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2013/04/16

Héroe olvidado

Héroe olvidado
 
La asociación Martin Ttipia, tenente de la vitoria navarra a finales de la primavera de 1199, busca reivindicar su figura. Agurain-Nabarra, Fernando Sánchez Aranaz.
 
Hace algunas fechas, DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA daba a conocer la presentación de una nueva asociación cultural, dedicada al estudio y la divulgación de la historia y el patrimonio de Álava, particularmente en su relación con la historia de Navarra. Esta asociación ha sido denominada por sus promotores como Martin Ttipia Kultur Elkartea y, lógicamente, la primera pregunta que surge es la del porqué de ese nombre. ¿Quién era Martin Ttipia?
 
Martin Ttipia era el tenente de Vitoria a finales de la primavera de 1199, cuando el rey de Castilla, Alfonso VIII, decidió violar los pactos firmados veinte años antes con el rey Sancho VI de Navarra, conocido por sus súbditos como El Sabio. Este rey había emprendido una labor de reconstrucción y de reorganización del reino, tras su elección en 1150 como sucesor de su padre, García V Ramírez. Este personaje había sido elegido rey por los navarros tras la división del reino pirenaico, debida a una conjura entre el conde de Barcelona, Ramón Berenguer, y el rey de Castilla, Alfonso VII, que eran cuñados, a la muerte sin descendencia de Alfonso I en 1134. Pero eso es otra historia.
 
Sancho VI, consciente de que la estabilidad del estado navarro pasaba por el control de la nobleza, dio fuero a distintas localidades, entre ellas, en 1181, la de Nova Victoria sobre la aldea de Gasteiz. Paralelamente distribuyó el territorio en tenencias, una de las cuales fue precisamente Vitoria. Esta organización del estado venía de lejos. El historiador Aitor Pescador, que ha realizado un estudio sobre este tema, afirma que aparece ya en la documentación del reinado de Sancho I Garcés, entre los años 905 y 925.
 
Así pues, las tenencias eran una especie de gobiernos comarcales, a cuyo frente estaban los tenentes, cuyo cargo no era ni vitalicio ni, mucho menos, hereditario. Eran funcionarios del estado. Antes el gobierno, concretamente en lo que se refiere a Álava, estaba en manos del Conde de Álava, un cargo que tampoco era hereditario, sino electivo, como corresponde al derecho pirenaico, por el que se regía el Reino. El último Conde de Álava fue Ioan López de Gebara, al que sucedió en 1177 Diego López, ya como tenente. La tenencia de Álava, que llegaba hasta la costa, fue luego subdividida en otras, creándose las de Zaitegi, Atxorrotz, Arluzea, Portilla y Vitoria, encomendada en 1181 a Pedro Ramírez.
 
Encontramos a Martin Ttipia como tenente de Vitoria en 1198. No se sabe mucho sobre él, su mismo apellido, Ttipia, el pequeño, parece más un apodo que un auténtico apellido. Al parecer era natural de Sangüesa y tras la toma de Vitoria fue tenente en Mendigorria, Azagra, Miranda de Arga y Milagro. Algunas fuentes lo sitúan también en Donibane Garazi. Lo cierto es que su nombre deja de aparecer en la documentación a partir de marzo de 1211.
 
el asedio de Vitoria El eximio historiador estellés José María Lacarra (1907-1987) relata los acontecimientos que condujeron a la caída de Vitoria y del resto de la Navarra occidental en 1200.
Antes, cabe que aclarar que en 1177 el rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet, emitió un Laudo Arbitral, después de escuchar las argumentaciones de los embajadores de los reinos de Navarra y de Castilla. Resulta oportuno resaltar que los embajadores navarros habían basado sus reclamaciones territoriales no en batallas ni en conquistas, como los castellanos, sino en la "fidelidad probada de sus moradores naturales".
 
El Laudo que, por naturaleza, era de obligado cumplimiento, no satisfizo a ninguna de las dos partes, pero sirvió para acordar un tratado posterior, en abril de 1179, en el que pueden leerse estas palabras: "Yo mismo, Alfonso, rey de Castilla, dejo a vos Sancho, rey de Navarra y a vuestros sucesores, Álava a perpetuidad para vuestro Reino, a saber, desde Itziar y desde Durango, dentro de las actuales [fronteras], exceptuando el castillo de Malvecín ,que pertenece al rey de Castilla; y también Zuvarrutia (Zuia) y Badaia, tal cual el agua cae hacia Navarra, excepto Morillas, que pertenece al rey de Castilla; y también a partir de ahí hasta Oka y desde Oka según divide el Zadorra hasta que desemboca en el Ebro". El original está en latín.
 
A pesar de todo ello, José María Lacarra cuenta que en la primavera de 1199 Alfonso VIII, rompiendo el pacto, remontó el valle del Zadorra y puso sitio a Vitoria. Mientras la villa resistía el cerco, los castellanos sometían a otras poblaciones de Álava y Gipuzkoa. El rey de Navarra, entonces Sancho VII el Fuerte, se trasladó a al-Andalus para pedir ayuda al sultán al-Nasir. Nueve meses después, en enero de 1200, los vitorianos no podían más y, con la mediación del arzobispo de Pamplona, llegaron a una tregua para poder entrevistarse con el rey Sancho VII, quien ante la imposibilidad de socorrerles, les dio permiso para capitular.
 
Otros autores sitúan la presencia de Sancho VII en al-Andalus e, incluso, en Marruecos, en el contexto de una alianza de ayuda mutua con el sultán, aunque otros creen que ofrecía su apoyo militar a cambio de caudales para las arcas de su Reino.
 
En la literatura
 
Estos acontecimientos han sido novelados por el escritor Pello Guerra en su obra Vitoria, asedio al Reino de Navarra. En ella, destaca el heroico papel desempeñado por el tenente Martin Ttipia y por todos los vitorianos, resaltando que su resistencia, durante nueve meses, al mayor ejército de la península Ibérica supuso una impresionante demostración de lealtad hacia el Reino de Navarra.
 
A Pello Guerra, por ejemplo, le causa asombro que esa muestra de heroísmo sea olvidada de forma tan sistemática, ya que, en sus palabras, "por una parte, recuerda el titánico esfuerzo de los vitorianos por seguir siendo navarros y, por otra, pone en evidencia de una manera dramática que hubo una conquista a sangre y fuego por parte de Castilla".
 
Otro escritor, Javier Díaz Húder hace a Martin Ttipia protagonista de su novela, Un rey de extraña nación, en la que le sitúa hacia el año 1215 en la corte del duque Teobaldo de Champagne, en el contexto de la cruzada contra los cátaros y la sucesión del reino de Navarra. En este libro se insinúa una desavenencia de Martin Ttipia con su rey Sancho VII, en el sentido de que éste no habría querido auxiliar a los vitorianos. Tanto la documentación existente acerca de la postura del rey ante la invasión castellana, así como el hecho de que tras la toma de Vitoria fuese nombrado tenente en otros lugares, desmienten esa versión.
 
Como puede comprobarse, la información acerca de Martin Ttipia no es abundante. Por ello, la asociación que lleva su nombre se ha propuesto como objetivo la investigación sobre este personaje. No sólo eso, sino que además consideran que Vitoria-Gasteiz está en deuda con él, por lo que mantienen el propósito de plantear al ayuntamiento de la ciudad la dedicatoria de algún entorno en la antigua Villa Suso, la villa navarra de Nova Victoria, a su memoria.

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