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2009/08/25

Iruinea, agosto de 2009


Iñigo Saldise Alda
El Roncal y los leales del desfiladero
Soberanía de Navarra

“Antes de leer historias de extrañas gentes, estudiad la de vuestro pueblo; ella os hará conocer y amar a la patria.” Hermilio de Oloriz.

Unas cimas altas y agrestes custodian al valle del Roncal, cuya historia está llena de tradiciones vasconas y hermosas leyendas. Ya desde la prehistoria en el valle del Roncal, al igual que en los de alrededor, se tiene constancia de la presencia humana(1). Dólmenes, crónlech y otros monumentos son testimonio de sus primeros pobladores, los vascones, siendo los del valle del Roncal, ganaderos y trashumantes ya desde el Neolítico.

El valle del Roncal, junto a los de Canfranc, Hecho, Ansó, Salazar, Aezkoa, Arze, Erro, Esteribar, Anue, Ulzama, Larraun, Baztan, Santesteban, las cinco villas de la Montaña y Bidasoa, conforman en época romana, el saltus Vasconum. En dichos valles, la influencia romana es menor que el resto de Vasconia. En el valle del Roncal, se mantenía la población dedicada principalmente a la ganadería, pero también a la explotación minera, basada en la cultura heredada de la Edad del Bronce.

En el año 778, tras la quema de la ciudad de los vascones, Iruñea, por las tropas francas de Carlomagno, los roncaleses se unen al resto de los navarros en el paso de Astobizkar, próximo a Orreaga, para infligir la única derrota conocida al poderoso ejército del emperador franco.

Adberraman, junto con su ejército árabe, realiza una expedición a Toulouse en el año 785 y para ello, atraviesa los Pirineos a través de las llanuras de Aragón. Los vascones de Aragón llegan horrorizados al valle del Roncal, donde describen las numerosas atrocidades y salvajes masacres realizadas por los sarracenos durante su paso. A su regreso, el rey árabe, decidió pasar a través de las gargantas del valle del Roncal, con la intención de castigar a los habitantes del valle que habían, hasta la fecha, causado la destrucción de todas las expediciones musulmanas.

Las hordas árabes bajaron de las marcas de francas, a sangre y fuego. Mucho menores en número y poder bélico, los roncaleses se reunieron en la seguridad de las montañas, para organizarse, ya que de lo contrario, a los hombres les esperaba la muerte y las mujeres la esclavitud, mientras que sus aldeas fueron saqueadas y quemadas. Los roncaleses, gente robusta y valerosa, decidieron lanzarse a la batalla y descendieron de las montañas atacando a las tropas de Adberraman en los campos abiertos cercanos a Burgi, junto a las orillas del río Esca. En el lugar llamado Olast(2), los roncaleses mantuvieron en un furioso combate con el enemigo invasor.

Los sarracenos hicieron una apresurada y desordenada huida para salir del valle, lo que daba ventaja a los roncaleses, ya que conocían todas las quebradas y los pasajes de la sierra de Leire. Esto les permitió caer sobre el centro del fugitivo ejército musulmán, en un ataque por sorpresa. Más tarde, la vanguardia roncalesa, llegaría a la aldea de Yesa, donde tomaron como prisionero al mismísimo rey sarraceno(3).

En el año 824, en una cueva de la peña de Ezkaurre, el señor de la tierra y de la guerra, Eneko Aritza, era elegido como primer rey de Pamplona(4), en presencia de 300 valientes navarros.

El rey de Pamplona, en el año 882, concede a los pastores roncaleses el derecho de pastar y construir cabañas y corrales en los pastos de las Bardenas, de propiedad Real. Esto es debido al constante valor y coraje, en la lucha contra los sarraceno mostrado por los roncaleses. Abderraman III, en una de sus numerosas y rápidas incursiones en el Reino de Pamplona, devastó la mayoría de las tierras de los navarros. En su retirada sufrió una importante derrota, debido al arrojo y bravura de las tropas navarras en el combate de Ocharren, principalmente de la vanguardia de los montañeses, formada íntegramente por roncaleses. El rey de Pamplona, Sancho I Garces, en el transcurso del año 922 les otorga la nobleza colectiva a los roncaleses.

En el año 992, el término Raonkali, ya aparece en los documentos del Reino de Pamplona. Los roncaleses, al igual que el resto de los navarros, tenían la obligación de mantenerse a disposición del rey navarro durante toda su vida en caso de tener que defender el Reino de Pamplona ante cualquier agresión extranjera y además, los roncaleses siempre fueron los primeros en acudir a la llamada del monarca pirenaico.

Sancho III el Mayor concede Fuero al valle del Roncal en el año 1015, el cual velaba por el mantenimiento de las tierras comunes, prohibiendo que nadie las acotase y redujese a cultivo los montes, pastos, etc, siendo de uso general para los vecinos, negando desde luego tales utilidades a los que no gozasen de aquella condición vecinal. Este Fuero, serviría desde ese mismo siglo XI hasta el siglo XIII, para legislar los Fueros en la mayoría de las regiones pirenaicas pertenecientes al Reino de Pamplona durante su máximo esplendor territorial, alcanzado con el monarca navarro Alfonso I el Batallador y posteriormente, el Fuero roncalés, serviría de ejemplo para los otorgados a diferentes pueblos de Aragón y Catalunya, ya bajo control de la corona de Aragón, tras la intromisión barcelonesa en la política navarra, apareciendo en dichos documentos palabras duplicadas al Fuero del Roncal.

Las guerras entre los habitantes del valle del Roncal y del valle del Baretour, llegaron a tal extremo que tuvieron que intervenir el mismísimo rey de Navarra, Carlos II de Evreux y el vizconde de Biarno, Gaston III de Foix, que autorizan una reunión en Ansó entre ambas partes en busca de una solución, contando como parte arbitral con representantes del valle de Xiberoa. En la sentencia arbitraria(5) del año 1375, se ve recogida la fijación de las fronteras entre ambos valles y un tributo de tres vacas, a apagar por los del valle del Baretour a los del valle del Roncal.

El rey de Navarra Carlos III el Noble, en el año 1412, amplia los privilegios de los roncaleses en los pastos de las Bardenas, otorgándoles el derecho de nombrar guardas propios con los que vigilar el ganada ante los actos de bandidaje y pillaje, proveniente en su mayoría, de las tierras de Aragón. Además, Carlos III de Navarra, concede al valle del Roncal el Fuero General, en el cual reconocía y confirmaba a los roncaleses como caballeros, hidalgos e infanzones, y les permitió tomar como propio el escudo del valle.

Ballesteros roncaleses realizaron numerosas patrullas, por todas las peligrosas fronteras del Reino de Navarra desde el siglo XIII, ejemplo de ello, son los 20 ballesteros roncaleses que quedaron como guarnición del castillo de Corella en el año 1431, el cual había sido recientemente recuperado y reconstruido por los navarros, tras la huida de los invasores castellanos.

Durante la guerra por el poder, abierta entre el rey Juan II de Navarra y de Aragón y su hijo Carlos, príncipe de Biana, los roncaleses, a pesar de una inicial y pequeña sublevación en el castillo de Burgi a favor del príncipe de Biana, tomaron en general partido por el rey Juan II el Usurpador, integrándose así en el partido agramontés. Para entonces, el fronterizo valle del Roncal, ya contaba con un sistema defensivo de castillos. Estos eran los castillos de Pintado, de Virgen de la Peña, castillo Nuevo y el de Burgi(6).

Reinando en Navarra Catalina I de Foix, el rey consorte Juan II de Albret, III de Navarra, ratifica una vez más, concretamente en el año 1496, el privilegio de hidalguía y nobleza a la totalidad de roncaleses.

En el año 1512, el Duque de Alba moviliza sus tropas en Vitoria por orden del católico rey español, Fernando II de Aragón, el Falsario, dejando al maléfico coronel Villalba al mando de un escuadrón de infantería, el cual estaba formado por los veteranos de la guerra de Granada. La vanguardia de ejército invasor español, capitaneada por el coronel Villalba, al llegar a la Barranca, se encontró con un destacamento de bravos y leales roncaleses que cortaron el paso al ejército invasor español, y tras un breve enfrentamiento(7), los valientes roncaleses se retiraron al paso de Oskia.

El 3 de septiembre del año 1512, las patrióticas y valientes gentes del Roncal, se rinden al coronel español Villalba. El rey español Fernando el Falsario, con la única intención de asentar la ocupación militar española en territorio navarro, confirmó los Fueros y los privilegios de hidalguía general para los habitantes del valle del Roncal. Los roncaleses, al igual que el resto de los navarros, sufren la ocupación española, pero ni se sienten, ni están conquistados. Ese mismo mes, el católico rey español, el Falsario, usurpa el título de rey de Navarra.

Las tropas navarras comandadas por Juan II de Albret, III de Navarra y su aliado el señor de La Palisse, atraviesan los Pirineos accediendo al leal valle del Roncal, donde los roncaleses, sin dudarlo, se unen al legítimo rey de Navarra. Las nobles tropas de Juan III de Navarra habían atraviesan los valles del Roncal, Salazar y Aezkoa, combatiendo a todo invasor español que iban encontrándose a su paso, buscando a las tropas españolas del duque de Alba, que se retiran por Orreaga a la capital del Estado Pirenaico, sin conseguirlo, teniendo los navarros que retroceder por Belate, ante la llegada del invierno y de nuevas tropas españolas de refuerzo.

En el año 1516, El mariscal Pedro de Navarra, pese a sufrir la deserción de 600 hombres que formaban su ejército, entra por el valle del Roncal con la intención de liberar a los navarros de yugo español. Sin dudarlo, Pedro Sánchez al mando de 120 patriotas roncaleses se ponen al servicio del mariscal de Navarra. Algunos Peralta y Jaso habían intentado recuperar el monasterio de Orreaga, el cual ya se encontraba desierto por la acción militar española. Estos agramonteses marchan por la nieve hasta Burgi, donde se ven obligados a capitular ante el coronel Villalba y ante algunos colaboracionistas españoles. El ejército español cae sobre las tropas del mariscal de Navarra, capturando a todos los jefes agramonteses, llevándolos prisioneros a la fortaleza de Atienza.

Tras este nuevo intento de recuperación del Reino, El cardenal español, Jiménez Cisneros, ordena de inmediato al siniestro coronel Villalba, la destrucción de los castillos y fortalezas de la Navarra ocupada, entre ellos los del valle del Roncal.

Los roncaleses vuelven a participar activamente en la liberación del Reino de Navarra del año 1521, la cual es efímera. Tropas de roncaleses participaron en la nefasta batalla de Noain, estando también presentes en la defensa del castillo de Amaiur en el año 1522 y la realizada en el castillo de Hondarribia en el año 1524.

Siguiendo el ejemplo de su abuelo y tras “el perdón” otorgado a los combatientes y patriotas navarros de Hondarribia, el emperador Carlos I de España y V de Alemania, en el año 1527, realiza la confirmación de los privilegios dados por los reyes naturales(8) a los roncaleses a lo largo de la historia. Pese a ello, la inquisición española ese mismo año, detiene a 120 patriotas roncaleses acusados de brujería.

En el año 1607(9), el valle de Roncal pidió la entrega de un asiento en las Cortes del Reino de Navarra, las cuales estaban presididas ilegítimamente desde el año 1512, por un virrey extranjero, concretamente español. La solicitud fue desestimada porque el virrey español no deseaba que pudiera sentar precedentes y con ello, que otro valles se animasen a hacer lo mismo. Incluso, los argumentos empleados por el fiscal, fueron muy claramente despectivos hacia los roncaleses(10).

Los roncaleses, una vez asentada la ocupación española, tenían la obligación de mantenerse durante toda su vida activa en disposición de defender sus tierras, el valle del Roncal, al ser tierras de frontera. A cambio, mantuvieron varios y determinados privilegios, ya existentes en tiempo de los legítimos reyes de Navarra, como el de poder elegir a su propio capitán a guerra, exención del servicio militar fuera de sus fronteras y libre comercio con Francia, siendo los roncaleses, los últimos navarros en perder dichos derechos a manos españolas.

El desarrollo de la explotación forestal, debido en gran medida a las guerras que mantenía el imperio español, experimenta un auge económico notable para el valle del Roncal, una vez entrado ya el siglo XVIII, lo que provoca un nuevo intento por parte de los representantes del valle, de tomar un asiento en las Cortes del Reino de Navarra en el año 1785, siendo dicha petición de nuevo denegada por el virrey español.

En el año 1795, los roncaleses soportan y repelen los ataques franceses, en la denominada guerra de Convención. En el año 1797, Carlos IV de España y autotitulado de manera ilegítima, VII de Navarra, añadió al escudo del valle del Roncal, un castillo y un lebrel, símbolos de fortaleza y lealtad, por la conducta de los roncaleses en la guerra contra los franceses.

Entre carlistas y realistas los roncaleses se adhieren a la causa isabelina y apoyan las ideas liberales, lo que provoca que el general Tomás de Zumalakarregi, en una rápida campaña, ocupe el valle del Roncal al comienzo de la primera guerra carlista.

Ya en el año 1846, con la conversión de manera unilateral por parte española, del Reino de Navarra en pro-vinci española, tras la mal llamada ley paccionada, surgen los siete municipios del valle del Roncal: Uztarrotze, Isaba, Urzainki, Roncal, Garde, Bidangoze y Burgi. La Junta General del valle del Roncal(11), subsiste para administrar los bienes comunes: pastos, arbolado y otros. Los roncaleses solucionan su economía dedicados a la ganadería y a una agricultura de subsistencia.

Durante la guerra civil española, los representantes del valle del Roncal se posicionaron a favor de los militares golpistas y en contra de la II república de España. Tras el conflicto armado, que no afectó en gran medida a los roncaleses, en la posguerra se incrementó la población, tanto por la demanda de mano de obra, satisfecha principalmente por gentes de diferentes poblaciones vecinas, como por esclavos de los denominados batallones de castigo de implantación franquista o fascista, que fueron dedicados a la construcción del carretil a Bidankoze.

El 23 de febrero del año 1991, apareció en la prensa, radio y televisión de la Comunidad Foral de Navarra, la triste noticia de la muerte de la última uskalduna o mujer que hablaba el dialecto roncalés, Fidela Bernat. El uskara roncalés desapareció con ella. Hoy en día las Instituciones del Valle y las asociaciones culturales siguen sin potenciar, fomentar, recuperar y resucitar el uskara roncalés.

Respecto a la economía del valle existente a día de hoy, en el año 2009, muchos de los roncaleses están acomodados viviendo del turismo, mayoritariamente español y francés. Las Instituciones Roncalesas siguen sin potenciar una economía alternativa, autónoma, autogestionada y sostenible para que los jóvenes del valle puedan trabajar y vivir en él, buscando un futuro próspero para ellos y el valle.

Respecto a la simbología y referencias existenten en el valle en la actualidad, en la Junta del Valle podemos encontrar una placa que hace referencia a una visita de los reyes de España, y fuera de la iglesia de la villa de Roncal, todavía esta puesta una placa en memoria de los caídos del frente de Franco, con el escudo de España. En el Ayuntamiento de Roncal, podemos encontrar una placa que nos indica la altitud del nivel del mar de Alicante, como punto de referencia de la cota 0 ó nivel del mar en el reino de España, obviando malintencionadamente las playas próximas de la Navarra marítima.

A pesar que en la actualidad, en el escudo del valle de Roncal podemos encontrar la leyenda que dice, ”muy heroico, muy noble y muy leal”, lo cierto es que ya hace varios siglos que las instituciones del valle lo dejaron de ser, al menos para el Estado de Navarra.

Para concluir, decir que hoy más que nunca, es el momento de organizarse de nuevo y actuar en favor del uskara, de la identidad y de los derechos propios del valle del Roncal, buscando la vía más apropiada para el progreso económico del mismo y de la recuperación de la soberanía plena de Navarra, esto último, junto al resto de navarros y navarras.

PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE


NOTAS

(1) Según el archivo más antiguo que se conserva en el valle, los roncaleses descenderían de Tubal, nieto de Noe. En él, ya nos habla de los roncaleses y de sus heroicas acciones, que se remontan a los tiempos de Tubal y los Armenios.
(2) El padre Moret confiere una gran importancia a las batallas de Orreaga contra los francos, y a la de Olast contra los árabes: ambas defensivas, contra extranjeros, y protagonizadas anónimamente por el pueblo vascón, muy bien organizado y que aún no poseía la figura del rey.
(3) La batalla de Olats en el año 785, dio paso a la leyenda, la cual la podemos encontrar, de forma gráfica, en el escudo navarro del valle de Roncal. Según esta leyenda, mientras que los hombres deliberaban sobre un puente el destino del emir Abderraman, una amazona roncalesa se acercó al rey musulmán y lo decapitó y se llevó su cabeza, siendo por ello, que en el traje tradicional de la mujer roncalesas, tienen color rojo en una parte de su falda. Por esta acción o leyenda, el escudo de Roncal es un puente y sobre él, aparece la cabeza de un rey árabe cortada y destilando sangre. En el siglo XIX, esta leyenda fue recuperada, e incluso inspiró un romance histórico, realizado por el navarro Hermilio de Oloriz, que fue publicado en la revista euskara: “¿A dónde marchas rey moro? ¿A dónde van tus corceles? ¿No ves que la muerte dejas, y vas á dar con la muerte? Abderramen, vuelve grupas, Si los de Francia te vencen, ¿Qué esperas de los navarros, que humillan á los franceses? (…)” http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/reveus/01190202.pdf .
(4)Crónica de Val-de-Ilzarbe, ERRONKARI; Bernando Estornés Lasa, 1927. Referente a esta hipótesis o leyenda, encontramos la siguiente referencia en un artículo de prensa del año 2008, titulado: ¡REAL! ¡REAL! ¡REAL! Rey de la Faba, fiesta de ayer y de hoy, DIARIO DE NOTICIAS. (…) Monarquía navarra. Dicen los historiadores, aunque en ello no acaben de ponerse de acuerdo, y lo dice también la tradición oral, que es en una cueva de la Peña de Ezkaurre, en Isaba, donde un grupo de trescientos nobles se agrupó en el siglo VIII ante el acoso de las tropas musulmanas, y en donde proclamaron a uno de ellos como caudillo. Eneko Arista, o Aritza, era su nombre; primer monarca del entonces denominado Reino de Pamplona. No se trata, ni mucho menos, de pontificar sobre si esta primera coronación se produjo en Isaba, pues Alsasua también está en esa creencia y defiende ese puesto en la historia; pero lo cierto es que allí está la hipótesis, allí está la leyenda, allí están los Garcés (y lo siguen estando en el Roncal), y allí está el testimonio de don Rodrigo Ximénez de Rada asegurando que Eneko era un varón guerrero llegado de Bigorcia y que se refugió en los valles pirenaicos para luchar contra los moros.(…)
http://www.noticiasdenavarra.com/ediciones/2008/04/20/vecinos/tafalla/d20taf44.1223949.php.
(5) Arbitraria. Actualmente se diría arbitral.
(6) También existió el castillo de Isaba, pero fue descartado para la defensa del Reino Pirenaico, posiblemente tras la construcción del castillo de Pintado. Navarra. Castillos que defendieron el Reino, TOMO I, Iñaki Sagrado, 2006.
(7) El cronista español del Duque de Alba, Luís Correa, en su obra La Conquista del reyno de Navarra, escrita en el año 1513, y reeditada por Yanguas y Miranda en el año 1843, nos dice lo siguiente en referencia a este pasaje bélico entre los leales roncaleses y el invasor español: "fue preciso entablar ligeras escaramuzas con unas vanderas de roncaleses, que es la mejor gente de aquel Reyno”.
(8) Reyes naturales o legítimos de Navarra, siendo el rey consorte de Navarra, Juan II de Albret, quien había realizado la última confirmación de privilegios a los roncaleses.
(9) 1607. En este año, Enrique III de Navarra y IV de Francia, realiza el Decreto de la Unión, para que el Reino de Navarra y Biarno, no se separen de la corona francesa. Andorra o el miedo a hablar del Reino Navarra, OSOA, Aitzol Altuna, 2009.
http://www.osoa.net/Articles/andorra_y_nabarra.pdf Posteriormente, en el testamento que podemos encontrar en los archivos de Versalles de Enrique III el Bearnés, queda bien claro que el Reino de Nabarra es de sus mayores y lo diferencia en el mismo del reino de Francia, yendo la sucesión legítima por tanto, a Isabel de Albret y Foix, hermana de Enrique II el Sangüesino. Información facilitada por Valentín Ciaurriz, jefe del gabinete de protocolo y prensa, de la Casa Real de Nabarra.
(10) “Son de muy poca consideración y calidad; que no pasaban de cien vecinos cada una y que eran pobres. Además, no hay personas de partes y de buen hábito, para que puedan venir a hallarse en las Cortes, porque todos los vecinos de las dichas villas, sin exceptuar ninguno, andan vestidos de Roncal, y sin capas y con abarcas. Y que éste es un hábito muy indecente y sería cosa indigna, que personas con tal hábito tuviesen asiento en Cortes”. En defensa de la comunidad pirenaica, muchos testigos ensalzaron las buenas cualidades de la gente del valle del Roncal, recordando que su población fue constante en la batalla contra los invasores árabes, destacando entre otras, las victorias de Olast y Ocharren. A su vez uno de los testigos aseguraba, que los roncaleses “son personas de grande entendimiento y gobierno”. También se recordó que el valle estaba exento de toda pecha, tributo o servidumbre excepto del pago por el disfrute de los yermos de Ernaz y Arra, de propiedad real. En cualquier caso su petición fue denegada y los representantes del valle lo volvieron a intentar en el año 1785, con argumentos similares a los del año 1607. Curiosamente, otra de las razones de peso que argumentaba el fiscal para justificar su negativa, era que los roncaleses hablaban vascuence, concretamente el dialecto roncalés o uskara. Por el contrario, Florencio Idoate asegura y defiende en su obra La Comunidad del Valle de Roncal, que la razón de más peso fue la de “(…)no abrir brecha y sentar precedentes que pudieran animar a otros valles a hacer lo mismo, comenzando con los fronterizos, ya que nadie se cree con menos méritos y derechos que el vecino(…)”, y por otra parte “(…)había demasiadas personas con este derecho dentro del Reino, en perjuicio de las Cortes, ya que se alargaba la solución de los asuntos y se complicaban más las cosas(…)”.
(11) Junta General del valle del Roncal. El 15 de junio del año 1345 se firmó en la localidad de Urzainki, el denominado Contrato de la Unión y de Régimen de los Panificados. Se trata del primer documento que nos desvela la existencia de una mancomunidad o "unibersidad" en el valle del Roncal. El texto nos desvela que este contrato ya existía con anterioridad una junta general, que se reunían de forma habitual, y con una periodicidad anual, los representantes de todas las villas roncalesas-delegados o comisionados-para tratar en común los problemas que afectaban a todo el valle; quiere esto decir que, aunque de una manera mucho más rudimentaria que la conocida en la actualidad, ya entonces existía una Junta del Valle de Roncal. El historiador Florencio Idoate de que el Contrato de la Unión hay que situarlo en el año 1435. Esto puede ser debido a la perdida de documentos en el valle del Roncal, tras el incendio del archivo existente en Burgi, del año 1427.


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