Iñigo Saldise Alda
En el año 1454, el príncipe de Viana Carlos de Trastamara y Évreux, finalizó su obra titulada Crónica de los Reyes de Navarra, donde nos dice lo siguiente en el título de uno de sus capítulos: “El qual narra como, por la gracia de nuestro Señor, los reyes cristianos vencieron la batailla de Ubeda, e como el rey D. Sancho, por su grant virtut e fuerza, ganó por armas el cadenado, el qual asento sobre las ariestas” y dentro del mencionado capítulo nos dice esto: “(…) E el rey de Navarra tomo el dicho cadenado de los camellos , e de las tiendas e conquistó las cadenas por armas, e asentolas sobre las ariestas con un punto de sinople”. Esta es la primera vez, al menos dentro del Estado de Nabarra, donde se afirmó que las cadenas de la batalla de las Navas de Tolosa o también reconocida como la batalla de Úbeda, fueron puestas las cadenas en el escudo de Nabarra por Sancho VII el Fuerte.
La hipótesis más extendida en Nabarra del origen de la leyenda de la Navas de Tolosa y el blasón de Nabarra, es la que el príncipe de Viana se inspiró en dos escritos. Uno es la descripción del escudo de Iruñea-Pamplona que aparece en el Privilegio de la Unión del año 1423 hecho por Carlos III el Noble y que dice: “(…) et al derredor del dicho pendon aura un renc de nuestras armas de Nauarra, de que el campo sera de gueulas et la cadena que yra al derredor de oro (…)”. Y también en la Chronica de los Reyes de Nabarra del año 1397 realizada ésta por el obispo de Baiona-Bayonne fray García de Eugui. En ella las cadenas son nombradas de la siguiente manera: “(...) Este rey don Sancho ganó allí las cadenas et tiendas que son oy en Nabarra et mucho mas”.
Además hay quien afirma que en el entorno cortesano de Carlos III de Nabarra entorno al año 1400, ya se empezó a hablar de las armas nabarras como “cadenas doradas” en campo rojo. Esto puede ser debido a la afición bajomedieval a vincular el origen de las armerías con hechos memorables. Tal vez ésta hipótesis sea cierta, pero hay que tener presente que en ningún caso supuso la eliminación del carbunclo cerrado y pomelado, a la par de su reemplazo por las cadenas en el escudo nabarro, ya que lo podemos encontrar dibujado, el carbunclo, en dos importantes trabajos posteriores, el Libro de Armería del Reino de Nabarra copia rehecha en el año 1572, y en Abrege de l’histoire du Royaume de Navarre. Contenant de Roy en Roy. Ce qui est advenu de remarcabee des son origine, avec leurs armoiries del año 1605.
Por otro lado, si encontramos las nombradas cadenas de las Navas de Tolosa dibujadas a modo de alquerque, juego medieval de mesa similar al tres en raya, en el Armorial Héraut Berry coetáneo del príncipe de Viana, ya que fue finalizando en el año 1454. En él encontramos el escudo de un monarca nabarro, concretamente el blasón de rey consorte Felipe III de Nabarra (1328-1343), que es un cuartelado en cruz de las armas de Évreux y de Nabarra aquí con las cadenas dibujadas. El autor de ese trabajo fue el francés Gilles de Bouvier, rey de armas del Reino de France. Se sabe que visitó distintos condados franceses como el de Évreux, donde al parecer no reparó en los escudos del Estado de Nabarra que hay en diversas vidrieras en la catedral de Notre-Dame d'Évreux. Por otro lado no hay constancia alguna de que visitara el Reino de Nabarra. Pero si se sabe que visitó el Reino de Aragón y el Reino de Castilla y León, lugar este último donde coincidió con el heraldista castellano-leonés Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga. Éste último contaba con antepasados de ambas casas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa.
Bien, al tema. A finales del año 1439 o quizás a comienzos del año 1440, éste personaje viajó junto al marqués de Santillana, al señor de Haro y al obispo de Burgos a la ciudad de Logroño, recibiendo allí a una embajada del Reino de Nabarra. Dicha comitiva estaba encabezada por la propia reina nabarra Blanca de Évreux y Trastamara, su hija Blanca de Trastamara y Évreux, prometida al príncipe castellano-leonés Juan de Asturias, además de un joven príncipe de Viana, con el cual, el noble castellano-leonés coincidió en varias ocasiones antes de que el príncipe regresara al Reino de Nabarra. Tal vez entonces, estos dos jóvenes hablaron, debatieron o quizás discutieron sobre el escudo de Nabarra por primera vez.
Posteriormente el noble castellano-leonés formó parte de la Corte itinerante del rey consorte de Nabarra Juan de Trastamara y Alburquerque, mientras éste permaneció resolviendo asuntos personales en tierras del Reino de Castilla y León. Acompañó más tarde al ya rey viudo y usurpador de Nabarra al Reino de Aragón, siendo además un de los carceleros del príncipe de Viana, con el cual indudablemente habló, debatió o discutió incluso, sobre cuales son las armas del escudo del Estado de Nabarra.
A lo largo de su vida escribió, entre otras cosas, un libro de armería titulado Libro de los linajes más prinçipales de Hespaña, realizado sobre el año 1450, donde se utiliza por primera vez la ruptura de las cadenas de Las Navas de Tolosa, para describir al escudo del Reino de Nabarra: “(…) escudo es colorado con unas cadenas amaryllas hechas como a manera d’alquerque, con un esmalte verde en medyo. Y esto por tanto porqu’el rrey don Sancho de Navarra, que dixeron el Magno, fue con el rrey don Alonso de Castilla en la batalla de las Navas de Tolossa, do el Myramamolyn estava en un canpo çercado de aquéllas cadennas muy fuertes, las quales tenían a los cuellos treynta mill moros negros soterrados en la tierra hasta las çintas, y sendas lanças largas en las manos. Y por la una parte vyno aquel rrey de Navarra y quebrantó las cadenas y de allý adelante las tomó por armas.”
Por ello me atrevo a plantear la hipótesis de que fue el noble castellano-leonés Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga el creador o quizás, mejor dicho, el potenciador de la idea de la histórica leyenda de la ruptura de las cadenas de la Navas de Tolosa por parte del rey nabarro Sancho VII; eso si, tal vez solo en lo que se refiere a la supuesta inclusión de las mismas en las armas del escudo de Nabarra, influyendo de forma palpable en el heraldista francés Gilles de Bouvier y también, probablemente, en el príncipe nabarro Carlos de Viana.
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