en pleno Aste Nagusia de Bilbo, siendo prohibida la entonación del Gernikako Arbola antes del partido, por el delegado del gobierno del reino de España, sito en la provincia de Vizcaya.

Es entonces, cuando el término político que acuñaron los hermanos Arana para el Estado de los vascos, pasó a ser el de una mera y simple, comunidad autónoma dentro del reino de España, conformada exclusivamente por solo tres territorios del Zazpiak bat. Con ello, esta realidad que sufrimos en la actualidad, está muy alejada de las pretensiones iniciales realizadas en su tiempo, por Luís y Sabino Arana, quienes acuñaron dicho término dentro de su paradigma o modelo Estatal para la totalidad de los vascos en esta parte de Europa.

Así, con alguna intermitencia en las ya casi tradicionales apariciones anuales del combinado de Euskadi, el cual pese a ser la selección de la federación de una comunidad formada por tres provincias del reino de España, Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, ha contado con la participación de jugadores vascos de otros territorios pertenecientes al ya mencionado Zazpiak bat, hasta llegar al año pasado (2007), cuando se decidió el cambio del nombre para la selección, cambiándose el término político de Euskadi, por un término cultural, el de Euskal Herria, retractándose la federación de la comunidad autónoma vasca, apenas en un año.

Esto ha suscitado un debate en la sociedad vasca, siendo a mi parecer ambos términos incorrectos, si nos estamos refiriendo al Estado que crearon los vasco(ne)s libres e independientes a comienzos del siglo IX y que existió soberano hasta el primer cuarto del siglo XVII.

Yo particularmente, comparto la misma opinión que Luís Mª Mtz Garate, en lo que se refiere a la insuficiencia del término cultural de Euskal Herria, si lo que queremos es nombrar a una selección de fútbol de nuestro propio Estado, principalmente. A su vez, la utilización del término político devaluado de Euskadi, no sirve para dicho propósito y no por su desvalorización actual, sino por carecer de legitimidad histórica de aquel Estado que crearon y poseyeron los vasco(ne)s libres e independientes.

Además: ¿Podrán jugar aquellos jugadores vascos que están en la diáspora, que tienen una nacionalidad (estatalidad) diferente a los vascos de esta zona de Europa? ¿Los jugadores no vascos serán excluidos de jugar en dicha selección, a pesar de tener la misma nacionalidad (estatalidad) que los jugadores que si son vascos?

Para concluir, decir que no considero a ninguno de estos términos como el apropiado para designar a la selección de fútbol de una Vasconia libre e independiente. El término político correcto, que nos ha dejado la historia de este país para designar a nuestra amada Vasconia, es el término político que le dieron los vasco(ne)s libres e independientes a nuestro Estado, a los cuales se les conocía como navarros y que no es otro más que Navarra.

2008/11/20

Iruinea, noviembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
El Estado soberano de Navarra, 1530-1620
Irujo Etxea Elkartea

“Navarra será la admiración del Mundo”. William Shakespeare, 1594

El año 1530, el emperador Carlos V de Alemania y I de España ordena la retirada de las tropas de ocupación españolas de la tierra de Ultrapuertos. Toma dicho mandato por motivos estratégicos en su guerra contra el rey Francisco I de Francia, aliado del legítimo soberano del reino de Navarra, Enrique II “el Sangüesino”. Una razón es la falta de control sobre los naturales del lugar desde 1524, a pesar de las extremas y continuas medidas de represión ejercidas por las tropas castellanas con el consentimiento del representante de la iglesia católica.

Debido a la invasión militar española, las legítimas Cortes navarras se habían exiliado a Pau en1512, en el señorío de Bearne, encabezadas por Catalina I de Foix y Juan III de Albret, reyes de Navarra. Pero incluso antes de que las tropas españolas retrocedan sobre los Pirineos hacia el sur, liberando la tierra de Ultrapuertos en 1530, las Cortes de Navarra se reúnen en Donapaleu a petición de Enrique de Albret en el año 1527, llegando a ostentar dicha localidad la capitalidad del reino.

Desde 1530, en la Navarra libre del norte del Pirineo se sucedieron los intentos, por vía diplomática, encaminados a la recuperación de las tierras ocupadas. El rey Enrique II de Navarra lo intentó mediante el matrimonio de su hija Juana de Albret con el hijo del emperador Carlos V, el futuro Felipe II de España. La perspectiva esperanzó a los navarros sometidos del sur del Pirineo, donde los beaumonteses de Iruñea prepararon un memorandum el año 1540, detallando cuáles eran las tierras arrebatadas que debía reclamar su rey, además de las cinco Merindades:

“Quanto a lo que pertenesce a V. Alteza, según lo que solía extender este Reyno antiguamente como es pública voz y fama que era señor de Guipúzcoa, Vizcaya y Alaba y mucha parte de Rioja, hasta el holmo de Burgos; como por la sepultura que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parescen las armas de Navarra; anssí como en Logroño y en otros lugares y de poco acá se han borrado...”

Durante el reinado de Enrique II, en 1545 se editó el primer libro en euskara, escrito por Bernart Etxepare, titulado Linguae Vasconum Primitiae. Margarita de Angulema, reina de Navarra, había escrito tres años antes el Heptamerón, colección de relatos eróticos, que no pudo concluir al sobrevenirle la muerte en 1549. Anteriormente la reina Margarita había acogido con buenos ojos los inicios de la Reforma, difundiendo el evangelismo y el platonismo.

En 1555, tras la muerte de Enrique II, le sucede en el trono Juana III de Albret, casada en 1548 con Antonio de Borbón, enlace celebrado en Moulins. Este matrimonio fue promovido por otro Enrique II, nuevo rey de Francia. La reina Juana III de Navarra era una mujer de gran talento, extraordinaria cultura, firme carácter, inquebrantables energías, elevadas ideas y bondadosos sentimientos.

Juana III y Antonio I de Navarra continuaron reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo, en poder de las tropas españolas. La reina Juana III llegó a presentarse, junto a su esposo y varios caballeros navarros, en la frontera impuesta por los españoles. Allí les esperaba el ejército ocupante, que negó a los legítimos reyes de Navarra visitar el país y entrar en su territorio. Hoy en día este acto se recuerda con una leyenda en torno a los días en que la niebla se apodera de la selva del Irati.

Pero las reclamaciones de la devolución de las tierras navarras del sur de los Pirineos no solo fueron simbólicas. Los monarcas utilizaron la diplomacia internacional, llegando incluso a enviar una carta al papa Pío IV, en diciembre de 1560, con una oración solemne de adhesión, buscando con ello la recuperación de todas las tierras perdidas.

La reina Juana III de Navarra, en 1560, introdujo la Reforma en el Reino de Navarra y en el vizcondado del Bearne, divulgando el calvinismo desde el año 1561. El príncipe de Viana, Enrique, fue educado junto a su hermano conforme a las ideas religiosas de esta reina. Uno de estos profesores era el reformador español Antonio del Corro, acogido en la Corte navarra.

La primera guerra de religión ocurrida en el reino de Francia no llegó a afectar a Navarra, ni al vizcondado del Bearne. La reina se opuso y resistió a jesuitas e inquisidores cuando intentaron establecerse en el reino, al temer por la integridad y las conciencias de los suyos, tras conocer las atrocidades sufridas por los navarros a manos de la Inquisición en los valles de mayoría agramontesa, en la Navarra ocupada.

La religión calvinista fue implantada en la Navarra libre como la religión del Estado. Así, la reina Juana III de Albret ordenó la traducción del Nuevo Testamento al euskara a Joannes Leizarraga en el año 1571, con la intención de que la palabra de Dios sería accesible para el pueblo llano.

El señor de Luxe, casa perteneciente al bando de Beaumont durante la guerra civil y en la ocupación del reino en 1512, enfrentada con la casa de Agramont desde el siglo XIV, apoya militarmente a los clérigos católicos en Navarra. Siendo como era esta casa partidaria de la unión con España, se alza contra la reina de Navarra en las guerras de religión, por defender la religión católica. De nuevo las viejas rivalidades entre los bandos salen a relucir en una nueva guerra. Enfrente se le opone de nuevo un notable agramontés, el señor de Agramont, que aceptaba la Reforma y era partidario de la reina, y con ello de la independencia de reino.

Los católicos y proespañoles se levantaron en armas a comienzos del año 1568, expulsaron a los ministros hugonotes, y se apoderaron de varios castillos. El joven Enrique, príncipe de Viana, intervino consiguiendo una paz entre ambas facciones. La reina Juana III de Navarra otorgó el perdón a los rebeldes, y proclamó la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra.

La guerra religiosa prosiguió entretanto en el reino de Francia. Así en 1569, el barón de Terride, en nombre de Carlos IX, ocupó el señorío de Bearne y restableció el catolicismo. El señor de Luxe le ayudó en el asedio a Navarrenx, en cuya plaza se había encerrado el barón de Arros, un jefe hugonote. España, junto al emperador de Roma, apoyó a los católicos contra Navarra.

La reina Juana III encomienda la recuperación del señorío de Bearne y los puestos ocupados por los católicos en el reino al conde de Mongome. En agosto de 1569 levantaron el asedio de Navarrenx y tomaron Orthez. El lugarteniente de Juana III ordenó la toma de los bienes eclesiásticos y el 28 de enero de 1570 quedó abolido en el señorío de Bearne el ejercicio de la religión católica.

Por otro lado, las tropas de la reina derrotaron a los católicos en el reino, tomaron Donibane Garazi, destruyeron las iglesias y expulsaron al señor de Luxe del castillo de Maule. Se prohibió el ejercicio del culto católico y se designó como gobernador de la castellanía de Donibane Garazi a un hugonote. Sin embargo la religión católica permaneció gracias al ejercicio de libertad y tolerancia que promovía la reina Juana III, que seguía el consejo en la Corte celebrada en La Rochelle y tras la demanda de libre culto religioso realizada por los Estados de Navarra en el año 1571.

La reina Juana III de Navarra, en pos de una paz duradera con el Reino de Francia, promovió un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX, a lo que se oponía el joven príncipe de Navarra. En 1572 la reina de Navarra fue envenenada en París. Enterado de la noticia Enrique III, ya rey de Navarra, entra en París junto a 900 caballeros navarros vestidos de negro, color de los hugonotes.

La boda no se suspende y se celebra en París entre un rey protestante y una hermosa princesa católica. Esta boda no contaba con el apoyo del papa, y se realizó en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, por las creencias religiosas de Enrique III de Navarra.

En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos atacaron a los rebeldes protestantes, como siempre con la excusa de la herejía y la religión. Fueron asesinados en Francia unos cien mil, protestantes en su mayoría, y con ellos la mayor parte del séquito de 900 navarros del rey de Navarra. Éste fue hecho prisionero y obligado a establecer el catolicismo como religión del reino de Navarra, teniendo que permanecer en la Corte de París.

Ese mismo año consigue huir de París. Abjura de la religión católica y de inmediato se pone al mando de las tropas hugonotas en la cuarta guerra de religión, conocida como la guerra de los tres Enriques, que implica el propio rey de Navarra, el nuevo rey de Francia y Enrique I de Guisa, que se negaba a que un rey protestante accediera al trono de Francia.

Enrique III de Francia muere en el año 1589, y ello permite al rey de Navarra convertirse en rey de Francia. Enrique III de Navarra mantuvo una guerra abierta contra la Liga Católica, el papa y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En algún momento Enrique III tuvo que retirarse a Navarra, donde preparó un ejército que le facilitó el acceso al trono francés, por la vía militar.

Ya en el año 1585 el papa Sixto V había excomulgado por hereje a Enrique III de Navarra. Las tropas hugonotas consiguieron algunas victorias, pero París resiste gracias al apoyo de las tropas españolas mandadas por Alejando Farnesio. En 1593, el rey de Navarra se convierte al catolicismo para conseguir el trono de París, haciendo realidad una de las profecías de Nostradamus, realizada a Catalina de Medicis y al propio Enrique III de Navarra, cuando el navarro le fue presentado por Carlos IX de Francia. Esta conversión se resume en la célebre frase que se le atribuye:

“París bien vale una misa”.

Esta coronación no supuso la unión de los reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban en Pau, mientras que en Donapelau se continúa acuñando la moneda navarra. En 1598 firma la paz de Vervins con el reino de España. Es un tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre Francia y España, pero el rey navarro introduce una clausura negándose con ella a legitimar la anexión forzosa de las tierras del sur del Pirineo, pendiente desde la invasión militar de 1512.

Ese mismo año 1598, firmó el Edicto de Nantes, que reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, e intentó que se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo costaron millones de muertos.

Esta decisión le supone una nueva excomunión. Enrique III de Navarra y IV de Francia, fue asesinado en París por el jesuita Ravaillac en 1610. El reino de Navarra permanece como estado soberano 10 años más.

En el Fuero de Navarra una de las condiciones para el nombramiento del Príncipe de Viana, título del heredero de la corona, era que debía ser educado en la Corte de Navarra y en el respeto a las leyes del reino. El futuro Luís XIII de Francia, en cambio, permaneció en la Corte extranjera de París, y fue educado en la religión católica por el cardenal Richelieu durante 10 años.

En 1620 visitó las Cortes de Pau, restauró la religión católica en Navarra y el vizcondado del Bearne y prohibió la religión hugonote en todos los territorios bajo su dominio. Disolvió militarmente las Cortes de Navarra y del Bearne ese mismo año y realizó el decreto de unión desde las Cortes de París: Navarra quedaba anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.

Los Estados Generales de Navarra perduraron aún y todo, pero cada vez con menos competencias, en el parlamento de Pau. El rey francés intentó suprimirlos por completo en 1632, sin conseguirlo. La llama soberana de Navarra se apagó en el año 1620, pero el rescoldo siguió humeando hasta el año 1789, es decir, hasta la Revolución Francesa, a la espera de volver a ser encendida por los navarros algún día.

2008/11/17

Iruinea, noviembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
El paradigma navarro. Arma para recuperar el Estado propio de los vascos.
Soberanía de Navarra

“Toda herramienta es un arma, si se empuña adecuadamente”. Ani Di Franco

El paradigma navarro está basado principalmente, en la centralidad política que nos otorga el Estado de Navarra para la totalidad de Vasconia. Mediante este paradigma, como nos indica Luís Mª Mtz Garate, podemos llegar a comprender y conocer mejor nuestra realidad política actual, por los diferentes sucesos histórico-políticos, que a vivido Euskal Herria a lo largo de estos siglos.

Hay que decir, que han sido bastantes los vascos que han defendido el paradigma navarro en los últimos siglos. El suletino Agustin Xaho, en el siglo XIX, ya lo dejó entrever en su obra Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos. En esta novela romántica, que está enmarcada durante la 1ª guerra carlista, encontramos una clara alusión a la importancia del Reino de Navarra, como referente político nacional de Euskal Herria.

Este modelo Estatal se vio fortalecido por la aportación realizada en el último tercio del siglo XIX, por la Asociación Euskara de Navarra, especialmente por los trabajos, estudios y ensayos políticos, realizados por sus miembros, donde destacan entre otros, Arturo Kanpion, Juan Iturralde y Suit o Serafín Olave, este último autor de las bases Constitucionales para la República de Navarra.

Los miembros de la Asociación Euskara de Navarra, se centraron en diferentes campos, de los que destacaban sus trabajos en materia histórica, cultura y del folclore propio de Euskal Herria, sentando con ello las bases para un conocimiento necesario, para una posterior acción política correcta, para la globalidad del soberanismo vasco.

Ya en el siglo XX, el paradigma navarro tuvo un gran interlocutor en la persona del bilbotarra Anacleto Ortueta, el cual en el año 1931 afirma de una manera rotunda, la necesidad de una centralidad política entorno a Navarra, considerándola como primordial para la unidad de los vascos en un Estado propio y soberano. Anacleto Ortueta llega a realizar esta afirmación, al basarse únicamente en la historia política de Vasconia.

Posteriormente, Federico Krutwing en su obra Vasconia, constata plenamente que la unidad de la gran Vasconia solo se ha dado con la máxima extensión lograda por el Reino de Navarra, involucrándose así en la defensa del paradigma navarro, mediante la defensa de la territorialidad plena del Estado de Navarra.

Los historiadores Tomás Urzainqui y el difunto J.Mª Olaizola, realizaron un gran trabajo histórico para el pueblo vasco al publicar La Navarra Marítima. Obra donde se habla de una unidad nacional vasca en la figura política del Estado, en forma de Reino y de nombre Navarra. Un planteamiento que podíamos intuir en una obra anterior, Navarra o cuando los vascos tenían reyes, del difunto Pierre Narbaitz, donde se puede llegar rápidamente a una conclusión semejante, simplemente al leer el título.

Por tanto, el conocimiento y la difusión de nuestra historial nacional, fortalece en gran medida las legítimas pretensiones de Euskal Herria de tener un Estado propio en el marco internacional actual, pues la historia nos demuestra que realmente ya lo tenemos, aunque actualmente se encuentre ocupado, incluso podíamos afirmar, casi colonizado por la república de Francia y el reino de España.

El conocer nuestra historia política, desde cualquier aspecto, como con la obra de Iñaki Sagredo, Castillos que defendieron el Reino, consolidan nuestra idea independentista entorno al planteamiento o paradigma navarro, algo que no se puede lograr desde cualquier otro paradigma actual, ya que es el único en el cual, tiene cabida la existencia de un Estado propio, en condiciones idénticas a los demás estados europeos y con plena soberanía con respecto a ellos.

El paradigma navarro se basa en la integridad de historia de este país, de este pueblo, sin olvidarse de su cultura, demostrando claramente la existencia de la única unidad política vasca real, dada únicamente con el Estado de Navarra, por lo que nos sirve de guía para recuperar el valor absoluto de la soberanía y alcanzar con ello la libertad.

El paradigma navarro nos hace conscientes de que el único Estado de pleno derecho a nivel internacional, que hemos creado y poseído los vascos fue el Reino de Navarra, lo que permitió en gran medida la supervivencia de nuestro país, ante las agresiones militares externas y pese a que actualmente se encuentra ocupado y semicolonizado por dos imperios, es realmente la principal baza que tenemos nosotros los vascos, para poder alcanzar la autodeterminación.

2008/11/05

Iruinea, noviembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Nuestro propio camino
Soberanía de Navarra

Los imperios español y francés, después de más de tres siglos ocupación de esta tierra, sigue sin fiarse lo más mínimo del pueblo vasco(n), a pesar de su intento continuado de sometimiento, mediante unas leyes que son realizadas ad hoc, que no buscan más que exterminar cualquier resquicio del pueblo que creo el Estado de Navarra.

Los vasco(ne)s nunca nos hemos rendido y siempre hemos buscado recuperar nuestro propio camino político, en este mundo lleno de estados. Para mantenerse libres, los vascones independientes o navarros, formaron su propio Estado en el año 824, ante las continuas presiones militares provenientes de otros pueblos. Bajo este Estado, estructurado en forma de Reino, como los demás de la época, todos los vascones fueron libres y permanecieron unidos, aunque por desgracia, por poco tiempo.

El pueblo vasco(n) fue perdiendo de manera diferente, el único referente Estatal que ha tenido, de una forma paulatina, debido a los continuos ataques militares que hemos sufrido, siendo la primera agresión territorial en el año 1054, en las campas de Atapuerca, castellanos los invasores. Las usurpaciones continuaron, con la consiguiente ocupación de las tierras naturales del Estado de Navarra, tanto al sur como al norte del Pirineo.

Hoy en día, a comienzos del siglo XXI, una inmensa mayoría del pueblo vasco(n), está inquieto por proseguir un camino propio, junto a los demás pueblos de Europa, sabiendo que esta es la única solución para conservar nuestra propia cultura y lengua. Para ello, el pueblo vasco(n) ha intensificado sus esfuerzos para conseguir la información histórica y con ello política, necesaria con la que reconstruir la razón, única vía con la que podemos recuperar la soberanía.

El pueblo vasco(n) debe aprender de sus errores y tener presentes sus aciertos a lo largo de toda su existencia, la cual se pierde en los albores de la historia europea y mundial.

Han sido muchos los pasajes de violencia que ha vivido este pueblo, semejantes al de otros. Defensa ante agresiones externas y combates por recuperar las tierras invadidas y ocupadas (1054, 1063, 1076, 1134, 1176, 1199, 1200, 1204, 1463, 1512, 1516, 1521, 1522, 1524) levantamientos populares contra nuevas imposiciones militares o políticas (las guerras llamadas carlistas), etc, que fueron formando diferentes pensamientos, alguno erróneo en materia historia, pero que han permitido llegar vivo a este pueblo al siglo XXI.

Hoy es el momento de unirnos en solo objetivo, el único objetivo. Hay que retomar la unidad nacional a base de trabajo. Con ese objetivo claro y primordial, para crear la fuerza necesaria con la cual, podernos declarar soberanos. Ese objetivo es simplemente básico, recuperar la libertad del pueblo vasco(n), mediante la recuperación de la soberanía de nuestro Estado, Navarra.

No tenemos otra vía para logarlo y en ella debemos emplear todos nuestros esfuerzos. Como dice mi amigo y maestro, Kepa Anabitarte, esto hay que hacerlo desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, empleando todas nuestras energías en lograr este único objetivo y así tener la presencia política que necesitamos ante los demás estados y con ello poder decir que somos libres.

Es un esfuerzo grande el que tenemos que hacer, todos y todas, pero tened presente que si se puede, es más, se debe trabajar desde ya para poder logarlo, hoy mejor que mañana.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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