Sancho III el Mayor, Sancho VI el Sabio y la transformación de las estructuras políticas nabarras
Nestor Lertxundi Beñaran
Del gobierno territorial y la política de alianzas a la violencia dinástica y la posterior recuperación territorial.
1. Introducción
La figura de Sancho III el Mayor ocupa un lugar excepcional en la historia política medieval de la Península. Su reinado, desarrollado entre finales del siglo X y principios del siglo XI hasta el año 1035, representa uno de los momentos de mayor concentración de poder político en torno al rey de Pamplona.
Durante su gobierno quedaron vinculados a su autoridad diversos territorios, condados y espacios políticos del norte peninsular. Castilla, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Álava, Nájera y otros territorios aparecen relacionados con su poder mediante fórmulas jurídicas, dinásticas, territoriales y de gobierno diferentes.
La interpretación tradicional ha presentado frecuentemente este proceso mediante una imagen patrimonial: Sancho habría reunido un gran reino y, al morir, habría «repartido» sus territorios entre sus hijos.
Esta explicación resulta insuficiente.
Para comprender la realidad política medieval es necesario distinguir entre territorio, jurisdicción, gobierno y propiedad privada, y para ello es necesario distinguir también entre las estructuras políticas propias de Nabarra y las de los territorios y poderes políticos extranjeros con los que mantenía relaciones.
El rey no recibe necesariamente un territorio como quien recibe una finca. Su función principal es ejercer el gobierno sobre unas estructuras políticas preexistentes: valles, aldeas, villas, condados, tenencias, vizcondados, señoríos, territorios, comunidades y otras instituciones.
Por ello, cuando muere Sancho III, lo que entra en una nueva situación no es simplemente una supuesta propiedad privada llamada «reino», sino la continuidad de distintas funciones de gobierno sobre territorios y comunidades políticamente organizadas.
Esta distinción resulta fundamental para comprender tanto la trayectoria de Sancho III como la posterior fragmentación del espacio político que había quedado bajo su hegemonía.
También permite interpretar de otra manera la violencia política que aparece en las generaciones posteriores.
Sancho III construyó una parte esencial de su poder mediante alianzas, matrimonios, pactos, relaciones familiares, acuerdos territoriales y diplomacia internacional. Antes y después de su muerte, varios de sus descendientes y sucesores protagonizaron conflictos en los que la guerra, la muerte violenta y la disputa por el gobierno territorial adquirieron una importancia creciente.
La cuestión no consiste, por tanto, en construir una oposición simplista entre «buenos» y «malos», sino en observar una transformación profunda del modo de ejercer y disputar el poder.
2. Sancho III y la construcción de una gran estructura política Sancho III el Mayor alcanzó una posición política excepcional.
Las fuentes y la historiografía coinciden en situarlo como uno de los soberanos cristianos más poderosos de su tiempo. Durante su reinado, el ámbito político sometido a su autoridad o influencia llegó a extenderse desde las zonas occidentales vinculadas a Castilla hasta Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, mientras su influencia se proyectaba también hacia otros territorios pirenaicos y occidentales.
Los documentos de la época resultan especialmente importantes porque permiten observar cómo se expresaba esa autoridad.
En diferentes diplomas aparece Sancho gobernando en Pamplona, Castilla, Aragón y otros territorios mediante fórmulas de regnante, que muestran una realidad política basada en el ejercicio de la autoridad sobre distintos espacios.
Esto permite entender mejor una cuestión fundamental: Sancho III no necesitaba convertir todos aquellos territorios en una propiedad privada para ejercer sobre ellos autoridad política.
Gobernar no significaba necesariamente poseer.
La función regia era ejercer el gobierno.
La autoridad política se ejercía sobre territorios que contaban con sus propias comunidades, instituciones y estructuras administrativas.
3. Sancho no «repartió una propiedad»: continuaron las funciones de gobierno Aquí es donde resulta necesario corregir una de las expresiones más repetidas en la historiografía divulgativa: «Sancho III repartió su reino entre sus hijos».
La expresión puede resultar útil como simplificación narrativa, aunque resulta problemática si se interpreta literalmente.
Lo que existía era una compleja estructura territorial compuesta por reinos, condados, valles, villas, tenencias, comunidades y diferentes administraciones políticas.
Cuando Sancho muere, sus hijos pasan a desempeñar distintas funciones de gobierno sobre esos espacios.
Por ello, en lugar de hablar exclusivamente de una «herencia del reino», resulta más preciso hablar de continuidad y redistribución de funciones de gobierno territorial.
En este sentido, lo que se transmite al morir Sancho son las responsabilidades políticas vinculadas a territorios concretos: valles, vegas, montañas, condados, municipios, villas, tenencias e instituciones relacionadas con ellos.
La propia documentación posterior permite observar que Aragón, Castilla, Sobrarbe, Ribagorza, Pamplona y otros espacios como Bureba, Montes de oca etc, conservaban estructuras políticas diferenciadas.
Esta interpretación resulta especialmente importante para comprender el nacimiento posterior de nuevas entidades políticas.
El gobierno puede cambiar de manos sin que el territorio deje de ser una realidad política organizada.
4. Castilla y Aragón todavía no eran lo que posteriormente serían Otra cuestión fundamental consiste en evitar proyectar hacia el año 1035 la realidad política de siglos posteriores.
Castilla todavía era un condado, aunque su importancia política había aumentado enormemente.
Aragón era también un condado, vinculado durante este periodo a la estructura política pamplonesa.
Sobrarbe y Ribagorza constituían asimismo espacios condales con sus propias tradiciones y estructuras.
Por tanto, cuando hablamos de «Castilla» y «Aragón» en tiempos de Sancho III no debemos imaginarlos todavía como los grandes reinos que posteriormente llegarían a ser.
Su transformación posterior fue precisamente consecuencia de un proceso político.
Sancho III había concentrado bajo su autoridad una extraordinaria cantidad de territorios y estructuras políticas. Después de su muerte, algunas de aquellas estructuras comenzaron a adquirir una autonomía cada vez mayor.
La evolución posterior de Castilla y Aragón debe entenderse, por tanto, dentro de ese proceso.
5. Sobrarbe y Ribagorza
La incorporación de Sobrarbe y Ribagorza al ámbito de poder de Sancho III constituye otro elemento fundamental.
Sancho consiguió controlar ambos territorios, incorporándolos a la esfera política que dependía de su autoridad.
Estos condados no eran simples extensiones geográficas sin organización.
Eran espacios políticos con sus propias estructuras de gobierno, comunidades, aristocracias y territorios.
La posterior vinculación de estas tierras con Aragón demuestra precisamente la importancia de distinguir entre la existencia territorial de una comunidad política y la persona concreta que ejercía su gobierno en un determinado momento.
Tras la muerte de Sancho, Gonzalo quedó relacionado con Sobrarbe y Ribagorza y, después de su muerte, estos territorios terminaron vinculándose a Ramiro.
Ese proceso contribuyó decisivamente a la formación territorial del futuro Aragón.
6. La política de Sancho: alianzas antes que destrucción Uno de los aspectos más interesantes de la personalidad política de Sancho III es precisamente su capacidad para construir poder mediante alianzas.
No fue únicamente un rey guerrero.
Su política se apoyó ampliamente en matrimonios, relaciones familiares, pactos, acuerdos territoriales y diplomacia.
Su matrimonio con Muniadona, hija del conde Sancho García de Castilla, tuvo una importancia política extraordinaria.
La relación matrimonial vinculó directamente a la casa pamplonesa con la aristocracia castellana.
Cuando murió García Sánchez de Castilla en 1029, la posición de Muniadona permitió a Sancho ejercer una influencia decisiva sobre Castilla, colocando posteriormente a su hijo Fernando al frente del condado.
Esto demuestra que la expansión política no tenía que producirse necesariamente mediante una conquista militar directa.
Podía producirse mediante derechos dinásticos, alianzas familiares y mecanismos jurídicos de gobierno.
Esta forma de actuar resulta especialmente significativa cuando se compara con la violencia política que aparecerá en las generaciones posteriores.
7. Sancho y Gascuña
Las relaciones con Gascuña constituyen otro ejemplo de esta política exterior.
Sancho III mantuvo estrechos vínculos con Sancho Guillermo de Gascuña, con quien existían además relaciones familiares.
La política de Sancho debe situarse dentro de un espacio político mucho más amplio que las actuales fronteras estatales.
Los Pirineos no constituían una frontera estatal moderna.
Existían relaciones entre Pamplona, Gascuña, Aquitania, el mundo franco y otros territorios.
Sancho participó activamente en ese espacio diplomático.
Su política exterior demuestra que el ámbito de actuación del soberano pamplonés no se limitaba a la Península.
Su poder se desarrollaba dentro de una red política europea en la que participaban reyes, duques, condes, obispos, monasterios y el papado.
8. Las relaciones internacionales y Roma
La dimensión internacional de Sancho III también aparece en sus relaciones con el mundo franco y con Roma.
El rey pamplonés estableció contactos con el papado y favoreció la apertura de sus territorios a las corrientes religiosas y culturales europeas.
Su política se desarrolló, por tanto, dentro de una red internacional en la que participaron diferentes poderes políticos y religiosos.
Esta dimensión europea es esencial para comprender su reinado.
Sancho no estaba construyendo exclusivamente una estructura política continental.
Estaba actuando dentro de una Europa medieval interconectada, donde las relaciones matrimoniales, religiosas y políticas podían tener consecuencias territoriales de enorme importancia.
9. El problema de la muerte de Sancho III
Aquí es necesario separar cuidadosamente lo que dicen las fuentes de lo que posteriormente ha interpretado la historiografía.
La muerte de Sancho III se produjo en 1035.
Las fuentes medievales consultadas coinciden en su fallecimiento y en su enterramiento en Oña. La Crónica Najerense describe su muerte por enfermedad y señala el papel de Fernando en las exequias; la tradición cronística relacionada con el Códice de Roda también confirma el enterramiento en Oña.
El hecho de que una fuente repita o confirme una tradición anterior tampoco convierte automáticamente esa tradición en una prueba independiente.
Existe una cuestión historiográfica acerca de las circunstancias de su muerte y de determinados aspectos anómalos de sus exequias. Algunos historiadores han planteado dudas sobre las circunstancias políticas que rodearon el fallecimiento.
Por ello, la hipótesis de un envenenamiento o una muerte provocada puede plantearse como una hipótesis histórica que merece investigación, especialmente si se localiza un testimonio medieval concreto que la sostenga.
No resulta riguroso presentar actualmente como hecho demostrado que Fernando envenenó a su padre.
Este punto es especialmente importante para el artículo porque una investigación rigurosa no necesita convertir una hipótesis en certeza para mostrar que existen circunstancias históricas que merecen ser investigadas.
10. De la política de alianzas a la violencia dinástica La cuestión adquiere una dimensión diferente después de la muerte de Sancho.
Sus hijos heredaron o asumieron funciones de gobierno sobre territorios que hasta entonces habían quedado integrados en una estructura política dominada por la autoridad de su padre.
A partir de ese momento aparecen conflictos entre hermanos y entre diferentes estructuras políticas.
Bermudo III murió en la batalla de Tamarón, en 1037, durante el conflicto con Fernando.
García III de Pamplona murió posteriormente en la batalla de Atapuerca, en 1054, combatiendo contra las fuerzas de su hermano Fernando.
La muerte de Gonzalo, señor de Sobrarbe y Ribagorza, presenta igualmente tradiciones sobre una muerte violenta, aunque las circunstancias concretas y la eventual responsabilidad de otros protagonistas deben tratarse con cautela.
Por tanto, la formulación académicamente más sólida sería hablar de una sucesión de conflictos y muertes violentas dentro de la generación posterior a Sancho III. Asesinatos personalmente ejecutados o presenciados por Fernando y su hermano Ramiro. Esta última afirmación aparece sin un argumento sólido, por lo tanto no estoy en calidad de afirmarla como documentada ya que no es esa la realidad. Sin embargo hay una realidad de destrucción documental y de esta época no hay datos de ello.
¿Qué transformación política se produjo entre la generación de Sancho III, caracterizada por una intensa política de alianzas, y la generación posterior, marcada por guerras sucesorias, disputas territoriales y muertes violentas?
11. Fernando y la transformación del poder castellano La figura de Fernando resulta especialmente impactante ya que representa una transformación profunda del ejercicio del poder publico: del gobierno de las estructuras políticas del Estado (individualmente, ya que en Nabarra el individuo «nabarra» es la primera pieza de la estructura jurídica y política de la que es parte y representa) hacia una concepción personalista del poder, resumible en la expresión «aquí mando yo».
Fernando comenzó como conde de Castilla, responsabilidad que le otorgó Sancho III, dentro de una estructura política mucho más amplia.
Posteriormente se convirtió en rey de León
La evolución de Castilla desde condado hasta reino constituye uno de los oscuros procesos políticos de la Edad Media peninsular "a la par que el de la transformación del condado de Aragón.
Y esos procesos deben estudiarse en relación con la transformaciónes de las estructuras que habían quedado bajo la hegemonía de Sancho III.
No se trata de afirmar que «Castilla y Aragón nacieron únicamente del crimen».
La cuestión históricamente más interesante es otra: la desaparición de la estructura política estatal defendida y en unos casos construida por Sancho permitió que determinados territorios desarrollaran progresivamente poderes propios, y algunos de esos poderes acabarían convirtiéndose en reinos de gran capacidad expansiva.
Castilla fue uno de ellos.
Aragón fue otro.
12. Aragón y la autonomía progresiva
La evolución de Aragón presenta un proceso semejante.
Ramiro quedó relacionado con Aragón y posteriormente incorporó a su ámbitos de poder Sobrarbe y Ribagorza.
La evolución posterior de su poder fue creando una estructura cada vez más autónoma.
Con el tiempo, Aragón se convirtió en un reino con capacidad propia de expansión.
De este modo puede observarse una paradoja histórica: la gran estructura política construida por Sancho III contribuyó indirectamente a proporcionar los territorios, las estructuras y las dinastías desde las que posteriormente crecerían Castilla y Aragón.
Lo que Sancho había concentrado políticamente no desapareció físicamente con su muerte.
Cambió de manos.
Cambió de centro político.
Y, progresivamente, cambió de estructura.
13. La violencia como instrumento de transformación política La sucesión de conflictos posteriores plantea una cuestión de enorme importancia.
Cuando una estructura política basada en alianzas y relaciones familiares se fragmenta, la disputa por el control de los territorios puede transformarse en una lucha militar.
La generación de Sancho III había utilizado ampliamente: matrimonios;
pactos;
relaciones familiares;
acuerdos territoriales;
vínculos de vasallaje;
diplomacia;
relaciones religiosas;
reconocimiento político.
La generación posterior desarrolló también esos mecanismos, aunque junto a ellos encontramos una creciente utilización de la guerra.
Tamarón.
Atapuerca.
Las disputas por Castilla.
La evolución de Aragón.
La muerte violenta de Gonzalo.
Todos estos acontecimientos muestran un paisaje político diferente.
Por eso puede formularse una hipótesis histórica de gran interés: Sancho III construyó una hegemonía mediante la integración política; sus sucesores comenzaron a disputar esa hegemonía mediante la fragmentación, la guerra y la violencia dinástica.
Esta frase no pretende sustituir el análisis documental.
Pretende resumir un proceso histórico que merece ser estudiado en profundidad.
14. Del espacio político de Sancho III a los futuros reinos La importancia histórica de Sancho III no reside únicamente en la extensión territorial alcanzada durante su reinado.
Reside también en lo que ocurrió después.
Durante su gobierno existía una estructura política en la que distintos territorios podían estar vinculados bajo una misma autoridad sin perder necesariamente sus particularidades.
Después de su muerte, esas estructuras comenzaron a diferenciarse.
Castilla evolucionó hacia un reino.
Aragón evolucionó hacia un reino.
Pamplona continuó su propia trayectoria.
Sobrarbe y Ribagorza quedaron vinculados a Aragón.
Los territorios occidentales quedaron sometidos a diferentes procesos de expansión.
De esta transformación surgiría, siglos después, una configuración política completamente distinta.
Por ello, la historia posterior de Castilla y Aragón no puede comprenderse aisladamente de la gran estructura política existente en tiempos de Sancho III.
15. Sancho VI el Sabio: Con Sancho VI en Nabarra la recuperación territorial vuelve a marcar la diferencia entre el uso de la violencia para atajar asuntos políticos o el uso intrínseco del diálogo y la diplomacia como es costumbre en Nabarra para llegar a un entendimiento y acuerdo mutuo
Sancho VI el Sabio.
Si Sancho III representa uno de los momentos culminantes de la expansión de la hegemonía pamplonesa, Sancho VI representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial y reconstrucción política.
Sancho VI accedió al gobierno en 1150, en un contexto muy diferente.
El espacio político pamplonés había sufrido importantes pérdidas y se encontraba sometido a la presión simultánea de Castilla y Aragón.
Su primera tarea no consistió simplemente en conquistar.
Consistió en reconstruir la capacidad política del reino.
Las relaciones diplomáticas tuvieron nuevamente una importancia extraordinaria.
Sancho VI utilizó alianzas matrimoniales, pactos, treguas, diplomacia y, cuando fue necesario, fuerza militar.
Su matrimonio con Sancha de Castilla lo vinculó directamente con la casa castellana.
También utilizó las relaciones con Aragón para impedir que ambos poderes coordinaran una política de reparto contra Pamplona.
En este sentido, vuelve a aparecer una característica que ya encontramos en Sancho III: la utilización de la diplomacia como instrumento de conservación y recuperación territorial.
16. La gran recuperación de 1162-1163
El momento más espectacular llegó en 1162-1163.
Tras la muerte de Ramón Berenguer IV en 1162 y la minoridad de Alfonso II de Aragón, se abrió un nuevo escenario político.
Sancho VI aprovechó la coyuntura.
En 1162 inició una gran ofensiva hacia el oeste.
En un periodo extraordinariamente corto, sus fuerzas recuperaron importantes territorios occidentales que anteriormente habían estado vinculados al ámbito pamplonés.
Entre las plazas relacionadas con esta ofensiva aparecen Logroño, Navarrete, Entrena, Grañón, Treviana, Miranda de Ebro, Salinas de Añana y Briviesca, además de posiciones en Álava y el Duranguesado.
La magnitud de la operación resulta extraordinaria.
En apenas unos meses, Sancho VI había reconstruido una parte muy importante de la proyección territorial occidental de la monarquía pamplonesa.
Este episodio es fundamental porque demuestra que la pérdida territorial no significaba necesariamente una desaparición política.
Los territorios podían ser recuperados.
Las alianzas podían cambiar.
Las fronteras podían volver a modificarse.
17. Sancho VI y la diplomacia
La política de Sancho VI recuerda en cierto sentido a la de Sancho III.
Ambos comprendieron que el poder no dependía exclusivamente de la guerra.
Sancho VI utilizó:
alianzas matrimoniales;
pactos con otros soberanos;
treguas;
diplomacia internacional;
relaciones con Aragón;
relaciones con Castilla;
fortalecimiento de villas;
concesión de fueros;
organización defensiva.
El fortalecimiento interno fue tan importante como las campañas militares.
Durante su reinado se fundaron y fortalecieron villas y se concedieron fueros que contribuyeron a consolidar la estructura política y económica del reino.
Sancho VI no se limitó a intentar recuperar territorio.
Trabajó también para fortalecer las estructuras políticas capaces de sostener ese territorio.
18. El reconocimiento de la soberanía
Otro aspecto fundamental de Sancho VI fue la transformación de la propia concepción política de la monarquía.
En 1162 comenzó a utilizarse documentalmente el título de rey de Navarra, sustituyendo progresivamente la denominación tradicional de rey de Pamplona.
Este cambio no debe considerarse una cuestión meramente lingüística.
El título expresa también una nueva forma de concebir el espacio político.
La monarquía deja de proyectarse únicamente a través de una ciudad o de una población determinada y se vincula directamente con un territorio político.
Desde la perspectiva de la tesis que estamos desarrollando, este cambio resulta especialmente significativo:
El territorio político no es una propiedad privada del rey; constituye el ámbito institucional sobre el que el rey ejerce su autoridad.
La denominación territorial expresa, de este modo, una realidad política que ya existía en la práctica.
19. La diplomacia frente a Castilla
La recuperación de Sancho VI provocó necesariamente una reacción castellana.
El conflicto desembocó finalmente en el arbitraje de 1177 y en el acuerdo de 1179.
El resultado fue complejo.
Sancho VI tuvo que aceptar importantes pérdidas, aunque consiguió el reconocimiento de determinadas posiciones.
El acuerdo de 1179 estableció una nueva situación fronteriza entre ambos poderes.
La recuperación de 1162-1163, por tanto, no terminó convirtiéndose en una recuperación permanente de todos los territorios.
Aun así, el episodio demuestra la capacidad de Sancho VI para alterar en muy poco tiempo el equilibrio territorial de la Península.
La posterior presión castellana volvió a modificar el mapa.
La capacidad de recuperación, sin embargo, había quedado demostrada.
20. Sancho III y Sancho VI: dos grandes momentos de expansión y recuperación La comparación entre ambos reyes resulta especialmente interesante.
Sancho III el Mayor representa la máxima expansión de la hegemonía pamplonesa.
Durante su reinado, el poder de Pamplona llegó a abarcar o controlar políticamente un espacio extraordinariamente amplio, desde Castilla hasta Aragón y Ribagorza, con una influencia que se proyectaba hacia otros territorios pirenaicos y ultrapirenaicos.
Sancho VI el Sabio, varios siglos después, representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial de la historia posterior de Nabarra.
En 1162-1163 recuperó rápidamente una parte sustancial de los territorios occidentales que habían pertenecido anteriormente al ámbito pamplonés.
La diferencia entre ambos es importante.
Sancho III construye y concentra una hegemonía.
Sancho VI reconstruye y recupera una estructura territorial que había sufrido importantes pérdidas.
En ambos casos, sin embargo, aparece una característica común: la combinación de fuerza, diplomacia, alianzas y organización política.
21. Una misma tradición política
Desde esta perspectiva, Sancho III y Sancho VI pueden ser estudiados como dos grandes momentos de una misma tradición política.
Sancho III demuestra que la autoridad pamplonesa podía proyectarse sobre un territorio muy amplio mediante alianzas, vínculos familiares y gobierno territorial.
Sancho VI demuestra que, incluso después de las pérdidas y transformaciones políticas posteriores, aquella tradición podía reconstruirse mediante una combinación de diplomacia, organización territorial y acción militar.
Ambos reyes comprendieron algo esencial:
El territorio no se conserva únicamente mediante la guerra; se conserva mediante instituciones, alianzas, derecho, administración y capacidad política.
Y precisamente aquí aparece una diferencia esencial respecto de una concepción puramente patrimonial del poder.
El territorio político no existe porque el rey lo posea como una propiedad particular.
El rey ejerce su autoridad porque existe una estructura política sobre la que gobierna.
22. Conclusión
La historia de Sancho III el Mayor no debe reducirse a la imagen de un monarca que «repartió su reino entre sus hijos».
Su reinado representa mucho más.
Representa la conservación, defensa y reconstrucción de una gran estructura política en la que convivían diferentes territorios, condados, valles, villas, comunidades e instituciones bajo una autoridad regia común.
Cuando Sancho murió, aquellas realidades territoriales no desaparecieron.
Continuaron existiendo.
Lo que cambió fueron las personas y las estructuras encargadas de su gobierno.
De ahí surgió una transformación histórica de enormes consecuencias.
Castilla, todavía condado en tiempos de Sancho III, acabaría convirtiéndose en un poderoso reino.
Aragón, igualmente condado, evolucionaría hasta convertirse en otro gran reino.
Pamplona mantendría su propia continuidad política y posteriormente adoptaría documentalmente la denominación territorial de Navarra.
Los territorios que habían formado parte de aquella gran estructura serían objeto durante siglos de nuevas disputas, alianzas, guerras y reorganizaciones.
La generación posterior a Sancho III muestra además un incremento de la violencia política. Las muertes de Bermudo III, Gonzalo y García III deben estudiarse individualmente y con el máximo rigor documental. No todas pueden ser calificadas como asesinatos personalmente ejecutados por Fernando.
Sin embargo, la sucesión de conflictos, guerras y muertes violentas constituye un elemento histórico que no puede ignorarse.
Frente a esa dinámica, la figura de Sancho III aparece especialmente vinculada a una política de alianzas, matrimonios, pactos, diplomacia y construcción de hegemonía.
Y siglos después vuelve a aparecer una figura que recupera parte de aquella capacidad: Sancho VI el Sabio.
Entre 1162 y 1163, en apenas unos meses, consiguió recuperar una parte extraordinariamente importante de los territorios occidentales que habían pertenecido al ámbito pamplonés. Posteriormente, mediante diplomacia, alianzas y organización institucional, sostuvo la posición del reino frente a Castilla y Aragón.
Por ello, puede afirmarse con seguridad que Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio constituyen dos de los momentos más importantes de expansión y recuperación territorial de la historia política de Nabarra.
Conviene mantener el rigor y no afirmar, sin una comparación cuantitativa de todos los reinados, que fueron necesariamente «los dos reyes que más territorio recuperaron» en términos absolutos.
Lo que sí puede afirmarse es que existe una diferencia histórica extraordinariamente significativa entre ambos:
Sancho III llevó la hegemonía pamplonesa a una de sus máximas extensiones territoriales y políticas; Sancho VI protagonizó, siglos después, una recuperación territorial extraordinariamente rápida, especialmente durante 1162-1163, antes de que la presión castellana volviera a modificar el mapa.
Y entre ambos existe una continuidad política fundamental: Sancho III construyó una gran estructura territorial mediante alianzas, gobierno y diplomacia; Sancho VI demostró, siglos después, que aquella estructura política podía volver a recuperar una parte considerable de su territorio mediante la combinación de diplomacia, derecho, alianzas, organización institucional y fuerza.
La historia de Nabarra, por tanto, no puede entenderse únicamente como una sucesión de conquistas y derrotas.
Debe entenderse como la historia de una estructura política que cambia de forma, pierde territorios, los recupera, reorganiza sus instituciones y vuelve a disputar su soberanía.
Y precisamente por eso, Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio son dos figuras fundamentales para comprender la continuidad histórica de esa estructura política.
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