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2015/02/06

El Ferro de Álava

El Ferro de Álava
Fernando Sánchez Aranaz, Gasteiz-Nabarra

Un documento del monasterio navarro-riojano de San Millán de la Cogolla nos muestra como era Álava hace mil años

El territorio histórico de Araba ha experimentado múltiples cambios a lo largo de la historia. Si nos atenemos a los documentos más antiguos, los de época romana, en lo que hoy es Álava habitaban varios pueblos, emparentados entre sí -vascones, bárdulos, caristios, berones y autrigones‑ y que se extendían también por los territorios vecinos.

Fue precisamente Roma quien dio una cierta unidad a esa variedad de pueblos que en el futuro serán conocidos como vascones. De esa manera nos encontraremos, a partir del siglo II d.C., con un poblamiento establecido a lo largo de una importante vía de comunicación, la calzada Iter XXXIV ab Asturicam Burdigala, que entraba en lo que hoy es Araba por Egino, procedente de la Iruña de Pamplona, para seguir el valle del río Zadorra.

La calzada pasaba por Mansio Alba (Albeniz), Tullonium (Dulantzi), Suestatio (Arkaia), la Iruña de Beleia y Deobriga, junto a Miranda de Ebro, para dirigirse luego hacia Viroveska (Briviesca), la ciudad principal de la Autrigonia.

La influencia de esta calzada va, como es lógico, más allá del primigenio territorio alavés, constituyendo un elemento civilizador que está en el germen de la unificación de todos aquellos pueblos de común estirpe, entre los ríos Garona y Ebro, teniendo como eje la cordillera pirenaica, en el ducado de Vasconia, a partir del siglo VI (especialmente tras la expulsión de los visigodos de la Novempopulania, actual Gascuña, tras la batalla de Vouillé, en 507).

La frontera sur del Ducado de Vasconia, en permanente enfrentamiento con la Hispania visigoda, viene delimitada por el hallazgo de vestigios arqueológicos, principalmente necrópolis de guerreros, que trazan una línea que pasa por Buzaga, al sur de Pamplona, y luego por San Pelayo en Alegría-Dulantzi, Aldaieta, junto a Nanclares de Ganboa, y Finaga en Basauri (Bizkaia). Al sur de esta línea se encontraría una tierra de nadie montañosa, donde se encuentran eremitorios rupestres, como el de Laño en Treviño, a los que nos referiremos luego.

Esta frontera se mantuvo a partir del año 711, tras la desaparición del poder visigodo y la islamización de Hispania. De esa época proviene la primera mención a Álava en las crónicas hispanomusulmanas. Para ellos era Al-laua. Siendo Laua la Llanada, que hoy llamamos Lautada. Laua en euskara significa precisamente llanura o planicie. El país al que pertenecía Al-laua, según esas mismas crónicas, era la Galia Comata, que era como llamaban a esa zona fronteriza del Ducado de Vasconia que desde 769 había sido conquistado por el rey franco Carlomagno.

Los navarros

Este hecho da lugar a la aparición en la historia de unos nuevos protagonistas, los nauarri, citados en las crónicas francas como los vascones rebeldes al dominio franco. El cronista Einkhart nos dice en la biografía de Carlomagno, escrita entre 829 y 836, “Ipse per bella memorata primo Aquitaniam et Wasconiam totumque Pyrinei montis iugum et usque ad Hiberum amnem, qui apud Nauarros ortus”, es decir, “Él mismo [Carlomagno] en memorable guerra sometió primero a Aquitania y a Vasconia y todos los montes Pirineos y hasta el río Ebro, que nace junto a [las tierras de] los Navarros”.

Pura propaganda política, porque Carlomagno había visto frustrados sus deseos de dominio hasta el Ebro en 778, siendo derrotado en Roncesvalles, precisamente por los navarros, cuando se retiraba hacia Francia. Y fue también allí, en Orreaga, donde su hijo Ludovico Pío fue vencido el año 824, tras lo cual fue instaurado el Reino de Pamplona, en la persona de Eneko Xemeniz, llamado “Aritza”.

La Araba de entonces, que comprendía la Llanada y poco más, se inscribe en el territorio pamplonés, presionado por el emirato de Córdoba por el sur y por el reino astur-leonés, sucesor del de los visigodos, por el oeste. La crónica de Alfonso III de León, que nos remite a los hechos del reinado de Alfonso I (739-757), nos informa de que “Álava, Bizkaia, Alaon [probablemente Ayala] y Orduña, ocurre que están poseídas por los suyos, del mismo modo que Pamplona, Deio y la Berrueza”.

Una tradición recogida por el Padre José Moret Mendi, miembro de la Compañía de Jesús y cronista oficial del Reino de Navarra entre 1654 y 1687, nos dice que el rey Eneko Arista habría donado, en 839, a su alférez mayor, Eneko de Lane o de Lalanne, “un valle y monte por nombre Larrea, que dice está a la entrada de Álava, desde el río hasta la montaña alta de Guipúzcoa llamada Arbamendi y una torre que el Rey había edificado”.

De esta manera llegamos al reinado de Sancho III el Mayor, entre 1004 y 1035, durante el que todo el territorio de lo que hoy es Álava forma parte de Navarra. De esa época, año 1025, data el documento conocido como “Ferro de Álava” o “Reja de San Millán”, en el que se relacionan los tributos que en forma de rejas de hierro pagaban los pueblos de Álava al monasterio navarro-riojano de San Millán de la Cogolla.

El monasterio de San Millán

En el monte Distercio o La Cogolla existía en esa época un monasterio fundado en el siglo V por San Millán, quien había nacido en Berceo, actual Rioja, en 473, cuando aquellas comarcas estaban sometidas al dominio del rey visigodo Eurico. Su nombre proviene del latín Aemilianus, en castellano Emiliano. A los 20 años, siendo pastor, decidió dedicar su vida a la contemplación de Dios. Se dirigió a Bilibio, en las cercanías de la actual Haro, para hacerse discípulo de un santo ermitaño llamado Felices.

Una vez instruido por éste, decidió apartarse del mundo, yéndose a vivir al monte Distercio o la Cogolla, próximo a Berceo, donde habitó cuarenta años. Dídimo, obispo de Tarazona, teniendo conocimiento de su santidad, le nombró párroco de Berceo, en contra de su voluntad. Otros clérigos, seguramente movidos por la envidia, le acusaron de desatender la administración de la parroquia, por lo que fue destituido y regresó al monte, donde vivió como ermitaño en una gruta que él mismo excavó en la roca, hasta su muerte a la avanzada edad de 101 años. Durante ese tiempo su fama de santo se extendió por toda la región, realizando, según la tradición, numerosos milagros. Otros ermitaños se le unieron, formándose una comunidad, que vivía en cuevas artificiales, conocidas tras la muerte del santo como monasterio de San Millán de Suso. Tras su muerte su tumba se convirtió en lugar de peregrinación.

En 1053, el rey de Pamplona García Sánchez fundó un monasterio en Nájera y quiso llevar allí el cuerpo de San Millán. Dice una tradición que los bueyes que arrastraban el carro que portaba el féretro, se negaron a seguir al llegar a un punto determinado, donde el rey decidió fundar un nuevo monasterio que albergase los restos del santo, que hoy es el monasterio de San Millán de Yuso. Este cenobio, primero en su ubicación de Suso y luego en la de Yuso, alcanzó gran importancia, de manera que muchos territorios llegaron a depender de él, entre ellos los del municipio alavés que de él recibe el nombre. Perteneció a la Orden Benedictina, pero actualmente está adscrito a la de los Agustinos Recoletos.

El monasterio de San Millán es célebre por haberse encontrado en él, escritas por los monjes de aquellos tiempos en los márgenes de antiguos códices, las primeras muestras escritas del euskara y de la lengua romance navarra-riojana-aragonesa.

Los pueblos de la Reja

El documento del Ferro de Álava nos describe un territorio dividido en diecinueve céndeas o alfoces, que hoy llamaríamos municipios, distribuidos, aproximadamente, entre el puerto de Orduña, por el oeste, las sierras del Gorbeia, Elgea, Urkila y Aratz, por el norte, la muga con la Sakana y con Kanpezu, por el este, y por el sur los montes del sur de Trebiño.

Estas céndeas o alfoces son, de oeste a este y de norte a sur, Zuhia Barrutia, que incluye Koartango y Urkabustaiz; Murielles, desde Fresnedo a Ollabarre; Ossingani, de Biloria a Pobes y Hereña; Fornello, que es el valle del Zadorra, desde Tuio a Baias, que pertenece hoy a Miranda de Ebro; Zufia de Iuso, sería Zuia, y Zufia de Suso, Zigoitia; Divina, los pueblos al norte de Gasteiz -Vitoria todavía no existía-, de Abetxuko a los Huetos; Ubarundia, desde Gamarra a Elosu; Langrares, al oeste de Gasteiz; Malizhaeza, Gasteiz y los pueblos del sur, Rigo de Ivita, el actual municipio de Trebiño, más algunos otros pueblos como Arluzea, Markinez y Urarte; Harhazua son dos céndeas, una de Durana a Argomaniz, otra de Gamarra a Goiain, la otra de Elorriaga a Ullibarri de los Olleros; Camboa, el antiguo valle de Gamboa, hoy en su mayor parte bajo el pantano; Hiraszaeza, hoy Iruraiz, sería los municipios de Elburgo y Alegría-Dulantzi; Barrandiz, el valle de Barrundia hasta Galarreta y Ordoñana, de San Millán; Hegiraz, que es Agurain y los pueblos de alrededor, incluyendo Araia; Septem Alfozes, el resto de Asparrena; Harahia, que viene a ser el actual municipio de Maeztu.

Así pues, esta Álava del siglo XI no comprendería ni la mayor parte de la Cuadarilla de Kanpezu, que estaría unida a la Berrueza, ni Valdegobia, ni por supuesto la llamada Rioja Alavesa, que hasta 1462 perteneció al Reino de Navarra con el nombre de Sonsierra de Navarra.

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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