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2026/11/02

Recordando al mariscal Pedro de Navarra y Lakarra

Mariscal de Nabarra por Martintxo Altzueta


Recordando al mariscal Pedro de Navarra y Lakarra

Bingen Amadoz

Veinticuatro de octubre de 2026. Nos acercamos en grupo al castillo de Simancas. Nos espera allí una guía acostumbrada a repetir su retahíla histórica de manera automática. Es una mujer que pronto se mostrará altiva y también esquiva. Nos pregunta: “¿De dónde sois?” y me adelanto a contestar: “Venimos del pueblo de Pedro de Navarra, mariscal que fue asesinado en este castillo de Simancas en 1522”. Dice ella sorprendida en su altivez: “Yo no soy ninguna asesina, no como hay otros…”.

¡Mal empezamos!, pienso, antes de que ella corra a refugiarse en un espacio alejado mientras va murmurando: “¡Vaya con que me encuentro a las nueve y media de un sábado!”. Sí. Me temo que se ha tropezado con la historia de “los otros”.

Reconozco que he entrado “a saco” pero ¿qué puede ser para nosotros el castillo de Simancas? Hace tiempo que es un Archivo, el Archivo general del Reino de Castilla, desde que fue creado como tal, en el año 1540 por el rey Carlos I de España y V de Alemania, pero antes fue una cárcel y por lo que cuentan las crónicas, de las peores en su tiempo. Tuvo mazmorras lúgubres hoy reconvertidas en Caja Fuerte del Archivo.

Allí fue a parar Pedro de Navarra y Lakarra, mariscal jefe de los ejércitos del Reino de Navarra y líder agramontés, después de ser detenido en Isaba en 1516 por los conquistadores castellanos. Primero estuvo preso en el castillo de Atienza. Allí se le hizo una primera oferta de perdón a cambio de jurar sometimiento al rey castellano. Pedro de Navarra se negó diciendo que él había jurado fidelidad a los reyes legítimos de Navarra y que en ello seguía firme. Más tarde lo trasladaron a Simancas, donde lo intentaron convencer una y otra vez para que cambiara de bando y de nación, pero no lograron su beneplácito en ningún caso. Él siguió siendo fiel a Juan de Labrit y a Catalina de Foix, sus señores naturales a los que siempre había servido.

Pedro de Navarra pertenecía a una familia de la alta nobleza del reino, descendiente por vía bastarda de Carlos III el Noble y había nacido en Tafalla alrededor del año de 1454.

El 24 de noviembre de 1522 apareció muerto en su celda con heridas sangrantes. No murió de muerte natural. Sus captores difundieron una versión oficial que no deja de ser muy discutible. Según dijeron, se había suicidado. Un criado de apellido Acuña, castellano sin ninguna duda, para corroborar la información difundida por los responsables de la prisión, testificó que le había entregado un puñal a petición suya. Curiosa circunstancia. ¿Cuándo se ha visto que a un preso se le entregue un arma estando en manos de sus enemigos? En este pueblo nuestro sabemos bastante sobre las versiones oficiales de quien ejerce como opresor. También es conocido el temor expresado por el propio Pedro de Navarra a ser asesinado en la prisión de Simancas pocos días antes de que apareciera muerto.

Es obligado recordar por otro lado que en el propio Simancas ocurrieron ejecuciones y muertes ordenadas bajo el reinado de Carlos I. Al obispo Acuña, líder comunero, lo mataron en 1526 a garrote vil y antes, el 14 de agosto de 1522 también mataron a Pedro Maldonado, líder comunero primo de Francisco Maldonado, uno de los cabecillas de la rebelión comunera a quien decapitaron en Villalar junto a Juan Bravo y Juan Padilla el 24 de abril de 1521. Tanto a Pedro Maldonado como al obispo Acuña se les recuerda hoy día en una placa incrustada en la fachada del ayuntamiento de Simancas. Los dos eran ciudadanos del reino de Castilla.

Con estos antecedentes creer en el suicidio del mariscal resulta bastante difícil. Y en todo caso, si por un casual fue eso lo que ocurrió, ¿a quién corresponde la culpabilidad más directa de que Pedro de Navarra hubiera llegado a ese nivel de desesperación si no es a sus captores?

Escuchando las explicaciones de la mujer guía de Simancas no me olvidé de Joxe Ulibarrena y la tenaz defensa que hizo del Mariscal de Navarra para que su figura fuera reconocida por sus compatriotas. Ulibarrena lamentablemente, predicaba en el desierto en una época en que nos gobernaba la teoría del quesito. La terrible historia de nuestro mariscal, defensor a ultranza de la independencia del reino, muerto en Simancas en manos del enemigo castellano español nunca les interesó a UPN-PSOE de los años 80 y 90, como tampoco se ocuparon en reparar la memoria de Xavier Mina. Con ambos personajes tenemos una inmensa deuda de reconocimiento.

La guía de Simancas defendió ante nosotros la memoria de los comuneros. Me pareció absolutamente comprensible y lógico y se lo dije con estas palabras: “Cada uno tiene que ser consciente de su propia historia”. También como un malentendido suyo me preguntó a ver qué le recriminaba a ella. Le dije claramente que ni la recriminaba ni la incriminaba. Los castellanos de ahora mismo solo deben responder de sus propias faltas como nosotros de las nuestras. En ningún caso les podemos acusar de lo que hicieron sus antepasados, si es que lo eran, del siglo XVI.

En favor de su presente, en cambio, hay que hacer constar un hecho que les honra. El 23 de abril se celebra cada año el día de Castilla-León en memoria de los tres líderes comuneros asesinados por las tropas del rey Carlos I en Villalar de los Comuneros. Y, sin embargo, ¡cuánto nos queda por hacer a nosotros, los que pertenecemos al mismo pueblo de Pedro de Navarra para preservar y honrar su memoria!

Los restos de Pedro de Navarra y Lakarra fueron trasladados por expreso deseo de su sucesor desde Castilla a la iglesia de San Pedro de la Rúa de Lizarra-Estella y enterrados en la cripta de los mariscales en 1557.

En el año 2012 se quiso erigir en Lizarra un monumento en memoria de Pedro de Navarra en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro de la Rúa. Pero en la ciudad del Ega mandaban los de UPN, como ahora y no lo permitieron. Ellos defienden otras causas, no las que glorifican la memoria de Navarra, desde luego. Pello Iraizoz, autor de la escultura, conservó en su casa el trabajo realizado que finalmente fue colocado en Uharte en noviembre de 2022, 500 años después de la muerte del jefe de los ejércitos del reino de Navarra.

Gracias a la iniciativa particular de un grupo de vecinos de Lizarra, una placa de bronce diseñada por Pedro Irulegi recuerda al mariscal en la escalinata de San Pedro desde 2019.

Tafalla, ciudad natal del mariscal, también decidió a iniciativa de Altafaylla erigir un monumento en memoria de Pedro de Navarra frente a su casa, el palacio de los mariscales. Solo consta la existencia de una calle Mariscal Pedro de Navarra, en Puiu-Pueyo, Valdorba.

En resumen, bien poca cosa para honrar a un personaje tan relevante de nuestra historia que pagó con su vida la fidelidad jurada a los reyes legítimos y a la independencia del reino de Navarra. Pedro de Navarra y Lakarra. Agur eta ohore.

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/11/02/recordando-mariscal-pedro-navarra-lakarra-11712198.html


2026/10/18

Lauburu

Lauburu

Iñigo Saldise Alda

El lauburu, que literalmente significa cuatro cabezas en castellano, se representa con cuatro elementos curvilíneos, a los cuales se les llaman comas o vírgulas, distribuidas formando así una cruz en torno a un punto central. Algunos autores van más allá y señalan que el lauburu no nació como un símbolo evolucionado de la cruz gamada o esvástica, sino que son comas unidas en un planteamiento más bien estético, al cual se han buscado, por parte de los vascos y las vascas, varias explicaciones con las cuales buscar su significado.

Pero también hay quien afirma, que su forma parte inicialmente de la cruz gamada existente en el Mundo desde tiempo ancestral. Que por tanto es un símbolo precristiano, y por ello, su significado original siempre ha sido discutido. Para algunos representa al sol; para otros, el movimiento o las edades del hombre; otra interpretación dice que con giro a la derecha es símbolo de vida, y con giro a la izquierda es símbolo de muerte, razón por la cual aparece de esta última manera en numerosos monumentos funerarios vascos; pero para otros también es el símbolo de la energía o virilidad masculina de origen solar, representados con ello la dualidad de las divinidades mitológicas vascas Maju y Mari.

El significado o los significados, que más fuerza tiene entre los vascos y las vascas, es que el lauburu representa principalmente al sol y la energía, porque sus brazos curvos imitan el movimiento del sol en el cielo, símbolo de luz y fuerza vital; asimismo al ciclo de la vida representando los cuatro elementos, la tierra, el agua, el aire y el fuego o también a las cuatro estaciones en un movimiento eterno de regeneración. Igualmente sirve de protección contra el mal, puesto que tradicionalmente se cree que el lauburu protege contra los espíritus malignos, el mal de ojo y las energías negativas e incluso hay quien le da una creencia más interestelar, más universal si se quiere decir, que es la que se confía su significado en la unidad cósmica, por tanto, se relaciona con el equilibrio perfecto entre las fuerzas naturales y las humanas.

En la tradición vasca, el lauburu se colocaba inicialmente sobre el umbral de las casas, no solo como embellecimiento arquitectónico, sino como un verdadero guardián espiritual del hogar. Para muchos, portar un lauburu es llevar al sol consigo, en definitiva, alimentar con ello a una luz interior que guía y protege en los momentos de oscuridad.

Pero las representaciones más conocidas del lauburu en la cultura vasca, aparecen principalmente en estelas funerarias y elementos arquitectónicos antiguos repartidos por los distintos territorios de Vasconia-Nabarra. Su presencia en caseríos, cementerios y hasta en objetos cotidianos, demuestra hasta qué punto este símbolo formaba y forma parte activa en la vida popular vasca. Es especialmente frecuente en las estelas circulares funerarias vascas, donde el lauburu aparece grabado como parte de una simbología vinculada a la memoria, la continuidad y al encaje entre generaciones. El lauburu, en su mayoría aparece labrado en piedra, que hoy se dice que proceden de finales del siglo XVI o principios del XVII, pero se considera muy probable que estén inspiradas en piezas anteriores, pero siempre en manifestaciones artísticas y elementos vinculados a la identidad popular vasca. Precisamente esa permanencia es una de las razones por las que esta figura sigue teniendo fuerza hoy día. El lauburu no pertenece únicamente al pasado, sino que se ha ido adaptando al paso de los tiempos, sin perder su emanación inicial.

El ingeniero y escritor Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro Estelas discoidales de Euskal Herria, nos comentó que el lauburu apareció ya entrado el siglo XVII, concretamente en dos de las comarcas de la Tierra de Vascos o Ultrapuertos, Laburdi y de Baxenabarra. Así pues, ateniéndonos a tal dato, el lauburu debe de ser considerado como un símbolo relativamente moderno. Pese a ello, no se sabe por qué se empezó a usar, y pese a lo dicho, se desconoce su significado exacto, diferenciándose claramente por sus brazos redondeados de cualquier esvástica prerromana o medieval hallada en Vasconia, algo que nos lo indica claramente y además en diversos trabajos, el historiador, escritor, ensayista e investigador Aitzol Altuna Enzunza.

Bien, así pues, el lauburu es actualmente, como ya hemos dicho, uno de los símbolos más representativos y reconocibles de la cultura popular vasca; aunque si bien, tradicionalmente, nunca ha sido usado en escudos o banderas en ninguna de las comarcas de Nabarra, tenemos que reconocer que hay algunas excepciones. Estas son el logo del partido político EAE-ANV, donde aparece el lauburu dentro de una estrella de seis puntas. También, en la actualidad, aparece en diversos parches textiles y pegatinas con el lauburu sobre la ikurriña, los cuales se pueden comprar a través de internet. También hay banderas rojigualas y de la cruz de Borgoña o San Andrés con el lauburu puesto en ellas, ambos diseños los podemos encontrar en el blog, de ideología de extrema derecha española, titulado Resistencia Castellana, donde indican que el lauburu es un símbolo ibérico. Incluso, en mis búsquedas llevadas a cabo por la red, he encontrado otra bandera del lauburu, pero esta vez con estilo nazi de venta en la plataforma todocolección. Y casualmente, también, se ha creado una bandera de Nabarra donde se fusiona de una manera brillante el carbunclo en un lauburu.

Logo EAE-ANV


Parche bordado lauburu e ikurriña

Bandera cruz de Borgoña o San Andrés con lauburu

Rojigualda con lauburu

Bandrea nazi con lauburu

Bandera de Nabarra con lauburu


2026/10/17

Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión


 Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión

Joseba Asiron

Carlos III nació el 22 de julio de 1361 en Mantes-la-Jolie, localidad cercana a París donde en aquel momento se encontraban sus padres. Mantes era entonces una plaza de soberanía navarra, y se encontraba además cerca de Évreux, que era el territorio patrimonial de sus antepasados, los condes de Évreux. El príncipe era hijo de Juana de Valois y del rey Carlos II de Navarra, aquel al que la historiografía francesa encasquetó el sobrenombre de Carlos el Malo (le Mauvais), porque quiso hacer valer sus derechos dinásticos a la corona de Francia, tomando parte en la denominada guerra de los Cien Años.

La dinastía real Évreux había sido iniciada en Navarra por su abuelo Felipe III, conde de Évreux, por casamiento con la reina Juana II de Navarra, hija del rey Luis I el Hutín (es decir, el Obstinado). Debido al fracaso de la política exterior de su padre, el joven Carlos fue entregado como rehén al rey de Francia, y fue criado en la corte de París como si de un príncipe francés se tratase. Fue, según opinión unánime, una persona de gran inteligencia y prudencia, dotado además de una personalidad agradable y atractiva.

Retenido en una cárcel dorada durante los primeros años de vida, el joven príncipe Carlos no pisaría su capital Pamplona hasta 1366, cuando contaba ya cinco años, y aún hubo de pasar dos años más en la corte de París, entre 1378 y 1380 cuando, enviado como embajador por su padre, fue apresado de manera artera por el rey de Francia. Carlos III fue coronado en la catedral de Pamplona, tras la muerte de su padre en 1387, y se casó con la princesa Leonor de Trastámara, hija del rey de Castilla.

¿Un remanso de paz...?

Los historiadores señalan siempre las diferencias de carácter entre el joven príncipe y su padre, el belicoso Carlos II. Y justifican con dichas diferencias el hecho de que Carlos III se empeñara en apaciguar el reino. Que sacara a Navarra del conflicto europeo que la había desangrado, que hiciera las paces con el rey de Francia, y que consiguiera acercamientos importantes con Castilla, con Aragón y hasta con el Papa. Y todo ello es cierto.

Pero quienes conocen de primera mano la documentación de su reinado saben que no estuvo ni mucho menos exento de problemas, sobre todo en lo que al control interior del reino se refiere. Las guerras de linajes, que desde hacía varias generaciones sacudían el reino, siguieron vigentes durante su tiempo, de manera más o menos explícita. Estos banderizos, que posteriormente y de manera un tanto simplista serían clasificados como beaumonteses o agramonteses, dieron muchos quebraderos de cabeza al rey.

Así, en 1410, cuando Carlos III llevaba ya 23 años en el trono, se tuvo que emplear a fondo para apaciguar a los señores de Eraso, Amézqueta, Samper, Zabaleta, Azpilcueta, Irurita, Zozaya, Jarola y Vergara, que mantenían encendido el norte del reino con sus guerras privadas. Cuatro años más tarde, en 1414, tuvo que enviar a uno de sus más altos cargos, el merino de Estella, a poner paz entre las familias Alzate, Zabaleta, Lizarazu y Aizaga, que andaban de nuevo a la greña. Y todavía en 1423, dos años antes de morir, el conflicto reavivado entre los Lusa y los Agramont en Baja Navarra le obligó a enviar allí una embajada disuasoria durante 22 días.

Un reinado fructífero

Con todo, debemos reconocer que el de Carlos III fue un reinado que dejó muy buen poso. Además del apaciguamiento de la política exterior, Carlos (o Charles) impulsó la construcción del castillo-palacio de Olite, maravilla de la castellología navarra y europea. Y levantó otro no menos espectacular palacio en Tafalla, hoy por desgracia desaparecido.

En su capital, Pamplona, dio impulso a la construcción de la actual catedral gótica de Pamplona, tras el hundimiento de la cabecera románica en el amanecer del 1 de julio de 1390. A su muerte había dejado ya levantadas las capillas laterales, las dos naves secundarias y buena parte de la altísima nave central, que se elevaba hasta los 28 metros. De este modo, y como se ha comentado ya en alguna ocasión, se da la paradoja de que Carlos III fue coronado en 1387 en una catedral románica, pero en 1425 sería enterrado en una catedral enteramente gótica. Su magnífico sepulcro, en el que aparece retratado junto a su mujer, la reina Leonor, fue realizado por el escultor borgoñón Jehan (o Janín) Lome, y constituye toda una joya de la escultura funeraria del gótico europeo.

El Privilegio de la Unión

Con todo, desde la perspectiva pamplonesa, la acción más importante y decisiva del rey fue sin duda la promulgación del Privilegio de la Unión del 8 de septiembre de 1423. Como es sabido, durante toda la Edad Media los tres burgos que formaban Pamplona (Navarrería, San Cernin y San Nicolás) habían mantenido muy malas relaciones entre ellos, sosteniendo conflictos de manera permanente. Los enfrentamientos tocaron techo en 1276, cuando la Navarrería fue enteramente destruida por los otros dos burgos, permaneciendo despoblada durante cuatro décadas.

Carlos III decidió solucionar definitivamente aquella cuestión cuando, habiéndose personado en Pamplona para presentar publicly a su nieto, el príncipe Carlos de Viana, asistió atónito al espectáculo de los jurados (concejales, diríamos hoy) de los tres burgos, peleando por lograr los puestos de preferencia en el cortejo municipal. Y decidió cortar de raíz.

El Privilegio, escrito en romance navarro sobre un pergamino de piel, es una compilación de disposiciones de diferente tipo, que terminaría con la secular división tripartita de la ciudad. Decreta que en lo sucesivo Pamplona sea considerada una única ciudad, con unas normas comunes, con defensas comunes y sin divisiones internas. Sería además un único municipio, con un único ayuntamiento, un alcalde, un solo pendón o bandera y un único escudo, el león pasante bajo la corona real de Navarra.

Y mandó además construir una Jurería o Casa Consistorial, en el mismo lugar donde se encuentra hoy, es decir en el espacio libre o tierra de nadie situada entre los tres burgos, allí donde antiguamente salían a pelear, como símbolo perpetuo de unión entre las gentes de Pamplona. El Privilegio de la Unión, en suma, modernizaba la vieja Iruñea, la sacaba de la Edad Media y la colocaba en la mejor disposición para afrontar el ya cercano Renacimiento, como la capital humanista de un estado pequeño pero solvente, en el terreno de juego de la política europea.

Sombras finales

Carlos de Évreux murió el 8 de septiembre de 1425, segundo aniversario del Privilegio de la Unión. Aunque había tenido varios hijos varones estos habían fallecido de niños, por lo que el trono recayó en su hija Blanca I de Navarra, viuda del rey de Sicilia y casada en segundas nupcias con el hermano del rey de Castilla, el nefasto Juan de Aragón (futuro Juan II).

Las disposiciones matrimoniales especificaban que este Juan “llegaba como extranjero a la subcesión”, por lo que en caso de fallecimiento de la reina debería ceder el trono al heredero de ambos. Las intrincadas estipulaciones del documento, no obstante, permitieron a Juan retener el trono tras la muerte de la enfermiza Blanca, retrasando sine die la entrega del trono al hijo de ambos, el príncipe Carlos de Viana.

Colmada la paciencia del joven Carlos, las desavenencias con su padre terminaron por convertirse en guerra civil en Navarra en el año 1451. Ante la disyuntiva de elegir entre el padre o el hijo, el cuerpo nobiliario se partió en dos bloques irreconciliables. De un lado se alineó el bando agrupado en torno a las familias Peralta-Navarra, que apoyaban a Juan de Aragón, mientras que Carlos de Viana recibió el apoyo del conglomerado Beaumont-Lusa, sostenido y subvencionado de manera más o menos subrepticia por Castilla, a la que venía muy bien la idea de una Navarra dividida.

De este modo podemos concluir que el brillante reinado de Carlos III trajo consigo, paradójicamente, la posterior ruina del reino, puesto que abonó y reavivó un conflicto banderizo que duraba ya varias generaciones, y que el buen rey Carlos no había sabido atajar durante su reinado. La semilla para la conquista española de Navarra estaba ya sembrada, y preparada para germinar.

https://www.noticiasdenavarra.com/pamplona/2026/10/17/carlos-iii-noble-navarra-artifice-11659087.html


2026/10/15

Carbunclo versus cadenas (V)


Carbunclo versus cadenas (V)

Iñigo Saldise Alda

Los siglos XVIII, XIX y XX fueron siglos para el asentamiento de las cadenas dentro del imaginario colectivo de nuestra sociedad, tanto en la Navarra al sur del Pirineo bajo sometimiento español, como también en la Navarre norpirenaica bajo subordinación francesa. Tanto al norte como al sur, la inmensa mayoría de publicaciones oficiales, o casi todas ellas mejor dicho, tenían grabado el escudo de Navarra-Navarre, pero con las cadenas como protagonistas. Unas cadenas que el caso del sur del Pirineo fueron siendo asimiladas desde prácticamente un siglo antes; concretamente desde el inicio del siglo XVII, destacando una copia del Libro de Armería del Reino de Nabarra, donde el rey de armas de turno intentó la adaptación de las cadenas en el mismo carbunclo, haciendo un trabajo pésimo a mi entender, a la par de significativo, debido a la incompatibilidad de compaginar ambos símbolos en uno solo; dicho espécimen lo podemos visionar hoy día en el Archivo Real y General de Navarra. También hay que tener en cuenta la creación del oficio de maceros del Reino de Navarra ocurrida entorno al año 1600, en cuyos trajes, llamados dalmáticas, que vemos hoy día, los cuales fueron confeccionados en el año 1912, encontramos tres escudos diferentes; uno con el arrano beltza, otro con el carbunclo y otro con las cadenas, todos ellos sobre campo de gules.

Al norte del Pirineo, todavía en el siglo XVII, más concretamente en el año 1620, Louis XIII de France realizó, también de forma ilegal e ilegítima según las leyes y costumbres del Reino de Nabarra, el denominado por los franceses como el Decreto de la Unión. Como es sabido, en él, el Reino de Nabarra fue unido de forma falsaria al Reino de France. Con ello, entre otras cosas, se dejó de acuñar moneda nabarra y el carbunclo fue paulatinamente desapareciendo; además, el ejército nabarro se fusionó con el ejército francés, supeditándolo desde entonces a los mandos militares franceses, pero contando su insignia con el carbunclo cambiado por las cadenas hacia finales del siglo XVII. También al norte del Pirineo ésta asimilación forzada dio finalmente paso al ensalzamiento identitario de las cadenas como armas propias de Navarre, algo que podemos comprobar en la iglesia de Notre Dame du Bout du Pont en Donibane Garazi-Saint Jean Pied de Port; concretamente en dos escudos existentes en sus vidrieras; uno que representa a Navarre y otro a la propia villa, siendo ambos del siglo XIX. Dicha exaltación, de las cadenas, continuo durante todo el siglo XX.

En el año 1899 se publicó en el Reino de España un trabajo titulado Nobiliario. Armería General de Nabarra; dicha obra fue realizada por el escritor e historiador español Joaquín Argamasilla de la Cerda y Bayona. En ella nos dice lo siguiente sobre el escudo de Nabarra:

“D. Sancho el Fuerte, en memoria de haber decidido la batalla de las Navas de Tolosa, tomando por asalto el campamento del Emir Miramamolín, que estaba defendido por 10.000 berberiscos y numerosas cadenas, adoptó éstas por distintivo de su escudo, con la verde esmeralda del derrotado Mahomed puesta en abismo, sustituyendo así el águila que hasta entonces había usado en su sello real.”

Ya en el siglo XX, concretamente en el año 1905 se publicó el trabajo titulado La heráldica entre los euskaldunes, realizado por el heraldista, abogado y escritor Juan Carlos Guerra Barrena, donde nos dice lo siguiente:

“D. Sancho el Fuerte usó cuatro barras cruzadas y laboreadas de manera que los ocho brazos que formaban las cuatro barras, saliendo de un centro común, parecian otros tantos cetros adornados en sus extremos con flores de lis, El mismo D. Sancho usó también otro escudo con barras lisas y al que hoy se usa, sin otra diferencia que la de los globos, anillos o esferillas que después se añadieron a las barras de trecho en trecho, para incidar en enlace de los eslabones de una cadena. E Rey D. Felipe III de Navarra varió su forma por los años 1333, poniendo en las monedas tres eslabones separados cuya figura es idéntica a la de los dos trozos de cadenas que existen en la Colegiata de Roncesvalles. Quieren así representar mejor el destrozo o rompimiento de las que cercaban la tienda del Miramamolin, y que aparece figurado por un triángulo en el cdntro de los eslabones. Una cruz que se ve sobre la cúspide del pabellón de nota en estas monedas el triunfo de la religión cristiana sobre la media luna. (…)”.

Este heraldista donostiarra, no solo interpreta claramente el carbunclo como las cadenas, sino que lo intenta justificar con el particular diseño de unas monedas.

En la provincia española de Navarra, para ser más exactos el día 22 de enero del año 1910, se hizo por enterada la Diputación Foral de Navarra, de que había notables diferencias en el diseño del escudo de Navarra y por ello estableció su forma definitiva. Tras ello, para subsanar la supuesta inexistencia de una bandera de Navarra, dispuso su elaboración tras consultar a varias personas cualificadas. En concreto hablaron con el escritor, historiador y político Hermilio de Olóriz Azparren, siendo también consultados el abogado y político Arturo Campion Jaimebon, además del historiador y militar Julio Altadill y Torrontera de Sancho San Román. Los tres se basaron en el escudo descrito, supuestamente, por el príncipe de Viana, que fue ratificado dos siglos después por el padre José de Moret Mendi. Este trío de fueristas navarros, desecharon así y de forma intencionada, al carbunclo cerrado y pomelado como armas de Nabarra.

En la denominada como sexta merindad, el sacerdote e historiador Pierre Narbaitz Caillava, realizó la obra Nabarra, ou quand les Basques avaient des rois, publicada el año 1978. En dicho trabajo, como no podía seer de otra manera, también se hizo eco de la batalla de las Navas de Tolosa y del trofeo de las cadenas, diciendo:

“(…) la seule chose qui l’accompagna dans la postérité fut la pure gloire. Et l’introduction, historique ou légendaire, des chaînes de Las Navas dans les armoiries de Nabarra, (…)”.

Por lo dicho, al parecer, durante todo el siglo XX quedaban ratificadas las cadenas como las armas del escudo de Navarra, quizás puesto esto en duda en una transcripción y estudio del Libro de Armería del Reino de Navarra del año 1974, realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués:

“(…) es bien sabido que prevaleció el uso del escudo de guerra blocado, esto es, con carbunclo, que luego se interpretó como ‘cadenas’.”

Y también menciona lo siguiente:

“Armas del inclito rey de Nauarra: De gules, carbunclo cerrado pomelado de oro, una esmeralda verde (en forma de losangre) en abismo. Timbrado de una corona de tres florones.”

Ya en el año 1982, Juan José Martinena Ruiz nos transcribió un escrito añadido con posterioridad al original del año 1572, en su obra también titulada Libro de Armería del Reino de Navarra:

“El rey don Sancho el fuerte, (…) rompió y ganó las cadenas del rey de Marruecos (…) las Navas de Tolosa, (…) todos los reyes de Navarra han llevado y llevan en sus escudos y estandartes y sepulturas por armas las cadenas de oro con una esmeralda en la llabe y medio de las dichas cadenas en campo de gules (...)y está pintado el escudo de las dichas armas con su corona real encima del dicho escudo (…)”.

Tras el periodo de la dictadura franquista en el Estado español, la actual Comunidad Foral de Navarra adoptó, como era de esperar, las cadenas como escudo, como según se recoge en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra del día 10 de agosto del año 1982, donde en su artículo 7.1 lo describe nítidamente de la siguiente manera:

“El escudo de Navarra está formado por cadenas de oro sobre fondo rojo, con una esmeralda en el centro de unión de sus ocho brazos de eslabones y, sobre ellas, la Corona Real, símbolo del Antiguo Reino de Navarra.”

Por ello, podemos afirmar que no hubo debate o discusión que se conozca al respecto en los siglos XVIII, XIX y XX, en donde alguien se posicionara claramente a favor del carbunclo, salvo el traje de macero y la escueta mención realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués. Pero algo cambió a comienzos del siglo XXI, gracias a la labor de varios autores (escritores, historiadores, heraldistas,...) y por supuesto debido también a diversos factores históricos y político-sociales, ocurridos ya a comienzos del siglo XXI.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/carbunclo-versus-cadenas-v


2026/09/30

Obligado formateo heráldico en nuestras mentes nabarras

Detalle de la cúpula de los caídos en Iruñea-Pamplona

Obligado formateo heráldico en nuestras mentes nabarras

Iñigo Saldise Alda

Formatear significa en el mundo de la informática habilitar, reparar, acondicionar, etc., un disco duro o dispositivo de almacenamiento, borrando inicialmente todos sus datos y creando posteriormente una nueva estructura para que el sistema operativo pueda usarlos. A pesar de lo radical que nos pueda parecer este método, e incluso seamos sabedores a ciencia cierta, de la imposibilidad de llevarse a cabo en nuestro dispositivo de almacenamiento o cerebro, precisamente porque este es un ente orgánico, todos los nabarros y todas las nabarras, debemos poner de nuestra parte bastante más de lo que hacemos actualmente, equivaliendo e iniciando así la labor de formatear, lo máximo posible, los conocimientos que poseemos que están relacionados con la historia de nuestra nación y especialmente los enlazados con las importantísimas representaciones patrias, destacando entre todos estos símbolos, el escudo que representó al Estado de Nabarra en total libertad e independencia. A pesar de que en un principio pueda parecer muy difícil cambiar la idealización u opinión sobre el origen y la forma del diseño del escudo nabarro, precisamente por la asimilación en nuestra psique de la leyenda de las Navas de Tolosa, que creemos estar convencidos de su supuesta realidad, lo cierto es que hoy día, en el año 2026, no solo existe, sino que está al acceso de todos y todas a través de Internet, magnifica herramienta que nos permite consultar Archivos y Bibliotecas donde disponemos de trabajos y obras digitalizadas, en las cuales podemos encontrar soluciones a prácticamente todas nuestras dudas y usando consecuentemente la información obtenida de manera adecuada, desde la comodidad de nuestro hogar poseemos todas las repuestas, bueno, salvo quizás una ¿Quién fue el o la personaje que creó el mito de las cadenas como parte del escudo nabarro? Deciros de antemano que yo creía haberlo encontrado, pero realmente sigo buscando tan esclarecedor dato.

Pero si se nos hace un poco bola esta búsqueda, tenemos la opción de seguir a diferentes historiadores e investigadores, titulados o autodidactas, en sus respectivos espacios o medios donde publican. Pero también debemos filtrar a muchos agentes políticos disfrazados como navarros, los cuales tienen una potente e imperial ideología nacionalespañolista, que intencionadamente nos machacan, una y otra vez, con la leyenda de la ruptura del palenque por Sancho VII de Nabarra, conocido como el Fuerte, y la incorporación de dichas cadenas al blasón nabarro, como solo fuera algo heroico buscando enardecer el sentimiento navarro, pero políticamente más trascendente para su nación, la nación española. Tengamos presente que para el nacionalismo español, la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212 y el posterior mito de las cadenas, nombradas ya de Navarra, poseen un altísimo valor como encarnación de unidad nacional española, con su supuesta legitimidad histórica y también, del triunfo de la civilización occidental sobre el islam. Dentro del relato identitario que este nacionalismo español, que se construyó y consolidó especialmente durante los siglos XIX y XX, aunque tiene su origen en el siglo XVI, es de vital importancia la asimilación por parte nabarra de su relato. Para el discurso nacionalista español, las Navas de Tolosa es el ejemplo supremo de unión entre los diferentes Reinos de la Península, es decir Castilla, Aragón, Nabarra, junto a voluntarios de León y Portugal. La narrativa tradicional española utiliza este acontecimiento para defender que, por encima de las fronteras medievales de cada Reino, existía una "conciencia e identidad hispánica común" dispuesta a unirse ante una amenaza externa. En ese imaginario patriótico español, la Reconquista se concibe como una gesta secular de liberación nacional. Las Navas de Tolosa se sitúa en este relato como la batalla decisiva que rompió definitivamente el poder musulmán en el sur peninsular ibérica, permitiendo el avance cristiano definitivo hacia Andalucía. Se la ensalza no solo como una victoria militar, sino como la salvaguarda de las raíces cristianas y europeas de España frente a la islamización.

En lo que se refiere al blasón de Navarra, la leyenda nos cuenta que el rey Sancho VII el Fuerte de Nabarra y sus doscientos caballeros, rompieron las cadenas que protegían el campamento del califa almohade Miramamolin, incorporándolas posteriormente al escudo del Reino. Para el nacionalismo español, este relato refuerza el papel histórico e indisoluble de Navarra dentro de la gran epopeya de la historia del Reino o Estado de España. Su uso político durante el pasado siglo XX, más concretamente durante la Guerra Civil Española y el franquismo, este simbolismo fue fuertemente explotado. La participación de los requetés navarros en el bando sublevado fue calificada por el régimen como una "segunda Reconquista" o "Cruzada Nacional". En este contexto, el franquismo añadió la Cruz Laureada de San Fernando al escudo de Navarra en el año 1937, fusionando ideológicamente las cadenas medievales de la primera reconquista hispana contra el islam, con la laureada de la victoria en la Guerra Civil Española contra rojos y separatistas, bajo una misma retórica de salvación nacional a través de las armas de Navarra. Frente a las tesis demostrada del nacionalismo vasco-nabarrista, en la que históricamente hemos interpretado a Nabarra como un Reino o Estado independiente, con una trayectoria totalmente ajena a lo español hasta la subordinación violenta, obligada e ilegítima del mismo, el nacionalismo español utiliza las Navas de Tolosa y sus cadenas como un contraargumento histórico-político. Las cadenas se exhiben como la prueba documental y simbólica de que Navarra no solo formaba parte del concierto de Reinos hispánicos, sino que además lo lideró activamente uno de los momentos más gloriosos de la formación de la nación española.

Así pues, volviendo al tema del formateo, hay que reconocer algo que tristemente continua pasando hoy, que es que la leyenda de las Navas de Tolosa nos la han metido a conciencia desde las todas instituciones educativas, cuyos temarios están controlados desde la metrópoli de Madrid; algunos maestros y maestras, seguramente, lo hicieron sin malicia alguna para resaltar exclusivamente la heroicidad de un rey nabarro y sus doscientos caballeros, sin saber que trabajaban inconscientemente para el nacionalismo español que somete, sujeta y reprime a los nabarros y nabarras. Pero ¿A quien no le gusta que le cuenten las hazañas de los suyos, haciéndola perdurar en nuestro imaginario a través de un símbolo tan importante para una nación, como es su escudo? Pero ¿Cual es ese escudo? ¿Las cadenas o el carbunclo?

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/obligado-formateo-heraldico-en-nuestras-mentes-nabarras


2026/09/28

La interpretación del carbunclo como cadenas

La interpretación del carbunclo como cadenas

Iñigo Saldise Alda

El pasado domingo día 27 de septiembre del año 2026, apareció en NAIZ un trabajo firmado por el escritor, periodista y redactor de actualidad, Pello Guerra Viscarret, el cual llevaba por título Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa, que básicamente está realizado gracias a una entrevista con el licenciado en Historia y Geografía por la Universidad de Navarra, y bibliotecario en la Red de Bibliotecas Públicas del Gobierno de Navarra, Mikel Zuza Viniegra. Bien, el mencionado escrito hay varias cosas que me gustaría debatir o sencillamente dar mi opinión; la opinión de un amante de la Historia y Heráldica de Nabarra, autodidacta en ambas Ciencias Sociales.

Para comenzar desconozco si el rey Carlos III de Nabarra participó personalmente en el diseño del escudo de Iruñea-Pamplona, pero de lo que si estoy seguro es que no participó en ningún caso, en el diseño de las armas del Reino de Nabarra, el cual tiene su origen en la dinastía de Champaña, cuya evolución es mínima hasta el reinado de Carlos II de Nabarra, pues fue durante el reinado de este último cuando se introdujo la esmeralda en abismo, la cual también tuvo su evolución, llegando como un punto de sinople en abismo en el gobierno del Noble.

Dicho esto, que a mi parecer es de gran importancia, parémonos en la siguiente afirmación. “(...)a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400”. Las cadenas son puestas como armas de Navarra ya en el Reino de España, al menos en el año 1553; sirva de ejemplo la primera página del Repertorio Universal de todas las Leyes destos Reynos de Castilla (original del año 1438); aquí hay un escudo xilográfico Real, que representa al Estado o Reino español y donde se incluye, en el tercer cuadrante, uno que otorgan los españoles a los navarros sojuzgados, subordinados y sometidos del sur del Pirineo. Este está representado mediante un esclarecedor doble cadenado, pero sin esmeralda en abismo. En las tierras navarras del sur del Pirineo seguramente aparecen cuando lo dice Mikel Zuza Viniegra, el año 1593, es decir, cuarenta años más tarde.

Luego está la afirmación de que la invocación intelectual de las cadenas para nombrar al carbunclo sería dada en la Corte Nabarra hacia el año 1400. Bien, a decir verdad no hay ningún documento que hable de que las armas de Nabarra son cadenas hasta la Crónica de los Reyes de Navarra, realizada por el desdichado príncipe de Viana, ya en el año 1454. Esta interpretación, la de Carlos de Trastamara y Evreux, la gran mayoría de los historiadores, licenciados o doctorados, la basan en la descripción del escudo de Iruñea-Pamplona del año 1423, por el Privilegio de la Unión, donde se menciona lo siguiente “(…) et al derredor del dicho pendon aura un renc de nuestras armas de Nauarra, de que el campo sera de gueulas et la cadena que yra al derredor de oro (…)”. Aquí es donde ojos posteriores a ese siglo, convierten el carbunclo en cadenas, debido esto a que en la descripción heráldica del siglo XV y XVI, el filete pomelado de oro es nombrado como cadena, siempre en singular.

Me parece más que interesante el mencionar que esta misma bordura, está representada en el escudo de el frente del actual Museo de Navarra, fachada fechada en el año 1556 y está junto a unas cadenas puestas en cruz y aspa, que estoy convencido de que no son de Nabarra. La presencia de esta bordura es por un privilegio Real, posiblemente realizado por un rey nabarro, al igual que lleva dicha bordura el linaje de Elizondo, también por concesión de Juan de Albret y Châtillon, rey consorte de Nabarra. Pero esta forma de portar las armas de Nabarra data ya del año 1396, y son otorgadas a Ynego (Iñigo) Ortiz de Estunica (Zuñiga), que paso a ser así parte del blasón de su palacio, ante el compromiso matrimonial contraído por él con Juana de Nabarra, hija natural o bastarda del propio rey Carlos III de Nabarra.

Para concluir, en lo referente al escudo de Real Consejo que estaba en el zaguán del Ayuntamiento pamplonés, decir que seguramente está realizado a finales del siglo XVII o comienzos el siglo XVIII, pues en el están las armas del Reino de Portugal, pese a logar dicho Reino su independencia en el año 1668. Podíamos habla de la representación en este blasón, por ejemplo de la armas de Borgoña moderna, las cuales muchas veces son interpretadas como las armas de Francia o incluso de la dinastía de los Borbón-Anjou, los cuales no tienen ningún derecho de portar las armas de Navarra, aunque sean las cadenas y menos aún si hablamos de las armas del Estado de Nabarra que son en campo de gules, carbunclo cerrado y pomelado de oro, con esmeralda de sinople en abismo.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/la-interpretacion-del-carbunclo-como-cadenas


2026/09/27

Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa


Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa

Pello Guerra

El rey Carlos III el Noble participó personalmente tanto en el diseño del escudo de Iruñea como en el de Nafarroa, ya que en su «círculo más cercano, surgió el mito de las cadenas», según señala el historiador Mikel Zuza, que ha estudiado en profundidad la trayectoria de ambos emblemas.

«El mejor heraldista de nuestra historia». Así califica el historiador Mikel Zuza al rey Carlos III el Noble, que participó personalmente en el diseño del escudo de Iruñea y en el de Nafarroa, incorporándole a este último «el mito de las cadenas».

Zuza ha estudiado en profundidad ambos emblemas, sobre los que ha ofrecido este año sendas charlas, con la primera sobre el escudo del reino y organizada por el Foro Elkartu, y la segunda, dentro de los actos del 603 aniversario del Privilegio de la Unión. Una celebración que ha coincidido con la colocación en el zaguán del Ayuntamiento de una reproducción del emblema de la ciudad que posiblemente estuvo en la fachada original de la sede del Consistorio.

Sobre el blasón de Nafarroa, el experto señala a NAIZ que su creación se puede datar, «con seguridad, desde la llegada al trono de Teobaldo I en el año 1234», ya que «fue el primero en dar contenido emblemático a la bloca protectora del escudo que ya había mostrado su abuelo Sancho VI el Sabio en su sello, y que parece, recalco lo de parece, no tenía significado heráldico».

El carbunclo dorado y pomelado

A partir de esa divisa del primer rey de la dinastía de Champaña, «su hijo adornó la bloca lisa con bezantes, las esferas doradas que pueden verse en tantas representaciones, dándole su configuración más difundida, conocida en terminología heráldica como ‘Carbunclo dorado y pomelado’».

Y de esa imagen, «a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400. Pero, como digo, no se convirtió en el modelo hegemónico hasta casi dos siglos más tarde, cuando quizás por impulso de la monarquía hispánica, comenzó a dibujarse, grabarse y esculpirse el escudo de Navarra formado por cadenas, unidas a la memoria de la participación de Sancho VII el Fuerte en la batalla de las Navas de Tolosa».

Sobre ese cambio, Zuza añade que «es algo que, como bibliotecario, he podido acreditar fehacientemente en las portadas de los libros publicados o impresos en aquellas últimas décadas del siglo XVI. Por ejemplo, en la del Juramento de los Fueros del futuro Felipe III de Castilla (V de Navarra), editado en Pamplona en 1593 y en la que pueden verse, creo que por primera vez en Navarra, las cadenas tanto en el escudo de Navarra como en el de Pamplona».

Lo que sirve también «para fechar la labra heráldica cuya reproducción se ha colocado ahora en el zaguán de la Casa Consistorial, en la que puede verse que el escudo ya no luce en su orla el carbunclo, sino las cadenas».

Mucho más tarde, a principios del siglo XX, la Diputación solicitó a Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio de Olóriz un diseño oficial y «se atuvieron a la costumbre de siglos y a las férreas normas de la Heráldica y mantuvieron ese modelo, que es el que, con pocas variaciones, ha llegado hasta nuestros días».

Los tres eran buenos conocedores de la historia de Nafarroa y pudieron plantear la posibilidad de recuperar el carbunclo dorado y pomelado, pero el experto considera que en 1910, cuando se crea la actual bandera oficial de Nafarroa, «quizás no podían hacer otra cosa».

Sin embargo, matiza que «en 1982, cuando se redactó el Amejoramiento, se podría haber recuperado perfectamente el carbunclo que había representado al reino independiente durante más de 400 años. Al fin y al cabo, otras comunidades como Castilla y León, Valencia o Aragón sí recobraron símbolos medievales, que son los que siguen representándolas en la actualidad».

Fijado por el Privilegio de la Unión

Si la heráldica terminó marcando el diseño del escudo de Nafarroa, en el caso del de Iruñea, fue el Privilegio de la Unión de 1423 el que estableció con todo detalle cómo debía ser el emblema de la capital del reino.

Al respecto, el historiador reconoce que «no es lo más frecuente» que se fije hasta ese extremo cómo debe ser el escudo de una población, aunque «sí que conocemos ejemplos de concesión de las armas reales a personas cercanas a los monarcas. Así, Carlos II se las otorgó a Jean de Picquigny, que fue el comandante del grupo de caballeros que lo liberó de la prisión del castillo de Arleux; y Carlos III hizo otro tanto con su mariscal, Martín Enríquez de Lacarra. Pero el caso de Iruñea es desde luego el primer ejemplo de blasonamiento, de indicación detallada de un escudo conocido en Navarra».

Precisamente el hecho de que «el Privilegio no deje demasiados resquicios a la imaginación» explica que, a lo largo de 600 años, el emblema de Iruñea no haya experimentado cambios demasiado profundos, sino «más bien de carácter ‘estético’».

Así, «sí que a veces se ha representado la corona sobre la cabeza del león y no sobre su lomo, que es como debe ir, o ha cambiado la forma del escudo, como en tiempos del alcalde Chourraut. Pero, por fortuna, siempre se ha acabado volviendo al diseño original marcado por Carlos III el Noble. No hay por qué cambiarlo».

En la fachada de la plaza de toros se conserva un escudo de Iruñea diferente, ya que se trata de una representación de tiempos de la II República española y en lugar de la corona superior, aparecen las torres almenadas. Sobre esta ‘rara avis’, Zuza explica que ese régimen republicano «supuso que en todos los escudos y emblemas que llevaban corona real, ésta fuera sustituida por esas almenas que, en terminología heráldica, forman la que se denomina ‘corona mural’. Pero el símbolo central, el león coronado rodeado por las cadenas, no varió».

Bandera verde ¿o azul? de Iruñea

El escudo establecido por el Privilegio aparece en la bandera de Iruñea sobre fondo verde, un color con el que hace décadas se asociaba a la ciudad, aunque ha ido decayendo su uso y ahora se vincula más a la capital navarra con el rojo por los sanfermines.

Sobre esta cuestión, el historiador señala que «me temo que el mega éxito sanferminero en todos los campos ha acabado por hacer olvidar muchos otros usos y costumbres de Iruñea. Uno de ellos sería, en efecto, el de la bandera de la ciudad, cuyo color parece, aunque no se pueda asegurar, que fue originalmente azul. En todo caso, sí, el rojo se ha acabado imponiendo tanto al verde como al azul, aunque a los puristas siempre les quedarán los pañuelos de La Única y de La Jarana».

El azul aparece en la reproducción de un escudo del siglo XVI de Iruñea que ha sido instalada recientemente en el zaguán del Ayuntamiento. Una decisión que Zuza califica de «muy acertada, porque es lógico que sea el escudo que representa a todas las ciudadanas y ciudadanos de Iruñea desde el año 1423 el que les reciba en su Ayuntamiento. En ese sentido, supone además la ‘vuelta a casa’ de un emblema concreto, aunque se trate de una reproducción, que es muy posible que estuviera en la fachada original, previa a la barroca que todos conocemos».

Su colocación en ese espacio ha supuesto la retirada de un escudo de la Corona española del siglo XVIII que se encontraba colgado en ese lugar, lo que ha generado el rechazo frontal de UPN. De hecho, la formación regionalista ha presentado una batería de nada menos que 25 preguntas sobre ese cambio y ya ha anunciado que lo revertirá si regresa a la Alcaldía.

El escudo del Real Consejo

Zuza entiende que, «como cualquier otra opción política, UPN puede plantear lo que mejor le parezca, pero en este asunto, me parece que resulta más interesante subrayar la historia del escudo retirado» de la entrada del Ayuntamiento.

Según explica, en origen, ese escudo estaba ubicado en la sala de Audiencias del Real Consejo, «una especie de Tribunal Supremo cuya enorme sede comenzó a erigirse por orden del emperador Carlos I en 1541» en la actual plaza de San Francisco de Iruñea. Se trataba de un tribunal para «hacer patente en pleno centro de la capital de un reino recién conquistado como era el de Navarra, el omnímodo poder de la administración castellana». En aquellos tribunales «se sucedieron 182 ejecuciones, aunque seguro que fueron muchas más, entre los años 1605 y 1885», recuerda Zuza.

En 1909 se demolió ese edificio y el escudo, «en consideración a su antigüedad, fue llevado al Ayuntamiento, institución con la que no guardaba, ni guarda, relación». A lo que se suma el perfil y actividad de esos tribunales, por lo que el experto considera que «no creo en absoluto que haya que echar de menos ese escudo en el zaguán de la Casa Consistorial».

Por lo tanto, Zuza se queda con unos escudos que ha estudiado en detalle. Una labor que le ha deparado la sorpresa de «la constatación de cómo Carlos III el Noble puede ser considerado como el mejor heraldista de nuestra historia, ya que participó personalmente en el diseño de los dos emblemas de mayor difusión, incluso hoy en día, en la comunidad: el de Navarra y el de Pamplona».

Y lo hizo, en el primer caso, porque «de su círculo intelectual más cercano surgió el mito de las cadenas, que siguen siendo el modelo oficial de representación». Y en el caso de Iruñea, porque «fue él mismo quien estipuló definitivamente cómo deberían ser las armas heráldicas de la ciudad recién unificada».

https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20260927/carlos-iii-el-rey-heraldista-que-participo-en-el-diseno-de-los-escudos-de-irunea-y-nafarroa

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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