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2008/10/31

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Estrategia política y militar imperialista contra el Estado de Navarra
Soberanía de Navarra

A lo largo de la historia de la humanidad, son muchos los sumarios en los que podemos encontrar el mismo ejemplo que ha sufrido nuestro pueblo, siendo este el caso que nos agita e interesa, al igual que a nuestros antepasados, los cuales y siempre ante las circunstancias político-militares del siglo VIII, crearon posteriormente el único Estado que nos ha representado a vascones libres o navarros, ante los demás pueblos del mundo.

El imperio franco del siglo VIII, estaba gobernado por Carlomagno, quien en sus ansias imperialista, utilizó a los vascones que tenía rendidos y sometidos, en una palabra, conquistados, como de punta de lanza contra los vascones libres, surgiendo entonces el término político de navarros, para designar a estos últimos. Así hermanos o mejor dicho primos, se enfrentaron entre si, unos formando parte de la maquinaria bélica del imperio franco y otros unidos en defensa de su independencia, por amor a la libertad.

En esa ocasión, al imperio franco no le sirvió el tener conquistado a gran parte de nuestro pueblo en su intento de vencer al resto, precisamente por las ansias de libertad que emanaba de los navarros, quienes no tardaron mucho en crear un Estado propio, con una estructura política propia y teniendo como base sus leyes ancestrales, que evolucionaron con el tiempo, adecuándose a las necesidades de cada momento. Estas leyes son los Fueros.

Los castellanos tomaron buen ejemplo de lo pretendido por los francos y fueron rindiendo a base comprar por medio de tierras y títulos, a funcionarios del Estado de los navarros, facilitando así la invasión y ocupación de las tierras del Reino vascón, y llevando la esclavitud a gran parte del pueblo vasco(n) tras su rendición, engrandeciendo así su maquinaria bélica. Estos conquistados les sirvieron posteriormente, de carne de flechas, hoy diríamos de cañón, contra aquellos vasco(ne)s que aún permanecía libres, es decir, contra los navarros.

Estos hermanos o primos, con este paso, se convirtieron en enemigos de los navarros, siendo primordiales para la estrategia bélica del incipiente imperio español de principios del siglo XVI. Con ello tenían la cantidad necesaria de peones desechables. con los que atacar al Estado navarro y a la vez, poder resguardar sus tropas metropolitanas o realmente españolas, cuyo cometido principal era el proteger el interior de su imperio, ante potenciales reacción musulmana e incluso italianas, que se sumaban a posibles sublevaciones interiores de los reinos y principados de la península itálica o de las tierras recientemente invadidas, como el reino de Granada.

Pero nos solo contó con aquellos vasco(ne)s que dejaron de ser navarros hacía más de 3 siglos, sino que traidores al Reino de Navarra, desertaron voluntariamente de su condición política y se alistaron en las filas del invasor español, conquistados por las innumerables riquezas a base de tierras y títulos. Estos seducidos por los españoles, sencillamente traicionaron a nuestro país, siendo meros agentes sin escrúpulos del imperio español contra los navarros.

El imperio español se mostró contento de contar con estos traidores al Estado de los navarros, ya que su empresa imperialista se tornó así más sencilla y en caso de salir derrotado en su empresa militar, realmente solo perdería piezas prescendibles, que incluso se podían volver contra el imperio español, para lo que resguardaban sus verdaderas tropas, hasta lograr su objetivo, que no fue otro más que el colonizar a un Estado soberano y neutral, como era el Reino de Navarra en el año 1512.

2008/10/29

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Los condes de Lerin (y III)
Soberanía de Navarra

El IV conde de Lerin, Luís V de Beaumont, fue la fortuna más importante del siglo XVI, en las cinco merindades que permanecían ocupadas por tropas españolas. Tras la invasión española, su padre, enemigo colérico y tenaz del Estado de Navarra, fue recompensado por el Falsario con la restitución de unos vienes que le habían sido requisados por la Corona navarra, tras enfrentarse a los monarcas Catalina I de Foix y Juan III de Albret.

Luís V de Beaumont, recibió por parte del emperador Carlos I de España, el nuevo título de chanciller mayor del Reino de Navarra. Pero lo más sangrante para los navarros, es que también se le otorgara por parte española, del título de condestable de Navarra, tras la muerte de su padre en el año 1530. Esta última hidalguía proviene del primer tercio del siglo XV, era para designar al antiguo alférez del Reino independiente de Navarra y su principal obligación era la de portar el estandarte real navarro. Esta importante función, lo convertía junto al mariscal de Navarra, en uno de los nobles más importantes del Estado soberano de Navarra, siendo uno de los brazos de los caballeros navarros, del cual la familia Beaumont había sido desposeída por alta traición a Navarra.

El IV conde de Lerin, jamás portó el estandarte real de Navarra. En cambio se mantuvo fiel a su señor, el emperador español, facilitando la labor de los virreyes extranjeros, en unas cortes navarras ilegítimas, que permanecieron en la ocupada Iruñea. En esa ciudad, Luís V de Beaumont, en el año 1548, compró cuatro casas adyacentes a la suya en la calle Mayor por 3000 ducados, siendo esta la primera compra de los condes de Lerin en el último siglo, ya que sus antecesores, siempre utilizaron la violencia contra los navarros para lograr sus nefastas ambiciones de poder y adquisición de nuevas posesiones, siempre de manera ilícita.

Las buenas relaciones que mantenía la casa de Lerin con la casa de Alba, ambas grande de España, permitieron concertar el matrimonio entra Brianda de Beaumont y Diego de Toledo. Luís V de Beaumont, no pudo asistir a esta boda de la alta alcurnia española, ya que encontró la muerte un año antes.

Así, en el año 1565, la casa de Lerin entronca con la de Alba. Diego de Toledo tras su matrimonio con la V condesa de Lerin, recibe el título de conde de Lerin e incluso el de condestable de Navarra, jure uxoris. El emperador Carlos I de España, como regalo de bodas a esta importante pareja española, mandó construir el castillo de Gorraiz.

Así desde el hijo de ambos, Antonio Álvarez de Toledo, tras la muerte de sus progenitores, recibe el título de VI conde de Lerin, condestable de Navarra, entre otros títulos nobiliarios, por parte materna, a los que habría que unir el de duque de Alba y otros por vía paterna. Antonio Álvarez de Toledo llegó a ser nombrado mayordomo mayor del rey de España, consejero de estado y virrey de Nápoles, siendo una de las personas más importantes de su época en el imperio español, mientras florecía el humanista Estado de Navarra al norte del Pirineo.

Tanto el título de conde de Lerin, como de duque de Alba de Tormes, no se dividieron con el paso de los siglos, recayendo actualmente en la misma persona, Cayetana Fitz-James Stuart.

Para conocer un poco más la relevancia que tuvo para el imperio español, la participación en la invasión y ocupación del Estado soberano de Navarra, no hay más que mirar ciertas cenas que se realizan en el palacio de Oriente, residencia principal de los reyes de España, donde asisten personalidades extranjeras,. A ellas, a veces son llamados los grandes de España, ocupando sitio en el besamano frente al personal de la casa real y en los banquetes precediendo a los secretarios de estado.

Según José Antonio Urbina, los grandes de España son iguales entre sí y se prelacionan por su antigüedad en el título y en caso de igualdad por la antigüedad de la creación del título. Esté título fue creado por el emperador Carlos I de España en el año 1520, siendo reconocidos por primera vez como grandes, 25, entre ellos el duque de Alba, encargado de realizar el listado y el conde de Lerin.

A pesar que el título de duque es per se grande de España, es de destacar que en las recepciones en las que son invitados las 400 grandezas de España, Cayetana Fitz-James Stuart, no tenga preferencia entre sus iguales por el título de duquesa de Alba, sino por un título creado por un gran rey del Estado soberano de Navarra, concretamente en el año 1425, como regalo de boda a una hija natural. Este título no es otro más que el de condesa de Lerin.

BIBLIOGRAFÍA


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http://es.wikipedia.org/wiki/Grande_de_Espa%C3%B1a

2008/10/22

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
LOS CONDES DE LERIN (II)
Soberanía de Navarra

El III conde de Lerin, Luís IV de Beaumont, al igual que su padre, se pone a disposición del español Fernando el Falsario, quien ilegalmente le otorga el título de condestable de Navarra, algo que ya había hecho al final de sus días al maléfico de su padre, un título que solo podía ser otorgado por la monarquía del Estado soberano de Navarra.

Luís IV de Beaumont , mantiene el contacto con la facción beaumontesa que se mantuvo dentro de las fronteras navarras, por orden del rey Fernando de España, el cual ya tenía en mente invadir y ocupar el Estado vasco(n) desde el año 1507. La mayoría del partido beaumontés, estaba dispuesto a rendir vasallaje al monarca español, lo que facilitaba las intenciones de invasión del Falsario.

El joven conde de Lerin no solo fue un español más en la invasión, sino que el general en jefe del ejército invasor español, el duque de Alba, lo pone al frente de una de las tres columnas invasoras. Las tropas españolas son convocadas en Vitoria, antigua ciudad del Reino de Navarra, las ordenes del rey español.

Fernando el Falsario desde la ciudad de Burgos, antiguamente limítrofe con el Estado navarro, Ordenan al duque de Alba y al conde de Lerin que partan con sus tropas derechos a Iruñea, capital del Reino vasco(n), importándoles muy poco la neutralidad del Estado navarro, ante la guerra inminente entre el reino de Francia y la Santa Liga, de la que formaba parte el monarca español.

El día 18 de julio de 1512, Fabrique de Toledo, duque de Alba, ordena emprender la marcha a las tropas españoles. Luís IV de Beaumont de forma determinada, emprende la marcha para luchar contra los navarros. Las puertas de Iruñea, se abrieron a las tropas invasoras españolas el 25 de Julio, concretamente el día de Santiago a petición del Duque de Alba y su fiel lacayo, Luís IV de Beaumont.

Las tropas españolas, capitaneadas por el conde de Lerin, son las encargadas de ir rindiendo las diferentes fortalezas que se resistían a los invasores españoles, entre ellas se apodera del emblemático castillo de San Esteban de Monjardín, el cual estaba defendido por unos pocos navarros, capitaneados por los Vélaz de Medrano. Incluso la villa de Lerin cerró las puertas al invasor españolas, las cuales solo fueron abiertas ante la presencia amenazante de Luís IV de Beaumont.

La acción militar realizada por el conde de Lerin contra los navarros durante la invasión y ocupación española del Estado de Navarra, fue ampliamente recompensada por el rey Fernando de España, quien concede a Luís IV de Beaumont, tras repeler los invasores españoles la primera contra ofensiva navarra, a finales del mismo 1512, incontables tierras, castillos, pueblos y villas, intentando saciar con ello, el apetito voraz de poder, de este desertor de Navarra.

Las cortes de Iruñea, a la que solo acuden solo los traidores e ímpios beaumonteses, estando Luís IV de Beaumont, III conde de Lerin al frente de los mismos, en el año 1513 proclaman de forma falsificada como rey de Navarra a Fernando el Falsario, facilitándole al monarca español la ilícita acción de incorporación del Reino de Navarra a la corona de Castilla, el 23 de marzo del año 1515, en Burgos, de manera unilateral y sin estar presente en dicha farsa, algún navarro.

Un año después, con la muerte del Falsario, los navarros vuelven a preparar la reconquista de las tierras ocupadas por los españoles. Incluso la mayoría de los beaumonteses se encontraban descontentos con el invasor español y se muestran dispuestos a alzarse contra ellos. Incluso Luís IV de Beaumont envía a un hermano para entablar conversaciones con los legítimos reyes de Navarra, para preparar la expulsión de las tropas españolas.

Esta nueva actitud del conde de Lerin, provoca que sea detenido por los españoles, los cuales le declaran traidor a España. No reclusión no duró mucho tiempo, ya que logró huir rápida y extrañamente de los carceleros y se pone a salvo en Aragón, perteneciente a España, enemigo natural de Navarra.

Los Beaumont rápidamente fueron apaciguados, al presentarse en la parte ocupada del Reino vasco(n), el hijo del duque de Nájera. Así la tentativa de liberación realizada por los navarros, fracasaba. Luís IV de Beaumont vuelve a las tierras ocupadas, mientras el cardenal Cisneros ordena la destrucción de las murallas, fortalezas y castillos navarros, a excepción de los que están en poder de los Beaumont, como el castillo de San Esteban de Monjardín, en poder del diabólico y cada vez más rico, conde de Lerin, que ostenta el título de grandeza de España, desde el año 1520, otorgado por el emperador Carlos I de España.

Las tropas de reconquista navarras, en el año 1521, vuelven a la carga para expulsar al invasor español. Luís IV de Beaumont, ante la llegada de los navarros a la capital de Cize, llegó a presentarse en lo alto de las montañas, con el objetivo claro de alentar a los asediados españoles en la ciudadela de Donibane Garazi y cerrar los estrechos pasos, pero ante la presencia de más de 2000 infantes navarros, reunidos por Graciano, vizconde de Etxauz, lo desalojaron rápidamente de allí.

El 18 de mayo de 1521, la sublevación del pueblo navarro contra el invasor y ocupante español, es generalizada. En Iruñea, clásico feudo beaumontés, la población se puso en armas contra la gente de guerra española, sin esperar a la llegada de las tropas de liberación. Los navarros echan a los españoles de la ciudad, saquean la casa del duque de Nájera y sitian la fortaleza española, para posteriormente arrastrar por el lodo la bandera española con el escudo de los austrias.

Ante la ya inminente liberación del Estado vasco(n), el conde de Lerin, Luís IV de Beaumont aparentó querer entrar en negociaciones en nombre de todos los beaumonteses y Pidió salvoconductos al general de las tropas libertadoras, Asparrotz, pero éste se los negó al considerar las negaciones como una táctica para retrasar el avance triunfal navarro.

Luís IV de Beaumont, tras la total liberación del Reino de Navarra, se refugia en el reino de España y se pone al frente de las tropas españolas que vuelven de la guerra de los comuneros en Castilla y que acuden al socorro de la ciudad de Logroño, sitiada por los navarros, que se retiran y son perseguidos por los invasores españoles.

El 29 de junio de año 1521, las tropas españolas parten para enfrentarse al ejército navarro. Para ello cuentan con la inestimable colaboración de otro desertor de la causa navarra, Francés de Beaumont, señor de Arazuri, que al mando de 500 lanzas del Conde de Lerin, guió a los españoles por un camino de la sierra del Perdón, dejando a un lado el camino Real entre Gares e Iruñea, para sorprender a los navarros que se encontraban en Tiebas.

El 30 de junio de 1521, as tropas españolas, entre las que se encontraban las comandadas por Luís IV de Beaumont, mataron a más de 5000 leales luchadores de la libertad, a auténticos patriotas navarros, en las campas de Noain-Ezkirotz. Esta vez el triste honor de rendir Iruñea, recae en Francés de Beaumont, al cual los españoles le otorgan el poder necesario para conseguir la rendición de Iruñea. Con la entrada de los gobernadores españoles, muchos vecinos de Iruñea intentaron huir, siendo asesinados por las tropas españolas y posteriormente sus bienes repartidos entre los beaumonteses.

200 navarros habían conseguido liberar del invasor español, el castillo de Amaiur. Entre ellos se encontraban los hermanos de Francisco de Xabier, Miguel de Xabier y Juan de Azpilkueta. El virrey español de Navarra, Miranda, junto al III conde de Lerin y demás traidores beaumonteses se encontraban a mediados de abril de 1522 en Tutera, esperando provisiones y trapos refuerzo españolas provenientes de Castilla.

Las tropas de refuerzo españolas fortifican Iruñea. En junio de ese mismo año, el conde de Miranda, se muestra preocupado por la presencia de 200 navarros en Amaiur y convoca una reunión, donde logra que varios beaumonteses presten al ejército invasor español, la alta suma de cuatro mil ducados. A finales de ese mes, las cartas de aislamiento del virrey español, llegan a manos de Luís IV de Beaumont .

El ejército imperial español, donde se encuentran el III conde de Lerin y su hijo, estaba formado por más de 10.000 hombres. Los invasores españoles ponen cerco a la fortaleza situada en el hermoso valle del Baztan, tras alguna escaramuza realizada por los patrióticos defensores navarros que intentaban con ello, impedir la maniobra militar española. Los españoles atacaron el castillo navarro, encontrando una fuerte resistencia desde el interior, incluso tras caer los muros por el fuego de la artillería española, los valerosos patriotas navarros continuaron luchando.

Durante el cruento combate, el propio virrey español, el conde de Miranda, mostró su admiración por el valor y la resistencia mostrada por los sitiados, a lo que su más fiel esbirro, el desertor Luís IV de Beaumont, le contestó:

“(…) que no tenía por qué admirase siendo navarros los defensores”

El año 1530, las tropas invasoras españolas se retiraron de la Navarra ultrapirenaica. Ese mismo año, Luís IV de Beaumont, III conde de Lerin e ilegítimo condestable de Navarra, encontraba la muerte. Este diabólico hombrecillo acentuó las acciones de su padre y luchó durante toda su vida contra los navarros. Llamarle o considerarle navarro, sería un insulto a todos los patriotas navarros que encontraron la muerte bajo su acero o las lanzas de los soldados españoles que tenía a su mando.

BIBILIOGRAFÍA

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2008/10/14

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Mujeres navarras
HARIA 23

Toda Aznar, Blanca de Evreux, Catalina de Foix, Margarita de Angulema y Juana de Albret, son los nombres de cinco mujeres que fueron muy importantes en la historia del Reino de Navarra. 652 años son los que separan el nacimiento de la reina Toda, del nacimiento de la reina Juana III de Albret. Diferentes épocas, con diferentes influencias y problemas, tanto exteriores como internos, que soportaron durante sus reinados en el Estado de Navarra.

La reina Toda

“Si queréis conocer la ingratitud del hombre, oídlo hablar de la mujer” José María Vigil

Nació el año 876 la mujer que estaba llamada a ser la más importante de la Alta Edad Media, no solo en el Reino vascón, sino en la totalidad peninsular, al participar activamente de la política interna del Reino de Pamplona, como en su relación tanto con los demás reinos cristianos, sin olvidarnos del mayor poder existente en la Península, proveniente de los árabes de Córdoba.

Toda fue una mujer de fuerte carácter, pero esto nunca le influenció en su tarea como reina y madre, ya que nunca se mostró injusta en ambas funciones. Jugó con inteligencia, nobleza y cuando el caso lo necesitó, con autoridad. Realizó magníficamente en los papeles de suplencia diplomática, mejor incluso que cualquier hombre. Mujer de gran espíritu y corazón. En su Corte se integraron diferente médicos, tanto musulmanes como judíos, los cuales estaban muy bien considerados en esa época.

Ésta reina de Navarra, fue la artífice de conseguir los apoyos necesarios para su marido en los recuperados territorios de Aragón, que hasta entonces se encontraban en poder carolingio. Tras la prematura muerte de su esposo, Sancho Garcés I, la reina Toda se encontró con que el heredero solo contaba con 6 años. A pesar de que, por primera vez en la historia del Estado navarro, nadie pone en duda que fuera el heredero legítimo, necesitó el apoyo Ximeno, hermano menor de difunto rey navarro, para hacerse cargo conjuntamente de la tutela.

La muerte de Ximeno a los seis años, tras varios éxitos militares contra los musulmanes de Zaragoza, provocó que un medio hermano de éste, de nombre Iñigo, mostrase claras intenciones de hacerse con el Reino. La reina Toda reacciona y solicita apoyo al hombre más poderoso de aquella época en la Península, su sobrino Abd al-Rahman III. Éste aprovecha una campaña cerca de Osma en el año 934 para acercase a Iruñea. La Reina Toda sale a su encuentro para recibirle, rindiéndole obediencia.

Pese a todo, la lucha por el poder en el interior del Reino vascón era feroz, pero la reina Toda se mostró firme con el apoyo del califa cordobés, pero sin significar que el Reino de Pamplona se convirtiera en un Estado satélite de Al-Andalus. Durante toda la regencia de la reina Toda, los navarros dan claras muestras de su independencia, lo que incluso llega a obligar al califa cordobés a realizar una nueva excursión por el Reino de Pamplona para imponer su autoridad con rudeza.

Esto provoca que Toda busque una nueva alianza con el rey de León, Ramiro II. Como consecuencia de la nueva alianza las tropas navarras de Toda, acuden a la batalla de Simancas, como aliados del reino de León y del Conde de Castilla, Fernán González. Los cristianos derrotaron al ejército musulmán. La valentía de Toda quedó reflejada en los anales de San Galo del año 965.

Valerosa en el ámbito militar, Toda no dejó de lado en ningún momento la política, demostrando su destreza en el ámbito político, no dudando en injerir con extraordinario arrojo en asuntos hereditarios, defendiendo la causa de su nieto Sancho el Craso, el cual fue suplantado por Ordoño IV el Malo, y repuesto en el trono leonés gracias a la potente interposición de la reina Toda, con viaje a Córdoba incluido.

Esta madre de siete hijos, tras su muerte fue enterrada dentro de los dominios del Reino de Pamplona, concretamente podemos encontrar su sarcófago en el monasterio de Suso.

Bibliografía


JIMÉNEZ LOS SANTOS, F. Artículo TODA AZNAR: La reina Toda, 1998

LACARRA, J M. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

NARBAITZ, P. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

WIKIPEDIA. Toda de Navarra, http://es.wikipedia.org/wiki/Toda_de_Navarra

Blanca de Evreux

“Las mujeres, como los príncipes, encuentran pocos amigos verdaderos: todos los que se acercan a ellas persiguen sus propios fines” Barón de Lyttlelton

Esta mujer nacida en el año 1386, se caso con Martín de Sicilia en el año 1402 y siete años después, al enviuda sin tener descendencia, en el testamento de su difunto esposo siciliano, es designada como vicaria general o gobernadora de éste pequeño reino Mediterráneo, donde aún día, sus habitantes guardan un buen recuerdo de ésta sentimental mujer navarra.

En el año 1413 muere la heredera al trono navarro, su hermana Juana, provocando que tres años después se jurada como heredera al trono navarro por las Cortes de Erriberri, imponiéndose con ello un nuevo matrimonio para Blanca, pensándose en primer lugar en Juan de Foix, viudo de su hermana, pero tras las negociaciones de la reina viuda de Aragón, se define el matrimonio con el infante Juan de Aragón.

A pesar que Blanca de Navarra era 12 años mayor que el infante aragonés, el matrimonio se celebra en la Catedral de Iruñea el año 1420. La muerte de Carlos III de Navarra en el año 1425, provoca que junto a ella, suba al trono como rey consorte el infante Juan de Aragón. Mujer muy religiosa, casi mística, Blanca I de Navarra tenía un carácter pasivo ante la política, facilitando así que el Reino de Navarra quede a los intereses de su marido Juan II, el cual impone al Reinote Navarra una nueva política exterior, suponiendo eso una gran carga para las arcas navarras y eclipsando a la vez, a la menuda, sensible y frágil Blanca I de Navarra.

La muerte alcanzó a esta interesante mujer y activa madre de cuatro hijos en el año 1441. Un párrafo de su testamento fue aprovechado por su esposo Juan II, para usurpar el trono al legítimo heredero, el Príncipe de Viana, de nombre Carlos. Las Cortes de Navarra se muestran pasivas ante dicho testamento e incluso Carlos llega a un acuerdo con su padre, legitimando con ello el testamento de su madre. Sus restos se encuentran en Ujué.

“Aunque el príncipe pueda intitularse y nombrarse tras mi muerte, a título de heredero y por derecho reconocido, rey de Navarra y duque de Némours, no obstante le ruego afectuosamente que, por el honor debido al rey su padre, no tome esos títulos sin su consentimiento y bendición”. Testamento de Blanca I de Navarra.

Bibliografía

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LACARRA, J M. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

NARBAITZ, P. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

RAMÍREZ, E. La reina Blanca y Navarra, 1999

WIKIPEDIA. Blanca de Navarra, http://es.wikipedia.org/wiki/Blanca_I_de_Navarra

Catalina de Foix

“Las mujeres y la música nunca deben tener fecha” Oliverio Godsmith

El año 1468 vio nacer a ésta mujer, a la cual el destino le guardaba su más amarga cara. La prematura muerte del rey de Navarra, su hermano Francisco Febo, la convierte en el año 1483 en reina de Navarra bajo la tutela se su inteligente madre, Magdalena de Francia. Su tío Juan de Foix, amparándose en la Ley Sálica, inexistente en el Reino Pirenaico, le disputa el trono navarro, lo que incentiva un retorno a la guerra civil en el Reino de Navarra.

Se casó al año de ser nombrada reina, con Juan de Albret, pero durante ese intervalo de tiempo, tanto los reyes católicos como el rey francés, intentaron con todo los medios que tenían a su alcance, un contrato matrimonial acorde con sus respectivos intereses políticos. Catalina Y Juan tuvieron que esperar al año 1495 para ser coronados, entre otras cosas, obligados por la cruenta guerra civil que vivía el Reino de Navarra.

Madre de 11 hijos, esta mujer buena y afable, tuvo que sufrir enormemente ante la muerte ocurrida en Castilla, de su hija Magdalena, cuando esta era rehén de Fernando II de Aragón, lo que incentivó una nueva guerra entre los soberanos navarros y el oscuro y traidor Luís II de Beaumont, aliado y partidario del aragonés, que concluyó con la expulsión definitiva del conde de Lerin, del Reino de Navarra.

Catalina era una mujer dedicada en cuerpo y alma a sus hijos, lo cual no le impidió atender las innumerables preocupaciones del Reino, por lo que nadie puede negar el hecho que gobernara el Reino Pirenaico junto su marido, Juan III de Navarra. En el año 1512 tuvo que poner rumbo al Bearne, vizcondado unido al Reino Pirenaico desde el año 1494, para acompañar a sus jóvenes hijos, salvándolos con ello, del invasor español, invasión ilegal comandada por el duque de Alda.

La muerte del rey Juan III provoca que Catalina I tome totalmente las riendas del gobierno navarro en una situación extremadamente difícil, ya que los soldados españoles seguían ocupando gran parte del Estado Pirenaico. La reina de Navarra realiza varias tentativas diplomáticas para restablecer la totalidad del Reino, enviando comisiones diplomáticas a Carlos I de España, recibiendo como contestación mentiras agradables, promesas verbales y bellas palabras huecas por parte del rey de español.

Murió en el año 1517, tras recibir de sus embajadores otra contestación negativa por parte de Carlos I de España. Mandó se enterrada en la iglesia catedral de Pescar, a la espera de poder ser trasladada a la catedral de Iruñea.

Bibliografía

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WIKIPEDIA. Catalina de Foix, http://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_de_Foix

Margarita de Angulema

“El eterno femenino nos impulsa hacia arriba” Goethe

El año 1492 no solo fue el año del viaje a las Indias que realizó Cristóbal Colón, sino fue también el año del nacimiento de esta increíble y fascinante mujer. De cuna francesa, recibió a muy temprana edad clases de latín y griego. Su madre la propuso en matrimonio con Enrique, el príncipe de Gales, a la edad de diez años, pero ésta propuesta fue rechazada por el monarca inglés, Enrique VII.

El ascenso al trono francés de su hermano Francisco, fue en gran media el artífice del incremento de su influencia. Mujer activa y avanzada a su tiempo, de carácter abierto y ante todo extremadamente culta, mostró su mayor interés en su amor por la poesía.

Estuvo prometida a Gastón de Foix, pero la muerte de éste en la batalla de Rávena provoca que finalmente se case con el duque de Aleçon, quedando viuda de éste, en el año que su hermano, el rey Francisco I de Francia y el aliado de éste, Enrique II de Navarra, eran apresados por las tropas del emperador español durante la batalla de Pavía.

En el año 1527 se casa con Enrique II de Navarra.Tras su enlace matrimonial trasladan la Corte de Navarra a Pau. Mujer influenciada por el Renacimiento y el Humanismo, hace llamar a varios arquitectos, pintores y escultores, con la intención de reformar el castillo de Pau en un auténtico palacio renacentista, jugar desde donde comienza a cultivar la escritura, destacando sobre todos sus escritos el Heptamerón, donde podemos encontrar diferentes narraciones eróticas desde el punto de vista de una mujer, el cual estaba basado en el Decamerón de Boccaccio. En dicha obra podemos encontrar dos capítulos en los que la trama se desarrolla en Iruñea.

Margarita de Navarra acogió con agrado la Reforma, llegando a difundir incluso el platonismo y el evangelismo. Tuvo una hija, Juana y un hijo el cual murió siendo todavía un bebé. Fue enterrada en la iglesia catedral de Lesar. Años más tarde, concretamente en el año 1898, se encontraron varias piezas teatrales, poemas e incluso canciones inéditas escritas por Margarita de Navarra, que fueron agrupados para su publicación bajo el título de: Les dernières poésies de Marguerite de Navarre.

Bibliografía

ARBELOA, V M, La Corte protestante de Navarra (1527-1563), 1992

SORAUREN, M. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, T. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Enrique II de Albret “el sangüesino” (1503-1555), 2003

WIKIPEDIA. Margarita de Angulema, http://es.wikipedia.org/wiki/Margarita_de_Angulema

Juana de Albret

“No pidas a una mujer el imposible. Es capaz de darlo” Valeriu Butulescu

La vida de esta mujer estuvo marcada por la política, especialmente religiosa. Nacida en el año 1528, se crió en la corte de Paris junto a su tío Francisco I de Francia. Cuando apenas contaba trece años, su tío la casó con Guillermo de Cleves, pero a los cinco años el matrimonio fue anulado.

Con el nuevo rey Enrique II de Francia, se promueve un nuevo enlace matrimonial para la Princesa de Viana. Éste matrimonio tiene lugar en el año 1548 con Antonio de Borbón, duque de Vedôme. Mujer de gran talento, extraordinaria cultura, firme carácter, inquebrantables energías, elevadas ideas y bondadosos sentimientos, accede al trono del Reino de Navarra en el año 1555, tras la muerte de su padre, Enrique II de Navarra.

La reina Juana III junto a su marido Antonio de Borbón, continúa reclamando la restitución de las tierras al sur de Pirineo, las cuales permanecían ocupadas por tropas españolas. Incluso llega a presentarse, junto a su marido y varios caballeros navarros, en la frontera impuesta por los españoles, los cuales niegan el paso al séquito real navarro.

Antes de introducir la Reforma protestante en el Reino Pirenaico, la reina de Navarra junto a su marido, envía una carta de adhesión al nuevo papa Pío IV, con la cual buscaba la devolución de todas las tierras ocupadas por los españoles. Ante la negativa vaticana, por orden de Juana III de Navarra, el calvinismo fue divulgado en el Reino Pirenaico un año después. El propio Príncipe de Viana junto a su hermana, fue educado conforme a las creencias religiosas de Juana III de Navarra, teniendo incluso como institutor a Antonio del Corro, reputado reformador y exiliado español.

Al igual que durante el reinado de su madre la reina Margarita de Navarra, la Corte de Navarra fue un lugar de hospitalario para humanistas, renacentistas y reformadores, estos últimos especialmente. Esta mujer, devota protestante, se embarca en las denominadas guerras de religión, sin que la primera llegue a afectar al Reino Pirenaico. Juana III de Navarra se opuso firmemente a que jesuitas e inquisidores, provenientes del Reino de España, se establecieran en el Estado navarro, conocedora de las atrocidades sobrellevadas por los navarros que sufrían la ocupación española al sur del Pirineo.

Juana III de Navarra ordenó la traducción del nuevo testamento al euskara en el año 1571, siendo Joannes de Lizarraga el delegado para esta misión, intentando con ello que la palabra de Dios fuera accesible al pueblo de Reino de Navarra. Llegó a combatir al señor de Luxe quien apoya militarmente a los clérigos católicos, alzándose contra la reina de Navarra en las guerras de religión, bajo el pretexto defender la religión católica. Una vez más, una reina de Navarra contó con del mejor aliado del Reino, el señor de Agramont, que había aceptado la Reforma, como la soberana navarra.

Tras innumerables combates la reina Juana III de Navarra otorga el perdón a los rebeldes, proclamando la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra. Pese a todo, las guerras de religión continuaron afectando al Reino Pirenaico, lo cual no impidió que religión católica permaneciera en el mismo, gracias sobretodo al ejercicio de libertad y tolerancia que promovía la reina Juana III, la cual seguía el consejo en la Corte celebrada en La Rochelle, firmando una demanda de libre culto religioso, realizada en el año 1571 por los Estados de Navarra.

La reina Juana III de Navarra buscó una paz duradera con el reino cristiano de Francia, promoviendo un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX, a lo que en un principio se opuso el joven Enrique, Príncipe de Navarra. En 1572 la reina de Navarra fue envenenada en París, por mandato de su archienemiga la católica Catalina de Médicis, madre de la futura mujer de Enrique III de Navarra.

Bibliografía

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SORAUREN, M. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, T. Navarra Estado europeo, 2003

WIKIPEDIA. Juana III de Navarra, http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_III_de_Navarra

Estas cinco damas son una pequeña representación del conjunto de las mujeres navarras, pasadas y presentes. Antes de terminar me gustaría recordar con mi mayor de mis afectos, a una mujer especial de nombre María Azpilkueta. Esta mujer de noble cuna agramontesa, sufrió la perdida de los vienes familiares tras la invasión española, además de la angustia ocasionada por conocer el destino de dos de sus hijos, los cuales luchaban al invasor español, esto sumado a la separación obligada de sus hijas y sobretodo de su ojito derecho, del cual conocemos su historia mejor que de la propia María. La suma de estos hechos que vivió, le llevó a esta mujer navarra a firmar como la triste María. Pero gracias a todas ellas y a todas vosotras, algún día cercano se hará realidad la siguiente afirmación:

“Navarra será la admiración del Mundo” William Shakespeare.

2008/10/09

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
LOS CONDES DE LERIN (I)
Soberanía de Navarra

El rey de Navarra Carlos III el Noble, el mismo año de su muerte, crea el condado de Lerin para su hija natural Juana, casada un año antes con Luís II de Beaumont. En un primer momento, este condado estaba dotado con las pechas, derechos y jurisdicción mediana y baja, de Lerin, Eslava, Sesma, Sada y Cirauqui, antiguas tierras de realengo. El condado fue aumentado posteriormente con la incorporación de otros pueblos y villas, sin tener un consentimiento evidente el conde de Lerin, por parte de los reyes de Navarra.

A mediados del siglo XV, el Reino de Navarra, al igual que el resto de estados europeos, vio como se incrementaba la disputa por los altos cargos del Reino entre su nobleza, concentrándose ésta en dos bandos irreconciliables, todo debido principalmente, por una ambición desmedida por alcanzar altas cotas de poder y aumentar considerablemente su patrimonio territorial.

Luís II de Beaumont, condestable de Navarra y conde de Lerin, fue la cabeza visible del bando beaumontés. En un primer momento se posicionó por Juan II de Navarra, pero rápidamente apoyaría al legítimo heredero del título de rey Navarra, su hijo el príncipe Carlos de Viana. Eso si, seis años después de la muerte de la reina Blanca de Navarra y porque se produjo un nuevo matrimonio por parte del rey de Navarra, Juan II el Usurpador.

Su hijo, Luís III de Beaumont, II conde de Lerin, se nombra lugarteniente y capitán general del príncipe de Viana, lo que provoca que en el año 1450, sus posesiones y bienes sean embargados por orden del rey Juan II el Usurpador. Durante las disputas entre el príncipe de Viana y el rey de Navarra, se produjeron innumerables barbaridades y desmanes por partes de ambos bandos, siendo la población llana de navarra, la que más sufrió en todos los casos. Sus bienes acabaron en poder de su alter ego en el bando agramontés, Pierres de Peralta.

Tras la denominada tregua de Aoiz de año 1479, entre agramonteses y beaumonteses, permite al II conde de Lerin recuperar la mayor parte de sus pensiones y honores, incluso en Ultrapuertos. Pero la voracidad de Luís III de Beaumont, no tenía límites y consigue también la fortaleza de Viana y la de Monjardín. Realiza la supuesta cesión de Artaxoa, que realmente era una posesión real a cambio de recibir la villa de San Martín y las tierras de Ujúe y de Sada. Además dispondría como condestable de Navarra, de una compañía de 100 lanceros, pagados por el Estado y no sería designado ningún lugarteniente en el Reino de Navarra, que no fuera del bando de Beaumont.

Para que la tregua fuera consolidada, se propuso el matrimonio de la hija del II conde de Lerin con un notable agramontés, el mariscal Felipe de Navarra. Felipe de Navarra cayó en una emboscada comandada por el propio Luís III de Beaumont y al intentar huir, el mariscal de Navarra cae de su caballo a los pies del II conde de Lerin, al cual saludo cortésmente:

“Ah señor primo, dios esté con usted”.

A lo que responde el II conde de Lerin y condestable de Navarra:

“Y con usted y con Biana, Innoble caballero”.

Clavándole al mismo tiempo la lanza que portaba hasta matarlo. Con este asesinato la tregua llegaba a su fin tras a penas seis meses de su inicio.

El II Conde de Lerín en un acto más simbólico que real, entrega las llaves de Iruñea al joven monarca Gastón Febo, que con su llegada a la capital de Reino Pirenaico para su coronación, logra apaciguar las ansias de violencia de ambos bandos. Por desgracia llegará el día en que un hijo suyo las vuelva a coger para entregárselas, esta vez, a un monarca extranjero. En la Catedral de Iruñea, se dieron cita durante la ceremonia de coronación, todas las personalidades del reino vasco(n): Luxe, Agramont, Lerin, Beaumont, Ezpeleta, Domezain, Lacarra, Artieda, el nuevo mariscal de Navarra,…

Tras la prematura muerte del joven monarca navarro, Luís III de Beaumont ofrece la corona de Navarra al rey de Aragón, Fernando II, a través de uno de sus tenientes, mientras que las cortes de Iruñea eligen como reina a Catalina de Foix. El II conde de Lerin se presenta ante Isabel de Castilla, exigiéndolo 200 lanzas y las villas de Biasteri y Los Arcos, una renta de medio millón y la orden de Santiago, a cambio de comprometerse a conseguir la mano de la joven princesa de Viana, Catalina, para el príncipe de Asturias.

Ante la imposibilidad de cumplir su palabra y como medio de represalia a los leales a la corona de Navarra, el II conde de Lerin ataca Gares, reanudándose de nuevo los enfrentamientos entre beaumonteses y agramonteses. Luís III de Beaumont no reconoce al nuevo virrey y muestra su desobediencia ante consejo real de Navarra, intentando imponer así, la elección del príncipe de Asturias para desposarse con la princesa de Viana, algo que es secundado por el resto de los hoscos beaumonteses.

Antes de su coronación como reyes de Navarra, Catalina de Foix y Juan de Albret, ante las presiones provenientes del incipiente reino de España, se ven obligados a alcanzar la paz con el dañino II conde de Lerin. El acuerdo constaba de los siguientes puntos: Entregar al insaciable II conde de Lerín las villas de Zangotza y Viana, la de Artaxoa y dar el cargo de juez a su primo, Graciano de Beaumont. Además quedaba prohibida la entrada a los agramonteses en las villas beaumontesas, a excepción de Iruñea para la coronación y se prohibía el acceso al Reino Pirenaico a extranjeros, si estos resultaban molestos para los reyes españoles.

No contento con ello, el maléfico Luís III de Beaumont, con la única idea de una nueva humillación que realizar a los reyes de Navarra, el 21 de diciembre de 1494, ordena cerrar las puertas de Iruñea al séquito real. Pero los monarcas navarros hicieron una admirable lección de autodominio, ante la provocación del traidor beaumontés y se retiran al pueblo de Egües, donde pasaron un cruda navidad.

Tras realizarse la ceremonia de coronación, el pueblo navarro que aguardaba a pesar del frío existente, la salida de los recientemente coronados Catalina y Juan, de la catedral de Santa Mª la Real de Iruñea, cantó unos coplas en busca de una reconciliación de los monarcas navarros y el huraño condestable de Navarra.

Labrit eta errege.............................Labrit y el Rey

Aita seme dirade..............................Son Padre e Hijo

Kondestable jauna!............................Y el señor Condestable

Arbizate anaie................................Que lo consideren como hermano.


El pueblo navarro creía que con los reyes en Iruñea, sería posible un acuerdo con el oscuro Luís III de Beaumont, Condestable del Reino y Conde de Lerin. Pero el impaciente e irritado condestable, cuñado del rey Fernando II de Aragón al estar casado con una hermana natural del rey español, se retiró, sin asistir a las celebraciones, a su feudo en Lerin.

En Lerin permaneció durante largo tiempo, dignándose solo de vez en cuando a visitar a los reyes navarros, pero por lo general se dedicó a rumiar en voz baja, hasta que su bulimia de poder hace de nuevo acto de presencia, arrastrando al resto de beaumonteses y se reanudan los enfrentamientos, esta vez contra los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, que cuentan con el apoyo total de los agramonteses. Los castellanos incentivan la desfachatez del II conde de Lerin.

Fernando II de Aragón era bastante más maquiavélico que Luís III de Beaumont, y así para controlar al demoníaco II conde de Lerin, acepto que éste, fuera confinado en el reino de Castilla, aunque cómodamente instalado y otorgándole el marquesado de Huéscar. Los reyes de Navarra para entonces ya había reaccionado contra las pretensiones del beaumontés, quitándole el sello de caballero navarro, incautándole más de 1.000 ovejas para avituallamiento del ejército real y sus fortalezas fueron derruidas.

En el año 1500, ante unas nuevas presiones españolas, los reyes de Navarra tuvieron que restituir al II conde de Lerin sus posesiones a día de la coronación de Catalina I y Juan III. Tras una conferencia de Juan III de Navarra con los reyes católicos en Sevilla, en el año 1501, los monarcas navarros otorgaron el perdón total al II conde de Lerin y al resto de la cábala beaumontesa.

En el año 1506, el déspota Luís III de Beaumont, vuelve a declarar la guerra a los monarcas navarros. Cesar Borgia, cuñado del rey de Navarra, es nombrado capitán general de los ejércitos de Navarra, con la misión de combatir al II conde de Lerin. Tras recuperar Larraga, las tropas navarras persiguen a las del II conde de Lerin por Mendavia hasta Viana, donde en una emboscada de los hombres del II conde de Lerin, el capitán general de los ejércitos de Navarra encuentra la muerte.

Tras esto la situación se agravó con gran rapidez en el Reino de Navarra. El rey Juan III de Albret asola todas las tierras pertenecientes a Luís III de Beaumont, tomando la villa de Lerin, mandando arrasar sus casas, arrancar sus viñas y talar sus bosques y a continuación hizo lo mismo con las demás plazas y castillos, obligando con ello que el II conde de Lerin, tras perder todos sus bienes, abandone el Reino Pirenaico y se refugie en España donde reinaba Fernando.

Le acompañaban sus partidarios, parientes y agentes del bando beaumontés, entre ellos su hijo Luís IV de Beaumont. El conde de Lerín muere en Aragón, quebrado por la vejez, por el disgusto de verse despojado del título de condestable de Navarra, también de todos sus bienes, por la tristeza de la rendición del castillo de Viana y porque Larraga había restablecido su obediencia al rey de Navarra.

Era un 16 de Noviembre de 1508, en Aranda de Jarque, a la edad de 70 años cuando fallece este diabólico hombrecillo, ambicioso, rabioso y testarudo, que sin ningún lugar a dudas, tuvo una gran responsabilidad en las posteriores desgracias que sobrevinieron al reino vasco(n).

El II conde de Lerin fue un hombre de pequeña estatura, aspecto atroz y dotado de una fuerza poco común para su tamaño, teniendo todas las cualidades necesarias para ser un soldado: arrojo, audacia e indomable empeño. Hombre duro, no conocía la piedad, torturaba a sus prisioneros, inmoral, sin escrúpulos, violando incluso la fe jurada.

De ambición insaciable, la cual le consumía por dentro, llegó incluso a sospechar que aspiraba a la corona de Navarra. Luís III de Beaumont no se detuvo ante el crimen para saciar sus venganzas. Terminó sus días como un traidor a su país, a Navarra. El II conde de Lerin incluso se puso al frente de tropas castellanas que atacaban al Reino de Navarra. Considerado por algunos historiadores como el genio malvado del reino de Navarra.


BIBILIOGRAFÍA

ADOT, Álvaro. Juan de Albret y Catalina de Foix o la defensa del Estado navarro, 2005

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2008/10/01

Iruinea, octubre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Los herederos de San Pedro contra los navarros (y II)
Soberanía de Navarra

El emperador de Roma, Julio II, moría en febrero de 1513. Durante su mandato y gracias a su complicidad, sus aliados españoles invadieron el Estado de Navarra. El pretexto era recuperar la Guyena para otro de sus aliados, los ingleses. Dicha invasión y ocupación se sustentó con la presentación por parte del rey español, Fernando el Falsario, de documentación falsa, donde se incluían tres Bulas papales contra los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, y aquellos navarros que apoyaran a sus legítimos reyes, sin desatar indignación alguna en el emperador de Roma, sino todo lo contrario, lo que condenó a los navarros del sur del Pirineo.

León X, le sustituyó en el emperador de la cristiandad, siendo un leal escudero para los intereses españoles en el recientemente ocupado Reino de Navarra. Catalina I y Juan III de Albret enviaron innumerables delegaciones al emperador de Roma, las cuales en muchos casos no fueron ni recibidas por el mayor aliado, con el cual han contado los españoles.

El ascenso al trono del Estado de Navarra de Enrique II el Sangüesino, significó una mayor reivindicación, por parte de los navarros, hacia el emperador cristiano de Roma. León X debía obligar al España a retirarse de las tierras ocupadas al por su ejército, al sur del Pirineo. León X dio la espalda a los navarros. En diciembre 1521 moría León X sin haber hecho nunca nada en favor los navarros, después de que las tropas españolas hubieran invadido y ocupado de nuevo el Reino de Navarra, tras derrotar y matar a más de 5000 navarros en las campas de Noain-Ezkirotz.

Por primera vez tras la ilegal invasión por parte española del Estado de Navarra, un emperador de Roma se postulaba a favor de la causa de los navarros. Este fue Adriano VI, pero su repentina muerte en septiembre de 1523, provocó que en Navarra se celebraran funerales por su defunción. Esto fue aprovechado por los españoles, los cuales impidieron el nombramiento de navarros, para altos cargos en la jerarquía eclesiástica en la Navarra ocupada. Roma volvía a ser el mayor aliado de los españoles, principales enemigos de los navarros.

La llega al trono de Roma de Clemente VII, fue mala para los navarros. Enrique II de Albret fue hecho prisionero en la batalla de Pavía, junto a su amigo el rey de Francia, por las tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania. Tras la fuga del navarro, este se casa con la hermana de Francisco I de Francia, Margarita de Angulema, quien se encarga de introducir el humanismo en la corte de Navarra, algo que aborrecía el emperador de Roma, prisionero del emperador español Carlos I, desde el año 1527 y participando activamente en las decisiones de éste, incluidas las que iban en contra de los navarros, que soportaron en dicho periodo la caza de brujas por parte de la inquisición española.

Pablo III, tras la muerte en el año 1534 de Clemente VII, se hace cargo del imperio de la cristiandad. Se posiciona en un principio con el reino de Francia, provocando un ligero enfrentamiento con el reino de España. Pese a ello, los navarros no consiguen ningún avance en sus reclamaciones políticas, principalmente en las de materia territorial. Solo se consigue la anulación del primer matrimonio de la princesa de Viana, Juana. Su política antihumanista le enfrenta de lleno contra el Navarrismo incipiente de la corte de la Navarra soberana y a su vez, lo que le lleva a aprobar reiteradamente, el voraz apetito colonialista, llevado a cabo por los invasores españoles en las tierras navarras del sur del Pirineo.

Tras su muerte toma el control del imperio cristiano, Julio III. Durante sus cinco años de reinado, no atiende ninguna reclamación proveniente del Estado soberano de Navarra, ya que estaba centrado en el concilio de Trento, impulsado por su predecesor. Marcelo II apenas tuvo tiempo de atender alguna reclamación navarra, ya que no ostentó el cargo de emperador de Roma, ni un mes.

El viejo y colérico Pablo IV, tras poner al mando del imperio cristiano de Roma en mayo de 1555, pondera el Reino del Terror, con el cual combatir las reformas protestantes de Lutero y Calvino. El Navarrismo es un enemigo más al que combatir debido a la “rebeldía” de los navarros. Su carácter impulsivo le llevó incluso, a realizar un boceto donde planteaba entregar la Navarra soberana del norte del Pirineo a la monarquía española.

En diciembre de 1559, la corona del emperador de Roma, recae en Pío IV, el cual comienza una política de presión sobre Felipe II de España, con la que buscaba la resolución definitiva sobre la legitimidad de los reyes Privativos de Navarra. Pedro de Albret llevó a Roma la carta de adhesión al nuevo papa, de los reyes Juana III de Albret y Antonio I de Borbón, siendo el encargado de llevar las negociaciones con las que se restituirían al Reino Soberano de Navarra, las tierras ocupadas por las tropas españolas.

En enero de 1561, el emperador de Roma nombra a los reyes de Navarra legítimos soberanos para toda Navarra, incluida las tierras ocupadas y devastadas por las tropas e inquisición españolas. Pero España reacciona y se interpone en la resolución del conflicto. Roma rechaza a todas las delegaciones provenientes del Estado de Navarra. El emperador de Roma traiciona el juramento navarro, lo que provoca la entrada definitiva del Navarrismo religioso en el Reino Pirenaico, con fuentes calvinistas, pero semejante del Anglicanismo.

Su sucesor Pío V, fue el gran inquisidor en un momento en el cual, en el Estado Pirenaico se extendía la tolerancia religiosa y el respeto a las personas y opiniones. Después de él llegó al trono de Roma, Gregorio XIII. Este emperador tras enterarse del asesinato de la reina Juana III de Navarra la celebró, y tras la matanza de San Bartolomé, ordenó que se cantara Te Deum en las iglesias de Roma, sus aliados españoles, con su rey Felipe II al frente, también lo celebraron por todo lo alto.

El nuevo emperador católico romano, Sixto V, se alió de nuevo con el reino de España. Por ello instó a la invasión de Inglaterra y de pasó, incentivado por su odio a los navarros, condenó como hereje a Enrique III de Navarra. Realizó la condenación más clara que ha realizado el estado Pontificio sobre el Navarrismo, mediante una bula que obligó firmar a 25 cardenales cristianos, católicos, apostólicos y romanos.

Urbano VII, Gregorio XIV e Inocencio IX, a penas pudieron hacer daño a los navarros, solo intentaron incluir al Navarrismo con la Reforma, ya que sus mandatos en el imperio católico fuero extremadamente cortos, al sumar algo más de un año entre los tres. Su sucesor Clemente VIII, retiró la excomunión a Enrique de Borbón y Albret, pero solo como rey de Francia, nunca como de Navarra, exigiendo la imposición de la doctrina católica, a modo de única para el Reino Pirenaico, calificando que el edicto de Nantes era obra del diablo. Este emperador de Roma, llegó a afirmar lo siguiente:

“(…) y del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones.”

León XI, nunca llegó a preocuparse de los asuntos de los navarros, algo que si sucedió con Pablo V, el último emperador católico de Roma, que se inmiscuyó en los asuntos de los navarros libres y soberanos. Pablo V llegó a mencionar en uno de sus conclaves, que habría más paz si Enrique III de Navarra y VI de Francia, era asesinado, algo que llevó a efecto el ultracatólico y jesuita Ravaillac, en el año 1610. Tras la muerte de Margarita de Valois, Luís XIII de Francia invade y ocupa el Reino Pirenaico, al cual para satisfacción de los españoles y principalmente, del emperador de Roma, declarándolo parte de la Francia católica y completando con ello la destrucción del Estado de los navarros.


BIBLIOGRAFÍA

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AOIZ, Floren, La vieja herida. De la conquista española al amejoramiento Foral, 2002

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WEB

CRONOLOGÍA emperadores de Roma, http://www.cristo.fm/documentos/papas.htm

2008/09/23

Iruinea, Septiembre de 2008

Iñigo Saldise Alda
Los herederos de San Pedro contra los navarros (I)
Soberanía de Navarra

Según la doctrina católica, Jesús de Nazaret fundó una comunidad cristiana jerárquicamente organizada y con autoridad, dirigida por los apóstoles y siendo el primero San Pedro. Posteriormente y siempre según dicha doctrina, los apóstoles y los primeros seguidores de Jesús estructuraron una iglesia organizada, al repartir responsabilidades entre obispos, presbíteros y diáconos, a medida que iban propagando el cristianismo, encontrándose el centro neurálgico de dicha iglesia en Roma.

Durante el reinado de Alfonso I el Batallador, el Estado de los navarros, alcanzó su mayor esplendor territorial desde los tiempos del Ducado de Vasconia, pero a su vez, las tendencias pre-romanas que mantuvieron y potenciaron sus antecesores, Sancho V y Pedro I, alcanzaron al fin su mayor esplendor, gracias a incrementar el Batallador, de una manera considerable, la relación existente hasta entonces entre la dinastía vascona y el emperador de Roma.

Iruñea, volvía a ser la sede más importante del Estado navarro y su obispo se vinculó directamente con el rey de Pamplona y Aragón, facilitando con este gesto, una renovación de los altos cargos eclesiásticos, lo que provocó un principio de deterioro en las buenas relaciones que se mantenía hasta entonces el Estado navarro con el heredero de San Pedro, jefe de la cristiandad.

El testamento de Alfonso I, trajo unas duras consecuencias para el Estado de los Navarros. En la última voluntad del Rey de Pamplona y Aragón, el rey vascón entregaba los Reinos de Pamplona y Aragón a tres ordenes militares cristianas, el Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple.

Los navarros se opusieron y eligieron como rey a García Ramírez el Restaurador, con la misión de reponer la monarquía vascona en los Reinos de Pamplona y Aragón, pero la intervención del maestre de la orden del Temple y conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, que contó con el apoyo del autotitulado emperador Alfonso VII de León y Castilla, proponiendo al mejor candidato posible para emperador de Roma, Ramiro el Monje como rey para ambos reinos, provocó la división definitiva del antiguo condado vascón, con el resto del Estado navarro.

El emperador de Roma, Benedicto IX, se negó a reconocer a García Ramírez como rey, otorgándole solo el título de dux, facilitando con ello las pretensiones invasores de los vecinos de los navarros, lo que provocaría un continuo desmembramiento territorial del Estado navarro durante el siglo XII.

Sancho VI el Sabio, tampoco fue reconocido como rey por San León IX, lo que obligó al monarca vascón, entre otras cosas, a cambiar el nombre del Reino, cambiando Pamplona por Navarra. El emperador de Roma, tardó más de setenta años en reconocer el título de rey a los monarcas navarros y para entonces, Castilla-León, Inglaterra, Aragón y Francia, que ya comenzaban a dar muestras su apetito imperial, se aprovecharon de ello, invadido y ocupado numerosas tierras navarras, asestando con ello, una importante herida para la soberanía navarra.

El año 1212 y ante las amenazadas de excomunión y una nueva retirada del título de rey de Navarra, provenientes del emperador de Roma, Inocencio III, lo que facilitaría una nueva invasión de los hostiles vecinos de los navarros, el monarca vascón Sancho VII el Fuerte, se ve obligado a luchar junto al mayor enemigo de los navarros, el rey de Castilla, Alfonso VIII, mientras el rey de León se negaba a asistir junto al resto de “aliados” cristianos, que gracias al rey de Navarra, alcanzaron la victoria en la batalla de Las Navas de Tolosa.

Hasta la invasión y ocupación española de comienzos del siglo XVI, las relaciones entre los sucesivos emperadores de Roma y los navarros, fueron más o menos cordiales. El Reino de Navarra participó en varias cruzadas contra los musulmanes, junto a diferentes reinos europeos, entre ellos Francia y participando, junto al resto de estados europeos, en diferentes concilios organizados por orden del emperador de Roma.

En mayo del año 1512, ante la amenaza militar proveniente del autotitulado rey de España, Fernando el Falsario, la neutral Navarra, mediante su Consejo Real, requiere el Pase o exequáter, de las Bulas Pontificias por el Consejo, al estar el Reino de Navarra totalmente asentado en el espacio de las naciones europeas, pero esta petición nunca fue atendida por el emperador de Roma, Julio II, aliado acérrimo del maquiavélico Fernando de España.

Para facilitar las ansias invasoras de Fernando de España, el 21 de julio de 1521, aparece la Bula Pastor ille celestis, donde el emperador de Roma no nombra a los monarcas navarros, Catalina I de Foix y Juan III de Albret, en cambio, se refiere a cierta veneno de herejía que afectaba a los cántabros y navarros, lo que no justificaba ni de lejos, la invasión y ocupación del Estado de Navarra por parte española.

La presión y manipulación por parte del rey de España, Fernando el Falsario, o bien en la Curia romana o más probablemente en la Cancillería de Aragón, consiguió una segunda Bula, Exigit contumatiam, ese mismo año, vinculada al Estado de Navarra a la condición de colonia española y ha servido al estado español, para justificar toda suerte de atropellos y crímenes realizados por su inquisición, la destrucción de los castillos navarros y la expulsión de la nobleza e intelectualidad humanista del territorio ocupado por soldados españoles, extranjeros en esta tierra.

La tercer Bula, etsi obstinati es ya una clara condenación de los reyes navarros, Catalina I de Foix y Juan III de Albret. Es muy probable que el emperador de Roma, Julio II sólo proclamó la bula contra Luís XII de Francia, Universis Santae Matris Ecclesiae y las otras tres serían prefabricadas o incluso falsificadas por el rey de España, Fernando, ante la pasividad del emperador cristiano.

Pero fue la Bula Exigit contumatiam, no anulada aún día por el estado católico del Vaticano, la que asentó realmente la ocupación militar española en el Estado de Navarra. En ella se dispensaba a los navarros bajo pena de excomunión, de continuar obedeciendo a sus legítimos monarcas, Catalina I y Juan III, a quienes habían jurado "por fuero sacrosanto ancestral" lealtad, nunca jamás hasta entonces violado de manera unilateralmente. Con ella, el rey de España condenaba personalmente Catalina y Juan, más a todos los navarros que masivamente les defendían, por lo que España no dudó en imponer en esta tierra, su horrenda ley de excepción, la cual arruinó a los navarros y devastó nuestro territorio, al menos los situados al sur del Pirineo.

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2008/09/17

Iruinea, Septiembre de 2008


Iñigo Saldise Alda
El último rey de Navarra
Soberanía de Navarra

El 16 de noviembre del año 1528, Enrique II de Navarra tuvo que soportar las mofas despectivas hacia su persona, tras el nacimiento de Juana, princesa de Viana, en las que también estaban incluidas la recién nacida y su esposa Margarita de Navarra. Las maléficas burlas provenían del mayor enemigo de los navarros, el emperador Carlos I de España y V de Alemania, que entre satíricas risotadas afirmó lo siguiente:

“¡Milagro: la vaca ha parido una oveja y el pastor guardará su rebaño”.

El 1 de abril del año 1553, en el palacio de Pau, la princesa de Viana, Juana de Albret, pare a un hijo varón, al cual le dan el mismo nombre que su abuelo el rey de Navarra, Enrique II el Sangüesino. El júbilo se apoderó del monarca navarro, “bautizando” con sus propias manos al joven infante de Navarra con un diente de ajo y una gota de vino de Jurançon y contestó gozoso a los absurdos de los españoles:

“¡Este es el milagro: la oveja ha parido un león”.

Tras la muerte en el año 1555 de Enrique II el Sangüesino y el ascenso al trono del Reino de Navarra de su madre Juana de Albret, el niño Enrique adquiere el título de príncipe de Viana. Junto a su hermana Catalina adquiere una educación humanista y conforme, en materia religiosa, a las creencias reformadoras de su madre Juana III de Navarra, adquiriendo así una formación acorde con el Navarrismo.

Su padre, Antonio de Borbón y Vedôme, rey consorte de Navarra, es apresado junto algunos aliados protestantes en Ruan, el día 10 de noviembre de 1562, siendo asesinado posteriormente a manos de los católicos franceses, en el marco de la primera guerra de religión que asoló el reino de Francia. Sus títulos pasan al joven príncipe de Viana. Los Borbón eran descendientes directos de San Luis IX, siendo por ello herederos de la casa de Valois, reinante en Francia.

Tras ello Enrique, príncipe de Viana, fue enviado a la corte francesa de Paris, donde sería presentado a Carlos IX de Francia. Durante la visita conoció a Michel de Nôtre-Dame, más conocido por Nostradamus, quien realiza una predicción al joven navarro, ante la madre del monarca francés, Catalina de Médicis, en la cual le dice que llegará a ser rey de Navarra y Francia.

Con apenas quince años y por orden de su madre, la reina Juana III de Navarra, el joven príncipe de Viana se pone al mando del ejército de Navarra y acude a socorrer a la sede protestante y francesa de La Rochelle, consiguiendo la victoria ante tropas católicas francesas, que involucraría definitivamente al Reino de Navarra en la segunda guerra de religión, después de haberse mantenido relativamente al margen tras la primera, que solo se había desarrollado en el reino de Francia.

El príncipe de Viana tuvo que retornar al Reino Pirenaico al mando de las tropas navarras, para combatir a los católicos y proespañoles que se levantaron en armas a comienzos del año 1568 y que habían expulsado a los ministros protestantes e incluso se habían apoderado de varios castillos. El joven Enrique, príncipe de Viana, intervino consiguiendo una paz entre las facciones católicas y protestantes del Reino de Navarra. Su madre la reina Juana III de Navarra, otorgó el perdón total a los rebeldes, y tras ello proclamó la libertad de conciencia mediante el Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra, algo que nunca olvidaría el joven príncipe de Viana.

La guerra religiosa prosiguió entretanto en el reino de Francia. Así en 1569, el barón de Terride, en nombre de Carlos IX, ocupa el señorío de Bearne, perteneciente al Reino Pirenaico, y restablece el catolicismo como única doctrina de fe. El señor de Luxe, junto algunos católicos, se revela de nuevo contra la reina Juana III de Navarra. Las tropas navarras, comandadas por Enrique, príncipe de Viana, consiguen expulsarlo del castillo de Maule.

La religión católica vuelve a ser prohibida en el Reino de Navarra, pero un año después de la paz de Saint-Germain del año 1570, en las cortes de la Rochelle y a petición realizada por los Estados de Navarra, la reina Juana III de Albret, restablece la libertad de culto para el Reino Pirenaico. También se firma las Confesiones de Fe de la Iglesias Reformadas de Francia y el joven Enrique, príncipe de Viana, se instala en la ciudad portuaria a orillas del océano Atlántico.

La reina Juana III de Navarra, comienza las conversaciones con la corte francesa, en busca de una paz duradera con el Reino de Francia. Para ello promueve un matrimonio entre el príncipe de Viana y Margarita de Valois, hermana del rey francés Carlos IX. A dicho enlace se muestra contrario, en un principio, el joven príncipe de navarro.

En 1572 la reina de Navarra es envenenada en París por orden de su archienemiga, Catalina de Médicis. Enterado de la noticia y tras ser coronado rey de Navarra, Enrique III entra en París junto a 900 caballeros navarros vestidos de negro, color representativo los protestantes.

Enrique III de Navarra se muestra partidario de continuar con el matrimonio con la bella princesa Margarita de Valois. Esta boda no contó con el apoyo del papa, y se realizó en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, debido a las creencias reformistas de Enrique III de Navarra.

En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos atacaron a los protestantes, esgrimiendo como simple excusa la herejía y la defensa de la fe católica. En total, en el reino de Francia, fueron asesinadas unas cien mil personas, protestantes mayoritariamente, y con ellos la inmensa mayoría del séquito de 900 navarros del rey de Navarra. El propio monarca navarro, fue hecho prisionero y forzado a convertirse al cristianismo, además de verse obligado a proclamar el catolicismo como religión única del reino de Navarra, teniendo que permanecer de manera forzada en la Corte de París.

Enrique III de Navarra, ese mismo año, consigue huir de París. Abjura de la religión católica nada más entrar el Reino Pirenaico y de inmediato se pone al mando de las tropas protestantes en la cuarta guerra de religión, que pronto se transformaría en la conocida como la guerra de los tres Enriques, que implicaba al propio rey de Navarra, al nuevo rey de Francia y Enrique I de Guisa.

Enrique III de Francia, tras reconocer a Enrique III de Navarra como heredero o sucesor al trono francés, muere asesinado por un ultra católico, del partido de Guisa, en el año 1589. La muerte del último Valois, permitía, en teoría al rey de Navarra convertirse en rey de Francia. Pero para poder lograrlo, Enrique III de Navarra mantuvo una guerra abierta contra la Liga Católica, el emperador de Roma y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En fases de este enfrentamiento, Enrique III tuvo que retirarse al Reino de Navarra, donde preparó un ejército que debería facilitarle el acceso al trono francés mediante la vía militar.

En el año 1585, el emperador de Roma, Sixto V, excomulga por hereje a Enrique III de Navarra. Las tropas protestantes consiguieron algunas victorias, pero París resiste gracias al apoyo de las tropas españolas comandadas por Alejando Farnesio. En 1593, el rey de Navarra se convierte al catolicismo con el fin de obtener el trono de París, algo que se resumiría con una frase que falsamente se le atribuye:

“París bien vale una misa”.

Esta coronación no supuso la unión de los reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico.

En 1598 firma la paz de Vervins con el reino de España. En ese tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre los reinos de Francia y España, el rey navarro introduce una clausura concerniente a la anexión de las tierras del sur del Pirineo por parte española, negándose claramente en ella, a legitimar el atropello español.
Ese mismo año realiza el Edicto de Nantes, donde se reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, a semejanza de aquel Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra, realizado treinta años antes por su madre Juana III de Albret. Enrique III de Navarra pretendía que el Edicto de Nantes se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases definitivas para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo habían costado millones de muertos. Esta decisión le supone una nueva excomunión a Enrique III de Navarra y IV de Francia, por parte del emperador de Roma.

Enrique III casó en segundas nupcias con María de Médicis en el año 1600. De esta unión nacería el futuro Luis XIII de Francia, el cual no fue educado según las condiciones existentes en el Fuero navarro, paso obligado para ostentar el título de príncipe de Viana y así acceder al trono del Reino de Navarra, sino que recibió su educación católica en la corte francesa de Paris, de manos del Cardenal Richelieu.

El 14 de mayo del año 1610, el rey de Navarra y Francia, era asesinado en una calle de París por un jesuita, llamado Ravaillac. A pesar de ello, el Reino Pirenaico mantuvo su intendencia hasta el año 1620, cuando Luis XIII de Francia visita las Cortes de Pau y restaura la religión católica en Reino de Navarra, prohibiendo la religión protestante en todos los reinos bajo su dominio.

Luis XIII de Francia disuelve militarmente las Cortes de Navarra ese mismo año y realiza el decreto de unión desde las Cortes de París. Así el Reino de Navarra quedaba anexionado de forma ilegítima al reino de Francia y el Navarrismo existente en los reyes navarros desde los tiempos de Margarita de Navarra, era exterminado por un soberano francés.


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Nabarra, reflexiones de un Patriota

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EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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