Joseba Asiron
Los
caballeros navarros que entre 1310 y 1522 participaron en la defensa
de Rodas contra los turcos tuvieron en aquella isla su propio
‘cuartel’, y en su fachada un escudo de Navarra en piedra, que
los turcos se llevaron como trofeo a Estambul en 1886.
Los
caballeros de Rodas
El
origen de los caballeros de Rodas se remonta hasta los tiempos de las
Cruzadas, cuando los reinos cristianos medievales se propusieron
tomar por las armas lo que ellos consideraban Tierra Santa, es decir
las regiones donde había nacido y vivido Jesús, y que entonces se
encontraban en manos musulmanas. Los caballeros de la Orden del
Hospital de San Juan, que era como realmente se llamaban, tuvieron su
base de operaciones en Jerusalén, la ciudad donde Jesús fue
crucificado, y tras la conquista de Jerusalén por Saladino en 1187
se retiraron hasta la ciudad costera de San Juan de Acre. Tras la
caída de Acre en 1291 huyeron a Chipre y, por fin, en 1310 los
caballeros recalaron en Rodas, isla que fortificaron concienzudamente
para resistir los previsibles asedios musulmanes. Los Caballeros de
Rodas permanecieron 212 años en aquella isla del Dodecaneso griego,
situada a tan solo 18 kilómetros de la costa turca, resistiendo tras
sus fuertes murallas numerosos ataques y asedios.
Navarros
en Rodas
Durante
los dos siglos largos que la Orden Hospitalaria permaneció en Rodas
sirvieron unidos allí caballeros de diferentes nacionalidades,
franceses, ingleses, aragoneses, alemanes... y también navarros.
Navarra tenía su propio priorato, estrechamente relacionado con la
base de la Orden en Rodas, y muchos navarros acudieron a la defensa
de Rodas, siempre en guerra con el Islam. El ataque definitivo se
produjo en junio de 1522, cuando el sultán turco Suleyman el
Magnífico, con un gigantesco ejército de no menos de cien mil
hombres, sometió Rodas a un sangriento asedio que duró seis meses.
Las murallas fueron bombardeadas por docenas de cañones, y se
produjeron asaltos, ataques y contraataques que produjeron miles de
muertos. Nos consta que hubo allí navarros y, de hecho, según las
crónicas, el Gran Maestre de la Orden, jefe absoluto de los
caballeros, entregó el mando de un cuerpo de ejército al Gran Prior
de Navarra, un caballero llamado Gregorio de Morgut, que era
considerado una de las grandes cruces, es decir un oficial destacado
de la Orden.
Este
Morgut recibió el encargo de acudir a aquellos puntos de la muralla
que necesitaran mayor auxilio, y por tanto le tocó estar siempre en
los lugares de mayor peligro. De hecho, el 23 de octubre el sector de
las murallas que defendían los caballeros de nacionalidad inglesa
fue asaltado por los turcos, y fue la llegada de Morgut y los suyos
lo que permitió contrarrestar el ataque, rechazando a los turcos y
causándoles seiscientos muertos. No es objeto de este artículo
describir los pormenores del sitio de Rodas, por ello nos limitaremos
a decir que la isla cayó finalmente el 20 de diciembre de 1522. Y
que, aunque Suleyman el Magnífico dejó marchar a los caballeros
supervivientes en sus barcos, parece ser que Gregorio de Morgut, el
Gran Prior de Navarra, habría caído en los combates.
La
calle Ippoton de Rodas
Durante
los 212 años de su permanencia en Rodas, los caballeros se agruparon
y organizaron en torno a grandes circunscripciones geográficas, a
las que llamaron lenguas. Cada lengua tenía su propio albergue, es
decir un centro de operaciones con cocina y sala de reuniones, y
existían lenguas o albergues como los de Provenza, Italia, Auvernia,
Francia, Inglaterra o Alemania. Los caballeros navarros estuvieron
vinculados durante muchos años al albergue de Aragón, que englobaba
a la propia Aragón, Cataluña, Navarra y Amposta, a los que en
algunos periodos se sumaron también Castilla y Portugal, en lo que
de manera genérica se llamó lengua de España o, más propiamente,
albergue o lengua de Hispania (cameram albergie Yspanie). Eso sí,
como cuando se construyó aquel albergue Navarra era un estado
independiente, sobre la fachada del cuartel ostentó su propio escudo
de armas, elaborado en piedra, junto a los del resto de reinos
peninsulares.
Una
antigua guía de Rodas
En
el año 2008, y en el transcurso de un viaje de estudios llevado a
cabo a Grecia, tuve ocasión de visitar Rodas, que conserva aún,
debidamente restauradas, sus espectaculares murallas y el castillo de
los Grandes Maestres de la Orden. Cabe aquí recordar que la isla de
Rodas, que perteneció al estado turco tras su conquista en 1522,
pasó a soberanía italiana en 1912, y desde 1948 pertenece al estado
griego. Pues bien, en la parte más antigua y monumental de la ciudad
se puede ver aún la denominada Odos Ippoton (literalmente, calle de
los Caballeros), y allí se conservan los edificios que albergaron a
las lenguas de aquellos guerreros legendarios, con los escudos de las
diferentes naciones en sus fachadas. Como aquello constituía toda
una sorpresa para mí, me acerqué emocionado hasta el edificio de la
antigua lengua de Hispania, en la parte alta de la calle, para
comprobar, con gran decepción, que no se conservaban los escudos de
su fachada.
Tan
solo un panel informativo anunciaba que aquel edificio era
efectivamente el albergue de Hispania, e incluía un viejo grabado
del año 1826 donde sí se distinguían los escudos, perfectamente
además, incluido el escudo de armas de Navarra. Buscando información
al respecto localicé una vieja y descolorida guía de Rodas, editada
en los años 90 del siglo XX, donde se decía de forma escueta que
actualmente aquellos escudos se encontraban en el Museo Arqueológico
de Estambul, sin explicar las razones del traslado. Aunque, a decir
verdad, de inicio no di mucho crédito a la referencia de aquella
guía, posteriormente he podido saber que el dato lo había dado a
conocer un autor griego, Ilias Kollias, en un libro titulado The
Knights of Rhodes, publicado en Atenas hace más de treinta años.
El
señor Emrah Kahraman
Pasaron
los años desde aquel primer viaje de 2008 a Rodas, y en 2015 pasé a
trabajar al Ayuntamiento de Pamplona, aunque nunca olvidé aquella
misteriosa historia del escudo de Navarra. Ya en el año 2024 me
decidí a escribir una carta al Museo Arqueológico de Estambul,
explicando los pormenores de aquel escudo y solicitando información
sobre él, si es que existía. La verdad es que no tenía muchas
esperanzas de obtener respuesta, pero el día 11 de octubre de 2024
recibí un correo de Emrah Kahraman, arqueólogo del Museo
Arqueológico de Estambul, confirmando en todos y cada uno de sus
términos las noticias que había leído en el panel informativo de
la calle Ippoton de Rodas y en la vieja guía turística. Después de
aquel primer contacto con el señor Kahraman cruzamos muchos mensajes
más, intercambiando informaciones sobre el escudo, esperando el
momento de poderme desplazar a Estambul y realizar una visita al
museo. Y la ocasión se presentó nada más terminar estos últimos
sanfermines.
El
22 de julio de 2026 tuve por fin la ocasión de estrechar la mano del
arqueólogo Emrah Kahraman, que nos brindó una acogida excepcional y
planificó una visita a su magnífico museo de Estambul. Como el
escudo de Navarra no está expuesto al público (según nos
informaron, dicho museo posee más de un millón de piezas
catalogadas), fue necesario que nos desplazáramos hasta los
depósitos del museo, situados a las afueras de la capital turca.
Allí, en un gigantesco almacén, muy parecido al que puede verse en
la película Indiana Jones y el Arca perdida, entre montañas de
cajas de madera cuidadosamente clasificadas, ordenadas y apiladas,
reposaba efectivamente el escudo de armas que los caballeros navarros
que defendieron Rodas lucieron en la fachada de su cuartel. Un
operario del museo, valiéndose de una pequeña máquina hidráulica,
lo extrajo de su cofre y lo puso ante nuestros ojos en medio, debo
reconocerlo, de una emoción enorme.
Un
escudo Evreux
Tomando
un té turco en el archivo del museo, el señor Kahraman nos mostró
las fichas originales de la pieza, elaboradas a fines del siglo XIX.
Así supimos que el escudo en piedra pesa cerca de 400 kilos, y que
llegó a Estambul en una fecha indeterminada entre 1844 y 1886.
Observando la pieza, además, y aunque no conserva restos de
policromía, pudimos comprobar que se trata del escudo de los
monarcas navarros de la dinastía Evreux, es decir cuartelado, y con
las armas de Navarra (carbunclo pomelado) en los campos 1 y 3,
mientras que los campos 2 y 4 van ocupados por las armas familiares
de los Evreux, es decir las lises de Francia con una banda diagonal
atravesada. Por lo tanto, nos encontrábamos ante un escudo de armas
elaborado muy probablemente durante la vigencia de la dinastía
Evreux, es decir entre 1328 y 1441, aunque como bien señala el
historiador Mikel Zuza tal escudo fue utilizado también en fecha
posterior por los monarcas navarros.
En
cualquier caso, queda claro que fue testigo de la toma de Rodas por
Suleyman el Magnífico en 1522, y aún permaneció tres siglos más
en su lugar, como atestigua el hecho de que apareciera en un grabado
realizado en la propia Rodas en 1826. Según las fichas del museo
habría sido trasladado a Estambul entre 1844 y 1886, fechas en las
que Rodas aún pertenecía al estado turco, junto con el resto de
escudos de aquella fachada, en lo que solo puede interpretarse como
una especie de botín o trofeo. Y posteriormente, tras la creación
oficial del actual Museo Arqueológico de Estambul (İstanbul
Arkeoloji Müzeleri) en el año 1891, el escudo habría pasado a ser
propiedad de esta institución, aunque lo más probable es que fuera
enviado directamente a sus almacenes, en una de cuyas cajas habría
permanecido durante 135 años, sin apenas ver la luz hasta que fue
abierto para nosotros.
Despedida
emocionada
Aunque
lamentablemente no fue posible fotografiar las fichas de entrada en
el museo ni el almacén donde se encuentra la pieza, sí se nos
permitió obtener cuantas imágenes quisimos realizar del propio
escudo, hecho por el que estamos muy agradecidos a los responsables
del Museo Arqueológico de Estambul, a su director y a nuestro amigo
el arqueólogo Emrah Kahraman. Permanecimos allí largo rato,
admirando la buena factura del escudo, los pequeños golpes, el
desgaste que el tiempo había causado en él, y hasta el sistema de
anclaje al muro que había tenido en su momento.
Los
responsables del museo, por su parte, se mostraron muy interesados en
cuantas noticias pudimos darles sobre el propio escudo, sobre el
significado de sus motivos heráldicos y sobre el viejo reino de
Navarra. Luego, llegado el momento de la despedida, los operarios nos
ofrecieron sentarnos a tomar con ellos otro té turco, y pudimos ver,
con cierta tristeza, cómo devolvían el escudo al interior del
almacén, a la oscuridad de su cofre de madera. Y mientras lo veíamos
alejarse, nos preguntábamos cuantos años tendrán que volver a
pasar hasta que ojos navarros puedan ver de nuevo esta reliquia de
nuestra historia. Un testimonio fiel del papel que el viejo reino de
Navarra jugó en el tablero de la política europea hasta el momento
mismo de su conquista.
https://www.noticiasdenavarra.com/navarra/2026/08/15/escudo-navarra-museo-arqueologico-estambul-11440346.html