Reintegración foral plena
Patxi Aranguren Martiarena, analista
¿A qué tienen miedo los navarros? Muchos navarros temen que Navarra pierda su autonomía, sus fueros, su Hacienda propia, su autogobierno, su envidiable calidad de vida. Un gobierno central de ultraderecha podría eliminar de raíz hasta el nombre de Navarra. Un gobierno centralista podría triturar nuestra autonomía como en 1841.
El reino de Navarra fue un reino milenario situado a ambas vertientes de los Pirineos occidentales. En el año 1512 el reino fue invadido y conquistado militarmente por los ejércitos de Fernando el Católico e incorporado en 1515 a la corona de Castilla. Durante dos décadas hubo varios intentos para recuperar la independencia. Por si alguien pone en duda la conquista de Navarra, en noviembre de 1513 se publicó en Toledo La conquista del reino de Navarra, de Luis Correa, capitán español y cronista del duque de Alba, en la que se narra con gran lujo de detalles la expedición del duque de Alba. La Baja Navarra siguió siendo independiente hasta su incorporación a la Corona francesa en 1620. La Alta Navarra conservó su estatus de reino hasta 1841, mientras que la Baja Navarra no solo perdió su condición de reino durante la Revolución francesa, sino que desapareció del mapa de Francia (pasó a ser una fracción del departamento de los Bajos Pirineos).
Tras la conquista, Navarra permaneció como reino distinto dentro de la Monarquía hispánica y se respetaron sus leyes, fueros e instituciones propias del reino. Los monarcas debían de contar con las Cortes navarras para la aprobación de las leyes y de cualquier hecho que afectara al orden constitucional navarro. Pero, según Arturo Campión, la incorporación a Castilla pudo estimarse en los primeros tiempos como mero cambio de dinastía, una usurpación de corona que no altera la esencia de las cosas, pero con ella Navarra perdió su personalidad internacional pública y bajó a la categoría subordinada de nación que solo puede moverse ya dentro del derecho internacional privado. El conde-duque de Olivares recordaba al rey Felipe IV en 1624 que todas sus posesiones las tenía por legítima herencia salvo las Indias y Navarra.
Con la derrota del carlismo, Navarra es tratada como vencida por el gobierno central que exige una adaptación de los fueros a la unidad constitucional. Pero cualquier adaptación o modificación de las leyes privativas de Navarra era, según su constitución, competencia de las legítimas instituciones del Reino: las Cortes y la Diputación del reino, tal como mantuvo en sus informes Sagaseta, último síndico de las Cortes. Sin embargo, desde Madrid, se convocaron elecciones a la Diputación Provincial, de la misma manera que en las provincias de la monarquía, pasando por encima de las leyes y fueros del Reino. De esta manera en 1841 el milenario reino dejó de existir y Navarra pasó a ser una provincia de la monarquía. El carácter de pacto que se ha querido dar a la Ley de Modificación de Fueros está condicionado por varios factores: los representantes de la parte navarra no eran los representantes legítimos, ya que lo eran por ley foránea, en claro contrafuero.
En su origen el reintegracionismo foral partió de la denuncia del procedimiento seguido en el proceso de modificación de los fueros calificando al mismo de ilegal e ilegítimo. Ángel Sagaseta sostuvo en 1839 que Navarra era por definición un Estado constitucional ya que los fueros permitían un control del poder real y una separación de poderes, desde hacía siglos. Navarra tenía capacidad constituyente y someterse a una ley ajena, como la Constitución española de 1837, suponía la destrucción misma de sus fueros. El trabajo teórico llevado a cabo por Ángel Sagaseta, recoge los postulados esenciales de la Constitución Histórica de Navarra, cuyos aspectos más importantes son: el carácter equeprincipal de la unión entre el Reino de Navarra y la Corona de Castilla, reteniendo cada uno su naturaleza antigua así en leyes, como en territorio y gobierno; la permanencia desde 1515 de Navarra como reino de por sí, manteniendo su legislación propia y como reino distinto en territorio, jurisdicción, jueces y gobierno de los demás reinos del Rey de España. Sagaseta subraya que, como con secuencia de la legalidad constitucional propia, las Cortes españolas debían haberse limitado al reconocimiento íntegro y completo de los fueros, sin perjuicio de que pudieran haber aconsejado al legislativo navarro para una reforma de estos.
Las tesis sobre la Reintegración Foral, en gran parte deudoras de Sagaseta, se expondrán con total claridad en noviembre de 1918 en el escrito A los navarros. Asimismo, se concretaba el significado de la Reintegración Foral: regreso al estatus anterior a 1839 y recuperación del derecho de Navarra, su facultad de gobernarse como ella quiera gobernarse. También se rechazaba que la Reintegración Foral equivaliera a separatismo. Regresar al estatus anterior a 1839 no significaba ruptura con España. La acusación se relacionaba con los contenidos de una carta de Víctor Pradera publicada por Diario de Navarra el 28 de mayo de 1919 en la que indicaba que el jaimismo reintegracionista se intoxicó de nacionalismo. El sector más radicalmente fuerista del carlismo acuerda en 1921 constituir la Alianza Foral con los nacionalistas, incorporando la Reintegración Foral como eje programático explícito, tal y como se puede comprobar en el manifiesto dado a conocer en El Pensamiento Navarro el 4 de junio firmado por la Junta Regional Jaimista y el Consejo Regional Nacionalista, órgano supremo en Navarra de la Comunión Nacionalista Vasca. El punto segundo se refería a la Reintegración Foral plena que suponía la derogación de la ley de 25 de octubre de 1839, volviendo al estado de derecho existente en los tiempos en que los pactos de unión con España eran respetados.
El Parlamento de Navarra está en pleno debate sobre la actualización de la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Fuero, norma institucional básica de la Comunidad foral. Aunque la iniciativa para modificarla está en manos de los gobiernos navarro y español, una ponencia, grupo de trabajo formado por parlamentarios, aborda su posible actualización. ¿Hay algún político que se atreva a pedir la reintegración foral plena? Los políticos navarros tienen miedo a reivindicar hoy nuestros derechos históricos. O tienen miedo o es que quieren seguir viviendo a la sopa boba. Tampoco tienen valor para pedir formalmente a Francia que nos devuelva la Baja Navarra.
Nunca es tarde para recuperar nuestros derechos históricos, lo conseguiremos cuando los navarros nos unamos. El vasquismo navarro y un nuevo navarrismo deberán unir sus fuerzas para levantar a Navarra y colocarla en lo más alto de Europa. Sin limitación alguna, en ejercicio de nuestras libertades, los navarros del siglo XXI decidiremos lo que queramos ser. Sin miedo. Dicen que cuando un perro nota que le tienes miedo te muerde. Los navarros debemos superar el miedo a España, el Estado que se apoderó por la fuerza de nuestro reino.

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