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2026/10/15

Carbunclo versus cadenas (V)


Carbunclo versus cadenas (V)

Iñigo Saldise Alda

Los siglos XVIII, XIX y XX fueron siglos para el asentamiento de las cadenas dentro del imaginario colectivo de nuestra sociedad, tanto en la Navarra al sur del Pirineo bajo sometimiento español, como también en la Navarre norpirenaica bajo subordinación francesa. Tanto al norte como al sur, la inmensa mayoría de publicaciones oficiales, o casi todas ellas mejor dicho, tenían grabado el escudo de Navarra-Navarre, pero con las cadenas como protagonistas. Unas cadenas que el caso del sur del Pirineo fueron siendo asimiladas desde prácticamente un siglo antes; concretamente desde el inicio del siglo XVII, destacando una copia del Libro de Armería del Reino de Nabarra, donde el rey de armas de turno intentó la adaptación de las cadenas en el mismo carbunclo, haciendo un trabajo pésimo a mi entender, a la par de significativo, debido a la incompatibilidad de compaginar ambos símbolos en uno solo; dicho espécimen lo podemos visionar hoy día en el Archivo Real y General de Navarra. También hay que tener en cuenta la creación del oficio de maceros del Reino de Navarra ocurrida entorno al año 1600, en cuyos trajes, llamados dalmáticas, que vemos hoy día, los cuales fueron confeccionados en el año 1912, encontramos tres escudos diferentes; uno con el arrano beltza, otro con el carbunclo y otro con las cadenas, todos ellos sobre campo de gules.

Al norte del Pirineo, todavía en el siglo XVII, más concretamente en el año 1620, Louis XIII de France realizó, también de forma ilegal e ilegítima según las leyes y costumbres del Reino de Nabarra, el denominado por los franceses como el Decreto de la Unión. Como es sabido, en él, el Reino de Nabarra fue unido de forma falsaria al Reino de France. Con ello, entre otras cosas, se dejó de acuñar moneda nabarra y el carbunclo fue paulatinamente desapareciendo; además, el ejército nabarro se fusionó con el ejército francés, supeditándolo desde entonces a los mandos militares franceses, pero contando su insignia con el carbunclo cambiado por las cadenas hacia finales del siglo XVII. También al norte del Pirineo ésta asimilación forzada dio finalmente paso al ensalzamiento identitario de las cadenas como armas propias de Navarre, algo que podemos comprobar en la iglesia de Notre Dame du Bout du Pont en Donibane Garazi-Saint Jean Pied de Port; concretamente en dos escudos existentes en sus vidrieras; uno que representa a Navarre y otro a la propia villa, siendo ambos del siglo XIX. Dicha exaltación, de las cadenas, continuo durante todo el siglo XX.

En el año 1899 se publicó en el Reino de España un trabajo titulado Nobiliario. Armería General de Nabarra; dicha obra fue realizada por el escritor e historiador español Joaquín Argamasilla de la Cerda y Bayona. En ella nos dice lo siguiente sobre el escudo de Nabarra:

“D. Sancho el Fuerte, en memoria de haber decidido la batalla de las Navas de Tolosa, tomando por asalto el campamento del Emir Miramamolín, que estaba defendido por 10.000 berberiscos y numerosas cadenas, adoptó éstas por distintivo de su escudo, con la verde esmeralda del derrotado Mahomed puesta en abismo, sustituyendo así el águila que hasta entonces había usado en su sello real.”

Ya en el siglo XX, concretamente en el año 1905 se publicó el trabajo titulado La heráldica entre los euskaldunes, realizado por el heraldista, abogado y escritor Juan Carlos Guerra Barrena, donde nos dice lo siguiente:

“D. Sancho el Fuerte usó cuatro barras cruzadas y laboreadas de manera que los ocho brazos que formaban las cuatro barras, saliendo de un centro común, parecian otros tantos cetros adornados en sus extremos con flores de lis, El mismo D. Sancho usó también otro escudo con barras lisas y al que hoy se usa, sin otra diferencia que la de los globos, anillos o esferillas que después se añadieron a las barras de trecho en trecho, para incidar en enlace de los eslabones de una cadena. E Rey D. Felipe III de Navarra varió su forma por los años 1333, poniendo en las monedas tres eslabones separados cuya figura es idéntica a la de los dos trozos de cadenas que existen en la Colegiata de Roncesvalles. Quieren así representar mejor el destrozo o rompimiento de las que cercaban la tienda del Miramamolin, y que aparece figurado por un triángulo en el cdntro de los eslabones. Una cruz que se ve sobre la cúspide del pabellón de nota en estas monedas el triunfo de la religión cristiana sobre la media luna. (…)”.

Este heraldista donostiarra, no solo interpreta claramente el carbunclo como las cadenas, sino que lo intenta justificar con el particular diseño de unas monedas.

En la provincia española de Navarra, para ser más exactos el día 22 de enero del año 1910, se hizo por enterada la Diputación Foral de Navarra, de que había notables diferencias en el diseño del escudo de Navarra y por ello estableció su forma definitiva. Tras ello, para subsanar la supuesta inexistencia de una bandera de Navarra, dispuso su elaboración tras consultar a varias personas cualificadas. En concreto hablaron con el escritor, historiador y político Hermilio de Olóriz Azparren, siendo también consultados el abogado y político Arturo Campion Jaimebon, además del historiador y militar Julio Altadill y Torrontera de Sancho San Román. Los tres se basaron en el escudo descrito, supuestamente, por el príncipe de Viana, que fue ratificado dos siglos después por el padre José de Moret Mendi. Este trío de fueristas navarros, desecharon así y de forma intencionada, al carbunclo cerrado y pomelado como armas de Nabarra.

En la denominada como sexta merindad, el sacerdote e historiador Pierre Narbaitz Caillava, realizó la obra Nabarra, ou quand les Basques avaient des rois, publicada el año 1978. En dicho trabajo, como no podía seer de otra manera, también se hizo eco de la batalla de las Navas de Tolosa y del trofeo de las cadenas, diciendo:

“(…) la seule chose qui l’accompagna dans la postérité fut la pure gloire. Et l’introduction, historique ou légendaire, des chaînes de Las Navas dans les armoiries de Nabarra, (…)”.

Por lo dicho, al parecer, durante todo el siglo XX quedaban ratificadas las cadenas como las armas del escudo de Navarra, quizás puesto esto en duda en una transcripción y estudio del Libro de Armería del Reino de Navarra del año 1974, realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués:

“(…) es bien sabido que prevaleció el uso del escudo de guerra blocado, esto es, con carbunclo, que luego se interpretó como ‘cadenas’.”

Y también menciona lo siguiente:

“Armas del inclito rey de Nauarra: De gules, carbunclo cerrado pomelado de oro, una esmeralda verde (en forma de losangre) en abismo. Timbrado de una corona de tres florones.”

Ya en el año 1982, Juan José Martinena Ruiz nos transcribió un escrito añadido con posterioridad al original del año 1572, en su obra también titulada Libro de Armería del Reino de Navarra:

“El rey don Sancho el fuerte, (…) rompió y ganó las cadenas del rey de Marruecos (…) las Navas de Tolosa, (…) todos los reyes de Navarra han llevado y llevan en sus escudos y estandartes y sepulturas por armas las cadenas de oro con una esmeralda en la llabe y medio de las dichas cadenas en campo de gules (...)y está pintado el escudo de las dichas armas con su corona real encima del dicho escudo (…)”.

Tras el periodo de la dictadura franquista en el Estado español, la actual Comunidad Foral de Navarra adoptó, como era de esperar, las cadenas como escudo, como según se recoge en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra del día 10 de agosto del año 1982, donde en su artículo 7.1 lo describe nítidamente de la siguiente manera:

“El escudo de Navarra está formado por cadenas de oro sobre fondo rojo, con una esmeralda en el centro de unión de sus ocho brazos de eslabones y, sobre ellas, la Corona Real, símbolo del Antiguo Reino de Navarra.”

Por ello, podemos afirmar que no hubo debate o discusión que se conozca al respecto en los siglos XVIII, XIX y XX, en donde alguien se posicionara claramente a favor del carbunclo, salvo el traje de macero y la escueta mención realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués. Pero algo cambió a comienzos del siglo XXI, gracias a la labor de varios autores (escritores, historiadores, heraldistas,...) y por supuesto debido también a diversos factores históricos y político-sociales, ocurridos ya a comienzos del siglo XXI.

2026/09/30

Obligado formateo heráldico en nuestras mentes nabarras

Detalle de la cúpula de los caídos en Iruñea-Pamplona

Obligado formateo heráldico en nuestras mentes nabarras

Iñigo Saldise Alda

Formatear significa en el mundo de la informática habilitar, reparar, acondicionar, etc., un disco duro o dispositivo de almacenamiento, borrando inicialmente todos sus datos y creando posteriormente una nueva estructura para que el sistema operativo pueda usarlos. A pesar de lo radical que nos pueda parecer este método, e incluso seamos sabedores a ciencia cierta, de la imposibilidad de llevarse a cabo en nuestro dispositivo de almacenamiento o cerebro, precisamente porque este es un ente orgánico, todos los nabarros y todas las nabarras, debemos poner de nuestra parte bastante más de lo que hacemos actualmente, equivaliendo e iniciando así la labor de formatear, lo máximo posible, los conocimientos que poseemos que están relacionados con la historia de nuestra nación y especialmente los enlazados con las importantísimas representaciones patrias, destacando entre todos estos símbolos, el escudo que representó al Estado de Nabarra en total libertad e independencia. A pesar de que en un principio pueda parecer muy difícil cambiar la idealización u opinión sobre el origen y la forma del diseño del escudo nabarro, precisamente por la asimilación en nuestra psique de la leyenda de las Navas de Tolosa, que creemos estar convencidos de su supuesta realidad, lo cierto es que hoy día, en el año 2026, no solo existe, sino que está al acceso de todos y todas a través de Internet, magnifica herramienta que nos permite consultar Archivos y Bibliotecas donde disponemos de trabajos y obras digitalizadas, en las cuales podemos encontrar soluciones a prácticamente todas nuestras dudas y usando consecuentemente la información obtenida de manera adecuada, desde la comodidad de nuestro hogar poseemos todas las repuestas, bueno, salvo quizás una ¿Quién fue el o la personaje que creó el mito de las cadenas como parte del escudo nabarro? Deciros de antemano que yo creía haberlo encontrado, pero realmente sigo buscando tan esclarecedor dato.

Pero si se nos hace un poco bola esta búsqueda, tenemos la opción de seguir a diferentes historiadores e investigadores, titulados o autodidactas, en sus respectivos espacios o medios donde publican. Pero también debemos filtrar a muchos agentes políticos disfrazados como navarros, los cuales tienen una potente e imperial ideología nacionalespañolista, que intencionadamente nos machacan, una y otra vez, con la leyenda de la ruptura del palenque por Sancho VII de Nabarra, conocido como el Fuerte, y la incorporación de dichas cadenas al blasón nabarro, como solo fuera algo heroico buscando enardecer el sentimiento navarro, pero políticamente más trascendente para su nación, la nación española. Tengamos presente que para el nacionalismo español, la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212 y el posterior mito de las cadenas, nombradas ya de Navarra, poseen un altísimo valor como encarnación de unidad nacional española, con su supuesta legitimidad histórica y también, del triunfo de la civilización occidental sobre el islam. Dentro del relato identitario que este nacionalismo español, que se construyó y consolidó especialmente durante los siglos XIX y XX, aunque tiene su origen en el siglo XVI, es de vital importancia la asimilación por parte nabarra de su relato. Para el discurso nacionalista español, las Navas de Tolosa es el ejemplo supremo de unión entre los diferentes Reinos de la Península, es decir Castilla, Aragón, Nabarra, junto a voluntarios de León y Portugal. La narrativa tradicional española utiliza este acontecimiento para defender que, por encima de las fronteras medievales de cada Reino, existía una "conciencia e identidad hispánica común" dispuesta a unirse ante una amenaza externa. En ese imaginario patriótico español, la Reconquista se concibe como una gesta secular de liberación nacional. Las Navas de Tolosa se sitúa en este relato como la batalla decisiva que rompió definitivamente el poder musulmán en el sur peninsular ibérica, permitiendo el avance cristiano definitivo hacia Andalucía. Se la ensalza no solo como una victoria militar, sino como la salvaguarda de las raíces cristianas y europeas de España frente a la islamización.

En lo que se refiere al blasón de Navarra, la leyenda nos cuenta que el rey Sancho VII el Fuerte de Nabarra y sus doscientos caballeros, rompieron las cadenas que protegían el campamento del califa almohade Miramamolin, incorporándolas posteriormente al escudo del Reino. Para el nacionalismo español, este relato refuerza el papel histórico e indisoluble de Navarra dentro de la gran epopeya de la historia del Reino o Estado de España. Su uso político durante el pasado siglo XX, más concretamente durante la Guerra Civil Española y el franquismo, este simbolismo fue fuertemente explotado. La participación de los requetés navarros en el bando sublevado fue calificada por el régimen como una "segunda Reconquista" o "Cruzada Nacional". En este contexto, el franquismo añadió la Cruz Laureada de San Fernando al escudo de Navarra en el año 1937, fusionando ideológicamente las cadenas medievales de la primera reconquista hispana contra el islam, con la laureada de la victoria en la Guerra Civil Española contra rojos y separatistas, bajo una misma retórica de salvación nacional a través de las armas de Navarra. Frente a las tesis demostrada del nacionalismo vasco-nabarrista, en la que históricamente hemos interpretado a Nabarra como un Reino o Estado independiente, con una trayectoria totalmente ajena a lo español hasta la subordinación violenta, obligada e ilegítima del mismo, el nacionalismo español utiliza las Navas de Tolosa y sus cadenas como un contraargumento histórico-político. Las cadenas se exhiben como la prueba documental y simbólica de que Navarra no solo formaba parte del concierto de Reinos hispánicos, sino que además lo lideró activamente uno de los momentos más gloriosos de la formación de la nación española.

Así pues, volviendo al tema del formateo, hay que reconocer algo que tristemente continua pasando hoy, que es que la leyenda de las Navas de Tolosa nos la han metido a conciencia desde las todas instituciones educativas, cuyos temarios están controlados desde la metrópoli de Madrid; algunos maestros y maestras, seguramente, lo hicieron sin malicia alguna para resaltar exclusivamente la heroicidad de un rey nabarro y sus doscientos caballeros, sin saber que trabajaban inconscientemente para el nacionalismo español que somete, sujeta y reprime a los nabarros y nabarras. Pero ¿A quien no le gusta que le cuenten las hazañas de los suyos, haciéndola perdurar en nuestro imaginario a través de un símbolo tan importante para una nación, como es su escudo? Pero ¿Cual es ese escudo? ¿Las cadenas o el carbunclo?

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/obligado-formateo-heraldico-en-nuestras-mentes-nabarras


2026/09/28

La interpretación del carbunclo como cadenas

La interpretación del carbunclo como cadenas

Iñigo Saldise Alda

El pasado domingo día 27 de septiembre del año 2026, apareció en NAIZ un trabajo firmado por el escritor, periodista y redactor de actualidad, Pello Guerra Viscarret, el cual llevaba por título Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa, que básicamente está realizado gracias a una entrevista con el licenciado en Historia y Geografía por la Universidad de Navarra, y bibliotecario en la Red de Bibliotecas Públicas del Gobierno de Navarra, Mikel Zuza Viniegra. Bien, el mencionado escrito hay varias cosas que me gustaría debatir o sencillamente dar mi opinión; la opinión de un amante de la Historia y Heráldica de Nabarra, autodidacta en ambas Ciencias Sociales.

Para comenzar desconozco si el rey Carlos III de Nabarra participó personalmente en el diseño del escudo de Iruñea-Pamplona, pero de lo que si estoy seguro es que no participó en ningún caso, en el diseño de las armas del Reino de Nabarra, el cual tiene su origen en la dinastía de Champaña, cuya evolución es mínima hasta el reinado de Carlos II de Nabarra, pues fue durante el reinado de este último cuando se introdujo la esmeralda en abismo, la cual también tuvo su evolución, llegando como un punto de sinople en abismo en el gobierno del Noble.

Dicho esto, que a mi parecer es de gran importancia, parémonos en la siguiente afirmación. “(...)a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400”. Las cadenas son puestas como armas de Navarra ya en el Reino de España, al menos en el año 1553; sirva de ejemplo la primera página del Repertorio Universal de todas las Leyes destos Reynos de Castilla (original del año 1438); aquí hay un escudo xilográfico Real, que representa al Estado o Reino español y donde se incluye, en el tercer cuadrante, uno que otorgan los españoles a los navarros sojuzgados, subordinados y sometidos del sur del Pirineo. Este está representado mediante un esclarecedor doble cadenado, pero sin esmeralda en abismo. En las tierras navarras del sur del Pirineo seguramente aparecen cuando lo dice Mikel Zuza Viniegra, el año 1593, es decir, cuarenta años más tarde.

Luego está la afirmación de que la invocación intelectual de las cadenas para nombrar al carbunclo sería dada en la Corte Nabarra hacia el año 1400. Bien, a decir verdad no hay ningún documento que hable de que las armas de Nabarra son cadenas hasta la Crónica de los Reyes de Navarra, realizada por el desdichado príncipe de Viana, ya en el año 1454. Esta interpretación, la de Carlos de Trastamara y Evreux, la gran mayoría de los historiadores, licenciados o doctorados, la basan en la descripción del escudo de Iruñea-Pamplona del año 1423, por el Privilegio de la Unión, donde se menciona lo siguiente “(…) et al derredor del dicho pendon aura un renc de nuestras armas de Nauarra, de que el campo sera de gueulas et la cadena que yra al derredor de oro (…)”. Aquí es donde ojos posteriores a ese siglo, convierten el carbunclo en cadenas, debido esto a que en la descripción heráldica del siglo XV y XVI, el filete pomelado de oro es nombrado como cadena, siempre en singular.

Me parece más que interesante el mencionar que esta misma bordura, está representada en el escudo de el frente del actual Museo de Navarra, fachada fechada en el año 1556 y está junto a unas cadenas puestas en cruz y aspa, que estoy convencido de que no son de Nabarra. La presencia de esta bordura es por un privilegio Real, posiblemente realizado por un rey nabarro, al igual que lleva dicha bordura el linaje de Elizondo, también por concesión de Juan de Albret y Châtillon, rey consorte de Nabarra. Pero esta forma de portar las armas de Nabarra data ya del año 1396, y son otorgadas a Ynego (Iñigo) Ortiz de Estunica (Zuñiga), que paso a ser así parte del blasón de su palacio, ante el compromiso matrimonial contraído por él con Juana de Nabarra, hija natural o bastarda del propio rey Carlos III de Nabarra.

Para concluir, en lo referente al escudo de Real Consejo que estaba en el zaguán del Ayuntamiento pamplonés, decir que seguramente está realizado a finales del siglo XVII o comienzos el siglo XVIII, pues en el están las armas del Reino de Portugal, pese a logar dicho Reino su independencia en el año 1668. Podíamos habla de la representación en este blasón, por ejemplo de la armas de Borgoña moderna, las cuales muchas veces son interpretadas como las armas de Francia o incluso de la dinastía de los Borbón-Anjou, los cuales no tienen ningún derecho de portar las armas de Navarra, aunque sean las cadenas y menos aún si hablamos de las armas del Estado de Nabarra que son en campo de gules, carbunclo cerrado y pomelado de oro, con esmeralda de sinople en abismo.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/la-interpretacion-del-carbunclo-como-cadenas


2026/09/27

Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa


Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa

Pello Guerra

El rey Carlos III el Noble participó personalmente tanto en el diseño del escudo de Iruñea como en el de Nafarroa, ya que en su «círculo más cercano, surgió el mito de las cadenas», según señala el historiador Mikel Zuza, que ha estudiado en profundidad la trayectoria de ambos emblemas.

«El mejor heraldista de nuestra historia». Así califica el historiador Mikel Zuza al rey Carlos III el Noble, que participó personalmente en el diseño del escudo de Iruñea y en el de Nafarroa, incorporándole a este último «el mito de las cadenas».

Zuza ha estudiado en profundidad ambos emblemas, sobre los que ha ofrecido este año sendas charlas, con la primera sobre el escudo del reino y organizada por el Foro Elkartu, y la segunda, dentro de los actos del 603 aniversario del Privilegio de la Unión. Una celebración que ha coincidido con la colocación en el zaguán del Ayuntamiento de una reproducción del emblema de la ciudad que posiblemente estuvo en la fachada original de la sede del Consistorio.

Sobre el blasón de Nafarroa, el experto señala a NAIZ que su creación se puede datar, «con seguridad, desde la llegada al trono de Teobaldo I en el año 1234», ya que «fue el primero en dar contenido emblemático a la bloca protectora del escudo que ya había mostrado su abuelo Sancho VI el Sabio en su sello, y que parece, recalco lo de parece, no tenía significado heráldico».

El carbunclo dorado y pomelado

A partir de esa divisa del primer rey de la dinastía de Champaña, «su hijo adornó la bloca lisa con bezantes, las esferas doradas que pueden verse en tantas representaciones, dándole su configuración más difundida, conocida en terminología heráldica como ‘Carbunclo dorado y pomelado’».

Y de esa imagen, «a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400. Pero, como digo, no se convirtió en el modelo hegemónico hasta casi dos siglos más tarde, cuando quizás por impulso de la monarquía hispánica, comenzó a dibujarse, grabarse y esculpirse el escudo de Navarra formado por cadenas, unidas a la memoria de la participación de Sancho VII el Fuerte en la batalla de las Navas de Tolosa».

Sobre ese cambio, Zuza añade que «es algo que, como bibliotecario, he podido acreditar fehacientemente en las portadas de los libros publicados o impresos en aquellas últimas décadas del siglo XVI. Por ejemplo, en la del Juramento de los Fueros del futuro Felipe III de Castilla (V de Navarra), editado en Pamplona en 1593 y en la que pueden verse, creo que por primera vez en Navarra, las cadenas tanto en el escudo de Navarra como en el de Pamplona».

Lo que sirve también «para fechar la labra heráldica cuya reproducción se ha colocado ahora en el zaguán de la Casa Consistorial, en la que puede verse que el escudo ya no luce en su orla el carbunclo, sino las cadenas».

Mucho más tarde, a principios del siglo XX, la Diputación solicitó a Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio de Olóriz un diseño oficial y «se atuvieron a la costumbre de siglos y a las férreas normas de la Heráldica y mantuvieron ese modelo, que es el que, con pocas variaciones, ha llegado hasta nuestros días».

Los tres eran buenos conocedores de la historia de Nafarroa y pudieron plantear la posibilidad de recuperar el carbunclo dorado y pomelado, pero el experto considera que en 1910, cuando se crea la actual bandera oficial de Nafarroa, «quizás no podían hacer otra cosa».

Sin embargo, matiza que «en 1982, cuando se redactó el Amejoramiento, se podría haber recuperado perfectamente el carbunclo que había representado al reino independiente durante más de 400 años. Al fin y al cabo, otras comunidades como Castilla y León, Valencia o Aragón sí recobraron símbolos medievales, que son los que siguen representándolas en la actualidad».

Fijado por el Privilegio de la Unión

Si la heráldica terminó marcando el diseño del escudo de Nafarroa, en el caso del de Iruñea, fue el Privilegio de la Unión de 1423 el que estableció con todo detalle cómo debía ser el emblema de la capital del reino.

Al respecto, el historiador reconoce que «no es lo más frecuente» que se fije hasta ese extremo cómo debe ser el escudo de una población, aunque «sí que conocemos ejemplos de concesión de las armas reales a personas cercanas a los monarcas. Así, Carlos II se las otorgó a Jean de Picquigny, que fue el comandante del grupo de caballeros que lo liberó de la prisión del castillo de Arleux; y Carlos III hizo otro tanto con su mariscal, Martín Enríquez de Lacarra. Pero el caso de Iruñea es desde luego el primer ejemplo de blasonamiento, de indicación detallada de un escudo conocido en Navarra».

Precisamente el hecho de que «el Privilegio no deje demasiados resquicios a la imaginación» explica que, a lo largo de 600 años, el emblema de Iruñea no haya experimentado cambios demasiado profundos, sino «más bien de carácter ‘estético’».

Así, «sí que a veces se ha representado la corona sobre la cabeza del león y no sobre su lomo, que es como debe ir, o ha cambiado la forma del escudo, como en tiempos del alcalde Chourraut. Pero, por fortuna, siempre se ha acabado volviendo al diseño original marcado por Carlos III el Noble. No hay por qué cambiarlo».

En la fachada de la plaza de toros se conserva un escudo de Iruñea diferente, ya que se trata de una representación de tiempos de la II República española y en lugar de la corona superior, aparecen las torres almenadas. Sobre esta ‘rara avis’, Zuza explica que ese régimen republicano «supuso que en todos los escudos y emblemas que llevaban corona real, ésta fuera sustituida por esas almenas que, en terminología heráldica, forman la que se denomina ‘corona mural’. Pero el símbolo central, el león coronado rodeado por las cadenas, no varió».

Bandera verde ¿o azul? de Iruñea

El escudo establecido por el Privilegio aparece en la bandera de Iruñea sobre fondo verde, un color con el que hace décadas se asociaba a la ciudad, aunque ha ido decayendo su uso y ahora se vincula más a la capital navarra con el rojo por los sanfermines.

Sobre esta cuestión, el historiador señala que «me temo que el mega éxito sanferminero en todos los campos ha acabado por hacer olvidar muchos otros usos y costumbres de Iruñea. Uno de ellos sería, en efecto, el de la bandera de la ciudad, cuyo color parece, aunque no se pueda asegurar, que fue originalmente azul. En todo caso, sí, el rojo se ha acabado imponiendo tanto al verde como al azul, aunque a los puristas siempre les quedarán los pañuelos de La Única y de La Jarana».

El azul aparece en la reproducción de un escudo del siglo XVI de Iruñea que ha sido instalada recientemente en el zaguán del Ayuntamiento. Una decisión que Zuza califica de «muy acertada, porque es lógico que sea el escudo que representa a todas las ciudadanas y ciudadanos de Iruñea desde el año 1423 el que les reciba en su Ayuntamiento. En ese sentido, supone además la ‘vuelta a casa’ de un emblema concreto, aunque se trate de una reproducción, que es muy posible que estuviera en la fachada original, previa a la barroca que todos conocemos».

Su colocación en ese espacio ha supuesto la retirada de un escudo de la Corona española del siglo XVIII que se encontraba colgado en ese lugar, lo que ha generado el rechazo frontal de UPN. De hecho, la formación regionalista ha presentado una batería de nada menos que 25 preguntas sobre ese cambio y ya ha anunciado que lo revertirá si regresa a la Alcaldía.

El escudo del Real Consejo

Zuza entiende que, «como cualquier otra opción política, UPN puede plantear lo que mejor le parezca, pero en este asunto, me parece que resulta más interesante subrayar la historia del escudo retirado» de la entrada del Ayuntamiento.

Según explica, en origen, ese escudo estaba ubicado en la sala de Audiencias del Real Consejo, «una especie de Tribunal Supremo cuya enorme sede comenzó a erigirse por orden del emperador Carlos I en 1541» en la actual plaza de San Francisco de Iruñea. Se trataba de un tribunal para «hacer patente en pleno centro de la capital de un reino recién conquistado como era el de Navarra, el omnímodo poder de la administración castellana». En aquellos tribunales «se sucedieron 182 ejecuciones, aunque seguro que fueron muchas más, entre los años 1605 y 1885», recuerda Zuza.

En 1909 se demolió ese edificio y el escudo, «en consideración a su antigüedad, fue llevado al Ayuntamiento, institución con la que no guardaba, ni guarda, relación». A lo que se suma el perfil y actividad de esos tribunales, por lo que el experto considera que «no creo en absoluto que haya que echar de menos ese escudo en el zaguán de la Casa Consistorial».

Por lo tanto, Zuza se queda con unos escudos que ha estudiado en detalle. Una labor que le ha deparado la sorpresa de «la constatación de cómo Carlos III el Noble puede ser considerado como el mejor heraldista de nuestra historia, ya que participó personalmente en el diseño de los dos emblemas de mayor difusión, incluso hoy en día, en la comunidad: el de Navarra y el de Pamplona».

Y lo hizo, en el primer caso, porque «de su círculo intelectual más cercano surgió el mito de las cadenas, que siguen siendo el modelo oficial de representación». Y en el caso de Iruñea, porque «fue él mismo quien estipuló definitivamente cómo deberían ser las armas heráldicas de la ciudad recién unificada».

https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260927/carlos-iii-el-rey-heraldista-que-participo-en-el-diseno-de-los-escudos-de-irunea-y-nafarroa

2026/09/18

Sancho III el Mayor, Sancho VI el Sabio y la transformación de las estructuras políticas nabarras

 

Sancho III el Mayor, Sancho VI el Sabio y la transformación de las estructuras políticas nabarras

Nestor Lertxundi Beñaran

Del gobierno territorial y la política de alianzas a la violencia dinástica y la posterior recuperación territorial.

1. Introducción

La figura de Sancho III el Mayor ocupa un lugar excepcional en la historia política medieval de la Península. Su reinado, desarrollado entre finales del siglo X y principios del siglo XI hasta el año 1035, representa uno de los momentos de mayor concentración de poder político en torno al rey de Pamplona.

Durante su gobierno quedaron vinculados a su autoridad diversos territorios, condados y espacios políticos del norte peninsular. Castilla, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Álava, Nájera y otros territorios aparecen relacionados con su poder mediante fórmulas jurídicas, dinásticas, territoriales y de gobierno diferentes.

La interpretación tradicional ha presentado frecuentemente este proceso mediante una imagen patrimonial: Sancho habría reunido un gran reino y, al morir, habría «repartido» sus territorios entre sus hijos.

Esta explicación resulta insuficiente.

Para comprender la realidad política medieval es necesario distinguir entre territorio, jurisdicción, gobierno y propiedad privada, y para ello es necesario distinguir también entre las estructuras políticas propias de Nabarra y las de los territorios y poderes políticos extranjeros con los que mantenía relaciones.

El rey no recibe necesariamente un territorio como quien recibe una finca. Su función principal es ejercer el gobierno sobre unas estructuras políticas preexistentes: valles, aldeas, villas, condados, tenencias, vizcondados, señoríos, territorios, comunidades y otras instituciones.

Por ello, cuando muere Sancho III, lo que entra en una nueva situación no es simplemente una supuesta propiedad privada llamada «reino», sino la continuidad de distintas funciones de gobierno sobre territorios y comunidades políticamente organizadas.

Esta distinción resulta fundamental para comprender tanto la trayectoria de Sancho III como la posterior fragmentación del espacio político que había quedado bajo su hegemonía.

También permite interpretar de otra manera la violencia política que aparece en las generaciones posteriores.

Sancho III construyó una parte esencial de su poder mediante alianzas, matrimonios, pactos, relaciones familiares, acuerdos territoriales y diplomacia internacional. Antes y después de su muerte, varios de sus descendientes y sucesores protagonizaron conflictos en los que la guerra, la muerte violenta y la disputa por el gobierno territorial adquirieron una importancia creciente.

La cuestión no consiste, por tanto, en construir una oposición simplista entre «buenos» y «malos», sino en observar una transformación profunda del modo de ejercer y disputar el poder.

2. Sancho III y la construcción de una gran estructura política Sancho III el Mayor alcanzó una posición política excepcional.

Las fuentes y la historiografía coinciden en situarlo como uno de los soberanos cristianos más poderosos de su tiempo. Durante su reinado, el ámbito político sometido a su autoridad o influencia llegó a extenderse desde las zonas occidentales vinculadas a Castilla hasta Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, mientras su influencia se proyectaba también hacia otros territorios pirenaicos y occidentales.

Los documentos de la época resultan especialmente importantes porque permiten observar cómo se expresaba esa autoridad.

En diferentes diplomas aparece Sancho gobernando en Pamplona, Castilla, Aragón y otros territorios mediante fórmulas de regnante, que muestran una realidad política basada en el ejercicio de la autoridad sobre distintos espacios.

Esto permite entender mejor una cuestión fundamental: Sancho III no necesitaba convertir todos aquellos territorios en una propiedad privada para ejercer sobre ellos autoridad política.

Gobernar no significaba necesariamente poseer.

La función regia era ejercer el gobierno.

La autoridad política se ejercía sobre territorios que contaban con sus propias comunidades, instituciones y estructuras administrativas.

3. Sancho no «repartió una propiedad»: continuaron las funciones de gobierno Aquí es donde resulta necesario corregir una de las expresiones más repetidas en la historiografía divulgativa: «Sancho III repartió su reino entre sus hijos».

La expresión puede resultar útil como simplificación narrativa, aunque resulta problemática si se interpreta literalmente.

Lo que existía era una compleja estructura territorial compuesta por reinos, condados, valles, villas, tenencias, comunidades y diferentes administraciones políticas.

Cuando Sancho muere, sus hijos pasan a desempeñar distintas funciones de gobierno sobre esos espacios.

Por ello, en lugar de hablar exclusivamente de una «herencia del reino», resulta más preciso hablar de continuidad y redistribución de funciones de gobierno territorial.

En este sentido, lo que se transmite al morir Sancho son las responsabilidades políticas vinculadas a territorios concretos: valles, vegas, montañas, condados, municipios, villas, tenencias e instituciones relacionadas con ellos.

La propia documentación posterior permite observar que Aragón, Castilla, Sobrarbe, Ribagorza, Pamplona y otros espacios como Bureba, Montes de oca etc, conservaban estructuras políticas diferenciadas.

Esta interpretación resulta especialmente importante para comprender el nacimiento posterior de nuevas entidades políticas.

El gobierno puede cambiar de manos sin que el territorio deje de ser una realidad política organizada.

4. Castilla y Aragón todavía no eran lo que posteriormente serían Otra cuestión fundamental consiste en evitar proyectar hacia el año 1035 la realidad política de siglos posteriores.

Castilla todavía era un condado, aunque su importancia política había aumentado enormemente.

Aragón era también un condado, vinculado durante este periodo a la estructura política pamplonesa.

Sobrarbe y Ribagorza constituían asimismo espacios condales con sus propias tradiciones y estructuras.

Por tanto, cuando hablamos de «Castilla» y «Aragón» en tiempos de Sancho III no debemos imaginarlos todavía como los grandes reinos que posteriormente llegarían a ser.

Su transformación posterior fue precisamente consecuencia de un proceso político.

Sancho III había concentrado bajo su autoridad una extraordinaria cantidad de territorios y estructuras políticas. Después de su muerte, algunas de aquellas estructuras comenzaron a adquirir una autonomía cada vez mayor.

La evolución posterior de Castilla y Aragón debe entenderse, por tanto, dentro de ese proceso.

5. Sobrarbe y Ribagorza

La incorporación de Sobrarbe y Ribagorza al ámbito de poder de Sancho III constituye otro elemento fundamental.

Sancho consiguió controlar ambos territorios, incorporándolos a la esfera política que dependía de su autoridad.

Estos condados no eran simples extensiones geográficas sin organización.

Eran espacios políticos con sus propias estructuras de gobierno, comunidades, aristocracias y territorios.

La posterior vinculación de estas tierras con Aragón demuestra precisamente la importancia de distinguir entre la existencia territorial de una comunidad política y la persona concreta que ejercía su gobierno en un determinado momento.

Tras la muerte de Sancho, Gonzalo quedó relacionado con Sobrarbe y Ribagorza y, después de su muerte, estos territorios terminaron vinculándose a Ramiro.

Ese proceso contribuyó decisivamente a la formación territorial del futuro Aragón.

6. La política de Sancho: alianzas antes que destrucción Uno de los aspectos más interesantes de la personalidad política de Sancho III es precisamente su capacidad para construir poder mediante alianzas.

No fue únicamente un rey guerrero.

Su política se apoyó ampliamente en matrimonios, relaciones familiares, pactos, acuerdos territoriales y diplomacia.

Su matrimonio con Muniadona, hija del conde Sancho García de Castilla, tuvo una importancia política extraordinaria.

La relación matrimonial vinculó directamente a la casa pamplonesa con la aristocracia castellana.

Cuando murió García Sánchez de Castilla en 1029, la posición de Muniadona permitió a Sancho ejercer una influencia decisiva sobre Castilla, colocando posteriormente a su hijo Fernando al frente del condado.

Esto demuestra que la expansión política no tenía que producirse necesariamente mediante una conquista militar directa.

Podía producirse mediante derechos dinásticos, alianzas familiares y mecanismos jurídicos de gobierno.

Esta forma de actuar resulta especialmente significativa cuando se compara con la violencia política que aparecerá en las generaciones posteriores.

7. Sancho y Gascuña

Las relaciones con Gascuña constituyen otro ejemplo de esta política exterior.

Sancho III mantuvo estrechos vínculos con Sancho Guillermo de Gascuña, con quien existían además relaciones familiares.

La política de Sancho debe situarse dentro de un espacio político mucho más amplio que las actuales fronteras estatales.

Los Pirineos no constituían una frontera estatal moderna.

Existían relaciones entre Pamplona, Gascuña, Aquitania, el mundo franco y otros territorios.

Sancho participó activamente en ese espacio diplomático.

Su política exterior demuestra que el ámbito de actuación del soberano pamplonés no se limitaba a la Península.

Su poder se desarrollaba dentro de una red política europea en la que participaban reyes, duques, condes, obispos, monasterios y el papado.

8. Las relaciones internacionales y Roma

La dimensión internacional de Sancho III también aparece en sus relaciones con el mundo franco y con Roma.

El rey pamplonés estableció contactos con el papado y favoreció la apertura de sus territorios a las corrientes religiosas y culturales europeas.

Su política se desarrolló, por tanto, dentro de una red internacional en la que participaron diferentes poderes políticos y religiosos.

Esta dimensión europea es esencial para comprender su reinado.

Sancho no estaba construyendo exclusivamente una estructura política continental.

Estaba actuando dentro de una Europa medieval interconectada, donde las relaciones matrimoniales, religiosas y políticas podían tener consecuencias territoriales de enorme importancia.

9. El problema de la muerte de Sancho III

Aquí es necesario separar cuidadosamente lo que dicen las fuentes de lo que posteriormente ha interpretado la historiografía.

La muerte de Sancho III se produjo en 1035.

Las fuentes medievales consultadas coinciden en su fallecimiento y en su enterramiento en Oña. La Crónica Najerense describe su muerte por enfermedad y señala el papel de Fernando en las exequias; la tradición cronística relacionada con el Códice de Roda también confirma el enterramiento en Oña.

El hecho de que una fuente repita o confirme una tradición anterior tampoco convierte automáticamente esa tradición en una prueba independiente.

Existe una cuestión historiográfica acerca de las circunstancias de su muerte y de determinados aspectos anómalos de sus exequias. Algunos historiadores han planteado dudas sobre las circunstancias políticas que rodearon el fallecimiento.

Por ello, la hipótesis de un envenenamiento o una muerte provocada puede plantearse como una hipótesis histórica que merece investigación, especialmente si se localiza un testimonio medieval concreto que la sostenga.

No resulta riguroso presentar actualmente como hecho demostrado que Fernando envenenó a su padre.

Este punto es especialmente importante para el artículo porque una investigación rigurosa no necesita convertir una hipótesis en certeza para mostrar que existen circunstancias históricas que merecen ser investigadas.

10. De la política de alianzas a la violencia dinástica La cuestión adquiere una dimensión diferente después de la muerte de Sancho.

Sus hijos heredaron o asumieron funciones de gobierno sobre territorios que hasta entonces habían quedado integrados en una estructura política dominada por la autoridad de su padre.

A partir de ese momento aparecen conflictos entre hermanos y entre diferentes estructuras políticas.

Bermudo III murió en la batalla de Tamarón, en 1037, durante el conflicto con Fernando.

García III de Pamplona murió posteriormente en la batalla de Atapuerca, en 1054, combatiendo contra las fuerzas de su hermano Fernando.

La muerte de Gonzalo, señor de Sobrarbe y Ribagorza, presenta igualmente tradiciones sobre una muerte violenta, aunque las circunstancias concretas y la eventual responsabilidad de otros protagonistas deben tratarse con cautela.

Por tanto, la formulación académicamente más sólida sería hablar de una sucesión de conflictos y muertes violentas dentro de la generación posterior a Sancho III. Asesinatos personalmente ejecutados o presenciados por Fernando y su hermano Ramiro. Esta última afirmación aparece sin un argumento sólido, por lo tanto no estoy en calidad de afirmarla como documentada ya que no es esa la realidad. Sin embargo hay una realidad de destrucción documental y de esta época no hay datos de ello.

¿Qué transformación política se produjo entre la generación de Sancho III, caracterizada por una intensa política de alianzas, y la generación posterior, marcada por guerras sucesorias, disputas territoriales y muertes violentas?

11. Fernando y la transformación del poder castellano La figura de Fernando resulta especialmente impactante ya que representa una transformación profunda del ejercicio del poder publico: del gobierno de las estructuras políticas del Estado (individualmente, ya que en Nabarra el individuo «nabarra» es la primera pieza de la estructura jurídica y política de la que es parte y representa) hacia una concepción personalista del poder, resumible en la expresión «aquí mando yo».

Fernando comenzó como conde de Castilla, responsabilidad que le otorgó Sancho III, dentro de una estructura política mucho más amplia.

Posteriormente se convirtió en rey de León

La evolución de Castilla desde condado hasta reino constituye uno de los oscuros procesos políticos de la Edad Media peninsular "a la par que el de la transformación del condado de Aragón.

Y esos procesos deben estudiarse en relación con la transformaciónes de las estructuras que habían quedado bajo la hegemonía de Sancho III.

No se trata de afirmar que «Castilla y Aragón nacieron únicamente del crimen».

La cuestión históricamente más interesante es otra: la desaparición de la estructura política estatal defendida y en unos casos construida por Sancho permitió que determinados territorios desarrollaran progresivamente poderes propios, y algunos de esos poderes acabarían convirtiéndose en reinos de gran capacidad expansiva.

Castilla fue uno de ellos.

Aragón fue otro.

12. Aragón y la autonomía progresiva

La evolución de Aragón presenta un proceso semejante.

Ramiro quedó relacionado con Aragón y posteriormente incorporó a su ámbitos de poder Sobrarbe y Ribagorza.

La evolución posterior de su poder fue creando una estructura cada vez más autónoma.

Con el tiempo, Aragón se convirtió en un reino con capacidad propia de expansión.

De este modo puede observarse una paradoja histórica: la gran estructura política construida por Sancho III contribuyó indirectamente a proporcionar los territorios, las estructuras y las dinastías desde las que posteriormente crecerían Castilla y Aragón.

Lo que Sancho había concentrado políticamente no desapareció físicamente con su muerte.

Cambió de manos.

Cambió de centro político.

Y, progresivamente, cambió de estructura.

13. La violencia como instrumento de transformación política La sucesión de conflictos posteriores plantea una cuestión de enorme importancia.

Cuando una estructura política basada en alianzas y relaciones familiares se fragmenta, la disputa por el control de los territorios puede transformarse en una lucha militar.

La generación de Sancho III había utilizado ampliamente: matrimonios;

pactos;

relaciones familiares;

acuerdos territoriales;

vínculos de vasallaje;

diplomacia;

relaciones religiosas;

reconocimiento político.

La generación posterior desarrolló también esos mecanismos, aunque junto a ellos encontramos una creciente utilización de la guerra.

Tamarón.

Atapuerca.

Las disputas por Castilla.

La evolución de Aragón.

La muerte violenta de Gonzalo.

Todos estos acontecimientos muestran un paisaje político diferente.

Por eso puede formularse una hipótesis histórica de gran interés: Sancho III construyó una hegemonía mediante la integración política; sus sucesores comenzaron a disputar esa hegemonía mediante la fragmentación, la guerra y la violencia dinástica.

Esta frase no pretende sustituir el análisis documental.

Pretende resumir un proceso histórico que merece ser estudiado en profundidad.

14. Del espacio político de Sancho III a los futuros reinos La importancia histórica de Sancho III no reside únicamente en la extensión territorial alcanzada durante su reinado.

Reside también en lo que ocurrió después.

Durante su gobierno existía una estructura política en la que distintos territorios podían estar vinculados bajo una misma autoridad sin perder necesariamente sus particularidades.

Después de su muerte, esas estructuras comenzaron a diferenciarse.

Castilla evolucionó hacia un reino.

Aragón evolucionó hacia un reino.

Pamplona continuó su propia trayectoria.

Sobrarbe y Ribagorza quedaron vinculados a Aragón.

Los territorios occidentales quedaron sometidos a diferentes procesos de expansión.

De esta transformación surgiría, siglos después, una configuración política completamente distinta.

Por ello, la historia posterior de Castilla y Aragón no puede comprenderse aisladamente de la gran estructura política existente en tiempos de Sancho III.

15. Sancho VI el Sabio: Con Sancho VI en Nabarra la recuperación territorial vuelve a marcar la diferencia entre el uso de la violencia para atajar asuntos políticos o el uso intrínseco del diálogo y la diplomacia como es costumbre en Nabarra para llegar a un entendimiento y acuerdo mutuo


Sancho VI el Sabio.

Si Sancho III representa uno de los momentos culminantes de la expansión de la hegemonía pamplonesa, Sancho VI representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial y reconstrucción política.

Sancho VI accedió al gobierno en 1150, en un contexto muy diferente.

El espacio político pamplonés había sufrido importantes pérdidas y se encontraba sometido a la presión simultánea de Castilla y Aragón.

Su primera tarea no consistió simplemente en conquistar.

Consistió en reconstruir la capacidad política del reino.

Las relaciones diplomáticas tuvieron nuevamente una importancia extraordinaria.

Sancho VI utilizó alianzas matrimoniales, pactos, treguas, diplomacia y, cuando fue necesario, fuerza militar.

Su matrimonio con Sancha de Castilla lo vinculó directamente con la casa castellana.

También utilizó las relaciones con Aragón para impedir que ambos poderes coordinaran una política de reparto contra Pamplona.

En este sentido, vuelve a aparecer una característica que ya encontramos en Sancho III: la utilización de la diplomacia como instrumento de conservación y recuperación territorial.

16. La gran recuperación de 1162-1163

El momento más espectacular llegó en 1162-1163.

Tras la muerte de Ramón Berenguer IV en 1162 y la minoridad de Alfonso II de Aragón, se abrió un nuevo escenario político.

Sancho VI aprovechó la coyuntura.

En 1162 inició una gran ofensiva hacia el oeste.

En un periodo extraordinariamente corto, sus fuerzas recuperaron importantes territorios occidentales que anteriormente habían estado vinculados al ámbito pamplonés.

Entre las plazas relacionadas con esta ofensiva aparecen Logroño, Navarrete, Entrena, Grañón, Treviana, Miranda de Ebro, Salinas de Añana y Briviesca, además de posiciones en Álava y el Duranguesado.

La magnitud de la operación resulta extraordinaria.

En apenas unos meses, Sancho VI había reconstruido una parte muy importante de la proyección territorial occidental de la monarquía pamplonesa.

Este episodio es fundamental porque demuestra que la pérdida territorial no significaba necesariamente una desaparición política.

Los territorios podían ser recuperados.

Las alianzas podían cambiar.

Las fronteras podían volver a modificarse.

17. Sancho VI y la diplomacia

La política de Sancho VI recuerda en cierto sentido a la de Sancho III.

Ambos comprendieron que el poder no dependía exclusivamente de la guerra.

Sancho VI utilizó:

alianzas matrimoniales;

pactos con otros soberanos;

treguas;

diplomacia internacional;

relaciones con Aragón;

relaciones con Castilla;

fortalecimiento de villas;

concesión de fueros;

organización defensiva.

El fortalecimiento interno fue tan importante como las campañas militares.

Durante su reinado se fundaron y fortalecieron villas y se concedieron fueros que contribuyeron a consolidar la estructura política y económica del reino.

Sancho VI no se limitó a intentar recuperar territorio.

Trabajó también para fortalecer las estructuras políticas capaces de sostener ese territorio.

18. El reconocimiento de la soberanía

Otro aspecto fundamental de Sancho VI fue la transformación de la propia concepción política de la monarquía.

En 1162 comenzó a utilizarse documentalmente el título de rey de Navarra, sustituyendo progresivamente la denominación tradicional de rey de Pamplona.

Este cambio no debe considerarse una cuestión meramente lingüística.

El título expresa también una nueva forma de concebir el espacio político.

La monarquía deja de proyectarse únicamente a través de una ciudad o de una población determinada y se vincula directamente con un territorio político.

Desde la perspectiva de la tesis que estamos desarrollando, este cambio resulta especialmente significativo:

El territorio político no es una propiedad privada del rey; constituye el ámbito institucional sobre el que el rey ejerce su autoridad.

La denominación territorial expresa, de este modo, una realidad política que ya existía en la práctica.

19. La diplomacia frente a Castilla

La recuperación de Sancho VI provocó necesariamente una reacción castellana.

El conflicto desembocó finalmente en el arbitraje de 1177 y en el acuerdo de 1179.

El resultado fue complejo.

Sancho VI tuvo que aceptar importantes pérdidas, aunque consiguió el reconocimiento de determinadas posiciones.

El acuerdo de 1179 estableció una nueva situación fronteriza entre ambos poderes.

La recuperación de 1162-1163, por tanto, no terminó convirtiéndose en una recuperación permanente de todos los territorios.

Aun así, el episodio demuestra la capacidad de Sancho VI para alterar en muy poco tiempo el equilibrio territorial de la Península.

La posterior presión castellana volvió a modificar el mapa.

La capacidad de recuperación, sin embargo, había quedado demostrada.

20. Sancho III y Sancho VI: dos grandes momentos de expansión y recuperación La comparación entre ambos reyes resulta especialmente interesante.

Sancho III el Mayor representa la máxima expansión de la hegemonía pamplonesa.

Durante su reinado, el poder de Pamplona llegó a abarcar o controlar políticamente un espacio extraordinariamente amplio, desde Castilla hasta Aragón y Ribagorza, con una influencia que se proyectaba hacia otros territorios pirenaicos y ultrapirenaicos.

Sancho VI el Sabio, varios siglos después, representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial de la historia posterior de Nabarra.

En 1162-1163 recuperó rápidamente una parte sustancial de los territorios occidentales que habían pertenecido anteriormente al ámbito pamplonés.

La diferencia entre ambos es importante.

Sancho III construye y concentra una hegemonía.

Sancho VI reconstruye y recupera una estructura territorial que había sufrido importantes pérdidas.

En ambos casos, sin embargo, aparece una característica común: la combinación de fuerza, diplomacia, alianzas y organización política.

21. Una misma tradición política

Desde esta perspectiva, Sancho III y Sancho VI pueden ser estudiados como dos grandes momentos de una misma tradición política.

Sancho III demuestra que la autoridad pamplonesa podía proyectarse sobre un territorio muy amplio mediante alianzas, vínculos familiares y gobierno territorial.

Sancho VI demuestra que, incluso después de las pérdidas y transformaciones políticas posteriores, aquella tradición podía reconstruirse mediante una combinación de diplomacia, organización territorial y acción militar.

Ambos reyes comprendieron algo esencial:

El territorio no se conserva únicamente mediante la guerra; se conserva mediante instituciones, alianzas, derecho, administración y capacidad política.

Y precisamente aquí aparece una diferencia esencial respecto de una concepción puramente patrimonial del poder.

El territorio político no existe porque el rey lo posea como una propiedad particular.

El rey ejerce su autoridad porque existe una estructura política sobre la que gobierna.

22. Conclusión

La historia de Sancho III el Mayor no debe reducirse a la imagen de un monarca que «repartió su reino entre sus hijos».

Su reinado representa mucho más.

Representa la conservación, defensa y reconstrucción de una gran estructura política en la que convivían diferentes territorios, condados, valles, villas, comunidades e instituciones bajo una autoridad regia común.

Cuando Sancho murió, aquellas realidades territoriales no desaparecieron.

Continuaron existiendo.

Lo que cambió fueron las personas y las estructuras encargadas de su gobierno.

De ahí surgió una transformación histórica de enormes consecuencias.

Castilla, todavía condado en tiempos de Sancho III, acabaría convirtiéndose en un poderoso reino.

Aragón, igualmente condado, evolucionaría hasta convertirse en otro gran reino.

Pamplona mantendría su propia continuidad política y posteriormente adoptaría documentalmente la denominación territorial de Navarra.

Los territorios que habían formado parte de aquella gran estructura serían objeto durante siglos de nuevas disputas, alianzas, guerras y reorganizaciones.

La generación posterior a Sancho III muestra además un incremento de la violencia política. Las muertes de Bermudo III, Gonzalo y García III deben estudiarse individualmente y con el máximo rigor documental. No todas pueden ser calificadas como asesinatos personalmente ejecutados por Fernando.

Sin embargo, la sucesión de conflictos, guerras y muertes violentas constituye un elemento histórico que no puede ignorarse.

Frente a esa dinámica, la figura de Sancho III aparece especialmente vinculada a una política de alianzas, matrimonios, pactos, diplomacia y construcción de hegemonía.

Y siglos después vuelve a aparecer una figura que recupera parte de aquella capacidad: Sancho VI el Sabio.

Entre 1162 y 1163, en apenas unos meses, consiguió recuperar una parte extraordinariamente importante de los territorios occidentales que habían pertenecido al ámbito pamplonés. Posteriormente, mediante diplomacia, alianzas y organización institucional, sostuvo la posición del reino frente a Castilla y Aragón.

Por ello, puede afirmarse con seguridad que Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio constituyen dos de los momentos más importantes de expansión y recuperación territorial de la historia política de Nabarra.

Conviene mantener el rigor y no afirmar, sin una comparación cuantitativa de todos los reinados, que fueron necesariamente «los dos reyes que más territorio recuperaron» en términos absolutos.

Lo que sí puede afirmarse es que existe una diferencia histórica extraordinariamente significativa entre ambos:

Sancho III llevó la hegemonía pamplonesa a una de sus máximas extensiones territoriales y políticas; Sancho VI protagonizó, siglos después, una recuperación territorial extraordinariamente rápida, especialmente durante 1162-1163, antes de que la presión castellana volviera a modificar el mapa.

Y entre ambos existe una continuidad política fundamental: Sancho III construyó una gran estructura territorial mediante alianzas, gobierno y diplomacia; Sancho VI demostró, siglos después, que aquella estructura política podía volver a recuperar una parte considerable de su territorio mediante la combinación de diplomacia, derecho, alianzas, organización institucional y fuerza.

La historia de Nabarra, por tanto, no puede entenderse únicamente como una sucesión de conquistas y derrotas.

Debe entenderse como la historia de una estructura política que cambia de forma, pierde territorios, los recupera, reorganiza sus instituciones y vuelve a disputar su soberanía.

Y precisamente por eso, Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio son dos figuras fundamentales para comprender la continuidad histórica de esa estructura política.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/sancho-iii-el-mayor-sancho-vi-el-sabio-y-la-transformacion-de-las-estructuras-politicas-nabarras


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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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