Carbunclo versus cadenas (II)
Iñigo Saldise Alda
La llegada al siglo XVI fue ciertamente traumática, al menos para los nabarros y las nabarras. Esto fue debido a la guerra de Nabarra (1512-1524 ó 1529 ó 1530). Con la derrota de las tropas nabarras y de sus aliados en el año 1512, el rey de España Fernando de Trastamara y Enríquez incorporó ilegalmente, todo hay que decirlo, el Reino de Nabarra a la Corona de Castilla el 11 de junio del año 1515 en la ciudad de Burgos. Pero ya antes, concretamente el 23 de marzo del año 1513, se llevó a cabo la farsa del juramento de los Fueros nabarros; acto ejecutado por el virrey castellano-leonés para Navarra y marqués de Comares Diego Fernández de Córdoba. Éste realizó dicho testimonio en nombre de su monarca y soberano. Para la falsaria escenificación del asunto puso en la catedral de Santa M.ª la Real de Iruñea-Pamplona, dos escudos del rey español Fernando el Falsario colocados ellos en una posición destacada y preeminente, al estar a ambos lados del altar mayor. En dichos blasones se incluye también las armas de Nabarra, siendo estas representadas con el carbunclo. Hay que recordar que el rey de armas del soberano español era el aragonés Garci Alonso de Torres y Núñez, defensor del carbunclo frente a las cadenas.
La invasión y ocupación española del año 1512 no fue solo militar, sino que también llegaron copistas y cronistas españoles, extranjeros todos ellos, los cuales ocuparon ilegítimamente puestos relevantes dentro de la estructura administrativa, político social y cultural nabarra. Uno de ellos fue Sancho de Alvear, militar, escriba o copista, además de cronista. Casualmente a finales del siglo anterior había coincidido con el militar, cronista y heraldista castellano-leonés Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga durante la guerra de Granada (1482-1492), como ya hemos dicho defensor este último de la leyenda de las cadenas. Sancho de Alvear, tras participar activamente como capitán de infantería en diversos sitios y combates, fue designado por sus superiores para analizar, por su conocimiento en el arte de las letras, la documentación nabarra existente y posteriormente preparar una crónica corregida con códices antiguos, principalmente castellano-leoneses pero también aragoneses, es decir españoles, para intentar convencer a los líderes agramonteses, lealistas patriotas nabarros en su mayoría, de la supuesta legitimidad existente sobre el Reino de Nabarra por parte del rey español Fernando de Trastamara y Enríquez el Falsario. Todo ello mediante un recorrido político-histórico común existente entre los Estados de Nabarra y Aragón, incluso también con el Reino de Castilla y León, aportando a su vez y de manera muy particular, referencia explícita a su tierra natal, Cantabria. Pero ya en el año 1514 fue designado de nuevo a la vida castrense, haciéndose cargo de la capitanía de las tropas españolas destacadas en el valle de Erronkari-Roncal.
En
una nueva intentona de recuperación de la soberanía del Reino de
Nabarra del año 1516, la insurrección del pueblo nabarro fue
brutalmente oprimida por los soldadesca española. Además el
ejército de liberación capitaneado por el propio rey consorte Juan
III de Nabarra se estancó en Donibane Garazi-St Jean Pied de Port,
mientras que la columna libertaria dirigida por el mariscal de
Nabarra tuvo que volver sobre sus pasos al valle de Erronkari-Roncal,
donde la situación se agravó más, al estar cerrado uno de los
puertos pirenaicos por la gran acumulación de nieve. Allí sufrió
una emboscada de tropas españolas en las cuales se encontraba Sancho
de Alvear. Para lamento de Nabarra, Pedro de Nabarra y Lacarra se
rindió junto a otros 17 nobles nabarros al invasor-ocupante español
bajo las leyes caballerescas, lo que permitió así la libertad de
todos sus subordinados. Sancho de Alvear fue uno de los encargados de
escoltar y vigilar al mariscal de Nabarra, vizconde de Muruzabal y
del señorío de Val de Izarbe, palaciego de Eusa Pedro de Nabarra y
Lacarra, el cual fue conducido preso junto al resto de nobles
nabarros, agramonteses todos ellos, por Zangoza-Sangüesa hasta la
ciudad de Lizarra-Estella. En el año 1517, deslumbrado por el
recuerdo del porte caballeresco y señorial de Pedro de Nabarra y
Lacarra, fue cuando el capitán de infantería de su majestad Carlos
I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico Sancho de
Alvear, envió una carta al mariscal de Nabarra prisionero en el
castillo-prisión castellano de Atienza. Con ello buscaba la adhesión
del alto representante y dirigente nabarro, indiscutible cabecilla de
la facción agramontesa, al rey español y para ello adjuntó una
crónica. Esta obra es Genealogías
y descendencias de los reyes de Navarra y duques de Cantabria.
En dicho trabajo nos menciona las cadenas de la Navas de Tolosa de la
siguiente manera: “(…)
Averiguare, que es el poderoso Rey D. Sancho el fuerte de Navarra
peleo en el cuerpo de la batalla tan poderosamente que su Alteza fue
el primero que rompió la cadena que estaba alderredor del
Miramamolin (…)” “(…) el rey Don Sancho el fuerte rompió la
cadena y fue para las tiendas del Miramamolin y dentro de la tienda
principal estaba a manera de un farcel de yerro, de una red de hierro
muy menuda y en medio daste farcel y red de yerro estaba donde se
venían a juntar los cabos, una esmeralda verde de mui gran valor y
como quiera que la mayor parte de las riquezas desta batalla que el
Rey D. Sancho no quiso otra cosa sino trae por armas aquella red de
hierro, que estaba hecho un carcel a manera de una camarica, y ansi
de oy adelante se traen por armas estas mismas redes de hierro
hallaron oy en dia en la Yglesia mayor de Pamplona en el coro y en la
Yglesia mayor de Tudela la otra cadena que estaba rodeando (…) que
el mismo rey quebro, repartelas a trozos para los Cavalleros (…) de
aquella batalla, y a los Cavalleros de Zuñiga que eran cantabros (…)
y les dio un trozo de cadena dorada por orlas (…)”.
En año 1521 se llevó acabo una nueva y fulgurante acción militar de nabarros junto a sus aliados franceses, logrando liberar el Reino de Nabarra. Pero la alegría libertaria apenas duró un mes. Tras ello, con una nueva invasión y ocupación española, trajo esta nuevos agentes políticos y culturales extranjeros a Nabarra, creándose otro marco de debate o discusión, entorno al escudo nabarro, más concretamente mediante su representación.







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