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2026/06/19

Nabarra y Bizkaia: res publica frente a señorío patrimonial. Una lectura histórico-jurídica sobre la reconfiguración del litoral atlántico y sus implicaciones económicas

Nabarra y Bizkaia: res publica frente a señorío patrimonial. Una lectura histórico-jurídica sobre la reconfiguración del litoral atlántico y sus implicaciones económicas

Néstor Lertxundi Beñaran

La evolución política del occidente vasco durante la Edad Media no puede reducirse a una sucesión de conquistas o reajustes dinásticos. Bajo los procesos visibles de cambio de soberanía se superponen, en realidad, dos modelos jurídicos y políticos profundamente distintos: por un lado, la concepción del Reino de Nabarra como res publica regni; por otro, la lógica señorial patrimonial que caracteriza la evolución histórica de Bizkaia dentro de la órbita castellana.

Desde esta perspectiva, la progresiva integración del espacio atlántico vascooccidental en el sistema castellano no solo supuso una transformación institucional, sino también una reorientación estratégica del control de recursos clave: puertos marítimos y estructuras protoindustriales vinculadas a la siderurgia.

I. El Reino de Nabarra como res publica: comunidad política y bienes del reino

En la tradición jurídico-política nabarra medieval se distingue con claridad entre el patrimonio personal del monarca y los bienes del reino. Castillos, villas y realengos no se conciben como propiedad privada del rey, sino como bienes pertenecientes a una comunidad política estable: la corona.

Este modelo se inscribe en la lógica de la res publica medieval, donde el poder regio no es absoluto ni patrimonial, sino condicionado por el derecho del reino y por el juramento previo a sus fueros. Las Cortes −integradas por las buenas villas, la nobleza y el clero− no reconocen una soberanía unilateral, sino una autoridad pactada.

En este marco, el rey gobierna el reino, pero no lo posee como propiedad.

II. Bizkaia y el modelo señorial: del espacio político al dominio patrimonial

Frente a este esquema, la evolución histórica de Bizkaia responde a una lógica distinta. Desde sus primeras configuraciones condales y tenenciales, el territorio deriva hacia una estructura señorial, consolidada bajo el linaje de los Haro y posteriormente integrada en la Corona de Castilla como señorío.

A diferencia del modelo nabarro, aquí la relación política se articula en torno a la titularidad del señor:

El poder se ejerce en nombre de un linaje o del propio monarca como señor.

El territorio se concibe como un dominio vinculado a una persona o institución.

Las Juntas forales se integran en un marco señorial, no en una soberanía política separada.

Cuando el rey de Castilla asume el título de Señor de Bizkaia, la relación jurídica se expresa de forma directa: no como administración de una res publica diferenciada, sino como ejercicio de señorío territorial.

III. La ruptura de 1200 y la reconfiguración del litoral atlántico

La incorporación de los territorios occidentales del ámbito nabarro a la órbita castellana a partir de 1200 (la tenencia de Álava, el Duranguesado y la tierra de Ipuzkoa) constituye un punto de inflexión histórico.

Más allá del cambio de soberanía formal, este proceso implica una reconfiguración del control sobre el litoral atlántico, zona de especial relevancia estratégica en el contexto medieval.

La pérdida del acceso directo del Reino de Nabarra al mar no puede interpretarse únicamente como un desplazamiento fronterizo, sino como la integración de espacios clave en una nueva estructura de poder político y económico.

IV. Puertos, hierro y protoindustria: la dimensión económica del cambio

Uno de los elementos fundamentales de esta transformación es el control de los puertos cantábricos y el desarrollo progresivo de la actividad siderúrgica en el entorno vizcaíno.

Su posición en las rutas del comercio atlántico.

La exportación de hierro y sus derivados hacia el norte de Europa.

La articulación de redes comerciales con Inglaterra y Flandes.

La abundancia de mineral de hierro en Bizkaia y el desarrollo de técnicas de transformación metalúrgica temprana hacen de esta región un enclave económico de primer orden. En este contexto, la integración política en la órbita castellana no solo reorganiza el poder territorial, sino que facilita el acceso y control de recursos de alto valor estratégico.

Desde esta lectura, la reordenación del litoral atlántico puede interpretarse también como un proceso de apropiación y centralización de capacidades productivas emergentes.

V. Dos modelos políticos incompatibles

La diferencia entre Nabarra y Bizkaia no es meramente institucional, sino estructural:

En Nabarra:

El reino se concibe como comunidad política preexistente.

El poder del rey está limitado por el derecho foral.

Las Cortes representan la titularidad colectiva del orden político.

En Bizkaia (en su evolución señorial):

El poder se articula como señorío territorial.

La titularidad se vincula a una persona, linaje o monarca.

El orden foral se integra dentro de una estructura de dominio.

Esta divergencia ayuda a comprender por qué la integración del litoral atlántico no fue solo un cambio político, sino también una transformación en el régimen de propiedad, jurisdicción y explotación de recursos.

VI. Una lectura histórica del poder en el espacio atlántico

La evolución de Bizkaia puede rastrearse desde sus primeras menciones medievales −incluidas referencias condales en el entorno nabarro y su posterior consolidación como señorío− hasta su integración definitiva en la estructura de la Corona castellana.

En paralelo, las crónicas medievales y la documentación foral muestran la existencia de formas de organización territorial propias, como las Juntas, que reflejan una institucionalidad compleja, aunque inscrita en marcos distintos a los del reino nabarro.

La incorporación del litoral atlántico vasco-occidental al ámbito castellano puede interpretarse, desde una perspectiva histórico-jurídica, como un proceso de reordenación del espacio político y económico en torno a nuevos centros de poder.

En ese proceso, el control de los puertos y el desarrollo de la industria metalúrgica no fueron elementos secundarios, sino factores estructurales en la configuración de la hegemonía atlántica.

La tensión entre la concepción nabarra del poder como res publica regni y la lógica señorial patrimonial permite leer estos procesos no solo como episodios del pasado, sino como la base histórica de una determinada configuración del poder, el territorio y la economía en el espacio nabarro-atlántico.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/nabarra-y-bizkaia-res-publica-frente-a-senorio-patrimonial-una-lectura-historico-juridica-sobre-la-reconfiguracion-del-litoral-atlantico-y-sus-implicaciones-economicas

2026/06/04

La soberanía plena de Navarra a debate en el Parlamento

 

La soberanía plena de Navarra a debate en el Parlamento

Amaia Echandi, Jayone Inda, Haizea Ecay, Julia Itoiz y David Bere En representación del Foro Elkartu

El pasado 24 de abril varias personas participamos en la ponencia de actualización de la LORAFNA en representación de Foro Elkartu. Llevamos varias propuestas recogidas tras un proceso de cerca de 2 años analizando, debatiendo y recopilando aportaciones sobre esta ley y su contexto histórico. Quisimos dejar constancia que, incomprensiblemente, dos leyes de hace 187 años fundamentan y definen nuestro actual estatus jurídico-político. La Ley de 25 de octubre de 1839 (Confirmación de Fueros) y la Ley de 16 de agosto de 1841 (Ley Paccionada de Navarra) que son la base jurídica y el origen directo de la LORAFNA. Estas dos antiguas leyes todavía siguen vigentes en Navarra como así se recoge en el Preámbulo y en el Artículo 2. 1. de la LORAFNA; y en el apartado 2 de su Disposición Derogatoria de la Constitución española.

En el año 2026 seguimos sometidos a antiguas leyes del siglo XIX que nos subordinan a una institución desfasada históricamente como es la monarquía española. En clara incompatibilidad con principios democráticos modernos de igualdad. En Navarra ha habido un amplio consenso jurídico en establecer que estas dos leyes supusieron uno de los mayores ataques a la soberanía política de Navarra en su historia, fueron ilegítimas y se hicieron de manera unilateral. Tras la derrota de la I Guerra Carlista castigaron a Navarra convirtiéndola en una provincia más de la monarquía española, despojándola de su condición de Estado. Así lo dejó escrito Luis Oroz, uno de nuestros más importantes juristas y secretario de la Diputación Foral de Navarra entre 1917 y 1945. En el Tomo primero de la Legislación administrativa de Navarra, editado en 1917 y que era la doctrina oficial de la Diputación de Navarra escribió lo siguiente: “La promulgación de esta ley de 1841 es, sin duda alguna, uno de los hechos más funestos de la historia de Navarra. Lo que no pudieron conseguir los pueblos más poderosos del mundo en el curso de los siglos, lo hicieron las Cortes españolas mediante dicha fatal disposición, o sea, privar a Navarra de la independencia que, desde los tiempos a que alcanza la memoria de los hombres, había disfrutado. En su virtud, perdió Navarra su personalidad como Estado o reino independiente, quedando convertida en una provincia española”. En el siglo XIX a Navarra no se le permitió continuar con el desarrollo del constitucionalismo propio de derechos políticos y libertades individuales. No tuvo la oportunidad de continuar en la vía de existir como estado moderno, como propuso el último síndico de las Cortes de Navarra, Ángel Sagaseta. Desde la teoría política, la filosofía del derecho y la historia constitucional, Navarra ya poseía la plataforma material preexistente y necesaria para convertirse en una nación política en el sentido moderno. Ya que la nación política se constituye sobre una estructura administrativa y territorial ya existente del Antiguo Régimen, a Navarra la Constitución española de Cádiz de 1812 no le permitió hacer esa evolución.

Por todo ello y por justicia histórica, Foro Elkartu solicitó en sede parlamentaria la derogación de estas antiguas leyes vigentes que limitan el autogobierno y la soberanía plena de Navarra. También reclamamos que estas derogaciones deberían conllevar, asimismo, la derogación e invalidez de la LORAFNA de 1982 por ser continuadora de las anteriores leyes señaladas.

Como superación efectiva de la legislación vigente, propusimos un cambio de estatus jurídico-político que asegure todos los derechos de la ciudadanía navarra. Activar un proceso constituyente democrático de carácter fundacional, mediante el cual se cree un nuevo ordenamiento jurídico político y se dote a Navarra de personalidad estatal soberana. Poseer en la actualidad instituciones jurídico políticas que, con absoluta certeza, supongan una soberanía plena. Dar los pasos jurídicos y constitutivos necesarios para afrontar el futuro con garantías de eficacia, justicia, libertad y convivencia.


https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/cartas-al-director/2026/06/04/soberania-plena-navarra-debate-parlamento-11153441.html

2026/05/29

Las dos caras de la misma moneda

 

Las dos caras de la misma moneda

Iñigo Saldise Alda

La nueva equipación del Athletic Club ha levantado las iras de los agentes colonizadores de la Navarra reducida y residual. Todo ello es debido a que en su camiseta se han atrevido a poner no solo la ikurriña, bandera diseñada por los hermanos Arana originalmente para Bizkaia y que hoy día es la insignia oficial de la Comunidad Autónoma Vasca, sino que esta está, para más inri, en el interior de un mapa de Euskal Herria, el de las “siete” provincias vascas, donde como es culturalmente lógico y correcto se incluye a la Comunidad Foral de Navarra, siendo ambas cosas una gran afrenta al imperial colonialismo nacionalista español que padecemos especialmente en las cinco merindades, Tutera, Erriberri, Lizarra, Zangoza eta Iruñea, teniendo como punta de lanza antivasca a un navurrismo político, gran defensor este del imperio español y de sus continuadas políticas colonizadoras, el cual es además innegablemente racista contra el pueblo cuya lengua es el euskara o lingua navarrorum y que a ciencia cierta fue el fundador del Estado de Nabarra.

El término Euskal Herria se tiene constancia escrita ya en el siglo XVI, siendo Juan Pérez de Lazarraga en un manuscrito escrito entre los años 1564 y 1567, el primero en dejarlo por escrito de la siguiente manera eusquel erriau. Posteriormente, concretamente en el año 1571, fue Joanes Leizarraga quien acuño el término Heuscal herrian en la traducción del nuevo testamento al euskara, realizada ésta faena por mandato de la reina Juana III de Nabarra. Es más que probable que la utilización de éste término sea muy anterior al siglo XVI, eso si, con las consiguientes variantes acordes a los distintos dialectos de la lengua vasca, término lingüístico este que servía para agrupar a las gentes de un mismo pueblo, con lengua propia a pesar de sus variantes y asentado en un territorio dividido políticamente por culpa de las ilegales invasiones militares, realizadas por otras gentes.

Volviendo a la camiseta del Athletic Club, como ya he mencionado el mapa de Euskal Herria está formado por las “siete” provincias vascas, las cuales, tras la perdida del referente Estatal propio, Nabarra, dieron paso a nuevos planteamientos libertarios nacidos y emanados en el pueblo vasco ya en el siglo XIX. Sirvan de ejemplo el paradigma de Dominique Joseph Garat, que en el año 1811 llegó a pregonar la formación de un "Estado Nacional Vasco" sometido, eso si, al mandato del emperador francés Napoleón Bonaparte, donde se incluirían los “siete” territorios históricos vascos, bueno, mejor dicho seis, ya que Garat mantuvo unidas sobre el papel a la Baja y Alta Nabarra. Hay que destacar, que dicho Estado vasco tendría una bandera colorada y su escudo sería el de Nabarra, pero llevando el extraño nombre de Nueva Fenicia.

Este planteamiento político en materia territorial, va cogiendo adeptos tras la aparición del diseño cultural conocido como Zazpiak bat. Este lema salió concretamente de la pluma de Antoine d’Abbadia quien junto a Agustin Xaho, realizaron en el año 1836 la gramática publicada y dedicada a Zazpi Uskal-Herrietako Uskalduner, donde apareció plasmada dicha expresión. Dos años más tarde, Agustin Xaho presentó su novela romántica, Viaje a Navarra durante la insurrección de los vascos, donde nos ofrece una visión nacional del País, muy similar en materia territorial, por no decir igual, a la realizada pocos años antes por Garat y ya con las divisiones recogidas en el Zapiak bat de Antoine d’Abbadia, pero con una misma nacionalidad política global para los “siete” territorios históricos vascos, entorno aún refrente político-histórico todavía existente en la época, pero todo hay que decirlo, más con carácter autónomo que soberano, el Reino de Navarra formado solo por el territorio residual de las cinco merindades del sur del Pirineo o Alta Navarra.

A finales del siglo XIX las ideas territoriales recogidas por Garat y Xaho principalmente, sirvieron a los creadores de la bella ikurriña Luís y Sabino Arana, para definir su política territorial final. Esto está encuadrado dentro de su paradigma aranista o bizkaitarra y que da origen al denominado nacionalismo vasco. Dicha territorialidad fue para un independiente Estado de los vascos, al cual llamaron Euzkadi (Euskadi). Inicialmente el término Euskal Herria se mantuvo como algo lingüístico, cultural, incluso dentro del nacionalismo vasco, hasta ya la llamada transición española, que es cuando paulatinamente va cogiendo carácter político par nombrar al Estado de los vascos, término modificado de cultural a político por la izquierda abertzale; en ambos, la utilización política de los términos Euskadi y Euskal Herria, es un claro menoscabo del que realmente ha sido el Estado político-histórico de los vascos, Nabarra.

Pero algunos defensores de esta opción en materia político-territorial, basada más en lengua y cultura que en la historia política real, y siempre intentado buscar alguna legitimidad histórica para este esbozo geofísico o nacional, nos hablan de un trabajo realizado por Pedro Agerre Azpilkueta, al cual conocemos con el sobrenombre de Axular. Cuando este clérigo católico ya residía en la localidad de Sara, lugar donde creó una tertulia para debatir sobre los problemas religiosos existentes en aquella época y la ventaja de utilizar la lengua vasca para la reconversión de los cristianos protestantes mediante misales adecuados. En ese contexto, concretamente en el año 1643, escribió en el dialecto labortano-nabarro su obra Guero, donde aparece el siguiente párrafo:

"Badaquit halaber ecin heda naitequeyela euscarazco minçatce molde guztietara. Ceren anhitz moldez eta differentqui minçatcen baitira euscal herrian, Naffarroa garayan, Naffarroa beherean, Çuberoan, Lappurdin, Bizcayan, Guipuzcoan, Alabaherrian eta bertce anhitz leccutan". (Sé asimismo que no puedo extenderme a todas las formas del euskara. Ya que de muchas maneras y diferentemente se habla en el pueblo vasco, en la Alta Nabarra, la Baja Nabarra, Zuberoa, Lapurdi, Bizkaia, Gipuzkoa, Álava y en otros muchos sitios.)

Con esta frase, los defensores del término Euskal Herria y la territorialidad de las “siete” provincias históricas vascas, les es más que clara la unidad recogida a través del euskara, pero en cambio no nos suelen mencionar la coletilla final de Axular, que nos habla de otros muchos sitios. En algunas charlas se han aventurado a afirmar que dichos otros muchos sitios, son indudablemente la Rioja-Errioxa, Alto Aragón-Goi Aragoia, Bearne-Biarno,… que en su día fueron parte territorial del Reino o Estado de Nabarra y de ahí que todavía en el siglo XVII se hablara euskara o lingua navarrorum.

Pero tal vez la más significativa, ciertamente en materia política, que pudo incluso influir en un planteamiento político territorial posterior realizado por Serafín Olave en el año 1883, el cual lo encuadró dentro de la redacción de las bases Constitucionales para la República de Nabarra, sea el que realizaron los beaumonteses de la ciudad de Iruñea en el año 1540, ante la posibilidad de un matrimonio concertado entre la princesa de Viana Juana de Albret y el príncipe de Asturias Felipe de Habsburgo, lo que les hacía ver viable el poder alcanzar de nuevo la libertad a través de la recuperación de la plena soberanía nabarra. Estos beaumonteses, que como es sabido habían colaborado conscientemente con los invasores españoles en el año 1512, todo hay que decirlo, y que ni siquiera llevaban sufriendo la ocupación española treinta años, tiempo al parecer más que suficiente para comprobar la tortuosa imposición militar y colonial española, y ante la eventualidad de ese contrato matrimonial, enviaron un memorandum al rey Enrique II de Nabarra, el Sangüesino, invitándole a reclamar todo el territorio perteneciente al Reino de Nabarra que recordaban y que ya estaba ocupado por los españoles, donde nos indican con claridad, al menos, otro territorio histórico, una comarca vascona o provincia vasca:

Quanto a lo que pertenesce a V. Alteza, según lo que solía extender este Reyno antiguamente como es pública voz y fama que era señor de Guipúzcoa, Vizcaya y Alaba y mucha parte de Rioja, hasta el holmo de Burgos; como por la sepultura que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parescen las armas de Navarra; anssí como en Logroño y en otros lugares y de poco acá se han borrado.(…)”

Así pues, podemos afirmar sin miedo al equívoco, que las caras de nuestra moneda son por un lado Euskal Herria, en terminología geográfica, lingüística y cultural, mientras que por el otro lado es Nabarra, en terminología geográfica, histórica y política. Por ello, dicho lo presente, no estaría de más que tanto el Athletic Club como el resto de equipos de fútbol vascos, entre los que incluyo por supuesto a mi amado Club Atlético Osasuna, no solo incluyan en sus camisetas el mapa de Euskal Herria de los “siete” territorios históricos vascos con la ikurriña, sino que añadan también un mapa de la Nabarra osoa, Nabarra plena, con la bandera roja con carbunclo de oro en ella.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/las-dos-caras-de-la-misma-moneda


2026/05/26

Revolución comunera y el Reino de Nabarra

Si la revolución comunera de 1521 hubiera triunfado, seguramente, el reino de navarra no se habría conquistado. Una hipótesis histórica

Periko Moreno

En este artículo desarrollaré una hipótesis apoyada en un conjunto de hechos históricos que ocurrieron en la Península Ibérica allá por el año 1521. Un aspecto a tener muy en cuenta antes de continuar, es que una cosa es el relato contado y otra la Historia acontecida. Navarra no se anexionó a Castilla voluntariamente como nos cuentan algunos historiadores, pero tampoco, la conquista del Reino de Navarra fue una campaña acometida, en exclusiva, a manos de los castellanos, sino un suceso Histórico en el que se vieron implicados varios actores por diferentes motivaciones. El ejército imperial que derrotó a las tropas franco-navarras en Noain estaba compuesto por aragoneses, castellanos o tropas europeas, pero también, por vascongados y navarros del bando beamontés. Dicho esto, lo que intenta defender este escrito es que la derrota de los comuneros de Castilla a manos del bando imperial de Carlos I, pudo ser un punto determinante para entender el porqué de la conquista definitiva de la Alta Navarra en el año 1521.

Para quien no lo sepa, los comuneros de Castilla fueron, seguramente, los representantes de la primera protorrevolución social acaecida en Europa. Dos siglos antes de la renombrada «Revolución» Francesa, en Castilla, se produjo un hito histórico muy poco dimensionado que pudo suponer no solo la independencia de Navarra, sino el fin del Imperio español o la consolidación de una república confederal de ciudades libres en Castilla.

Los comuneros de Castilla tenían una serie de proclamas profundamente vinculadas con el comunal, la descentralización política, la democracia concejil o la soberanía de Castilla. Estos revolucionarios castellanos perseguían el respeto de los fueros castellanos, un mayor poder de las ciudades en la toma de decisiones, que el dinero que se generaba en Castilla no se invirtiera en gestas imperiales o, que la soberanía política de Castilla residiera en Castilla, que no, en nobles flamencos llegados al país por orden de Carlos I. Otro aspecto fundamental para entender la Revolución de los Comuneros de Castilla, tiene que ver con el ámbito de la economía y es que, los comuneros querían que la lana castellana −de oveja merina− se manufacturara en Castilla y no en Flandes. Mandar la lana a Flandes suponía una pérdida de riqueza terrible para la economía castellana, así como enriquecer a una minoría de privilegiados castellanos y a los amigos flamencos de Carlos I. Este hecho deja clara una evidencia: una cosa son los reinos y sus privilegiados, y otra, la comunidad popular castellana y su cultura.

Desgraciadamente y pese a la noble causa comunera, los Comuneros fracasaron en su lucha y tras la derrota de Villalar del 23 de abril de 1521, los principales líderes comuneros −Padilla, Bravo y Maldonado− fueron ejecutados y la revolución comunera se fue apagando progresivamente, pese a los intentos de María Pacheco de mantener viva la llama del fuego comunero. La «Leona de Castilla» logró resistir en Toledo durante varios meses, hasta que en el año 1522 no le quedó más remedio que huir a Portugal −nunca regresaría, ni el Imperio español le perdonaría su afrenta−. Un dato que pone sobre la mesa la evidencia histórica de que los comuneros podrían haber cambiado el rumbo de la Historia y, particularmente, de la Historia de Navarra, es que en muchos de los prisioneros comuneros, y así lo atestiguan las fuentes históricas, fueron enrolados forzosamente u obligados a luchar bajo coacciones en la conquista final de Navarra del año 1521.

Una conquista de la Alta Navarra que comenzó en el año 1512 y que se vio precedida de una Guerra Civil y dinástica. Lo que provocó que el bando de los beamonteses apoyasen a Fernando de II de Aragón en su conquista de Navarra, es decir, la Corona castellano-aragonesa contó con ayuda interna para llevar a cabo sus planes de ocupación. La conquista no fue ipso facto y pese a que los invasores lograron ocupar casi la totalidad del reino, fueron varios los intentos de reconquista por parte de la dinastía Albret, siendo el del año de 1521 el más exitoso. En este año, Enrique de Navarra y la alianza franco-navarra, consiguieron recuperar casi la totalidad del reino. Es importante recordar que en esta misma época y como ya he relatado, Castilla se encontraba en plena Guerra Civil, por lo que la ofensiva franco-navarra pudo haberse visto fuertemente reforzada por una hipotética derrota imperial en Castilla.

Tras la Batalla de Noain y la rendición de las tropas franco-navarras ante el ejército español el 30 de junio de 1521, el futuro de Navarra quedó a los pies del Imperio. Eso sí, son dos fechas las que tenemos que tener en cuenta con posterioridad a 1521 que marcan la resistencia de la Alta Navarra frente a la conquista imperial. Una de ellas, coincide con la derrota definitiva comunera; en el año 1522 y tras una fiera resistencia cae el bando navarro en el castillo de Amaiur; una derrota que podemos considerar en el plano simbólico como el revés definitivo al viejo reino, eso sí, en el terreno práctico, no fue hasta el año 1524 cuando un gran ejército imperial dirigido por Íñigo Fernández de Velasco, puso fin al dominio franco-navarro de la ciudad de Hondarribia. La Historia es caprichosa y a veces cruel, pero así es la Historia, esos franceses que en 1524 apoyaban a los navarros y a la restauración del Reino de Navarra al sur de los Pirineos −por sus propios intereses estratégicos−, fueron los mismos que en el año 1620 con el Edicto de Unión dictado por Luis XIII, pusieron fin a la independencia de la Baja Navarra.

El imperialismo español o que es lo mismo: el nacionalismo español, siempre ha pretendido ocultar a los comuneros de Castilla al suponer un escollo en su relato y es que Castilla, pese a que muchos la conciben como el «corazón de la bestia», pudo ser también, el pueblo que hubiese puesto fin al Imperio con el triunfo comunero. Un Imperio español que en este siglo XVI se estaba consolidando y que se encontraba inmerso en otros conflictos como el de las Germanías −en el Reino de Valencia− o sumido en una creciente rivalidad con Francia, lo que llevó a los franceses a apoyar la causa navarra. Fue la victoria de Carlos I, en todos estos frentes, lo que permitió la consolidación del Imperio español.

Pero... volvamos a los comuneros, más adelante y ya en el siglo XIX, los liberales españoles malinterpretaron la lucha comunera y fabricaron un amorfismo histórico que estaba a años luz de la causa comunera. La realidad es muy contraria a la lectura liberal, ya que si en este siglo XIX nos ponemos a buscar algún movimiento político que se asemeje a la lucha comunera, este no es otro que el que representó el primer carlismo; tanto el carlismo como los comuneros defendían la necesidad de preservar los fueros y de ejecutar una acción política basada en la descentralización y en el comunal. Pese a la historiografía oficial, que vincula el carlismo con el absolutismo en Euskal Herria, una lectura alternativa de la Historia defiende que fue la conquista de Navarra siglos atrás, lo que explicaría el arraigo del carlismo en Nafarroa y el resto de territorios vascos.

En definitiva, aquellos castellanos del XVI que lucharon contra el Imperio español de la mano del bando comunero, representaron tanto en el plano teórico −por lo que demandaban− como en el plano práctico −por lo que pudo suponer su victoria para los navarros−, el mayor aliado con el que pudo haber contado el Reino de Navarra para preservar su independencia.

Desafortunadamente, más de 500 años después Navarra sigue estando sometida por el Imperio. Ahora bien, como castellano de nacimiento y vasconavarro de corazón y ciudadanía, no me queda otra que rememorar que lo más digno que tuvo Castilla, la gesta comunera, pudo haber salvado no solo a Navarra de la tiranía española, sino también, a sí misma del yugo imperial. Para finalizar, algo que no podemos olvidar tanto los de aquí, como los de allí −allende el Ebro−, es que desde 1521 Castilla no se ha vuelto a levantar en manos de Rey bastardo o de regente falaz.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/si-la-revolucion-comunera-de-1521-hubiera-triunfado-seguramente-el-reino-de-navarra-no-se-habria-conquistado

Las Guerras Carlistas (1833–1876)

 

Las Guerras Carlistas (1833–1876)

Nestor Lertxundi Beñaran

Las tres guerras carlistas tuvieron sus principales teatros de operaciones en:

Nabarra (Burgos, La Rioja, País Vasco, Aragón...).

Catalunya (Valencia...).

Maestrazgo (Castellón-Teruel)

El núcleo más sólido y continuo del carlismo fue claramente Nabarra y la actual Euskadi, despojadas del derecho propio para inocularse en el derecho ajeno.

¿Por qué allí?

No fue casual:

Defensa de los fueros frente al liberalismo centralizador.

Sociedad rural tradicional con fuerte arraigo religioso.

Estructuras forales que daban cohesión política.

Geografía montañosa favorable a la guerra irregular.

¿Murieron sobre todo nabarros y catalanes?

En la Primera Guerra Carlista (1833-1840), el mayor número de combates y bajas se concentró en Nabarra y esto incluye a Euskadi.

La Segunda Guerra Carlista (1846-1849) fue casi exclusivamente catalana.

La Tercera Guerra Carlista (1872-1876) volvió a tener su epicentro en Nabarra y Euskadi, con foco también en Catalunya.

Eso significa que una proporción altísima de muertos fueron nabarros, del este (alta nabarra) y Oeste (vascos) y catalanes, tanto carlistas como liberales.

Pero también hubo muertos en:

Castilla

Aragón

Valencia

Andalucía (menos, pero hubo participación)

El caso nabarro

En la alta Nabarra la guerra no fue solo un frente más: fue prácticamente una guerra civil interna permanente durante décadas, porque la sociedad estaba dividida.

Catalunya

En Catalunya la implicación fue también intensa, especialmente en la segunda guerra (la «Guerra dels Matiners»), casi totalmente catalana.

Las guerras carlistas se libraron principalmente en la tierra de la Nabarra ocupada, esto incluye a Euskadi y en Catalunya, y la mayor parte de las bajas civiles y militares se produjeron allí.

Fueron guerras «contra» Nabarra (Rioja, Aragón y Barcelona, Valencia...).

Fueron guerras sobre el modelo de Estado (absolutismo/tradicionalismo vs. liberalismo centralizador), que prendieron con especial fuerza en territorios con identidad política propia.

Hay un patrón interesante

Cuando el Estado liberal quiso homogeneizar:

Se suprimieron fueros (tras 1876).

Se impuso legislación común.

Se reforzó la centralización fiscal y militar.

Y casualmente, los territorios con mayor tradición institucional propia fueron los que más resistieron y más sangre se derramó.

Eso no es casualidad histórica.

¿Fueron las guerras carlistas una guerra de soberanía foral encubierta?

El detonante oficial: la sucesión.

Todo empieza por la muerte de Fernando VII en 1833 y el conflicto entre:

Isabel II (liberales).

Carlos María Isidro (tradicionalistas).

Formalmente, es una guerra dinástica.

Pero eso es solo la superficie.

El verdadero choque: modelo de Estado.

Detrás había dos proyectos incompatibles:

Proyecto liberal:

Estado centralizado.

Igualdad jurídica.

Supresión progresiva de fueros.

Fiscalidad y ejército unificados.

Proyecto carlista:

Monarquía tradicional.

Defensa de fueros.

Iglesia vaticanista fuerte.

y una estructura territorial histórica.

¿Por qué Nabarra fue el corazón del conflicto?

Nabarra no era una provincia más:

Tenía sistema fiscal propio.

Cortes históricas.

Régimen jurídico diferenciado.

Exención de quintas (servicio militar).

Para el liberalismo, eso era un obstáculo estructural.

Por eso la guerra prendió ahí con intensidad.

¿Era carlismo = soberanía nabarra?

Aquí viene el punto delicado.

El carlismo:

Defendía los fueros.

Pero no defendía la independencia de Nabarra.

Defendía una monarquía hispánica tradicional y compuesta.

No era un proyecto nacional nabarro moderno.

Era un proyecto de España foral y tradicional, no de ruptura.

El resultado final.

Tras la Tercera Guerra Carlista:

Ley de 1876: abolición foral en Euskadi.

Nabarra ya había sido transformada por la Ley Paccionada de 1841.

Se consolida el Estado centralizado.

El proceso terminó desactivando la soberanía política efectiva que había sobrevivido tras 1512.

Entonces, ¿qué fue realmente?

Las carlistadas fueron:

Guerra dinástica en la forma.

Guerra civil ideológica en el fondo.

Y en Nabarra/Euskadi/Catalunya, también guerra por la preservación de estructuras propias.

Pero no fueron un movimiento nacional moderno.

Si lo formulamos de forma rigurosa:

Las guerras carlistas no fueron guerras de independencia, pero sí fueron el último gran intento armado de frenar la absorción completa de los territorios forales en el Estado liberal centralizado.

¿Fue la derrota carlista el momento en que desaparece definitivamente la soberanía nabarra real, más que en 1512?

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/las-guerras-carlistas-1833-1876

Las cadenas de las Navas de Tolosa

Las cadenas de las Navas de Tolosa

Iñigo Saldise Alda

En el año 1454, el príncipe de Viana Carlos de Trastamara y Évreux, finalizó su obra titulada Crónica de los Reyes de Navarra, donde nos dice lo siguiente en el título de uno de sus capítulos: “El qual narra como, por la gracia de nuestro Señor, los reyes cristianos vencieron la batailla de Ubeda, e como el rey D. Sancho, por su grant virtut e fuerza, ganó por armas el cadenado, el qual asento sobre las ariestas” y dentro del mencionado capítulo nos dice esto: “(…) E el rey de Navarra tomo el dicho cadenado de los camellos , e de las tiendas e conquistó las cadenas por armas, e asentolas sobre las ariestas con un punto de sinople”. Esta es la primera vez, al menos dentro del Estado de Nabarra, donde se afirmó que las cadenas de la batalla de las Navas de Tolosa o también reconocida como la batalla de Úbeda, fueron puestas las cadenas en el escudo de Nabarra por Sancho VII el Fuerte.

La hipótesis más extendida en Nabarra del origen de la leyenda de la Navas de Tolosa y el blasón de Nabarra, es la que el príncipe de Viana se inspiró en dos escritos. Uno es la descripción del escudo de Iruñea-Pamplona que aparece en el Privilegio de la Unión del año 1423 hecho por Carlos III el Noble y que dice: “(…) et al derredor del dicho pendon aura un renc de nuestras armas de Nauarra, de que el campo sera de gueulas et la cadena que yra al derredor de oro (…)”. Y también en la Chronica de los Reyes de Nabarra del año 1397 realizada ésta por el obispo de Baiona-Bayonne fray García de Eugui. En ella las cadenas son nombradas de la siguiente manera: “(...) Este rey don Sancho ganó allí las cadenas et tiendas que son oy en Nabarra et mucho mas”.

Además hay quien afirma que en el entorno cortesano de Carlos III de Nabarra entorno al año 1400, ya se empezó a hablar de las armas nabarras como “cadenas doradas” en campo rojo. Esto puede ser debido a la afición bajomedieval a vincular el origen de las armerías con hechos memorables. Tal vez ésta hipótesis sea cierta, pero hay que tener presente que en ningún caso supuso la eliminación del carbunclo cerrado y pomelado, a la par de su reemplazo por las cadenas en el escudo nabarro, ya que lo podemos encontrar dibujado, el carbunclo, en dos importantes trabajos posteriores, el Libro de Armería del Reino de Nabarra copia rehecha en el año 1572, y en Abrege de l’histoire du Royaume de Navarre. Contenant de Roy en Roy. Ce qui est advenu de remarcabee des son origine, avec leurs armoiries del año 1605.

Por otro lado, si encontramos las nombradas cadenas de las Navas de Tolosa dibujadas a modo de alquerque, juego medieval de mesa similar al tres en raya, en el Armorial Héraut Berry coetáneo del príncipe de Viana, ya que fue finalizando en el año 1454. En él encontramos el escudo de un monarca nabarro, concretamente el blasón de rey consorte Felipe III de Nabarra (1328-1343), que es un cuartelado en cruz de las armas de Évreux y de Nabarra aquí con las cadenas dibujadas. El autor de ese trabajo fue el francés Gilles de Bouvier, rey de armas del Reino de France. Se sabe que visitó distintos condados franceses como el de Évreux, donde al parecer no reparó en los escudos del Estado de Nabarra que hay en diversas vidrieras en la catedral de Notre-Dame d'Évreux. Por otro lado no hay constancia alguna de que visitara el Reino de Nabarra. Pero si se sabe que visitó el Reino de Aragón y el Reino de Castilla y León, lugar este último donde coincidió con el heraldista castellano-leonés Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga. Éste último contaba con antepasados de ambas casas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa.

Bien, al tema. A finales del año 1439 o quizás a comienzos del año 1440, éste personaje viajó junto al marqués de Santillana, al señor de Haro y al obispo de Burgos a la ciudad de Logroño, recibiendo allí a una embajada del Reino de Nabarra. Dicha comitiva estaba encabezada por la propia reina nabarra Blanca de Évreux y Trastamara, su hija Blanca de Trastamara y Évreux, prometida al príncipe castellano-leonés Juan de Asturias, además de un joven príncipe de Viana, con el cual, el noble castellano-leonés coincidió en varias ocasiones antes de que el príncipe regresara al Reino de Nabarra. Tal vez entonces, estos dos jóvenes hablaron, debatieron o quizás discutieron sobre el escudo de Nabarra por primera vez.

Posteriormente el noble castellano-leonés formó parte de la Corte itinerante del rey consorte de Nabarra Juan de Trastamara y Alburquerque, mientras éste permaneció resolviendo asuntos personales en tierras del Reino de Castilla y León. Acompañó más tarde al ya rey viudo y usurpador de Nabarra al Reino de Aragón, siendo además un de los carceleros del príncipe de Viana, con el cual indudablemente habló, debatió o discutió incluso, sobre cuales son las armas del escudo del Estado de Nabarra.

A lo largo de su vida escribió, entre otras cosas, un libro de armería titulado Libro de los linajes más prinçipales de Hespaña, realizado sobre el año 1450, donde se utiliza por primera vez la ruptura de las cadenas de Las Navas de Tolosa, para describir al escudo del Reino de Nabarra: “(…) escudo es colorado con unas cadenas amaryllas hechas como a manera d’alquerque, con un esmalte verde en medyo. Y esto por tanto porqu’el rrey don Sancho de Navarra, que dixeron el Magno, fue con el rrey don Alonso de Castilla en la batalla de las Navas de Tolossa, do el Myramamolyn estava en un canpo çercado de aquéllas cadennas muy fuertes, las quales tenían a los cuellos treynta mill moros negros soterrados en la tierra hasta las çintas, y sendas lanças largas en las manos. Y por la una parte vyno aquel rrey de Navarra y quebrantó las cadenas y de allý adelante las tomó por armas.”

Por ello me atrevo a plantear la hipótesis de que fue el noble castellano-leonés Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga el creador o quizás, mejor dicho, el potenciador de la idea de la histórica leyenda de la ruptura de las cadenas de la Navas de Tolosa por parte del rey nabarro Sancho VII; eso si, tal vez solo en lo que se refiere a la supuesta inclusión de las mismas en las armas del escudo de Nabarra, influyendo de forma palpable en el heraldista francés Gilles de Bouvier y también, probablemente, en el príncipe nabarro Carlos de Viana.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/las-cadenas-de-las-navas-de-tolosa

https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/05/30/cadenas-navas-tolosa-11134635.html



2026/04/29

Origen del escudo de Nabarra

 


Origen del escudo de Nabarra

Iñigo Saldise Alda

Las primeros escudos heráldicos, nobiliarios o si se prefiere de armas, tienen sus inicios en el siglo XII, concretamente entorno a los años 1120 y 1140. En ellos los reyes y también señores o nobles buscaron colorear los escudos para diferenciarse con ello del resto. Los escudos llevaban incorporados blocas y/o refuerzos de metal, que protegían la superficie exterior del escudo ante los golpes de lanzas, espadas, mazas y hachas, con la única función de que los escudos no se descompusieran, ya que los escudos medievales no estaban fabricados inicialmente con metal, sino que eran elaborados con listones de madera que las blocas aseguraban. Por ello, son las armas más antiguas aquellas que son plenas al poseer solo un color.

Tan habituales era las blocas en los escudos medievales, que estas han sido el mecanismo que ha determinado los posteriores fraccionamientos que hoy podemos apreciar en los escudos o blasones. Concretamente, las primeras armas de Nabarra son de gules o rojo pleno y datan de tiempos de Sancho VI el Sabio (1150-1194). Las armas de Nabarra solían representarse con blocas superpuestas, estando las blocas formadas por ocho brazos flordelisados con el carbunclo en el centro, de manera que contribuían a reforzar el escudo rojo de Nabarra. Así está detallado en uno de los relieves situados junto a la portada de la iglesia de San Miguel Arcángel en Lizarra-Estella. Estas representaciones no son consideradas, por la mayoría de los heraldistas nabarros y del resto del mundo, específicas para las armas de Nabarra, ya que las blocas no son muebles heráldicos sino, como hemos dicho, son refuerzos del escudo; pero también debemos saber que aparece así en la Biblia ilustrada editada en el año 1197 tras petición o mandato de Sancho VII el Fuerte (1194-1234).

Las armas personales que portó el sucesor nabarro de el Sabio, Sancho VII el Fuerte, era un águila de sable o negro en fondo de gules o rojo, si bien, algunos heraldistas españolas afirman que el fondo era de plata o blanco, mientras que posteriores interpretaciones realizadas desde el nacionalismo vasco de mediados del siglo XX, afirman que el águila de sable estaba sobre fondo de oro o amarillo.

Al acabar con este rey la dinastía vascona de la casa Jimena, el siguiente rey ya de la casa de Champaña, Teobaldo I el Trovador (1234-1253) buscó las armas más antiguas de Nabarra para diferenciarlas de las que poseía por sus condados de Champaña y Brie ante la petición de las Cortes nabarras. Por ello retrocedió hasta los tiempos de Sancho VI de Nabarra cogiendo sus armas, pero añadiéndoles lo que dilucidó como parte de las armerías, es decir, el carbunclo y las blocas sobre el escudo. Concretamente el carbunclo tomó forma de trébol de cuatro hojas, incluso en alguna otra representación tiene forma de flor de lis, y con las blocas, los ocho brazos o barretas, que perdieron sus flordelisados y se cerraron, algo que podemos admirar al contemplar los escudos de Nabarra grabados y posteriormente pintados en diversas columnas de la Catedral de Tutera-Tudela. Este y no otro, es el origen verdadero del escudo del Estado de Nabarra.

Conforme van transcurriendo los tiempos, el mismo rey o quizás alguno de sus sucesores de la misma casa nobiliaria, añadió los besantes o pomas en los brazos de una manera siempre homogénea y simétrica, algo que podemos observar en los escudos labrados en la fachada exterior del convento de Santo Domingo de Lizarra-Estella.

La representación heráldica de las cadenas ganadas en las Navas de Tolosa fue posterior a lo expuesto anteriormente, concretamente entorno a mediados del siglo XV,… pero esa ya es otra historia.


https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2026/04/20/origen-escudo-nabarra-10960376.html


https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/origen-del-escudo-de-nabarra



NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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