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2015/01/18

Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el joven

Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el joven
Iñigo Saldise Alda

Heráldica: Escudo cuartelado. 1º y 4º de gules un menguante de plata con las puntas hacia abajo (otros añaden bordura de oro); 2º y 3º jaquelado de sable y plata que son de Azpilkueta, las cuales trae de Baztan.

Nacido el 13 de diciembre del año 1492 en Barasoain, fue hijo de Martin de Azpilcueta y María Martin de Jaureguizar, ambos euskaldunes y de importantes linajes de la alta nobleza del Reino de Nabarra. Originarios del valle Baztan, fueron además, uno y otra, del conocido como bando o partido agramontés.

A muy pronta edad recibió una esmerada educación por parte de sus padres. Ya desde niño  mostró un celo especial por lo religioso, gran precocidad y amor por el estudio. Debido a ello sus padres lo enviaron en el año 1503, después de ser consagrado al Estado eclesiástico fue enviado a la Universidad Complutense de Alcalá, la cual había sido fundada cuatro años antes por un Cardenal español, Francisco Jiménez de Cisneros.

Durante su periodo de estudiante en Alcalá, no cayó en las típicas distracciones de su corta edad, consagrándose principalmente en los estudios de Teología, Filosofía y Artes. Es decir, religión y ciencias de la época, dividiendo su tiempo entre la oración y el estudio.

Tras obtener el grado de Bachiller de Teología en Alcalá el año 1509, se trasladó a la Universidad de Toulouse donde coincidió con varios nabarros, entre los que se encontraba Francisco de Nabarra y Hualde, hijo natural o bastardo del Marischal del Reino Pirenaico, Pedro de Nabarra y Lacarra. Allí curso estudios de Derecho Canónico y Civil. Sus conocimientos adquiridos, destacando especialmente sus ilustraciones en la Jurisprudencia Canónica junto a su brillante retórica, le permitieron conquistar gran fama y respeto en la ciudad francesa, tanto entre sus condiscípulos como también entre sus maestros. Una vez finalizado sus estudios recibió el grado de Doctor de Cánones en el año 1514.

Tras ser ordenado sacerdote católico en el año 1515 y cumplir con sus funciones religiosas, por requerimiento de la Universidad de Toulouse en el año 1518, se inició como profesor y es donde llegó a ostentar su primera cátedra. Es en ese periodo cuando alumnado y profesorado le comenzaron a llamar Doctor Navarrus, adquiriendo gran prestigio y fama como maestro.

Estando allí conoció las noventa y cinco tesis del fraile agustino Martin Luther, las cuales rebatió públicamente defendiendo con gran pasión a la República de Santa Iglesia Apostólica, Católica y Romana como única doctrina de Cristo, llegando a exclamar:

“(…) solo existen dos banderas por las cuales la Humanidad milita: una de ellas enarbolada por Jesucristo, la otra por Satanás.”

En el año 1521 se trasladó a Samantan, donde impartió diariamente dos clases del Derecho Pontificio. Un año después, pasó como profesor a la Universidad de Cahors, para regresar brevemente a la Universidad de Toulouse. Durante este periodo no fueron “todo alegrías”, ya que el Doctor Navarrus sufrió grandes calamidades y penurias.

Por esos años donde su fama de hombre sabio era muy extendida ya, antes de su regresó a su Nabarra natal, rehusó la alta distinción y dignidad de formar parte del Consejo en el Gran Parlamento Regio de Paris, recibida mediante una instancia realizada vivamente por las autoridades francesas.

A su regreso al Estado de Nabarra se lo encontró, en su mayoría territorial, invadido por las fuerzas militares de ocupación del emperador Carlos de Habsburgo, I de España y V de Alemania. Incluso estuvo a punto de morir ahogado en el río Aturri o Adour, en las cercanías de Baiona. Ya en Orreaga ingresó como novicio en los Canónigos Regulares de Santa María de Roncesvalles, en cuya comunidad ejerció durante el año siguiente bajo las órdenes del Prior, su amigo Francisco de Nabarra y Hualde. Recibió el hábito verde de la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín el 15 de agosto del año 1524. Durante su estancia en el monasterio pirenaico, el Doctor Navarrus además de impartir clases de Derecho Canónigo a los demás monjes, formalizó la regulación de las rentas y las dividió en tres: para el Hospital, para el Prior y para el Cabildo, de forma igualitaria para los diferentes cuerpos existentes en la congregación dependiente de la Orden de los Agustinos en la Real Colegiata de Orreaga.

Su amigo el Prior de Orreaga, comprendió que el Doctor Navarrus debía seguir impartiendo sus conocimientos y sus sabiduría en al alguna Universidad. Entre ambos decidieron que ante la nueva situación política tras la rendición de los legitimistas nabarros en Hondarribia, era aconsejable por el bien de sus familiares y amigos, no volver al Reino de France y decidieron entonces partir al Reino de España. Concretamente hacia la castellana ciudad de Salamanca, sitio donde se encontraba una de las Universidades más afamadas de la época.

Antes de dejar la Real Colegiata, Francisco de Nabarra y Hualde le nombró Comendador de San Justo del Villar, renunciando a su vez el Doctor Navarrus de los beneficios que ostentaba en Falces y Barasoain. Así pues, Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el joven, se convirtió en el administrador de cuantos vienes y provechos disponía el Monasterio de Roncesvalles en el Reino de España, concretamente en Castilla.

Ya en Salamanca, el Doctor Navarrus se hico notar gracias a sus conocimientos en Teología y Derecho Canónigo, si bien, pese a presentar su curriculum como profesor en Toulouse y Cahors, verificado por su testigo el Prior de Orreaga, las normas de la propia del Claustro de Universidad de Salamanca, requerían de manera indispensable para impartir clases, sacarse el Doctorado en el mismo Centro.

Por ello recibió clases llegando a regentar algunas cátedras ya en el año 1525.  A comienzos de ese mismo año, el emperador Carlos I de España y V de Alemania promovió al Doctor Navarrus para una plaza en el “restituido” Consejo Real de Navarra y concediéndole además, una canonjía en la Catedral de Iruinea-Pamplona. Martín de Azpilcueta y Jaureguizar el joven, reusó ambas sacando como excusa su intención de Doctorarse e impartir clases en la Universidad de Salamanca; si bien, para el puesto en el Consejo Real de Navarra postuló la candidatura de su hermano Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el mayor, Doctor en Derechos.

Es en el año 1528 cuando el emperador de España y Alemania, en calidad de alumno junto a importantes nobles españoles, conoció personalmente al Doctor Navarrus. La propia Universidad salmantina eligió a Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el joven,  para realizar una explicación magistral sobre Derecho Político, finalizando la charla con la siguiente conclusión:

“El Reino no es del rey, sino de la comunidad; la misma potestad regia, por derecho natural, pertenece a la comunidad, no al rey, por lo que no puede la comunidad abdicar totalmente de su poder.”

Ese mismo año, le llegó una notificación desde la Real Colegiata de Orreaga, de su nombramiento para la encomienda de Santa María de Luymil, siendo así el administrador también de los bienes y provechos que ostentaba el Monasterio de Roncesvalles en el Reino de Portugal.

El Doctor Navarrus durante ese periodo inicial en Salamanca, formó junto a Francisco de Vitoria, al cual consideró su maestro, la denominada como Escuela de Salamanca, donde junto a ellos destacaron en su fundación y participación Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Francisco Suárez y también Tomás de Mercado.  Desde unos pensamientos encuadrados en las corrientes de pensamiento basado en el Derecho Natural y de la Moral Cristiana, estos teólogos y juristas se encomendaron la ardua tarea de reconciliar la doctrina cristina y católica de Santo Tomás de Aquino, con el nuevo orden social y económico emergente el Reino de España tras el “descubrimiento” de América, junto a la contraposición a las nuevas corrientes de pensamiento examinado las doctrinas de Erasmo de Rotterdam y el herético pensar de Martin Lutero.

En su trabajo sobre economía en la mencionada escuela, el Dortor Navarrus desarrolló la Teoría del Dinero, siendo el primero en exponer de la misma:

"La moneda de oro, por su particular falta, puede valer más de lo que valdría si hubiese abundancia de ella."

Es en el año 1532 cuando el Doctor Navarrus ganó en brillante oposición la cátedra de Decretos. Para poder dar cabida a un gran auditorio, tuvo que explicar su tesis en el Paraninfo de la Universidad. En los resultados de la votación supero a su oponente y contrincante, el Doctor Sahagun, por quinientos cuarenta y cinco votos. Un año después obtuvo la Cátedra de Prima en Cánones.

Su tal su fama que tras más de trece años explicando en Salamanca el Derecho Canónigo e impartiendo demás conocimientos, fue invitado por el rey Juan de Avis, III de Portugal, a trasladarse a la Universidad de Coimbra, continuadora de la conocidísima Universidad lisbonense. Así en el año 1537 el emperador Carlos I de España y V de Alemania le ordenó ir a las tierras portuguesas para satisfacer las reiteradas peticiones su esposa Isabel de Avis, infanta de Portugal, y de su mimada hermana Catalina de Habsburgo, reina consorte de Portugal. Una vez recibido el pertinente y obligado permiso de su prelado Francisco de Nabarra y Hualde, Prior de Orreaga, se dirigió al Reino lusitano ante la tristeza e insatisfacción absoluta del Claustro y especialmente del alumnado de la Universidad de Salamanca.

Fue máximo el privilegio que le otorgaron al Doctor Navarrus los reyes de Portugal, al escogerlo entre tantos sabios para enaltecer y regir los estudios de las Leyes de dicho Reino. Fue nombrado como el primer jurisconsulto del Estado de Portugal, tras incorporase finalmente al Claustro de la Universidad portuguesa en el año 1538.

Juan III de Portugal le asignó un sueldo anual de 1.000 ducados de oro, muy por encima delo estipulado en esa época, en lo concerniente a las rentas para el profesorado en las Universidades de los Reinos de España y de Francia. Incluso los reyes de Portugal le dieron hospedaje en uno de los Palacios Reales que disponían, mientras permaneciera en su Estado, aunque el Doctor Navarrus prefirió albergarse, casi permanentemente, en el Monasterio de Santa Cruz perteneciente a su Orden de Canónigos Seculares de San Agustín.

En el año 1540 y tras haberse dictado una Real Disposición, por la cual se le concedía derecho a jubilación, el Doctor Navarrus volvió a su Patria Nabarra para despedirse de sus deudos y arreglar los asuntos testamentarios de su hermano Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el mayor, Relator del Consejo Real de Navarra. Antes de su retorno al Reino de Portugal, tuvo conocimiento del Memorandum para el rey Enrique de Albret, II de Nabarra, preparado por el partido o facción beaumontesa, que concernía a la devolución a la Corona de Nabarra de las tierras ocupadas ilegalmente por los castellanos a lo largo de la historia. A su entrada en el País luso le acompañaban sus sobrinos Juan, Ana y María de Azpilcueta.

Una vez en Coimbra se carteó con su familiar Frantzes de Jasso y Azpilcueta o Francisco de Xabier, mostrando un gran interés por la recientemente creada Compañía de Jesús, fundada el español de Azpeitia Iñigo López de Loyola o Ignacio de Loyola. La influencia del Doctor Navarrus facilitó un rápido embarque a Francisco de Xabier con destino las Indias.

La veneración portuguesa hacia el Doctor Navarrus fue tal, que incluso acudía como representante en voz y nombre de la Universidad, en las recepciones a personas importantes de la época, tanto portuguesas como españolas, siendo además siempre tratado con gran mimo por los reyes de Portugal.

Juan III de Portugal aceptó todas las propuestas presentadas por el Doctor Navarrus, concernientes a la estructuración interna y al funcionamiento en la elección del profesorado para la Universidad de Coimbra.

Realizó numerosas conferencias para un auditorio siempre lleno, al cual acudían no solo estudiantes, sino también acudían pensadores y magnates portugueses. En ellas efectuaba una relación, desde un prisma moralista, del Derecho Civil con el Derecho Canónigo. Esto le supuso ser nombrado Consejero de los reyes portugueses, Regente Académico de la Universidad de Coimbra, Inquisidor del Santo Oficio en el Reino de Portugal, confesor personal de la princesa Juana de Portugal e incluso de los príncipes de Bohemia.

En el año 1543, la reina consorte Catalina de Portugal, le otorgó de mutu-propio y con el debido pase apostólico, la Chantría de la Catedral de Coimbra, que a la sazón se encontraba desocupada. Pero esto le supuso un enfrentamiento con un competidor mal carado por el puesto, lo cual provocó la tristeza ante la ofensa y la caridad en el perdón del agustino de Nabarra, fray Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el menor.

En el año 1549 publicó por primera vez y en portugués, su importantísima obra Manual de confesores y penitentes, donde aparecían los pecados en todas las capas sociales de la época. Para su exposición moralista, juntó en una misma reflexión aspectos psicológicos, teológicos, pastorales y jurídicos. Incuso llegaba negar la existencia de pecado en algunos, como por ejemplo en brujos, brujas, hechiceros y hechiceras, pues realmente quienes cometían pecado era las personas que creían en sus supuestas artes. En dicho trabajo centrado mayor mente en los vasallos de un Reino, no se olvidó un capítulo exclusivo para los reyes, de los cuales decía:

“(…) Los reyes, por ejemplo, intentan conseguir nuevos reinos contra todo derecho, hacen guerras injustas, tienen diferencias con otros príncipes cristianos, (…)”

“(…) solo con la restitución de lo ajeno se salva el alma. (…)”

En este trabajo, el propio autor indicaba que estaba abierta la opción de insertar correcciones, actualizaciones y la posibilidad de añadir nuevos anexos.

Practicó el magisterio de Doctor de Cánones y la docencia en la Universidad de Coimbra hasta el año 1554, siendo además durante su estancia prolongada en tierras lusitanas, el consejero de la Casa Real y de gran parte de la nobleza del Reino de Portugal.

La reina Catalina de Portugal intentó retenerlo en el País luso dándole un obispado, pero el Doctor Navarrus reusó y se encaminó nuevamente hacia Salamanca, estableciéndose en el colegio de los Padres Jesuitas. Tras ello marchó a Valladolid encontrándose en la Corte española con la Gobernadora de Castilla y León, en nombre de su hermano el rey de España,  Juana de Habsburgo y el Arzobispo de Sevilla Fernando de Valdés. Estos ofrecieron al jubilado de Coimbra, honores y riquezas para retenerlo, pero al no logarlo la infanta de España intentó posponer la partida a Barasoain de Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el menor, encomendándole la visita de los monasterios de Santa María de Parraces en Segovia y de San Isidro del Real en León.

Tras subsanar los problemas existentes en ambos monasterios españoles, la infanta española permitió la partida hacia su Patria al Doctor Navarrus, pero con la obligación por mandato de la propia gobernanta española, de tener que regresar a su Corte tras solventar sus asuntos personales, para así ser el guía y consejero con la misión de facilitarle la gobernación del Estado español.

Tras poner al día diversos asuntos personales, el Doctor Navarrus, regresó a Salamanca, pero lo hizo de incógnito y a escondidas de Juana de Habsburgo, para pasar siete meses en secreto en casa del librero Andrés de Portonotario. Con la compañía de fray Antonio de Zurara realizó reformas y nuevas ampliaciones a su Manual de confesores y penitentes, como por ejemplo en el apartado de los reyes:

“(…) con la restitución de lo ajeno se salva el alma o con una acordada compensación equivalente por lo sustraído de manera ilegal. (…)”

También añadió cinco comentarios sobre la usura, los cambios y la simonía mental, de la justa defensa, del hurto notable y de la irregularidad. Tras su publicación en el año 1556, el Doctor Navarrus, nuevamente de forma clandestina, volvió a Barasoain el 3 de diciembre. 

En los primeros días del año 1557 visitó la Real Colegiata de Orreaga, lugar de su orden. A finales de enero, los españoles Domingo Álvarez de Moscoso obispo de Pamplona y Antonio Manrique de Valencia prior de Roncesvalles, pidieron al Doctor Navarrus arbitraje sobre un litigio que arrastraban en relación con el Concilio de Trento. Ya en marzo Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el menor dictaminó sentencia, la cual fue aceptada por ambas partes.

Hasta final de año se dedicó a concluir la política matrimonial familiar, iniciada en su breve visita del año 1556, realizadas como tutor de sus tres sobrinas huérfanas de padre. Ese mismo año 1557, en la Nabarra ocupada comenzó a plantearse en todas las casas nobles, tanto de agramontesas como de beaumontesas, la posibilidad manifiesta del retorno de la dinastía de los Albret, cuya cabeza era la legítima reina de Nabarra, Juana III, casada con el conde de Vendôme Antonie de Bourbon, por ello, en busca de consejo, recibió en Barasoain varias veces el Doctor Navarrus al virrey español de Navarra, el duque de Alburquerque Beltrán II de la Cueva y Toledo, junto a su hijo Gabriel III de la Cueva y Girón, mediadores ante una factible devolución.

Desde el uno de Enero hasta el veintidós de junio del año 1558, el Doctor Navarrus permaneció en la Real Colegiata de Orreaga, arbitrando el pleito existente entre el prior español y los canónigos nabarros. Si bien era por la forma del gobierno del prior, también tenía un trasfondo legitimista y nacionalista nabarro por parte de los canónigos, los cuales eran naturales del País.

Antes de concluir ese año, el rey Felipe de Habsburgo, II de España, pidió al Doctor Navarrus, adicto a la Santa Sede de Roma, consulta sobre la candente cuestión del enfrentamiento visceral existente entre el Papa Paulo IV y el rey de España por la soberanía del Reino de Nápoles, además de la reforma de los cabildos llevada a cabo en el Concilio de Trento. Finalmente Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el menor, redactó un dictamen o parecer, solo concerniente a varios decretos exclusivos expedidos durante el Concilio, relativos ellos a la jurisdicción de los Prelados sobre los Cabildos.

Ya en abril el año 1559 y gracias al tratado de Chateau-Cambrésis, que provocó la paz en las guerras existentes en Flandes e Italia entre los Reinos de Francia y España, pudo atravesar el Pirineo con la intención de cruzar el Reino libre de Nabarra y el Reino de Francia, tal vez con destino a la residencia Papal en Roma, por estar entonces los reyes de España excomulgados y en entredicho la posesión de sus Estados o tierras ocupadas como la Nabarra surpirenaica, puestos a cesación y divinis.

Pero sufrió un accidente tras pasar los Pirineos y se cayó de su mula en el viaje, fracturándose una pierna y poniendo también en riesgo su vida, siendo atendido en primera instancia en el hospital de la Real Colegiata de Orreaga. Su superior en la orden, el prior español Antonio Manrique de Valencia, no tenía conocimiento alguno de este viaje y acuso a Martin de Azpilicueta y Jaureguizar el menor, de partidario de Antonie de Bourbon, legítimo rey consorte de Nabarra y duque de Vendôme, por lo que fue apuntado como  “vandomista”, además de:

“(…) agramontés apasionado y enemigo de los castellanos.”

En cuanto se recuperó lo suficiente como para poder viajar de nuevo, el Doctor Navarrus se trasladó a Barasoian, permaneciendo recluido en su casa natal recuperándose de las lesiones y curas, por un largo periodo de tiempo.

El 8 de enero del año 1560, el Doctor Navarrus recibió en su Palacio de Azpilcueta y Jaureguizar situado en Barasoain, a una gran comitiva encabezada por una joven infanta o princesa de France,  Elizabeth de Valois, que iba a confirmar su matrimonio con Felipe II de España. Dicha comitiva estuvo formada por españoles y franceses. La parte francesa se encontraba encabezada por dos damas de sangre Real, Susanne de Bourbon-Rieux, Anne de Bourbon-Montpensier. También estaba Louise de Bretaña-Clemont, junto a unos ciento cincuenta sirvientes y la recién nombrada como camarera mayor por Felipe II de España, la condesa de Ureña, que se les había unido en Iruinea-Pamplona.

Por la parte española se encontraban en dicho séquito Real, la flor y nata de la nobleza española, encabezada por el Duque del Infantado y Grande de España Iñigo López de Mendoza, y el Arzobispo de Toledo el Cardenal Francisco de Mendoza, con veinte hombres de escolta cada uno, además de un gran número de Prelados y monjes que acompañaban al Cardenal español, junto otros trece señores con importantes títulos nobiliarios en Castilla y León, con más de cien caballeros y gentilhombres de sus respectivos linajes, además de cincuenta pajes y alrededor de dos mil quinientos hombres de armas.

El Doctor Navarrus enseguida renombró a esa linda niña de trece años y de nombre Elizabeth de Valois, con el nombre de Isabel de la Paz, ya que su matrimonio había sido acordado, concertado y obligado en la firma del tratado de Chateau-Cambrésis.

Tras encerrase Isabel de la Paz junto a las damas francesas en el aposento que habían preparado para ellas las sobrinas del Doctor Navarrus, este conoció por boca de los militares españoles lo sucedido en las instancias del Monasterio de Orreaga, durante la entrega de la princesa francesa por parte del rey de Nabarra Antoine de Bourbon-Vendôme y el Cardenal y arzobispo de Rouen Charles de Bourbon-Vendôme, ambos príncipes de sangre.

El rey de Nabarra había acudido a Bordele-Bordeaux junto a un importante séquito, donde se encontraban entre otros nobles, dos importantes barones nabarros, Antonio de Agramont y Carlos de Luxe, para escoltar a la joven princesa francesa por las tierras que pertenecían a la Corona de Nabarra, cuya legítima titular era su mujer Juana de Albret y Angoulême, III de Nabarra. Por ello mostró su indignación de tenerla que entregar en Orreaga en lugar del Ebro, pues según él esta era frontera natural del Reino de Nabarra y del Reino de España.

Además de jactarse de acción política que había sido la prohibición realizada por el virrey de Navarra por mandato de Felipe II de España, impidiendo con ello la presencia de nobles nabarros, tanto agramonteses como beaumonteses, estos expertos militares españoles consideraron ante el Doctor Navarrus, su total convicción de que Felipe II de España y sus herederos en la Jefatura del Estado español, jamás restituirían las tierras pertenecientes al Reino de Nabarra a sus legítimos dueños, siendo un claro ejemplo de ello, la planificación de recibimiento y el trato dado al rey de Nabarra en la Real Colegiata de Roncesvalles. Pues tanto ellos como Felipe II de España, pensaban que eso abriría la puerta de los Pirineos y posibilitaría la encrucijada de ocasionar daños mayores a otros territorios del Imperio.

En un clima de represión orquestado por el lugarteniente y capitán general de Felipe II y virrey español de Navarra, tras la partida de Isabel de la Paz y de su alarmante séquito, el Doctor Navarrus recibió a los pocos días correspondencia proveniente de la Real Colegiata de Orreaga. Esta fue una carta firmada por el licenciado Ainciondo, enfiteuta de su orden y consejero de Antoine I de Nabarra. En ella su compañero de la orden de los agustinos, afirmaba que pronto las tierras nabarras ocupadas por los españoles serían devueltas a sus legítimos reyes, además de que se preparara para una pronta visita del rey Antoine I de Nabarra.

Martin de Azpilcueta y Jaureguizar el menor, conocedor de primera mano de la realidad concerniente en dicho asuntos y de los reales intereses político-militares por parte española, le indicó que le informara al duque Antonie de Bourbon-Vendôme, rey consorte de Nabarra, que no perdiera más el tiempo buscando una restitución, sino que examinase una compensación lo más honrosa posible, ya que el simplista acto creer que los españoles iban a devolver las tierras ocupadas carecía de una reflexión seria y además, el mero hecho de plantearse dicha restitución, a pesar de su indiscutible legalidad, era un pensamiento verdaderamente imprudente entre los legitimistas de la Alta Nabarra, independientemente de su facción o partido.

A los pocos meses recibió el Doctor Navarrus un nuevo mensaje proveniente de la Real Colegiata y firmado nuevamente por Ainciondo, insistiendo en el tema de la restitución. Esta vez su amigo le indicaba en sus líneas, que Felipe II de España había prometido a su suegro Henri II de France, la devolución de la Alta Nabarra a Juana III y Antoine I, y que su esposa Isabel de la Paz iba a encargarse de demostrarle al rey de España su marido, que retenerla ilegalmente era pecado mortal.

Fray Martin de Azpilcueta y Jaureguizar le contesto que Felipe II de España, si de condenar su alma se tratase, indudablemente devolvería la Alta Nabarra, pero para demostrar a su amigo que ese no era el caso y el pensar del monarca español, le indicó también que devolvería Toledo [a los mahometanos] y toda Castilla.

Conjuntamente le razonó que la hija de Henri II de France no podría demostrarle nada al poderoso y experimentado rey de España, debido a la total ignorancia de los hechos histórico-políticos entorno a Nabarra, en gran medida debidos a la conocida juventud de Isabel de la Paz, nueva reina de España.

El Doctor Navarrus, aparte de continuar con sus compromisos y gestiones familiares, también realizó nuevas mediaciones y dictados en varios asuntos tensos, como por ejemplo en la relación enfrentada del Monasterio de Roncesvalles con algunos naturales del valle de Salazar.

La situación geográfica del Palacio de Azpilcueta y Jaureguizar sito en Barasoain, permitió, durante todo el año 1560, conocer al Doctor Navarrus noticias concernientes a lo que ocurría en la Corte española, como la detención y el inicio del proceso inquisitorial  del arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza de Miranda; información de la delegación diplomática nabarra de los Reyes Juana III y Antoine I en la Santa Sede, donde Pedro Labrit de Nabarra  prestó  obediencia en nombre de los reyes de Nabarra al Papa Pio IV, escenificada públicamente el 14 de diciembre en la sala Regia, siendo así equiparados los reyes de Nabarra con el resto de soberanos europeos por la Cancillería pontificia; también y sin duda con más preocupación personal, recibió diversas noticias sobre la expansión de diversas doctrinas protestantes en las tierras norpirenaicas pertenecientes tanto a la Corona de Nabarra como a la Corona de France, especialmente la de Jean Cauvin Calvinus, pero todas ellas igual de dañinas para los intereses de la República Romana, Católica y Apostólica.

Pero especialmente y más de primera mano, los sucesos que se fueron sucediendo a comienzos del año 1561 por todo el territorio de la Alta Nabarra, pero con especial atención e importancia en Iruinea-Pamplona. Esto fue debido a una carta, fechada el 13 de diciembre del año 1560, donde el Papa Pio IV pedía a Felipe II de España la total restitución de las tierras ocupadas ilegalmente por los españoles a la Corona de Nabarra, ya que sería bueno para la paz y el bien de la Cristiandad [Romana, Católica y Apostólica].

El virrey español de Navarra y clavero de la Orden militar de Alcántara, Gabriel III de la Cueva y Girón, se apresuró a realizar actos represivos contra todos aquellos que poseyeran una copia de dicha carta. Requisó todos los ejemplares que pudo y envió comunicado a Felipe II de España. La reacción española fue inmediata, declarando además que dicha carta era falsa, como conoció el Doctor Navarrus del propio virrey en una de sus visitas a Barasoain.

A mediados de junio, el Doctor Navarrus recibió en su domicilio una carta del Consejo Inquisitorial de la Suprema del Reino de España. En ella y en nombre del Arzobispo de Santiago, juez de la causa contra el Arzobispo de Toledo, le comunicó a fray Martin de Azpilcueta y Jaureguizar, que había sido asignado como letrado, junto a otros, para su defensa. Por ello debía presentarte ante el tribunal de la Santa Inquisición sin tardanza.

El Doctor Navarrus, conocedor de todo lo que estaba ocurriendo y el porqué, con los perjuicios y desengaños que podía ocasionarle la defensa de fray Bartolomé Carranza de Miranda, en primera instancia se rehusó como abogado defensor ante el rey Felipe II de España mediante una carta. En ella alegó que estaba de mediador, por mandato del virrey de Navarra, en un nuevo pleito entre el Prior y los canónigos de Roncesvalles; además tenía varias ocupaciones y asuntos familiares, junto a una avanzada edad y los problemas de salud que arrastraba en los huesos de la rodilla hasta el pie, debido al accidente de la mula.

Pero Felipe II de España le mostró su firme voluntad, con lo que ello acarreaba, de que fuera el abogado defensor del arzobispo de Toledo. La decisión o mandato Real le fue comunicada al Doctor Navarrus, esta vez por el propio arzobispo de Santiago y obispo de Segovia Gaspar de Zúñiga y Avellaneda, juez inquisitorial español de la causa. Así pues, fray Martin de Azpilcueta y Jaureguizar, se presentó ante el Santo Oficio de Valladolid el 16 de agosto, centrándose casi solamente con ello, en la defensa del arzobispo de Toledo.

La defensa que realizó el Doctor Navarrus en esta causa ante el Tribunal de la Inquisición español, se basó desde el inicio y casi en forma exclusiva, siempre bajo el estatuto del Derecho Canónigo, en que el tribunal de la Santa Inquisición del Reino de España carecía de Derecho, era ilegítimo para dicha causa y que el juicio contra el arzobispo de Toledo le correspondía a los tribunales existentes en la Santa Sede situados en Roma.

El Canónigo de Orreaga era gran conocedor de los métodos que solía utilizar la Inquisición, porque de facto él fue inquisidor en el Reino de Portugal. Además, al unirse tarde al grupo de abogados defensores, el proceso ya se encontraba bastante viciado, de todas formas muy pronto comprendió que Bartolomé Carranza de Miranda era inocente, de las gravísimas acusaciones de herejía y de ser proluterano vertidas hacia el arzobispo de Toledo.

Envió un primer memorial al rey Felipe II de España, donde le informó y razonó, de las razones que esgrimió para que no fuera juzgado el arzobispo de Toledo en el Tribunal de Santa Inquisición española, sino que el proceso debería ser trasladado a la Santa Sede, todo ello basado meramente en razones jurídicas. Pero el rey Felipe II de España habló con el Consejo de la Suprema Inquisición instándoles a utilizar todos los medios a su alcance, para que el Doctor Navarrus no sacara el proceso de la Jurisdicción española.

Esto provocó que el proceso contra fray Bartolomé Carranza de Miranda se prolongara hasta diciembre del año 1566, que es cuando finalmente se trasladó el juicio, pese a todas las trabas y obstáculos provocados por el rey Felipe II de España, a la más elevada Autoridad según los Sagrados Cánones, de la Santa Sede en Roma.

Incluso, durante esos años, el Doctor Navarrus, por su gran labor como abogado, sufrió encarcelamiento en la casa que habitaba en Valladolid. Así pues no podía salir de ella a no ser que fuera al juicio o ir a escuchar y dar misa en el monasterio o iglesias que le fueran señaladas, pues de lo contrario sería excomulgado por la Inquisición Española, además de pagarle al Santo Oficio 1.000 ducados por gastos.

Pese a todo, Felipe II de España no dudo en pedir consejo legal sobre el asunto concerniente a su psicópata hijo, Carlos príncipe de Asturias y Gerona, sobre la viabilidad de permitir que acudirá a la Navarra ocupada o a Flandes. El Doctor Navarrus desaconsejó que el heredero de España fuera a ambos territorios, aduciendo que ello podía significar daño para los Estados del rey, además saber que ello era malo para las gentes que habitasen cualquier lugar donde pudiera ir el demente de Carlos de Asturias y Gerona.

Martin de Azpilcueta y Jareguizar también aprovechó su encierro forzado para escribir nuevos apéndices de su obra más conocida, Manual de confesores y penitentes. Donde sabedor de excomunión en el año 1563 de la reina Juana III de Nabarra por haber abrazado la reforma calvinista en el día de la pascua de la natividad del año 1560 en privado y confirmada públicamente en el año 1562. Incluso supo que el mayor valedor para la final excomunión de la legítima reina de Nabarra Juana de Albret, fue el mismísimo rey español Felipe de Habsburgo, el cual tenía planeado con antelación, invadir las tierras libres, vasconas y/o gasconas, del norte del Pirineo hasta el río Garona-Garonne, que pertenecían legítimamente a la Corona de Nabarra.

Por todo esto se anticipó a sucesos futuros y preparó durante esos años una nueva actualización que se publicaría en el año 1566, en Valladolid. Por supuesto también había un pequeño apartado en lo referente a los reyes y la posesión ilícita:

“(…) no se ha de hacer la restitución si así excediera en un grave daño hacia la República [Romana, Católica y Apostólica]. (…)”

En el año 1565, el Doctor Navarrus envió un enérgico Memorándum al rey Felipe II, sobre la causa contra el Arzobispo de Toledo, sin cambiar ni un ápice su defensa, siendo firme a sus convicciones y conocimientos del Derecho Canónigo, le recordó la obligatoriedad legal de llevar el proceso a Roma. Felipe de Habsburgo ya era por aquel entonces, un declarado enemigo de Martin de Azpilcueta y Jaureguizar.

El Doctor Navarrus no acompañó en diciembre del año 1566 al arzobispo de Toledo en su viaje a Roma, sino que retrasó su partida hasta abril del año 1567, tras atender una consulta de Felipe II de España sobre una Bula con relación a la Santa Cruzada y haber visitado por asuntos personales, y literarios para la publicación de su Manual, la sojuzgada Navarra peninsular. Tras visitar Orreaga partió rumo a Roma atravesando la Nabarra “herética” y el Reino de France, envueltos en las denominadas guerras de Religión. Durante el viaje enfermó y tuvo de que detenerse en Avignon.

Ya en Roma la resolución del juicio no fue inmediata y tuvieron que esperar hasta el año 1576 un veredicto de inocencia para su defendido Bartolomé Carranza de Miranda, arzobispo de Toledo.

Durante su estancia en Roma, ya desde casi el primer día de ello, fue acogido por el Papa y el Colegio Cardenalicio, como uno de los más sabios Canónigos de la Cristiandad [Romana, Católica y Apostólica], dándole al nabarro ingreso en el Tribunal de la Penitenciaría, apadrinado por el cardenal Carlo Borromeo. Muy pronto realizó un gran trabajo donde quedó de manifiesto su alcanzada sabiduría, resolviendo dudas y dilapidando controversias en las más altas instancias del Orbe cristiano, teniendo siempre las puertas del Vaticano abiertas para él. También acudían clérigos a buscar consejo del Doctor Navarrus desde los Reinos de Portugal, España y France.

Martín de Azpilcueta y Jaureguizar en el año 1568, realizó desde Roma una importante defensa de los frailes franciscanos Conventuales residentes en la ocupada Navarra. Con fecha 21 de noviembre de ese año, realzó la labor de los mismos en un informe a Felipe II de España ante la crítica situación que estaban viviendo y soportando “más de mil frailes Conventuales, entre los cuales habrá según dicen cerca de cien Maestros en Teología”. El Doctor Navarrus sostuvo que los Conventuales eran anteriores a los Observantes, que vivían según la Regla de San Francisco y con las lecturas autorizadas por la Santa Sede, y que por lo tanto no se les podía obligar a profesarla de otra manera. Aunque el Concilio de Trento hubiera legitimado su posesión de bienes en común, que se reformase en ellos lo que fuese necesario, tal y como había hecho Pío V en Italia. Por tanto le indicaba al rey de España que no se les podía privar de sus bienes sin “la citación, audiencia y defensión por derecho natural, divino y humano”. Que el imperio español había actuado “a instancia de émulos y partes interesadas, como lo han sido y lo son notoriamente los dichos Observantes de los Conventuales”. Por tanto había la obligación de restituirles lo usurpado para encontrar una solución justa y necesaria, porque la intención Papal era reformar, y no extinguir la Orden de los Conventuales.

En el año 1570, el Papa Pío V realizó lista para una promoción de cardenales. En ella se encontraba el nombre de Martin de Azpilcueta y Jaureguizar. El embajador plenipotenciario español para la Santa Sede, Juan de Zuñiga, le indicó al Papa que tendría que hacer cambios en la lista debido a los intereses imperiales españoles. El Papa inicialmente le contestó:

“(…) que él no hacia cardenales a petición de los Príncipes, sino por los méritos que le parecía que concurrían en las personas. (…)”

Dichas noticias llegaron hasta Felipe II de España, que se opuso rápida, frontal y radicalmente a la promoción del ilustre Doctor Navarrus para vestir la toga morada de cardenal.

El Doctor Navarrus pese a contar con la recomendación del nuncio de Madrid, Castagna, e incluso del conocimiento por parte del Sumo Pontífice de su lealtad a la Santa Sede Romana y Apostólica, vio como el rey de España intentaba quitarle el premio a su vida dedicada a la religión Católica, algo que sabían y decía del él nuncio español sobre la autoridad Papal:

“(…) no sólo reverencia y acatamiento infinito, sino afición y celo de su autoridad (…)”

Pero la diplomacia española en Roma actuó rápidamente siguiendo las órdenes de Felipe II de España, con el único objetivo de impedir el nombramiento de cardenal para el Doctor Navarrus. Así pues, los españoles comenzaron su cruzada contra Martin de Azpilcueta y Jaureguizar. La diplomacia española triunfó y en lugar de nombrar cardenal a fray Martin de Azpilcueta y Jaureguizar, el máximo mandatario de la República Romana, Católica y Apostólica, el Papa Pío V nombró al arzobispo español de Tarragona Gaspar Cervantes de Gaeta.

La diplomacia imperial española nuevamente fue tenaz y firme en su exposición, mezclando realidades desvirtuadas con verdades a medias y mentiras, como acostumbraba históricamente desde 1512 contra Nabarra y los nabarros, extendiendo varios chismes perfectamente dirigidos contra el Doctor Navarrus, haciéndolos llegar incluso al mismísimo Papa. Fray Martin de Apilcueta y Jaureguizar posteriormente los enumero así:

“Primero, que había defendido en sus obras la posesión injusta de Navarra por el Rey.

Segundo, que por confesión propia nunca había recibido ningún cargo en la corte real y esto no era posible, sino porque el Rey le odiaba.

Tercero, que era navarro y descendiente de familias partidarias de Juan de Labrit, que huyeron con él a Francia.

Cuarto, que había estudiado y enseñado Derecho durante mucho tiempo en Francia, que hablaba francés y que ensalzada y amaba a Francia.”

El Doctor Navarrus, que pese a su gran humildad soñó la toga morada, por lo que preparó y realizó, tras recoger dichas imputaciones pero indicando que el mayor cargo contra él era su defensa del arzobispo de Toledo, una salvaguardia exclusiva de su persona ante tales cotilleos contra él. Para ello utilizó a uno de sus conocidos, el gobernador español de Milano y duque de Alburquerque, Gabriel III de la Cueva y Girón, antiguo virrey de Navarra, al cual le envió una carta apologética, para que a su vez el gobernador español de Milano se la reenviara a Felipe II de España.

Con una ágil, sabia y dócil pluma, desbarató una por una todas las acusaciones sin llegar a renegar nunca de su linaje agramontés y de su condición de nabarro. En dicha carta también se definía como vasallo de los reyes de España, Carlos I, del cual indica que rechazó dos cargos, y de Felipe II, pero eso sí, al mismo nivel que cuando fue vasallo del rey de Portugal, Juan III. También se muestra orgulloso de los lugares donde estudio e impartió clases y conocimientos del Derecho Canónigo y Papal; alabándolos cada cual a su modo, bien en el Reino de España, en el Reino de France o en el Reino de Portugal, siendo este último su preferido.

Además sin legitimar la invasión y ocupación del Estado de Nabarra, alabando incluso a familiares y amigos que estuvieron defendiendo el reino bajo el mando del ilustre mariscal Pedro de Nabarra, utilizó deliberadamente la actualización publicada en el año 1566 de su Manual de confesores y penitentes, para aceptar la triste situación de sometimiento del pueblo de la Nabarra situada al sur del Pirineo, como mal menor, pero sin entrar por decisión consciente en el debate de a quién pertenece la Corona de Nabarra. Para ello se cita una vez más a sí mismo, pronunciando nuevamente su máxima creencia sobre las únicas banderas de la Humanidad, la de Jesucristo o la de Satanás, ya expresada en su juventud durante su estancia el Reino de France.

Martin de Azpilcueta y Jaureguizar, pese a este contratiempo, se mantuvo fiel a su carácter humilde, manteniendo con ello el favor de la mayoría de la Santa Sede, lo que obligó al cardenal español Francisco Pacheco de Toledo evitar una nueva promoción de cardenales. Este cardenal español fue el que chismorreo al Papa sobre el Doctor Navarrus.

En el año 1572, nuevos rumores surgieron sobro una nueva promoción de cardenales, en donde de nuevo estaría incluido el hijo de Barasoain. Felipe II de España nuevamente activo la maquinaria diplomática española existente en la Santa Sede, solo con la única intención de impedir el nombramiento de cardenal  para el nabarro.

“(…) no conviene en ninguna manera que éste sea cardenal. (…)”

En el año 1573 los seglares catalanes, perceptores de diezmos, perseveraban obstinados en su rebeldía contra Felipe II de España, luchando insistentemente desde varios años atrás, para sacar a flote sus privilegios.  Acudieron a Roma y entablaron la oportuna súplica contra la concesión pontificia que beneficiaba a su rey Felipe II de España. Para apoyar con más pujanza sus pretensiones, solicitaron el parecer de la máxima autoridad en derecho, el Doctor Navarrus, quien emitió un informe jurídico favorable a sus deseos.

Según el canonista de Barasoain, el Papa no tenía poder alguno para otorgar aquella concesión en perjuicio de los laicos que poseían dichos diezmos. Los efectos inmediatos del dictamen no sólo se dejaron sentir en Cataluña, sino también en el resto de Aragón, donde pronto comenzaron a cundir los brotes de la rebeldía contra Felipe II de España.

Esto le valió para que Felipe II de España se indignara con Martin de Azpilcueta y Jaureguizar, instando a sus diplomáticas a hacerle llegar la siguiente amenaza envuelta a modo de advertencia:

"(…) Será bien que llaméis luego al dicho Navarro y le digáis por la mejor orden que os pareciere, cómo yo he sabido esto y que me ha desplacido mucho de ello, y que para lo de adelante convendrá que esté muy advertido de no tratar de semejantes materias siendo tan en deservicio nuestro, teniendo él las obligaciones que tiene; y a este propósito lo demás que os pareciere (…)"

Pero esta vez su embajador Juan de Zuñiga no cursó la orden de su rey Felipe II de España por contraproducente. A demás, la emisión favorable hacia los seglares de Cataluña y por ende contraria al Papa, aunque fuera totalmente legal según el Derecho Canónigo y Papal, le apartó definitivamente de las todas las listas de promoción de cardenales. Así pues, el Doctor Navarrus aceptó humildemente el no ser nombrado cardenal.

Tras la absolución del arzobispo de Toledo en el año 1576, el Doctor Navarrus continuó con su labor literaria, permaneció como consultor de los Papas sucesivos Gregorio XIII y Sixto V, los cuales le siempre tuvieron gran cariño y en un alto aprecio.

El 21 de junio del año 1586, el Doctor Navarrus falleció en Roma, siendo posteriormente enterrado en la iglesia de San Antonio de los Portugueses.

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VV.AA. Estudios sobre el Doctor Navarro: en el IV centenario de la muerte de Martín de Azpilcueta.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

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EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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