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2009/02/27

Iruinea, febrero 2009

Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO I

Tercera parte
Recuperación, testamento, injerencia y división
Soberanía de Navarra

"Seamos realistas y hagamos lo imposible." Ernesto Che Guevara

Pedro I de Pamplona y Aragón es proclamado rey por los navarros en el mismo sitio de Huesca, donde cayó muerto Sancho V Ramírez y dos años después, las tropas navarras que él capitaneaba liberaron la ciudad vascona del poder musulmán. A su muerte se habían recuperado diferentes plazas a los musulmanes, entre las que se encontraban Alcoraz. Caparroso y Peralta. En el año 1098 se produjo un acontecimiento capital para el Reino pirenaico. Este fue la consagración de San Juan de la Peña.

Su prematura muerte, a la edad de 36 años, facilitó el ascenso al trono de Alfonso I el Batallador. En el año 1109 el monarca navarro casa con la hija del rey de Castilla, Alfonso VI. . Urraca era una mujer caprichosa e inconstante, sumamente superficial, y sin duda lujuriosa, que se dedicó a dificultar la vida del rey navarro. Los obispos navarros encontraron un defecto canónigo y buscaron la disolución del matrimonio.

El divorcio suponía un nuevo peligro político, ya que a pesar de disolverse el matrimonio, no se anulaba el título obtenido tras el contrato de su matrimonio, que era el de señor de Castilla-León para el rey de Pamplona y Aragón, lo que daba legitimidad de acceder al trono del reino de León y Castilla al navarro, en el caso de que muriera Alfonso VI sin dejar en el mundo a un hijo barón.

Estrechos lazos con magnates francos, en especial con los del Midi, gracias a las continuas llamadas de cruzadas contra los musulmanes, provocando que al norte de los Pirineos los diferentes vizcondados y condados, entre los que destacaban el condado de Gascuña y el de Tolosa(Toulouse), vuelvan reintegrarse en reino de los navarros.

Las tropas de los cruzados comandadas por el rey de los navarros, en cuyas filas se podían incluso encontrar a caballeros castellanos, como Diego López de Haro, señor de Vizcaya, se dedicaron a recobrar para el Reino de Pamplona y Aragón, las tierras que faltaban del valle del Ebro. El Batallador liberó Zaragoza en el año 1118 tras una nueva llamada a la cruzada, un año después se rescatan Tutera y Tarazona, mientras que Calatayud y Daroca se recuperaron en el 1119. Ganó la batalla de Cutanda en el 1120 y en los años 1125 y 1126 realizó una lúcida expedición a Al-Andalus, regresando con numerosos mozárabes. Llevó una rápida repoblación de los territorios reconquistados por gentes del norte del reino, francos y mozárabes, a la vez de que a muchos musulmanes se les permitieron el permanecer dentro del territorio del Reino vascón.

Tras la muerte de Alfonso VI, el rey navarro penetra junto al ejército navarro en las antiguas tierras pertenecientes al reino de los vascones, las cuales estaban ocupadas por los castellanos e incluso los navarros llegan a traspasar la frontera pactada del año 1016. Tras muchas vacilaciones decide reconocer a Alfonso VII como rey de León y accede a entrevistarse con él. Los dos monarcas de nombre Alfonso, se encuentran en el valle de Tamara en el año 1127, concretamente entre Hornillos y Castrogeriz, firmando un nuevo tratado fronterizo.

“Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era reino de Navarra, es decir, desde el Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra, hijo del rey García de Nájera. De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió ‘cartas suas firmatas et bene vallatas’. Entonces Alfonso I de Aragón y Pamplona entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla VII y en adelante no quiso que se llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra”.

En el año 1130 se produce una revuelta en la población costera de Baiona. El Batallador consiguió sofocar la insurrección un año después, tras enviar a numerosos señores navarros, entre ellos los destacaron los del Baztan, Lizarra, Etxauri, Burunda, Hernani, Tarazona, Barbastro, Donibane Garazi, Zuberoa, Bearne, Auch, Pallars,… Incluso diferentes navíos parten desde Donostia y Hondarribia en dirección a Baiona durante ese periodo. Durante el asedio a Baiona escribe su testamento.

Tres años después, el monarca navarro es derrotado y muerto en Fraga, cuando junto a tropas navarras se enfrentaba a una alianza formada entre los musulmanes de la ciudad y el Conde de Barcelona, Maestre de la Orden del Temple, Ramón Berenguer IV. La muerte le llegó a Alfonso I el Batallador, sin tener descendencia y su testamento otorgaba el Reino de Pamplona y Aragón, a tres órdenes cristiano-militares de Palestina: Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple.

Todos los castillos y fortalezas del Reino de Pamplona y Aragón, eran cedidos a las tres órdenes militares, intentando justificar con ello sus actos en vida y de paso servirle como ofrenda para la redención de sus pecados, pero también de su alma y la de sus parientes. Este testamento perjudicaba seriamente los intereses del Reino de Pamplona y Aragón por el contrario era muy favorable para la iglesia católica-romana, por lo que poco después de su muerte y de la inmediata crisis sucesoria planteada, este testamento fue rechazado por los señores navarros.

.Este hecho es aprovechado velozmente por el mayor enemigo de los navarros, el rey de León y Castilla, Alfonso VII, autoproclamado emperador, e invade el territorio del Reino de Pamplona y Aragón, ocupando Naiara (Nájera), poco antes del 10 de noviembre de 1134. Tras eso, se pone al acecho de otra plaza navarra, concretamente la de Logroño, de donde pasó rápidamente a Zaragoza en diciembre del mismo año.

Alfonso VII de León y Castilla, con todo su ejército, entra en Zaragoza el 2 de diciembre de 1134, confirmando las posesiones a los nobles, infanzones y eclesiásticos, dándoles privilegios que no tenían. En diciembre del mismo año, Ramiro el Monje se presenta en Zaragoza y confirma los derechos de los mismos nobles a heredar las tenencias salvo caso de traición. Dichos privilegios fueron otorgados antes por Pedro I y anulados por Alfonso I el Batallador durante su reinado.

En plena crisis sucesoria se lleva a cabo en 1135 el Pacto de Vadoluengo que básicamente pretendía una cohabitación de Poderes. La iglesia gobernaba a través de Ramiro el Monje, mientras que García Ramírez es colocado como jefe supremo del Ejército, para que este último seguirá combatiendo al Islam. Si embargo, la última voluntad real no se llevó a cabo al no llegarse a un acuerdo entre García Ramírez y las Órdenes Militares; los navarros se decantan por García Ramírez, señor de Tutera como rey.

La chancillería pontificia lanza una enérgica represalia contra el rey navarro, negando su condición de rex y otorgándole únicamente el título de dux, considerando en la práctica que reino quedaba libre para ser invadido y ocupado por el mejor postor, dentro de los príncipes cristianos.

Los intereses de la Iglesia de Roma en la cruzada contra los musulmanes en el Valle del Ebro, apoyada por el obispo de Barbastro y Roda, Ramiro el Monje y el arzobispo de Tarragona, primado de la Tarraconense, influyeron en la operación barcelonesa; por el contrario en Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, el monasterio de San Juan de la Peña, así como los eclesiásticos del interior – el obispo de Huesca y Sancho de Larrosa de Pamplona-, apoyaron la continuidad de la unión del reino de Pamplona y Aragón, bajo la corona de García Ramírez el Restaurador, frente a la disolución pretendida por el rey Alfonso VI de León y Castilla y de Berenguer IV, conde de Barcelona.

Ramiro el Monje, al verse apoyado por castellanos y barceloneses, creyó en la posibilidad de formar una monarquía teocrática, del mismo tipo que la existente en Roma, para todo el reino de Aragón y Pamplona. Convoca a diferentes caballeros y obispos en la catedral de Huesca, donde los asesina ante su negativa a reconocerle como rey de Pamplona y Aragón. Los señores y clérigos de Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, del monasterio de San Juan de la Peña, e incluso el mismísimo obispo de Huesca, son decapitados por orden de Ramiro el Monje. Ante estas maniobras, García Ramírez fue proclamado rey en Pamplona, como restaurador de todo el reino de Alfonso el Batallador.

La presencia de Alfonso VII de León y Castilla en Zaragoza durante la Natividad de 1134-1135, echaba por tierra las pretensiones de crear una monarquía teocrática, por parte de Ramiro el Monje. Pero no solo eso, ya que la presencia castellana en Zaragoza se enfrentaba directamente a los derechos que tenía García Ramírez el Restaurador, sobre el reino de Zaragoza desde su recuperación para la cristiandad bajo el reino de Pamplona y Aragón.

García Ramírez el Restaurador, a diferencia de Ramiro el Monje, pretendía mantener el mismo criterio con los tenentes, en contra de las costumbres existentes en Castilla-León y Barcelona, de dar las tenencias de carácter hereditario. La invasión castellana y la intromisión de los magnates de la Iglesia alteraron drásticamente el panorama político en el Reino vascón.

Los partidarios de García Ramírez el Restaurador y de Ramiro el Monje se aproximaron, y hubo una reacción ante el caos producido por la guerra civil y la partición del Reino de los navarros. Desde Castilla-León buscan la partición del reino vascón tras la invasión y ocupación de las tierras riojanas y alavesas, intentando forzar a García Ramírez a negociar con Castilla-León. En la primavera de 1135, Alfonso VII acordó en Nájera una paz con García Ramírez, reconociéndolo como rey de Pamplona y Aragón. En el texto se hacía alusión a una paz firme y duradera.

Lo cierto es que realmente, el rey de León y Castilla, pretendía repartirse el Reino Pirenaico con Ramón Belenguer IV, conde de Barcelona, algo que sellaron en el tratado de Carrión de los Condes de Febrero de 1140. Promueven la boda del obispo Ramiro, con la hija del conde de Poitou y el posterior casamiento de la hija de estos, de apenas dos meses de edad, con el conde de Barcelona, dando forma a la futura corona de Aragón.

Ramiro I el Monje*, se enclaustró debido a los remordimientos de conciencia por su matrimonio, que contravenía su juramento de celibato y así, el príncipe de la corona de Aragón, Ramón Belenguer IV de Barcelona, toma el caudillaje de la corona de Aragón desde 1147. Cristianos barceloneses y castellanos reconquistan Fraga y Lleida en 1149, bajo la excusa de segunda Cruzada a Tierra Santa, predicada en el año 1147. Ambas ciudades constituyeron unos marquesados, vinculados al condado de Barcelona.

A si pues, los navarros de nuevo se ven presionados por todas las fronteras. La unidad con los vascones del norte de los Pirineos se ve interrumpida, por la acción inglesa y francesa. Y al sur, el Reino vascón es dividido, entre Pamplona y Aragón, por las ingerencias externas procedentes del reino de León y Castilla, del condado de Barcelona y también del estado papal. La rica Rioja cae de nuevo bajo las zarpas imperiales castellanas.

*Ramiro I el Monje: La historiografía española lo titula Ramiro II.

BIBLIOGRAFÍA

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

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MONTERUBIO DEL POZO, Rosa. Santa Mª la Real de Nájera, la piedra labrada como un exquisito bordado, 2001

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NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007

SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, Tomás. La Navarra marítima, 1998

URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

2009/02/20

Iruinea, febrero 2009

Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO I
Segunda parte
Magnicidio, invasión y caos

“Tu quoque fili mi” Julio César

El reinado de Sancho Garcés IV comienza de forma trágica en el campo de batalla. Con tan solo 14 años, es proclamado rey en las ensangrentadas campas de Atapuerca. Muy pronto, ante el poder del Fernando I de León y Castilla, comienzan las deserciones de numerosos tenentes navarros, teniendo como consecuencia directa la perdida de territorio para los navarros, en el oeste del Estado vascón. Siendo pocos los leales a la corona navarra, como Iñigo López en Bizkaia y Sancho Fortín de Pancorbo, que se mantienen firmes ante las promesas castellanas.

El freno de la ambición del rey castellano, tras arrebatar esas tierras vasconas al Reino de Pamplona, permite una calma momentánea en la frontera occidental durante los primeros años de gobierno de Sancho IV. El rey de los navarros, aconsejado por Ramiro, tenente de Aragón y presionado por el poderoso rey de León y Castilla, realiza una donación el 29 de Diciembre del año 1062, de aquellas tierras vasconas invadidas y ocupadas tras la batalla de Atapuerca por las tropas castellano-leonesas.

El rey de Pamplona le otorga a Ramiro las tenencias de Lerda, Undués y del castillo de Zangoza. Aconsejado por el ya conde de Aragón, Ramiro, el Rey de Pamplona comienza a interesarse por Zaragoza. Las presiones dan su fruto, lo que provoca la recepción de cuantiosas rentas para el Reino de los navarros. Esta política llamada de parias, es muy beneficiosa para las arcas del tesoro real.

La muerte de Fernando I de Castilla y León en el año 1065, trajo más problemas para Navarra. Su hijo Sancho II irrumpe por la orilla izquierda del Ebro en el 1067. Sancho IV pide ayuda al Conde de Aragón, también llamado Sancho Ramírez, hijo de Ramiro que murió en el 1063. Esta guerra es la llamada de los “tres Sanchos”. El rey castellano pretendía sondear a eventuales adversarios. La guerra se saldo favorablemente para el Reino de Pamplona, ya que los castellanos fueron expulsados de Biana, por el conde de Aragón, Sancho Ramírez, teniendo así las tropas invasoras que volver a cruzar el Ebro, pero esta vez en dirección a su patria, Castilla.

De esta manera, el rey de los navarros, continúa recibiendo, sin sobresaltos, y con mayor o menor regularidad, la importante suma de 1.000 piezas de oro mensuales, por parte del rey musulmán de Zaragoza. El rey navarro multiplicó las plazas defensivas, como Calahorra, Ocón, Clavijo, Arrendó, Peralta, Falces, Villafranca o Alesves, Ujué y Tafalla, entre otras. Las desavenencias con el reino de Castilla continuan, lo provoca nuevos enfrentamientos tras incursiones en el Reino de Pamplona de tropas castellanas, como en Tudejen, cerca de los baños de Fitero. Un nuevo pacto posibilitó la vuelta a la calma, para esa frontera tan vulnerable.

La llamada a Cruzada a los caballeros cristianos, por primera vez en la historia de la Península, lanzada por Gregorio VII, encontró eco favorable en el condado de Aragón y al norte de los Pirineos. El Rey de Pamplona, hace oídos sordos, dando libertad al conde de Aragón, Sancho Ramírez, mientras no abandona su lealtad interesada con el rey musulmán de Zaragoza, enfrentándose incluso al Papa y rechazando una reforma litúrgica que le parecía atentatoria a las libertades del país de los navarros.

El 4 de Junio de 1076, Ramón y Ermenesilda, hermanos del rey, le invitan a una cacería. No lejos de Milagro, se detuvieron en un peñasco, Peñalén, que dominaba un precipicio. Abajo el río Aragón. El rey se inclinó para ver el hermoso espectáculo, cuando una mano anónima lo empujó. El décimo rey de Navarra resultó muerto, innoblemente asesinado. Tras dicho asesinato, Ermenesilda se apresura a refugiarse en la corte de Alfonso VI de Castilla, mientras que Ramón fue bien recibido en Zaragoza.

Tras el crimen de Peñalén, el Reino de Pamplona es invadido de nuevo. El reino de Castilla, principal hostigador del crimen, consigue grandes beneficios con ello. Rápidamente invade el territorio navarro, otorgando títulos nobiliarios y hereditarios a todos los funcionarios desertores, y apropiándose con ello, de las tierras que administraban en nombre del rey de Pamplona.

El reino de Pamplona parece descabezado, ya que los hijos del monarca navarro eran muy jóvenes y el resto de la familia, incluida su esposa, habían huido, en su mayoría al reino de Castilla. Alfonso VI se presenta rápidamente en Nájera y Calahorra, prosiguiendo su empuje militar hasta la orilla izquierda del Ebro. Llegando a ocupar todo el territorio hasta el Ega y Montejurra.

Toda la rica Rioja cae en manos castellanas. Algunos funcionarios del Reino vascón, rinden homenaje al monarca castellano. Entre ellos un cuñado del mismísimo rey de Pamplona, ya conocido como el de Peñalen y un tal Diego Álvarez. Pero la sed imperial castellana no acabó ahí. Álava y Vizcaya, y sin duda una parte de Guipúzcoa son conquistadas militarmente por el rey de Castilla, provocando las deserciones de bastantes tenentes o funcionarios del Reino de Pamplona.

Pero no todo son deserciones, la resistencia se hace fuerte en algunos castillos navarros, cuyos acaides no se rinden al invasor castellano, entre ellos el castillo de Treviño, encontrándose de alcaide de Trebiño el mismo año 1076, Lope Iñiguez, siendo en el año siguiente Diego Sánchez el alcaide de la fortaleza navarra, que a su vez, lo era también del castillo navarro de Término.

El ejército castellano seguía progresando por la tierra navarra. Las intenciones de Alfonso VI eran llegar a la mismísima Iruñea, y ocuparla, pero el caballero más leal al rey de Pamplona, el conde de Aragón, Sancho Ramírez sale al paso de las tropas invasoras. Ante la falta de una línea sucesoria a la Corona de Navarra, provoca que Santa Mª de Uxue, célebre puesto de vigilancia en la frontera con los musulmanes, sea la primera en reconocer al conde de Aragón como rey de Pamplona y le entrega su castillo. Tras ella fueron Tafalla, Iruñea y otros lugares. Los navarros habían elegido un nuevo rey.

La elección por parte de los navarros, de Sancho V Ramírez, provoca una reacción en el rey de Castilla, Alfonso VI. Este se apresura a volver a la Rioja, para asentar la ocupación castellana de esa tierra vascona. La expoliación castellana y las adhesiones más o menos forzadas, dejan una situación poco favorable apara los navarros.

Toda la margen derecha del Ebro e incluso la izquierda hasta las inmediaciones de Monjardín y Azagra, estaban ocupadas por el ejército del reino de Castilla. El rey castellano otorga el título de condes ha diferentes desertores de Navarra, unos condes absolutamente sumisos al invasor. Tanto en la Rioja, como en Álava, Vizcaya y sin ninguna duda, en una parte de Guipúzcoa.

El nuevo rey de Pamplona, Sancho V Ramírez, otorga el título de Reino al condado de Aragón, sin que ello suponga una división entre ambos reinos.

Un acuerdo entre los monarcas de Pamplona, provoca que la porción central del Reino vascón, quede con un estatus particular. Esta región, en forma de una especie de cuadrilátero, enmarcada por los límites que iban desde el puerto de Erro, a Monjardín, de ahí hasta Falces y para concluir en Aibar. El poder en su interior era confiado por Sancho V Ramírez a un conde, concretamente el conde Sancho Sánchez de Navarra. Pero pese a depender de Sancho V Ramírez, este conde era vasallo de Castilla.

La determinación, rapidez y habilidad con la que actua el rey de Pamplona, evita que todo el reino vascón, sea absorbida por el imperio castellano. Sancho V Ramírez mandó fortificar Lizarra. Esto sirvió para mejorar la ruta de Santiago y para construir en ella una poderosa fortaleza ante el siempre amenazante imperio castellano.

Tras ello Sancho V Ramírez se preocupó más de reconquista de tierras ocupadas por los musulmanes y problemas religiosos, que de la política con otros reinos cristianos. Durante su reinado el estado de los navarros propició un acercamiento a Roma, y al reino de Francia. Las relaciones con el reino de Francia, no impidieron un nuevo acercamiento con la Gascuña, especialmente con los monjes zuberotarras.


BIBLIOGRAFÍA

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

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URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

2009/02/13

Iruinea, febrero 2009

Iñigo Saldise Alda
Memoria, querella, legitimidad y derecho
Soberanía de Navarra

Ante la inminente llegada del 5º centenario de la conquista, invasión y ocupación del Reino de Navarra, los nacionalistas españoles han comenzado a preparar los actos conmemorativos de su victoria, de su conquista. Ante la acción previsible, encontrada y antitética a la memoria de la realidad histórica del Estado de Navarra, se creó por parte de un colectivo de ciudadanos y ciudadanas la plataforma 1512-2012 Nafarroa Bizirik!, siendo su primer acto ante la sociedad navarra el realizado el pasado año (2008) en la antigua capital del Estado vascón.

Dicha plataforma todavía se encuentra en periodo de crecimiento, pero desde el pasado año ya ha comenzado su trabajo, encaminado a recordar los hechos que rodearon la invasión y ocupación de 1512, sin dejar a un lado invasiones y ocupaciones anteriores, en definitiva, conquistas de territorio perteneciente al Reino de Pamplona primero, Navarra después, realizas vía manu militari por Castilla-León, el reino de Aragón tras la ingerencia realizada por parte del condado de Barcelona, posteriormente unidos con reino de España y, por supuesto, sin olvidarnos del reino de Francia.

El repaso de todos los hechos históricos que llevaron a la pérdida de la soberanía del Estado Pirenaico es un acto imprescindible para que la sociedad actual se reconozca como tal, es decir como navarros y navarras, olvidando planteamientos políticos posteriores, los cuales estaban enmarcados en un contexto histórico diferente, cuando los vascos ya sufrían la imposición política de unos estados ajenos al nuestro, además de estar basados en imaginario ajeno a nuestra realidad histórica, en el punto más importante, que no es otro que en el Estado Propio.

Esta tarea de recuperar la memoria histórica de nuestro Estado no es algo nuevo, ya que a lo largo de la historia han sido numerosas las personas y grupos que nos sirven como referentes, formados a lo largo de nuestra historia; ahora mismo recuerdo la Asociación Euskara de Navarra de finales del siglo XIX y hoy en día Nabarralde, siendo este último, todo hay que decirlo, uno más de los existentes en la actualidad, algo que podemos comprobar al navegar por Internet o incluso, simplemente si atendemos a diferentes publicaciones y actos de otros colectivos que poseen el mismo interés o inquietud, por conocer y sacar a la luz nuestra historia, algo que pretenden ocultar aquellos que quieren celebrar sus conquistas militares.

Este ejercicio con el cual conocemos realmente los hechos que llevaron a que actualmente, los vascos y vascas de esta parte de Europa, no tengamos un Estado propio, son imprescindibles para denunciar la situación actual que vivimos, al estar nuestro Estado sometido por los imperios español y francés, siendo meramente una colonia de dichos estados, de la que sacar, principalmente en la actualidad, recursos económicos. Claro ejemplo de ello es el cupo al que están viéndose sometidos los habitantes de la Navarra reducida o residual.

El conocimiento de la presencia histórica del Estado político de Baskonia nos da una legitimidad ante los estados existente actualmente en el mundo, ya que al denunciar los hechos pasados, que supusieron la desaparición de los mapas políticos del Reino de Navarra, estructura política que poseía nuestro Estado en aquella época, nos sirve a la vez, para exigir el mismo derecho que actualmente ellos poseen, es decir el poder decidir por nosotras y nosotros mismos, sin tener que soportar la decisiones políticas, culturares, económicas y de cualquier tipo, ajenas al pueblo vasco.

2009/02/10

Iruinea, febrero 2009

Iñigo Saldise Alda
Los nacionalistas españoles continúan la labor de Fernando el Falsario.
Soberanía de Navarra

Una vez más, desde los medios nacionalistas españoles siguen en su labor de justificar lo injustificable para cualquier navarro, la invasión y ocupación que sufrió el Estado de Baskonia, Nabarra.

Esta vez su planteamiento no tiene desperdicio alguno, su objetivo es la plataforma 1512-2012 Nafarra Bizirik! y más concretamente el acto realizado en Amaiur, nombre incorporado a la comisión oficial de todos los navarros y navarras, que denunciamos las continúas invasiones y ocupaciones a lo largo de los siglos, que ha sufrido nuestro Estado, a manos de castellanos(-leoneses), aragoneses (españoles ellos) y también de franceses.

Desde su prepotencia imperialista, instan a colocar la ikurriña, bandera inventada por los hermanos Arana a finales del siglo XIX, cuando ya tenían los españoles controlados todos los territorios vascones del sur del Pirineo y al pueblo vasco(n) sometido, en el lado de las tropas alavesas, vizcaínas y guipuzcoanas, junto a los traidores beaumonteses, pues fueron la punta de lanza del ejército invasor que entró en un Reino ya mermado por otras invasiones y ocupaciones anteriores, 1054, 1076, 1134, 1176, 1199-1200 y 1463, a manos del germen del reino de España, Castilla(-León) y de Barcelona-Aragón.

Esas tropas, castellanas ellas, entraron en Navarra bajo estandarte castellano-leonés y aragonés, por lo que es imposible colocarles la bandera que se inventaron los hermanos Arana, bandera, todo hay que decirlo, que es el símbolo del pueblo vasco en la actualidad, pero no de nuestro Estado, ya que hasta el cronista del duque de Alba, Correa, da fe de la bandera del Estado de Navarra en el primer intento de reconquista realizado por los navarros, capitaneados por el mismísimo Juan III de Albret, rey consorte de Navarra.

A continuación, el delirante artículo, propaganda absoluta del nacionalismo español, nos asegura con rotundidad que Guipúzcoa nunca quiso pertenecer al Reino de Navarra. Obvian que esa comarca perteneció primero al Reino de Pamplona, incluso después del cambio de su nombre por el de Navarra, realizado por Sancho VI el Sabio y que posteriormente al acudir obligadamente Sancho VII el Fuerte a la cruzada contra los musulmanes en Las Navas de Tolosa, los ganboinos se pusieron a sus ordenes, ya que eran defensores de la soberanía navarra y contrarios a la imposición castellana.

Incluso, ya entrado el siglo XIV, concretamente en el año 1350, cuando Carlos II, el mal apodado, entra en Gipuzkoa, cuenta con la ayuda del levantamiento de los leales a la soberanía navarra, siendo el señor de Oñate, Beltrán Belaz de Guevara, el más representativo de los mismos, liberando esa comarca de las garras castellanas, aunque fue por poco tiempo.

A continuación nos cuenta la toma de Lizarra, realizada según el autor del escrito por 1.200 alaveses, tropas que habían sido exigidas por el Falsario a la Diputación General de Alava, siempre según este artículo nacionalista español, que olvida recordar cómo eran las guerras de la época, donde la infantería estaba formada por aquellas tropas de las cuales se podría prescindir, pues no se tenía confianza en su lealtad.

Tras Lizarra, le toca el turno a Iruñea, ciudad beaumontesa y, según el texto, como la mayoría del Reino de Navarra. Es cierto que no hubo resistencia ya que los dirigentes de la ciudad comprendieron que el vecindario de la ciudad era mucho menor que el ejército invasor que se veía desde la murallas y cualquier resistencia habría significado el total extermino de la población de Iruñea.

Los mandatarios de la ciudad quisieron llegar a un acuerdo en la rendición, a lo que se negó el duque de Alba: los derrotados no ponen las condiciones. Tras ello entraron las tropas castellano-leonesas al son de tambores y trompetas, ante el temor de los ciudadanos de Iruñea, que posteriormente sufrieron la represión española, siendo asesinados numerosos navarros.

Es impresionante la divagación histórica sobre el suceso de Belate. Aquí la propaganda nacionalista española alcanza su mayor esplendor en ese escrito. Para ello, cómo no, son los franceses los que intentaron tomar la ciudad de Iruñea, ocupada por los invasores castellanos, cuando fue el rey Juan III de Albret quien estuvo al frente del mismo, estando junto él, compartiendo el mando, un general francés, La Palice, ya que Francia era, tras la invasión española (castellano-leonesa y aragonesa), aliada de Navarra.

Ocultan que el ejército de reconquista estaba formado 7000 navarros, 4000 gascones y algunos mercenarios alemanes y albaneses, más 1000 hombres de armas franceses, siendo estos últimos una minoría entre las tropas de liberación.

Pero se olvida su planteamiento anterior y así, el supuesto ejército francés, pasa a ser navarro y afirmar sin ningún problema que las tropas castellanas, formada por guipuzcoanos, comandados por el señor de Góngora y otro de Lizarza, concretamente atacan al ejército navarro y se apoderan de 12 cañones en Belate.

Estos montañeses, de nacionalidad castellana, eran buenos conocedores de los caminos y realmente atraparon a los mercenarios alemanes y albaneses en el interior de los taludes de Belate y Elizondo. Era un trece de diciembre de 1512 y esas tropas invasoras pusieron en fuga a los mercenarios alemanes y albaneses, capturando 12 piezas variadas de artillería y trasladándolas a Iruñea, algo que posteriormente les reconoció el Falsario, permitiéndoles que sus escudos llevaran desde entonces, un cielo con 12 piezas de cañón.

Por otro lado, el escrito aporta una realidad histórica. Esta es el alarde de San Marcial, que celebra la victoria de las tropas españolas ante el ejército navarro y su aliado francés, tras un nuevo intento de reconquista del año 1522. Aquí no tengo nada que decir, la realidad histórica habla por sí misma.

Para concluir, la presencia de la ikurriña en los actos orientados a la recuperación de la soberanía de Navarra no me molesta aunque no la encuentro necesaria. Considero más importante que utilicemos, cada día más, progresivamente hasta 2012, la bandera colorada de nuestro Estado, Navarra. Aquella que vio el cronista castellano Correa y demás tropas invasoras españolas desde las murallas ocupadas de Iruñea en 1512, a la cual 300 navarros juraron no desamparar.

2009/02/03

Iruinea, enero 2009



Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO I
Parte primera
Del pacto a la agresión militar

Soberanía de Navarra

“Gobernar es pactar; pactar no es ceder”. Gustavo Le Bon

El condado de Burdeos ya se había incorporado al condado de Gascuña en el año 996, recuperándose así esas tierras vasconas que habían estado mucho tiempo ocupadas por los francos, ya para entonces franceses. Sancho Guillermo conde de Gascuña o dux Navarrae, realiza una progresiva unión al Reino de Pamplona, incluso anterior al ascenso al trono, por parte de Sancho III El Mayor. En cualquier caso, en el 1010, los dos Sanchos fueron vistos en Saint-Jean d’Angély celebrando la Invención de San Juan Bautista, y compartiendo dicha festividad junto al séquito francés, formado por el rey de Francia, Roberto el Piadoso, así como el Duque de Aquitania y Poitiers.

En el año 1016, el Reino de Navarra, al cual todavía se le conocía como Reino de Pamplona, firma un pacto fronterizo con el condado de Castilla. Esto fue debido y facilitado por el enlace matrimonial entre el rey navarro, Sancho III el Mayor y Munia, hija del conde Sancho García de Castilla y lo que se unía que el reino vascón era el estado cristiano más poderos de la península ibérica y aliado natural contra los reinos de Taifas en poder musulmán.

“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.*

El Reino de Pamplona mantuvo unas relaciones de protectorado con el Condado de Castilla y a pesar de la muerte del conde de Castilla, en el año 1017, la actitud política con Castilla se mantiene vigente. Esta política navarra de protectorado con el condado de Castilla, se extendería posteriormente con el condado de Barcelona e incluso con el Reino de León.

El Reino de Pamplona recupera las tierras de Sobrarbre, Ribagorza y Pallars, que se convierte en el flanco oriental del estado navarro, concretamente hasta el valle de Aran. Sobrabre fue rescatado de la ocupación musulmana, teniendo que realizarse una auténtica campaña de liberación. El hijo de Almanzor, en el 1006 había realizado una expedición a Ribagorza, llegando hasta Roda, cuyo obispo capitula en la catedral románica de San Vicente. Sancho acude a luchar contra poder musulmán, restituyendo al obispo en el año 1018, el cual reconoce la soberanía navarra.

Las tropas cristianas navarras, estando entre ellas el conde de Gascuña y comandadas por el mismísimo rey de Pamplona, Sancho III el Mayor, en el año 1027 realizan un ataque contra las tropas musulmanas de Huesca y Zaragoza. Junto a los navarros también se encuentra presente el conde de Barcelona. Esta expedición capitaneada por el señor de los vascones, enriquece en gran mediada a la abadía de Cluny.

En el año 1029, Fernando segundo hijo legítimo de Sancho III el Mayor, hereda por vía materna el condado de Castilla, tras la muerte de su tío en León. También en vida de rey de Pamplona, su hijo natural o bastardo, Ramiro, recibe a modo de tenencia varias tierras, destacando entre ellas el condado de Aragón, el cual se encontraba dentro del reino vascón.

Sancho III de Pamplona, muere en el año 1035 en extrañas circunstancias**, encontrándose su hijo primogénito y heredero, García III Sánchez, en el estado de Roma. A su vuelta es alzado como rey de los vascones independientes o navarros, manteniéndose la unidad total del Reino de Pamplona. Ramiro mantenía la tenencia del condado de Aragón, Gonzalo se hacía cargo de las de Sobrarbre y Ribagorza, mientras que Fernando continuaba al frente del independiente condado castellano.

El hermano del monarca pamplonés, Fernando, ostentaba el dominio soberano de Castilla antes incluso que el de Nájera fuera rey de los navarros. Fernando de Castilla se casa con la hermana del joven Rey de León, Bermudo III. El territorio comprendido entre el Cea y el Pisuerga, territorio conquistado por un rey navarro conocido como el Mayor para Castilla, era la manzana de la discordia entre Castilla y León. Bermudo III recupera militarmente para León dicho territorio, pese a éste formar parte de la dote de su hermana Sancha, lo que provoca la reacción del Fernando, conde de Castilla, quien consigue el apoyo de los navarros.

En una breve guerra iniciada en el 1037, Fernando recupera dicho territorio y no solo eso, ya que tras la batalla de Tamarón, en la actual provincia de Burgos, el Rey Bermudo III es herido de muerte. Esto provoca que Fernando de Castilla, sea ungido ante Dios en Santa María de León, pasando a ser así el rey Fernando I de León y Castilla.

Tras la muerte en el año 1038 de Gonzalo, las tenencias de Sobrarbre y Ribagorza son otorgadas a Ramiro por orden del rey de Pamplona, García III Sánchez conocido como el de Nájera, manteniéndose la unidad del reino bajo soberanía navarra.

En el año 1043, Ramiro ataca al rey de Pamplona, con el apoyo de los jefes musulmanes de Tutera, Zaragoza y Huesca, pero su ataque se salda con una estrepitosa derrota a manos de las tropas leales navarras. La derrota de Ramiro hace que se comporte desde ese momento, como un hermano fiel a la soberanía de su hermano, García III el de Nájera, rey de Pamplona, incluso llegan a casar con dos hermanas, hijas del conde de Foix y Courseran y a su vez sobrinas de la condesa de Barcelona, siendo por tanto también cuñados.

El rey navarro liberó en el 1045, de forma definitiva, Calahorra para el Reino de Pamplona. Tras esta victoria, manda construir en Naiara o Nájera, el Templo en honor Santa Mª la Real.

El rey de los navarros aprovechó de las diferencias, por no llamarlo enemistades, de los musulmanes de Toledo y Zaragoza, recibiendo en dos ocasiones de Toledo, la cantidad de 10.000 dinares, que se repartió con el Conde de Barcelona, asolando con este los alrededores de Zaragoza, Huesca y Tutera, frenándose la reconquista de las tierras vasconas en poder musulmán, ante una incursión procedente del oeste.

El 1 de Septiembre del 1054, un ejército castellano-leonés, capitaneado por su rey Fernando I, invade el territorio de los navarros, rompiendo con ello el pacto fronterizo que habían firmado Castilla y Pamplona en el año 1016. En Atapuerca dentro del territorio navarro, las huestes castellano-leonesas de Fernando I se enfrentan a las tropas navarras de García III. Fernando ansiaba los territorios navarros que pasaban por Montes de Oca, Atapuerca y Urbel, que ganaban el Océano en la bahía de Santander, haciendo de la Bureba, Laredo y Santoña, piezas de su desmedida ambición. En la dura batalla es asesinado el rey de Pamplona. Fernando I de Castilla y León es el vencedor, obligando al hijo de el de Nájera la jura de obediencia a su persona, tras permitir en el mismo campo ensangrentado por de batalla, su nombramiento como rey de los navarros.

Fernando I de León y Castilla ocupa las tierras vasconas señaladas y comienza a tentar a diferentes tenentes navarros situados en la nueva y obligada frontera. La juventud del nuevo rey de Pamplona, provoca un distanciamiento con las tierras del norte del Pirineo, pero la lealtad de Ramiro hacia el nuevo rey de Pamplona, Sancho IV, frena momentáneamente el ímpetu imperialista castellano.

* Cartulario de San Millán de la Cogolla, documento 166
** Rosa Monterrubio del Pozo afirma que murió en Campomanes, Asturias, asesinado por uno de sus peones.


BIBLIOGRAFÍA

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LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

MONTERRUBIO DEL POZO, Rosa. Santa Mª la Real de Nájera, la piedra labrada como un exquisito bordado, 2001

MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980

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SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

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URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

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