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2026/11/07

La primera negación de las cadenas

La primera negación de las cadenas

Iñigo Saldise Alda

El 22 de enero del año 1910, bajo el dictamen histórico y artístico de una Comisión integrada por el escritor, historiador y político Hermilio de Olóriz Azparren, el abogado y político Arturo Campion Jaimebon, junto al historiador y militar Julio Altadill y Torrontera de Sancho San Román, con su asesoramiento, desde la por aquellas fechas Diputación, se aprobó el modelo oficial del escudo de la provincia española de Navarra. La ilustración artística original de las cadenas, concretamente de los eslabones utilizados, se la debemos al pintor y dibujante Enrique García Romeo, quien se inspiró de forma directa en los fragmentos de las cadenas “históricas” custodiados en el Palacio de Navarra, los cuales procedían del Monasterio de Irache, y que según la leyenda fueron donadas por propio Sancho el Fuerte. Con éste trabajo buscaban unificar los múltiples y dispares versiones coexistentes en su época y fijar con ello el estándar gráfico oficial e institucional foral para la región. Esto fue anterior a la confección de la bandera oficial para la Navarra residual y reducida, hecha el 15 de julio del año 1910, e izada un día después coincidiendo con la conmemoración, del por entonces 698 aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa.

Dos años más tarde y con motivo ya de VII centenario de la batalla de la Navas de Tolosa, la Diputación Provincial de Navarra realizó un concurso con ocasión de tal efeméride, donde se buscaba premiar al mejor trabajo sobre este combate, de tal magnitud para el devenir religioso de la Península Ibérica y también, buscaba ensalzar la labor de los nabarros capitaneados por el rey Sancho VII de Nabarra, el cual, según la leyenda, con su valerosa acción de la ruptura de las cadenas del palenque de Miramamolin -las cuales, según el mito, asentó después en el escudo de Nabarra- facilitó la victoria final de los cruzados, cuyo ejército era comandado a su vez por el rey Alfonso VIII de Castilla.

Pero entre todos los trabajos presentados, ciertamente fieles al mito de la ruptura de las cadenas por el gigantón rey de Nabarra, se encontraba un trabajo titulado Estudio sobre la campaña de las Navas de Tolosa, firmado por el navarr0 Ambrosio Huici Miranda, quien con todo respeto y alto rigor histórico se atrevió a negar o poner en duda si se prefiere, la autenticidad de las cadenas de la siguiente forma.

“Ya hemos visto cómo para extremar la solidez de esta línea de apoyo, los bereberes acostumbraban a atarse por los muslos -imesebelen- e incapacitarse la huida. El corral del moro, como lo llama la Crónica general, era, a lo que parece, una fuerte empalizada de estacas entrelazadas con las famosas cadenas ‘a poder de saetas et otras armas’. Las cadenas no servían más que para reforzar la empalizada, y de manera alguna se usaron para atar la guardia del Miramamolín. Su mismo grosor -si las de Navarra son auténticas- y el escudo de García Romeo, bastarían a probar que no habían sido destinadas a ese fin”.

El jurado del concurso rechazó por unanimidad el brillante trabajo de Ambrosio Huici Miranda, e incluso dejaron desierto el primer puesto del mismo. Pero hay que decir, que este arabista navarro no defendió que el carbunclo fuera el escudo de Nabarra, sino simplemente se limitó a dar a entender que las cadenas de que se encuentran en el Palacio de Navarra y por deducción podemos llegar a la conclusión, que también las que podemos encontrar en la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles, además de las expuestas en la Catedral de Santa María la Mayor de Tutera-Tudela, no son las cadenas que se adivinarían para fortalecer la empalizada que rodeaba la posición del tal Miramamolin el Verde.

Ciertamente, también, esto suponía tirar por tierra toda creencia histórica sobre la autenticidad de las llamadas cadenas de las Navas de Tolosa puestas en el escudo navarro, existentes al menos desde el siglo XVI, además de limitar, en grado sumo, la importancia bélica de la participación nabarra en tan crucial batalla, llevada a cabo por los defensores de la Fe cristiana contra los infieles de la media luna.


2026/11/03

Carbunclo versus cadenas (y VI)


Carbunclo versus cadenas (y VI)

Iñigo Saldise Alda

A comienzos del siglo XXI y ante la inminente, entonces, llegada de la efeméride del V centenario de la invasión y ocupación ilegal del Reino de Nabarra por parte de tropas españolas del año 1512, algo se removió en la psique de la sociedad cultural y política existente en la Comunidad Foral de Navarra y también, algo a destacar por mi parte, en la Comunidad Autónoma Vasca y en el Departamento de los Pirineos Atlánticos. Pero el debate o discusión sobre carbunclo o cadenas, no se reinició hasta la aparición en la escena político-cultural de Tomás Urzainqui Mina. Este jurista, historiador y escritor nabarro realizó varios e interesantes trabajos, como La Navarra marítima, trabajo publicado en el año 1998 y realizado junto al teólogo e historiador José María de Olaizola Iñiguiz. En dicha obra los autores nos dicen en el prólogo de su 3ª edición: “El símbolo político de la bandera roja con las cadenas doradas de Navarra, al contrario de lo sostenido equivocadamente durante demasiado tiempo, pertenence al conjunto de los territorios navarros, como lo demuestra su representación gráfica antes de la batalla de las Navas de Tolosa y durante el siglo anterior a la conquista de la Navarra occidental, o marítima, por Castilla en 1200. La figura representa, como elemento constante, una estructura estrellada de ocho brazos con una piedra preciosa en el centro, o carbunclo. Tiene como variantes los extremos flordelisados, los círculos o los eslabones, unidos por barras, bandas o simplemente cadenas.”. Ya en una obra posterior y escrita en solitario por Tomás Urzainqui Mina, Navarra Estado europeo del año 2004, éste recuperó la importancia simbólica y política de la figura explicita del carbunclo como armas del escudo de Nabarra frente hasta la fecha aceptadas cadenas. Concretamente en su capítulo IV apartado 5.3. titulado El escudo y la bandera del Estado, dentro de su hipótesis del origen del blasón nabarro cuya ascendencia estaría según él en la estrella o sol de ocho puntas, nos matiza lo siguiente: “(…) y evolucionando hacia el carbunclo de ocho brazos y el carbunclo cerrado de barras pomeladas, que tras la conquista irán transformándolas en cadenas.”

Estos trabajos llevaron a un fuerte resurgir de la identidad nacional nabarra, abriéndose nuevamente el debate o la discusión sobre carbunclo o cadenas, en diversos ambientes de la sociedad nabarra. Gracias a los avances alcanzados en la comunicación en la última década del siglo XX, estos son especialmente significativos en internet. Aquí es donde hubo e incluso hay todavía hoy día, impresionantes combates ideológicos, donde la batalla histórica, incluida la identitaria de los símbolos como el escudo de Nabarra, es patente debido ello a unos planteamientos patrióticos realmente opuestos y enfrentados, o lo que podríamos decir Nabarra vs España. Pero también esto dio paso a nuevas e importantes aportaciones, como las realizadas por el esencial heráldista nabarro Jaime Albillos Arnaiz, cuyos conocimientos concernientes al escudo de Nabarra aportaron mucho a distintos investigadores de nuestro País. O los buenos trabajos reportados desde distintos medios y blog’s, de los cuales me atrevo a destacar dos. El blog Lehoinabarra donde podemos encontrar el impresionante trabajo titulado Nabarra, sin cadenas, del historiador, investigador y escritor nabarro, especialista en la historia política, cultural, artística y social de las comarcas vasc(on)as, nabarras, de Bizkaia-Vizcaya y de(l) Durangaldea-Duranguesado, de nombre Aitzol Altuna Enzunza; o de las faenas existentes en el blog Nabarlur, como por ejemplo el imprescindible trabajo que lleva por título El escudo de Navarra, de las barras pomeladas a las cadenas, del historiador, dibujante y cartógrafo nabarro, especialista en la territorialidad de Nabarra osoa-Navarra plena, llamado Eneko del Castillo Cejuela.

Pronto el debate o la discusión pasó a la calle, con acciones y reacciones pacíficas, pero contando con un marcado carácter político. Sirva de ejemplo las manifestaciones convocadas en torno a la triste efeméride del V aniversario de la violenta invasión y ocupación española del Estado de Nabarra, llevadas a cabo por el colectivo Nafarroa Bizirik 1512-2012, donde comenzaron a aparecer, en masa, banderas y estandartes nabarros con el carbunclo como protagonista, extendiéndose la utilización de este símbolo patrio nabarro a diversos actos culturales, lingüísticos (normalmente de la lengua autóctona de los nabarros y las nabarra, el euskara) por supuesto también en distintos actos políticos, junto al alzamiento o colocación de la bandera o estandarte con el carbunclo de Nabarra en montes, castillos, balcones, ventanas, entradas de sociedades y de peñas, gradas de estadios de fútbol, etc.

Esto, como era de esperar, supuso una reacción tremebunda entre los agentes políticos del colonial nacionalismo español, disfrazados incluso en algunos casos bajo un regionalismo navarro ciertamente sumiso al Estado español. Es el caso del político, jurista y escritor Jaime Ignacio del Burgo Tajadura, quien en la presentación de su libro Navarra en la Historia, realizada en Madrid en marzo del año 2018, nos dijo, a modo clarificador, lo siguiente:

“Las cadenas del escudo de Navarra dan fe imperecedera de que en las Navas nuestro rey salvó a la cristiandad española en un golpe de audacia y valentía.”

También teniendo en cuenta el alcance de los hechos y como parte de frente nacionalespañolista de la región de Navarra, la máxima explosión de la defensa de las cadenas, vino con la izada de una enorme bandera de la C.F. de Navarra, el 23 de junio del año 2022 en la plaza de los Fueros de Iruñea-Pamplona. Dicho acto fue presidido por el entonces alcalde de la ciudad, el conservador regionalista y nacionalista español del partido político U.P.N. (dentro entonces en la coalición NA+ junto al P.P. y Ciudadanos) Enrique Maya Miranda y por el entonces y actual vicepresidente primero de la provincia española de Navarra, el progresista socialista español (P.S.N.-P.S.O.E.) Javier Remírez Apesteguía. El diseño de esta gran bandera sigue el dictamen de la colonial Ley Orgánica del Amejoramiento Foral de Navarra del 10 de agosto del año 1982, que en el capítulo II de esta Ley de Símbolos de Navarra, se la describe de la siguiente manera: “(…) La bandera de Navarra es de color rojo, con el escudo en el centro, sobre un tejido de forma rectangular de dimensiones proporcionales en largo y ancho, pero de carácter variable.”

También, desde una perspectiva más dual en este importantísimo tema, pero con una defensa clara de que las cadenas de las Navas de Tolosa son las armas de los navarros, el licenciado en Historia y Geografía por la Universidad de Navarra y bibliotecario en la Red de Bibliotecas Públicas del Gobierno de Navarra, Mikel Zuza Viniegra nos indico en una entrevista realizada por el escritor y periodista de Gara-Naiz Pello Guerra Viscarret, que lleva por titulo Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa, en el presente año 2026 lo siguiente: “(…) a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400”. Esta afirmación me hizo recordar un trabajo presentado en el Diario de Navarra, firmado por del Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla Javier Martínez de Aguirre, titulado Así llegaron las ‘cadenas’ al escudo y la bandera de Navarra, realizado en al año 2017 y donde nos afirmó: “Los armoriales europeos de la segunda mitad del siglo XIII describían las armas del rey de Navarra como charbouncle besancié, carbunclo bezanteado, refiriéndose así a los característicos botoncillos. Nadie las veía como cadenas. En cambio, en el entorno cortesano de Carlos III el Noble, hacia 1400, se empezará a hablar de las armas de Sancho el Fuerte como ‘cadenas doradas’ en campo rojo. Esta mudanza de sentido forma parte de la tendencia bajomedieval a relacionar el origen de las armerías con hechos gloriosos. El Príncipe de Viana, en su crónica escrita mediado el siglo XV, proporciona la versión de la leyenda que en adelante se consolidará. Según su descripción de la batalla de Las Navas, el recinto del califa almohade habría estado protegido por ‘gruessas cadenas de fierro’ que unían hasta tres mil camellos. Tras la victoria, el soberano navarro habría tomado ‘el dicho cadenado de los gamellos e las tiendas, e conquistó las cadenas por armas’. De este modo, el carbunclo con botones o esferillas fue interpretado hace más de quinientos años como un poco lógico entrelazamiento radial y perimetral de eslabones de una cadena de oro.” Bien, ambos historiadores buscan con dichas afirmaciones, una justificación de origen nabarro para la inclusión de las cadenas de las Navas de Tolosa en el escudo de Nabarra-Navarra-Navarre.

Bien con esto concluyo mi serie de trabajos titulados Carbunclo vs cadenas, por supuesto abierto a posibles mejoras y/o correcciones, debido a nuevas informaciones recabadas a partir del día de hoy, contando también, por supuesto, con posibles debates y/o aportación futuras de otros investigadores.

2026/11/02

Recordando al mariscal Pedro de Navarra y Lakarra

Mariscal de Nabarra por Martintxo Altzueta


Recordando al mariscal Pedro de Navarra y Lakarra

Bingen Amadoz

Veinticuatro de octubre de 2026. Nos acercamos en grupo al castillo de Simancas. Nos espera allí una guía acostumbrada a repetir su retahíla histórica de manera automática. Es una mujer que pronto se mostrará altiva y también esquiva. Nos pregunta: “¿De dónde sois?” y me adelanto a contestar: “Venimos del pueblo de Pedro de Navarra, mariscal que fue asesinado en este castillo de Simancas en 1522”. Dice ella sorprendida en su altivez: “Yo no soy ninguna asesina, no como hay otros…”.

¡Mal empezamos!, pienso, antes de que ella corra a refugiarse en un espacio alejado mientras va murmurando: “¡Vaya con que me encuentro a las nueve y media de un sábado!”. Sí. Me temo que se ha tropezado con la historia de “los otros”.

Reconozco que he entrado “a saco” pero ¿qué puede ser para nosotros el castillo de Simancas? Hace tiempo que es un Archivo, el Archivo general del Reino de Castilla, desde que fue creado como tal, en el año 1540 por el rey Carlos I de España y V de Alemania, pero antes fue una cárcel y por lo que cuentan las crónicas, de las peores en su tiempo. Tuvo mazmorras lúgubres hoy reconvertidas en Caja Fuerte del Archivo.

Allí fue a parar Pedro de Navarra y Lakarra, mariscal jefe de los ejércitos del Reino de Navarra y líder agramontés, después de ser detenido en Isaba en 1516 por los conquistadores castellanos. Primero estuvo preso en el castillo de Atienza. Allí se le hizo una primera oferta de perdón a cambio de jurar sometimiento al rey castellano. Pedro de Navarra se negó diciendo que él había jurado fidelidad a los reyes legítimos de Navarra y que en ello seguía firme. Más tarde lo trasladaron a Simancas, donde lo intentaron convencer una y otra vez para que cambiara de bando y de nación, pero no lograron su beneplácito en ningún caso. Él siguió siendo fiel a Juan de Labrit y a Catalina de Foix, sus señores naturales a los que siempre había servido.

Pedro de Navarra pertenecía a una familia de la alta nobleza del reino, descendiente por vía bastarda de Carlos III el Noble y había nacido en Tafalla alrededor del año de 1454.

El 24 de noviembre de 1522 apareció muerto en su celda con heridas sangrantes. No murió de muerte natural. Sus captores difundieron una versión oficial que no deja de ser muy discutible. Según dijeron, se había suicidado. Un criado de apellido Acuña, castellano sin ninguna duda, para corroborar la información difundida por los responsables de la prisión, testificó que le había entregado un puñal a petición suya. Curiosa circunstancia. ¿Cuándo se ha visto que a un preso se le entregue un arma estando en manos de sus enemigos? En este pueblo nuestro sabemos bastante sobre las versiones oficiales de quien ejerce como opresor. También es conocido el temor expresado por el propio Pedro de Navarra a ser asesinado en la prisión de Simancas pocos días antes de que apareciera muerto.

Es obligado recordar por otro lado que en el propio Simancas ocurrieron ejecuciones y muertes ordenadas bajo el reinado de Carlos I. Al obispo Acuña, líder comunero, lo mataron en 1526 a garrote vil y antes, el 14 de agosto de 1522 también mataron a Pedro Maldonado, líder comunero primo de Francisco Maldonado, uno de los cabecillas de la rebelión comunera a quien decapitaron en Villalar junto a Juan Bravo y Juan Padilla el 24 de abril de 1521. Tanto a Pedro Maldonado como al obispo Acuña se les recuerda hoy día en una placa incrustada en la fachada del ayuntamiento de Simancas. Los dos eran ciudadanos del reino de Castilla.

Con estos antecedentes creer en el suicidio del mariscal resulta bastante difícil. Y en todo caso, si por un casual fue eso lo que ocurrió, ¿a quién corresponde la culpabilidad más directa de que Pedro de Navarra hubiera llegado a ese nivel de desesperación si no es a sus captores?

Escuchando las explicaciones de la mujer guía de Simancas no me olvidé de Joxe Ulibarrena y la tenaz defensa que hizo del Mariscal de Navarra para que su figura fuera reconocida por sus compatriotas. Ulibarrena lamentablemente, predicaba en el desierto en una época en que nos gobernaba la teoría del quesito. La terrible historia de nuestro mariscal, defensor a ultranza de la independencia del reino, muerto en Simancas en manos del enemigo castellano español nunca les interesó a UPN-PSOE de los años 80 y 90, como tampoco se ocuparon en reparar la memoria de Xavier Mina. Con ambos personajes tenemos una inmensa deuda de reconocimiento.

La guía de Simancas defendió ante nosotros la memoria de los comuneros. Me pareció absolutamente comprensible y lógico y se lo dije con estas palabras: “Cada uno tiene que ser consciente de su propia historia”. También como un malentendido suyo me preguntó a ver qué le recriminaba a ella. Le dije claramente que ni la recriminaba ni la incriminaba. Los castellanos de ahora mismo solo deben responder de sus propias faltas como nosotros de las nuestras. En ningún caso les podemos acusar de lo que hicieron sus antepasados, si es que lo eran, del siglo XVI.

En favor de su presente, en cambio, hay que hacer constar un hecho que les honra. El 23 de abril se celebra cada año el día de Castilla-León en memoria de los tres líderes comuneros asesinados por las tropas del rey Carlos I en Villalar de los Comuneros. Y, sin embargo, ¡cuánto nos queda por hacer a nosotros, los que pertenecemos al mismo pueblo de Pedro de Navarra para preservar y honrar su memoria!

Los restos de Pedro de Navarra y Lakarra fueron trasladados por expreso deseo de su sucesor desde Castilla a la iglesia de San Pedro de la Rúa de Lizarra-Estella y enterrados en la cripta de los mariscales en 1557.

En el año 2012 se quiso erigir en Lizarra un monumento en memoria de Pedro de Navarra en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro de la Rúa. Pero en la ciudad del Ega mandaban los de UPN, como ahora y no lo permitieron. Ellos defienden otras causas, no las que glorifican la memoria de Navarra, desde luego. Pello Iraizoz, autor de la escultura, conservó en su casa el trabajo realizado que finalmente fue colocado en Uharte en noviembre de 2022, 500 años después de la muerte del jefe de los ejércitos del reino de Navarra.

Gracias a la iniciativa particular de un grupo de vecinos de Lizarra, una placa de bronce diseñada por Pedro Irulegi recuerda al mariscal en la escalinata de San Pedro desde 2019.

Tafalla, ciudad natal del mariscal, también decidió a iniciativa de Altafaylla erigir un monumento en memoria de Pedro de Navarra frente a su casa, el palacio de los mariscales. Solo consta la existencia de una calle Mariscal Pedro de Navarra, en Puiu-Pueyo, Valdorba.

En resumen, bien poca cosa para honrar a un personaje tan relevante de nuestra historia que pagó con su vida la fidelidad jurada a los reyes legítimos y a la independencia del reino de Navarra. Pedro de Navarra y Lakarra. Agur eta ohore.

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/11/02/recordando-mariscal-pedro-navarra-lakarra-11712198.html


2026/10/18

Lauburu

Lauburu

Iñigo Saldise Alda

El lauburu, que literalmente significa cuatro cabezas en castellano, se representa con cuatro elementos curvilíneos, a los cuales se les llaman comas o vírgulas, distribuidas formando así una cruz en torno a un punto central. Algunos autores van más allá y señalan que el lauburu no nació como un símbolo evolucionado de la cruz gamada o esvástica, sino que son comas unidas en un planteamiento más bien estético, al cual se han buscado, por parte de los vascos y las vascas, varias explicaciones con las cuales buscar su significado.

Pero también hay quien afirma, que su forma parte inicialmente de la cruz gamada existente en el Mundo desde tiempo ancestral. Que por tanto es un símbolo precristiano, y por ello, su significado original siempre ha sido discutido. Para algunos representa al sol; para otros, el movimiento o las edades del hombre; otra interpretación dice que con giro a la derecha es símbolo de vida, y con giro a la izquierda es símbolo de muerte, razón por la cual aparece de esta última manera en numerosos monumentos funerarios vascos; pero para otros también es el símbolo de la energía o virilidad masculina de origen solar, representados con ello la dualidad de las divinidades mitológicas vascas Maju y Mari.

El significado o los significados, que más fuerza tiene entre los vascos y las vascas, es que el lauburu representa principalmente al sol y la energía, porque sus brazos curvos imitan el movimiento del sol en el cielo, símbolo de luz y fuerza vital; asimismo al ciclo de la vida representando los cuatro elementos, la tierra, el agua, el aire y el fuego o también a las cuatro estaciones en un movimiento eterno de regeneración. Igualmente sirve de protección contra el mal, puesto que tradicionalmente se cree que el lauburu protege contra los espíritus malignos, el mal de ojo y las energías negativas e incluso hay quien le da una creencia más interestelar, más universal si se quiere decir, que es la que se confía su significado en la unidad cósmica, por tanto, se relaciona con el equilibrio perfecto entre las fuerzas naturales y las humanas.

En la tradición vasca, el lauburu se colocaba inicialmente sobre el umbral de las casas, no solo como embellecimiento arquitectónico, sino como un verdadero guardián espiritual del hogar. Para muchos, portar un lauburu es llevar al sol consigo, en definitiva, alimentar con ello a una luz interior que guía y protege en los momentos de oscuridad.

Pero las representaciones más conocidas del lauburu en la cultura vasca, aparecen principalmente en estelas funerarias y elementos arquitectónicos antiguos repartidos por los distintos territorios de Vasconia-Nabarra. Su presencia en caseríos, cementerios y hasta en objetos cotidianos, demuestra hasta qué punto este símbolo formaba y forma parte activa en la vida popular vasca. Es especialmente frecuente en las estelas circulares funerarias vascas, donde el lauburu aparece grabado como parte de una simbología vinculada a la memoria, la continuidad y al encaje entre generaciones. El lauburu, en su mayoría aparece labrado en piedra, que hoy se dice que proceden de finales del siglo XVI o principios del XVII, pero se considera muy probable que estén inspiradas en piezas anteriores, pero siempre en manifestaciones artísticas y elementos vinculados a la identidad popular vasca. Precisamente esa permanencia es una de las razones por las que esta figura sigue teniendo fuerza hoy día. El lauburu no pertenece únicamente al pasado, sino que se ha ido adaptando al paso de los tiempos, sin perder su emanación inicial.

El ingeniero y escritor Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro Estelas discoidales de Euskal Herria, nos comentó que el lauburu apareció ya entrado el siglo XVII, concretamente en dos de las comarcas de la Tierra de Vascos o Ultrapuertos, Laburdi y de Baxenabarra. Así pues, ateniéndonos a tal dato, el lauburu debe de ser considerado como un símbolo relativamente moderno. Pese a ello, no se sabe por qué se empezó a usar, y pese a lo dicho, se desconoce su significado exacto, diferenciándose claramente por sus brazos redondeados de cualquier esvástica prerromana o medieval hallada en Vasconia, algo que nos lo indica claramente y además en diversos trabajos, el historiador, escritor, ensayista e investigador Aitzol Altuna Enzunza.

Bien, así pues, el lauburu es actualmente, como ya hemos dicho, uno de los símbolos más representativos y reconocibles de la cultura popular vasca; aunque si bien, tradicionalmente, nunca ha sido usado en escudos o banderas en ninguna de las comarcas de Nabarra, tenemos que reconocer que hay algunas excepciones. Estas son el logo del partido político EAE-ANV, donde aparece el lauburu dentro de una estrella de seis puntas. También, en la actualidad, aparece en diversos parches textiles y pegatinas con el lauburu sobre la ikurriña, los cuales se pueden comprar a través de internet. También hay banderas rojigualas y de la cruz de Borgoña o San Andrés con el lauburu puesto en ellas, ambos diseños los podemos encontrar en el blog, de ideología de extrema derecha española, titulado Resistencia Castellana, donde indican que el lauburu es un símbolo ibérico. Incluso, en mis búsquedas llevadas a cabo por la red, he encontrado otra bandera del lauburu, pero esta vez con estilo nazi de venta en la plataforma todocolección. Y casualmente, también, se ha creado una bandera de Nabarra donde se fusiona de una manera brillante el carbunclo en un lauburu.

Logo EAE-ANV


Parche bordado lauburu e ikurriña

Bandera cruz de Borgoña o San Andrés con lauburu

Rojigualda con lauburu

Bandrea nazi con lauburu

Bandera de Nabarra con lauburu


2026/10/17

Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión


 Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión

Joseba Asiron

Carlos III nació el 22 de julio de 1361 en Mantes-la-Jolie, localidad cercana a París donde en aquel momento se encontraban sus padres. Mantes era entonces una plaza de soberanía navarra, y se encontraba además cerca de Évreux, que era el territorio patrimonial de sus antepasados, los condes de Évreux. El príncipe era hijo de Juana de Valois y del rey Carlos II de Navarra, aquel al que la historiografía francesa encasquetó el sobrenombre de Carlos el Malo (le Mauvais), porque quiso hacer valer sus derechos dinásticos a la corona de Francia, tomando parte en la denominada guerra de los Cien Años.

La dinastía real Évreux había sido iniciada en Navarra por su abuelo Felipe III, conde de Évreux, por casamiento con la reina Juana II de Navarra, hija del rey Luis I el Hutín (es decir, el Obstinado). Debido al fracaso de la política exterior de su padre, el joven Carlos fue entregado como rehén al rey de Francia, y fue criado en la corte de París como si de un príncipe francés se tratase. Fue, según opinión unánime, una persona de gran inteligencia y prudencia, dotado además de una personalidad agradable y atractiva.

Retenido en una cárcel dorada durante los primeros años de vida, el joven príncipe Carlos no pisaría su capital Pamplona hasta 1366, cuando contaba ya cinco años, y aún hubo de pasar dos años más en la corte de París, entre 1378 y 1380 cuando, enviado como embajador por su padre, fue apresado de manera artera por el rey de Francia. Carlos III fue coronado en la catedral de Pamplona, tras la muerte de su padre en 1387, y se casó con la princesa Leonor de Trastámara, hija del rey de Castilla.

¿Un remanso de paz...?

Los historiadores señalan siempre las diferencias de carácter entre el joven príncipe y su padre, el belicoso Carlos II. Y justifican con dichas diferencias el hecho de que Carlos III se empeñara en apaciguar el reino. Que sacara a Navarra del conflicto europeo que la había desangrado, que hiciera las paces con el rey de Francia, y que consiguiera acercamientos importantes con Castilla, con Aragón y hasta con el Papa. Y todo ello es cierto.

Pero quienes conocen de primera mano la documentación de su reinado saben que no estuvo ni mucho menos exento de problemas, sobre todo en lo que al control interior del reino se refiere. Las guerras de linajes, que desde hacía varias generaciones sacudían el reino, siguieron vigentes durante su tiempo, de manera más o menos explícita. Estos banderizos, que posteriormente y de manera un tanto simplista serían clasificados como beaumonteses o agramonteses, dieron muchos quebraderos de cabeza al rey.

Así, en 1410, cuando Carlos III llevaba ya 23 años en el trono, se tuvo que emplear a fondo para apaciguar a los señores de Eraso, Amézqueta, Samper, Zabaleta, Azpilcueta, Irurita, Zozaya, Jarola y Vergara, que mantenían encendido el norte del reino con sus guerras privadas. Cuatro años más tarde, en 1414, tuvo que enviar a uno de sus más altos cargos, el merino de Estella, a poner paz entre las familias Alzate, Zabaleta, Lizarazu y Aizaga, que andaban de nuevo a la greña. Y todavía en 1423, dos años antes de morir, el conflicto reavivado entre los Lusa y los Agramont en Baja Navarra le obligó a enviar allí una embajada disuasoria durante 22 días.

Un reinado fructífero

Con todo, debemos reconocer que el de Carlos III fue un reinado que dejó muy buen poso. Además del apaciguamiento de la política exterior, Carlos (o Charles) impulsó la construcción del castillo-palacio de Olite, maravilla de la castellología navarra y europea. Y levantó otro no menos espectacular palacio en Tafalla, hoy por desgracia desaparecido.

En su capital, Pamplona, dio impulso a la construcción de la actual catedral gótica de Pamplona, tras el hundimiento de la cabecera románica en el amanecer del 1 de julio de 1390. A su muerte había dejado ya levantadas las capillas laterales, las dos naves secundarias y buena parte de la altísima nave central, que se elevaba hasta los 28 metros. De este modo, y como se ha comentado ya en alguna ocasión, se da la paradoja de que Carlos III fue coronado en 1387 en una catedral románica, pero en 1425 sería enterrado en una catedral enteramente gótica. Su magnífico sepulcro, en el que aparece retratado junto a su mujer, la reina Leonor, fue realizado por el escultor borgoñón Jehan (o Janín) Lome, y constituye toda una joya de la escultura funeraria del gótico europeo.

El Privilegio de la Unión

Con todo, desde la perspectiva pamplonesa, la acción más importante y decisiva del rey fue sin duda la promulgación del Privilegio de la Unión del 8 de septiembre de 1423. Como es sabido, durante toda la Edad Media los tres burgos que formaban Pamplona (Navarrería, San Cernin y San Nicolás) habían mantenido muy malas relaciones entre ellos, sosteniendo conflictos de manera permanente. Los enfrentamientos tocaron techo en 1276, cuando la Navarrería fue enteramente destruida por los otros dos burgos, permaneciendo despoblada durante cuatro décadas.

Carlos III decidió solucionar definitivamente aquella cuestión cuando, habiéndose personado en Pamplona para presentar publicly a su nieto, el príncipe Carlos de Viana, asistió atónito al espectáculo de los jurados (concejales, diríamos hoy) de los tres burgos, peleando por lograr los puestos de preferencia en el cortejo municipal. Y decidió cortar de raíz.

El Privilegio, escrito en romance navarro sobre un pergamino de piel, es una compilación de disposiciones de diferente tipo, que terminaría con la secular división tripartita de la ciudad. Decreta que en lo sucesivo Pamplona sea considerada una única ciudad, con unas normas comunes, con defensas comunes y sin divisiones internas. Sería además un único municipio, con un único ayuntamiento, un alcalde, un solo pendón o bandera y un único escudo, el león pasante bajo la corona real de Navarra.

Y mandó además construir una Jurería o Casa Consistorial, en el mismo lugar donde se encuentra hoy, es decir en el espacio libre o tierra de nadie situada entre los tres burgos, allí donde antiguamente salían a pelear, como símbolo perpetuo de unión entre las gentes de Pamplona. El Privilegio de la Unión, en suma, modernizaba la vieja Iruñea, la sacaba de la Edad Media y la colocaba en la mejor disposición para afrontar el ya cercano Renacimiento, como la capital humanista de un estado pequeño pero solvente, en el terreno de juego de la política europea.

Sombras finales

Carlos de Évreux murió el 8 de septiembre de 1425, segundo aniversario del Privilegio de la Unión. Aunque había tenido varios hijos varones estos habían fallecido de niños, por lo que el trono recayó en su hija Blanca I de Navarra, viuda del rey de Sicilia y casada en segundas nupcias con el hermano del rey de Castilla, el nefasto Juan de Aragón (futuro Juan II).

Las disposiciones matrimoniales especificaban que este Juan “llegaba como extranjero a la subcesión”, por lo que en caso de fallecimiento de la reina debería ceder el trono al heredero de ambos. Las intrincadas estipulaciones del documento, no obstante, permitieron a Juan retener el trono tras la muerte de la enfermiza Blanca, retrasando sine die la entrega del trono al hijo de ambos, el príncipe Carlos de Viana.

Colmada la paciencia del joven Carlos, las desavenencias con su padre terminaron por convertirse en guerra civil en Navarra en el año 1451. Ante la disyuntiva de elegir entre el padre o el hijo, el cuerpo nobiliario se partió en dos bloques irreconciliables. De un lado se alineó el bando agrupado en torno a las familias Peralta-Navarra, que apoyaban a Juan de Aragón, mientras que Carlos de Viana recibió el apoyo del conglomerado Beaumont-Lusa, sostenido y subvencionado de manera más o menos subrepticia por Castilla, a la que venía muy bien la idea de una Navarra dividida.

De este modo podemos concluir que el brillante reinado de Carlos III trajo consigo, paradójicamente, la posterior ruina del reino, puesto que abonó y reavivó un conflicto banderizo que duraba ya varias generaciones, y que el buen rey Carlos no había sabido atajar durante su reinado. La semilla para la conquista española de Navarra estaba ya sembrada, y preparada para germinar.

https://www.noticiasdenavarra.com/pamplona/2026/10/17/carlos-iii-noble-navarra-artifice-11659087.html


2026/10/15

Carbunclo versus cadenas (V)


Carbunclo versus cadenas (V)

Iñigo Saldise Alda

Los siglos XVIII, XIX y XX fueron siglos para el asentamiento de las cadenas dentro del imaginario colectivo de nuestra sociedad, tanto en la Navarra al sur del Pirineo bajo sometimiento español, como también en la Navarre norpirenaica bajo subordinación francesa. Tanto al norte como al sur, la inmensa mayoría de publicaciones oficiales, o casi todas ellas mejor dicho, tenían grabado el escudo de Navarra-Navarre, pero con las cadenas como protagonistas. Unas cadenas que el caso del sur del Pirineo fueron siendo asimiladas desde prácticamente un siglo antes; concretamente desde el inicio del siglo XVII, destacando una copia del Libro de Armería del Reino de Nabarra, donde el rey de armas de turno intentó la adaptación de las cadenas en el mismo carbunclo, haciendo un trabajo pésimo a mi entender, a la par de significativo, debido a la incompatibilidad de compaginar ambos símbolos en uno solo; dicho espécimen lo podemos visionar hoy día en el Archivo Real y General de Navarra. También hay que tener en cuenta la creación del oficio de maceros del Reino de Navarra ocurrida entorno al año 1600, en cuyos trajes, llamados dalmáticas, que vemos hoy día, los cuales fueron confeccionados en el año 1912, encontramos tres escudos diferentes; uno con el arrano beltza, otro con el carbunclo y otro con las cadenas, todos ellos sobre campo de gules.

Al norte del Pirineo, todavía en el siglo XVII, más concretamente en el año 1620, Louis XIII de France realizó, también de forma ilegal e ilegítima según las leyes y costumbres del Reino de Nabarra, el denominado por los franceses como el Decreto de la Unión. Como es sabido, en él, el Reino de Nabarra fue unido de forma falsaria al Reino de France. Con ello, entre otras cosas, se dejó de acuñar moneda nabarra y el carbunclo fue paulatinamente desapareciendo; además, el ejército nabarro se fusionó con el ejército francés, supeditándolo desde entonces a los mandos militares franceses, pero contando su insignia con el carbunclo cambiado por las cadenas hacia finales del siglo XVII. También al norte del Pirineo ésta asimilación forzada dio finalmente paso al ensalzamiento identitario de las cadenas como armas propias de Navarre, algo que podemos comprobar en la iglesia de Notre Dame du Bout du Pont en Donibane Garazi-Saint Jean Pied de Port; concretamente en dos escudos existentes en sus vidrieras; uno que representa a Navarre y otro a la propia villa, siendo ambos del siglo XIX. Dicha exaltación, de las cadenas, continuo durante todo el siglo XX.

En el año 1899 se publicó en el Reino de España un trabajo titulado Nobiliario. Armería General de Nabarra; dicha obra fue realizada por el escritor e historiador español Joaquín Argamasilla de la Cerda y Bayona. En ella nos dice lo siguiente sobre el escudo de Nabarra:

“D. Sancho el Fuerte, en memoria de haber decidido la batalla de las Navas de Tolosa, tomando por asalto el campamento del Emir Miramamolín, que estaba defendido por 10.000 berberiscos y numerosas cadenas, adoptó éstas por distintivo de su escudo, con la verde esmeralda del derrotado Mahomed puesta en abismo, sustituyendo así el águila que hasta entonces había usado en su sello real.”

Ya en el siglo XX, concretamente en el año 1905 se publicó el trabajo titulado La heráldica entre los euskaldunes, realizado por el heraldista, abogado y escritor Juan Carlos Guerra Barrena, donde nos dice lo siguiente:

“D. Sancho el Fuerte usó cuatro barras cruzadas y laboreadas de manera que los ocho brazos que formaban las cuatro barras, saliendo de un centro común, parecian otros tantos cetros adornados en sus extremos con flores de lis, El mismo D. Sancho usó también otro escudo con barras lisas y al que hoy se usa, sin otra diferencia que la de los globos, anillos o esferillas que después se añadieron a las barras de trecho en trecho, para incidar en enlace de los eslabones de una cadena. E Rey D. Felipe III de Navarra varió su forma por los años 1333, poniendo en las monedas tres eslabones separados cuya figura es idéntica a la de los dos trozos de cadenas que existen en la Colegiata de Roncesvalles. Quieren así representar mejor el destrozo o rompimiento de las que cercaban la tienda del Miramamolin, y que aparece figurado por un triángulo en el cdntro de los eslabones. Una cruz que se ve sobre la cúspide del pabellón de nota en estas monedas el triunfo de la religión cristiana sobre la media luna. (…)”.

Este heraldista donostiarra, no solo interpreta claramente el carbunclo como las cadenas, sino que lo intenta justificar con el particular diseño de unas monedas.

En la provincia española de Navarra, para ser más exactos el día 22 de enero del año 1910, se hizo por enterada la Diputación Foral de Navarra, de que había notables diferencias en el diseño del escudo de Navarra y por ello estableció su forma definitiva. Tras ello, para subsanar la supuesta inexistencia de una bandera de Navarra, dispuso su elaboración tras consultar a varias personas cualificadas. En concreto hablaron con el escritor, historiador y político Hermilio de Olóriz Azparren, siendo también consultados el abogado y político Arturo Campion Jaimebon, además del historiador y militar Julio Altadill y Torrontera de Sancho San Román. Los tres se basaron en el escudo descrito, supuestamente, por el príncipe de Viana, que fue ratificado dos siglos después por el padre José de Moret Mendi. Este trío de fueristas navarros, desecharon así y de forma intencionada, al carbunclo cerrado y pomelado como armas de Nabarra.

En la denominada como sexta merindad, el sacerdote e historiador Pierre Narbaitz Caillava, realizó la obra Nabarra, ou quand les Basques avaient des rois, publicada el año 1978. En dicho trabajo, como no podía seer de otra manera, también se hizo eco de la batalla de las Navas de Tolosa y del trofeo de las cadenas, diciendo:

“(…) la seule chose qui l’accompagna dans la postérité fut la pure gloire. Et l’introduction, historique ou légendaire, des chaînes de Las Navas dans les armoiries de Nabarra, (…)”.

Por lo dicho, al parecer, durante todo el siglo XX quedaban ratificadas las cadenas como las armas del escudo de Navarra, quizás puesto esto en duda en una transcripción y estudio del Libro de Armería del Reino de Navarra del año 1974, realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués:

“(…) es bien sabido que prevaleció el uso del escudo de guerra blocado, esto es, con carbunclo, que luego se interpretó como ‘cadenas’.”

Y también menciona lo siguiente:

“Armas del inclito rey de Nauarra: De gules, carbunclo cerrado pomelado de oro, una esmeralda verde (en forma de losangre) en abismo. Timbrado de una corona de tres florones.”

Ya en el año 1982, Juan José Martinena Ruiz nos transcribió un escrito añadido con posterioridad al original del año 1572, en su obra también titulada Libro de Armería del Reino de Navarra:

“El rey don Sancho el fuerte, (…) rompió y ganó las cadenas del rey de Marruecos (…) las Navas de Tolosa, (…) todos los reyes de Navarra han llevado y llevan en sus escudos y estandartes y sepulturas por armas las cadenas de oro con una esmeralda en la llabe y medio de las dichas cadenas en campo de gules (...)y está pintado el escudo de las dichas armas con su corona real encima del dicho escudo (…)”.

Tras el periodo de la dictadura franquista en el Estado español, la actual Comunidad Foral de Navarra adoptó, como era de esperar, las cadenas como escudo, como según se recoge en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra del día 10 de agosto del año 1982, donde en su artículo 7.1 lo describe nítidamente de la siguiente manera:

“El escudo de Navarra está formado por cadenas de oro sobre fondo rojo, con una esmeralda en el centro de unión de sus ocho brazos de eslabones y, sobre ellas, la Corona Real, símbolo del Antiguo Reino de Navarra.”

Por ello, podemos afirmar que no hubo debate o discusión que se conozca al respecto en los siglos XVIII, XIX y XX, en donde alguien se posicionara claramente a favor del carbunclo, salvo el traje de macero y la escueta mención realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués. Pero algo cambió a comienzos del siglo XXI, gracias a la labor de varios autores (escritores, historiadores, heraldistas,...) y por supuesto debido también a diversos factores históricos y político-sociales, ocurridos ya a comienzos del siglo XXI.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/carbunclo-versus-cadenas-v


NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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