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2026/02/08

La muerte del mariscal de Nabarra

 

La muerte del mariscal de Nabarra

Iñigo Saldise Alda

El pasado 2o de diciembre del año 2025, en el Diario de Noticias, apareció un artículo del historiador, sociólogo y archivero Peio J. Monteano Sorbet, que llevaba por título La muerte del mariscal de Navarra en 1522. En dicho escrito, su autor, nos deja bien claro la tesis de que Pedro de Nabarra y Lacarra, mariscal de Nabarra, se suicidó en el castillo de Simancas, lugar donde estaba preso por orden del emperador Carlos I de España y V de Alemania, conocido como el Cesar.

Yo, un simple investigador sin ningún tipo de estudios en las materias de historia y sociología, dicho sea esto de antemano, soy reacio a creer que el patriota nabarro por excelencia, Pedro de Nabarra y Lacarra, se quitara la vida, ya que a mi limitado entender, dicha muerte solo beneficiaba a los invasores españoles, pues no olvidemos que cuatro años antes de su muerte, ante el requerimiento para su liberación de un obligado juramento de lealtad hacia Carlos I de España, el mariscal de Nabarra cortesmente, se negó a ello de la siguiente manera:

Una vez más suplico, con toda humildad posible a su Majestad, se sirva demostrar conmigo la magnificencia que ha de esperarse de semejante Majestad, devolviéndome la libertad entera y el permiso de ir servir a quien estoy obligado. La fidelidad, la limpieza que su Alteza quiere y estima de sus servidores, yo podré guardarla a los míos, y por ello me tornaré cautivo y esclavo de su servicio.”

Es cierto que los que apoyamos la hipótesis de Pedro de Nabarra y Lacarra fue asesinado por orden el Cesar español, carecemos de escritos contemporáneos a la muerte del mariscal de Nabarra, en los cuales sustentar la tesis del asesinato, pero la teoría del suicidio está basada en escritos y comentarios, como por ejemplo el llevado a cabo por el embajador de Austria que menciona Peio J. Monteano Sorbet, que ciertamente solo beneficiaban a los españoles, ya que el supuesto suicidio de patriota nabarro por excelencia minaría la moral de los combatientes legitimistas nabarros, ocultando de paso ese atroz crimen. Pero de ser suicidio, habría que saber y conocer que torturas sicológicas sufrió nuestro noble mariscal nabarro.

También para sustentar la teoría del suicidio, se menciona a Ramírez de la Piscina, al cual lo titula como nabarro y para más inri, agramontés. Yo tengo una hipótesis diferente sobre el origen de Diego Ramírez de Ávalos de la Piscina. Concretamente creo que nació en la Rioja en el año 1495, estando ya esta comarca vascona bajo control político-militar del Reino de España (Reino de Castilla y León en el año 1461). Además nos dice Peio J. Monteano Sorbet que en sus crónicas no hace mención alguna al asesinato de mariscal de Nabarra. Bien, ciertamente habría sido un acción muy estúpida por parte de Ramírez de la Piscina exponer el asesinato de Pedro de Nabarra y Lacarra en su obra, siendo el que ordenó dicho asesinato la misma persona a la cual iba dedicada la obra del año 1534, el emperador de Sacro Imperio Romano Germánico, es decir Carlos I de España y V de Alemania.

Al parecer, yo todavía no he tenido acceso a ello, si hizo referencia al supuesto suicidio un historiador y genealogista español, nacido en el año 1533 en la villa de Arrasate-Mondragón, sita en la comarca de Gipuzkoa-Guipuzcoa, Esteban de Garibay y Zamalloa. Dicha afirmación es llevada a cabo en el año 1571, sirviendo, en mi humilde opinión, realmente para acomplejar a los nabarros surpirenaicos que todavía querían volver a ser independientes y además, cuando todavía existía la referencia estatal el Reino de Nabarra, soberano e independiente, al norte del Pirineo.

Por eso, yo soy más de las tesis del jesuita y cronista navarro, nacido concretamente en Biana en el año 1634, Francisco de Alesón, y del relato anónimo que se hace referencia en el escrito de Peio J. Monteano Sorbet Por ello soy más seguidor del artículo del historiador, profesor y político Joseba Asiron Sáez en su escrito del día 6 de diciembre del año 2025 Mariscal de Navarra, donde nos indica que la tesis del asesinato ya era apoyada por el jesuita y cronista navarro José Moret Mendi nacido en Iruñea-Pamplona en el año 1615, y por el abogado y político Arturo Campión Jaimebon, también nacido en Iruñea-Pamplona en el año 1854.

Dicho esto, agradecer a Peio J. Monteano Sorbet su dedicación a la historia de Nabarra, especialmente al apartado que lleva desde 1512 a 1529 y animarte a seguir con esta ardua tarea pues en mi encontrarás a un entregado comprador y lector de tus obras. Aprovecho también este misma faena para felicitar y reconocer a Joseba Asiron Sáez por sus diversos trabajos, especialmente los encuadrados en Vidas ejemplares, publicados por Diario de Noticias y recopilados por la editorial Txalaparta. Gracias a todos de parte de este sencillo electricista, lector empedernido y amante de la historia política del Estado de Nabarra, siendo sencillamente un simple aprendiz en tan importante materia.

Escrito Peio J. Monteano Sorbet:

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2025/12/20/muerte-mariscal-navarra-1522-10495282.html

La muerte del mariscal de Navarra en 1522

Peio J. Monteano Sorbet

En una publicación reciente se incluye la biografía del mariscal Pedro de Navarra, un protagonista de la conquista que fue ejemplo de integridad personal y de fidelidad a los reyes de Navarra. En ella, el autor se sorprende porque algunos historiadores navarros, entre los que me incluyo, “hayan secundado de forma acrítica la teoría del suicidio” como causa de su muerte. Y es que, creo, cinco siglos después parte de la historiografía navarra se resiste a discernir el cómo fueron las cosas del cómo le hubiera gustado que fueran y se aferra a que se trató de “un crimen de estado”.

El lunes 24 de noviembre de 1522, hacia las ocho de la mañana, sus criados encontraban agonizando a Pedro de Navarra. El mariscal y máximo mando militar del reino había caído preso en Isaba en marzo de 1516 y, tras dos años encerrado en el castillo de Atienza, había sido llevado al de Simancas (Valladolid). Aquella mañana el alcaide del castillo, “espantado” según decía, hizo levantar una minuciosa acta judicial para que al emperador Carlos V “y en todo tiempo y lugar pueda constar la verdad y ante toda persona” lo ocurrido. Según se dice en ella, el navarro aún tenía pulso cuando lo encontraron, estaba semivestido sobre su cama y parecía haberse desangrado por dos profundos cortes en el cuello y en el antebrazo izquierdo. Ningún signo de violencia. Al lado se encontró un pequeño cuchillo de los que se usaban para afilar las plumas de escribir y también el testamento escrito de su mano.

Se interrogó también a los criados que asistían al mariscal, porque la prisión era muy liviana, bajo palabra de no escapar. Nada de grilletes ni rejas. La mayoría eran navarros: su confesor Miguel de Arróniz, su paje Pedro de Vergara y sus criados Felipe de Vergara y un tal Charles. Desde hacía cuatro años, también un secretario llamado Pedro de Frías, que era quien dormía en la misma cámara que el mariscal. A preguntas del juez, Frías declaró que el mariscal lo había enviado a buscar a otro criado mientras su paje Vergara, por orden del noble, permanecía en una sala contigua. Este aseguraba que en el dormitorio no había entrado nadie. Todos coincidieron en que el mariscal llevaba dos meses sumido en una profunda desesperación. Estaba obsesionado con que le querían matar.

Un silencio atronador

La noticia llegó esa misma mañana a la corte de Valladolid. El embajador austríaco es el único que se hizo eco de la muerte del mariscal confirmando su suicidio y calificando de “desastre” el hecho. “Ser en cualquier cristiano es de doler, cuánto más en semejante persona”, escribe. El resto fue un silencio absoluto. Ni por parte de los poderosísimos nobles castellanos, el duque de Alburquerque, cuñado del navarro, y el condestable Velasco, el hombre fuerte de Castilla, su aliado y protector. Tampoco sus seguidores agramonteses ni su familia dijeron nada. Los defensores del crimen de estado aducen que fue por miedo a las represalias. Pero tampoco entre quienes estaban a salvo de ellas o los enemigos capitales del emperador encontramos nada. El primogénito del mariscal nunca denunció la muerte de su padre y eso que estaba luchando contra el emperador junto con sus aliados franceses. Tampoco otros exiliados en Francia como Sancho de Yesa, administrador del mariscal, o Bertol del Bayo, su abogado y embajador.

Llamativo es también el silencio en las cortes europeas. Ni siquiera el rey de Francia se refirió a la muerte del mariscal. Y eso que en todas las negociaciones diplomáticas –las últimas en Calais, un año antes– había puesto como condición para la paz la liberación del navarro. Francisco I, que tenía presos a varios eclesiásticos españoles para canjearlos por el mariscal, se limitó a liberarlos.

¿Y los cronistas? En 1534, el navarro Ramírez de la Piscina sólo escribió que el mariscal murió en Simancas. Punto. Y eso que era agramontés. Tendrá que ser el guipuzcoano Garbibay quien en 1571 diga que “era pública fama (cierta o incierta) que se mató a sí mismo”. Así que tendremos que esperar al siglo XVIII para que el navarro Alesón le rebatiera muy tímidamente echando mano de un ambiguo relato anónimo.

¿Quién podía buscar la muerte del Mariscal? Esta se produce a finales de 1522, cuando Carlos V tiene ya bajo control la situación político-militar que había sido muy delicada en los dos últimos años. Los comuneros, sometidos; los legitimistas navarros, derrotados; Francia, en bancarrota y a punto de ser invadida por españoles e ingleses.

El mariscal de Navarra contaba entre la nobleza castellana con muy poderosos aliados. Gracias a su mediación, el propio rey de España había ordenado su liberación en 1516, aunque tuvo que echar marcha atrás por la frontal oposición de su Consejo Real. En todas las negociaciones diplomáticas Francia no se cansaba de exigir la liberación del navarro. Francisco I intentó conseguirla incluso por la fuerza en el otoño de 1520. Primero, enviando al ingeniero Pedro Navarro, conde de Oliveto, para minar la fortaleza. Al no poder hacerlo, con sus aliados comuneros cuando estos tomaron Tordesillas. También Lesparré tendría orden de liberarlo al penetrar con su ejército en Castilla en junio de 1521. Los españoles sabían todo esto, pero nadie osó tocar al mariscal don Pedro.

La mácula del suicidio

Así pues, un historiador objetivo, riguroso y crítico debe concluir que no existen argumentos históricos para rebatir el relato de que el mariscal de Navarra se suicidó. Todo en él parece coherente: las heridas, las circunstancias, los testimonios (Felipe de Vergara servía al mariscal desde hacía 23 años) y, sobre todo, el silencio sepulcral de su familia, amigos, seguidores y aliados. Tampoco sabemos nada del funeral del mariscal, de dónde fue enterrado ni del contenido de su testamento.

El silencio sería la lógica reacción al suicidio de un noble de tan alto rango. Para la sociedad europea de la época suponía una mácula para el linaje. La Iglesia, el suicida se condenaba. La Corona confiscaba sus bienes. Así es comprensible ese silencio atronador que hallamos en las fuentes históricas. La idea de un “asesinato de Estado bien planeado” carece de soporte documental y no surgirá claramente hasta el siglo XIX entre unos historiadores navarros profundamente católicos y ya inmersos en una historiografía plenamente romántica. Para los historiadores actuales, a la vista de un análisis crítico de las fuentes y del contexto histórico, la tesis de la muerte por suicidio del mariscal de Navarra es la más plausible. Que no sea la que más guste a algunos es ya otro tema.

Escrito Joseba Asiron Sáez:

https://www.noticiasdenavarra.com/pamplona/2025/12/06/mariscal-navarra-10442545.html

Mariscal de Navarra

Joseba Asiron

Don Pedro de Navarra corporeiza la resistencia ante el invasor de 1512, así como la lealtad hasta la muerte a una única y auténtica patria: Navarra.

La familia de los Navarra descendía de los reyes navarros por vía bastarda, razón por la cual ostentaban un apellido tan especial y distinguido. Y es que años atrás, en 1378 y tras enviudar de la reina Juana, el rey Carlos II había tenido un hijo extramatrimonial con la joven Catalina de Lizaso, dándole el nombre de Leonel de Navarra, primero de su linaje. Contrariamente a lo que pudiera pensarse hoy, ser hijo ilegítimo del rey de Navarra se consideraba un gran honor en su tiempo, y suponía ingresar en la familia real como hermano natural de Carlos III. Gracias a ello Leonel logró grandes distinciones, fue el primer vizconde de Muruzabal, y un hijo suyo, Felipe de Navarra, fue ya mariscal del reino. El mariscal era la tercera dignidad de Navarra, tan solo por detrás del rey y del Condestable, y suponía en la práctica la jefatura del ejército.

Nuestro protagonista nació probablemente en Tafalla, hacia 1454, hijo del mariscal Pedro de Navarra y Peralta, y de una noble llamada Inés Enríquez de Lacarra. A tenor de su posterior carrera diplomática es seguro que recibió una esmerada educación, incluyendo varios idiomas y el conocimiento de las normas cortesanas. Su padre murió en 1471, víctima de una emboscada tendida por sus enemigos los Beaumont en las calles de Pamplona. Heredó entonces la mariscalía su hijo mayor Felipe, que sería igualmente asesinado por los Beaumont en 1480, y entonces fue su hermano, nuestro protagonista de hoy, quien se convirtió en el sexto mariscal del reino. Situado en lo más alto de la nobleza navarra, Pedro fue armado caballero en la catedral de Pamplona, en presencia del rey, el 9 de diciembre de 1481. Se casó en 1498 con Mayor de la Cueva, hija del castellano duque de Alburquerque, con quien tuvo dos hijos llamados Pedro (futuro mariscal) y Juana. Antes, todavía soltero, había tenido un hijo natural con una mujer de la tafallesa familia Hualde, a quien dio el nombre de Francisco de Navarra, que llegaría a ser prior de Roncesvalles y obispo de Ciudad Rodrigo, Badajoz y Valencia. En cuanto a su labor como mariscal diremos que, apagadas las guerras civiles para 1507, y derrotados los pro castellanos Beaumont por la reina Catalina y su marido Juan de Albret, a Pedro de Navarra le tocó gestionar los difíciles años de la conquista española. Y se convirtió en la persona de mayor confianza de la corona, obteniendo un prestigio enorme por sus dotes militares y diplomáticas.

La conquista de 1512

Antes incluso de que se desatara la conquista, el propio mariscal encabezó la delegación navarra que marchó a Castilla para negociar con Fernando el Católico (cfr. el Falsario), siendo acompañado por Juan de Jaso, padre de San Francisco Javier. Desatadas las hostilidades, él en persona encabezó la famosa carga de la caballería navarra que fue masacrada ante las murallas de Pamplona, el 27 de noviembre de 1512. Tras la ocupación del reino, no solo rechazó el ofrecimiento de ponerse al servicio de los españoles, sino que marchó a Italia a luchar contra ellos, participando junto a los franceses en la victoriosa batalla de Marignano (1515), a las órdenes de otro navarro, Pedro Navarro, conde de Oliveto. Desempeñó además una intensa labor diplomática, en París, en la corte flamenca de la Haya y ante el mismísimo Papa, buscando apoyos para la causa navarra. Y cuando se inició el segundo intento de reconquista, en marzo de 1516, se puso de nuevo al frente de las tropas navarras. Como se sabe, aquella intentona fracasó a causa de la falta de apoyo francés, de la consiguiente inferioridad numérica, y de un temporal de nieve que causó, en pocos días, más de cien muertos. Pedro de Navarra cayó prisionero de los españoles en Isaba, el 22 de marzo de 1516. Conducido a Castilla entre fuertes medidas de seguridad, sabemos que al pasar por Estella gentes del pueblo salían al camino para besar sus manos atadas, en señal de respeto y lealtad. Pedro y sus capitanes fueron encerrados en la torre del castillo de Atienza (Guadalajara), bajo durísimas condiciones, cargados de grilletes y en mazmorras cerradas bajo tres puertas y cuatro cerraduras.

Con el paso del tiempo, el mariscal fue trasladado de Atienza al castillo de Simancas (Valladolid), su destino definitivo. Según la documentación, en marzo de 1520 Carlos I de España y V de Alemania mandó que lo llevaran a su presencia, y al igual que ya antes había hecho su antecesor el Falsario, le ofreció pasarse a su servicio, con la promesa de liberarlo y restituirle todos sus bienes. Pedro de Navarra rehusó enérgicamente, diciendo al todopoderoso emperador que no podía prestarle juramento “porque no era español ni súbdito de la casa de Castilla”, añadiendo además que “jamás renegaría de su patria”. Esta respuesta es, todavía hoy, toda una lección para quienes han sugerido que la conquista de Navarra fue un mero cambio de dinastía, y que para las gentes de Navarra supuso únicamente cambiar a unos dueños por otros.

Un crimen de Estado

Mientras todo esto ocurría, la guerra de Navarra seguía su curso y, tras los frustrados intentos de reconquista de 1512 y 1516, los navarros estaban preparando la última tentativa de 1521, que culminaría con la desastrosa batalla de Noain y el posterior asedio al castillo de Amaiur. Escenarios en los que, por razones obvias, el mariscal no podría ya participar. A pesar de ello, parece ser que el viejo soldado se mantenía al corriente de todo y que, ayudado por los pajes y ayudantes que se encontraban allí con él, lograba pasar instrucciones a quienes seguían en la lucha. Y esto era más de lo que el cruel emperador estaba dispuesto a soportar. Por ello, tras la batalla de Noain el 30 de junio de 1521, el aplastamiento de los últimos núcleos de resistencia en septiembre de aquel año, y la toma de Amaiur en julio de 1522, Carlos I de España se dispuso a ajustar cuentas con los prisioneros que tenía en su poder. Aquel mismo verano fueron asesinados en su celda de Pamplona los héroes de Amaiur, el alcaide Jaime Bélaz y su hijo Luis, y el 14 de agosto un compañero de prisión del mariscal, el comunero Pedro Maldonado, fue ejecutado por orden expresa del rey. Parece ser que esta muerte impresionó profundamente al mariscal, convencido de que también a él le iba a llegar su momento. A partir de entonces su mayor obsesión fue poner sus asuntos en orden y “morir como un buen cristiano”.

Pedro de Navarra y Lacarra fue hallado muerto en su celda el 22 de noviembre de 1522. Lo encontraron bañado en sangre, con una cuchillada, dada de punta, que le atravesaba el cuello de derecha a izquierda, seccionándole la tráquea. Una segunda herida, encontrada bajo la ropa a la altura del codo izquierdo, parece ser la prueba clara de un forcejeo. Al igual que ocurriría poco después con el sublevado conde de Salvatierra, asesinado en su celda de Burgos, las autoridades españolas intentaron vender este asesinato como un suicidio. No obstante, aquello chocaba frontalmente con la decisión del mariscal de “morir como un buen cristiano”, ya que la doctrina cristiana consideraba el suicidio un pecado mortal, castigado con el fuego eterno. De hecho, historiadores navarros clásicos como el Padre Moret y Arturo Campión no dudaron de que se trató de un crimen de Estado. Por ello sorprende que algunos historiadores navarros actuales hayan secundado de forma acrítica la teoría del suicidio, sin más pruebas que los testimonios de sus carceleros y los de algunos testigos que declararon bajo evidente presión. Tras su muerte, el mariscal Pedro fue trasladado a Navarra, y enterrado junto a sus antepasados en la cripta de la iglesia de San Pedro de la Rúa de Estella. En 2010, en el transcurso de las obras de restauración de la iglesia, la cripta de los mariscales fue redescubierta, y aunque se anunció que iba a ser abierta para su estudio, lo que allí se encontró nunca ha sido dado a conocer. Y es que la sombra de los asesinos de Simancas todavía campea sobre Navarra. Mientras tanto, en Pamplona, en la ciudad que glorifica a su enemigo Íñigo de Loyola, en la capital del país que Pedro de Navarra defendió hasta la muerte, ni un solo monumento, estatua, placa, calle o plaza recuerda su extraordinaria historia. Una deuda pendiente y una herida que, quinientos años después, sigue sangrando.





2026/02/06

Estamos colonizados

 


Estamos colonizados

Iñigo Saldise Alda

Son muchos los nabarros y las nabarras que se molestan cuando escuchan a otros conciudadanos decir que somos un Pueblo colonizado, una Nación subordinada por las acciones políticas impuestas por el Reino de España y por la República de Francia. Esta colonización es la principal causa de tanta inestabilidad económica existente en todos los territorios pertenecientes legítimamente al Estado de Nabarra, divididos y fragmentados por las violentas acciones militares provenientes de las metrópolis de Madrid y París.

Pues siento decirles a todos mis compatriotas de nuevo, que indudablemente esta colonización mental, política y física es tristemente verdad. Si nos remitimos a los exigidos términos históricos, políticos, jurídicos y económicos, no hay duda alguna. Estos términos nos indican, a día de hoy, que no tenemos poder alguno sobre nuestro presente y futuro, pues estamos sometidos a los designios sociopolíticos de dos férreos imperios. Pero el estar sojuzgado no tiene porqué conllevar que tengamos que pensar y actuar como unos colonizados, meros esclavos de los proyectos de la borágine imperial española y francesa, de indudable carácter racista contra lo vasco(n) y con grandes atisbos de índole ciertamente fascistoide.

En nuestro País, en nuestra tierra, hay mucho más que miles de personas con mentalidad y forma de actuar colonizada. Es más, muchos de ellos gobiernan y dirigen a nuestra Nación cumplimentando las necesidades de sus dueños, esos que deciden desde las capitales de los imperios de España y de Francia.

Pero por otro lado, si abrimos los ojos y nuestras mentes a la realidad política y social que padecemos, el vernos como un Pueblo colonizado nos sirve para tener una visión más concreta y correcta de nuestro sometimiento, el cual ha anquilosado siempre nuestro desarrollo conceptual como gentes en paz, libertad e independencia.

Los mal llamados proceso de integración, como por ejemplo la supuesta Ley Paccionada, solo demuestran la continuada perdida de libertades de los nabarros y de las nabarras, causadas por las violentas, sanguinarias e ilegales manos tiránicas de los españoles y también de los franceses. Al carecer de libertad, nuestra historia soberana ha sido secuestrada, casi anulada, lo que nos ha llevado a tener una historia impuesta desde Madrid y desde París. Dicha historia ajena o mejor dicho impuesta contra toda voluntad a los nabarros y a las nabarras, ha provocado el surgimiento de diferentes movimientos libertarios, muchos de ellos que el paso del tiempo han demostrado que estaban equivocados o que han resultado erróneos, al olvidar de nuestra memoria colectiva nuestra realidad histórica en independencia y libertad, centrada en la existencia del Reino o Estado de Nabarra, que tras la pérdida de su soberanía a ambos lados del Pirineo, ha sido ocultada y transformada a bases de estudiadas mentiras llevadas a cabo por los imperialistas, por los colonos, por los colonizadores y por los despóticos agentes histórico-político-militares de España y de Francia.

Con ello, así pues, solo mediante la interiorización de nuestro flagrante e hiriente estatus actual de colonizados y con el necesario reconocimiento de nuestro verdadero sujeto histórico político, el Estado de Nabarra, podremos así activar nuestra necesaria descolonización mental, política y física, que a la postre nos servirá para la recuperación plena de todas las libertades de nuestra reconocida como humanista entidad nacional, siendo con ello un ejemplo de una sociedad pacífica, solidaria, acogedora, respetuosa,… que estaba y ciertamente está predestinada a asombrar al resto del Mundo.


2026/01/29

1025-2025: Nafarroa, historiatik ezabatutako protagonista

 

Eneko del Castillo
1025-2025: Nafarroa, historiatik ezabatutako protagonista

Iñigo larramendi, ekonomialaria

2025. urte amaitu berrian, gaurko euskal lurraldeen izenekin lotutako bi milurteko bete ziren. Izan ere, 1025ean agertu zen, lehenengo aldiz, «Ipuscua» izena Aragoiko San Juan de la Peñako monastegiko agiri batean. Eta urte berean, gaurko Errioxako (orduan, Naiara) Donemiliagako Goldea delakoan, Arabako hainbat herriren izenak lehenengo aldiz aipatuak izan ziren idatzi batean, hala nola «Gastehiz», «Adurzaha» edo «Hagurahin». Hau dela eta, hainbat ekitaldi ospatu ziren urtean zehar, bi milurte hauek oroitzeko. Eskertzekoa da oroimen ariketa hori, baina... nola kontatu zaigu?

Gipuzkoan, gertakizun hau oroitzeko erakusketa bat antolatu zuten urtearen lehen seihilekoan, Donostiako San Telmo museoan. Erakusketa horretan, 1025eko agiriaren testuingurua azaltzeko, «lurralde lausoa», «mugatu gabeko lurraldea» edo lurralde horretako haranak «erregeek errentak biltzeko [...] banaketa administratiboak» zirela esaten zen. Mapetan ere gaurko Gipuzkoaren mapa bat erabiltzen zen.

Baina... lurralde hori, non zegoen? Gune independientea al zen? Zergatik agertzen da Aragoiko agiri batean? Zein erregek biltzen zituen errenta horiek? Behin bakarrik aipatzen da «Iruñeko Antso III.a Nagusiaren erregealdian» izan zela... baina ez da besterik azaltzen. Ondorengo ekitaldi batzuetan, zorionez, Nafarroari aipamenen bat egin zitzaion, baina nahiko modu soltean.

Jauzi dezagun Arabara. Bertan, erakusketa ibilitari bat eta liburuxka bat egin ziren udazkenean, «De ferro de Alaua» izenburuarekin. XI. mendeko Araba deskribatzeko, lurralde hori «Ekialderantz, Nafarroaraino iristen zen [zela]» esaten da: ez omen zegoen, beraz, Nafarroaren barruan. «Herri sare trinko bat» zela esaten da, baina beste behin ere, ez da besterik aipatzen. Hau ere lurralde independiente al zen? Zergatik agertu zen gaurko Errioxako monastegi batean? Gero «Iruñeko erregeek [...] Arabako lurraldean nagusitasuna sendotzen saiatu ziren [zirela]» eta «Iberiar penintsulako erresuma kristauen sendotze eta hedatze prozesuan [...] funtsezko eginkizuna izan zuten [zutela] San Juan de la Peña [...] Donemiliaga bezalako monasterioek» esaten da. Dena oso orokorra, eta Iruñea-Nafarroa ia-ia aipatu gabe.

Amaitzeko, "Arabako Alea" aldizkarian irailaren 12an agertutako "Gastehiz, 1025: izan zirelako..." artikuluan «garaiko monasterio garrantzitsu guztiak Errioxan zeuden [zeudela], Euskadin ez zegoen bat bera ere» aipatzen da. Iruñea-Nafarroaren aipamen bakar bat ere ez artikulu luze osoan, baina bai gaurko EAE-Euskadi nahiz Errioxarena. Harrigarria.

Inork ulertuko al luke Ponpeiara joatea eta Erromatar Inperioaren aipamen bakar bat ere ez entzutea? Edo Gizako Piramideak ikustera joatea, eta Egiptoko Faraioak ia aipatu ere ez egitea? Ba horixe bera da gurean egiten dena, inolako harridurarik gabe: testuinguruaren desitxuratzea, subjektu historikoa ezkutatzeko.

Izan ere, ezin dira bi aipamen horiek ulertu Iruñeko/Nafarroako Erresuma aintzat hartu gabe. Horixe baita haien testuingurua: Errioxa, Euskadi... ez ziren existitzen, eta Araba, Gipuzkoa, Aragoi... ez ziren gaurko lurralde historikoak, Iruñeko Erresumaren barruko eskualdeak baizik, hortaz haien arteko lotura. Orduko «Iruñea» edo «Nafarroa» ere ez zen gaurko Nafarroako Foru Komunitatea. Ez da kasualitatea Antso «Nagusia» bere Erresuma zabala antolatzen ari zen garaian aipamen hauek denak batera agertzea.

Gogoratu behar da garai berean ere Lapurdi eta Zuberoako bizkonderrien lehenengo aipamenak agertzen direla, Antso «Nagusia» eta Baskoniako konderriaren (gure historiatik ezabatutako beste protagonista bat...) arteko harremanen ondorioz. Baina, beste behin ere, gure batasun historikoa aldarrikatu ordez, gure zatiketa ospatzen dugu.

Eta zergatik egiten da hori? Kazetari edo jende xehearen aldetik, ezjakintasunagatik, ziurenik. Erakundeen eta unibertsitateen aldetik, aldiz... norberak bere hausnarketa egin dezala. Dena dela ere, zientziaren ikuspuntutik, onartezina da presentismotik eta lurralde historikoen betikotasuna bezalako mitoetatik gure historia azaltzea.

Euskalgintzak hari oker horri hain erraz eta hertsiki jarraitzea ere zer pentsatu ematen du: hizkuntza bat ez da soilik gramatika bat, geure buruaren ikuskera bat, marko mental bat ere izan behar du.

Milan Kundera pentsalari txekiarrak aipatzen zuen bezala, «nazioak akabatzeko, beste ezer baino lehenago, memoria kendu egiten zaie [...] eta beste historia bat asmatu». Memorizidioa da konkista eta asimilazio prozesu guztietako azken urratsa. Eta horretan gaude...

Nafarroa gure memoria da, gure duintasunaren eta etorkizunaren jabe izateko ezinbesteko protagonista. Ez dezagun ahaztu.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/1025-2025-nafarroa-historiatik-ezabatutako-protagonista

1025-2025: Navarra, la protagonista borrada de la Historia

Iñigo Larramendi

En 1025 apareció por primera vez el nombre de Ipuscua, en un documento del monasterio aragonés de San Juan de la Peña. Y ese mismo año, en la llamada Reja de San Millán del monasterio del mismo nombre situado en la actual La Rioja (entonces, Nájera), se citaron por primera vez en un escrito los nombres de pueblos alaveses como Gastehiz, Adurzaha o Hagurahin. Con este motivo, durante 2025 se celebraron diversos actos conmemorativos de estos dos milenios. Es de agradecer ese ejercicio de memoria, pero... ¿Cómo se nos ha contado?

En Gipuzkoa, durante el primer semestre del año se organizó una exposición conmemorativa de este acontecimiento en el museo San Telmo de San Sebastián. En esta exposición, para explicar el contexto del documento de 1025, se decía que era “un territorio difuso”, un “territorio no definido”, o que los valles de ese territorio eran “divisiones administrativas para la recaudación de rentas por los reyes”. En los mapas incluso se utilizaba un mapa de la Gipuzkoa actual.

Pero... ese territorio, ¿Dónde estaba? ¿Era un núcleo independiente? ¿Por qué apareció en un documento aragonés? ¿Qué rey recaudaba esas rentas? Sólo una vez se mencionaba que fue “durante el reinado de Sancho III el Mayor de Pamplona”... pero no se explica nada más. En algunos eventos posteriores, afortunadamente, se hizo alguna mención a Navarra, pero de forma bastante aislada.

Pasemos a Álava. Aquí en otoño se realizaron una exposición itinerante y un folleto con el título De ferro de alaua. Para describir la Álava del siglo XI, se dice que este territorio “llegaba hacia el Este, hasta Navarra”: no se encontraba, pues, dentro de Navarra. Se dice también que era “una densa red de pueblos”, pero, una vez más, no se dan más explicaciones.

¿Era también este un territorio independiente? ¿Por qué apareció en un monasterio de la actual La Rioja? Más adelante se dice que “los reyes de Pamplona (...) intentaron consolidar su hegemonía en el territorio alavés” y que “en el proceso de consolidación y expansión de los reinos cristianos de la península Ibérica (...) jugaron un papel fundamental monasterios como San Juan de la Peña (...) y San Millán”. Todo muy general, y sin mencionar apenas Pamplona-Navarra.

¿Alguien entendería ir a Pompeya y no oír ni una sola alusión al Imperio romano? ¿O ir a ver las Pirámides de Gizeh, y que apenas se mencione a los faraones de Egipto? Pues eso mismo es lo que se hace aquí, sin ningún rubor: una tergiversación del contexto, a fin de ocultar el sujeto histórico.

Y es que no se pueden entender ambas menciones sin tomar en cuenta al Reino de Pamplona / Nafarroa, pues este es su contexto: La Rioja, Euskadi... no existían, y Álava, Gipuzkoa, Aragón... no eran los territorios históricos de hoy en día, sino comarcas dentro del Reino de Pamplona, de ahí esas relaciones entre las mismas. Tampoco Pamplona o Navarra era la Comunidad Foral de Navarra de hoy. No es casualidad que estas alusiones aparezcan a la vez, justo cuando Sancho el Mayor organizaba su vasto Reino.

Hay que recordar que también en la misma época aparecen las primeras menciones a los vizcondados de Lapurdi y Zuberoa, fruto de las relaciones entre Sancho El Mayor y el condado de Vasconia (otro protagonista borrado de nuestra historia...). Pero, una vez más, en vez de reivindicar nuestra unidad histórica, celebramos nuestra división.

¿Y por qué se hace eso? Por parte de los periodistas o de la gente, por desconocimiento, sin duda. Por parte de las instituciones y de las universidades, en cambio... que cada uno haga su propia reflexión. Sea como fuere, y desde el punto de vista estrictamente científico, es inadmisible que se explique nuestra historia desde el presentismo y desde mitos como la eternidad de los territorios históricos.

Como decía el pensador checo Milan Kundera, “para acabar con las naciones, antes que nada, se les quita la memoria (...) y se les inventa otra historia”. El memoricidio es el último paso en todos los procesos de conquista y asimilación. Y en esas estamos...

Navarra es nuestra memoria, la protagonista imprescindible para ser dueños de nuestra dignidad y de nuestro futuro. No lo olvidemos. No la olvidemos.

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/01/29/1025-2025-navarra-protagonista-borrada-10629873.html


2026/01/26

Soberanía, autodeterminación y violencia selectiva: una lectura nabarra del derecho de los pueblos

 


Soberanía, autodeterminación y violencia selectiva: una lectura nabarra del derecho de los pueblos

Nestor Lertxundi

I. Nabarra y la confusión contemporánea

Existe una confusión profundamente arraigada en el lenguaje político y mediático cuando se habla de Nabarra. Para unos es una comunidad autónoma o una provincia española; para otros, una provincia más dentro de Euskal Herria. Ambas definiciones, sin embargo, comparten un mismo error de base: ninguna responde a lo que históricamente ha sido Nabarra.

Nabarra no nace como una provincia ni como una entidad cultural subordinada, sino como un Estado europeo con continuidad histórica, instituciones propias, derecho público y una proyección territorial definida durante siglos.

La desaparición de Nabarra del mapa político no fue el resultado de una decisión democrática ni de un proceso natural, sino de una ocupación progresiva y compartida por las monarquías española y francesa, con la legitimación ideológica del Vaticano, que fragmentó su territorio y anuló su soberanía.

El espacio histórico nabarro, documentado en fuentes medievales y modernas, se extendía desde Calatayud hasta Foix, desde Toulouse hasta las cercanías de Bordeaux, y alcanzaba el litoral occidental hasta Castro Urdiales. Reducir hoy Nabarra a una comunidad administrativa contemporánea es un ejercicio de amnesia histórica deliberada.

Nombrar correctamente a Nabarra no es un gesto identitario ni folclórico: es un acto de precisión histórica y de honestidad política.

II. Nabarra como sujeto político preestatal

Antes de la consolidación del Estado moderno centralizado, el espacio baskón-nabarro desarrolló formas de organización política basadas en la comunidad vecinal. El auzo no era únicamente una unidad social, sino una institución con significado jurídico y político. La auzokrazia (termino que surge dentro del paradigma nabarro en sustitución del conocidísimo democracia prostituido y corrompido), constituía un sistema de autogobierno en el que las decisiones fundamentales eran adoptadas por la comunidad, y los cargos −como el auzapeza− eran elegidos por los propios vecinos, sin mediación de poderes externos.

Este modelo no responde a una idealización romántica del pasado, sino a una constatación histórica: la soberanía no residía en un centro abstracto, sino en la comunidad organizada.

La ruptura de este sistema no se produce de forma natural, sino como consecuencia de procesos de imposición externa: la cristianización apostólica romana, la introducción de estructuras patriarcales jerárquicas y, posteriormente, la conquista militar y jurídica. A partir de ese momento, la fragmentación comunal se consolida también en el plano legal, desplazando la soberanía del auzo al aparato estatal.

Lejos de desaparecer, el sujeto político baskón se rearticula históricamente. Tras las invasiones visigodas y otros procesos de presión externa, emerge primero en el ámbito pirenaico, luego en el Reino de Iruñea y finalmente bajo el Reino de Nabarra. No se trata de fundaciones ex nihilo, sino de reconfiguraciones sucesivas de un mismo cuerpo político que conserva una lógica propia diferenciada del Estado moderno homogéneo.

III. Lengua, prohibición y poder

La primera prohibición conocida y documentada del uso del uskara en Nabarra ocurre en Huesca y data del año 1349. En ese año, el concejo o ayuntamiento de Huesca emitió unas ordenanzas municipales que prohibían a los intermediarios del mercado (los corredores o corredors) usar el uskara (llamado entonces basquenç) en las transacciones comerciales en el mercado de la ciudad, junto al árabe y al hebreo, imponiendo el uso del romance aragonés bajo multa de 30 sueldos si no se cumplía.

Esta ordenanza de 1349 es considerada la primera regulación explícita contra el uso de la lengua de Nabarra en un ámbito público documentado en la historia europea.

Este trabajo propone una lectura crítica de dicha paradoja desde un marco histórico y político específico: Nabarra, entendida no como una invención decimonónica ni como un residuo folclórico, sino como un sujeto político preexistente, dotado de formas propias de organización comunitaria, jurídica y territorial.

IV. Euskal Herria como espacio plural

A partir de este marco, se plantea una reflexión sobre Euskal Herria no como Estado homogéneo, sino como espacio lingüístico, cultural y político plural, históricamente compuesto por múltiples comunidades con denominaciones, instituciones y grados de autonomía diferenciados.

Euskal Herria ha sido frecuentemente reducida a un mapa etnográfico o administrativo, especialmente desde las clasificaciones lingüísticas del siglo XIX. Sin embargo, en términos históricos y filológicos, Euskal Herria designa ante todo la tierra del euskara, no un Estado unitario ni una nación homogénea. Esta distinción es fundamental para comprender la pluralidad interna del espacio vasco.

Las fuentes literarias y testimoniales muestran una diversidad de denominaciones territoriales que coexisten sin anularse: Gipuzkoa es nombrada como Euskel Herria, la Alta y Baja Nabarra como Uskal Herria, Lapurdi como Heskual Herria, Zuberoa como Üskal Herria. Estas denominaciones no son meras variantes dialectales, sino expresiones de comunidades políticas concretas insertas en un mismo continuo lingüístico.

Autores como Axular, al referirse a «Euskal herria da; Araba, Bizkaia, ipuzkoa... eta bertze aunitz gehiago», o expresiones populares como el bertso atribuido a Xempelar −gu gara Euskal Herriak− apuntan a una concepción plural del sujeto colectivo. Euskal Herria no aparece como un Uno indivisible, sino como una constelación de pueblos y territorios unidos por la lengua, pero no subsumidos en una soberanía nacional única.

Esta pluralidad entra en tensión con los proyectos nacionalistas modernos, que tienden a homogeneizar símbolos, relatos y fronteras. La identificación entre nación, Estado y símbolo produce una neutralización de la diversidad interna y una despolitización de las formas comunales históricas.

V. La autodeterminación como ficción jurídica y la violencia interna

El llamado «derecho de autodeterminación de los pueblos» se presenta habitualmente como un principio jurídico universal, pero en la práctica funciona como una falsedad puesta sobre el papel, un enunciado vacío destinado a contentar a no se sabe bien quién, sin voluntad real de aplicación coherente.

Si un pueblo pretende autodeterminarse de forma efectiva −da igual la vía concreta, porque el derecho a hacerlo es previo− y aplicar políticas sociales y económicas propias, necesariamente distintas de las de las supuestas «democracias» que lo mantienen sometido, entra de inmediato en una zona de conflicto real.

La experiencia histórica demuestra que la autodeterminación solo es tolerada cuando no altera las estructuras económicas, geopolíticas y de poder preexistentes. Un pueblo puede ser autorizado a independizarse si mantiene las mismas políticas esclavistas de su antiguo colono; pero si pretende salirse de la rueda, romper con el negocio y alterar los equilibrios materiales, será aplastado.

Por ello, la autodeterminación no se decide en el plano moral ni jurídico, sino en el plano de la correlación de fuerzas. Para autodeterminarse de verdad no basta con la razón ni con el derecho: se necesita capacidad material de defensa, un ejército potente y apoyos internacionales fuertes y leales, es decir, compañeros de lucha.

En ausencia de estos elementos, el derecho de autodeterminación queda reducido a una consigna retórica.

En este marco, el ejercicio histórico de la autodeterminación revela un patrón selectivo: Estados que acceden a la independencia invocando dicho derecho tienden, una vez constituidos, a negarlo a sus propias minorías internas. Esta contradicción no es accidental, sino estructural: el Estado moderno requiere homogeneidad territorial, lingüística y política para su funcionamiento.

VI. Experimento mental: autodeterminación y dominación interna

En este contexto, cabe plantear un experimento mental: supongamos que Nabarra reconoce la soberanía de un nuevo Estado de Euskal Herria. En el interior de este Estado recién creado, determinadas comunidades −por ejemplo, Roncal o Trebiñu− reclaman su propia autodeterminación o son objeto de represión por razones políticas, culturales o lingüísticas.

Si dicha represión deriva en crímenes de lesa humanidad contra población civil, la cuestión deja de ser territorial y pasa a ser ética y política.

El problema central no es la legitimidad inicial de la independencia, sino la conducta del nuevo Estado frente a sus comunidades. Cuando la autodeterminación se convierte en instrumento de dominación interna, pierde su carácter emancipador y reproduce las lógicas que pretendía superar.

VII. Soberanía, protección de civiles y límites del Estado

La soberanía estatal no puede ser entendida como un escudo absoluto frente a la responsabilidad política. La protección de la población civil constituye un límite material a la soberanía. Cuando un Estado no solo es incapaz de proteger a su población, sino que se convierte en agente de violencia sistemática, se rompe el fundamento mismo de su legitimidad.

Desde esta perspectiva, el papel de Nabarra no sería el de un poder intervencionista que niega la soberanía de Euskal Herria, sino el de un actor político que reconoce que la soberanía no puede ejercerse contra las personas. La prioridad no es la integridad territorial ni la coherencia simbólica del Estado, sino la vida, la dignidad y los derechos de las comunidades concretas.

Este enfoque desplaza el eje del debate: no se trata de decidir quién tiene razón histórica sobre un territorio, sino de establecer si un proyecto estatal puede justificarse cuando se sostiene sobre la violencia contra parte de su propia población.

Si hacemos un análisis de la autodeterminación selectiva muestra que la independencia, por sí sola, no garantiza ni la justicia ni la libertad. Sin estructuras políticas que reconozcan la pluralidad interna y sin límites efectivos al poder estatal, todo nuevo Estado corre el riesgo de convertirse en un nuevo opresor.

nía, en última instancia, no puede situarse por encima de las personas. Allí donde un Estado −viejo o nuevo− ejerce violencia contra sus propias comunidades, pierde la legitimidad que dice defender. Desde esta premisa, la tradición política nabarra ofrece no una nostalgia del pasado, sino una herramienta crítica para repensar el futuro de los pueblos y sus derechos.


https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/soberania-autodeterminacion-y-violencia-selectiva-una-lectura-nabarra-del-derecho-de-los-pueblos


2025/12/10

Sorgiña: la raíz nabarra de un nombre demonizado

Sorgiña: la raíz nabarra de un nombre demonizado

Néstor Lertxundi Beñaran

Para comprender el verdadero significado del nombre sorgiña, no basta con situarlo en el marco de la caza de brujas, porque el término y el oficio son muy anteriores a las persecuciones inquisitoriales.

En euskara, sorgin se relaciona con sortu −«nacer, engendrar, crear»− y designaba originalmente a la mujer que dominaba el arte de sanar, asistir a partos y mediar con el mundo natural.

La Inquisición no inventó esta figura: criminalizó una función ancestral de la cultura nabarra-vascona, reinterpretándola bajo el prisma de la herejía.

El contexto represivo explica la carga negativa que adquirió el término, pero no su significado originario.

El contexto político e histórico

Al abordar este tema, es importante no proyectar anacronismos. Hablar de «vascos» en los siglos XII-XIII es impreciso: las fuentes de la época mencionan a los Vascones o a los súbditos del Reino de Pamplona-Nabarra.

«Súbdito» debe entenderse aquí en clave de vasallaje, porque los caballeros nabarros eran figuras esenciales: primero por ser los esposos de las ugazabak, sorgiñak, iruleak y atsoak; después por constituir el núcleo del ejército nabarro, así como los condes y tenentes designados por el rey. Quiero decir, los vascones eran vasallos del reino porque era el rey de nabarra el que designaba los caballeros

Usar la categoría moderna «vascos» para ese contexto histórico invisibiliza al sujeto político real de los vascones: los Nabarros, herederos de un orden comunal, autónomo y matrilineal.

Tras la muerte de Sancho III el Mayor, el Reino de Pamplona-Nabarra fue dividido por sus hijos: Fernando Sánchez en Castilla y Ramiro en Aragón.

Ramiro I, fundador de la dinastía aragonesa, fue el punto de partida de una línea monárquica que, con sus descendientes Sancho Ramírez y Pedro I, consolidó el modelo feudal.

Varias generaciones más tarde, Pedro II de Aragón heredaría esta evolución y la llevaría a su forma jurídica más explícita.

En un momento de gran expansión del catarismo en Occitania y bajo la mirada de Roma, Pedro II promulgó las Constituciones de Lérida (1197) y Gerona (1198), que ordenaban la confiscación de bienes y la hoguera para los herejes pertinaces.

Estas leyes no surgieron aisladas: reforzaban la tendencia creciente de la casa aragonesa hacia la ortodoxia romana.

Desde entonces, el reino aragonés se convirtió formalmente en hijo de la Iglesia.

Este sometimiento político y religioso fue el preludio de la imposición de la Inquisición y del modelo patriarcal romano en los territorios vecinos, incluida Nabarra.

El orden nabarro y las dueñas de las casas

En Nabarra, la religión era católica, pero no necesariamente romana ni apostólica, y la estructura social mantenía rasgos autóctonos.

Las etxeak (casas) eran la base política, económica y espiritual del país.

Cada casa tenía una buru-jabe −literalmente «cabeza propietaria»−, mujer que administraba la economía, la medicina, la espiritualidad y la vida comunal.

Estas mujeres eran las ugazabak, atsoak, sorgiñak, iruleak y otros oficios casi perdidos hoy, roles adaptados a las capacidades y al lugar de cada una en el orden comunal.

Eran figuras de alto estatus social, responsables de la continuidad del linaje y del equilibrio entre personas, tierra y comunidad (auzoa).

La transmisión de la casa seguía una norma matrilineal: a la muerte de la madre, la hija mayor heredaba la propiedad, siempre que cumpliese las condiciones y se uniese con un caballero del ejército nabarro, garantizando así la continuidad del linaje.

En el Parlamento de Nabarra, el pueblo estaba representado por doce hombres y doce mujeres, además del estamento eclesiástico −el obispo de Pamplona y algunos clérigos−.

Esta estructura comunal, compartida y equilibrada entre sexos, resultaba incompatible con el feudalismo que Roma impulsaba en la Península.

La caza de las dueñas de las casas

Cuando el nuevo orden feudal-cristiano impuso su autoridad, la estructura comunal nabarra −femenina, autónoma y soberana− se convirtió en un obstáculo.

La llamada caza de brujas fue, en realidad, la caza de las dueñas de las casas.

Bajo la acusación de herejía o brujería se escondía una operación política: despojar a las mujeres nabarras de sus tierras, su conocimiento y su poder ancestral.

No se perseguía al demonio: se perseguía la organización matrilineal y comunal que sostenía la soberanía del país.

El cambio semántico refleja ese cambio político: las buru-jabeak (cabezas de casa) pasaron a ser «brujas», y las sorgiñak, atsoak y ugazabak se transformaron en «enemigas de Dios».

El cristianismo feudal degradó así los símbolos del poder femenino y nabarro.

Raíces lingüísticas: bruja, buru-jabe, ugazaba

En la toponimia y morfología del euskara se conserva la raíz bur− / bru−, que significa «cabeza» o «principio».

De ella derivan formas como burutza («jefatura»), buruntza («corona») o buruzagi («jefa»).

En este mismo campo semántico se sitúa bruja (buruja), cuyo sentido original habría sido «cabeza», «dueña», «autoridad», y no «hechicera».

Del mismo modo, ugazaba −hoy entendida como «amo» o «dueño»− conserva huellas de una antigua filiación femenina: ugatz significa «seno», y aba, «madre»; por tanto, ugazaba pudo significar originariamente «madre nodriza» o «la que nutre».

Estas voces −sorgiña, atso, ugazaba, buru-jabe− forman una red léxica que describe una sociedad matrilineal, donde la mujer era el eje vital, económico y espiritual.

Esto se ve también en abizena, donde aba es «madre» e izena «nombre», y en los términos de parentesco: arreba, osaba, izaba, amagiñarreba, etc.

Conclusión histórica

No hay evidencia documentada de quemas de brujas en Nabarra entre 1279 y 1334.

Los relatos sobre «tres mujeres quemadas en Isaba» pertenecen a la tradición popular o a reconstrucciones tardías.

Lo que sí está constatado es que:

Existían herboleras y curanderas sancionadas con multas menores.

Hubo penas por prácticas consideradas supersticiosas o heréticas.

Los reyes aragoneses −y en especial Pedro II− promulgaron ordenanzas antiheréticas con penas de hoguera.

La Inquisición formal y las persecuciones sistemáticas llegaron mucho después, sobre todo entre los siglos XV y XVI.

Epílogo

La sorgiña no fue una hechicera, sino la partera, la creadora, la mujer que daba vida y sostenía el orden comunal nabarro.

Sin sorgiñak no hay nacimientos: los niños nacerían muertos o mal, sin quien cuide del parto y de la madre.

Por eso, antes de ser temida, la sorgiña fue respetada: símbolo de un mundo donde la autoridad nacía de la casa, de la tierra y de la mujer.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/sorgina-la-raiz-nabarra-de-un-nombre-demonizado


2025/12/07

Falta de identidad estatal propia

 

Falta de identidad estatal propia

Iñigo Saldise Alda

La división del actual pueblo vasco por una frontera política impuesta por los Estados español y francés, es uno de los principales problemas para conseguir un Estado propio. Las invasiones militares se vieron continuadas con la represión a aquellos que querían recuperar la soberanía. La ocultación de nuestra historia, realizada por los Estados de España y de Francia, está encaminada a negar la existencia de sí mismo, visible en un Estado histórico que existió realmente para el pueblo vasco.

Son muchos los siglos de ocupación y de división por esa frontera impuesta. Muchos siglos de represión y de ocultación de un Estado vasco. Entre otros daños ello ha causado que utilicemos un lenguaje falso y contraproducente, negativo para recuperar la independencia, a pesar de que a finales del siglo XIX apareciera un movimiento conocido como nacionalismo vasco.

Son muchos los vascos que están bajo el sometimiento español, que llaman “gabatxos” a los vascos que están bajo dominio francés. A su vez, son muchos los vascos bajo dominio francés, que llaman españoles a los vascos bajo sometimiento español. Esto provoca que nosotros les hagamos franceses y ellos nos hagan españoles, aún más si cabe, al utilizar un lenguaje que, aunque nos parezca mentira, legitima las invasiones, violencias y colonización de españoles y franceses, realizadas contra nuestro Estado.

Todos saben que somos vascos, que pertenecemos a la misma nación, pero por desgracia la falta de identidad estatal impide una unión que facilitaría nuestra reaparición como sujeto democrático, y la reorganización para continuar existiendo como pueblo, como nación, salvando la cultura milenaria de este país. A pesar de la existencia de ese movimiento nacional vasco, los intentos de crear un Estado propio han fracasado una y otra vez.

El nacionalismo surgido con Sabino Arana carece de una identidad estatal histórica, de una referencia política o institucional real, lo que le obligó a crear un nombre para nuestro Estado, con su consiguiente símbolo o bandera. Actualmente la búsqueda de la independencia de Euzkadi está obsoleta a pesar de la presunta “modernidad” de dicha idea. Y el modo de conseguirla también, ya que la búsqueda por separado de los llamados “territorios históricos” divide nuestras fuerzas, favoreciendo a los Estados que nos ocupan, colonizan y dominan.

Pero poco a poco va recuperándose esa identidad perdida. La información de la existencia de un Estado propio a lo largo de 8 siglos, mostrada por numerosos historiadores vascos, está generando una recuperación de la identidad estatal. Se está recuperando la memoria de la existencia del Estado de Nabarra.

Un Estado que en forma de Reino agrupó a todo el pueblo vasco(n), otorgándoles una ciudadanía propia, la nabarra. Con la recuperación de la identidad nabarra, podremos volver a ser vasco(ne)s independientes o nabarros, facilitando con ello la descolonización, la recuperación de la soberanía política, de las libertades propias, sobre una base histórica y legítima, semejante a otros Estados que están en nuestra misma situación, como por ejemplo Escocia.

2025/12/06

El proceso: Descolonización e Independencia

 

El proceso: Descolonización e Independencia

Iñigo Saldise Alda

En 1990, la Asamblea General de las Naciones Unidas, anunció el Decenio Internacional para la Eliminación del Colonialismo (1990-2000), el cual contenía un plan de acción claro y específico.  El final del Segundo Decenio (2001-2010) coincidió con el cincuentenario de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los Países y Pueblos coloniales.  Al mismo tiempo, la Asamblea General de las NN.UU. declaró el período 2011-2020 Tercer Decenio Internacional para la Eliminación del Colonialismo. Nuevamente la Asamblea General adoptó en el año 2020 la resolución 75/123 por la que se declaraba el período 2021-2030 como el Cuarto Decenio Internacional para la Erradicación del Colonialismo.

Esto significa que las potencias imperiales, coloniales o colonialistas –España y Francia- desocupen militarmente nuestra Nación y que hagan el traspaso de la soberanía al Pueblo nabarro bajo supervisión de los comisionados internacionales de las Naciones Unidas.

Creemos que no existe razón alguna para negociar en inferioridad política con España y Francia, solo debemos comprobar las continuas mentiras y rupturas de acuerdos variados por los imperios vecinos. Tampoco aceptamos la realización de un referéndum orquestado desde esas metrópolis extranjeras, ante el gran número de colonos españoles y franceses existentes a lo largo y ancho de nuestro territorio.

Estos intentos vanos, incluso propuestos desde grupos que podríamos encuadrar en el nacionalismo nabarro, ciertamente bajo una gran colonización mental, solo sirven para anquilosan la actual situación colonial que padece la Nación nabarra. Incluso creemos que les sirve para pervertir el proceso hacia la soberanía Nacional con reivindicaciones, equivocadas e inefectivas para salir de nuestra situación colonial, como es abrir un proceso para la autodeterminación mediante la propuesta de un referéndum con la pregunta tan clara para  como  ¿quieren seguir siendo una colonia de España y/o de Francia o no?, a todos los habitantes de la colonia franco-española, no es que no se aprenda, o que se desconozca, sino es que no se quiere ir a la raíz para la solución del problema, a saber por qué. 

¿Cómo le vamos a preguntar a un Pueblo, alienado, asimilado por un procedimiento de inoculación colonialista que lo ha adiestrado durante más de ocho siglos en algunos casos y que su alma de esclavo le hace temer a la libertad, en una posesión donde el aparato de propaganda está en manos o dirigidos por la política colonialista de las metrópolis de Madrid y Paris, donde participarían muchísimos colonos españoles y franceses, que si quieren seguir bajo el dominio español y/o francés o si quiere la soberanía? 

La respuesta está clara incluso antes de convocar dicho referéndum. 

Sin embargo, la solución del asunto colonial de la Nación nabarra va más allá, por otros canales diferentes y más directos que los que proponen desde algunos frentes nacionalistas nabarros, como es empezar nuestro expediente declarando nuestra colonialidad y el Derecho a la soberanía que nos asiste, en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, para que el asunto pase a la discusión y votación de la Asamblea General. 

Recordemos la proclama del Secretario General de las Naciones Unidas, el Sr.  Ban Ki-moon, En el mundo moderno no hay lugar para el colonialismo; esto ocurrió el 21 de febrero de 2013 en el marco de la inauguración de la sesión anual del Comité Especial de Descolonización.  Ban Ki-moon indicó que a pesar de las crisis financieras y de las crecientes presiones presupuestarias, el Comité Especial debe seguir trabajando para examinar la concesión de la independencia a los Países y Pueblos coloniales.

"El Comité Especial debería ser el primero en identificar posibilidades de cambio y promover las prioridades del proceso de descolonización en beneficio de todos" afirmó, Bam Ki-moon.  También añadió que la Comunidad Internacional debe huir de la retórica y lograr resultados concretos y tangibles "Llegó la hora de impulsar un diálogo inclusivo". António Guterres, actual Secretario General de las Naciones Unidas, mantiene la política de Bam Ki-moon.

Para ello, el riesgo que conlleva cualquier acción es preferible a la aceptación del status quo colonial.  Más de 80 antiguas colonias han obtenido la independencia desde la creación de la ONU.  En la actualidad, unos tres millones de personas viven bajo el dominio colonial en los 17 territorios no autónomos que quedan, incluido Nabarra.

En una gran reestructuración de la política mundial, más de 80 antiguas colonias que comprenden unas 750 millones de personas han obtenido la independencia desde la creación de las Naciones Unidas.  En la actualidad, unos 3 millones de personas vivimos bajo el dominio colonial en los 17 territorios no autónomos que quedan.  Así, el proceso de Descolonización no es completo.  Para culminar el proceso, debemos saber que se requiere de un diálogo permanente entre las Potencias administradoras, el Comité Especial de Descolonización de la Asamblea General y los Pueblos de los territorios, siempre en aprobación con las Resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas sobre la Descolonización.

Primero hay que aclarar a toda la sociedad, nacional e internacional, que Nabarra no es un territorio autónomo. Ese es un eufemismo que usan las metrópolis para disfrazar una realidad colonial irrebatible. 

No es causal que nuestra Nación no se encuentre en la lista de los territorios a descolonizar, por la labor diplomática de los colonialistas españoles y franceses. Por ello hay que promover la convergencia del independentismo nabarro donde creamos oportuno, para impulsar así nuestro Derecho a la independencia en las Naciones Unidas, mediante una estructura cohesionadora y compacta. Algo así como la creación de una Mesa por la Descolonización e Independencia de Nabarra, para empezar a sensibilizar a nuestro Pueblo mediante manifestaciones por toda la geografía de Baskonia, Nabarra. También con una propaganda informativa apropiada y transparente para forzar nuestro Derecho libertario. 

Paradójicamente, no podemos pasar por alto, que es más que posible que algunos grupos llamados independentistas intentarán matar esta criatura que proponemos desde algunos sectores soberanistas, antes incluso de que nazca. También es más que posible, si esto va hacia delante, que habrá otros que intentaran aprovechar la coyuntura para sacar réditos propagandísticos y presentarse a las elecciones coloniales que solo sirven para legitimar nuestra esclavitud. Otros tantos, que desde dentro boicotearan y paralizaran la inercia del proyecto y, lo peor, más pérfido y despreciable, aquellos que no apoyaron el proyecto y que después, incluso si les interesa económicamente, utilizaran el nombre de la Mesa para confundir a los nabarros y nabarras, favoreciendo la cizaña entre el independentismo.  Desde nuestro patriotismo nabarro, les instamos a todos los agentes sociales y políticos a reunirse y formar la Mesa por la Descolonización de Nabarra, a cuyo servicio se pondrán inmediatamente numerosos patriotas, sin condición alguna. Todo ello para buscar la convergencia necesaria en el Campo Nacional nabarro, bajo el espíritu patriótico nabarro, e intentar volver a aprovechar la cobertura que nos brinda las Naciones Unidas en el cuarto decenio (2021-2030) para la erradicación del colonialismo en el mundo.

No podemos copiar las reivindicaciones de Catalunya o Galiza, porque si bien estos Países ibéricos tienen el Derecho a ejercer la autodeterminación, mediante plebiscito, Nabarra al igual que Canarias está en una tesitura totalmente diferente porque nuestra situación, nuestra histórica, incluso nuestro enclave geográfico entre al Atlántico y entorno al Pirineo así lo demuestra: somos una colonia de España y de Francia en Europa y  nuestra Nación, consolidada como Estado, ha sido tomada de forma ilegítima por la fuerza y la violencia de las armas.  España o Francia, no hicieron ningún referéndum para invadir Nabarra y tampoco nosotros vamos a aceptar una consulta popular para que abandonen esta posesión colonial, sino que lo hagan incondicionalmente desocupando militar y administrativamente nuestra Nación. 

Promover en Nabarra el Derecho de autodeterminación es darle ventaja al colonialismo español y francés, ya que nunca ganaríamos ese plebiscito porque luchamos en desigualdad de condiciones.  Sin embargo, podemos emprender el camino correcto, acabando con la fragmentación del independentismo y el protagonismo de grupúsculos e individuos que, por ignorancia o más bien por interés, le bailan el agua al colonialismo. 

Preguntarle a nuestro Pueblo que si quiere la independencia, es como si le preguntáramos a un preso, que está cautivo de forma ilegal e inocente, que si quiere seguir en presidio o salir en libertad. 

El Derecho a la libertad y soberanía de los Pueblos es inalienable. Ni la falta de preparación, ni las carencias o cuales quiera que sean sus inconvenientes internos pueden con dicho Derecho.  La independencia de los Pueblos es un Derecho humano y el colonialismo un delito a erradicar. En Nabarra podemos empezar a denunciar la situación colonial que padecemos hasta el 2030 y no censurar a aquellos compatriotas que ya la están denunciando, como lamentablemente hasta ahora lo han hecho algunos.

Pongámonos a trabajar y anotemos a Nabarra en la lista del Comité Especial de Descolonización, tal y como le corresponde.  Si los independentistas nabarros no hacemos un esfuerzo, si no cedemos en nuestro menú político y nos liberamos del síndrome del colonizado, del síndrome de la notoriedad y del protagonismo, para buscar la unidad patriótica pertinente, Nabarra y su Pueblo seguirán siendo un caos total, muchísimo peor que el que atravesamos manteniendo nuestro impuesto estatus colonial. Esto es algo hemos tenido que ver todos “nosotros", por no combatir al colonialismo en todos sus frentes y antes que a cualquier otra cuestión o cosa.

Todas las desdichas que sufre y padece Nabarra provienen del colonialismo.  Nacionalizar es convertir los bienes de la Nación en públicos; para empezar a emprender el reparto equitativo de las riquezas y estructurar nuestra sociedad hay que lograr la independencia tras el proceso de descolonización.


NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

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