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2013/10/31

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (I)

Nabarra por su independencia, seis glorias patrias (I)
Aitzol Altuna Enzunza; Galdakao-Nabarra

Declaración unilateral de independencia de la República de Irlanda hecha por P. Pearse en 1916, EL GOBIERNO PROVISIONAL de la REPUBLICA IRLANDESA AL PUEBLO DE IRLANDA: irlandeses e irlandesas: En el nombre de Dios y de las generaciones pasadas de las cuales recibió su vieja tradición y nacionalidad, Irlanda, a través nuestro, convoca a sus hijos bajo su bandera y se rebela por su libertad (…).

Declaramos que el derecho del Pueblo irlandés a la posesión de Irlanda, al control sin condiciones de los destinos Irlandeses, es soberano e irrevocable. La larga usurpación de tal derecho por un Pueblo y gobierno extranjero, no ha extinguido tal derecho, que no puede ser nunca extinguido sino mediante la destrucción del Pueblo Irlandés. En cada generación el Pueblo Irlandés ha reclamado su derecho a la libertad y a la soberanía nacional: seis veces durante los últimos trescientos años lo ha reclamado por las armas”. Irlanda fue invadida en el siglo XII, como la Nabarra Occidental y la Continental, y recuperó su libertad en 1921.

El reino o Estado de Nabarra fue creado por los baskones que sobrevivieron a la caída del Imperio Romano Occidental que tuvo lugar en el año 476 y a todas las invasiones bárbaras que llegaron tras su destrucción. Por tanto, por el Pueblo que resistió a los siglos de colonialismo y explotación romana manteniendo su cultura, idioma y legislación propia, institucionalizando ese poder en un Estado, llamado sobre el año 600 ducado de Baskonia y después reino de Pamplona o de Nabarra tras las Dos Batallas de Orreaga-Roncesvalles contra los francos: el 15 de agosto del año 778 -Askatasun Eguna- y en el año 824, donde fue aclamado como rey el baskón Eneko Aritza.

El reino baskón fue atacado y roído constantemente por sus enemigos entre los años 1054 de la Batalla de Atapuerca y 1620 del Edicto de Unión, "Utrinque roditur", año éste en el que nació el último baskón o nabarro libre. Fueron 1144 años de libertad (476-1620) y 52 jefes de Estado: una docena de duques de Baskonia y 40 reyes y reinas de Pamplona-Nabarra. Desde entonces, los intentos de insurgencia para liberar nuestro Estado han sido numerosos, siendo los siguientes los más significativos, 6 veces en 400 años.

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños” Marco Tulio Cicerón (s. I a.C.).

Los nabarros no somos franceses

El bearnés Enrique III de Nabarra (1572-1610) dejó escrito la separación de los Estados de Nabarra y Bearne del Estado francés del que fue coronado rey finalmente en 1594, esta separación quedó reflejada en documentos oficiales como el de 1607 (Parlamento de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43): “hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Nabarra, soberanía de Bearne (…) permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia”.

El hijo de Enrique, el Bourbon Luis XIII, rey de Francia educado en su Corte por Richelieu, anexionó la corona soberana de los Estados de Nabarra, Bearne y Andorra a la francesa mediante el Edicto de Unión de 1620, impuesto después el Edicto militarmente el 15 de octubre de ese año con la toma de las Cortes Nabarras que se reunían en la iglesia de Donapaleu y los Estados Generales del Bearne del parlamento de Pau: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Nabarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”.

En 1621, en el debate de los Estados de Bearne, se acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptaran el Edicto de Unión con Francia. Luis XIII renunció a ser “príncipe de Biana” – paso previo necesario para ser nombrado rey de Nabarra-, por lo que ni él ni sus descendientes fueron reconocidos por los representantes del Pueblo de los Estados de Nabarra y Bearne como su rey, por lo que se trató de una invasión contra los Tratados Internacionales y sin previa declaración de guerra, similar a la conquista del resto de territorios del reino baskón de Nabarra. Pese a ello, todos los reyes de Francia firmaban sin legitimidad alguna como “reyes de Francia y de Nabarra”.

Federico Krutwig en su libro “Vasconia” (1962), relata la legítima defensa de nabarros y bearneses de sus Estados: “El Edicto de 1620 fue rechazado y los nobles bearneses encabezados por el marqués de Force, se sublevaron, Juan Pablo de Lescun organizó partidas armadas para defender su soberanía, pero fue apresado por un ejército mandado por el Parlamento de Burdeos y ejecutado”.

“Pero la dificultades aparecen cuando se conquistan dominios en una región con lengua, costumbres y leyes diferentes, y hay que tener mucha suerte y mucha habilidad para conservarlos” Nicolás Maquiavelo “El Príncipe” (s. XVI).

La situación duró hasta la brutal represión contra la población baskona que siguió a la Revolución Francesa del año 1789, con cientos de muertos y masivas deportaciones de población civil. Durante la Revolución Francesa, los nabarros decidieron no participar en Versalles en los Estados Generales del reino de Francia por considerarse reino o Estado aparte, no reconociendo así el Edicto de Unión de 1620, alegaron su soberanía y por tanto su independencia. Para los nabarros los principios de la Revolución francesa, como eran la soberanía nacional y el derecho al voto, ya figuraban desde antiguo en sus Fueros, por lo que consideraban la Revolución Francesa como una “revolución extranjera” (Descree, A. Op. Cit., p 381, 383 y 386). En primera instancia no acudieron a la Estados Generales los representantes de Baja Navarra, Zuberoa, Bearne y Bretaña.

Sí se reunieron, sin embargo, las Asambleas de cada Estado y región mencionados, con el objeto de redactar los cuadernos de quejas y agravios, donde pidieron la recuperación en su integridad de sus antiguos Fueros o legislación propia y en el caso de Nabarra (reducida territorialmente a Baja Navarra): moneda distinta, restablecimiento de la chancillería, prohibición de ejercer ninguna función en Nabarra al intendente y a sus subdelegados regios, anulación del tratado de límites de 1785, reconocimiento del franco alodio etc. Es decir, exigían volver a la situación anterior al “Edicto de Unión” de total independencia o plena soberanía separados de Francia.

Los representantes de Nabarra se presentaron finalmente en París, pero no acudieron a la Asamblea Nacional cuando se constituyó ésta, pues estimaban que su presencia sería “un acto de adhesión a los derechos de la Asamblea Nacional, como una renuncia de Nabarra a su Constitución, a su independencia”. Todo Iparralde y el Bearne protestó por la supresión de los Fueros y encabezados por los hermanos Garat, exigieron la independencia, señalando que el reino de Nabarra se unió al francés por la mera coincidencia en la misma persona de ambas coronas, sin que ello supusiera la unión de ambos Estados y menos la creación de una nación común (como ya había ocurrido anteriormente en los siglo XIII), pidiendo, una vez más, la abolición del Edicto de Unión de 1620 de Luis XIII tal y como dejó escrito su padre Enrique III “el bearnés” o “el nabarro”. Francia desoyó a los nabarros, toda la Nabarra continental quedó asimilada en el Departamento de los Bajos Pirineos junto al Estado del Bearne (desde 1971 se llama Pirineos Atlánticos).

El 3 de marzo de 1794 fueron extraditados a la Landas por “infâmes” 4.000 habitantes de Ainhoa, Sara, Zuraide, Kanbo, Larresoro, Ezpeleta o Biriatu (pueblos o barrios de Lapurdi y Baja Navarra), mientras sus casas eran saqueadas; murieron 1.600, de los cuales 600 eran de Sara. Los nombres en euskara de las localidades fueron cambiados por otros en francés inventados para la ocasión en un claro genocidio: “El genocidio es un crimen cometido con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” (Resolución 96 I de la Asamblea General Las Naciones Unidas de 1946).

Las deportaciones a las Landas de 1794 fueron explicadas por el gobierno francés del siguiente modo: “Los habitantes de las comunas infames de Sare, Itxassou y Ascain serán secuestrados de sus domicilios y conducidos a una distancia de al menos 20 leguas de las frontera. Esta medida, obligada por la perversidad de monstruos indignos de ser franceses, no afectará a los ciudadanos que, en las comunas señaladas, hayan dado pruebas constantes y auténticas de civismo y amor por la patria (francesa)”.

El euskara quedó prohibido en cualquier acto público, al igual que su enseñanza en las escuelas en nombre de la Revolución y de la Ilustración: “Liberté, igualité et fraternité”, eslogan eufemístico que escondió el genocidio físico y ahogamiento institucional de los millones de “infames monstruos indignos de ser franceses”, compuestos por personas de todas las naciones aplastadas por el Estado francés. Los 90 libros escritos hasta ese momento en euskara en Iparralde fueron quemados, al igual que manuscritos de obras aún no publicadas. La persecución religiosa produjo a su vez una huida masiva de clérigos, sólo en Bizkaia fueron acogidos más de mil.

Las Cortes nabarras reunidas en la iglesia Saint-Palais de Donapaleu acordaron: “La nación francesa puede llegar a darse una constitución bastante prudente o juiciosa para que Nabarra piense un día renunciar a los suyo y unirse a Francia, pero mientras ese día llega, no hará el sacrificio de su propia Constitución que asegura su reposo y su libertad”. La resistencia natural a cambiar de Constitución, de nación y de Estado renunciando para ello a los propios, nos salió muy caro en víctimas humanas y dejó indefenso a nuestro Pueblo frente a los dirigentes franceses y sus proyectos totalitarios.

Fue el fin de los Fueros en la Nabarra Continental o la legislación del Estado de Nabarra basadas en el Derecho Pirenaico y en el Pueblo baskón con raíces prerromanas, infinitamente más democrático que todo lo que ha venido después.

La Declaración unilateral de independencia de 1794, volver a Nabarra

El árbol de Gernika es el más antiguo, el primero, el padre de todos los árboles de la libertad" J.J. Rousseau (s. XVIII) ilustrado ginebrino.

Tras la Revolución Francesa, en 1794, las tropas francesas con unos 40.000 contingentes invadieron la Nabarra peninsular, Aragón y Catalunya, en represión al ataque español previo a Iparralde y al Rosellón catalán en manos francesas; España quiso evitar la entrada de las nuevas ideas en su suelo, para ello el Bourbon Carlos IV de España mandó cerrar fronteras, donde situó a su ejército con 18.000 soldados que tomaron pueblos de Baja Navarra como Aldude.

En Gipuzkoa, la ciudad de San Sebastián con su alcalde a la cabeza, pidió negociar con las tropas francesas en base a la potestad que para ello le otorgaban los Fueros. Estaban dispuestos entregar la ciudad a los invasores si estos prometían respetar los Fueros que los reyes Bourbones atacaban constantemente desde la corona española, petición a la que se unieron poco después las Juntas Generales de Gipuzkoa reunidas en Getaria -primera capital de Gipuzkoa bajo el reino nabarro-. Las Juntas reclamaron la soberanía de la provincia anterior a 1200, año de la invasión castellana de la Nabarra Occidental, así como el respecto a la religión católica y a los Fueros o legislación del reino baskón de Nabarra.

Gipuzkoa declaró después su adhesión a la República francesa: “El pueblo guipuzcoano es digno de asociarse a la brillante suerte de la República (francesa) y al acercarse vuestras falanges victoriosas proclamando de nuevo su independencia, que durante quinientos años supo defender contra insidiosas pretensiones de un astuto gobierno…Las bayonetas de los republicanos franceses sabrán ayudar los deseos de los republicanos guipuzcoanos para la independencia y defender su territorio de la invasión de nuestros enemigos comunes”. Los enemigos comunes eran los españoles, claro.

El donostiarra Antonio Mendizabal comenta al respecto: “Puede suponerse el escándalo sin límites que en el mundo hispano y de los madriles provocaron primero la claudicación sin guerra y segundo el paso de Gipuzkoa al Estado francés. Pero no solo esto, pues lo que se proyectaba era que Gipuzkoa fuera un Estado independiente o unido a Bizkaia, Alava y (Alta) Navarra y también la resurrección del viejo Reino con Zazpiak Bat (sic), como antes del 1200, decían. Atribuían todo al Seminario de Bergara, a la fundación que hiciera Munibe, Narros y Altuna y que tuvo relación tan directa con el enciclopedismo francés de Voltaire, Diderot y sobre todo Rousseau con su deseo de venirse a Azkoitia”.

Finalmente se llegó a un acuerdo de paz entre los imperialistas españoles y franceses de la que quedamos excluidos los nabarros. La “Paz de Basilea” fue firmada en Madrid en 1795, en la misma, el primer ministro Godoy en nombre del Gobierno español, ofreció a la representación francesa los territorios de Gipuzkoa y Bizkaia a cambio de recuperar las tierras ocupadas por Francia en la isla caribeña de Santo Domingo (hoy Haití), por ser estas tierras nabarras menos interesantes y más conflictivas para la corona española.

El gobierno de París no aceptó el cambio que sí había aceptado la representación francesa en Basilea, es más, Francia volvió a masacrar a la población civil baskona con asesinatos masivos y deportaciones de la población de Iparralde por no querer colaborar con el ejército francés contra sus hermanos del sur, imponiendo Francia a los baskones el servicio militar en su ejército tras la supresión foral. Tras la Paz de Basilea, numerosos mandos gipuzkoanos fueron condenados a muerte por entregar San Sebastián y Gipuzkoa sin lucha, pese a que España había prometido no tomar represalias. Godoy pasará a ser apodado el “Príncipe de la Paz” por su negociación con Francia.

Los españoles se vengaron de los donostiarras el 31 de agosto de 1813, cuando el General Castaños mandó arrasar hasta sus cimientos la ciudad a sus aliados ingleses y portugueses según relataron después los donostiarras sobrevivientes, así como matar a los habitantes que aún estaban dentro y violar a las mujeres y niñas en un nuevo genocidio, tras quedar la ciudad militarmente ocupada por los franceses gracias a la ineptitud de Godoy (segundo Tratado de Fointanebleu de 1807) y de los reyes franceses de España, Carlos IV y Fernando VII, los cuales, regalaron toda España al emperador francés Napoleón I Bonaparte.

Los franceses tomaron toda España ante la huida o colaboracionismo de gran parte de su clase política y sólo en el territorio de Nabarra la población se lanzó al monte de forma organizada en partidas de milicianos. En Alta Navarra estaban comandadas las milicias por Espoz y Mina, con 10.000 guerrilleros de los 30.000 que había en toda España. También destacó el guerrillero ronkalés Gregorio Kurutxaga Urzainki, que llegó a tener 13.000 soldados franceses tras su captura pero que no consiguieron darle caza. Gaspar Jauregi, Artzai, natural de Urretxu (Gipuzkoa), era coronel a sus 20 años y mandaba sobre 3.000 hombres en Gipuzkoa; Tomás Antxia Longa hacía lo propio en Bizkaia (era natural de Mallabia). Eran los cabecillas de la resistencia vasca, actuaban en forma de guerrilla luchando a veces juntos. Estornés Lasa narra en su libro “Lo que NO nos enseñaron”: “Cuando Espoz y Mina recibió un ejemplar de la Constitución de Cádiz (1812), lo puso en una silla y lo fusiló”. Sin embargo, no parece que ninguno de ellos tratara de expulsar de Nabarra a los dos Estados imperialistas.

El trasfondo de estos hechos es el descontento de los baskones por el centralismo borbónico que entró a gobernar en España en 1700 con el Bourbon francés Philippe V (previa renuncia ante su abuelo Luis XIV a sus posibles aspiraciones a la corona de Nabarra) y el intento de creación de una nueva nación llamada “española” de base únicamente castellana. Philippe V de Anjou: “deseo de reducir todos mis reinos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por la leyes de Castilla” (Novísima Recopilación de España 3.3.1).

La nula identificación del Pueblo baskón con el proyecto de crear una nación española o francesa era y es manifiesta. Siempre se aludía al monarca común y nunca a España o a Francia, y menos a la nación española o francesa, las cuales eran aún un proyecto en el siglo XVIII. Corona “de las Españas” y de “Francia y Nabarra”, de las cuales no les importaba en absoluto separarse a los nabarros pese a las represalias que conllevaba por parte de los imperialistas.

2013/10/30

La Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra

 La Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra
J.X. Mauleon, Cadreita-Nabarra

En la lucha por la independencia no valen medias tintas. En la querella independentista no está permitido la duda y el titubeo. No es válido el estar con el invasor y con sus reglas y leyes. Esto es un litigio incondicional donde el único objetivo es la Descolonización e Independencia de Nabarra.

¿Por qué la gran mayoría de los denominados independentistas no apuestan por la Descolonización de Nabarra y siguen gritando independentzia Euskal Herria o Euzkadi askatuta? Porque la gran mayoría de todos ellos, esos autodenominados independentistas son funcionarios, en su mayoría políticos, de los Estados imperialistas que nos sojuzgan, o bien mendigan alguna subvención españolas y francesas desde algunas empresas y sociedades culturales. La Descolonización, que es la única vía correcta para recuperar la independencia del Estado de Nabarra,  implica un compromiso personal, grupal y social para eliminar o sustituir todas las instituciones extranjeras impuestas en nuestro territorio por el colonialismo del Reino de España y de la República de Francia, aplicando así el grito de ¡Qué se vayan!-de aquí, de Nabarra-, pues ni los queremos ni los necesitamos.

Todo político dado de alta en España o Francia es un colaboracionista de los mismos y por ende, enemigo o traidor del Estado de Nabarra. Además cualquier colectivo político u organización cultural que busca las migajas de subvenciones de los Estado invasores está en el mismo grupo de enemigos de la Patria nabarra. Como decía aquel: “un perro no puede tener y obedecer a dos dueños”.

Esta triste e incluso insultante realidad por la cual muchos se sentirán inclusive ofendidos, es que no sólo nos han colonizado desde hace muchos siglos, sino que a día de hoy hay muchos que colaborar interesadamente con el mantenimiento de nuestra esclavitud, bien por beneficio partidista o bien por beneficio personal.

¡¡¡Qué pena me das Nabarra!!!! ¡¡Qué pena me dan esos jóvenes que siguen obcecados a esos indudables colaboracionistas!! ¡¡Cómo se pueden dejar engatusar por cualquier oferta golosa!!! Estamos viviendo lo mismo de hace seis siglos y todavía ¿no hemos aprendido que el amor a la Patria es primordial? Españoles y franceses  que se vayan de aquí ya.

¿Qué buscamos? ¿República socialista? ¿Monarquía parlamentaria? ¿Otro sistema cualquiera? Sinceramente esas teorías o ideas o cuales quiera otras, con la cual organizar el Estado de Nabarra son secundarias en la situación actual que padecemos de sometimiento; primero hay que Descolonizar para poder alcanzar la independencia que nos permita decir eso y otros asuntos políticos propios.

Pero, ¿Qué es Descolonización? Se podrían hacer más de 1000 páginas explicando que es la Descolonización, debido a su complejidad, pero centrándonos en lo que estamos hablando sobre la lucha por la independencia, concretaremos de forma sutil qué es la Descolonización para los nabarros.

El Pueblo de toda Nabarra es suficientemente soberano para debatirse en Asamblea y por ello debemos creérnoslo y aplicarlo; una asamblea de nabarros en pro de las Descolonización, convocada oficialmente con su orden del día y llevada a cabo en cualquier patio o casa particular más valor independentista que las resoluciones de los plenos en ayuntamientos o parlamentos aceptados por los colonizadores españoles y franceses; tenemos que confiar en la alta capacidad de la iniciativa popular y en la espontaneidad de las masas. 

Debemos recordar que será el Pueblo unido el único protagonista de la revolución, de la emancipación. Tenemos que reemplazar las formaciones políticas y culturales aceptadas por los imperios invasores y opresores, por libres auzolanes patrióticos nabarros, políticos y culturales; organizar la sociedad nabarra donde todos seamos reconocidos por igual y en donde nadie es más que nadie, negándonos a cualquier tipo de autoridad y censura que solo beneficia el mantenimiento de nuestra esclavitud. Esto significa Descolonización, bandera de la independencia de Nabarra.

2013/10/28

EMIRES Y CALIFAS DE CÓRDOBA: CINCO GENERACIONES DE MADRES VASCONAS

EMIRES Y CALIFAS DE CÓRDOBA: CINCO GENERACIONES DE MADRES VASCONAS
Mikel Burgi; Orreaga Fundazioa

Cuando romanos y godos hablaron de  nuestro territorio lo mencionaron como Vasconia.  Los textos en árabe que nos han llegado, utilizan  la palabra “baskunis” (vascones) cuando mencionan a los monarcas y a los habitantes de nuestro antiguo reino de Pamplona/Navarra.

Pues bien, según se desprende de los escritos de Ibn Hayyan, Al-Udri y otros cronistas y geógrafos andalusíes, cinco generaciones de emires y califas de la poderosa Córdoba tuvieron madres vasconas. También sabemos que otra princesa vascona fue esposa del caudillo Almanzor. Enseguida veremos quienes eran.

Comencemos dando un pequeño repaso histórico hasta llegar a la época que nos interesa: Imperio Omeya en el siglo VIII.

El reino visigodo, encarnizado enemigo de los vascones, cayó el año 711 a manos de los musulmanes. En el año 756 Abderramán I, que decía ser el único sobreviviente de los destronados Omeyas de Damasco, declara el Emirato de Córdoba independiente.

El año 929 Abderramán III se proclama califa a la vez que eleva el Emirato de Córdoba a rango de Califato que perduró como tal hasta que en el año 1031 se fragmentó en multitud de reinos conocidos como Taifas.

EL REINO VASCÓN ENTRE DOS ENEMIGOS: EL IMPERIO CAROLINGIO Y EL MUSULMÁN

A Iñigo Arista, primer monarca de Navarra que reinó entre los años 816-851, le sucedió su hijo García Íñiguez que de joven fue educado en Córdoba. El entendimiento entre los linajes de los Banu Qasi y los Arista, emparentados entre sí, fue fructífero a la hora de fortalecer el naciente reino de Pamplona frente a los francos por  el norte y a Córdoba por el sur (tema tratado en este otro capítulo del blog).

Este entendimiento se tornó dificultoso a partir de la muerte de Íñigo Arista, el comienzo del reinado de García Íñiguez y la muerte de Musa Ibn Musa. Desde entonces las aceifas del emir de Córdoba se hicieron constantes contra el reino de Pamplona.

Apresamiento y cautiverio de un príncipe de Pamplona y su hija

Un hijo de García Íñiguez llamado Fortún y la hija de éste llamada Onneca, fueron capturados en Milagro el año 860 durante una incursión del emir Muhammed I ibn Abdurrahman. Padre e hija fueron llevados a la capital de Al Ándalus donde los mantuvieron como rehenes para asegurar el sometimiento de Pamplona. Como luego veremos, la hija de Fortún casó con el Emir de Córdoba, fue madre del siguiente emir y abuela del famoso Abderramán III.

El príncipe cautivo en Córdoba vuelve a Pamplona para ser proclamado rey

Fortún Garcés, tras 20 años como rehén, volvió a Navarra para ser proclamado rey a la muerte de su padre García Íñiguez. Durante su reinado ejerció una política de convivencia con los descendientes de los Banu Qasi que todavía seguían siendo poderosos. Fortún Garcés es conocido como El Monje ya que abdicó y pasó sus últimos años en Leire haciendo vida monástica. Tiempo habrá para escribir otro artículo sobre las guerras, pactos y desavenencias entre Córdoba y el reino de Pamplona en aquellos tiempos.

CÓRDOBA: CINCO GENERACIONES DE EMIRES Y CALIFAS CON MADRES VASCONAS

Hablemos ahora de las vasconas que fueron esposas y madres de emires y califas de Córdoba. Empezaremos por Onneca, hija de Fortún el Monje, tercer rey de Pamplona.

Onneca Fortúnez nació hacia al año 850. Era hija de Fortún Garcés (nieto de Íñigo Arista) y de Oria ibn Lopo ibn Musa (descendiente de Musa Ibn Musa del clan de los Banu Qasi). Los ascendientes familiares de las ramas paterna y materna de Onneca Fortúnez se entremezclan ya que Íñigo Arista y Musa Ibn Musa eran hermanastros y este último se casó con su sobrina Assona hija del Arista.

Como hemos visto antes, Onneca Fortúnez fue capturada junto a su padre Fortún Garcés y llevada a Córdoba. (Luego hablaremos de la descendencia navarra de Onneca ya que se volvió a casar a su vuelta a Pamplona). Onneca estuvo en Córdoba junto a su padre en calidad de rehén durante casi veinte años, no haciendo vida de prisión sino disfrutando de las comodidades concernientes a su alcurnia y manteniendo buenas relaciones con los máximos dirigentes del Emirato. Onneca recibió el nombre árabe de Durr (Perla). Fue tomada por esposa por el emir Abdalá I del que tuvo un hijo y dos hijas. El hijo que ambos tuvieron fue el emir Mohamed, padre de Abderramán III el primer califa de Al Ándalus.

Por si fuera poco, veremos que el esposo de Onneca (abuelo de Abderramán III) también tuvo madre vascona:

La vascona Ushar. Abdalá I, marido de Onneca era hijo del emir Mohamed I y de una vascona que se llamaba Ushar. Y al parecer, Abderramán III, además de ser nieto de Doña Onneca, también era hijo de otra vascona: La vascona Muzna.

Mohamed II (hijo de Abdalá I y de Onneca)  tomó como esposa a la vascona Muzna o Muzayna (Lluvia) y de ellos nació Abderramán III.

La península en tiempos de Abderramán III

Antes de mencionar a la esposa vascona de Abderramán III, hagamos un alto para decir que Abderramán se proclamó califa convirtiendo a Córdoba capital del nuevo Califato de Occidente. Él alegaba ser descendiente de la familia de los Omeyas. Pero por sus ascendientes más próximos vemos que tenía más sangre vascona que árabe.  Sigamos… Abderramán III, casó con otra vascona: La vascona Maryam, que casó con Abderramán III y tuvo de él al califa Alhakén II.

El hijo sucesor de Abderramán III tuvo en su harén a otra vascona: La vascona Shub. Aunque las crónicas árabes dicen que Shub era una esclava, también nos revelan que poseía gran cultura y extraordinaria inteligencia y que intrigó en la corte a favor de sus hijos a la hora de declararlos herederos del califato. Shub ejerció de regente,  pero poco a poco el famoso Almanzor, de quien dicen fue amante, fue desplazándola.

Almanzor a su vez, también tuvo una esposa vascona

Resumiendo para que quede claro: Desde el bisabuelo al nieto de Abderramán III todas las los emires y califas de Al Ándalus tuvieron madres vasconas. Seguramente hubo más vasconas emparentadas con otros dignatarios de Córdoba pero solo mencionaremos a una de muy alta alcurnia, que fue esposa de Almanzor: La vascona Abda Sánchez.

Se sospecha que llegó a Córdoba como rehén. Hija de nuestro rey Sancho Garcés II también conocido como Sancho Abarca; hermana del rey García Sánchez II el Temblón que fue el padre de Sancho el Mayor. Abda, también conocida como Urraca de Navarra, fue tomada como esposa por el caudillo Almanzor el año 990 y ésta le dio un hijo: Abderramán, apodado Sanchuelo. Dicen que Abda terminó sus días en un convento.

¿Cómo llegaron a Córdoba estas vasconas?

Bien por acuerdos matrimoniales entre Córdoba y Pamplona, bien por haber sido tomadas (o dadas)  como rehén como doña Onneca, o quizás por  haber sido secuestradas en alguna incursión, estas vasconas fueron llevadas a Córdoba y puestas al cuidado de los sucesivos emires y califas que las tomaron por esposas.

Ya hemos visto que entre estas vasconas  hubo dos princesas, hijas de reyes: Onneca y Abda Sanchez. Se supone que las demás vasconas  que hemos mencionado también pudieron ser de familias pamplonesas de alto abolengo aunque textos en árabe dicen que algunas de ellas eran esclavas.

DOÑA ONNECA, ABUELA DEL PRIMER CALIFA Y ABUELA TAMBIÉN DE REYES NAVARROS.

Los descendientes navarros de Onneca Fortúnez: Onneca, la abuela de Abderramán III parece ser que volvió a Navarra  junto a su padre Fortún Garcés  cuando éste fue proclamado rey. Doña Onneca contrajo matrimonio con Aznar Sánchez de Larraún, conde de Aragón. Fruto de este matrimonio nació Toda Aznárez, futura esposa de nuestro rey Sancho Garcés I.

Doña Toda, hija de Onneca, personaje de gran relevancia

Casó con el rey Sancho Garcés I  y de este matrimonio nacieron siete hijos. Quedó viuda y gobernó como regente de su hijo García Sanchez.

Durante toda su vida mostró una fuerte personalidad y una autoridad indiscutible. Fue forjadora de una red de alianzas matrimoniales que aumentó su influencia personal y la del reino vascón en todos los territorios existentes en su entorno y sobre todo en el reino de Asturias-León donde tomó partido incluso en las disputas de sus nietos Sancho el Craso y Ordoño el Malo por aquel trono.

Los hijos de Doña Toda y de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, fueron:

- Urraca Sánchez, casada con Ramiro II de León.

- Oneca de Pamplona, casada con Alfonso IV «El Monje», fue reina de León entre el 926 y el 931 año en que falleció.

- Sancha de Pamplona, casada en primeras nupcias con Ordoño II de León, en segundas con el conde alavés Álvaro Herrameliz y en terceras, con Fernán González, primer conde de Castilla.

- García I Sánchez, rey de Pamplona, casado con Andregoto Galíndez condesa de Aragón y con Teresa Ramírez, hija de Ramiro II de León y de Adosinda Gutiérrez.

- Velasquita o Belasquita Sánchez, casada en primeras nupcias con el conde alavés Munio Vélaz, en segundas con Galindo de Ribagorza y en terceras con Fortún Galíndez tenente del rey de Navarra en tierras hoy riojanas.

- Munia (Muña) de Pamplona.

- Orbita de Pamplona, probablemente casada con al-Tawil, gobernador de Huesca. Pudo ser hija póstuma, como hace suponer el significado de su nombre arábigo: “la huérfana”.

GALIMATÍAS GENEALÓGICO

Al principio del artículo ya hemos hablado del parentesco de doña Onneca respecto a los primeros reyes de Navarra y a los Banu Qasi. Ahora toca comentar el parentesco de Onneca, su  hija Toda y descendientes navarros respecto  al califa Abderramán III de Córdoba y a Sancho el Mayor de Navarra. Puede que os resulte lioso, pero vamos a tratar de entenderlo:

-Doña Onneca  fue llevada a Córdoba el año 860 y allá fue madre del padre de Abderramán III.

-Doña Onneca  regresó a Navarra hacia el año 882, se casó de nuevo y fue madre de Doña Toda.

-Doña Toda  casó con el rey de Pamplona Sancho Garcés I.

Doña Toda, a causa del primer matrimonio de su madre, es hermanastra del padre de Abderramán III. Por lo tanto todos los hijos e hijas de Doña Toda (incluido el rey de Pamplona García Sánchez I) son  primos carnales del califa Abderramán III.

Doña Toda en cuanta hermanastra del padre de Abderramán III es tía carnal de este califa.

Por la parte navarra es madre del rey García Sánchez I, abuela de  Sancho Garcés II (El Abarca) bisabuela de García Sánchez II (El Temblón) y tatarabuela  de Sancho Garcés III (Sancho el Mayor) el rey de Navarra que más territorio controló.

Parentescos de Abda, la esposa vascona de Almanzor

Respecto a Abda, esposa de Almanzor, también era descendiente de Doña Onneca y Doña Toda como hija que era del rey Sancho II Abarca. Como también era  hermana del rey García Sánchez el Temblón, que fue el padre de Sancho el Mayor, Abda  fue tía de este otro gran monarca  que reinó a partir del 1003. Así que, al hablar del esposo de Abda, Almanzor, (que vivió entre el 938 y el 1002) también  lo podemos considerar como “tío” de Sancho el Mayor, el  rey más poderoso que jamás ha tenido Navarra.

2013/10/26

Europa suroeste año 1100


Europa suroeste año 1100. (posiblemente esté redondeado y sea sobre 1115)
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Nabarra y su bandera nacional

Nabarra y su bandera nacional
Iñigo Saldise Alda

Dado que a día de hoy no existe un día nacional donde se rinda homenaje a nuestra bandera colorada, como patriota nabarro que es uno, quisiera proponer desde una postura humilde, pero a su vez jubilosa, al resto de patriotas de nuestro País, la creación del día de la bandera nacional nabarra.

En un principio la creación o mejor dicho concertación de esta efeméride, nos puede parecer difícil su señalación en el independiente calendario nacional nabarro para un día en concreto. Incluso, los diferentes estudiosos de la historia nacional del Estado de Nabarra desconocen a ciencia cierta cual fue el día exacto de su primera utilización.

Dejando a un lado el diseño realizado por Arturo Campion, Hemiliano Oloriz y Julio Altadill del año 1910, hay quienes afirman que nuestra enseña nacional se remonta a los tiempos de Sancho VI de Nabarra, ya que fue durante su época cuando se originó y desarrolló la heráldica junto a los estandartes, raíz innegable de las primeras banderas. Estas, originariamente, tuvieron una representación de índole personal y sirvieron para personificar a reyes y señores, cogiendo posteriormente el rango de símbolo nacional por la aceptación de la globalidad del Pueblo nabarro. De facto, ya en el siglo XIV la encontramos como bandera nacional del Reino de Nabarra, en el Libro del conoscimento de todos los Reynos.

Bien, dicho esto, creo que sería interesante concretar una fecha significativa, de indudable carácter patriótico nabarro. ¿Y qué mejor ejemplo de ello es lo que recoge el invasor militar español en sus Crónicas del duque de Alba cuando vio luchar por su libertad y la independencia de su Patria  a nuestros antepasados?

“El rey Don Juan como el pregón fue dado así como el duque ordenaba de dentro para su defensa, así él proveía para la ofensa, en esta manera: puso en la delantera trescientos hombres de armas a pie con una bandera colorada, con ciertas bandas de oro en ella a la cual todos aguardaban y juraron de no la desamparar. (…)”

Esto ocurrió un 27 de noviembre. Hoy día, en el presente, esa fecha está señalada en nuestro calendario independiente desde la Asociación de Estudios Históricos de Navarra, Xabier Mina, como día de homenaje a los defensores de la independencia de Nabarra. Este acto ha sido y es una verdadera y necesaria distinción para esos patriotas nabarros que dieron su vida intentando recuperar la ciudad de Iruñea, capital del Estado de Nabarra, de las garras imperialistas o zarpas colonialistas españolas.

Así pues, desde mi humilde opinión y por supuesto aceptando cualquier otro señalamiento en nuestro calendario independentista, que busca innegablemente la descolonización y desconquista de nuestra Patria, considero que el día 27 de noviembre es un día perfecto para que nuestras fachadas, montes, parques, puentes, monumentos, castillos, etc., se llenen de nuestra enseña nacional, la bandera roja o colorada del Estado de Nabarra. Para que sea el día nacional de nuestra bandera.

Esta efeméride, si finalmente nos ponemos de acuerdo entre los diferentes grupos culturales y políticos de innegable perfil estatalista, independentista, legitimista y soberanista nabarro, será ciertamente significativa en nuestros firmes pasos hacia la recuperación de la independencia, soberanía, estatalidad y libertad.

Pero para terminar una última consideración. No solo espero sino que realmente deseo, es que ese día de nuestra bandera nacional no se convierta en un simplón acto folclorista y sea realmente un punto de inflexión en materia de política estatalista, soberanista e independentista, organizando en definitiva un antes y un después del sanguinario y ruin colonialismo, tanto español como francés, en nuestra amada Patria, Nabarra.

2013/10/24

Eneko Aritza, un rey diferente

Eneko Aritza, un rey diferente
Mikel Etxebarria Dobaran

Hace unos 1.200 años, en el siglo VIII y por estos lares, tuvimos un monarca con personalidad propia. Vamos a intentar reflejar su existencia verídica, objetiva y documentada, no es ninguna leyenda. Nos referimos a Eneko Aritza (Iñigo Arista), apodado El Vascón. La exactitud en los datos, aunque tomados fundamentalmente de Auñamendi y de Estornés Lasa y teniendo como fuente al historiador musulmán-cordobés Ibn Haiyan y al Códice de Meyá o de Roda, hay que tomarlos con cautela, ya que el conocimiento sobre la vida del considerado Primero de los Vascones está ubicado en cierta penumbra.

Nació en 780 y murió en 852. Siendo hijo de otro Eneko y originario de Bigorre. Antes de su nacimiento, en el año 778, y con la participación de su padre, tuvo lugar la primera batalla de Orreaga (Roncesvalles), una de las más importantes de la Edad Media, según señala Aitzol Altuna y fuente para la creación de mitos chauvinistas (no por nuestra parte), según indica Stephen Hayward, y donde se derrotó al invencible, hasta entonces, ejército de Carlomagno. Los francos, tanto con el relato de Einhard (ó Eginardo) acusando a los vascos de sanguinarios, como con la  Chanson de Roland adjudicando la maldad a los sarracenos, harían, contradiciendo el dicho de que la historia la escriben los vencedores, versiones distorsionadas de la realidad.

Eneko Aritza, contrario a la expansión carolingia, se enfrentaría en el año 824 a los francos, ejerciendo de buruzagi (jefe) en la considerada segunda batalla de Orreaga, donde se les volvió a derrotar. Su victoria acrecentó su prestigio y le llevó a ser rey. Y no fue designado por uno de los procedimientos habituales, es decir, por providencia divina (¡¡¡), por decisión digital de dictador, por guerra , conquista o usurpación, por herencia o por abdicación. Es nombrado rey de Pamplona, y por tanto fundador del Reino (que luego se llamaría de Navarra), por sus colaboradores. Dicen que, coronado en el valle del Roncal, ennobleció y fortificó diversas localidades navarras y expandió el Reino. Hay que añadir, como señalan los sacerdotes historiadores Estomba y Arrinda, que jamás aceptó que le trataran como rey. No era una figura decorativa, sino un líder. Fue un dirigente habilidoso, que unió a vascos de distintas comarcas, que se relacionó con los vascones ultrapirenaicos y que logró pergeñar y mantener alianzas variopintas. Al parecer, supo aunar la osadía en la batalla con la diplomacia en la política. Fue también el precursor de un proceso integrador para el pueblo vasco, tomando como punto neurálgico a Iruñea (Pamplona) y los valles y comarcas circundantes, iniciando además una emancipación del poder franco (fundamentalmente, con enfrentamientos) y del poder musulmán (sobre todo, con pactos). Anciano y paralítico, se retiró para morir, en el año 852, al monasterio de Leyre.

Eneko Aritza puede traducirse literalmente al castellano por el roble de mi casa. El roble (dadas las características de nuestro árbol emblemático) se puede interpretar como el fuerte, el duro o el noble. La latinización y transformación onomatopéyica de Eneko Aritza lleva a pronunciarse y escribirse, en castellano como Iñigo Arista y en árabe como Yannaquo (o Wannaquo) Ibn Wannaquo, aunque en este último caso podría equivaler a Eneko hijo de Eneko. También hay quien defiende que Eneko podría derivar de Oneko (bueno, buen hombre, de buena estrella). Por tanto, Iñigo es la latinización de Eneko, con lo que ambos nombres tienen relación, pero no Iñigo e Ignacio (Iñaki en euskera). Amatiño e Iñaki Anasagasti ya han explicado que el error de relacionar estos dos últimos nombres deriva de que Iñigo (López) de Loyola decidió cambiarse, como lo hacen otros religiosos, en vísperas de fundar la Compañía de Jesús, el nombre por Ignacio (en vez de por Agustín o Juan), ya que este nombre, además de su aproximación fonética, era más conocido en Italia por la devoción a San Ignacio de Antioquía.

No puedo soslayar, perdón por el anacronismo, que nuestro histórico Eneko Aritza, por su envergadura, pundonor y fortaleza, podría haber sido un magnífico delantero centro de nuestro Athletic. Como lo fue, otro Eneko, sucesor de Zarra, Eneko Arieta-Araunabeña, padre político de ¡otro Eneko!, el lehendakari Iñigo Urkullu. Y como lo es, otro Aritza, nuestro delantero actual Aritz Aduriz. Guiños de nuestra intrahistoria, diría Unamuno.

En cuanto a monumentos en su honor, el asunto es manifiestamente mejorable, ya que en Pamplona, en una ronda de circunvalación, tiene dedicada desde hace diez años una escultura en acero inoxidable de trece metros de altura con aspecto de guerrero batusi (!!!). En Madrid, tiene otra desde hace 260 años en piedra blanca, de tamaño normal, ubicada ni más ni menos que en la plaza de Oriente (¡qué habrá visto y oído allí!), y en la Comunidad Autónoma Vasca no nos consta ninguna.

CARTA AL LEHENDAKARI

CARTA AL LEHENDAKARI*
J.L. Yaben; Donostia-Nabarra
https://www.facebook.com/pages/Uribe-Kostako-Naparrak/554070071300221

Recientemente, el Sr. Urkullu en su visita a la Universidad Columbia de Nueva York, ha manifestado que para el 2020, Euskadi (1892) solicitará la opción de la independencia que por derechos históricos le pertenece.

Ciertamente, no llego a adivinar a qué derechos históricos se refiere, considerando que él es sólo el lehendakari de tres territorios: Bizkaia, Araba y Gipuzkoa.

Por mi parte, le recordaría al Sr. Urkullu, que los auténticos derechos históricos que asisten a todos los vascos, consisten en la recuperación del antiguo y único Estado que han tenido, titulado como Ducado de Baskonia, Reino de Pamplona o Reino de Navarra finalmente.

Dado que al parecer, usted “desconoce” u “omite” la historia o cultura de Euskal Herria o Navarra, será un placer, y con el máximo respeto, ofrecerle unos pasajes resumidos de ambas.

-Ya antes del año 778 (batalla de Roncesvalles-Astobizkar), los vascones se estaban defendiendo de las invasiones de diferentes pueblos; su territorio se denominaba Vasconia primero, Reino de pamplona después y Reino de Navarra finalmente.

-El Códice de Roda del siglo X, refleja la soberanía del reino de Pamploan, con Sancho el Mayor –llamado por los Omeyas el Señor de los vascos-, como soberano de toda Vasconia. Una Vasconia que abarcaba lo que se denomina hoy Comunidad Autónoma Vasca, Labourd, Baja Navarra, Soule, Foix, Rioja, Bearne, Alto Aragon, Belorado,etc…

-Al mapa político más antiguo que se conoce de Vasconia o Navarra, se dibujó hace 1000 años en el monasterio vascón de Saint-Sever (Landas), y refleja la localización, en aquella época, de los pueblos europeos.

-Vasconia se remonta a los primeros testimonios escritos, como en las monedas batidas a comienzos del siglo II antes de nuestra era (Barscunes).

-Estuvo integrada totalmente en la vida política de la Europa romana durante 700 años y, durante otros 300, enfrentada a los nuevos poderes germánicos, visigodos y francos, surgidos tras la caída de Roma. Contaba además, con su propio Derecho Pirenaico, específico en Europa.

-Tras este milenio de andadura y después del año 824, surgió en su seno el Reino de Pamplona, después llamado Reino de Navarra, que duró hasta 1841; es decir, 2000 años de pervivencia política frente a los 172 años de testaruda negación de la realidad estatal de Navarra. La desmembración de aquel Reino, es de sobra conocida.

-En el año 1199, reinando Sancho el Fuerte, sufrió la ocupación militar por Castilla de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que finalizó en 1200. De forma que estos territorios de la Navarra marítima quedaron separados del resto del Reino.

-Posteriormente, con malas artes, bulas falsificadas y a sangre y fuego, Castilla, con el Duque de Alba al frente invadió Alta Navarra (1512), y como consecuencia de la batalla de Noain (1521), con más de 5000 combatientes navarros muertos, se inició la pérdida de lo que restaba de aquél Estado soberano al sur de los Pirineos y el Bidasoa.

Y así, quedó un pueblo sometido por la fuerza, perseguido, torturado, desprovisto de bienes, haciendas y cargos, en manos del terrorismo del estado español; algo que el escritor baztandarra Pedro Esarte, en su libro “Navarra 1512-1530”, describe magníficamente. ¿Conoce usted esta historia Sr. Urkullu?


Respecto a la cultura de Navarra y centrándonos en su lengua, el Euskara, quisiera comentarle por ejemplo, que la editorial “Mintzoa”, publicó recientemente 365 copias de un manuscrito donde aparece por primera vez la expresión “lingua navarrorum” para referirse al Euskara, lengua de los navarros. Dicho manuscrito data del año 1167 y se encuentra en la Catedral de Pamplona, habiendo realizado el archivero D. José Goñi Gaztanbide, recientemente fallecido, un análisis exhaustivo de este importante documento.

La Reina de Navarra Margarita de Angulema y el Rey Enrique II “el Sangüesino”, acogieron en su Corte a los más reputados humanistas y escritores de su tiempo (siglo XVI). La propia Reina, escritora de gran calidad, publicó el Heptamerón –cuentos picantes de carácter erótico-, una obra de gran éxito, avanzada para aquellos tiempos e incluso para los actuales. William Shakespeare, que se inspiró en una obra de la Reina Margarita para su obra “Trabajos del amor perdido”, declaraba entusiasmado: “Navarre shall be the wonder of the world” (Navarra será la admiración del Mundo). También protegieron al gran escritor francés Rabelais, autor de “Gargantua y Pantagruel”, obra en la que parece un discurso en Euskara.

El bajonavarro Bernat Etchepare, publica en 1545 su obra “Lingua Vasconum Primitiae” (Primicias de la lengua de los vascones); un compendio de hermoso poemas religioso y eróticos. Fue nuestro primer escritor y es también, nuestro primer autor erótico.


Liberada de los monjes, la cultura vivió una fortísima eclosión: el Renacimiento. Una de sus características es la defensa del idioma nacional frente al latín, idioma de las élites culturales ligadas a la iglesia.

Así como Erasmo tradujo el nuevo testamento al holandés, Lutero publicó la Biblia en alemán y en 1571, y por encargo de la Reina de Navarra Juana de Albret, Joannes de LeiÇarraga tradujo al Euskara el Nuevo Testamento, cuyo original se adquirió por el Gobierno de Navarra hace unos años, en una importante sala de subastas de Londres.

Este renacimiento del Euskara como lengua literaria, fue auspiciado por los Reyes de Navarra. Por primera vez, una institución política apostaba por el Euskara rescatándolo de la oralidad y dándole significado político. Era la “Lingua navarrorum”, la lengua de los navarros.

Continuo con una declaración de Arturo Campión en Pamplona en 1923: “Nabarra fue pueblo, nación, patria y estado. Asístele pleno y absoluto derecho a la vida nacional que le han arrebatado”.


Usted Sr. Urkullu, ejerce como lehendakari de los antiguos territorios de Caristia (Bizkaia), Bardulia (Gipuzkoa) y Autrigona (Araba); pero existen además Lapurdi, Nafarroa y Xiberoa, cuyo conjunto es Nafarroa Osoa. Y aquí sí tenemos el sujeto político para recuperar nuestro Estado, el Estado de todos los vascos.


“Arrazoiak gizon egiten gaitu, egiak pertsona” (La razón nos hace hombres, la verdad personas).

Lehendaki: Presidente de la Comunidad Autónoma Vasca dentro de la impositiva legislación política, judicial y territorial del Reino de España.

2013/10/23

La territorialidad de nuestro Estado

La territorialidad de nuestro Estado
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra
https://www.facebook.com/bolibartiar.ikaskuntzaelkartea?fref=ts

Existen hoy en día tres líneas interpretativas sobre la territorialidad de nuestro Estado. La más reciente es la que reclama un “derecho a decidir” para una “demos” consistente en una Comunidad Autónoma creada por España en 1979, a la que se le llama “Euskadi” o “País Vasco” y de la que no hay antecedes históricos, salvo el “(H)irurak bat” de La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP), difusora de las ideas ilustradas y de la cultura en general desde 1765. El llamado Estatuto de Autonomía para estas tres regiones dice en su primer artículo: “El Pueblo Vasco o Euskal Herria, como expresión de su nacionalidad, y para acceder a su autogobierno, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado español bajo la denominación de Euskadi o País Vasco, de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica”. En su Artículo 2 habla de la territorialidad del mismo: “El territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco quedará integrado por los Territorios Históricos que coinciden con las provincias, en sus actuales límites, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, así como la de Navarra (en referencia Alta Navarra), en el supuesto de que esta última decida su incorporación de acuerdo con el procedimiento establecido en la disposición transitoria cuarta de la Constitución”. Pero Alta Navarra se quedó fuera tras imponérsele, sin pasar siquiera por las urnas, un nuevo “amejoramiento” foral, continuación del impuesto en 1841 tras perder la Primera Guerra Carlista y con ello los Fueros o leyes del Estado de Nabarra.

La segunda línea sobre la territorialidad de nuestro Estado, propone partir del término “Euskal Herria” para aglutinar varios de los territorios administrativos a los que quedó reducido por el imperialismo el idioma nacional o euskera. Esta corriente acepta el nombre de Euskal Herria como el futuro nombre político para nuestro Estado, pasando por tanto de ser un término cultural y relacionado fundamentalmente con el idioma nacional, a ser una designación estatal. Esta nueva línea nació en los años 90 del siglo XX y reduce Euskal Herria a siete territorios de cuño imperialista pero arraigados en nuestra sociedad.

El origen del término “Euskal Herria” aparece escrito en el siglo XVI, sin que se pueda determinar desde cuando se podría venir usando. En 1571 el cura labortano de Beraskoitz Joanes Leizarraga por mandato de la reina nabarra Juana III de Albert, tradujo el Nuevo Testamento al euskera. En ese primer nuevo Testamento de 1571 Leizarraga dice: “(É)moien hunez Iaincoaren hitz purac ukanen luela fartze eta auançamendu Heuscal-herrian». Y después en otro párrafo vuelve a aparecer el término: “batbederac daqui heuscal herria quasi etche batetic bercera-ere minçatzeco manerán cer differentiá eta diuersitatea den”, ambos textos son del prólogo de ese Nuevo Testamento y dirigido a “Heuscalduney”. 

Hasta ahora era la primera referencia conocida de la palabra “Euskal Herria”. Pero en el año 2004 se encontró un manuscrito de 102 páginas, se trata de una colección de versos, cantares y lances de amor escritos en euskara de mano de Juan Pérez de Lazarraga, Señor de la Torre de Larrea (1550–1605) en Alaba, que guardan paralelismo en su composición con la obra de Etxepare, el primer libre escrito en euskera (1545). El libro de Pérez de Lazarraga fue escrito entre los años 1564 y 1567, según se desprende del análisis de varios párrafos del propio texto. En este libro se dice: “anchinaco liburuetan/çeñetan ditut eçautu/eusquel erriau nola eben/ erregue batec pobladu”. El que se use casi al mismo tiempo en libros de diferentes territorios del euskera, es señal de que el término Euskal Herria era de uso común, pues no parece probable que Leizarraga conociese el libro del alabés Pérez de Lazarraga cuando tradujo su Nuevo Testamento.

Pedro Aguerre “Axular” desde la “Escuela de Sara” -gracias al amparo de Enrique III de Nabarra “el bearnés” o “el nabarro”-, habla en el siglo XVII por primera vez sobre qué territorios componen Euskal Herria en su libro “Gero”, obra cumbre de la literatura en euskera donde comenta: "Nor da Euscal herrian aldez edo moldez çordun eta obligatu etçaitçunic?"; y en la página 7: "Ceren aunitz moldez eta differentequi minçatcen baitdira euscal herrian: Naffarroa garayan, Naffarroa beherean, Çuberoan, Lapurdia, Bizçayan, Guipuzcoa, Alaba-herrian, eta bertçe aunitz leccutan". (Porque de muchas maneras y diferentemente se habla en Euskal Herria: Alta Navarra, Baja Navarra, Zuberoa, Lapurdi, Bizkaia, Gipuzkoa, en las tierras de Alaba y en otros muchos sitios). 

Es decir, esos siete territorios en que fue dividido tras su conquista el reino baskón de Nabarra configuran la tierra del euskera, aunque además, en el siglo XVII forman parte de Euskal Herria otros lugares donde aún se hablaría y que serían: Rioja Alta, comarcas del Bearne, Alto Aragón y Cinco Villas de Aragón, sur de Bigorra, comarcas autrigonas-enkartadas al oeste de la actual Bizkaia hasta los “montes de Santander” y probablemente algunas comarcas pirenaicas más.
En todos estos tres primeros libros, Euskal Herria es todavía la literalidad del término: “Tierras del euskera” (como ocurre en Beterri, Goierri, Txorierri, Tronperri, Iruñerri etc. o en herri-Idi, “buey para la tierra”). Con los siglos el término evolucionó para identificar al Pueblo del euskara, en su sentido más general étnico-cultural.

El término Euskal Herria fue tardía y residualmente aceptado en otros países, así, el británico Richar Ford en 1845 en su libro publicado en Londres “A hand-book for travellers in Spain, and Readers at home”, dice: “The Basques call themselves Euskaldunac, their Country Euskalerria, and their language Euscara”.

Respecto a la representación en diferentes mapas de Euskal Herria, los primeros están relacionados con la lingüística. La primera de las referencias es de 1810-12 de Eugene Coquebert de Montbret, el cual realizó un estudio -gracias a numerosos colaboradores- sobre los idiomas de todo el imperio francés y sus conclusiones las dibujó en lo que sería el primer mapa de los territorios euskaldunes continentales y en otro mapa dibujó los territorios peninsulares a los que había quedado reducido el euskera, pero por separado.

La muga del euskera y de Euskal Herria quedaría, según los informantes de Eugene Coquebert de Montbret a principios del siglo XIX: “En dedans/ Ochagavia en navarre/ Iriberri (Olite)/ Aoiz/ Sorauen/ Larraona/Salvatierra (Agurain)/ La puebla (de Arganzón probablemente)/ Orduña/ Salcedo (Alaba, cerca de Miranda de Ebro) (…) Tout Ie guipuscoa est Basque”. Gasteiz aparece en la zona euskaldun, Pamplona no, aunque otros documentos ratifican que era bilingüe, lo que da a entender que la frontera se marca allá donde la mayoría era euskaldun. Pero después añade que “la langue basque ou escuare qui se parle sur Ie territoire français dans les arrondissements (departamentos administrativos de entonces) de Bayonne et de Mauleon et sur Ie territoire espagnol dans Ie Guipuscoa, l'Alava, une partie de la Biscaye, de la Navarre et des montagnes de Santander”. Y por el norte habría euskaldunes en: “Martori. Ce village parle Indifferemment Basque et Bearnais, mais appartient au district Basque (De Candolle - 1807). (…) Dep t des basses Pyrenees, on parle basque dans la commune d'Esquiule qui appartenait au beam et qui fait partie de l'arrond t d'oloron (…), on croit que la Bastide de Clairence a ete formee par une colonie venue de Bigorre et que c'est par cene raison que Ie gascon y est la langue dominante. Le basque n'est entendu que par un petit nombre d'hab' de cette commune qui est cependane fort avancee dans Ie pays Basque. dans bp de communes de langue francaise une partie des hab' entend Ie Basque”. 

Louis Lucien Bonaparte, el ilustre dialectólogo y príncipe francés, en una labor de investigación realizada en parte personalmente y en parte con la ayuda de colaboradores, dejó plasmados en otro mapa que lleva fecha de 1863 (pero que se sabe que salió a la luz en 1871 con datos recogidos hasta 1869), los límites de la lengua euskara en cada uno de sus dialectos, que según el francés serían: el bizkaíno, el gipuzkoano, el labortano, el suletino-bearnés, alto-navarro meridional, alto-navarro septentrional, bajo-navarro oriental y el bajo navarro occidental. Louis Lucien marcó en el mapa dos grados de intensidad en el uso de la lengua y dibujó también las fronteras administrativas entonces existentes aunque ya no se hablase euskera en parte de ellas, por lo que sería realmente el primer mapa donde aparece Euskal Herria reducida a los 8 territorios donde se hablaba a finales del siglo XIX, aunque llama a su mapa “Carte des Sept provinces basques, la délimitation actuelle del euscara”, donde ya no aparece la “montaña de Santander” ni otras regiones de Aragón (aunque se sabe que en la comarca de Uncastillo, por ejemplo, se daba la misa en euskera), pero sí la octava región que sería el Bearne.

La reducción de Euskal Herria a siete-ocho territorios es por tanto muy reciente, siguiendo la pérdida territorial del euskera a la pérdida de poder político del Pueblo vasco(n): amputación del Estado baskón de Nabarra mediante sucesivas invasiones primero hasta su total sometimiento y eliminación armada del derecho foral de nuestro Estado después. La expresión “zazpiak bat” fue creada por el vascófilo y folclorista impulsor de las primeras Fiestas Euskaras o Florales el labortano Antoine Thompson d´Abbadie (1810-1897), con quien colaboró el zuberotarra Agusti Xaho. En 1836, en una obra conjunta, Agusti Xaho y Antoine d´Abbadie, parientes lejanos, escribirían la primera gramática suletina “Études gramaticales sur la langue basque” dedicada a “Zazpi Uskal Herrietako Uskalduner”.

Habla el labortano Abbadie, “el padre de los vascos”, de una Euskal Herria de siete territorios con centro geográfico en la Sierra de Andia, cerca de la ermita de San Donato bajo Lezitza, desde donde se ve la capital baskona por antonomasia, Pamplona-Iruña, hasta los Pirineos. Abbadie deja fuera por ejemplo el Bearne, donde algunos pueblos como Aramitz, Inhaze, Arkantze y sobre todo Jeruntze o Eskuila siguen hablando euskera. Existe sólo un texto anterior donde Euskal Herria quedaba reducida al “zazpiak bat”, se trata de un libro de Jean Philippe Bela (1709-96) en “Historie de Basques” donde habla de: “On divise les basques en sept provinieses our païs particuliers (…)”. Aunque Alta Navarra no era “provincia” sino todavía “reino” hasta 1841, pero sin soberanía. Esta reducción a siete territorios parece deberse a que aún el idioma era mayoritario en muchas comarcas de los mismos. 

Los curas labortanos Juan Martín Hiribarren en 1853 y Gracian Adema “Zalduby” después, dentro de corrientes romanticistas relacionadas con el euskera y la cultura euskaldún, hablaron de “Zazpiak bat”. Zalduby cantó en 1893 en Azpeitia el verso convertido hoy en canción “Gauden euskaldun”: “Zazpi Eskualherriek bat egin dezagun (…) Agur esta ohore/Eskualherriari/ Lapurdi, Basa Nabar/Zibero gainzri/ Bizkai, Nabar, Guipuzko/ esta Alabari/ zazpiak bat besarka/ lo beitetz elgarri” (sic.). 

A finales del siglo XIX Arturo Campión y toda la “Sociedad Euskariana” terminaron por difundir el lema “Zazpiak bat” desde la comarca de Pamplona-Iruñerria, pero siempre con un contenido cultural. El primer verso que usaba el “zazpiak (beti) bat” fue un verso acróstico del gipuzkoano Casal Otegi en una de esas Fiestas Euskaras de 1891. En los Juegos Florales de 1897 Abbadie gritaba en San Juan de Luz “biba Zazpiak bat”.


Basado en ese lema de “zazpiak bat”, en 1897, Jean Jaurgain de Ozaze y presidente de “Euskaltzaleen Biltzarra”, creó un escudo de nuevo cuño para Euskal Herria que en realidad juntaba en diferentes cuadrantes los escudos de siete regiones. El escudo de Xiberoa, al no poseer un distintivo heráldico hasta entonces, fue recogido del que poseía el señor de Mauleón, una de las 12 grandes familias del reino de Nabarra; algo parecido hizo Jaurgain con el escudo de Lapurdi, para el que tomó el de su capital Uztaritze, pues Baiona había estado separada del antiguo vizcondado desde la conquista aquitano-inglesa hasta la Revolución Francesa (entre 1177 y 1789). En esta amalgama de escudos, el escudo del Estado de Nabarra aparece como uno más, en el primer cuadrante por ser el más importante, pero sin tener en cuenta que fue el común a todas esas regiones. Es más, el escudo de un Estado Soberano no puede tener la misma condición o categoría heráldica que el de una región no soberana y menos el de una región del mismo Estado. Después se ordenaron las regiones alfabéticamente en otro grave error heráldico.


El lema "zazpiak bat" (las siete una) estaba inspirado en el "(h)irurak bat" (las tres una) de la Real Sociedad Baskongada de Amigos del País y el "laurak bat" posterior (las cuatro una) de las Diputaciones Forales del período de entre las Guerras Forales o Carlistas. El “Laurak bat” también estaba presente en la canción "Gernikako Arbola" del bardo de Urretxu José Maria Iparragirre, que la gente tomó como himno espontáneo de Euskal Herria. Hoy se habla a veces de "seirak bat" (los seis una), al considerar que Alta Navarra y Baja Navarra como una sola, aunque del mismo modo, el resto de territorios fueron también nabarros.

Por tanto, la territorialidad del término Euskal Herria como base de nuestro Estado, tiene un origen lingüístico y después hace referencia al Pueblo que habla euskera, el cual se identifica a sí mismo como uno y diferente a los demás. No hay una característica común que defina los Pueblos, más que su propia existencia-resistencia-conciencia de serlo. El idioma, las leyes, las costumbres, la historia, tener un mismo territorio etc. no definen el concepto de Pueblo ni son de por sí necesarios, pues hay ejemplos de Pueblos que no tienen o han tenido alguna de esas características. 

Estos territorios del “zazpiak bat” son tomados en su totalidad, pese a la situación minorizada del euskera o de diglosia (que se da en casi toda ella). Es más, se toma todo el territorio de esas demarcaciones administrativas de nuevo cuño, aunque no haya ya un sentimiento mayoritario de pertenencia a un mismo Pueblo en ellos. El término Euskal Herria es el aceptado por una parte importante del Pueblo vasco como la nueva denominación para un nuevo Estado vasco(n), pero olvidando, muchas veces, toda la historia política anterior o memoria colectiva y lucha de nuestro Pueblo por su soberanía, independencia y libertad.

La tercera corriente actual sobre la territorialidad de nuestro Estado es la más antigua y se basa en el Pueblo baskón que creo el ducado de Baskonia y después el reino de Nabarra, se fundamentada en las demarcaciones políticas del Estado baskón de Nabarra antes del inicio de su conquista y en los pactos internacionales rotos por el imperialismo genocida.

Las fronteras del reino de Nabarra por el sur quedaron delimitadas en 1016 con el gran rey nabarro Sancho III el Mayor, según consta en el documento 166 del Cartulario del santuario riojano de San Millán de la Cogolla: “Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, dondenace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima dela cuesta y por medio de Galaza, y allí está hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe (Garray), antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.

Por el norte, en la Baskonia continental, el único pacto aceptado por todas las partes, se produjo en el año 1010 entre el rey nabarro Sancho III el Mayor y su vasallo Sancho Guillermo, conde de la Baskonia continental, y donde también estaban presentes el duque de Aquitania Guillermo V “el Grande” (ducado entre los ríos Loira al Garona) y el rey de Francia Roberto II “el Piadoso”. La reunión tuvo lugar con motivo del “redescubrimiento” de la cabeza de Juan el Bautista en Saint-Jean de Angély (Poitou), perdida tras una masacre vikinga y donde se refundó la abadía benedictina acogida a la orden cluniense del gran abad San Odilón, amigo personal de Sancho III el Mayor que introdujo después esta orden en su reino a través del principal centro espiritual del mismo, el monasterio de Leire, primer románico peninsular. 

Otro texto de 1054 reinando su hijo Garcés Sanchez el de “Najera” se repite la frontera por el sur: «De la división del Reino entre Pamplona y Castilla, como lo ordenaron el conde don Sancho, rey de Pamplona, como les pareció en concordia y buena conveniencia: convienen a saber, desde lo más alto de la sierra de la Cogolla (Cucula) al río Valvanera, y a Grammeto, donde está sito un mojón, y de collado Moneo y Biciercas y Peñanegra, y de allí al río Razón, donde nace. Después por medio del monte Calcanio, por lo alto de la loma, y por medio de la valle de Gazala, donde está sito un mojón, y hasta el río Tera: allí está Garray, ciudad antigua desierta, y hasta el río Duero. Don Nuño Alvarez, de Castilla, y el señor don Fortuño Ojoiz de Pamplona, testigos y confirmadores: en la era 1054».

En el Pacto de Tamara del año 1127, los reyes de Nabarra y de Castilla (Alfonso I “el Batallador” y Alfonso VII respectivamente), firmaron la no agresión a la territorialidad nabarra y ratificaron con ello el pacto anterior de Sancho III el Mayor, al que se añadió el territorio baskón al sur recuperado en 1119 a los musulmanes. José María Lacarra en su libro “Historia del Reino de Navarra en la Edad Media” explica el contenido de estos documentos: “En el Pacto de Tamara de 1127, Alfonso I el Batallador entregó a su hijastro el reino de León-Castilla que tenía por ser rey consorte, a cambio de que le devuelva todo lo invadido y se restituyan la fronteras Navarra de Sancho III el Mayor: Belorado, Soria, y la Extremadura Soriana hasta San Esteban de Gormaz. La frontera sería Atienza, Sigüenza y Medinaceli que quedaron para Castilla (aunque fueron recuperadas por Alfonso I “el Batallador” tras ser perdidas por Castilla que las conquistó con Alfonso VII en 1108). Alfonso I “el Batallador” reinaba en 1130 en el valle de Arán, él mismo dice en 1131 que reina “desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal”.

Esta territorialidad fue ratificada internacionalmente de nuevo en el laudo arbitral de Londres de 1177, conocido como “Division of Kingdons of Navarre and Spain”, en el que la representación nabarra ante el rey inglés -que hace de árbitro- reclama la devolución de los territorios invadidos en aquellos años por Castilla de: “Cudeio –bahía de Santander-, Monasterio (Rodilla), Montes de Oca, valle de San Vicente (La Riojilla), valle de Ojacastro (Rioja Alta), Cinco Villas (Siete Villas de Anguiano), Montenegro (Cameros), sierra de Alba hasta Agreda (Soria) y las tierras comprendidas entre esos puntos y Navarra…”. Es más, el rey de Nabarra hace referencia a que es el Pueblo el que quiere ser parte del reino baskón, pues el emisario del rey argumenta en su nombre que es rey por “la fidelidad de sus moradores naturales”.

Como queda escrito en los acuerdos internacionales entre los diferentes jefes de Estado, en el sur pirenaico, son nabarros los habitantes de las actuales demarcaciones de: Alta Navarra, Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba, La Rioja completa, la parte occidental de la actual provincia de Cantabria (creada entre mediados y finales del s. XIX: Trasmiera, el Bastón de Laredo y todas las antiguas tierras Enkartadas con Castro Urdiales –todas autrigonas-), Belorado (riojilla), Bureba, montes Obarenes con Miranda de Ebro, Valle de Mena y la Castilla la Vieja, repobladas todas ellas con baskones (euskaldunes), estando la frontera en: Atapuerca, Montes de Oca, Garray (antigua Numancia), la Extremadura soriana hasta San Esteban de Gormaz y la confluencia de los ríos Duero y Tera.

En enero de 1367 se pactó en Libourne que Carlos II de Nabarra y Eduardo el príncipe “negro” de Gales (príncipe por tanto de Inglaterra y de Baskonia continental-Aquitania) defenderían a Pedro I el Cruel en su derecho a heredar la corona castellana. El otro aspirante era su hermanastro por parte de padre, el hijo bastardo de Alfonso XI de Castilla, Enrique II, apodado de Trastamara (nombre del condado dado por su padre). A cambio, Pedro I prometió la devolución de Alaba, Gipuzkoa y La Rioja a Nabarra; Bizkaia fue prometida, sin embargo al príncipe de Gales por su apoyo. En el libro “Nabarra en su vida histórica” Arturo Campión comenta: “Tras Libourne, Carlos II en Kanpezo recibió prácticamente la misma oferta de Enrique y 20.000 dobles de oro”. Se le asignaron a Carlos II de Nabarra las villas y castillos de Tolosa (Mendikute), de Segura, de Mondragón, de Oiartzun (Beloaga), Hondarribia y “Sant Sebastián” (la Mota), además de Getaria y Motriku, cuyo tenente será el Sr. de Huart (Amezketa). 

Carlos II liberó parte de la Nabarra Occidental, haciéndose fuerte en Vitoria, Logroño, Salvatierra-Agurain, Santa Cruz de Kanpezu y en Gipuzkoa durante 5 años (1368-73) con el beneplácito del Pueblo que se levantó con él; además contaba con la ayuda de alabeses y gipuzkoanos de las familias de los Oñaz, Lazkano, Murua, Berastegi, Beltrán Belaz de Gebara -señor de Oñate desde 1149 y que fue señorío independiente hasta 1845-, los Amezketa y otros. Se trataba de una hueste de 297 aguerridos guipuzcoanos con Pedro de Amézqueta y el señor de Oñate, D. Beltrán Belaz de Gebara, al frente. 

En la Enciclopedia Auñamendi se explica la situación y se aclara que Carlos II también quería Bizkaia: “La entrevista de Carlos II de Nabarra y Pedro IV de Aragón con motivo de las luchas con Castilla se celebró en Uncastillo en agosto de 1363. Aragón había sido derrotado en el tratado de Murviedro celebrado en julio del mismo año. Ahora navarros y aragoneses suscribían un tratado secreto para repartirse el reino de Castilla si llegaban a conquistarlo. A Navarra se le entregaría el occidente de lo que había sido reino vasco, es decir, Castilla la Vieja, Soria, Agreda, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Aun así y todo, el rey de Aragón prometía al de Nabarra el viejo territorio de Jaca y su comarca. Esto, en el caso de que el rey de Navarra diese muerte o apresase al de Castilla”.

Toda la Nabarra peninsular fue conquistada en un largo proceso que duró casi cinco siglos (1054-1524). Tras la conquista de Alta Navarra (1512-24) y aprovechando la muerte de Fernando II de Aragón “el Falsario” (1516), el Pueblo nabarro se alzó varias veces con su nuevo rey Enrique II “el sangüesino” a la cabeza. Enrique era nabarro y educado según el Derecho Pirenaico conforme a Fueros, y como juraron en el año 1494 en el acto de su coronación como reyes de Nabarra sus padres D. Juan y Dña Catalina: “Al qual heredero primogénito o primogénita, haremos vivir y criar en este dicho reyno en la lengua y con la gentes de aquel” (B. Estornés Lasa “Lo que No nos enseñaron”).

Enrique II rey de Nabarra “el sangüesino” pues nació en el palacio real de esta villa, mandó a su secretario Miguel de Olite escribir los derechos sobre territorios, villas y señoríos lo que hizo en media docena de cuadernos. Miguel de Olite hizo un balance de todo el reino y propuso “hacer probança” de cómo el reino comprendía: “Guipúzcoa, Bizcaya y Alaua y mucha parte de Rioja hasta el olmo de Burgos (…) como las sepulturas que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parecen las armas de Navarra, así como en Logroño y en otro lugares, que de poco acá se han borrado”.

Por el Norte, el nieto de Enrique II “el sangüesino”, el Bourbon Enrique III de Nabarra al convertirse en IV de Francia por derecho de herencia, comenta que su “Disjoint et separé de notre maison de France”, es decir, la separación de ambos Estados. Al principio de su coronación como rey francés, Enrique deja claro la separación del reino de Navarra y Bearne de Francia en textos de 1607 y 1617, en éste último se dice (según un documento del Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43): “(...) que por lo tanto dicha Majestad (Enrique) no puede, en derecho, unir dicho país soberano a dicho reino de Francia sin consentimiento de dichos Estados (Baja Navarra-Bearne) (…) hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Navarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde, o que Dios nos haya hecho esta gracia de darnos linaje y quisiéramos poder y a este fin para no cambiar el orden y formas observadas en la conducta y mantenimiento del nuestro dominio habíamos declarado nuestra intención que fuese llevado y administrado por personas distintas, así que como había estado antes de nuestro advenimiento a la Corona. Y sobre las dificultades que nuestra corte del Parlamento de París hacía de proceder a la verificación de dichas cartas.”

Será el hijo de Enrique III “el bearnés” o “el nabarro”, Luis XIII de Francia educado por Richelieu, el que no aceptó ser “príncipe de Biana” y por tanto no fue aceptado como rey de Nabarra por sus Cortes, por lo que terminó tomando el parlamento de Nabarra que se reunían en la iglesia de Donapaleu así como el del Bearne que se reunían en Pau, lo que acabó con la soberanía del reino baskón sobre territorio alguno en 1620, tras 1000 años de soberanía.


Pero la historia del reino de Nabarra es un continuo hasta el presente. Así durante el primer Alzamiento foralista de 1835, se quiso dar desde las Diputaciones a Tomás de Zumalakarregi, General de las tropas vascas, la corona de Nabarra como Tomás I. Incluso desde el bando liberal se seguía hablando del reino de Nabarra y de su territorialidad. El militar liberal del partido republicano federalista de Pi y Maragall, Serafín Olave (Sevilla 1831-La Rioja 1884, de padre alto navarro), escribió en 1883 un libro de título "Reseñas históricas y análisis comparativo de las Constituciones Forales de Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia", en el mismo se decía: "Navarra está dispuesta a admitir una libre reincorporación de los territorios de La Rioja, vascongadas y la Sexta Merindad de Ultrapuertos (hoy francesa), que antes fueron navarros; constando ya que, en algunos de ellos, existe la patriótica tendencia a tan fraternal y conveniente unión, cuando las circunstancias lo permitan". Olave era Diputado por Alta Navarra y pedía una confederación de repúblicas de Nabarra.

El segundo alzamiento foralista creó en el sur de Nabarra entre 1873 a 1876 un pleno "Estado Federal Vasco Carlista” con las “cuatro provincias” (reducidas a esa condición tras perder la Primera Guerra Carlista), por tanto con todas las atribuciones de un Estado: moneda, sellos, Tribunal de Justicia o deuda pública propia, con un centro de comunicaciones en Baiona -tras el consentimiento del gobierno francés- y, finalmente y lo más importante, con un ejército de 24.000 soldados que lo defendían. Con la formación de un Estado nabarro pleno, un nuevo Bourbon reinaba sobre los baskones del sur y con su consentimiento (desde que lo hiciera Enrique III de Nabarra), se trataba de Carlos IV de Nabarra, el cual buscaba mediante el reino baskón el reconocimiento internacional a su corona que nunca se produjo.

Las referencias al reino baskón de Nabarra y a su territorialidad llegaron vivas al siglo XX. Los representantes del último gobierno soberano que tuvimos aunque fuera sobre un territorio minúsculo entre Legutiano en Alaba y Bizkaia, una vez conquistado por los fascistas españoles-italianos y alemanes, en 1940 en Londres en plena Segunda Guerra Mundial y constituidos como “Consejo Nacional Vasco” presidido por Manuel de Irujo, redactaron un anteproyecto de Constitución para la Nabarra peninsular, el cual, en su artículo 5º declaraba como unidad territorial del Estado baskón por el Sur el del reino histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria en Santander)”.

Era por tanto “Euzkadi” o “Euskadi” en aquél entonces un primer intento de crear un nuevo Estado cuya única definición del territorio nacional coincide con el del reino baskón de Nabarra.

En 1962 el bizkaíno Federico Krutwig en “Vasconia” era clarividente: “No cabe duda de que históricamente considerando, el futuro Estado libre vasco deberá comprender al sur de los Pirineos y al norte los territorios que correspondieron a la corona Navarra y Ducado de Vasconia (…) soberanías que en su origen son las mismas”. “(…) La reinstauración de la Navarra histórica, desde el Garona a la cabecera del Duero, desde Santander hasta la Maladeta (Benasque, Huesca)”.


En todos los mapas cartográficos internacionales (franceses, ingleses, italianos, españoles etc.) éstas son las fronteras políticas aceptadas para los baskones o nabarros, tal y como se puede comprobar en “Mapas para una nación” de J.M. Esparza (edit. Txalaparta 2011).

CONCLUSIONES

Como dicen los historiadores del libro “Historia de Euskal Herria” Rafael López, Joseba Agirreazkuenaga, Román Basurto y Rafael Mieza: “Si bien tradicionalmente la historiografía ha considerado como imposible que en la Edad Media surgieran conciencias nacionales ni sentimientos nacionales por el escaso desarrollo que presentaban entonces las estructuras políticas, económicas e ideológicas, últimamente tal consideración va perdiendo terreno a favor de una nueva concepción de los fenómenos de identidad colectiva nacionales cuyo nacimiento se tiende a datar cada vez más en fecha más temprana (siglos VIII y IX). En el caso de Vasconia (incluido Caro Baroja), esta nueva aproximación al problema del nacimiento de las primeras entidades políticas basadas en la existencia de una conciencia grupal encuentra una perfecta adecuación con la aparición en las fechas apuntadas del Ducado de Aquitania (y Baskonia) y el Reino de Pamplona (o Nabarra)”.

Sancho III el Mayor, tal y como recoge el historiador pamplonés A. Campión (1854-1937), dejó a su primogénito “toda la población euskara”. El historiador y político bilbaíno Anacleto Ortueta (1877-1959) sobre este gran rey europeo dijo: “Sancho III el Mayor eligió sabiamente las fronteras del Estado Vasco, pues los límites que dio a Navarra fueron los geográficos naturales. Es el genio tutelar de la nacionalidad vasca. Gracias a él vivimos como pueblo”. El historiador español Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) era de la misma opinión: “(Sancho el Mayor) quiso unificar un gran reino navarro, predominantemente vascón por su lengua”. El propio Ramón Menéndez Pidal en otro libro escribió del rey nabarro Sancho III el Mayor (1000-1035)1: «reparte sus estados entre sus cuatro hijos, apareciendo como uno de los más audaces estadistas estructuradores de fronteras y de pueblos, dejando al primogénito García el solar de la dinastía, el antiguo reino de Navarra, homogéneamente vascón por su lengua». Fue la cúspide del reconocimiento nacional e internacional de los baskones. 

El Pueblo baskón se dio desde la Alta Edad Media su propio Estado, institucionalizó su poder y logró mantener su territorialidad. Ese Estado llamado ducado de Baskonia primero y reino de Pamplona y de Nabarra después, fue roído por los diferentes Estados imperialistas que lo rodeaban. Ninguno de los jefes de Estado de Baskonia o Nabarra ha renunciado a ninguno de sus territorios y menos el Pueblo sobre el que se vertebraba. Este Estado era el paraguas político de un Pueblo que tenía una lengua nacional o “lingua navarrorum”, aunque también se expresaba en otras lenguas romances. Esa lengua nacional creó el nombre de Euskal Herria con el que podemos identificar a todo el Pueblo baskón. Es decir, Euskal Herria no es un territorio estanco sino que su suerte ha ido paralela a la del Pueblo baskón y a la del Estado baskón de Nabarra.

Si nos retrotraemos en el ovillo de la historia, podemos decir que el término de Euskal Herria es lingüístico y aplicable en el siglo VII a todo el territorio del ducado de Baskonia y en el siglo XI al Estado baskón de Nabarra, y que su territorio se ha ido reduciendo hasta siete de los territorios en los que fue dividido el reino de Nabarra, demarcaciones políticas impuestas finalmente por el imperialismo franco-español donde se habla actualmente, más en el Bearne, Estado separado y coaligado después a Nabarra bajo un mismo rey.

Pero incluso desde un punto de vista cultural y étnico, la pervivencia de su unidad aparece según se rasga la superficie y se profundiza en las raíces de sus gentes. Por tanto, el territorio de Euskal Herria ha sido y es el territorio del Estado baskón de Nabarra, el cual, en el plano político internacional, es el que han defendido todos los jefes de Estado que hemos tenido y los baskones -los euskaldunes históricos- no hemos renunciado a él ni aceptado ningún otro. 

El Pueblo que existe es el que resiste, el Pueblo resiste es porque existe. El territorio que finalmente consiga liberar nuestro Pueblo del imperialismo para reactivar nuestro Estado, será continuación de Baskonia y de Nabarra, Estados de Euskal Herria, entonces será cuando nuestros jefes de Estado -en nombre del Pueblo al que representan-, podrán marcar nuestras nuevas fronteras.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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