Descolonizar los símbolos: escudos y banderas
Iñigo Saldise Alda
El concepto de descolonizar los símbolos, entre los que se encuentra los escudos y las banderas, se refiere al proceso crítico de revisar, cuestionar, recuperar, transformar y retirar, según sea el caso, los monumentos, imágenes, nombres de calles, festividades, relatos oficiales, etc. que forzosamente heredamos o soportamos en el periodo colonial, todo ello con el objetivo principal de vislumbrar las verdaderas historias de los pueblos oprimidos o esclavizados y de las comunidades colonizadas, como es actualmente nuestro caso, dejando de glorificar con ello a las figuras asociadas a la inmundicia moral, la violencia y la esclavitud. Dentro de la descolonización de los símbolos, tiene gran importancia las figuras que representan al Pueblo sometido, a la Nación sojuzgada, tomando por ello gran importancia el diseño de los escudos y las banderas, que en nuestro caso, en la Navarra reducida y residual, fueron intencionadamente modificados o alterados, buscando con ello la falsa complicidad política “pactada” con el Reino de España, desde donde basándose en relatos ficticios o inventados, buscan la colonización, tanto política como mental de nuestra sociedad, haciéndonos incluso sentir orgullos de un pasado simulado y común, quitándole con ello importancia a su acción político-militar de marcado carácter imperial.
Los historiadores e investigadores autóctonos, licenciados, doctorados o autodidactas, son a mi parecer la principal arma con la cual comenzar la descolonización mental de nuestra sociedad, que con un trabajo continuado, de forma inevitable, dará paso a una descolonización política, debido ello al ejercicio constante de investigación y divulgación de los hallazgos obtenidos, más o menos resolutivos, pero siempre interesantes políticamente hablando. En nuestro caso, en la Navarra reducida y residual, son muchos los que en la actualidad, primer cuarto del siglo XXI, han iniciado o mejor dicho continuado el trabajo de otros anteriores en el tiempo, con una firme y constante labor de investigación, revisión e incluso en algún caso crítica de documentos, crónicas o relatos históricos, teniendo presente que a fines del reinado de Felipe II de España y durante todo el reinado de Felipe III de España, hubo una ola interesada de realización de falsificaciones o modificaciones que generan malas interpretaciones de los escritos antiguos, incluidos los relacionados con el Estado de Nabarra, que a mi parecer, son los que nos interesan. Incluso hay apuntes que nos indican de una modificación de documentos o falsificación de los mismos en tiempos de Fernando V de España.
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| Evolución de las armas de Carlos de Trastamara y Evreux, en ninguna lleva cadenas |
Entre esos documentos, desde mi humilde opinión, creo que debemos incluir, a modo de cuarentena, dos obras: Crónica de los reyes de Navarra, escrita por el príncipe de Viana Carlos de Trastamara y Evreux, y Relación de la descendencia de los Reyes de Navarra y de las demás cosas principales del dicho Reyno obra realizada por el doctor de derecho canónigo y consejero real de Nabarra Juan de Jaso y Atondo, que al parecer se encuentra en el archivo de Donibane Garazi/Saint-Jean-Pied-de-Port. Bien, es muy posible de que en estos momentos estén saltando entre muchos las alarmas por mis afirmaciones de falsificación o modificación de tan importantes obras para la identidad nabarra. De facto, yo mismo soy un poco reticente al respecto, especialmente a lo que se refiere a la crónica del príncipe de Viana, obligado a mi hipótesis expuesta sobre la inclusión en dicha crónica de la leyenda de las cadenas de la Navas de Tolosa para el escudo de Nabarra; pero hubo una persona, no hace mucho, que me indicó que a la actualidad solo ha llegado a nosotros el prólogo original de dicha obra. Por esta afirmación, debido a mi continua búsqueda de la imposición de las cadneas en el escudo de Nabarra, me han entrado dudas de saber y me pregunto ¿se ha modificado las crónicas del príncipe con los datos aportados por Diego Ramírez de Ávalos de la Piscina en su crónica?
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| Escudos de Jaso (izquierda) y de Atondo (derecha) este último sin cadenas |
Por otro lado, las posibilidad de falsificación o modificación de la crónica de Juan de Jaso y Atondo, son mayores a mi entender, a pesar de donde se encuentra dicha relación. En el capítulo 16 nos dice: “Este tubo un hijo que se llamó D. Sancho el Fuerte, el qual conquistó las cadenas y las tomó por armas, y las traxo del campo, donde tubieron la batalla, á Navarra; é hizo de ellas la rexa de Santa María de Ussue, y de Santa María de Roncesvalles donde yace enterrado, y de Santa María de Pamplona y la rexa de capilla donde estaba el Corpus en Tudela, é hizo la Iglesia de Santa María de Tafalla y le hizo pintar con sus armas en la capilla del mismo; y este dexó todas las armas de los Reyes antepasados y tomó las Cadenas solas, porque las había ganado tan honradamente y no se hallaron solas como este las traía sino en Santa María de Roncesvalles y en Santa María de Tafalla. Como quiera que después del primer Rey que hubo en Navarra hasta ahora ha habido en este Reyno siempre doce ricos hombres, no al memoria de los otros más antiguos sino los que hizo el Rey D. Sancho el Sabio para su coronación, los quales son los siguientes…” Bien, lo que realmente me hace saltar las alarmas de que esta crónica está intencionadamente modificada, es que la obra de Juan de Jaso y Atondo fue concluida entorno al año 1500, mientras que el templo original de Tafalla, construido en el siglo XIII durante el reinado de Sancho VII de Nabarra, nació bajo el nombre de iglesia de San Salvador, que tras una profunda reforma y ampliación arquitectónica iniciada en el año 1556, fue cambiado su nombre y pasó a llamarse iglesia de Santa María. Concretamente por esto, en lo relacionado el supuesto origen del escudo del Estado de Nabarra y las cadenas, me genera una inmensa duda la autenticidad de la crónica.
Así pues, para la obligada descolonización de nuestros símbolos, hay cosas, detalles como las copias de crónicas o de documentos, que los historiadores y/o los investigadores, no debemos pasar por alto y aceptarlas como verdades absolutas, a la par de consentir como veracidad absoluta las obras que no han sido violados por la maquinaria colonizadora española y/o francesa, o incluso por agentes históricos colonizados, en lo referente a escudos y banderas.

