SOBERANÍA DE NAVARRA by Nabartzale bilduma. Este es el correo para escritos, artículos, comentarios y sugerencias. Los artículos, escritos y comentarios deben estar debidamente firmados por su autor o autora en formato Word. Solo se publicaran aquellos escritos que estén realizados desde la independencia y soberanía de su autor o autora siguiendo los criterios editoriales de los miembros de NABARRAKO BURUJABETASUN-SOBERANÍA DE NAVARRA. nabartzale@gmail.com

2009/03/17

Iruinea, marzo 2009



Iñigo Saldise Alda
El escudo del pueblo (y III)
Soberanía de Navarra

La defensa de los Fueros vasco-navarros a lo largo del siglo XIX, se vio reflejada en dos nuevas guerras carlistas. En el año 1875, el autoproclamado Carlos VII de España, jura los Fueros ante el árbol de Gernika, un juramento que no olvidará hasta el final de sus días. Un año después finalizará la III guerra carlista.

Nada más terminada la contienda, el presidente del consejo de ministros español, Cánovas del Castillo, citó a los representantes de las Diputaciones vascongadas. Cánovas estaba decidido a introducir, acogiéndose a lo dispuesto en el artículo II de la ley española del 39, las modificaciones necesarias para acomodar los Fueros a la “unidad constitucional” del reino de España.

Las posibilidades de alcanzar un acuerdo se disiparon pronto. Si la fe del proyecto político del ministro español estaba manifiesta por su incompatibilidad con la exclusión fiscal y militar de las provincias vascongadas, hizo que los representantes de las Diputaciones vascongadas no renunciaran a ninguno de los fundamentos del régimen foral, pero en las cortes españolas, los parlamentarios vascongados no encontraron ningún apoyo a sus reclamaciones y los Fueros vascongados fueron abolidos por la ley española del 21 de julio de 1876.

El siguiente objetivo español fue el de abolir el Fuero residual existente en el antiguo Reino de Navarra, que tras la imposición por parte española de la ley paccionada del año 1841, solamente consistía en algunos asuntos fiscales y administrativos, los cuales eran gestionados por la Diputación provincial de Navarra.

El ministro de hacienda español, Germán Gamazo, intentó mediante la ley de presupuestos españoles de los años 1893 y 1894, suprimir cualquier autonomía fiscal existente en la residual administración Foral de Navarra. Este proyecto de Gamazo desencadena un nuevo e intenso movimiento en defensa de estos Fueros residuales.

Una representación de la Diputación de Navarra, se presenta en Madrid y se entrevista con Gamazo el 14 de febrero de 1894. La reunión está cargada de tensión y el ministro español de Hacienda amenaza a los representantes navarros, con suprimir enteramente el régimen foral. Los diputados no transigen y regresan a Navarra como héroes, siendo recibidos en Castejón por una muchedumbre, cifrada en unas 50.000 personas y donde se encontraban bastantes vascongados, siendo los más destacados los futuros fundadores de EAJ-PNV-PNB, Sabino y Luís Arana.

Un posterior enfrentamiento del ministro español Gamazo, con el jefe del partido liberal español, Sagasta, lleva a la dimisión del primero. Su sucesor en el ministerio de Hacienda español es Amós Salvador, quien paraliza la puesta en marcha la reforma ideada por su antecesor, lo que beneficia en gran media a las tesis navarras, salvaguardándose con ello, los últimos residuos del Fuero navarro.

Tras la "Gamazada", dentro del movimiento popular vascón que se había creado en defensa de los Fueros, los navarros decidieron perpetuar la memoria de lo que había sucedido, con la intención de que fuera transmitida a las generaciones posteriores. Para ello se construyó el monumento a los Fueros en Iruñea, ante el Palacio de Navarra, el cual hoy, más de un siglo después de su construcción, sigue sin ser inaugurado por las instituciones residuales del antiguo reino de Navarra.

El monumento a los Fueros se construyó mediante suscripción popular, por lo que se admitieron donativos de entre 25 céntimos de peseta y 25 pesetas. El diseño seleccionado fue el realizado por el arquitecto de Iruñea, Manuel Martínez de Ubago, y las obras concluyeron en el año 1903.

En el año 1982, tras votar cuatro años antes contra una nueva constitución española, los navarros sufrimos un nuevo ataque a lo poco que nos quedaba de Fueros. Esta vez, disfrazado bajo el término de Amejoramiento, y sustentada por la constitución no aceptada en Navarra del año 1978 y la impuesta ley paccionada del año 1841, las condiciones fiscales han sido duramente empeoradas a la sociedad de la denominada actualmente Comunidad Foral de Navarra o Navarra Reducida, incrementándose cuantiosamente y paulatinamente, el pago del tributo al reino de España disfrazado bajo el nombre de cupo, mientras que el reino de España, proporcionalmente y raquíticamente, cada vez revierte menos dinero en el territorio de los que aún y de manera residual, se nos conoce como navarros y navarras.

2009/03/13

Iruinea, marzo 2009

Iñigo Saldise Alda
El escudo del pueblo (II)
Soberanía de Navarra

El Fuero General recopilado durante el reinado de Teobaldo I el Trovador, se basó substancialmente en los diferentes Fueros otorgados con anterioridad por diferentes reyes vascones, destacando principalmente la figura del rey navarro, Sancho VI el Sabio, quien otorgó Fueros tan importantes como el que aparece en el acta fundacional de la villa de Donostia, primer Fuero en derecho marítimo.

El Fuero navarro era realmente el fruto del pacto mantenido con lealtad y firmeza, entre la sociedad navarra y su legítimo gobernante, el cual ejercía el poder soberano del Estado y debía respetar las leyes propias del país de los vascones, solo realizándose mejoras al Fuero, para actualizarlo a las necesidades de la época, existentes en el pueblo navarro.

El Reino de Navarra ha sufrido numerosas invasiones a lo largo de su historia. La invasión castellana de 1076 realizada por el monarca Alfonso VI. Rápidamente el invasor castellano, tras presentarse junto a su ejército en Nájera y Calahorra jura el Fuero de cada lugar a continuación, para asentar la ocupación. A su vez, el caos existente en el Reino vascón tras el magnicidio de Sancho Garcés IV en Peñalen, facilitó la labor del invasor e instigador del magnicidio, todo hay que decirlo, quién compró a base de títulos nobiliarios a diferentes funcionarios navarros, aceptando el Fuero existente en cada comarca que supuestamente estos vascones defendían. El más significativo de estos tenentes desertores es Lope Iñiguez, cuya traición le valdría la concesión por parte castellana, del título de señor de Vizcaya.

Tras la invasión y el posterior asentamiento ocupación de la Alta Navarra por parte española, con tropas castellano-leonesas y aragonesas, los traidores a su patria, principalmente pertenecientes a la facción beaumontesa, intentan sin éxito total, que el rey español Fernando el Falsario, cumpla el Fuero, algo que desde el primer momento no logran ya los españoles imponen la figura del virrey, dándose el contrafuero al gobernar a los navarros un extranjero.

Los navarros del norte del Pirineo, que se mantienen soberanos hasta el año 1620, mantienen a duras penas sus leyes ante el poder del reino de Francia, pero no es hasta el año 1789, año de la revolución francesa, cuando el Fuero que les amparaba es eliminado por los revolucionarios franceses, en beneficio de la gran Francia.

Al sur, Vascongadas y la Alta Navarra, ésta última parte del territorio vascón que todavía mantenía la denominación de Reino de Navarra, logran mantener un Fuero similar muy mermado. Ante el intento por parte de los llamados liberales españoles de eliminar completamente el Fuero que aún les protegía en materia económica e incluso de quintas militares, los vascongados y navarros optan por el pretendiente al trono español Carlos María Isidro de los Dolores.

Como bien nos dice Mikel Sorauren en su obra Fueros y carlistada, la sociedad vasco-navarra no defendía la opción de Carlos, sino que se decantó por este pretendiente ante su juramento de defender los Fueros vasco-navarros e incluso, si nos atenemos a observadores internacionales de la época, una parte de los carlistas vasco-navarros eran partidarios de la independencia, la cual se sustentaría en la figura del general Tomás de Zumalakarregi como rey de Navarra y señor de Vizcaya, según recoge en su trabajo el erudito José María Azcona.

Tras el traicionero abrazo de Bergara del año 1839, que ponía fin a la I guerra carlista, se impone a los navarros en el año 1841, la mal llamada Ley Paccionada. En esta ley se aceptan todas las reformas políticas, institucionales, legislativas y judiciales que la monarquía liberal española, en detrimento de los Fueros vasco-navarros. La Alta Navarra dejó de ser oficialmente Reino y pasó a ser una de las 49 provincias españolas en que había dividido el reino español el ministro Javier de Burgos en 1833. Desaparece por tanto la figura del virrey, la institución de las Cortes de Navarra y se pierde la independencia legislativa y judicial.

Este proceso impositivo, fue abiertamente criticado por Ángel Sagaseta de Ilurdoz Garraza, último síndico de las Cortes, el cual sufrió el castigo, por parte española, al ser desterrado a Valencia. La imposición de las leyes españolas, en detrimento del Fuero navarro, supuso muchos cambios para la sociedad navarra. Se estableció el servicio militar obligatorio que produjo importantes y graves alborotos, las aduanas se trasladaron del Ebro a los Pirineos y se perdió la capacidad de emitir moneda propia. Sólo se mantuvieron algunos asuntos fiscales y administrativos siendo gestionados por la Diputación provincial.

2009/03/10

Iruinea, marzo 2009



Iñigo Saldise Alda
El escudo del pueblo (I)
Soberanía de Navarra

En el año 824, los vascones libres e independientes, a los cuales se les conocía con el término político de navarros, alzaron como rey sobre un escudo a uno de los suyos, de nombre Eneko Aritza. Este acto político está cargadazo de gran simbolismo, ya que la confianza puesta sobre el monarca, se sustentaba en la confianza del rey en aquellos que sujetaban el escudo, única manera de que el monarca se levantara sobre el resto.

Posteriormente, con la entrada de una dinastía extrajera, ajena y extraña a las costumbres de los navarros, concretamente la dinastía normanda de los Champaña, el pueblo navarro exigió a su nuevo monarca el cumplimiento de las leyes propia de los naturales del país, por lo que Teobaldo I el Trovador, se vio en la obligación de recopilar las costumbres navarras en el Fuero General. Éste trabajo se llevó a cabo por juristas anónimos, no solo del país, entre los años 1234 y 1253.

El texto definitivo del Fuero General del Estado de Navarra, en forma de Reino, se fija a principios del siglo XIV, y se recoge en doce capítulos. Consecutivamente, los reyes Felipe III en 1330 y Carlos III el Noble en 1418 aprobaron amejoramientos de estas leyes navarras o Fuero, siempre con la intención de mejorarlas y nunca realizando modificaciones para empeorarlas.

Por lo tanto, decir Fuero es personificar y reseñar a las leyes y costumbres civiles, políticas, administrativas y/o económicas del Estado propio navarro y más esencialmente al régimen jurídico existente durante siglos en el Reino de Navarra, siendo la base de las libertades del pueblo navarro, ante la autoridad del monarca o jefe del Estado de Navarra, viéndose éste supeditado al cumplimiento de las leyes del pueblo.

La Junta de Infanzones de Navarra, que normalmente se reunía en Obanos, se constituyó en tiempos de Sancho VII el Fuerte, quién la reconoció y amplió sus competencias hasta el campo de la justicia. La Junta se dedicó, en este periodo de nuestra historia, a ejercer las potestades civiles, políticas y jurídicas en sus más legítimas formas sociales, defendiendo el Derecho de identidad de Navarra y sus habitantes, ante las dinastías no propias del pueblo, como eran los Champaña y los Capeta.

Ésta Junta tiene más de 100 años de existencia y una rebelión activa contra la tiranía del poder real de más de 50 años, lo que avalan una voluntad de libertad, la cual solo mediante la utilización de la fuerza fue acallada y posteriormente silenciada. Lucharon por un autogobierno y buscaron alcanzar la propia soberanía navarra.

Los infanzones navarros, a diferencia de los grandes barones del Reino, contaban con un tribunal propio, alcanzando rentas que la corona, en manos ajenas al país, ambicionaba. Esta institución independiente y fuera del estamento oficial, precisamente por su malestar con la corona, se creo para defender sus intereses mutuos en contra de los atropellos de los ricos-hombres próximos al poder Real y contra los malhechores en general, que atormentaban al pueblo navarro.

La Junta de Infanzones de Navarra, tenía el derecho de emitir sentencias y ejecutar justicia, mientras que para Goñi Gaztambide, esta Junta es una de las primeras instituciones democráticas del mundo.

El rey Teobaldo I el Trovador, consideró a la Junta de Infanzones como subversiva y que usurpaba las funciones públicas. Teobaldo II el Joven, tuvo las mismas consideraciones y como bien nos señala Pello Esarte, durante estos reinados, la Junta fue perseguida con censura eclesiástica y reiteradas multas. A pesar de ello, los infanzones continuaron su trabajo en post de las libertades navarras, desde la clandestinidad.

Al comienzo de estas Juntas, todos sus miembros eran infanzones de la Alta Navarra, no contando constancia de la participación de la Merindad de Ultrapuertos hasta el año 1298. En los documentos de la reunión celebrada en Iruñea, de 23 de Agosto de ese año, aparecen representantes de Donibane Garazi, de Cize, Arberu, Oses y Baigorri, al igual que del Baztan, lo que demuestra que este movimiento se extendió por todo el Reino, a pesar de su persecución inicial de los primeros monarcas de la dinastía de Champaña

El 1 de Septiembre de 1307 tuvo lugar una reunión, todavía más amplia de la Junta. A esta se le unieron los prelados y nobles, junto a los diputados de las villas, para responder conjuntamente a cuatro cartas escritas en Toulouse por el rey de la dinastía Capeta, Luís I el Obstinado, demandándole ante su impertinencia, su inminente presencia en Iruñea, para jurar el Fuero de Navarra, si quería ser alzado sobre el escudo como rey de los navarros.

Con la entrada de la dinastía francesa de los Capeta, se incentivó aun más la lucha, siendo ésta más abierta contra el poder autoritario de unos monarcas afincados en el extranjero, concretamente en su trono francés, despreciando una y otra vez las leyes propias del Estado de los navarros.

La Junta de Infanzones de Navarra, nos dejó un gran lema en su escudo y sello: "Pro libertate patria gens libera state", que viene a decir lo siguiente: En pie los hombres libres, por la libertad de la patria.

2009/03/06

Mapa realizado por ENEKO DC

Os presento un más que interesante trabajo, que me ha enviado vía e-mail nuestro compatriota Eneko DC.


2009/03/03

Iruinea, marzo 2009

Iñigo Saldise Alda
Aprendemos de los errores, para no volver a repetirlos
Soberanía de Navarra

La historia mundial esta plagada de errores y más en material política, por lo tanto, nuestro pueblo, no está exento de haber cometido equivocaciones a lo largo y ancho de su historia general. Diferentes discrepancias, deserciones y traiciones durante varios siglos, es decir, en épocas distintas, facilitaron en gran medida la invasión y ocupación de la totalidad del Estado que crearon nuestros antepasados, los vascones, durante el primer cuarto del siglo IX.

La maquinaria imperial española y francesa, ha sabido aprovechar en toda su dimensión, los errores que en su momento se fueron dando, para conseguir aniquilar con cualquier residuo de autogobierno existente en las diferentes divisiones en la que se encuentra actualmente nuestro Estado, imponiendo su política, leyes y costumbres, ajenas a los herederos de aquellos vascones libres e independientes, a los cuales se les conocía como navarros.

Estos imperios, supuestamente democráticos, organizan cada cierto tiempo diferentes elecciones con las cuales buscan, una y otra vez, legitimar su conquista. Todas estas elecciones vienen amparadas por sus constituciones, en las cuales no se permite ni siquiera el derecho de autodeterminación, ni que decir tiene, menos aún el de independencia y aún mucho más impensable, es creer que se permita la recuperación de la soberanía para nuestro Estado.

Yo particularmente no dudo de la buena voluntad de aquellos vascos o de la totalidad de los navarros, que tenazmente intentan conseguir la subsistencia de la lingua navarrorum, intentando establecer una autonomía respecto a los imperios español o francés, incluso llegándose a plantear un referéndum independentista o participando o intentándolo, en unas elecciones ajenas a nuestro Estado, buscando posteriormente desde esas instituciones impuestas, conseguir recuperar la soberanía; pero por lo visto hasta ahora, creo que esos esfuerzos son realmente inútiles, si nuestro objetivo esencial es liberarnos de la tiranía española y francesa.

Así, los navarros tenemos que repasar, una y otra vez, todos los errores que hemos cometido hasta el día de hoy. Debemos tenerlos presentes en cada movimiento estratégico encaminado en la recuperación de la soberanía para nuestro Estado. Para ello, debemos recordar, en primer lugar, cual era el nombre de nuestro Estado a lo largo de su larga existencia en los mapas políticos de Europa y por ende, del Mundo.

Debemos desechar planteamientos políticos erróneos en materia Estatal y olvidarnos de nombres inventados para algo que ya lo tiene. Una vez reconocido por todos nosotros dicho nombre, que no es otro más que Navarra, tenemos que mirar cual era la estructura política con la que se organizaba dicho Estado, que no era otra más que la de Reino.

Yo no vacilo ni un segundo en dar la razón a aquellos políticos y pensadores de los siglos pasados, que plantearon como mejor estructura estatal al sistema republicano. Es más, yo también lo considero el más apropiado, pero de cara a nuestra legítima reivindicación -recuperar la soberanía de Navarra- debemos pensar en recuperar aquel Reino, al cual, el soberano navarro nunca renunció.

Este último pensamiento me ha llevado a mantener conversaciones con la Casa Real de Navarra, dándome a conocer desde la misma, la existencia de una demanda internacional al comité de descolonización de la Organización de las Naciones Unidas, presentada por parte del titular de la Corona, D. Pierres II, la cual será resuelta en el próximo año 2010.

Igualmente la Casa Real de Navarra me ha mostrado su disposición de trabajar estrechamente con los diferentes agentes políticos, sindicales y culturales en la formación de un gobierno provisional, sin siglas de partidos políticos que se presenten en elecciones del reino de España y/o de la república de Francia, hasta alcanzar la soberanía plena del Estado de Navarra.

Muchos podréis pensar, que esta “nueva” vía con la cual recuperar la soberanía, significará la vuelta de un rey para los navarros. Nada más distante de la realidad es ese pensamiento, ya que la Casa Real de Navarra, con el titular a la cabeza, entregaría inmediatamente la soberanía al pueblo navarro, como recuerdo ancestral al Fuero que amparó a los navarros ante la autoridad del monarca.


Imagen cedida por Jaime Albillos de Donostia, Nabarra Marítima.

2009/02/27

Iruinea, febrero 2009

Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO I

Tercera parte
Recuperación, testamento, injerencia y división
Soberanía de Navarra

"Seamos realistas y hagamos lo imposible." Ernesto Che Guevara

Pedro I de Pamplona y Aragón es proclamado rey por los navarros en el mismo sitio de Huesca, donde cayó muerto Sancho V Ramírez y dos años después, las tropas navarras que él capitaneaba liberaron la ciudad vascona del poder musulmán. A su muerte se habían recuperado diferentes plazas a los musulmanes, entre las que se encontraban Alcoraz. Caparroso y Peralta. En el año 1098 se produjo un acontecimiento capital para el Reino pirenaico. Este fue la consagración de San Juan de la Peña.

Su prematura muerte, a la edad de 36 años, facilitó el ascenso al trono de Alfonso I el Batallador. En el año 1109 el monarca navarro casa con la hija del rey de Castilla, Alfonso VI. . Urraca era una mujer caprichosa e inconstante, sumamente superficial, y sin duda lujuriosa, que se dedicó a dificultar la vida del rey navarro. Los obispos navarros encontraron un defecto canónigo y buscaron la disolución del matrimonio.

El divorcio suponía un nuevo peligro político, ya que a pesar de disolverse el matrimonio, no se anulaba el título obtenido tras el contrato de su matrimonio, que era el de señor de Castilla-León para el rey de Pamplona y Aragón, lo que daba legitimidad de acceder al trono del reino de León y Castilla al navarro, en el caso de que muriera Alfonso VI sin dejar en el mundo a un hijo barón.

Estrechos lazos con magnates francos, en especial con los del Midi, gracias a las continuas llamadas de cruzadas contra los musulmanes, provocando que al norte de los Pirineos los diferentes vizcondados y condados, entre los que destacaban el condado de Gascuña y el de Tolosa(Toulouse), vuelvan reintegrarse en reino de los navarros.

Las tropas de los cruzados comandadas por el rey de los navarros, en cuyas filas se podían incluso encontrar a caballeros castellanos, como Diego López de Haro, señor de Vizcaya, se dedicaron a recobrar para el Reino de Pamplona y Aragón, las tierras que faltaban del valle del Ebro. El Batallador liberó Zaragoza en el año 1118 tras una nueva llamada a la cruzada, un año después se rescatan Tutera y Tarazona, mientras que Calatayud y Daroca se recuperaron en el 1119. Ganó la batalla de Cutanda en el 1120 y en los años 1125 y 1126 realizó una lúcida expedición a Al-Andalus, regresando con numerosos mozárabes. Llevó una rápida repoblación de los territorios reconquistados por gentes del norte del reino, francos y mozárabes, a la vez de que a muchos musulmanes se les permitieron el permanecer dentro del territorio del Reino vascón.

Tras la muerte de Alfonso VI, el rey navarro penetra junto al ejército navarro en las antiguas tierras pertenecientes al reino de los vascones, las cuales estaban ocupadas por los castellanos e incluso los navarros llegan a traspasar la frontera pactada del año 1016. Tras muchas vacilaciones decide reconocer a Alfonso VII como rey de León y accede a entrevistarse con él. Los dos monarcas de nombre Alfonso, se encuentran en el valle de Tamara en el año 1127, concretamente entre Hornillos y Castrogeriz, firmando un nuevo tratado fronterizo.

“Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era reino de Navarra, es decir, desde el Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra, hijo del rey García de Nájera. De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió ‘cartas suas firmatas et bene vallatas’. Entonces Alfonso I de Aragón y Pamplona entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla VII y en adelante no quiso que se llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra”.

En el año 1130 se produce una revuelta en la población costera de Baiona. El Batallador consiguió sofocar la insurrección un año después, tras enviar a numerosos señores navarros, entre ellos los destacaron los del Baztan, Lizarra, Etxauri, Burunda, Hernani, Tarazona, Barbastro, Donibane Garazi, Zuberoa, Bearne, Auch, Pallars,… Incluso diferentes navíos parten desde Donostia y Hondarribia en dirección a Baiona durante ese periodo. Durante el asedio a Baiona escribe su testamento.

Tres años después, el monarca navarro es derrotado y muerto en Fraga, cuando junto a tropas navarras se enfrentaba a una alianza formada entre los musulmanes de la ciudad y el Conde de Barcelona, Maestre de la Orden del Temple, Ramón Berenguer IV. La muerte le llegó a Alfonso I el Batallador, sin tener descendencia y su testamento otorgaba el Reino de Pamplona y Aragón, a tres órdenes cristiano-militares de Palestina: Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple.

Todos los castillos y fortalezas del Reino de Pamplona y Aragón, eran cedidos a las tres órdenes militares, intentando justificar con ello sus actos en vida y de paso servirle como ofrenda para la redención de sus pecados, pero también de su alma y la de sus parientes. Este testamento perjudicaba seriamente los intereses del Reino de Pamplona y Aragón por el contrario era muy favorable para la iglesia católica-romana, por lo que poco después de su muerte y de la inmediata crisis sucesoria planteada, este testamento fue rechazado por los señores navarros.

.Este hecho es aprovechado velozmente por el mayor enemigo de los navarros, el rey de León y Castilla, Alfonso VII, autoproclamado emperador, e invade el territorio del Reino de Pamplona y Aragón, ocupando Naiara (Nájera), poco antes del 10 de noviembre de 1134. Tras eso, se pone al acecho de otra plaza navarra, concretamente la de Logroño, de donde pasó rápidamente a Zaragoza en diciembre del mismo año.

Alfonso VII de León y Castilla, con todo su ejército, entra en Zaragoza el 2 de diciembre de 1134, confirmando las posesiones a los nobles, infanzones y eclesiásticos, dándoles privilegios que no tenían. En diciembre del mismo año, Ramiro el Monje se presenta en Zaragoza y confirma los derechos de los mismos nobles a heredar las tenencias salvo caso de traición. Dichos privilegios fueron otorgados antes por Pedro I y anulados por Alfonso I el Batallador durante su reinado.

En plena crisis sucesoria se lleva a cabo en 1135 el Pacto de Vadoluengo que básicamente pretendía una cohabitación de Poderes. La iglesia gobernaba a través de Ramiro el Monje, mientras que García Ramírez es colocado como jefe supremo del Ejército, para que este último seguirá combatiendo al Islam. Si embargo, la última voluntad real no se llevó a cabo al no llegarse a un acuerdo entre García Ramírez y las Órdenes Militares; los navarros se decantan por García Ramírez, señor de Tutera como rey.

La chancillería pontificia lanza una enérgica represalia contra el rey navarro, negando su condición de rex y otorgándole únicamente el título de dux, considerando en la práctica que reino quedaba libre para ser invadido y ocupado por el mejor postor, dentro de los príncipes cristianos.

Los intereses de la Iglesia de Roma en la cruzada contra los musulmanes en el Valle del Ebro, apoyada por el obispo de Barbastro y Roda, Ramiro el Monje y el arzobispo de Tarragona, primado de la Tarraconense, influyeron en la operación barcelonesa; por el contrario en Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, el monasterio de San Juan de la Peña, así como los eclesiásticos del interior – el obispo de Huesca y Sancho de Larrosa de Pamplona-, apoyaron la continuidad de la unión del reino de Pamplona y Aragón, bajo la corona de García Ramírez el Restaurador, frente a la disolución pretendida por el rey Alfonso VI de León y Castilla y de Berenguer IV, conde de Barcelona.

Ramiro el Monje, al verse apoyado por castellanos y barceloneses, creyó en la posibilidad de formar una monarquía teocrática, del mismo tipo que la existente en Roma, para todo el reino de Aragón y Pamplona. Convoca a diferentes caballeros y obispos en la catedral de Huesca, donde los asesina ante su negativa a reconocerle como rey de Pamplona y Aragón. Los señores y clérigos de Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, del monasterio de San Juan de la Peña, e incluso el mismísimo obispo de Huesca, son decapitados por orden de Ramiro el Monje. Ante estas maniobras, García Ramírez fue proclamado rey en Pamplona, como restaurador de todo el reino de Alfonso el Batallador.

La presencia de Alfonso VII de León y Castilla en Zaragoza durante la Natividad de 1134-1135, echaba por tierra las pretensiones de crear una monarquía teocrática, por parte de Ramiro el Monje. Pero no solo eso, ya que la presencia castellana en Zaragoza se enfrentaba directamente a los derechos que tenía García Ramírez el Restaurador, sobre el reino de Zaragoza desde su recuperación para la cristiandad bajo el reino de Pamplona y Aragón.

García Ramírez el Restaurador, a diferencia de Ramiro el Monje, pretendía mantener el mismo criterio con los tenentes, en contra de las costumbres existentes en Castilla-León y Barcelona, de dar las tenencias de carácter hereditario. La invasión castellana y la intromisión de los magnates de la Iglesia alteraron drásticamente el panorama político en el Reino vascón.

Los partidarios de García Ramírez el Restaurador y de Ramiro el Monje se aproximaron, y hubo una reacción ante el caos producido por la guerra civil y la partición del Reino de los navarros. Desde Castilla-León buscan la partición del reino vascón tras la invasión y ocupación de las tierras riojanas y alavesas, intentando forzar a García Ramírez a negociar con Castilla-León. En la primavera de 1135, Alfonso VII acordó en Nájera una paz con García Ramírez, reconociéndolo como rey de Pamplona y Aragón. En el texto se hacía alusión a una paz firme y duradera.

Lo cierto es que realmente, el rey de León y Castilla, pretendía repartirse el Reino Pirenaico con Ramón Belenguer IV, conde de Barcelona, algo que sellaron en el tratado de Carrión de los Condes de Febrero de 1140. Promueven la boda del obispo Ramiro, con la hija del conde de Poitou y el posterior casamiento de la hija de estos, de apenas dos meses de edad, con el conde de Barcelona, dando forma a la futura corona de Aragón.

Ramiro I el Monje*, se enclaustró debido a los remordimientos de conciencia por su matrimonio, que contravenía su juramento de celibato y así, el príncipe de la corona de Aragón, Ramón Belenguer IV de Barcelona, toma el caudillaje de la corona de Aragón desde 1147. Cristianos barceloneses y castellanos reconquistan Fraga y Lleida en 1149, bajo la excusa de segunda Cruzada a Tierra Santa, predicada en el año 1147. Ambas ciudades constituyeron unos marquesados, vinculados al condado de Barcelona.

A si pues, los navarros de nuevo se ven presionados por todas las fronteras. La unidad con los vascones del norte de los Pirineos se ve interrumpida, por la acción inglesa y francesa. Y al sur, el Reino vascón es dividido, entre Pamplona y Aragón, por las ingerencias externas procedentes del reino de León y Castilla, del condado de Barcelona y también del estado papal. La rica Rioja cae de nuevo bajo las zarpas imperiales castellanas.

*Ramiro I el Monje: La historiografía española lo titula Ramiro II.

BIBLIOGRAFÍA

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

ESARTE Pello, Vasconia en el siglo XII. De Reino de Pamplona a Reino de Navarra, 2004

JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980

LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

MONTERUBIO DEL POZO, Rosa. Santa Mª la Real de Nájera, la piedra labrada como un exquisito bordado, 2001

MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980

NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007

SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, Tomás. La Navarra marítima, 1998

URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

©NABARTZALE BILDUMA 2011