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2015/02/03

Los templarios y la fragmentación de Nabarra

Los templarios y la fragmentación de Nabarra
Iñigo Saldise Alda

El 15 de julio del año 1099 con la toma de la ciudad de Jerusalén se puso fin a la denominada Primera Cruzada, la cual se había iniciado en el año 1096 por la postulación favorable del papa Urbano II, nacido en la normanda plaza de Lagery como Eudes de Châtillon, como colofón de un gran concilio llevado a cabo en la provincia occitana de Auvèrnhe-Auvergne, concretamente en la ciudad llamada Clermont, al grito de:

“¡Dios lo quiere! ¡Dios lo quiere!”

Así pues, la Tierra Santa fue tomada para la cristiandad tras más de tres años de luchas sanguinarias y combates violentos. Pero los caminos que existían para llegar a la ciudad de Jerusalén, permanecía inseguros. Por los continuados ataques que acechaban a los peregrinos cristianos que arriesgaban todo en su viaje, los cuales normalmente se liquidaban  con robos con violencia y asesinatos.

Fue entonces cuando el Hugues II de Payns nacido en Troyes de la Champagne y Godefroy de Saint-Omer caballero flamenco nacido en la Galia, dispusieron ofrecerse al rey de Jerusalen Baudouin de Boulogne, para contribuir con la defensa de los caminos y con ello proteger a los peregrinos con esta misión.

Ya en el año 1115, fue cuando otros nueve caballeros se unieron a ellos, constituyendo entonces la cofradía de los Pobres Caballeros de Cristo. Tomaron como emblema inicial una bandera rectanagulas, dividida en dos cuadros, uno negro y otro blanco, conocida como Beauséant.

El rey de Jerusalén puso inmediatamente a su disposición una parte de su palacio, el cual había sido construido sobre las ruinas del antiguo Templo de Salomón. Esta aparentemente anecdótica ubicación de su sede, provocó en el año 1118 el cambio en el nombre de la cofradía, pasándose a llamar: "Milites Templi Salomonis".

En el año 1119, del rey Baudouin d'Édesse II de Jerusalen, cambió la  residencia real a la torre de David y así los Pobres Compañero de Cristo, pasaron a ocupar toda la aljama que se había levantado sobre las ruinas del templo de Salomón, pasando a denominarse entonces, del Templo y a sus miembros se autodenominaron caballeros templarios.

En el año 1126, el conde de Champagne decidió dejarlo todo, su familia, sus posesiones y sus poderes, para ponerse de inmediato al servicio de su antiguo vasallo Hugues de Payns, en “Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici”.

No obstante el papa Onorio II, nacido como Lamberto Scannabecchi en Fiagnano de la península itálica, se negó a reconocer la cofradía sin contar con el aval de las demás órdenes monásticas, de ahí que de Payns insistiera al borgoñon,  abad de Clairvaux y patrón del Cîteaux-Cister Bernard de Fontaine, a que apoyara sus pretensiones fundacionales e intercediera por la nueva cofradía ante el papa.

El resultado fue el elogio por parte del cisterciense hacia  la nueva milicia templaria, durante la celebración del concilio de Troyes.

En día 13 de enero del año 1129, en la Catedral de Troyes se encendieron los cirios, y tras la llegada de los convocados, comenzó el concilio con el principal objetivo de reconocer a la nueva milicia templaria. Dicho concilio fue presidido por el Cardenal Matteo di Albano, en representación del papa. También se encontraban los arzobispos de Reims y Sens, diez  obispos, los maestros escolásticos Foucher y Auberi, ocho abades entre ellos el abad de Clairvaux, autentico cerebro de Concilio, que como descendiente de la nobleza borgoñona que era, se ganó desde un inicio la confianza de los delegados o representantes de la nobleza de la Galia y también de la iglesia como la del abad sajón de Citaux, solo mostrándose en contra de su tesis el obispo de Orleans Jean II, el cual contaba con el favor del rey Louis IV de France.

En el Concilio Hugo de Payns expuso una por una las 72 reglas de la Orden, que se puede decir que seguía la regla de San Agustin. Del Concilio sale una nueva regla de corte cistercense por influenciada directa del abad de Clairvaux, padrino de la nueva caballería templaria.

Entrando ya el año 1130, es cuando la orden del Temple fue reconocida oficialmente por la más alta potestad religiosa de la cristiandad occidental, lo que cautivó un gran número de caballeros dispuesto a abandonar los lujos y glorias, con la intención naciente de formar parte de la caballería de Dios, convirtiéndose en frailes-guerreros al servicio de la cristiandad en la lucha contra los mahometanos, tanto en oriente medio como en la Península Ibérica, por donde el islam amenazaba igualmente a todos los Reinos europeos, pero especialmente al Reino de León y Castilla, al Reino de Iruinea-Pamplona, Aragoi-Aragón, Naiara-Nájera y Gaskoinia-Gaconhe-Gascogne o sencillamente Nabarra, además de los condados catalanes estando estos últimos bajo la autoridad feudal del conde de Barcelona.

Mientras la orden del Temple se estaba formando, en el Reino de Nabarra era coronado como rey el vascón Alfontso Ramirez de Aragoi y Roucy.

El rey de los nabarros mantuvo estrechos lazos con diversos magnates francos, en especial con los provenientes de la región del Midi, gracias en gran medida a las continuas llamadas de cruzadas contra los mahometanos. Las tropas de los cruzados fueron comandadas por el mismísimo rey de los nabarros en numerosas ocasiones. Incluso en sus filas se podían encontrar a caballeros castellanos. En estas cruzadas, Alfontso I de Nabarra se dedicó a recobrar para el Reino vascón, las tierras que faltaban del valle del Ebro.

El Batallador liberó Zaragoza en el año 1118 tras una nueva llamada a la cruzada. Un año después se rescató Tutera y Tarazona, después Calatayud y Daroca. Ganó la batalla de Cutanda en el año 1120 frente al ejército mahometano de Ibrahim ibn Yusuf.

El batallador rey nabarro Alfontso I, envuelto en una casi continua bruma de Guerra Santa, creó la única orden Militar y de Caballería perteneciente al Estado de Nabarra. Su instauración fue llevada a cabo bajo unos verdaderos razonamientos de Cruzada, siendo así una verdadera Militia Christi. Además de contar con unos objetivos muy similares a los que poseían esas tres órdenes militares de las cuales ya había oído hablar y que habían sido creadas en Palestina, orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén y la orden del Temple. Todas ellas fueron sancionadas en el Estado Pontificio de Roma.

Es en el año 1128 cuando el Batallador funda la orden militar de San Salvador de Monreal. Religiosa y también de Caballería en el pueblo de Monreal, sito en las tierras de Teruel. En esta Orden el rey vascón integró la Cofradía de Belchite, la cual había sido fundada dos años antes por el mismo rey nabarro.

La creó a semejanza de la orden del Temple y en el acto fundacional estuvieron presentes varias figuras eclesiásticas, abades y prelados de al menos tres Estados, el Reino de Nabarra, la República Romana y Apostólica, junto al Reino de León y Castilla. Cabe destacar al abad de la Grasse legado del papa, al arzobispo de Auch y al abad de San Salvador de Leire.

Fue el gascón arzobispo de Auch el que se encargó de redactar la carta fundacional. En ella, se pueden ver, claros y firmes, los objetivos que tenía la orden. Estos eran, primordialmente, someter a los sarracenos y abrir un camino a Jerusalén pasando el mar Mediterráneo.

Sus miembros y bienhechores recibieron beneficios de cruzada. La orden tuvo su primera base en Belchite y posteriormente en Monreal, recibiendo una zona de influencia grande por parte del rey de Nabarra, comprendida ésta en las áreas de las comarcas de Jiloca y Teruel, hasta Segorbe.

En los años 1125 y 1126 el rey de los nabarros realizó una lúcida expedición a Al-Andalus, regresando con numerosos mozárabes. Llevó una rápida repoblación de los territorios reconquistados por gentes del norte del Reino, francos en su mayoría, junto a los mozárabes que le acompañaron desde Al-Andalus. A la vez de que a muchos musulmanes les permitió el perseverar sus posesiones dentro del territorio del Reino vascón.

Tras la muerte de su exesposa la reina Urraca I de León y Castilla, el rey vascón penetró junto a un numeroso ejército nabarro en las antiguas tierras pertenecientes al reino de los vascones, las cuales estaban ocupadas ilegalmente por los castellanos.  Incluso las tropas nabarras llegaron a traspasar los límites fronterizos pactados entre Nabarra y Castilla  en el año 1016. Tras muchas vacilaciones el rey nabarro decidió reconocer a Alfonso VII como rey de León y accedió a entrevistarse con él. Los dos monarcas de nombre Alfonso, uno nabarro y el otro gallego-leonés, se encontraron en el valle de Tamara en el año 1127, concretamente entre Hornillos y Castrogeriz, firmando un nuevo tratado fronterizo legítimo y también de paz.

En el año 1130 se produjo una revuelta o motín favorecido desde el Reino de France en la población costera nabarra de Baiona. El Batallador consiguió sofocar la insurrección un año después, tras enviar a numerosos señores nabarros. Entre ellos destacaron los del Baztan, Lizarra, Etxauri, Burunda, Hernani, Tarazona, Barbastro, Donibane Garazi, Xiberoa, Bearno, Auch, Pallars,… Incluso diferentes navíos partieron desde Donostia y Hondarribia en dirección a Baiona durante ese periodo. Durante el asedio a la ciudad de Baiona escribe su testamento, en el cual otorgaba el Reino deNabarra a esas tres órdenes cristiano-militares de Palestina: Santo Sepulcro, Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y el Temple.

Alfontso I de Nabarra murió como consecuencia de las heridas sufridas en cruzada, concretamente tras la derrota en la batalla de la ciudad de Fraga, la cual estaba defendida por “los moros” y su aliado el templario Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, Gerona, Osona y Cerdeña. Solo diez caballeros cristianos y nabarros salvaron la vida, entre ellos el señor de Monzón, Logroño y Tutera, Garcia Ramirez.

El testamento mandaba que todos los castillos y fortalezas del Reino de Nabarra, debieran ser cedidos a las tres órdenes militares. Alfontso I de Nabarra intentó justificar con ello sus actos en vida y de paso servirle como ofrenda para la redención de sus pecados, junto a la redención de su espíritu y el alma de sus parientes. Este testamento perjudicaba seriamente los intereses del Reino de Nabarra, pero por el contrario era muy favorable para la República Romana y Apostólica, por lo que poco después de su muerte y ante una inmediata crisis sucesoria planteada, este testamento fue rechazado por los señores nabarros.

Este hecho fue aprovechado velozmente por el mayor enemigo de los nabarros, el rey de León y Castilla Alfonso VII, autoproclamado ya como emperador, que paso a invadir el territorio del Reino de Nabarra ocupando Naiara poco antes del 10 de noviembre del año 1134. Tras eso, se puso al acecho de otra plaza nabarra, concretamente la de Logroño, de donde pasó rápidamente a Zaragoza en diciembre del mismo año. El obispo de Roda-Balbastro Ramiro Ramirez de Aragón el Monje, hermano menor de Alfontso I de Nabarra, se presentó en Zaragoza y confirmó los derechos de los mismos nobles a heredar las tenencias salvo caso de traición, algo que había anulado en su día su pariente.

En plena crisis sucesoria en el año 1135, la Gaskoinia bascula hacia el ducado francés de Aquitania.  Mientras, ese mismo año, se formalizó el Pacto de Vadoluengo, el cual básicamente pretendía una cohabitación de Poderes buscando subsanar el embrollo ocasionado por el testamento de Alfontso I de Nabarra. La iglesia gobernaría el Estado a través de Ramiro el Monje, mientras que García Ramírez fue colocado como jefe supremo del Ejército, para que este último seguiriera combatiendo a los hijos del islam. Sin embargo no se llevó a cabo el ante la imposibilidad de llegar a acuerdo entre García Ramírez y las Órdenes Militares, siendo llevada a cabo por el templario y conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, la negativa más radical y fuerte. Así pues, esto ocasiono una nueva fragmentación territorial y los señores y tenentes nabarros se decantaron por el señor de Tutera García Ramírez, como rey de Nabarra, ya reducida solo a lo suscrito a Iruinea, debido al abandono de Gaskoinia y las pérdidas ilegítimas, tanto militares como religiosas, de Naiara y Aragoi.

A todo esto, hubo que añadir que la chancillería pontificia lanzó una enérgica represalia contra el nuevo rey nabarro, negándole su condición de rex y otorgándole únicamente el título de dux. Esto suponía en la práctica, que lo que quedaba del Reino Pirenaico quedara libre para ser invadido y ocupado por el mejor postor dentro de los príncipes cristianos.

Por si fuera poco, los intereses de la República Romana y Apostólica de Roma, en la cruzada contra los musulmanes en el Valle del Ebro, fueron apoyados por el obispo de Barbastro y Roda, Ramiro el Monje y el arzobispo de Tarragona, primado de la Tarraconense. Los continuos apoyos mutuos entre el Vaticano y Ramiro Ramirez de Aragón el Monje, influyeron proverbialmente en una nueva operación antinabarra con el conde de Barcelona.

Por el contrario en Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, incluso el monasterio de San Juan de la Peña, así como algunos eclesiásticos del interior en los que destacaron el obispo de Huesca y Sancho de Larrosa de Iruinea, apoyaron la continuidad de la unión Nabarra de Iruinea y Aragoi, bajo la corona de García Ramírez el Restaurador, frente a la disolución pretendida por el rey Alfonso VI de León y Castilla además del templario Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona.

Ramiro Ramirez de Aragón el Monje, al verse fuertemente apoyado por castellanos y barceloneses, creyó en la posibilidad de formar una monarquía teocrática del mismo tipo que la existente en Roma, para todo el reino nabarro, es decir, para Aragoi e Iruinea. Convocó a diferentes caballeros y obispos en la catedral de Huesca que le contrarios, donde los asesinó ante su negativa a reconocerle como rey de Aragoi e Iruinea. Los señores y clérigos de Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles pirenaicos, del monasterio de San Juan de la Peña, e incluso el mismísimo obispo de Huesca, fueron decapitados por orden de Ramiro Ramirez de Aragón el Monje. Ante estas maniobras, García Ramírez fue proclamado rey en Iruinea como restaurador de todo el Reino de Alfontso I de Nabarra el Batallador.

La presencia de Alfonso VII de León y Castilla en Zaragoza echaba por tierra las pretensiones de crear una monarquía teocrática por parte de Ramiro Ramirez de Aragón el Monje. Pero no solo eso, ya que la presencia castellana en Zaragoza se enfrentaba directamente a los derechos que tenía García Ramírez el Restaurador sobre el Reino de Zaragoza desde su recuperación para la cristiandad por el Reino de Nabarra.

García Ramírez el Restaurador, a diferencia de Ramiro Ramirez de Aragón el Monje, pretendía mantener el mismo criterio de nombrar tenentes, en contra de las costumbres existentes en el Reino de Castilla-León y en el condado de Barcelona, donde dichos cargos eran de carácter hereditario. La invasión castellana y la intromisión de los magnates de la República Romana y Apostólica, junto a las órdenes religioso-militares creadas en el reino de Jerusalén,  alteraron drásticamente el panorama político y territorial en el Reino vascón.

Los partidarios de García Ramírez el Restaurador y de Ramiro el Monje realizaron un nuevo intento de aproximación. Fue una reacción natural ante el caos producido por esta guerra civil y la partición del Reino de los nabarros. Desde Castilla-León buscaron con ahínco la partición del Reino vascón tras la invasión y ocupación de las tierras riojanas y alavesas, intentando forzar así, a García Ramírez de Nabarra, a negociar con el Reino de León y Castilla. En la primavera del año 1135, Alfonso VII de León y Castilla acordó en Nájera una paz con García Ramírez de Nabarra, reconociéndolo como rey de los nabarros en Iruinea y Aragoi. En el texto se hizo alusión a una paz firme y duradera.

Pero lo cierto es que realmente el rey de León y Castilla, pretendía repartirse el Reino Pirenaico con el templario Ramón Belenguer IV, conde de Barcelona. Por ello sellaron su alianza antinabarra en el tratado de Carrión de los Condes de Febrero del año 1140. Así pues, Promovieron la boda del obispo Ramiro Ramirez de Aragón, con la hija del conde de Poitou. Posterior promovieron el casamiento de la hija de estos, de apenas dos meses de edad, con el templario y conde de Barcelona, dando forma con ello a la Corona de Aragón.

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Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
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EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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