
Mariscal de Nabarra por Martintxo Altzueta
Recordando
al mariscal Pedro de Navarra y Lakarra
Bingen Amadoz
Veinticuatro de octubre de 2026. Nos acercamos en grupo al castillo de Simancas. Nos espera allí una guía acostumbrada a repetir su retahíla histórica de manera automática. Es una mujer que pronto se mostrará altiva y también esquiva. Nos pregunta: “¿De dónde sois?” y me adelanto a contestar: “Venimos del pueblo de Pedro de Navarra, mariscal que fue asesinado en este castillo de Simancas en 1522”. Dice ella sorprendida en su altivez: “Yo no soy ninguna asesina, no como hay otros…”.
¡Mal empezamos!, pienso, antes de que ella corra a refugiarse en un espacio alejado mientras va murmurando: “¡Vaya con que me encuentro a las nueve y media de un sábado!”. Sí. Me temo que se ha tropezado con la historia de “los otros”.
Reconozco que he entrado “a saco” pero ¿qué puede ser para nosotros el castillo de Simancas? Hace tiempo que es un Archivo, el Archivo general del Reino de Castilla, desde que fue creado como tal, en el año 1540 por el rey Carlos I de España y V de Alemania, pero antes fue una cárcel y por lo que cuentan las crónicas, de las peores en su tiempo. Tuvo mazmorras lúgubres hoy reconvertidas en Caja Fuerte del Archivo.
Allí fue a parar Pedro de Navarra y Lakarra, mariscal jefe de los ejércitos del Reino de Navarra y líder agramontés, después de ser detenido en Isaba en 1516 por los conquistadores castellanos. Primero estuvo preso en el castillo de Atienza. Allí se le hizo una primera oferta de perdón a cambio de jurar sometimiento al rey castellano. Pedro de Navarra se negó diciendo que él había jurado fidelidad a los reyes legítimos de Navarra y que en ello seguía firme. Más tarde lo trasladaron a Simancas, donde lo intentaron convencer una y otra vez para que cambiara de bando y de nación, pero no lograron su beneplácito en ningún caso. Él siguió siendo fiel a Juan de Labrit y a Catalina de Foix, sus señores naturales a los que siempre había servido.
Pedro de Navarra pertenecía a una familia de la alta nobleza del reino, descendiente por vía bastarda de Carlos III el Noble y había nacido en Tafalla alrededor del año de 1454.
El 24 de noviembre de 1522 apareció muerto en su celda con heridas sangrantes. No murió de muerte natural. Sus captores difundieron una versión oficial que no deja de ser muy discutible. Según dijeron, se había suicidado. Un criado de apellido Acuña, castellano sin ninguna duda, para corroborar la información difundida por los responsables de la prisión, testificó que le había entregado un puñal a petición suya. Curiosa circunstancia. ¿Cuándo se ha visto que a un preso se le entregue un arma estando en manos de sus enemigos? En este pueblo nuestro sabemos bastante sobre las versiones oficiales de quien ejerce como opresor. También es conocido el temor expresado por el propio Pedro de Navarra a ser asesinado en la prisión de Simancas pocos días antes de que apareciera muerto.
Es obligado recordar por otro lado que en el propio Simancas ocurrieron ejecuciones y muertes ordenadas bajo el reinado de Carlos I. Al obispo Acuña, líder comunero, lo mataron en 1526 a garrote vil y antes, el 14 de agosto de 1522 también mataron a Pedro Maldonado, líder comunero primo de Francisco Maldonado, uno de los cabecillas de la rebelión comunera a quien decapitaron en Villalar junto a Juan Bravo y Juan Padilla el 24 de abril de 1521. Tanto a Pedro Maldonado como al obispo Acuña se les recuerda hoy día en una placa incrustada en la fachada del ayuntamiento de Simancas. Los dos eran ciudadanos del reino de Castilla.
Con estos antecedentes creer en el suicidio del mariscal resulta bastante difícil. Y en todo caso, si por un casual fue eso lo que ocurrió, ¿a quién corresponde la culpabilidad más directa de que Pedro de Navarra hubiera llegado a ese nivel de desesperación si no es a sus captores?
Escuchando las explicaciones de la mujer guía de Simancas no me olvidé de Joxe Ulibarrena y la tenaz defensa que hizo del Mariscal de Navarra para que su figura fuera reconocida por sus compatriotas. Ulibarrena lamentablemente, predicaba en el desierto en una época en que nos gobernaba la teoría del quesito. La terrible historia de nuestro mariscal, defensor a ultranza de la independencia del reino, muerto en Simancas en manos del enemigo castellano español nunca les interesó a UPN-PSOE de los años 80 y 90, como tampoco se ocuparon en reparar la memoria de Xavier Mina. Con ambos personajes tenemos una inmensa deuda de reconocimiento.
La guía de Simancas defendió ante nosotros la memoria de los comuneros. Me pareció absolutamente comprensible y lógico y se lo dije con estas palabras: “Cada uno tiene que ser consciente de su propia historia”. También como un malentendido suyo me preguntó a ver qué le recriminaba a ella. Le dije claramente que ni la recriminaba ni la incriminaba. Los castellanos de ahora mismo solo deben responder de sus propias faltas como nosotros de las nuestras. En ningún caso les podemos acusar de lo que hicieron sus antepasados, si es que lo eran, del siglo XVI.
En favor de su presente, en cambio, hay que hacer constar un hecho que les honra. El 23 de abril se celebra cada año el día de Castilla-León en memoria de los tres líderes comuneros asesinados por las tropas del rey Carlos I en Villalar de los Comuneros. Y, sin embargo, ¡cuánto nos queda por hacer a nosotros, los que pertenecemos al mismo pueblo de Pedro de Navarra para preservar y honrar su memoria!
Los restos de Pedro de Navarra y Lakarra fueron trasladados por expreso deseo de su sucesor desde Castilla a la iglesia de San Pedro de la Rúa de Lizarra-Estella y enterrados en la cripta de los mariscales en 1557.
En el año 2012 se quiso erigir en Lizarra un monumento en memoria de Pedro de Navarra en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro de la Rúa. Pero en la ciudad del Ega mandaban los de UPN, como ahora y no lo permitieron. Ellos defienden otras causas, no las que glorifican la memoria de Navarra, desde luego. Pello Iraizoz, autor de la escultura, conservó en su casa el trabajo realizado que finalmente fue colocado en Uharte en noviembre de 2022, 500 años después de la muerte del jefe de los ejércitos del reino de Navarra.
Gracias a la iniciativa particular de un grupo de vecinos de Lizarra, una placa de bronce diseñada por Pedro Irulegi recuerda al mariscal en la escalinata de San Pedro desde 2019.
Tafalla, ciudad natal del mariscal, también decidió a iniciativa de Altafaylla erigir un monumento en memoria de Pedro de Navarra frente a su casa, el palacio de los mariscales. Solo consta la existencia de una calle Mariscal Pedro de Navarra, en Puiu-Pueyo, Valdorba.
En resumen, bien poca cosa para honrar a un personaje tan relevante de nuestra historia que pagó con su vida la fidelidad jurada a los reyes legítimos y a la independencia del reino de Navarra. Pedro de Navarra y Lakarra. Agur eta ohore.











