SOBERANÍA DE NAVARRA by Nabartzale bilduma. Este es el correo para escritos, artículos, comentarios y sugerencias. Los artículos, escritos y comentarios deben estar debidamente firmados por su autor o autora en formato Word. Solo se publicaran aquellos escritos que estén realizados desde la independencia y soberanía de su autor o autora siguiendo los criterios editoriales de los miembros de NABARRAKO BURUJABETASUN-SOBERANÍA DE NAVARRA. nabartzale@gmail.com

2007/10/15

Iruñea, Octubre de 2007

Iñigo Saldise Alda
¿Quién es navarro?
Nabarralde

En la actualidad se considera navarros a todos los nacidos en esa provincia del Reino de España, estructurada en forma de Comunidad Foral, que conocemos como Navarra (reducida). Ésta es una imposición, por las invasiones y las acciones políticas de los Estados que nos intentan someter. Con dicha imposición, plasmada en la división de nuestro territorio, dicha división no es sólo entre el estado francés y español, sino a su vez, dentro de dichos imperios, se dirige a la continua manipulación de nuestra historia, para legitimar (ilegítimamente) sus conquistas militares e imponer sus leyes “especiales para los navarros”, siempre buscando la ocultación del estatus político del término navarro y de nuestro estado, Navarra.

Con la ocultación de la existencia de los (políticamente) navarros, la República de Francia intenta justificar su anexión del reino de Navarra, que ordenó un monarca francés, allá a comienzos del siglo XVII. Pero con ocasión de la revolución francesa, los navarros del norte de los Pirineos se esforzaron por recuperar la soberanía de Navarra, un estado mermado, pero soberano, al norte de los Pirineos.

Esta rebelión navarra fue aplastada por el ejército francés, en defensa de la revolución, una revolución tan imperial como la del mismísimo reino de Francia. Dicha acción militar, que se alargó a lo largo de los años, hasta llegar a la actualidad, conllevó una perdida del término político de navarros para los habitantes de esas tierras.

Antes, durante y después de estos sucesos, en la Navarra del sur de los Pirineos, los españoles se encargaron de amputar territorios al reino de Pamplona, Navarra, hasta conseguir dominarlo por completo. Estas sucesivas conquistas, con la consiguiente imposición política, han conducido al olvido del estatus político para gran parte del pueblo vasco(n), que fundó a principios del siglo IX el reino de Pamplona, posteriormente conocido con el nombre de Navarra.

En dicho estado no sólo habitaban los vasco(ne)s, sino que otros pueblos vivían en él y lucharon por mantener la soberanía de nuestro estado. Los ejemplos de rebelión y unidad colectiva son continuos en la Navarra del sur de los Pirineos. Claro ejemplo de ello lo tenemos en las llamadas guerras carlistas.

En la actualidad, por desgracia, muchos descendientes de los fundadores de nuestro estado no se reconocen como navarros. La imposición cultural e histórica, ejercida por los estados español y francés, está patente e interiorizada en el sentimiento de la mayoría de nuestro pueblo. De ahí la búsqueda errática e inapropiada que algunos siguen para recuperar la soberanía, para ser independientes y dueños de nuestro destino.

En el territorio de la Comunidad Foral de Navarra, casi la inmensa mayoría de sus habitantes se sienten navarros. Este sentimiento debe ser fortalecido y puesto en común, en el sentido de aclarar su fundamento, sus razones, a la vez que evidenciar que tiene un fin natural y apropiado: el de formar de nuevo nuestro propio estado. En un mundo globalizado, multicultural, debemos buscar la unidad y la supervivencia de nuestras diferentes culturas, siempre encaminadas en la recuperación del Estado de Navarra.

Con esto quiero llegar a la conclusión de que navarro es aquél que dentro de las históricas tierras de nuestro país, no sólo busca, sino lucha por la recuperación del estado que representó a los vascones, dentro del marco político de Europa y el mundo. De paso quiero recordar que todos los vascos somos navarros, abrazando a aquellos pueblos o naciones que quieren ser navarros, para lo cual buscan la recuperación de la soberanía de nuestro Estado, Navarra.

2007/10/12

Iruñea, Octubre de 2007


Iñigo Saldise Alda
Imperios (VI)
Nabarralde

Navarra ¿Un Imperio?

Transcurría el año 824 cuando los vascones, por las circunstancias políticas que les rodearon, fundaron el Reino de Pamplona. Su primer rey, Eneko Aritza. Estas circunstancias eran la invasión y presión de francos por el norte y de musulmanes por el sur. En un territorio mermado por las invasiones, los vascones intentan sobrevivir y para ello se organizan políticamente en forma de Reino.

Mientras, los vascones de la ribera del Ebro se convierten a la religión del Islam, traída por los invasores. Son los llamados Banu Qasi, que buscan su autonomía dentro del Califato de Córdoba. Estos vascones musulmanizados mantienen estrechas relaciones con los vascones del Reino de Pamplona, más aún por las agresiones carolingias. Con ello se asientas las bases que mantendrían independiente el Estado de Navarra, a lo largo de ocho siglos.

Durante el reinado del “señor de vascones”, el Rey Sancho III “El Mayor”, se firma el Tratado fronterizo con el Condado de Castilla, donde se marca la frontera occidental del estado de los vasco(ne)s. Una frontera entre los pueblos de la etnia vasca y los pueblos celtíberos, patente y señalada en tiempos de los romanos. Este rey es el único que se auto titula “imperator in Naiara”, como podemos comprobarlo en las monedas que acuñó en su reinado.

Por el norte, la Gascuña está dentro del Reino de Pamplona, como nos indican los cronistas francos, al dar el título de dux Navarrae, al conde de Gascuña. Es una época de esplendor para los navarros, que se mantienen independientes a ambos lados del Pirineo, dominando la mayoría del mismo.

Sólo durante el reinado de Alfonso I “El Batallador”, se recuperaron estas fronteras y otras que pertenecieron a los vascones en la antigüedad. Se firma el Tratado de Támara, en 1127, entre dicho rey y su homónimo castellano, Alfonso VII. Durante este reinado se recuperan los territorios de la ribera del Ebro, bajo dominio musulmán. En dicho tratado, “El Batallador” renuncia al título de Emperador. Gascuña y Tolosa (Toulouse) están dentro del Reino de Pamplona.

Estas dos etapas del estado de los navarros, en forma de reino de Pamplona, son las más próximas a las que se les puede considerar un Imperio. Este territorio era el natural de los navarros o vascones, muy anteriores a las invasiones sufridas por verdaderos Imperios. El cambio de nombre a Navarra se produce para un territorio mermado por las invasiones e ingerencias de otros estados o reinos, con ansias imperialistas. Esto se produce durante el reinado de Sancho VI “El Sabio”.

En la actualidad, los seudohistoriadores españoles y franceses ocultan estos datos, intentando mantener el sometimiento de sus respectivos Imperios. La negación del estatus políticos de los vascos ha llegado a tal punto que muchos vascos no saben que políticamente son navarros. Pero gracias a la labor de grandes historiadores de nuestro país, esto está empezando a cambiar. Navarra no es un Imperio, simplemente es el estado de los vascos.


BIBLIOGRAFÍA

ESARTE Pedro, Vasconia en el siglo XII. De Reino de Pamplona a Reino de Navarra, 2004.

NARBAITZ Pierre, Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

SERRANO Bixente, Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN Mikel, Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999.

URZAINQUI Tomás, Navarra, sin fronteras impuestas, 2002.

URZAINQUI Tomás, Navarra Estado europeo, 2003.

2007/10/05

Iruñea, Octubre de 2007

Iñigo Saldise Alda
Imperios (V)
Nabarralde

Reino de Inglaterra, las garras del Imperio británico

Son los francos los que dan el nombre de "tierra de anglos", en latín Anglae terra, a lo que los romanos llamaban Britania. Esta tierra fue invadida tanto por pueblos celtas, como por germánicos, principalmente anglos, sajones y jutos, que con el paso del tiempo se fusionaron.

En el siglo XI la invasión de los normandos genera un cambio de poder dentro del reino de Inglaterra. En el siglo XII la unión matrimonial entre Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania impulsa que el reino de Inglaterra se apodere de Aquitania y Gascuña, lo que provoca una separación de estos territorios del resto del Reino de Navarra, realizada en gran medida por la fuerza de las armas. Claro ejemplo de ello es la toma de Baiona. Los documentos de los ingleses de esa época hablan de "nuestros terrenos en Wasconia". También, durante este reinado, comienzan la invasión de Irlanda.

La lucha por reconquistar los territorios occidentales del Reino de Navarra, ocupados por el emergente imperio castellano, lleva al rey Sancho VI "El Sabio" a acceder al laudo arbitral de Londres, entre Castilla y Navarra. Hay que señalar que Enrique II de Inglaterra es cuñado del rey castellano, Alfonso VIII, y negó las justas reclamaciones de los navarros. Entretanto la Merindad de Ultrapuertos vuelve al Reino de Navarra.

El nombramiento de un nuevo señor de Aquitania, Ricardo "Corazón de León", trae consecuencias para los territorios navarros del norte de los Pirineos. La separación de los reyes ingleses provoca que Leonor de Aquitania, madre de Ricardo, lo enfrente a su padre. La insurrección de los jefes locales provoca varios desembarcos en Baiona y Burdeos. Estos continuados intentos de insurrección por parte de los navarros del norte de los Pirineos siempre irán seguidos de duras campañas de castigo y sumisión. El asentamiento del imperio inglés comienza a ser patente a partir de este reinado.

Para proteger su conquista, busca un nuevo aliado y lo encuentra con la unión matrimonial con la hija del rey Sancho VI de Navarra, Berengaria o Berenguela. El futuro rey de Navarra, su cuñado Sancho VII "El Fuerte", se encarga de defender los territorios de su cuñado, tras promesa de Sancho VI. Entre las defensas se podría destacar la del puerto de Baiona y la frontera contra condes franceses.

La enemistad entre Navarra e Inglaterra vuelve a gestarse tras la recuperación y defensa de la Merindad de Ultrapuertos. Esta se acentúa con el ascenso al trono navarro de las dinastías francesas. Desde mediados del siglo XIII la relación transcurre entre pactos y enfrentamientos. El siglo XIV es un siglo de numerosos enfrentamientos.

La guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia llega a su fin en 1453 con la conquista de Baiona por parte de los franceses, apoyados por los castellanos, mientras que los navarros apoyaban a los ingleses. Se da fin a tres siglos de dominio británico, para gestarse su sustitución por el de la Gran Francia.

LÓPEZ, Rafael. Navarre shall be… La Tierra del Euskera y las Islas Británicas, 2004

URZAINQUI, Tomás. Navarra sin fronteras impuestas, 2002

2007/10/01

Iruñea, Octubre de 2007


Iñigo Saldise Alda
El puzzle navarro
Nabarralde

En una jornada sobre Organización del Territorio pude reafirmarme en la creencia, gracias a las ponencias e intervenciones de los diferentes participantes en ese interesante debate, de que el mayor problema que tenemos en este país es la división impuesta por los estados que nos intentan someter.

Pero hay que reconocer que esos estados que nos dominan no son nuestro único obstáculo. A la división, no solo interestatal, a la que nos vemos impuestos, se añade nuestra asimilación de las divisiones en esos estados. Según se define en ese seminario, se nos impone un marco, que además de obligado por las divisiones estatales en vigor, no corresponde al territorio natural e histórico de nuestro pueblo. Yo, particularmente, me niego a asimilar las conquistas militares de gran parte de nuestro territorio y para colmo, en ese espacio reducido, contemplar las divisiones a las que nos han sometido.

Es correcto buscar una organización de nuestro territorio, pero para ello, me parece imprescindible saber cuál es ese espacio. Para ello, y no nos queda otra, debemos recurrir a nuestra historia. La República de Francia y el Reino de España buscarán siempre la ocultación y falsificación de nuestro pasado, que demuestra que fuimos un estado. Eso es debido, en gran parte, a que verían mermados sus recursos estatales e imperiales. Siempre buscando esa falsa legitimidad y apropiación de sus conquistas, basadas en sus acciones militares y políticas.

Con esta división de nuestro territorio logran el desequilibrio en la ordenación del mismo. Cada pieza del puzzle de nuestra sociedad realiza diferentes políticas en su ordenación territorial, lo que crea que existan, por un lado, servicios repetidos a escasos kilómetros, como ejemplo en materia de aeropuertos o la falta de comunicación directa de nuestras ciudades, por falta de una política global de todas la piezas de ese puzzle.

Por otro lado, abandonar el control de organización territorial puede conllevar una perdida de nuestra identidad. Claro ejemplo de ello lo tenemos, sin ir más lejos, en la Navarra reducida o Comunidad Foral de Navarra. Desde el Parlamento de esta Comunidad, los políticos mal llamados navarros realizan una organización del territorio que encaja dicha provincia en el Reino de España, por ejemplo en materia lingüística, según unos intereses que nos son extraños. La lengua de los navarros sólo es oficial en una parte reducida de esta comunidad.

La posibilidad de la creación de una euro-región, que englobe a todas las piezas de nuestro puzzle, parece una solución correcta. Con ella, el marco donde todas las piezas se unan puede ser alcanzado. La realidad, por el contrario, nos dice que tanto el estado francés como el español han conseguido que las euro-regiones no tengan el poder de actuar en la ordenación de su territorio, ya que con ella generarían condiciones propicias para alcanzar la independencia o recuperar la soberanía, como es nuestro caso.

Con todo esto, la única conclusión a la que he podido llegar es que debemos seguir luchando por recuperar la soberanía. Pero esta búsqueda de nuestra soberanía también puede llegar realizando una presión, aunque actualmente pueda parecer simbólica, en la organización existente de las diferentes competencias territoriales, buscando la globalidad o unidad de nuestro territorio.

La difusión de la correcta información en torno a nuestra historia en todas las piezas del puzzle, que evidencie la realidad geográfico-política y reconozca nuestro marco natural, puede llegar a frenar e incluso coartar las ansias imperiales de los estados español y francés. La investigación y divulgación de la realidad propia y el trabajo en el ámbito de la organización territorial de nuestro país nos puede servir de vía para alcanzar la soberanía de nuestro estado, Navarra.

2007/09/28

Iruñea, Septiembre de 2007

Iñigo Saldise Alda
Imperios (IV)
Nabarralde

De los francos a la Gran Francia

Este pueblo germánico que formó parte del Imperio Romano, en su última etapa en forma de foederati, lo que actualmente podríamos llamar de una forma federal, se asentó en la actual Bélgica y norte de Francia en el siglo IV.

A comienzos del siglo VI expulsan a los visigodos a la Península Ibérica y comienzan su presión contra los vasco-aquitanos. La dominación militar de esta parte del pueblo vascón ocasiona una diferenciación para los francos: los vascones dominados del norte de los Pirineos y los vascones libres del sur, a los que llaman navarros.

El emperador Carlomagno, invencible en innumerables campos de batalla, es derrotado en Orreaga en el 778, por los vascones, que llegados de todos los territorios, libres u ocupados, acuden a la llamada para vengar la destrucción de la principal ciudad vascona, Iruñea. Esta derrota hizo que en el siglo XII, apareciera La Chanson de Roland, poema épico y primera pieza importante de la literatura francesa, la cual oculta el hecho de que los vascones fueron los triunfadores, dando falsamente esa atribución a los árabes.

Hacia mediados del siglo X un cronista franco señala al Conde de Gascuña como dux Navarrae, destacando la unidad de los vascones o navarros de ambas vertientes de los Pirineos. Durante el reinado del “señor de los vascones” o Sancho III “El Mayor”, en sus relaciones con el rey de Francia, los cronistas franceses nos indican la unidad de las dos Navarras, la del norte y la del sur de los Pirineos en torno al Reino de Pamplona.

Pero a finales del siglo XI, los duques de Aquitania rompen con Navarra debido a las presiones del Reino de Francia. Pero otra vez con “El Batallador” se recupera esta unidad, de nuevo en torno al Reino de Pamplona. La presión francesa en la Navarra del norte de los Pirineos se vio mitigada por la presencia de un nuevo imperio, el británico, durante aproximadamente tres siglos.

La entrada de dinastías francesas en la corona de Navarra ocasiona diferentes disturbios y rebeliones entre la población local. La destrucción y aniquilación de los burgos, por tropas francesas, sobre todo en la Navarrería, o las Juntas de Infanzones navarros, esos que se reunían normalmente en Obanos, son muestras significativas de ello.

La llegada de las Dinastías de Foix y Albret a la corona provoca una nueva unidad de las dos Navarras. Gascuña y Foix forman parte de Navarra, como lo comunica la reina Catalina I a las Cortes. Navarra continuaría independiente y soberana al norte de los Pirineos tras la invasión militar española.

El ascenso del rey de Navarra, Enrique III “el Bearnés”, al trono francés, no supone una unidad con el Reino de Francia. Es su sucesor, el rey Luis XIII de Francia, influenciado por el Cardenal Richelieu, quien realiza el decreto de la Unión, anexionando unilateralmente al Reino de Navarra. Los franceses le llaman “el Justo”.

BIBLIOGRAFÍA

ADOT, Álvaro. Juan de Albret y Catalina de Foix o la defensa del Estado navarro, 2005

ESARTE, Pedro. Los infanzones navarros ( s.XIII y XIV ), 2007

ESARTE, Pedro. Derecho a rebelión, 2007

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, Tomás. Navarra sin fronteras impuestas, 2002

2007/09/20

Iruñea, Septiembre de 2007

Iñigo Saldise Alda
Imperios (III)
Nabarralde

El estado Vaticano. El Imperio nacido de un pesebre.

Hace más de 2000 años, en un pesebre de Belén nacía el hijo de María y José, llamado Jesús de Nazaret. Este profeta judío se nombra hijo de dios, siendo éste su dogma de fe. Asesinado en torno a los treinta años de edad por medio de la crucifixión, sus discípulos continuarían con su doctrina y formaran una nueva religión, de la cual surgió un estado, gobernado por el "representante" de dios en la Tierra.

Durante más de tres siglos sufrieron persecuciones, y condenas, entre las cuales estaba la de ser el alimento de los leones del circo. Estos martirios por motivos de su fe no acabaron con ellos, mejor dicho, no acabaron con la fe cristiana, ya que consiguieron subsistir en las catacumbas de la ciudad de Roma y así conservar el dogma de Jesucristo.

Un emperador romano, conocido por "el Grande", legaliza e implanta la religión de Cristo en todo su Imperio a comienzos del siglo IV. Posteriormente se producen las invasiones bárbaras que consiguen apoderarse de un decadente Imperio romano, pero estos bárbaros respetaron y asimilaron la religión cristiana, llegando incluso a una alianza basada en lo espiritual y militar, con el emergente reino del "descendiente" de Pedro, en la iglesia de Roma.

La influencia de dicho estado en la política se va incrementando con el paso de los años, con el paso de los siglos. La amenaza que representa otra religión para mantener la hegemonía de su fe, en la que se sustentaba su poder en toda Europa, origina las Cruzadas o Guerra Santa contra el poder del Islam.

La política del estado de la iglesia de Roma con los vascones, integrados en el Reino de Navarra, tuvo consecuencias desastrosas para éstos. Navarra era un reino cristiano y como tal acudía a los concilios generales de la Iglesia, lo que otorgaba un reconocimiento internacional a nuestro estado.

Pero un testamento de Alfonso I "El Batallador", nefasto, donde otorga el Reino de Pamplona y Aragón a tres órdenes religiosas y militares, desencadena por un lado la restauración del Reino por parte de los navarros, y por otro las iras del gobernador de Roma.

La iglesia de Roma, irritada ante esos sucesos, toma, a modo de represalia, la decisión de negar el título de rex a los gobernantes navarros, relegándolos a mero dux. Con ello daban la oportunidad a cualquier reino cristiano para conquistar por la vía militar el reino. Navarra quedaba así en el punto de mira del mejor postor, gracias a dios o, mejor dicho, gracias a los hombres de Roma.

En 1198, Roma vuelve a reconocer el título de rey a los soberanos navarros. Con ello pretendía que el rey y el Reino de Navarra participaran en las cruzadas contra los musulmanes. A pesar de ello, el Imperio castellano insiste en su conquista de Navarra, amparado por el estado pontificio.

En la conquista de 1512 de lo que quedaba del reino navarro, el católico Fernando II urde una versión falsa y anterior a la del Tratado de Blois, en la que se especifica una falsa alianza de Francia y Navarra contra la Santa Liga de la Iglesia. Esta versión fue presentada al papa Julio II y éste dictó las bulas de excomunión contra los reyes de Navarra, otorgando una legitimidad artificial a la invasión y conquista de los restos del territorio vasco(n) que permanecía soberano.

Tras la invasión y conquista comienza un sometimiento político y militar de la población, pero también este sometimiento se da en materia eclesiástica en Navarra. Los altos puestos de la iglesia del país son para los extranjeros, en su mayoría de España. Esta imposición continúa en la actualidad.

La continuidad de la independencia al norte de los Pirineos conllevó una Corte en la cual entra la reforma de Lutero. Los reyes de Navarra se hacían protestantes, pero incluso en esos delicados tiempos, los intentos por recuperar las tierras navarras del sur hacen que la Reina Juana III de Albret y el rey Antonio de Borbón envíen a través del embajador francés en la Santa Sede una oración solemne de adhesión al Papa Pío IV, buscando la restauración de todo el Reino.

BIBLIOGRAFÍAS

ARBELOA Víctor Manuel, La corte protestante de Navarra (1527-1563), 1992.
ASIMOV Isaac, El Imperio Romano, 1967.
BOISSONNADE P., Batalla de Noain, pérdida de la independencia de Navarra, Separata de la Obra La conquista de Navarra, 1981
CROSSAN, John Dominic: Jesús, vida de un campesino judío, 1994.
ESARTE Pedro, Navarra, 1512-1530. Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico, 2001.
ESARTE Pedro, Vasconia en el siglo XII. De Reino de Pamplona a Reino de Navarra, 2004.
SORAUREN Mikel, Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999.
URZAINQUI Tomás, Navarra, sin fronteras impuestas, 2002.
URZAINQUI Tomás, Navarra Estado europeo, 2003.

2007/09/19

Iruñea, Septiembre de 2007

Iñigo Saldise Alda
Recuperando nuestra memoria, recuperaremos la soberanía
Nabarralde


Desde hace ya algunos años, el movimiento cultural vasco se encamina a recuperar nuestra memoria histórica, a la par de la lengua y cultura, a pesar de las dificultades que plantean las instituciones actuales, herederas de la dictadura franquista, dificultades en principio económicas, que frenan el rápido avance de asociaciones como Nabarralde, un avance que busca la divulgación de cuál debería ser nuestro Estado, una divulgación con la que se continúa haciendo camino, pasos lentos, pero seguros mirando hacia delante, sin retroceder. En definitiva: pasico a pasico.

La tarea es difícil y no solo por motivos económicos que limitan la información y divulgación, sino porque la propia memoria del ser humano es selectiva. Esta selección muchas veces nos es inconsciente. Tenemos ejemplos en nosotros mismos, por ejemplo en el recordar cómo era una población por la que pasábamos cuando íbamos a la playa o a recolectar setas a uno de nuestro valles o montañas, por aquella carretera anterior a la variante o autovía, donde veíamos las casas, la evolución demográfica y a los habitantes de esos bellos pueblos.

Aún es más difícil recordar cuál era el Estado que nos representaba ante Europa o el mundo conocido en otros siglos. El desconocimiento de las continuas invasiones militares a lo largo de nuestra historia, realizadas por muchos pueblos, la extensión territorial donde en un principio se asentaron nuestros antepasados… es algo que desconoce la inmensa mayoría de nuestra comunidad, promovida por quienes nos someten, por el impedimento a acceder a muchos datos y documentos que ocultan. Por la negación continua de nuestra existencia a través de los años, de los siglos, a lo largo de la historia de la humanidad.

La negativa de ayudas y subvenciones es permanente por parte de las diferentes instituciones, tanto francesas como españolas, intentando frenar la información de nuestra historia, para impedir que conozcamos quiénes somos y cuál es nuestra patria. Mantienen las divisiones que ocasionaron sus continuas agresiones militares, imponiendo sus leyes y su historia, negando y ocultando la nuestra.

De la Vasconia histórica a lo que muchos consideran la Euskal Herria actual hay mucha diferencia. La más evidente es la del territorio que abarcan las gentes que hablaban el euskera. Pero el elemento principal de organización política que han tenido los vascones, término con el que se designaron los visigodos a nuestro pueblo, fue un Reino, primero con el nombre de Pamplona y después con el nombre de Navarra.

El Reino de Navarra fue la expresión política de los vasco(ne)s ante el resto de Europa. Ese Reino no sólo acogía a los vascones, fundadores del mismo, sino que integraba otros pueblos o naciones, que también defendían dicho estado, donde por los avatares de la historia se encontraban. Todos estos pueblos o naciones eran lo que ahora nosotros somos; eran navarros.

Lo que debemos hacer desde los medios que poseemos las diferentes asociaciones culturales es informar de cuál debería ser nuestro estatus político. Para ello tendremos que trabajar muchas veces con delicadeza, con pedagogía, tratando no herir los sentimientos de otros compatriotas, que desconocen que todos los vascos son navarros.

Este desconocimiento de que los vascos son navarros se debe a la labor propagandística de los estados que nos someten. Existen entre nosotros opiniones que curiosamente se repiten, de unos lugares a otros, entre personas en principio no informadas, pero que coinciden. Algunos de nuestros compatriotas llegan a afirmar que consiguieron liberarse del yugo de los reyes navarros. La verdad es que cayeron en el yugo de los reyes españoles, a causa de las invasiones militares de Castilla y la colaboración de funcionarios navarros que facilitaron dichas agresiones; por supuesto, estos matices históricos desaparecen en la historia oficial del Reino de España. La poca presencia del euskara o lingua navarrorum en la actual Navarra reducida hace pensar a algunos vascos que las autoridades navarras (los reyes, se dice) no cuidaron su lengua. Lo cierto es que el primer libro en euskera lo mandó escribir una reina de Navarra, de la Navarra soberana del norte de los Pirineos.

Conociendo y difundiendo la historia de nuestro país, recuperaremos el término político para la palabra navarro. Con ello sabremos que la soberanía de los vascos pasa por recuperar el Estado de Navarra. Un estado del siglo XXI, donde las monarquías están abocadas a su desaparición. Donde el pueblo coja las riendas de la economía, de la política, de la cultura y los idiomas... En nuestro caso, saber y reivindicar que somos navarros y que nuestro estado es Navarra.

2007/09/12

Iruñea, Septiembre de 2007

Iñigo Saldise Alda
Imperios (II)
Nabarralde

Aragón: De Condado navarro a Corona de España.

La historia de Aragón está íntimamente ligada a la historia de los comienzos del Reino de Pamplona, posterior Reino de Navarra. En la creación del Reino de Navarra por parte de los vascones, es la continuación política de los sucesos acaecidos a finales del siglo VIII, como la batalla de Orreaga . Este pequeño Condado, promovido en su día por los Carolingios (como nos indica Mikel Sorauren en su libro Historia de Navarra, el Estado Vasco), es desde el principio parte del Reino vasco(n).

La histografía española nos indica, no sin gran e intencionada malicia, la división del Reino de Pamplona a la muerte del “señor de los vascones”. El conde de Aragón controla ciertamente dicho Condado, pero supeditado a la autoridad del rey de Pamplona. A pesar de un suceso rocambolesco, ocurrida en 1043 en Tafalla (ver Pierre Narbaitz, Navarra o cuando los vascos tenían reyes), la división del Condado y el Reino vasco(n) no es efectiva.

Ante las primeras agresiones a la frontera occidental, por parte del todavía Condado de Castilla, el conde de Aragón acude en defensa de dicha frontera pactada en 1016 entre castellanos y navarros. Pero ante el cruel asesinato de Peñalen en 1076, promovido por Castilla y llevado a efecto por hermanos del rey navarro, la defensa del Condado de Aragón evita la total conquista del Reino vasco(n).

De nuevo la histografía española nos dice que estos “reyes” de Aragón son de la dinastía de Navarra, mientras que la realidad histórica nos dice que estos reyes navarros gobernaban en Pamplona y Aragón. Es cierto que uno de estos reyes otorga el título de Reino al Condado, sin ir más lejos el primero Sancho V Ramírez.

Pero el rey conocido como “El Batallador” consigue expulsar y reconquistar de las garras imperiales castellanas todas las tierras navarras hasta Montes de Oca, además de cumplir el mandato del Papa y dedicarse a guerrear contra los musulmanes, bajo el manto religioso de la Cruzada. Se firma un nuevo Tratado, ratificando el de 1016, el Tratado de Támara de 1127 (ver Tomás Urzainqui Mina, Navarra sin fronteras impuestas).

Tras la muerte de este rey guerrero, el testamento que lega es nefasto para la unidad del Reino pirenaico. Los Condados de Gascuña y Toulouse se apartan de Navarra, perdiéndose así la antigua unidad de los vascones a ambos lados del Pirineo, antes de la invasión del Imperio romano. Pero no sólo desaparece esta unidad, sino que el Conde de Barcelona, un templario, junto con el rey de Castilla, aprovechan la ocasión, con el beneplácito del estado pontificio y provocan la división del Reino.

La frontera, no siempre sin sobresaltos, se mantiene prácticamente inamovible hasta la invasión de Castilla en 1512. El Reino de Aragón se expande por la Península, incluso por el Mediterráneo.

En numerosas ocasiones las coronas de Castilla y Aragón firman Tratados en los cuales se reparten el Reino de Navarra. La obsesión es absoluta por los restos del Reino de los vasco(ne)s. Pero dicha conquista tenía que esperar, ya que la carrera imperial continuaba por la Península, por el mandato “divino” y la ambición desmedida de gobernantes castellanos y aragoneses.

El Reino de Aragón se convierte en Corona, y vía matrimonial se une a la Corona de Castilla, formando el Reino de España. La unión de ambos Imperios se complementa con la conquista de Navarra. En ella toman parte tropas aragonesas, comandadas por el obispo de Zaragoza, hermano del falsario. Su implicación es determinante en la conquista de Tutera y otras plazas fuerte navarras (ver Peio Esarte Muniain, Navarra 1512-1530.Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico, título muy expresivo que podríamos trasladar a las acciones sufridas por otros países a manos del Imperio español).

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

©NABARTZALE BILDUMA 2011