La imparable enfermedad de sumisión
Nestor Letxundi Beñaran
Nabarra no necesita mendigar migajas ni a España ni a Francia. Somos una nación con una larga trayectoria histórica y política propia, cuyo sujeto estatal es Nabarra. Lejos de ser una realidad dependiente, nuestro pueblo dispuso, incluso antes de la configuración de los Estados modernos que hoy ocupan nuestro territorio, de instituciones propias, capacidad de gobierno y recursos suficientes para sostener su desarrollo económico, político y nacional.
La cuestión, por tanto, no es la viabilidad de nuestro pueblo, sino la situación de ocupación política y subordinación institucional que sigue padeciendo. Una de las expresiones más evidentes de esa realidad es la permanente presencia militar de los Estados ocupantes en nuestro territorio.
En este contexto, resulta inevitable hablar del polígono de tiro de las Bardenas. Situado en un espacio de extraordinario valor ecológico y paisajístico, declarado parque natural y reserva de la biosfera, este territorio comunal ha sido utilizado durante décadas para maniobras y ejercicios militares. El hecho de que una parte de las Bardenas Reales, pertenecientes históricamente al patrimonio comunal administrado por la Comunidad de Bardenas, esté destinada a actividades militares constituye un símbolo agresión sobre el propio territorio del pueblo nabarro, Nabar uritarren erria.
No deja de ser una contradicción que un espacio protegido y de titularidad publica albergue instalaciones destinadas al adiestramiento bélico del estado ocupante. Más allá de las distintas posiciones políticas sobre esta cuestión, el polígono de tiro representa el contraste entre una tierra (ería) que históricamente perteneció a las comunidades locales y un uso decidido en función de intereses estratégicos ajenos a la voluntad soberana del pueblo baskon de Nabarra.
Mientras se habla de autogobierno, de foralidad o de competencias administrativas, miles de hectáreas de nuestro territorio continúan sometidas a una utilización militar que difícilmente podría mantenerse sin el respaldo de los aparatos estatales español y francés. La existencia misma del campo de tiro de las Bardenas donde se está utilizando la violencia armada para destruir si cabe aún más un espacio natural y desprotegido nabarra entera y las bardenas una tierra milenaria donde se han destruido pueblos enteros, castillos, palacios y una gran parte del patrimonio de nabarra, recuerda que la cuestión de fondo no es administrativa ni presupuestaria, sino política: quién decide sobre la tierra, las instituciones y el futuro de Nabarra.
Los neologismos vascones y nabarros son nombres que surgen tras definir el territorio que ocupa este pueblo a la llegada de los extranjeros «erdaldunak» a nuestras tierras.
El primero alude a un territorio llamado «baserria», que significa la tierra del bosque baso = bosque y herria = Tierra y que durante milenios ha sido la morada de los nativos vascones, que han vivido en sintonía de la naturaleza hasta que se lo prohibieron y destruyeron su ecosistema, talando árboles «Bardenas», ™Oiarso y toda «GaskuÑa» convertida en una reserva arborífera para la industria maderera del estado ocupante francés... Y todo el territorio nabarro donde a penas quedan restos de la fauna y flora original, ya que han plantado artificialmente diferentes árboles y plantas invasoras y de conveniencia para las empresas de manipulados de papel y muebles.
El primer pueblo extranjero en llegar a nuestras tierras y cercenar nuestra soberanía fueron los celtas, que ocuparon toda la costa cantábrica generando guerra y destrucción Provocando éxodo y, por lo tanto, alterando nuestra lengua en su localización original es decir el idioma del oeste tras la llegada del pueblo invasor se va a desplazar y desaparecer en gran parte. Ahí empieza la transformación de la lengua vascona en sus diferentes idiomas.
Resulta que los vascones tenían monedas diferentes distribuidos por todo el territorio.
La llegada de los griegos a las costas levantinas y mediterráneas supuso un reencuentro con un pueblo que, de alguna manera, fue amigable, pues surgen o se transforman las leyendas o dioses del panteón griego en nuestro territorio. Tartalo, cíclope; lamiak, las sirenas... y más.
Fueron los griegos los que desarrollaron y escribieron estas leyendas y después se transmite al pueblo vascón y al ibero.
La existencia de las ciudades estado griegas hace pensar que su evolución y comunicación con el pueblo vasco hizo traer ciertos matices como una estructura pública, con sus fuerzas de defensa y su divisa.
Porque no se puede pensar que los vascones en realidad eran diferentes naciones estructuradas como entes independientes y con una unión natural, el territorio y la lengua.
Porque los arqueólogos y los historiadores no concluyen que en la época de los vascones existe una estructura jurídica y política común (monedas diferentes, bronces de botorrita y otros bronces) donde su contenido son pleitos, donde queda más que demostrado que ya existe en esa época una estructura jurídica y política bien definida, qué interés hay en decir que a la llegada de los romanos los vascones no sabíamos ni hacer pan y que fueron los romanos los que nos enseñaron a fabricar hornos...
La invasión romana supuso una reestructuración del pueblo vascón distribuido en diferentes naciones o etnias.
¿Diferencia que se palpa al investigar las provincias romanas como la novenpopulania, la tarraconense o la hispania citerior?
Que no sin más que nombres que clasifican al pueblo vascón e ibero y que comparten una lengua común.
Está incursión romana obliga a bajar al valle a este pueblo milenario.
Nabara, al valle y de este nombre surge Nabarra el del valle, después de digerir de alguna manera esa llamada a viajar a los valles para tener control total sobre la población cuando se normaliza está situación se convierte en «Nabarrak» los habitantes del valle en plural y «Nabarra» el del valle en singular.
A la caída de Roma surge el reino de Sobrarbe y después el reino de Pamplona, conservando una estructura militar y administrativa original «administración pública, moneda, idioma propio, ejército, etc.» y mejorada con la experiencia y sabiduría aprendida de la invasión romana...
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