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2026/09/18

Sancho III el Mayor, Sancho VI el Sabio y la transformación de las estructuras políticas nabarras

 

Sancho III el Mayor, Sancho VI el Sabio y la transformación de las estructuras políticas nabarras

Nestor Lertxundi Beñaran

Del gobierno territorial y la política de alianzas a la violencia dinástica y la posterior recuperación territorial.

1. Introducción

La figura de Sancho III el Mayor ocupa un lugar excepcional en la historia política medieval de la Península. Su reinado, desarrollado entre finales del siglo X y principios del siglo XI hasta el año 1035, representa uno de los momentos de mayor concentración de poder político en torno al rey de Pamplona.

Durante su gobierno quedaron vinculados a su autoridad diversos territorios, condados y espacios políticos del norte peninsular. Castilla, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Álava, Nájera y otros territorios aparecen relacionados con su poder mediante fórmulas jurídicas, dinásticas, territoriales y de gobierno diferentes.

La interpretación tradicional ha presentado frecuentemente este proceso mediante una imagen patrimonial: Sancho habría reunido un gran reino y, al morir, habría «repartido» sus territorios entre sus hijos.

Esta explicación resulta insuficiente.

Para comprender la realidad política medieval es necesario distinguir entre territorio, jurisdicción, gobierno y propiedad privada, y para ello es necesario distinguir también entre las estructuras políticas propias de Nabarra y las de los territorios y poderes políticos extranjeros con los que mantenía relaciones.

El rey no recibe necesariamente un territorio como quien recibe una finca. Su función principal es ejercer el gobierno sobre unas estructuras políticas preexistentes: valles, aldeas, villas, condados, tenencias, vizcondados, señoríos, territorios, comunidades y otras instituciones.

Por ello, cuando muere Sancho III, lo que entra en una nueva situación no es simplemente una supuesta propiedad privada llamada «reino», sino la continuidad de distintas funciones de gobierno sobre territorios y comunidades políticamente organizadas.

Esta distinción resulta fundamental para comprender tanto la trayectoria de Sancho III como la posterior fragmentación del espacio político que había quedado bajo su hegemonía.

También permite interpretar de otra manera la violencia política que aparece en las generaciones posteriores.

Sancho III construyó una parte esencial de su poder mediante alianzas, matrimonios, pactos, relaciones familiares, acuerdos territoriales y diplomacia internacional. Antes y después de su muerte, varios de sus descendientes y sucesores protagonizaron conflictos en los que la guerra, la muerte violenta y la disputa por el gobierno territorial adquirieron una importancia creciente.

La cuestión no consiste, por tanto, en construir una oposición simplista entre «buenos» y «malos», sino en observar una transformación profunda del modo de ejercer y disputar el poder.

2. Sancho III y la construcción de una gran estructura política Sancho III el Mayor alcanzó una posición política excepcional.

Las fuentes y la historiografía coinciden en situarlo como uno de los soberanos cristianos más poderosos de su tiempo. Durante su reinado, el ámbito político sometido a su autoridad o influencia llegó a extenderse desde las zonas occidentales vinculadas a Castilla hasta Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, mientras su influencia se proyectaba también hacia otros territorios pirenaicos y occidentales.

Los documentos de la época resultan especialmente importantes porque permiten observar cómo se expresaba esa autoridad.

En diferentes diplomas aparece Sancho gobernando en Pamplona, Castilla, Aragón y otros territorios mediante fórmulas de regnante, que muestran una realidad política basada en el ejercicio de la autoridad sobre distintos espacios.

Esto permite entender mejor una cuestión fundamental: Sancho III no necesitaba convertir todos aquellos territorios en una propiedad privada para ejercer sobre ellos autoridad política.

Gobernar no significaba necesariamente poseer.

La función regia era ejercer el gobierno.

La autoridad política se ejercía sobre territorios que contaban con sus propias comunidades, instituciones y estructuras administrativas.

3. Sancho no «repartió una propiedad»: continuaron las funciones de gobierno Aquí es donde resulta necesario corregir una de las expresiones más repetidas en la historiografía divulgativa: «Sancho III repartió su reino entre sus hijos».

La expresión puede resultar útil como simplificación narrativa, aunque resulta problemática si se interpreta literalmente.

Lo que existía era una compleja estructura territorial compuesta por reinos, condados, valles, villas, tenencias, comunidades y diferentes administraciones políticas.

Cuando Sancho muere, sus hijos pasan a desempeñar distintas funciones de gobierno sobre esos espacios.

Por ello, en lugar de hablar exclusivamente de una «herencia del reino», resulta más preciso hablar de continuidad y redistribución de funciones de gobierno territorial.

En este sentido, lo que se transmite al morir Sancho son las responsabilidades políticas vinculadas a territorios concretos: valles, vegas, montañas, condados, municipios, villas, tenencias e instituciones relacionadas con ellos.

La propia documentación posterior permite observar que Aragón, Castilla, Sobrarbe, Ribagorza, Pamplona y otros espacios como Bureba, Montes de oca etc, conservaban estructuras políticas diferenciadas.

Esta interpretación resulta especialmente importante para comprender el nacimiento posterior de nuevas entidades políticas.

El gobierno puede cambiar de manos sin que el territorio deje de ser una realidad política organizada.

4. Castilla y Aragón todavía no eran lo que posteriormente serían Otra cuestión fundamental consiste en evitar proyectar hacia el año 1035 la realidad política de siglos posteriores.

Castilla todavía era un condado, aunque su importancia política había aumentado enormemente.

Aragón era también un condado, vinculado durante este periodo a la estructura política pamplonesa.

Sobrarbe y Ribagorza constituían asimismo espacios condales con sus propias tradiciones y estructuras.

Por tanto, cuando hablamos de «Castilla» y «Aragón» en tiempos de Sancho III no debemos imaginarlos todavía como los grandes reinos que posteriormente llegarían a ser.

Su transformación posterior fue precisamente consecuencia de un proceso político.

Sancho III había concentrado bajo su autoridad una extraordinaria cantidad de territorios y estructuras políticas. Después de su muerte, algunas de aquellas estructuras comenzaron a adquirir una autonomía cada vez mayor.

La evolución posterior de Castilla y Aragón debe entenderse, por tanto, dentro de ese proceso.

5. Sobrarbe y Ribagorza

La incorporación de Sobrarbe y Ribagorza al ámbito de poder de Sancho III constituye otro elemento fundamental.

Sancho consiguió controlar ambos territorios, incorporándolos a la esfera política que dependía de su autoridad.

Estos condados no eran simples extensiones geográficas sin organización.

Eran espacios políticos con sus propias estructuras de gobierno, comunidades, aristocracias y territorios.

La posterior vinculación de estas tierras con Aragón demuestra precisamente la importancia de distinguir entre la existencia territorial de una comunidad política y la persona concreta que ejercía su gobierno en un determinado momento.

Tras la muerte de Sancho, Gonzalo quedó relacionado con Sobrarbe y Ribagorza y, después de su muerte, estos territorios terminaron vinculándose a Ramiro.

Ese proceso contribuyó decisivamente a la formación territorial del futuro Aragón.

6. La política de Sancho: alianzas antes que destrucción Uno de los aspectos más interesantes de la personalidad política de Sancho III es precisamente su capacidad para construir poder mediante alianzas.

No fue únicamente un rey guerrero.

Su política se apoyó ampliamente en matrimonios, relaciones familiares, pactos, acuerdos territoriales y diplomacia.

Su matrimonio con Muniadona, hija del conde Sancho García de Castilla, tuvo una importancia política extraordinaria.

La relación matrimonial vinculó directamente a la casa pamplonesa con la aristocracia castellana.

Cuando murió García Sánchez de Castilla en 1029, la posición de Muniadona permitió a Sancho ejercer una influencia decisiva sobre Castilla, colocando posteriormente a su hijo Fernando al frente del condado.

Esto demuestra que la expansión política no tenía que producirse necesariamente mediante una conquista militar directa.

Podía producirse mediante derechos dinásticos, alianzas familiares y mecanismos jurídicos de gobierno.

Esta forma de actuar resulta especialmente significativa cuando se compara con la violencia política que aparecerá en las generaciones posteriores.

7. Sancho y Gascuña

Las relaciones con Gascuña constituyen otro ejemplo de esta política exterior.

Sancho III mantuvo estrechos vínculos con Sancho Guillermo de Gascuña, con quien existían además relaciones familiares.

La política de Sancho debe situarse dentro de un espacio político mucho más amplio que las actuales fronteras estatales.

Los Pirineos no constituían una frontera estatal moderna.

Existían relaciones entre Pamplona, Gascuña, Aquitania, el mundo franco y otros territorios.

Sancho participó activamente en ese espacio diplomático.

Su política exterior demuestra que el ámbito de actuación del soberano pamplonés no se limitaba a la Península.

Su poder se desarrollaba dentro de una red política europea en la que participaban reyes, duques, condes, obispos, monasterios y el papado.

8. Las relaciones internacionales y Roma

La dimensión internacional de Sancho III también aparece en sus relaciones con el mundo franco y con Roma.

El rey pamplonés estableció contactos con el papado y favoreció la apertura de sus territorios a las corrientes religiosas y culturales europeas.

Su política se desarrolló, por tanto, dentro de una red internacional en la que participaron diferentes poderes políticos y religiosos.

Esta dimensión europea es esencial para comprender su reinado.

Sancho no estaba construyendo exclusivamente una estructura política continental.

Estaba actuando dentro de una Europa medieval interconectada, donde las relaciones matrimoniales, religiosas y políticas podían tener consecuencias territoriales de enorme importancia.

9. El problema de la muerte de Sancho III

Aquí es necesario separar cuidadosamente lo que dicen las fuentes de lo que posteriormente ha interpretado la historiografía.

La muerte de Sancho III se produjo en 1035.

Las fuentes medievales consultadas coinciden en su fallecimiento y en su enterramiento en Oña. La Crónica Najerense describe su muerte por enfermedad y señala el papel de Fernando en las exequias; la tradición cronística relacionada con el Códice de Roda también confirma el enterramiento en Oña.

El hecho de que una fuente repita o confirme una tradición anterior tampoco convierte automáticamente esa tradición en una prueba independiente.

Existe una cuestión historiográfica acerca de las circunstancias de su muerte y de determinados aspectos anómalos de sus exequias. Algunos historiadores han planteado dudas sobre las circunstancias políticas que rodearon el fallecimiento.

Por ello, la hipótesis de un envenenamiento o una muerte provocada puede plantearse como una hipótesis histórica que merece investigación, especialmente si se localiza un testimonio medieval concreto que la sostenga.

No resulta riguroso presentar actualmente como hecho demostrado que Fernando envenenó a su padre.

Este punto es especialmente importante para el artículo porque una investigación rigurosa no necesita convertir una hipótesis en certeza para mostrar que existen circunstancias históricas que merecen ser investigadas.

10. De la política de alianzas a la violencia dinástica La cuestión adquiere una dimensión diferente después de la muerte de Sancho.

Sus hijos heredaron o asumieron funciones de gobierno sobre territorios que hasta entonces habían quedado integrados en una estructura política dominada por la autoridad de su padre.

A partir de ese momento aparecen conflictos entre hermanos y entre diferentes estructuras políticas.

Bermudo III murió en la batalla de Tamarón, en 1037, durante el conflicto con Fernando.

García III de Pamplona murió posteriormente en la batalla de Atapuerca, en 1054, combatiendo contra las fuerzas de su hermano Fernando.

La muerte de Gonzalo, señor de Sobrarbe y Ribagorza, presenta igualmente tradiciones sobre una muerte violenta, aunque las circunstancias concretas y la eventual responsabilidad de otros protagonistas deben tratarse con cautela.

Por tanto, la formulación académicamente más sólida sería hablar de una sucesión de conflictos y muertes violentas dentro de la generación posterior a Sancho III. Asesinatos personalmente ejecutados o presenciados por Fernando y su hermano Ramiro. Esta última afirmación aparece sin un argumento sólido, por lo tanto no estoy en calidad de afirmarla como documentada ya que no es esa la realidad. Sin embargo hay una realidad de destrucción documental y de esta época no hay datos de ello.

¿Qué transformación política se produjo entre la generación de Sancho III, caracterizada por una intensa política de alianzas, y la generación posterior, marcada por guerras sucesorias, disputas territoriales y muertes violentas?

11. Fernando y la transformación del poder castellano La figura de Fernando resulta especialmente impactante ya que representa una transformación profunda del ejercicio del poder publico: del gobierno de las estructuras políticas del Estado (individualmente, ya que en Nabarra el individuo «nabarra» es la primera pieza de la estructura jurídica y política de la que es parte y representa) hacia una concepción personalista del poder, resumible en la expresión «aquí mando yo».

Fernando comenzó como conde de Castilla, responsabilidad que le otorgó Sancho III, dentro de una estructura política mucho más amplia.

Posteriormente se convirtió en rey de León

La evolución de Castilla desde condado hasta reino constituye uno de los oscuros procesos políticos de la Edad Media peninsular "a la par que el de la transformación del condado de Aragón.

Y esos procesos deben estudiarse en relación con la transformaciónes de las estructuras que habían quedado bajo la hegemonía de Sancho III.

No se trata de afirmar que «Castilla y Aragón nacieron únicamente del crimen».

La cuestión históricamente más interesante es otra: la desaparición de la estructura política estatal defendida y en unos casos construida por Sancho permitió que determinados territorios desarrollaran progresivamente poderes propios, y algunos de esos poderes acabarían convirtiéndose en reinos de gran capacidad expansiva.

Castilla fue uno de ellos.

Aragón fue otro.

12. Aragón y la autonomía progresiva

La evolución de Aragón presenta un proceso semejante.

Ramiro quedó relacionado con Aragón y posteriormente incorporó a su ámbitos de poder Sobrarbe y Ribagorza.

La evolución posterior de su poder fue creando una estructura cada vez más autónoma.

Con el tiempo, Aragón se convirtió en un reino con capacidad propia de expansión.

De este modo puede observarse una paradoja histórica: la gran estructura política construida por Sancho III contribuyó indirectamente a proporcionar los territorios, las estructuras y las dinastías desde las que posteriormente crecerían Castilla y Aragón.

Lo que Sancho había concentrado políticamente no desapareció físicamente con su muerte.

Cambió de manos.

Cambió de centro político.

Y, progresivamente, cambió de estructura.

13. La violencia como instrumento de transformación política La sucesión de conflictos posteriores plantea una cuestión de enorme importancia.

Cuando una estructura política basada en alianzas y relaciones familiares se fragmenta, la disputa por el control de los territorios puede transformarse en una lucha militar.

La generación de Sancho III había utilizado ampliamente: matrimonios;

pactos;

relaciones familiares;

acuerdos territoriales;

vínculos de vasallaje;

diplomacia;

relaciones religiosas;

reconocimiento político.

La generación posterior desarrolló también esos mecanismos, aunque junto a ellos encontramos una creciente utilización de la guerra.

Tamarón.

Atapuerca.

Las disputas por Castilla.

La evolución de Aragón.

La muerte violenta de Gonzalo.

Todos estos acontecimientos muestran un paisaje político diferente.

Por eso puede formularse una hipótesis histórica de gran interés: Sancho III construyó una hegemonía mediante la integración política; sus sucesores comenzaron a disputar esa hegemonía mediante la fragmentación, la guerra y la violencia dinástica.

Esta frase no pretende sustituir el análisis documental.

Pretende resumir un proceso histórico que merece ser estudiado en profundidad.

14. Del espacio político de Sancho III a los futuros reinos La importancia histórica de Sancho III no reside únicamente en la extensión territorial alcanzada durante su reinado.

Reside también en lo que ocurrió después.

Durante su gobierno existía una estructura política en la que distintos territorios podían estar vinculados bajo una misma autoridad sin perder necesariamente sus particularidades.

Después de su muerte, esas estructuras comenzaron a diferenciarse.

Castilla evolucionó hacia un reino.

Aragón evolucionó hacia un reino.

Pamplona continuó su propia trayectoria.

Sobrarbe y Ribagorza quedaron vinculados a Aragón.

Los territorios occidentales quedaron sometidos a diferentes procesos de expansión.

De esta transformación surgiría, siglos después, una configuración política completamente distinta.

Por ello, la historia posterior de Castilla y Aragón no puede comprenderse aisladamente de la gran estructura política existente en tiempos de Sancho III.

15. Sancho VI el Sabio: Con Sancho VI en Nabarra la recuperación territorial vuelve a marcar la diferencia entre el uso de la violencia para atajar asuntos políticos o el uso intrínseco del diálogo y la diplomacia como es costumbre en Nabarra para llegar a un entendimiento y acuerdo mutuo


Sancho VI el Sabio.

Si Sancho III representa uno de los momentos culminantes de la expansión de la hegemonía pamplonesa, Sancho VI representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial y reconstrucción política.

Sancho VI accedió al gobierno en 1150, en un contexto muy diferente.

El espacio político pamplonés había sufrido importantes pérdidas y se encontraba sometido a la presión simultánea de Castilla y Aragón.

Su primera tarea no consistió simplemente en conquistar.

Consistió en reconstruir la capacidad política del reino.

Las relaciones diplomáticas tuvieron nuevamente una importancia extraordinaria.

Sancho VI utilizó alianzas matrimoniales, pactos, treguas, diplomacia y, cuando fue necesario, fuerza militar.

Su matrimonio con Sancha de Castilla lo vinculó directamente con la casa castellana.

También utilizó las relaciones con Aragón para impedir que ambos poderes coordinaran una política de reparto contra Pamplona.

En este sentido, vuelve a aparecer una característica que ya encontramos en Sancho III: la utilización de la diplomacia como instrumento de conservación y recuperación territorial.

16. La gran recuperación de 1162-1163

El momento más espectacular llegó en 1162-1163.

Tras la muerte de Ramón Berenguer IV en 1162 y la minoridad de Alfonso II de Aragón, se abrió un nuevo escenario político.

Sancho VI aprovechó la coyuntura.

En 1162 inició una gran ofensiva hacia el oeste.

En un periodo extraordinariamente corto, sus fuerzas recuperaron importantes territorios occidentales que anteriormente habían estado vinculados al ámbito pamplonés.

Entre las plazas relacionadas con esta ofensiva aparecen Logroño, Navarrete, Entrena, Grañón, Treviana, Miranda de Ebro, Salinas de Añana y Briviesca, además de posiciones en Álava y el Duranguesado.

La magnitud de la operación resulta extraordinaria.

En apenas unos meses, Sancho VI había reconstruido una parte muy importante de la proyección territorial occidental de la monarquía pamplonesa.

Este episodio es fundamental porque demuestra que la pérdida territorial no significaba necesariamente una desaparición política.

Los territorios podían ser recuperados.

Las alianzas podían cambiar.

Las fronteras podían volver a modificarse.

17. Sancho VI y la diplomacia

La política de Sancho VI recuerda en cierto sentido a la de Sancho III.

Ambos comprendieron que el poder no dependía exclusivamente de la guerra.

Sancho VI utilizó:

alianzas matrimoniales;

pactos con otros soberanos;

treguas;

diplomacia internacional;

relaciones con Aragón;

relaciones con Castilla;

fortalecimiento de villas;

concesión de fueros;

organización defensiva.

El fortalecimiento interno fue tan importante como las campañas militares.

Durante su reinado se fundaron y fortalecieron villas y se concedieron fueros que contribuyeron a consolidar la estructura política y económica del reino.

Sancho VI no se limitó a intentar recuperar territorio.

Trabajó también para fortalecer las estructuras políticas capaces de sostener ese territorio.

18. El reconocimiento de la soberanía

Otro aspecto fundamental de Sancho VI fue la transformación de la propia concepción política de la monarquía.

En 1162 comenzó a utilizarse documentalmente el título de rey de Navarra, sustituyendo progresivamente la denominación tradicional de rey de Pamplona.

Este cambio no debe considerarse una cuestión meramente lingüística.

El título expresa también una nueva forma de concebir el espacio político.

La monarquía deja de proyectarse únicamente a través de una ciudad o de una población determinada y se vincula directamente con un territorio político.

Desde la perspectiva de la tesis que estamos desarrollando, este cambio resulta especialmente significativo:

El territorio político no es una propiedad privada del rey; constituye el ámbito institucional sobre el que el rey ejerce su autoridad.

La denominación territorial expresa, de este modo, una realidad política que ya existía en la práctica.

19. La diplomacia frente a Castilla

La recuperación de Sancho VI provocó necesariamente una reacción castellana.

El conflicto desembocó finalmente en el arbitraje de 1177 y en el acuerdo de 1179.

El resultado fue complejo.

Sancho VI tuvo que aceptar importantes pérdidas, aunque consiguió el reconocimiento de determinadas posiciones.

El acuerdo de 1179 estableció una nueva situación fronteriza entre ambos poderes.

La recuperación de 1162-1163, por tanto, no terminó convirtiéndose en una recuperación permanente de todos los territorios.

Aun así, el episodio demuestra la capacidad de Sancho VI para alterar en muy poco tiempo el equilibrio territorial de la Península.

La posterior presión castellana volvió a modificar el mapa.

La capacidad de recuperación, sin embargo, había quedado demostrada.

20. Sancho III y Sancho VI: dos grandes momentos de expansión y recuperación La comparación entre ambos reyes resulta especialmente interesante.

Sancho III el Mayor representa la máxima expansión de la hegemonía pamplonesa.

Durante su reinado, el poder de Pamplona llegó a abarcar o controlar políticamente un espacio extraordinariamente amplio, desde Castilla hasta Aragón y Ribagorza, con una influencia que se proyectaba hacia otros territorios pirenaicos y ultrapirenaicos.

Sancho VI el Sabio, varios siglos después, representa uno de los momentos más importantes de recuperación territorial de la historia posterior de Nabarra.

En 1162-1163 recuperó rápidamente una parte sustancial de los territorios occidentales que habían pertenecido anteriormente al ámbito pamplonés.

La diferencia entre ambos es importante.

Sancho III construye y concentra una hegemonía.

Sancho VI reconstruye y recupera una estructura territorial que había sufrido importantes pérdidas.

En ambos casos, sin embargo, aparece una característica común: la combinación de fuerza, diplomacia, alianzas y organización política.

21. Una misma tradición política

Desde esta perspectiva, Sancho III y Sancho VI pueden ser estudiados como dos grandes momentos de una misma tradición política.

Sancho III demuestra que la autoridad pamplonesa podía proyectarse sobre un territorio muy amplio mediante alianzas, vínculos familiares y gobierno territorial.

Sancho VI demuestra que, incluso después de las pérdidas y transformaciones políticas posteriores, aquella tradición podía reconstruirse mediante una combinación de diplomacia, organización territorial y acción militar.

Ambos reyes comprendieron algo esencial:

El territorio no se conserva únicamente mediante la guerra; se conserva mediante instituciones, alianzas, derecho, administración y capacidad política.

Y precisamente aquí aparece una diferencia esencial respecto de una concepción puramente patrimonial del poder.

El territorio político no existe porque el rey lo posea como una propiedad particular.

El rey ejerce su autoridad porque existe una estructura política sobre la que gobierna.

22. Conclusión

La historia de Sancho III el Mayor no debe reducirse a la imagen de un monarca que «repartió su reino entre sus hijos».

Su reinado representa mucho más.

Representa la conservación, defensa y reconstrucción de una gran estructura política en la que convivían diferentes territorios, condados, valles, villas, comunidades e instituciones bajo una autoridad regia común.

Cuando Sancho murió, aquellas realidades territoriales no desaparecieron.

Continuaron existiendo.

Lo que cambió fueron las personas y las estructuras encargadas de su gobierno.

De ahí surgió una transformación histórica de enormes consecuencias.

Castilla, todavía condado en tiempos de Sancho III, acabaría convirtiéndose en un poderoso reino.

Aragón, igualmente condado, evolucionaría hasta convertirse en otro gran reino.

Pamplona mantendría su propia continuidad política y posteriormente adoptaría documentalmente la denominación territorial de Navarra.

Los territorios que habían formado parte de aquella gran estructura serían objeto durante siglos de nuevas disputas, alianzas, guerras y reorganizaciones.

La generación posterior a Sancho III muestra además un incremento de la violencia política. Las muertes de Bermudo III, Gonzalo y García III deben estudiarse individualmente y con el máximo rigor documental. No todas pueden ser calificadas como asesinatos personalmente ejecutados por Fernando.

Sin embargo, la sucesión de conflictos, guerras y muertes violentas constituye un elemento histórico que no puede ignorarse.

Frente a esa dinámica, la figura de Sancho III aparece especialmente vinculada a una política de alianzas, matrimonios, pactos, diplomacia y construcción de hegemonía.

Y siglos después vuelve a aparecer una figura que recupera parte de aquella capacidad: Sancho VI el Sabio.

Entre 1162 y 1163, en apenas unos meses, consiguió recuperar una parte extraordinariamente importante de los territorios occidentales que habían pertenecido al ámbito pamplonés. Posteriormente, mediante diplomacia, alianzas y organización institucional, sostuvo la posición del reino frente a Castilla y Aragón.

Por ello, puede afirmarse con seguridad que Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio constituyen dos de los momentos más importantes de expansión y recuperación territorial de la historia política de Nabarra.

Conviene mantener el rigor y no afirmar, sin una comparación cuantitativa de todos los reinados, que fueron necesariamente «los dos reyes que más territorio recuperaron» en términos absolutos.

Lo que sí puede afirmarse es que existe una diferencia histórica extraordinariamente significativa entre ambos:

Sancho III llevó la hegemonía pamplonesa a una de sus máximas extensiones territoriales y políticas; Sancho VI protagonizó, siglos después, una recuperación territorial extraordinariamente rápida, especialmente durante 1162-1163, antes de que la presión castellana volviera a modificar el mapa.

Y entre ambos existe una continuidad política fundamental: Sancho III construyó una gran estructura territorial mediante alianzas, gobierno y diplomacia; Sancho VI demostró, siglos después, que aquella estructura política podía volver a recuperar una parte considerable de su territorio mediante la combinación de diplomacia, derecho, alianzas, organización institucional y fuerza.

La historia de Nabarra, por tanto, no puede entenderse únicamente como una sucesión de conquistas y derrotas.

Debe entenderse como la historia de una estructura política que cambia de forma, pierde territorios, los recupera, reorganiza sus instituciones y vuelve a disputar su soberanía.

Y precisamente por eso, Sancho III el Mayor y Sancho VI el Sabio son dos figuras fundamentales para comprender la continuidad histórica de esa estructura política.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/sancho-iii-el-mayor-sancho-vi-el-sabio-y-la-transformacion-de-las-estructuras-politicas-nabarras


2026/09/17

Carbunclo versus cadenas (IV)


Carbunclo versus cadenas (IV)

Iñigo Saldise Alda

En siglo XVII se originó otro debate y/o discusión entorno al carbunclo y las cadenas, más concretamente en cual es la figura de las armas de Nabarra. Pero esta vez los contendientes fueron nabarros; uno del norte del Pirineo y otro del sur. Concretamente estoy hablando de los cronistas Arnaud Oihenart (1592-1675) y José de Moret Mendi (1615-1687). Pero antes de entrar en las diferentes aportaciones de ambos, debemos recordar que el carbunclo es el escudo que aparece dibujado en el libro nabarro Abrege de l’histoire du Royaume de Navarre. Contenant de Roy en Roy. Ce qui est advenu de remarcabee des son origine, avec leurs armoiries del año 1605 e incluso las primeras monedas de Louis XIII de France (1610-1620), realizadas desde las instituciones soberanas nabarras que obligaban a que jurase los Fueros para ser titulado rey de Nabarra como Luis II.

Arnaud Oihenart licenciado en Derecho, realizó diversas obras históricas de las cuales destacamos para este trabajo Notitia utriusque Vasconiae tum Ibericae tum Aquitanicae, escrita en el año 1638, ya bajo sometimiento francés. En dicho libro explicó que sólo el príncipe de Viana menciona las cadenas como armas del Estado de Nabarra, al menos consultando fuentes nabarras, mientras que otros autores, extranjeros para Nabarra, mucho más antiguos que el príncipe, describieron el escudo del Reino de Nabarra como: "(…) un carbunclo radiado de oro, dividido con esferillas y el centro verde". En su obra también dejó escrito lo siguiente: “(…) Sin embargo ha llenado de fama a Nabarra la antigua opinión, procedente de nuestros antepasados, que Sancho, algunos años después, con ocasión de la célebre victoria conseguida de los moros, en el lugar, vulgarmente llamado Navas de Tolosa, mudó la figura del símbolo antiguo, sucediendo en su lugar la figura de las cadenas de hierro, que rodeaban el trono del rey moro, el Miramamolín, las cuales Sancho había arrebatado y roto valientemente." "(…) Mas para considerarla como incierta, me muevo especialísimamente por dos razones. Primero que la misma figura del símbolo de las enseñas, de que usaron los reyes de Nabarra desde el último Sancho hasta nuestros tiempos, no tiene semejanza alguna con las cadenas.” El propio Oihenart nos dejó también escrito el momento, a su parecer, en el que se produjo el cambio del carbunclo a las cadenas. “(…) esto se hizo desde hace cerca de cincuenta años, con la sola autoridad o consejo de modernos historiadores. Mas hemos procurado poner aquí la verdadera figura de aquellas enseñas; porque esa misma es; tal como se con templa, no solo en los infinitos sellos y monedas de diversos reyes, sino también en las vidrieras de la Iglesia principal de París, consagrada a la Virgen Madre, la que hubo de ser pintada en tiempo de uno de los dos Teobaldos, o de Enrique; lo indican las ensenas de Champaña, añadidas a las de Nabarra". "Nada se distinguen de esta forma las figuras de las mismas ensenas, que existen en el Colegio de Nabarra, de París, y en el cenobio de los cartujos, en el monumento de Pedro Nabarro, Conde de Moreton; también las que hay en el Castillo de Pau, del principado del Bearne; en la iglesia de Escala Dei de los Premonstratenses, en Bigorra, y en muchos lugares de la Nabarra citerior o ulterior, ya esculpidos en las piedras, ya en las paredes, ya pintadas en las vidrieras de las ventanas”. Arnaud Oihenart añadió documentación antigua a su brillante trabajo donde se describe el escudo de Nabarra: “(…) Dice el Manuscrito antiguo de pergamino, de la Biblioteca del ilustrísimo Renato de Longol Desmaisons, presidente en la curia suprema de tributos, en Paris: Le Roy de Navarre porte de gueulles a une escarboucle florie d'or et le cceur de sinople”.

Por otro lado, bajo larga subordinación española, está José de Moret Mendi, jesuita. También realizo varias obras destacando Investigaciones históricas de las Antigüedades del Reyno de Navarra, Congresiones apologéticas y su gran obra Anales del Reyno de Navarra. En esta última escribió un capítulo titulado “Jornada del rey Don Sancho contra los moros. Batalla de las Navas de Tolosa. Origen de la divisa de las cadenas de Navarra”. En él, tras nombrar el palenque, la acción militar llevada a cabo por los nabarros y el botín de guerra conseguido, nos menciona lo siguiente relacionado ya directamente con el escudo de Nabarra: “(…) De esta misma hazaña de las cadenas ganadas introdujo el rey la insignia y blasón público de su Reyno, que empezó a usar en su escudo real no pocas veces, y se ve en su sello fabricas y obras suyas y continuaron después de él los Reyes sus sucesores (…)” Y a modo de conclusión llega a la siguientes afirmaciones, justificaciones y reflexiones: “Del origen de las cadenas y de una equivocación de ciertos escritos de autor ignorado y sin nombre, sobre la forma de dividirse las cadenas, una en la substancia, y diferente dolo en la apariencia, le dio cumplida en las Investigaciones, compresiones nuestras (…)” “(….) el nombre de cadenas en cartas Reales (…)” Y la más significativa de todas a mi parecer: “(...) La pública de España atribuye la gloria de esta hazaña al Rey Don Sancho de Navarra (…)”. También en su obra Investigaciones Históricas de las antigüedades del Reyno de Navarra, José de Moret Mendi nos afirma que los eslabones serían una forma de representación vulgar de las cadenas, y por contra el pomelado sería, a su vez, la versión elegante de su abstracción: “(…) rematando los encajes de los hierros lisos en ciertos nudos globosos que por dentro tienen su engarce, y por fuera parecen globillos o esferillas del todo macizas.”

Pero lo cierto es que las cadenas de la Navas de Tolosa pasaron a ser la divisa del Reino de Navarra al sur del Pirineo y la representación de éste al norte del Pirineo en el Reino de France, donde desaparecieron paulatinamente tras el ilegal Decreto de la Unión del año 1620, que se sumó así a la representación que llevaban haciendo en el Reino de España desde mediados del siglo XVI. Esto continuo prácticamente así hasta el actual siglo XXI, donde nuevamente se abrió el debate o la discusión al respecto, en esta materia tan importante para el símbolo, identitario por excelencia, de los nabarros y nabarras.

2026/09/07

Descolonizar los símbolos: escudos y banderas

Descolonizar los símbolos: escudos y banderas

Iñigo Saldise Alda

El concepto de descolonizar los símbolos, entre los que se encuentra los escudos y las banderas, se refiere al proceso crítico de revisar, cuestionar, recuperar, transformar y retirar, según sea el caso, los monumentos, imágenes, nombres de calles, festividades, relatos oficiales, etc. que forzosamente heredamos o soportamos en el periodo colonial, todo ello con el objetivo principal de vislumbrar las verdaderas historias de los pueblos oprimidos o esclavizados y de las comunidades colonizadas, como es actualmente nuestro caso, dejando de glorificar con ello a las figuras asociadas a la inmundicia moral, la violencia y la esclavitud. Dentro de la descolonización de los símbolos, tiene gran importancia las figuras que representan al Pueblo sometido, a la Nación sojuzgada, tomando por ello gran importancia el diseño de los escudos y las banderas, que en nuestro caso, en la Navarra reducida y residual, fueron intencionadamente modificados o alterados, buscando con ello la falsa complicidad política “pactada” con el Reino de España, desde donde basándose en relatos ficticios o inventados, buscan la colonización, tanto política como mental de nuestra sociedad, haciéndonos incluso sentir orgullos de un pasado simulado y común, quitándole con ello importancia a su acción político-militar de marcado carácter imperial.

Los historiadores e investigadores autóctonos, licenciados, doctorados o autodidactas, son a mi parecer la principal arma con la cual comenzar la descolonización mental de nuestra sociedad, que con un trabajo continuado, de forma inevitable, dará paso a una descolonización política, debido ello al ejercicio constante de investigación y divulgación de los hallazgos obtenidos, más o menos resolutivos, pero siempre interesantes políticamente hablando. En nuestro caso, en la Navarra reducida y residual, son muchos los que en la actualidad, primer cuarto del siglo XXI, han iniciado o mejor dicho continuado el trabajo de otros anteriores en el tiempo, con una firme y constante labor de investigación, revisión e incluso en algún caso crítica de documentos, crónicas o relatos históricos, teniendo presente que a fines del reinado de Felipe II de España y durante todo el reinado de Felipe III de España, hubo una ola interesada de realización de falsificaciones o modificaciones que generan malas interpretaciones de los escritos antiguos, incluidos los relacionados con el Estado de Nabarra, que a mi parecer, son los que nos interesan. Incluso hay apuntes que nos indican de una modificación de documentos o falsificación de los mismos en tiempos de Fernando V de España.

Evolución de las armas de Carlos de Trastamara y Evreux, en ninguna lleva cadenas

Entre esos documentos, desde mi humilde opinión, creo que debemos incluir, a modo de cuarentena, dos obras: Crónica de los reyes de Navarra, escrita por el príncipe de Viana Carlos de Trastamara y Evreux, y Relación de la descendencia de los Reyes de Navarra y de las demás cosas principales del dicho Reyno obra realizada por el doctor de derecho canónigo y consejero real de Nabarra Juan de Jaso y Atondo, que al parecer se encuentra en el archivo de Donibane Garazi/Saint-Jean-Pied-de-Port. Bien, es muy posible de que en estos momentos estén saltando entre muchos las alarmas por mis afirmaciones de falsificación o modificación de tan importantes obras para la identidad nabarra. De facto, yo mismo soy un poco reticente al respecto, especialmente a lo que se refiere a la crónica del príncipe de Viana, obligado a mi hipótesis expuesta sobre la inclusión en dicha crónica de la leyenda de las cadenas de la Navas de Tolosa para el escudo de Nabarra; pero hubo una persona, no hace mucho, que me indicó que a la actualidad solo ha llegado a nosotros el prólogo original de dicha obra. Por esta afirmación, debido a mi continua búsqueda de la imposición de las cadneas en el escudo de Nabarra, me han entrado dudas de saber y me pregunto ¿se ha modificado las crónicas del príncipe con los datos aportados por Diego Ramírez de Ávalos de la Piscina en su crónica?

Escudos de Jaso (izquierda) y de Atondo (derecha) este último sin cadenas

Por otro lado, las posibilidad de falsificación o modificación de la crónica de Juan de Jaso y Atondo, son mayores a mi entender, a pesar de donde se encuentra dicha relación. En el capítulo 16 nos dice: “Este tubo un hijo que se llamó D. Sancho el Fuerte, el qual conquistó las cadenas y las tomó por armas, y las traxo del campo, donde tubieron la batalla, á Navarra; é hizo de ellas la rexa de Santa María de Ussue, y de Santa María de Roncesvalles donde yace enterrado, y de Santa María de Pamplona y la rexa de capilla donde estaba el Corpus en Tudela, é hizo la Iglesia de Santa María de Tafalla y le hizo pintar con sus armas en la capilla del mismo; y este dexó todas las armas de los Reyes antepasados y tomó las Cadenas solas, porque las había ganado tan honradamente y no se hallaron solas como este las traía sino en Santa María de Roncesvalles y en Santa María de Tafalla. Como quiera que después del primer Rey que hubo en Navarra hasta ahora ha habido en este Reyno siempre doce ricos hombres, no al memoria de los otros más antiguos sino los que hizo el Rey D. Sancho el Sabio para su coronación, los quales son los siguientes…” Bien, lo que realmente me hace saltar las alarmas de que esta crónica está intencionadamente modificada, es que la obra de Juan de Jaso y Atondo fue concluida entorno al año 1500, mientras que el templo original de Tafalla, construido en el siglo XIII durante el reinado de Sancho VII de Nabarra, nació bajo el nombre de iglesia de San Salvador, que tras una profunda reforma y ampliación arquitectónica iniciada en el año 1556, fue cambiado su nombre y pasó a llamarse iglesia de Santa María. Concretamente por esto, en lo relacionado el supuesto origen del escudo del Estado de Nabarra y las cadenas, me genera una inmensa duda la autenticidad de la crónica.

Así pues, para la obligada descolonización de nuestros símbolos, hay cosas, detalles como las copias de crónicas o de documentos, que los historiadores y/o los investigadores, no debemos pasar por alto y aceptarlas como verdades absolutas, a la par de consentir como veracidad absoluta las obras que no han sido violados por la maquinaria colonizadora española y/o francesa, o incluso por agentes históricos colonizados, en lo referente a escudos y banderas.

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/09/09/descolonizar-simbolos-escudos-banderas-11519044.html


2026/09/05

La(s) cadena(s) en el libro de Armería del Reino de Nabarra

 La(s) cadena(s) en el libro de Armería del Reino de Nabarra

Iñigo Saldise Alda

La cadena o las cadenas son un elemento, mueble, no muy repetido en el Libro de Armería del Reino de Nabarra del año 1572. Si revisamos esta importantísima obra, a pesar de que debo mencionar que tiene algunos escudos erróneos a mi entender (esa es otra historia), encontramos los siguientes escudos en los que hay presente, bien dibujada(s), una cadena o cadenas dentro de ellos. Estos son, por orden de colocación en dicho trabajo heráldico, los siguientes:

  • Murgutia (Murgia) en la provincia de Araba: En campo de plata (blanco) árbol de sinople (verde) de donde cuelgan mediante dos cadenas de sable (negras) dos calderas también de sable (negras) con tres lobos de sable (negros) brochantes al tronco en pal.

  • Las armas del palacio de los Murgias: en campo de plata (blanco) árbol verde de cuyas ramas penden por dos cadenas de sable (negras) dos calderas de sable (negras), tres lobos de sable (negros) linguados de gules (rojo) brochantes al tronco en pal. (Casi idéntico al anterior pues estas armas son del mismo linaje alavés).

  • Los de Larrea en la provincia de Gipuzkoa: En campo de oro, caldera de sable (negra) colgada por una cadena (negra) de sus llares de sable (negro).


  • Palacio de San Miguel en Goñi: Escudo cuartelado: 1º Sin colorear una cruz trebolada (Posible, si nos atenemos a los esmaltes del escudo del palacio [viejo] de Goñi, sería en campo
    oro [amarillo] cruz trebolada de gules [roja], posible también intercambiados dichos esmaltes); 2ºy 3º en campo de gules cadena ( de oro [amarilla] o de sable [negra]) puesta en barra; 4º en campo de plata (blanco) lobo de sable (negro); en el todo bordura, esmalte sin poner (pudiendo ser de cualquier color, como por ejemplo azur [azul]).

  • El palacio de Bicuña en la provincia de Araba: En campo de azur (azul) cadena de oro (amarilla) en banda, engolada en dos crecientes de plata (blancos) acompañada de dos estrellas de oro (amarillas), bordura de gules (roja) con trece aspas de oro (amarilla).

Cinco escudos de los más de quinientos blasones que aparecen en tan importantísimo trabajo portan una cadena o cadenas, de los cuales solo uno, ateniéndonos a la división territorial forzada militarmente por el Reino de Castilla y León al Reino de Nabarra, en el año 1200, solo está en territorio navarro el palacio de San Miguel en Goñi; pero en ningún de ellos, la(s) cadena(s) representan o son en referencia al escudo del Estado nabarro.

Centrándonos por tanto en el escudo del palacio de San Miguel de Goñi, es más probable que fuera en el año 1517, por mandato del virrey de Navarra y duque de Nájera Antonio Manrique de Lara, cuando le concediera la gracia, por los servicios prestados, a Martín de Goñi y Eza, de erigir su casa en palacio, con los privilegios políticos y económicos que esto comportaba dentro del sistema colonial español. Esta gracia fue confirmada posteriormente por el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico en marzo del año 1525.

Martín de Goñi y Eza, a pesar pertenecer a una familia de la facción agramontesa, sirvió desde el primer momento al invasor español, colaborando desde el año 1512 como Consejero Real, puesto que ostentó con los sucesivos virreyes españoles puestos por el Falsario Fernando V de España; primero a las órdenes del marqués de Comares Diego Férnandez de Cordoba, después al mandato del conde de Buendía Fabrique de Acuña y del duque de Nájera Antonio Manrique de Lara, este último puesto en el cargo de virrey de Navarra ya por Carlos I de España, quien ratificó a Martín de Goñi y Eza, en el año 1525, como Consejero de virrey de turno, el obispo de Tuy Diego de Avellaneda. Martín de Goñi y Eza, durante los primeros años de ocupación española, se hizo con muchos bienes y heredades de nabarros que lucharon por la independencia de Nabarra. A pesar del perdón del emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, a muchos legitimistas nabarros, lo que conllevaba la devolución de sus bienes, el Martín de Goñi y Eza se negó a devolver parte de su nuevo patrimonio y nunca fue forzado a ello. Ejerció el cargo de Consejero Real de virrey español hasta el año 1535, concretamente sirvió al conde de Alcaudete Martín Alonso Fernández de Córdoba y al maqués de Cañete Diego Hurtado de Mendoza y Silva. Falleció poco tiempo después, en todo caso antes del mes de febrero de 1537. Gracias a su gran peso político, su hijo, Pedro de Goñi, comenzó su andadura en la Administración navarra siendo muy joven, concretamente en el cargo o puesto oidor del Consejo del virrey español.

Cabe destacar, que Martín de Goñi y Eza era sobrino de Martín y Remiro de Goñi y Gurpide, destacados cabecillas agramonteses defensores de la independencia de Nabarra. Incluso un hermano suyo, Juan de Goñi y Eza, inicialmente también lucho a favor de los reyes legítimos de Nabarra, Juan de Albret y Catalina de Foix, pero tras la derrota de las tropas del mariscal Pedro de Nabarra y Lacarra en Erronkari-Roncal en el año 1516, de las que fuera miembro como escudero, Juan de Goñi y Eza desertó de la causa patriótica nabarra, pasando a servir a los invasores y ocupantes españoles, contando con el manto protector de su hermano.

Los hermanos Martín y Juan de Goñi y Eza se decían descendientes del caballero Teodosio de Goñi, seguramente por enseñanza de su padre Juan de Goñi y Gurpide, el cual a su vez, habría escuchado esta historia-leyenda de sus antepasados. Es por ello que en su escudo inicial, mejor dicho, en el escudo que aparece en el Libro de Armería del Reino de Nabarra del año 1572, se representa(n) la(s) cadena(s) en los cuartelados 2º y 3º. Suponiendo que esta es su primera representación, en una posterior evolución desapareció inicialmente el cuartelado, poniéndose en campo de oro (amarillo) en la diestra del jefe una cruz, la cual tras varios pleitos paso a ser la misma que la del palacio viejo de Goñi, es decir, cruz de gules (roja) con cinco panelas de oro (amarillas), la cadena en barra, que debe ser de sable (negra) y el lobo paso a ser un dragón de sinople (verde), además desapareció la bordura de azur (azul).



Bien, hay varias variantes más, normalmente combinada con las armas de otros linajes, donde también vienen variaciones, como por ejemplo en campo de gules (rojo) se vuelve a la cruz de oro (amarilla) la cual mira un dragón de sinople (verde) esta vez atado con una cadena de plata (blanca).

Todos estos diseños aluden directamente a la célebre leyenda de entorno al personaje histórico-legendario de Teodosio de Goñi y al mitológico dragón de Aralar, un mito que paso a ser recogido por escrito, en primer lugar, por el licenciado español Diego Ramírez de Ávalos de la Piscina en su obra Crónica de los muy excelentes reyes de Navarra del año 1534, donde nos dice que “(…) este cavallero tomo por armas la cruz de oro en colorado y el dragón y la argolla quebrada en 4 partes asta el dia de oy es linage sañalado y muy noble en Navarra el de goñi barones singulares en sciencia (...)". Así pues, esto nos indica un posible error en el diseño, distribución de muebles y representación de la figura del lobo animal en lugar de un dragón quimérico, del escudo de San Miguel de Goñi que aparece en el Libro de Armería de Nabarra y a su vez, nos puede dar un poco de luz para resolver el misterio existente sobre cual es la correcta representación del escudo existente en la portada del actual museo de Navarra, un blasón renacentista, que rápidamente interpretamos, debido a la colonización, como el escudo de Navarra. Esta portada está fechada en el año 1556, cuando aún era el Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia y cuyo promotor, casualmente, fue Remiro de Goñi y Gurpide, al cual pueden pertenecer dichas armas, de las que desconocemos sus esmaltes. Por ello veo dos opciones, una que viene a ser en campo de gules (rojo), con cadenas puestas en cruz y sotuer (aspa) de oro (amarillas) o de plata (blancas) o bien en campo de oro (amarillo), con cadenas de sable (negras), traídas o puestas, en cualquier caso, por la leyenda de Teodosio de Goñi, contando además con bordura de gules (roja) cargada de un filete pomelado de oro (amarillo), que trae indiscutiblemente del escudo del Estado de Nabarra, que bien podía ser debida, dicha bordura, a una donación o privilegio real llevado a cabo por el rey consorte Juan III de Nabarra o quizás ya por su hijo Enrique II de Nabarra.


Imagen coloreada como las armas de Navarra por el artista navarro Natxo Zenborain Etxegoien



NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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