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2008/10/01

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Los herederos de San Pedro contra los navarros (y II)
Soberanía de Navarra

El emperador de Roma, Julio II, moría en febrero de 1513. Durante su mandato y gracias a su complicidad, sus aliados españoles invadieron el Estado de Navarra. El pretexto era recuperar la Guyena para otro de sus aliados, los ingleses. Dicha invasión y ocupación se sustentó con la presentación por parte del rey español, Fernando el Falsario, de documentación falsa, donde se incluían tres Bulas papales contra los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, y aquellos navarros que apoyaran a sus legítimos reyes, sin desatar indignación alguna en el emperador de Roma, sino todo lo contrario, lo que condenó a los navarros del sur del Pirineo.

León X, le sustituyó en el emperador de la cristiandad, siendo un leal escudero para los intereses españoles en el recientemente ocupado Reino de Navarra. Catalina I y Juan III de Albret enviaron innumerables delegaciones al emperador de Roma, las cuales en muchos casos no fueron ni recibidas por el mayor aliado, con el cual han contado los españoles.

El ascenso al trono del Estado de Navarra de Enrique II el Sangüesino, significó una mayor reivindicación, por parte de los navarros, hacia el emperador cristiano de Roma. León X debía obligar al España a retirarse de las tierras ocupadas al por su ejército, al sur del Pirineo. León X dio la espalda a los navarros. En diciembre 1521 moría León X sin haber hecho nunca nada en favor los navarros, después de que las tropas españolas hubieran invadido y ocupado de nuevo el Reino de Navarra, tras derrotar y matar a más de 5000 navarros en las campas de Noain-Ezkirotz.

Por primera vez tras la ilegal invasión por parte española del Estado de Navarra, un emperador de Roma se postulaba a favor de la causa de los navarros. Este fue Adriano VI, pero su repentina muerte en septiembre de 1523, provocó que en Navarra se celebraran funerales por su defunción. Esto fue aprovechado por los españoles, los cuales impidieron el nombramiento de navarros, para altos cargos en la jerarquía eclesiástica en la Navarra ocupada. Roma volvía a ser el mayor aliado de los españoles, principales enemigos de los navarros.

La llega al trono de Roma de Clemente VII, fue mala para los navarros. Enrique II de Albret fue hecho prisionero en la batalla de Pavía, junto a su amigo el rey de Francia, por las tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania. Tras la fuga del navarro, este se casa con la hermana de Francisco I de Francia, Margarita de Angulema, quien se encarga de introducir el humanismo en la corte de Navarra, algo que aborrecía el emperador de Roma, prisionero del emperador español Carlos I, desde el año 1527 y participando activamente en las decisiones de éste, incluidas las que iban en contra de los navarros, que soportaron en dicho periodo la caza de brujas por parte de la inquisición española.

Pablo III, tras la muerte en el año 1534 de Clemente VII, se hace cargo del imperio de la cristiandad. Se posiciona en un principio con el reino de Francia, provocando un ligero enfrentamiento con el reino de España. Pese a ello, los navarros no consiguen ningún avance en sus reclamaciones políticas, principalmente en las de materia territorial. Solo se consigue la anulación del primer matrimonio de la princesa de Viana, Juana. Su política antihumanista le enfrenta de lleno contra el Navarrismo incipiente de la corte de la Navarra soberana y a su vez, lo que le lleva a aprobar reiteradamente, el voraz apetito colonialista, llevado a cabo por los invasores españoles en las tierras navarras del sur del Pirineo.

Tras su muerte toma el control del imperio cristiano, Julio III. Durante sus cinco años de reinado, no atiende ninguna reclamación proveniente del Estado soberano de Navarra, ya que estaba centrado en el concilio de Trento, impulsado por su predecesor. Marcelo II apenas tuvo tiempo de atender alguna reclamación navarra, ya que no ostentó el cargo de emperador de Roma, ni un mes.

El viejo y colérico Pablo IV, tras poner al mando del imperio cristiano de Roma en mayo de 1555, pondera el Reino del Terror, con el cual combatir las reformas protestantes de Lutero y Calvino. El Navarrismo es un enemigo más al que combatir debido a la “rebeldía” de los navarros. Su carácter impulsivo le llevó incluso, a realizar un boceto donde planteaba entregar la Navarra soberana del norte del Pirineo a la monarquía española.

En diciembre de 1559, la corona del emperador de Roma, recae en Pío IV, el cual comienza una política de presión sobre Felipe II de España, con la que buscaba la resolución definitiva sobre la legitimidad de los reyes Privativos de Navarra. Pedro de Albret llevó a Roma la carta de adhesión al nuevo papa, de los reyes Juana III de Albret y Antonio I de Borbón, siendo el encargado de llevar las negociaciones con las que se restituirían al Reino Soberano de Navarra, las tierras ocupadas por las tropas españolas.

En enero de 1561, el emperador de Roma nombra a los reyes de Navarra legítimos soberanos para toda Navarra, incluida las tierras ocupadas y devastadas por las tropas e inquisición españolas. Pero España reacciona y se interpone en la resolución del conflicto. Roma rechaza a todas las delegaciones provenientes del Estado de Navarra. El emperador de Roma traiciona el juramento navarro, lo que provoca la entrada definitiva del Navarrismo religioso en el Reino Pirenaico, con fuentes calvinistas, pero semejante del Anglicanismo.

Su sucesor Pío V, fue el gran inquisidor en un momento en el cual, en el Estado Pirenaico se extendía la tolerancia religiosa y el respeto a las personas y opiniones. Después de él llegó al trono de Roma, Gregorio XIII. Este emperador tras enterarse del asesinato de la reina Juana III de Navarra la celebró, y tras la matanza de San Bartolomé, ordenó que se cantara Te Deum en las iglesias de Roma, sus aliados españoles, con su rey Felipe II al frente, también lo celebraron por todo lo alto.

El nuevo emperador católico romano, Sixto V, se alió de nuevo con el reino de España. Por ello instó a la invasión de Inglaterra y de pasó, incentivado por su odio a los navarros, condenó como hereje a Enrique III de Navarra. Realizó la condenación más clara que ha realizado el estado Pontificio sobre el Navarrismo, mediante una bula que obligó firmar a 25 cardenales cristianos, católicos, apostólicos y romanos.

Urbano VII, Gregorio XIV e Inocencio IX, a penas pudieron hacer daño a los navarros, solo intentaron incluir al Navarrismo con la Reforma, ya que sus mandatos en el imperio católico fuero extremadamente cortos, al sumar algo más de un año entre los tres. Su sucesor Clemente VIII, retiró la excomunión a Enrique de Borbón y Albret, pero solo como rey de Francia, nunca como de Navarra, exigiendo la imposición de la doctrina católica, a modo de única para el Reino Pirenaico, calificando que el edicto de Nantes era obra del diablo. Este emperador de Roma, llegó a afirmar lo siguiente:

“(…) y del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones.”

León XI, nunca llegó a preocuparse de los asuntos de los navarros, algo que si sucedió con Pablo V, el último emperador católico de Roma, que se inmiscuyó en los asuntos de los navarros libres y soberanos. Pablo V llegó a mencionar en uno de sus conclaves, que habría más paz si Enrique III de Navarra y VI de Francia, era asesinado, algo que llevó a efecto el ultracatólico y jesuita Ravaillac, en el año 1610. Tras la muerte de Margarita de Valois, Luís XIII de Francia invade y ocupa el Reino Pirenaico, al cual para satisfacción de los españoles y principalmente, del emperador de Roma, declarándolo parte de la Francia católica y completando con ello la destrucción del Estado de los navarros.


BIBLIOGRAFÍA

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WEB

CRONOLOGÍA emperadores de Roma, http://www.cristo.fm/documentos/papas.htm

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