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2009/05/19
2009/05/18
Iruinea, mayo 2009
Iñigo Saldise Alda
NO
Soberanía de Navarra
El pasada sábado, en el DIARIO DE NOTICIAS, aparecía un pequeño comentario de don José Javier Solabre, que llevaba por título, SAR Leticia. ¿No es princesa de Viana? Decirle a usted señor Solabre que no.
A pesar que el autor intenta con los comentarios posteriores de su escrito, el que la pregunta se convierta en retórica, mediante el intento alcachofero de vender la Comunidad Foral de Navarra o mejor dicho, Navarra residual, lo que hace realmente es intentar legitimar la usurpación de éste título del heredero a la Corona de Navarra, utilizando la visita de la esposa del príncipe de Asturias y heredero del reino de España, don Felipe de Borbón, el cual, al igual que su padre, no tiene ninguna legitimidad político-histórica con la cual titularse Príncipe de Viana.
Aprovecho la ocasión señor Solabre, para recordar que el título de Príncipe de Viana, lo creo Carlos III el Noble para el heredero del reino de Navarra, no para el futuro monarca del reino de España o de cualquier otro estado que no sea el vascón, el cual está sujeto a la aprobación de las Cortes del Estado de Navarra.
El Noble, lo instauró para su nieto, de nombre también Carlos. Con ello trataba de defender los derechos hereditarios de su nieto, ante el ambicioso segundo marido de su hija y heredera, Blanca de Evreux. Este era el infante de Aragón, Juan de Trastámara, que es conocido por los navarros como el Usurpador.
A pesar que tras la ocupación de las tierras del sur del Pirineo por parte española (castellano-leonesa y aragonesa), pertenecientes al Estado navarro, concretamente en el año 1515, el católico español, Fernando el Falsario, de manera unilateral e ilegítima incorpora el Reino de Navarra a la corona de Castilla en la corte de Burgos, el Reino soberano de Navarra logra existir hasta más de un siglo después, concretamente hasta el año 1620.
Hay que decir, que en el año 1540 existieron unas negociaciones matrimoniales entre el monarca navarro, Enrique II de Albret, conocido como el Sangüesino y el emperador Carlos I de España, que unirían en matrimonio a la Princesa de Viana, Juana, con el príncipe de Asturias, Felipe. Estas negociaciones concluyeron sin éxito ante la negativa española de devolver las tierras navarras ocupadas, destacando entre ellas las de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Rioja
En el año 1548, Juana de Albret, princesa de Viana, se casa con Antonio, duque de Borbón y Vendôme, conde de Beaumont, de Marle y de Soissons, cuyo nombre era Antonio. En el año 1555, tras la muerte de Enrique II de Navarra, le sucede su hija Juana III de Albret como reina de Navarra y con ello, un Borbón se convierte en el rey consorte, con el título de Antonio I de Borbón.
Juana III y Antonio I de Navarra continúan durante su reinado reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo. Incluso llegan a presentarse en la frontera impuesta del sur del Pirineo, con la intención de recorrer su reino ocupado. Allí les esperan las tropas españolas, que niegan a los reyes legítimos visitar el país bajo sometimiento español.
Tras la muerte por envenenamiento de la reina Juana III de Navarra, el Príncipe de Viana accede al trono de Navarra con el nombre de Enrique III y conocido por los navarros como el Bearnés. El protestante Enrique III de Navarra, por los derechos que poseía por vía paterna, la casa de Borbón, se involucró en la guerra de sucesión al trono francés. Para lograr su objetivo, el ser rey de Francia, se conviertó al catolicismo en el año 1593, tras el fracaso de la toma de París por vía militar. Todos conocemos esta célebre frase que se le atribuye:
“París bien vale una misa”
Con esto un rey de Navarra, Enrique III de Borbón, accedía al trono francés. Esto no significó la unión territorial de los reinos de Navarra y Francia, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas continuaron en la ciudad de Pau y los Estados Generales de Navarra en Donapaleu. A su vez, en materia religiosa promulgó el edicto de Nantes en 1598, que significaba tolerancia de culto en sus reinos, algo esperado desde tiempos atrás por los hugonotes, protestantes calvinistas.
Su hijo Luís no fue presentado a las Cortes de Navarra en Pau, donde debía ser designado Príncipe de Viana, siendo éste un paso necesario para ser titulado a la postre rey de Navarra. A la muerte de su padre, accede al trono francés con el título de Luís XIII de Francia. En 1620 visita las Cortes de Pau, restaurando la religión católica en el Reino de Navarra y prohibiendo la religión hugonote en todos los reinos bajo su dominio. Ese mismo año realiza el decreto de la unión desde las Cortes de París, lo que significaba que Navarra se anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.
A pesar de esta infamia contra las legítimas Cortes de Pau, no prescindió de intitularse, de forma ilegítima, como rey de Navarra. Sus sucesores, al igual que él, siguieron ostentando los dos títulos, lo que les permitía en materia territorial seguir reclamando las tierras ocupadas por España.
Llegado a este punto, debemos hablar de la legitimidad sobre Navarra que posee la rama borbónica de los Anjou, actuales titulares del reino de España. Para ello debemos retroceder al Tratado de Utrecht del año 1714, donde el Borbón Felipe V de España desde el año 1700, tras la guerra de sucesión al trono español, renuncia ante el rey Luís XIV de Francia y III de Navarra a todos los derechos sucesorios en Francia (y Navarra), en beneficio de Luís XV de Francia y IV de Navarra.
Este tratado suponía también que el monarca francés, Luís XIV, y sus descendientes, debían renunciar a los territorios navarros del sur de los Pirineos, que continuaban ocupados. Entre esos territorios aún existía uno, reducido, que pese a todo seguía denominándose Reino de Navarra. Un Reino no reconocido como Estado en el ámbito internacional, pero que mantenía las fronteras con sus vecinos, con su propia autonomía económica, capacidad de acuñar moneda y unas Cortes "ilegítimas" y en contrafuero desde la ocupación española de 1512.
Para concluir, hoy día, el monarca español don Juan Carlos I no se titula rey de Navarra. Además, recordando el Tratado de Utrecht, no tiene ningún derecho para ello, algo que podemos apreciar en el estandarte de esta rama borbónica. Me viene a la mente, el monarca español en el año 1982, cuando apareció en la televisión tras un nuevo golpe militar en el estado español. En las imágenes aparece el monarca, y detrás de él, el estandarte familiar de la rama borbónica de Anjou, a la que él y su hijo, pertenecen. En el estandarte podemos ver los reinos o estados de los que pueden ser legítimo titular dicha casa de Borbón. En el estandarte no aparece por ningún lado el escudo de nuestro estado, Navarra, ya que no tienen ningún derecho a poseerlo.
BIBLIOGRAFÍA
Artículo del mismo autor: La casa de Borbón y el Reino de Navarra
NO
Soberanía de Navarra
El pasada sábado, en el DIARIO DE NOTICIAS, aparecía un pequeño comentario de don José Javier Solabre, que llevaba por título, SAR Leticia. ¿No es princesa de Viana? Decirle a usted señor Solabre que no.
A pesar que el autor intenta con los comentarios posteriores de su escrito, el que la pregunta se convierta en retórica, mediante el intento alcachofero de vender la Comunidad Foral de Navarra o mejor dicho, Navarra residual, lo que hace realmente es intentar legitimar la usurpación de éste título del heredero a la Corona de Navarra, utilizando la visita de la esposa del príncipe de Asturias y heredero del reino de España, don Felipe de Borbón, el cual, al igual que su padre, no tiene ninguna legitimidad político-histórica con la cual titularse Príncipe de Viana.
Aprovecho la ocasión señor Solabre, para recordar que el título de Príncipe de Viana, lo creo Carlos III el Noble para el heredero del reino de Navarra, no para el futuro monarca del reino de España o de cualquier otro estado que no sea el vascón, el cual está sujeto a la aprobación de las Cortes del Estado de Navarra.
El Noble, lo instauró para su nieto, de nombre también Carlos. Con ello trataba de defender los derechos hereditarios de su nieto, ante el ambicioso segundo marido de su hija y heredera, Blanca de Evreux. Este era el infante de Aragón, Juan de Trastámara, que es conocido por los navarros como el Usurpador.
A pesar que tras la ocupación de las tierras del sur del Pirineo por parte española (castellano-leonesa y aragonesa), pertenecientes al Estado navarro, concretamente en el año 1515, el católico español, Fernando el Falsario, de manera unilateral e ilegítima incorpora el Reino de Navarra a la corona de Castilla en la corte de Burgos, el Reino soberano de Navarra logra existir hasta más de un siglo después, concretamente hasta el año 1620.
Hay que decir, que en el año 1540 existieron unas negociaciones matrimoniales entre el monarca navarro, Enrique II de Albret, conocido como el Sangüesino y el emperador Carlos I de España, que unirían en matrimonio a la Princesa de Viana, Juana, con el príncipe de Asturias, Felipe. Estas negociaciones concluyeron sin éxito ante la negativa española de devolver las tierras navarras ocupadas, destacando entre ellas las de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Rioja
En el año 1548, Juana de Albret, princesa de Viana, se casa con Antonio, duque de Borbón y Vendôme, conde de Beaumont, de Marle y de Soissons, cuyo nombre era Antonio. En el año 1555, tras la muerte de Enrique II de Navarra, le sucede su hija Juana III de Albret como reina de Navarra y con ello, un Borbón se convierte en el rey consorte, con el título de Antonio I de Borbón.
Juana III y Antonio I de Navarra continúan durante su reinado reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo. Incluso llegan a presentarse en la frontera impuesta del sur del Pirineo, con la intención de recorrer su reino ocupado. Allí les esperan las tropas españolas, que niegan a los reyes legítimos visitar el país bajo sometimiento español.
Tras la muerte por envenenamiento de la reina Juana III de Navarra, el Príncipe de Viana accede al trono de Navarra con el nombre de Enrique III y conocido por los navarros como el Bearnés. El protestante Enrique III de Navarra, por los derechos que poseía por vía paterna, la casa de Borbón, se involucró en la guerra de sucesión al trono francés. Para lograr su objetivo, el ser rey de Francia, se conviertó al catolicismo en el año 1593, tras el fracaso de la toma de París por vía militar. Todos conocemos esta célebre frase que se le atribuye:
“París bien vale una misa”
Con esto un rey de Navarra, Enrique III de Borbón, accedía al trono francés. Esto no significó la unión territorial de los reinos de Navarra y Francia, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas continuaron en la ciudad de Pau y los Estados Generales de Navarra en Donapaleu. A su vez, en materia religiosa promulgó el edicto de Nantes en 1598, que significaba tolerancia de culto en sus reinos, algo esperado desde tiempos atrás por los hugonotes, protestantes calvinistas.
Su hijo Luís no fue presentado a las Cortes de Navarra en Pau, donde debía ser designado Príncipe de Viana, siendo éste un paso necesario para ser titulado a la postre rey de Navarra. A la muerte de su padre, accede al trono francés con el título de Luís XIII de Francia. En 1620 visita las Cortes de Pau, restaurando la religión católica en el Reino de Navarra y prohibiendo la religión hugonote en todos los reinos bajo su dominio. Ese mismo año realiza el decreto de la unión desde las Cortes de París, lo que significaba que Navarra se anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.
A pesar de esta infamia contra las legítimas Cortes de Pau, no prescindió de intitularse, de forma ilegítima, como rey de Navarra. Sus sucesores, al igual que él, siguieron ostentando los dos títulos, lo que les permitía en materia territorial seguir reclamando las tierras ocupadas por España.
Llegado a este punto, debemos hablar de la legitimidad sobre Navarra que posee la rama borbónica de los Anjou, actuales titulares del reino de España. Para ello debemos retroceder al Tratado de Utrecht del año 1714, donde el Borbón Felipe V de España desde el año 1700, tras la guerra de sucesión al trono español, renuncia ante el rey Luís XIV de Francia y III de Navarra a todos los derechos sucesorios en Francia (y Navarra), en beneficio de Luís XV de Francia y IV de Navarra.
Este tratado suponía también que el monarca francés, Luís XIV, y sus descendientes, debían renunciar a los territorios navarros del sur de los Pirineos, que continuaban ocupados. Entre esos territorios aún existía uno, reducido, que pese a todo seguía denominándose Reino de Navarra. Un Reino no reconocido como Estado en el ámbito internacional, pero que mantenía las fronteras con sus vecinos, con su propia autonomía económica, capacidad de acuñar moneda y unas Cortes "ilegítimas" y en contrafuero desde la ocupación española de 1512.
Para concluir, hoy día, el monarca español don Juan Carlos I no se titula rey de Navarra. Además, recordando el Tratado de Utrecht, no tiene ningún derecho para ello, algo que podemos apreciar en el estandarte de esta rama borbónica. Me viene a la mente, el monarca español en el año 1982, cuando apareció en la televisión tras un nuevo golpe militar en el estado español. En las imágenes aparece el monarca, y detrás de él, el estandarte familiar de la rama borbónica de Anjou, a la que él y su hijo, pertenecen. En el estandarte podemos ver los reinos o estados de los que pueden ser legítimo titular dicha casa de Borbón. En el estandarte no aparece por ningún lado el escudo de nuestro estado, Navarra, ya que no tienen ningún derecho a poseerlo.
BIBLIOGRAFÍA
Artículo del mismo autor: La casa de Borbón y el Reino de Navarra
2009/05/11
Iruinea, mayo 2009
La guerra de Navarra
CAPÍTULO II
Primera parte
Presión político y militar contra el Estado de los navarros
Soberanía de Navarra
“El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella”. Jesucristo
El imperio cristiano de Roma no consideraba Reino al Estado de los navarros, tras la división de los reinos de Aragón y Pamplona, y trata como dux al rey de Pamplona, García Ramírez el Restaurador, lo que facilitaba e incentivaba, aún más si cabe, las ansias imperialistas de los demás reinos cristianos. Por ello, el Restaurador tuvo que ceder a la invitación del rey de Castilla y León, para realizar una cruzada a Córdoba y Almería en el año 1147. Aunque más que una cruzada en si, se trató de una acción furtiva contra el puerto de Almería, el cual era un nido de piratas. En dicha acción participaron castellano-leoneses, navarros, aragoneses, genoveses y pisanos, estos últimos desde el mar.
García Ramírez el Restaurador, logró mantener independiente al Reino vascón, frente al emperador castellano Alfonso VII y a su vez, mantuvo una lucha constante con la emergente Corona de Aragón. La presión de la Corona de Aragón, se acentuó con la retirada, de nuevo a un monasterio, de Ramiro I el Monje, facilitando el acceso a la corona aragonesa, al príncipe de Aragón, el belicoso maestre de la orden del Temple, Berenguer IV, conde de Barcelona.
En este proceso el emperador castellano se apodera de La Rioja, aunque rápidamente los navarros recuperan Logroño. También las Encartaciones son ocupadas por las tropas castellanas, pero momentáneamente los navarros les hacen frente, el resto de Bizkaia, impidiendo que penetren en Araba y Gipuzkoa.
El principal aliado de García Ramírez fue el obispo de Pamplona, García de Larrosa, originario de un pueblo del mismo nombre, situado próximo a Jaca. La iglesia navarra es la principal fuente ingresos de dinero, que sirven para pagar a los diferentes caballeros, que defendían los castillos y las tenencias del Reino de Pamplona, recibiendo a cambio tierras, villas e incluso castillos. El obispo era el verdadero señor de Pamplona, siendo el rey de Pamplona poco dado a residir en esa ciudad.
El adad de Irache fue una gran ayuda, salvándose el honor de los monasterios navarros, tras la deserción del Abad de Leyre, que rindió homenaje al rey Ramiro I de Aragón. Algunos señores que se encontraban dentro de las tierras controladas por Aragón, le fueron leales al monarca navarro, por lo que fueron cobijados en el Reino vascón. Los burgueses de Lizarra contribuyeron en gran medida, a la tranquilidad en el Estado navarro, mientras que de Ladrón y Lope Iñiguez establecidos en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa, defendieron con éxito esas tierras navarras ante las continuas acometidas castellanas.
Las tropas aragonesas atacan Zangotza y Lumbier, lo que provoca la reacción inmediata de los navarros, derrotando a los aragoneses cerca de Zaragoza, llegando incluso a recuperar Tarazona. Esta plaza pronto fue ocupada por las tropas aragonesas del barcelonés Berenguer IV, príncipe de Aragón. Hubo algún intento de alianza, mediante un matrimonio concertado, que no llegaron a buen término, por los que los enfrentamientos se reanudan y los aragoneses invaden el Estado de los navarros. La resistencia no se hace esperar y se recupera por parte de las tropas de el Restaurador, los territorios del Roncal y Tutera, que se perdieron momentáneamente por la invasión de las tropas de la Corona de Aragón.
Las relaciones directas de los navarros con Castilla y León, se sosegaron momentáneamente, después que el rey de Pamplona, García Ramírez, reconociese como emperador al castellano Alfonso VII, aceptando un vasallaje en Nájera, el cual consistía únicamente en presentarse en León, para asistir a la coronación imperial del castellano. Un precio barato para dicho vasallaje y sin repercusiones para el territorio navarro.
Pero Alfonso VII intentó al menos en dos ocasiones sacar tajada de las tierras navarras, con la complicidad del joven lobo de Barcelona. Ambos habían firmado el tratado de Carrión en el 1140, donde buscaban la repartición del reino navarro, entre Castilla-León y el condado de Barcelona. Pero la determinación y valentía de los navarros solo permitió unos leves escarceos castellanos en territorio soberano navarro, saldándose con el robo de algunas vacas y jumentos por parte de las hordas castellanas.
En el año 1150, el navarro, volvió a acompañar al emperador castellano a una nueva incursión por Al-Andalus. Al poco de su regreso ese mismo año a tierras vasconas, el Restaurador fallece en Lorca, cerca de Lizarra, tras estrellarse la cabeza en un peñasco, durante una cacería, quedando el Reino de Pamplona en manos de su hijo Sancho Garcés VI el Sabio. Mientras engatusados por el seductor emperador castellano, numerosos tenentes navarros desertan y se unen al reino de Castilla-León, destacando entre los traidores, Ladrón Iñiguez.
Los demás reinos cristianos de la Península Ibérica (Castilla-León y Aragón), no estaban dispuestos a admitir realmente la existencia del Reino de Pamplona, y más aún con el beneplácito de la bula papal, la cual se mantiene durante el reinado de Sancho IV el Sabio, que negaba el título de rey al soberano navarro, otorgándole únicamente el título de duque. Esto permitía a los demás reinos cristianos existente, la invasión y conquista de la tierra de los navarros.
El Sabio, a la edad de 15 años, ya tuvo que hacer frente a los asaltos de castellanos y aragoneses, siempre conjugados contra el Reino de los navarros, buscando continuamente un reparto del mismo. El punto de partida, o continuación más bien, lo podemos situar en Tudejen, cerca de Fitero en el año 1151. El emperador castellano y el Príncipe de Aragón o conde de Barcelona, tuvieron como orden del día el reparto de Navarra. Dicha operación se debía realizar el 29 de Septiembre del mismo año, festividad de San Miguel, casualmente patrón del ejercito navarro.
Sancho VI de Navarra, no tuvo ningún reparo en declararse vasallo del emperador, buscando frenar las ansias expansionistas del castellano. En el año 1153, es nombrado caballero por el castellano, que le concede la mano de su hija Sancha. Esta fue toda la “generosidad” mostrada por Alfonso VII, ya que no cedió ni una pulgada de la Rioja, tierra vascona que Castilla había conquistado a raíz del magnicidio de Peñalen, en el 1076. El emperador de Castilla y León, colmaba de bienes a monasterios y villas, además fundaba el reino de Nájera para su hijo Sancho, propiciando las deserciones en tierras navarras con su supuesta generosidad, que incluso llegaba hasta el mismo corazón de Navarra, con el denominado reino de Artajona, al que estaban vinculadas Larraga, Miranda, Olite y según parece, incluso Tafalla.
La Gascuña que estaba bajo la legítima soberanía navarra, es ocupada por tropas inglesas en el año 1154. Esto fue debido a la unión matrimonial entre el rey de Inglaterra, Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania en el año 1152. Las tropas inglesas ocupan esta tierra vascona, buscando con ello la defensa de la dote que aportaba la duquesa de Aquitania, lo que provoca una separación de estos territorios del resto del Reino de Navarra, realizada en gran medida por la fuerza de las armas. Claro ejemplo de ello es la toma sangrienta de Baiona por parte inglesa.
Al morir Alfonso VII en el año 1157, le sucede Sancho III de Castilla y Toledo, aunque no por mucho tiempo, ya que muere un año después. Al menos se restituyó el reino de Artajona a Navarra. Sancho VI de Navarra, se decidió a intentar reconquistar las tierras de la rica Rioja. Fue una campaña vigorosa y con éxito para los navarros. Esta victoriosa campaña emprendida en el año 1162 es concluida un año después. Se recuperó nuevamente Logroño, después Navarrete, Pazuengos y la mayor parte de los puestos situados sobre la orilla derecha del Ebro.
Por desgracia para los navarros, Nájera se resistió, así como Calahorra, por lo que prosiguieron la campaña por Araba y de allí hasta Durango y la antigua vascona Bureba, desde Miranda de Ebro hasta Briviescas, pasando por Grañón, Cerezo, Salinas de Añana, llegando hasta los arrabales de Burgos. A continuación procedió a consolidar las defensas de estos territorios recientemente reconquistados. Entrando en buenas relaciones con Fernando II de León y Galicia, tío del joven Alfonso VIII de Castilla.
Alfonso VIII, rey de Castilla tras alcanzar la mayoría de edad, comienza a preparar su matrimonio con la hija del monarca inglés Enrique II Plantegenet. El rey castellano ofrece en el 1170, a la princesa inglesa, las plazas navarras de Logroño, Grañón, Belorado, etc… que acaban de ser recuperadas para el Reino de Navarra por el rey vascón. Así, la guerra entre Castilla y Navarra es abierta desde el año 1173, produciéndose un doble ataque castellano, uno hacia la Bureba y otro hacia Artajona y Pamplona. El propio rey de Navarra, sufrió un asedio de dos día en el fuerte de Leguín, cercano a Urroz, mientras que el nuevo rey de Aragón, Alfonso II, se entrometía, favoreciendo a los castellanos, atacando y destruyendo la villa y el castillo de Milagro.
Tras un breve respiro, en el año1176 las tropas del ejército castellano, vuelven a cruzar el Ebro, llegando de nuevo hasta el fuerte de Leguín, conquistándolo y volviendo a Nájera después de dejar una guarnición en la fortaleza. El rey navarro se vio obligado a pactar, pero como Castilla no había combatido para no conseguir nada y Navarra no estaba dispuesta a renunciar a sus derechos legítimos, indiscutibles y regularmente escarnecidos desde tiempos de Alfonso VI de Castilla, se tomo la decisión de acudir a Londres, donde reinaba el suegro del castellano y poseedor de las tierras vasconas del norte del Pirineo, que anteriormente formaban parte del Reino de Navarra.
Dos obispos presidieron lambas delegaciones, Ramón de Palencia por Castilla y Pedro de Pamplona por Navarra, acompañados de nobles y señores. A la vez acudieron dos valientes caballeros, con sus caballos y armas, uno por cada reino, en caso que el rey de Inglaterra decidiera que el asunto se tenía que elucidar en un torneo de campeones, algo común en la Edad Media. Pero el inglés solicito que ambas delegaciones presentaran sus alegaciones por escrito, ya que los laicos ingleses no entendían las lenguas de los litigantes, el castellano y el euskara.
Se presentó la genealogía de ambos monarcas, remontándose los litigantes hasta el siglo XI, pero el juez decidió, para desgracia del Estado de Navarra, remontarse al último tratado celebrado no hacía mucho entre Nájera y Logroño, otorgando la totalidad de la Rioja a Castilla y solo la devolución de algunas fortalezas a Navarra, como la de Leguín, además del fuerte de Rueda, en Aragón, como un premio menor. Este laudo arbitral, consagró el hecho consumado, lo que sólo podía convenir al castellano, el cual era suegro del inglés.
Durante el Laudo Arbitral, la tierra conocida actualmente como Baja Navarra, vuelve al Reino, aprovechando los enfrentamientos existentes entre Enrique II de Inglaterra y su tercer hijo, Ricardo Corazón de León. La insurrección en busca de la vuelta a Navarra es numerosa, destacando los levantamientos de Baiona y Burdeos, los cuales son seguidos una fuerte y violenta represión a cargo de los ingleses.
Ricardo busca un aliado y lo encuentra en Sancho VI de Navarra. Se casa con la hija del rey navarro, Berenguela, siendo el hermano de esta, otro Sancho esta vez el Fuerte, obteniendo así un poderosos aliado contra los ataque de lo partidarios de Enrique II, existentes en Baiona o contra los condes franceses que atacaban desde Toulouse. Una alianza engañosa para Navarra, ya que no consigue nada en materia territorial e incluso se le llega a reclamar por parte inglesa la Baja Navarra. Los enfrentamientos y pactos se alternaran a partir de este momento, entre ingleses y navarros.
Los enfrentamientos con los aragoneses se van apaciguando, tras los pactos de Zangotza del año 1168 y del de Tarazona en el año 1191. El rey navarro se dedicó a asegurar la solidez del Reino vascón, del cual al menos se había salvado su parte esencial. Para ello otorgó fueros a innumerables villas y ciudades, destacando los de Donostia, Gasteiz, Trebiño, Biasteri, Antoñana, entre otras muchas, con el objetivo de perpetuar el sistema defensivo contra el reino de Castilla. Tuvo que soportar la deserción de innumerables tenentes, incluso el traidor gesto del poderoso obispo de Iruñea, que en algún momento llegó a entregarse con sus bienes, voluntariamente al Conde de Barcelona, gesto tan hostil como el de cualquier deserción.
Navarra pacta con el rey moro Lobo de Murcia, pasando Albarracín a la corona de Navarra. El rey navarro murió en año 1194, dejando el Reino de Navarra bastante mermado en materia territorial, pero muy estable en materia política, a su hijo Sancho VII el Fuerte.
BIBLIOGRAFÍA
CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983
CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971
ESARTE Pello, Vasconia en el siglo XII. De Reino de Pamplona a Reino de Navarra, 2004
JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980
LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972
LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976
MONTERUBIO DEL POZO, Rosa. Santa Mª la Real de Nájera, la piedra labrada como un exquisito bordado, 2001
MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980
NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007
SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007
SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006
SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999
URZAINQUI, Tomás. La Navarra marítima, 1998
URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002
URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003
VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993
YANGUAS Y MIRANDA, Crónica de los reyes de Navarra, 1843
CAPÍTULO II
Primera parte
Presión político y militar contra el Estado de los navarros
Soberanía de Navarra
“El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella”. Jesucristo
El imperio cristiano de Roma no consideraba Reino al Estado de los navarros, tras la división de los reinos de Aragón y Pamplona, y trata como dux al rey de Pamplona, García Ramírez el Restaurador, lo que facilitaba e incentivaba, aún más si cabe, las ansias imperialistas de los demás reinos cristianos. Por ello, el Restaurador tuvo que ceder a la invitación del rey de Castilla y León, para realizar una cruzada a Córdoba y Almería en el año 1147. Aunque más que una cruzada en si, se trató de una acción furtiva contra el puerto de Almería, el cual era un nido de piratas. En dicha acción participaron castellano-leoneses, navarros, aragoneses, genoveses y pisanos, estos últimos desde el mar.
García Ramírez el Restaurador, logró mantener independiente al Reino vascón, frente al emperador castellano Alfonso VII y a su vez, mantuvo una lucha constante con la emergente Corona de Aragón. La presión de la Corona de Aragón, se acentuó con la retirada, de nuevo a un monasterio, de Ramiro I el Monje, facilitando el acceso a la corona aragonesa, al príncipe de Aragón, el belicoso maestre de la orden del Temple, Berenguer IV, conde de Barcelona.
En este proceso el emperador castellano se apodera de La Rioja, aunque rápidamente los navarros recuperan Logroño. También las Encartaciones son ocupadas por las tropas castellanas, pero momentáneamente los navarros les hacen frente, el resto de Bizkaia, impidiendo que penetren en Araba y Gipuzkoa.
El principal aliado de García Ramírez fue el obispo de Pamplona, García de Larrosa, originario de un pueblo del mismo nombre, situado próximo a Jaca. La iglesia navarra es la principal fuente ingresos de dinero, que sirven para pagar a los diferentes caballeros, que defendían los castillos y las tenencias del Reino de Pamplona, recibiendo a cambio tierras, villas e incluso castillos. El obispo era el verdadero señor de Pamplona, siendo el rey de Pamplona poco dado a residir en esa ciudad.
El adad de Irache fue una gran ayuda, salvándose el honor de los monasterios navarros, tras la deserción del Abad de Leyre, que rindió homenaje al rey Ramiro I de Aragón. Algunos señores que se encontraban dentro de las tierras controladas por Aragón, le fueron leales al monarca navarro, por lo que fueron cobijados en el Reino vascón. Los burgueses de Lizarra contribuyeron en gran medida, a la tranquilidad en el Estado navarro, mientras que de Ladrón y Lope Iñiguez establecidos en Bizkaia, Araba y Gipuzkoa, defendieron con éxito esas tierras navarras ante las continuas acometidas castellanas.
Las tropas aragonesas atacan Zangotza y Lumbier, lo que provoca la reacción inmediata de los navarros, derrotando a los aragoneses cerca de Zaragoza, llegando incluso a recuperar Tarazona. Esta plaza pronto fue ocupada por las tropas aragonesas del barcelonés Berenguer IV, príncipe de Aragón. Hubo algún intento de alianza, mediante un matrimonio concertado, que no llegaron a buen término, por los que los enfrentamientos se reanudan y los aragoneses invaden el Estado de los navarros. La resistencia no se hace esperar y se recupera por parte de las tropas de el Restaurador, los territorios del Roncal y Tutera, que se perdieron momentáneamente por la invasión de las tropas de la Corona de Aragón.
Las relaciones directas de los navarros con Castilla y León, se sosegaron momentáneamente, después que el rey de Pamplona, García Ramírez, reconociese como emperador al castellano Alfonso VII, aceptando un vasallaje en Nájera, el cual consistía únicamente en presentarse en León, para asistir a la coronación imperial del castellano. Un precio barato para dicho vasallaje y sin repercusiones para el territorio navarro.
Pero Alfonso VII intentó al menos en dos ocasiones sacar tajada de las tierras navarras, con la complicidad del joven lobo de Barcelona. Ambos habían firmado el tratado de Carrión en el 1140, donde buscaban la repartición del reino navarro, entre Castilla-León y el condado de Barcelona. Pero la determinación y valentía de los navarros solo permitió unos leves escarceos castellanos en territorio soberano navarro, saldándose con el robo de algunas vacas y jumentos por parte de las hordas castellanas.
En el año 1150, el navarro, volvió a acompañar al emperador castellano a una nueva incursión por Al-Andalus. Al poco de su regreso ese mismo año a tierras vasconas, el Restaurador fallece en Lorca, cerca de Lizarra, tras estrellarse la cabeza en un peñasco, durante una cacería, quedando el Reino de Pamplona en manos de su hijo Sancho Garcés VI el Sabio. Mientras engatusados por el seductor emperador castellano, numerosos tenentes navarros desertan y se unen al reino de Castilla-León, destacando entre los traidores, Ladrón Iñiguez.
Los demás reinos cristianos de la Península Ibérica (Castilla-León y Aragón), no estaban dispuestos a admitir realmente la existencia del Reino de Pamplona, y más aún con el beneplácito de la bula papal, la cual se mantiene durante el reinado de Sancho IV el Sabio, que negaba el título de rey al soberano navarro, otorgándole únicamente el título de duque. Esto permitía a los demás reinos cristianos existente, la invasión y conquista de la tierra de los navarros.
El Sabio, a la edad de 15 años, ya tuvo que hacer frente a los asaltos de castellanos y aragoneses, siempre conjugados contra el Reino de los navarros, buscando continuamente un reparto del mismo. El punto de partida, o continuación más bien, lo podemos situar en Tudejen, cerca de Fitero en el año 1151. El emperador castellano y el Príncipe de Aragón o conde de Barcelona, tuvieron como orden del día el reparto de Navarra. Dicha operación se debía realizar el 29 de Septiembre del mismo año, festividad de San Miguel, casualmente patrón del ejercito navarro.
Sancho VI de Navarra, no tuvo ningún reparo en declararse vasallo del emperador, buscando frenar las ansias expansionistas del castellano. En el año 1153, es nombrado caballero por el castellano, que le concede la mano de su hija Sancha. Esta fue toda la “generosidad” mostrada por Alfonso VII, ya que no cedió ni una pulgada de la Rioja, tierra vascona que Castilla había conquistado a raíz del magnicidio de Peñalen, en el 1076. El emperador de Castilla y León, colmaba de bienes a monasterios y villas, además fundaba el reino de Nájera para su hijo Sancho, propiciando las deserciones en tierras navarras con su supuesta generosidad, que incluso llegaba hasta el mismo corazón de Navarra, con el denominado reino de Artajona, al que estaban vinculadas Larraga, Miranda, Olite y según parece, incluso Tafalla.
La Gascuña que estaba bajo la legítima soberanía navarra, es ocupada por tropas inglesas en el año 1154. Esto fue debido a la unión matrimonial entre el rey de Inglaterra, Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania en el año 1152. Las tropas inglesas ocupan esta tierra vascona, buscando con ello la defensa de la dote que aportaba la duquesa de Aquitania, lo que provoca una separación de estos territorios del resto del Reino de Navarra, realizada en gran medida por la fuerza de las armas. Claro ejemplo de ello es la toma sangrienta de Baiona por parte inglesa.
Al morir Alfonso VII en el año 1157, le sucede Sancho III de Castilla y Toledo, aunque no por mucho tiempo, ya que muere un año después. Al menos se restituyó el reino de Artajona a Navarra. Sancho VI de Navarra, se decidió a intentar reconquistar las tierras de la rica Rioja. Fue una campaña vigorosa y con éxito para los navarros. Esta victoriosa campaña emprendida en el año 1162 es concluida un año después. Se recuperó nuevamente Logroño, después Navarrete, Pazuengos y la mayor parte de los puestos situados sobre la orilla derecha del Ebro.
Por desgracia para los navarros, Nájera se resistió, así como Calahorra, por lo que prosiguieron la campaña por Araba y de allí hasta Durango y la antigua vascona Bureba, desde Miranda de Ebro hasta Briviescas, pasando por Grañón, Cerezo, Salinas de Añana, llegando hasta los arrabales de Burgos. A continuación procedió a consolidar las defensas de estos territorios recientemente reconquistados. Entrando en buenas relaciones con Fernando II de León y Galicia, tío del joven Alfonso VIII de Castilla.
Alfonso VIII, rey de Castilla tras alcanzar la mayoría de edad, comienza a preparar su matrimonio con la hija del monarca inglés Enrique II Plantegenet. El rey castellano ofrece en el 1170, a la princesa inglesa, las plazas navarras de Logroño, Grañón, Belorado, etc… que acaban de ser recuperadas para el Reino de Navarra por el rey vascón. Así, la guerra entre Castilla y Navarra es abierta desde el año 1173, produciéndose un doble ataque castellano, uno hacia la Bureba y otro hacia Artajona y Pamplona. El propio rey de Navarra, sufrió un asedio de dos día en el fuerte de Leguín, cercano a Urroz, mientras que el nuevo rey de Aragón, Alfonso II, se entrometía, favoreciendo a los castellanos, atacando y destruyendo la villa y el castillo de Milagro.
Tras un breve respiro, en el año1176 las tropas del ejército castellano, vuelven a cruzar el Ebro, llegando de nuevo hasta el fuerte de Leguín, conquistándolo y volviendo a Nájera después de dejar una guarnición en la fortaleza. El rey navarro se vio obligado a pactar, pero como Castilla no había combatido para no conseguir nada y Navarra no estaba dispuesta a renunciar a sus derechos legítimos, indiscutibles y regularmente escarnecidos desde tiempos de Alfonso VI de Castilla, se tomo la decisión de acudir a Londres, donde reinaba el suegro del castellano y poseedor de las tierras vasconas del norte del Pirineo, que anteriormente formaban parte del Reino de Navarra.
Dos obispos presidieron lambas delegaciones, Ramón de Palencia por Castilla y Pedro de Pamplona por Navarra, acompañados de nobles y señores. A la vez acudieron dos valientes caballeros, con sus caballos y armas, uno por cada reino, en caso que el rey de Inglaterra decidiera que el asunto se tenía que elucidar en un torneo de campeones, algo común en la Edad Media. Pero el inglés solicito que ambas delegaciones presentaran sus alegaciones por escrito, ya que los laicos ingleses no entendían las lenguas de los litigantes, el castellano y el euskara.
Se presentó la genealogía de ambos monarcas, remontándose los litigantes hasta el siglo XI, pero el juez decidió, para desgracia del Estado de Navarra, remontarse al último tratado celebrado no hacía mucho entre Nájera y Logroño, otorgando la totalidad de la Rioja a Castilla y solo la devolución de algunas fortalezas a Navarra, como la de Leguín, además del fuerte de Rueda, en Aragón, como un premio menor. Este laudo arbitral, consagró el hecho consumado, lo que sólo podía convenir al castellano, el cual era suegro del inglés.
Durante el Laudo Arbitral, la tierra conocida actualmente como Baja Navarra, vuelve al Reino, aprovechando los enfrentamientos existentes entre Enrique II de Inglaterra y su tercer hijo, Ricardo Corazón de León. La insurrección en busca de la vuelta a Navarra es numerosa, destacando los levantamientos de Baiona y Burdeos, los cuales son seguidos una fuerte y violenta represión a cargo de los ingleses.
Ricardo busca un aliado y lo encuentra en Sancho VI de Navarra. Se casa con la hija del rey navarro, Berenguela, siendo el hermano de esta, otro Sancho esta vez el Fuerte, obteniendo así un poderosos aliado contra los ataque de lo partidarios de Enrique II, existentes en Baiona o contra los condes franceses que atacaban desde Toulouse. Una alianza engañosa para Navarra, ya que no consigue nada en materia territorial e incluso se le llega a reclamar por parte inglesa la Baja Navarra. Los enfrentamientos y pactos se alternaran a partir de este momento, entre ingleses y navarros.
Los enfrentamientos con los aragoneses se van apaciguando, tras los pactos de Zangotza del año 1168 y del de Tarazona en el año 1191. El rey navarro se dedicó a asegurar la solidez del Reino vascón, del cual al menos se había salvado su parte esencial. Para ello otorgó fueros a innumerables villas y ciudades, destacando los de Donostia, Gasteiz, Trebiño, Biasteri, Antoñana, entre otras muchas, con el objetivo de perpetuar el sistema defensivo contra el reino de Castilla. Tuvo que soportar la deserción de innumerables tenentes, incluso el traidor gesto del poderoso obispo de Iruñea, que en algún momento llegó a entregarse con sus bienes, voluntariamente al Conde de Barcelona, gesto tan hostil como el de cualquier deserción.
Navarra pacta con el rey moro Lobo de Murcia, pasando Albarracín a la corona de Navarra. El rey navarro murió en año 1194, dejando el Reino de Navarra bastante mermado en materia territorial, pero muy estable en materia política, a su hijo Sancho VII el Fuerte.
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2009/05/08
2009/05/06
2009/05/04
Iruinea, mayo 2009
Iñigo Saldise Alda
El Estado soberano e independiente de Navarra
Soberania de Navarra
Pasado lunes 4 de mayo del 2009, en el DIARIO DE NOTICIAS se daba a conocer la publicación de un nuevo libro de Iñaki Sagrado, que lleva por título El castillo de Amaiur a través de la historia de Navarra. En el texto, que está firmado por Fernando Hualde, se comete un gravísimo error, ya que en el año 1522, Navarra no perdió definitivamente su condición de Estado soberano e independiente, ya que ateniéndonos a la realidad histórica, esto ocurrió concretamente noventa y ocho años después.
A pesar que la retirada total de las tropas del emperador Carlos I de España, de la tierra de Ultrapuertos, no ocurrió hasta el año 1530, las legítimas Cortes de Navarra se reúnen en Donapaleu a petición de Enrique II el Sangüesino en el año 1527, llegando a ostentar esta localidad bajonavarra, la capitalidad del Reino soberano e independiente de Navarra, cinco años después de la derrota navarra de Amaiur.
Tras el año 1530, desde el Estado de Navarra, libre al norte del Pirineo, se sucedieron varios intentos diplomáticos, que buscaban la recuperación de las tierras ocupadas por los españoles. En ese contexto, el rey de Navarra, Enrique II el Sangüesino, lo intentó mediante la concertación del matrimonio de su hija, la princesa de Biana, Juana de Albret, con el hijo del emperador Carlos I de España, el príncipe de Asturias, Felipe. La perspectiva esperanzó a los navarros sometidos del sur del Pirineo, donde incluso los beaumonteses de Iruñea, que cohabitaban en unas cortes ilegales con un Virrey extranjero, prepararon un memorandum en el año 1540, detallando claramente cuáles eran las tierras arrebatadas por los españoles, que debía reclamar el rey navarro, además de las cinco Merindades ocupadas en su totalidad desde el año 1522:
“Quanto a lo que pertenesce a V. Alteza, según lo que solía extender este Reyno antiguamente como es pública voz y fama que era señor de Guipúzcoa, Vizcaya y Alaba y mucha parte de Rioja, hasta el holmo de Burgos; como por la sepultura que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parescen las armas de Navarra; anssí como en Logroño y en otros lugares y de poco acá se han borrado...”
La corte navarra y con ello la capital del Reino, es situada en Pau por Enrique II y Maragita de Navarra, donde como en Florencia, se crearon numerosos cenáculos y academias de simbología cabalística y de hermenéutica, donde se enseñaron las artes y la filosofía neoplatónica, gracias principalmente a la labor de la reina Margarita de Navarra, algo que no ocurrió en los territorios navarros del sur del Pirineo, donde la inquisición española realizaba auténticos estragos y los magnificos castillos habían sido destruidos por orden del cardenal español, Cisneros.
Durante el reinado de Enrique II, el Estado independiente de Navarra vio como sus formidables fortalezas se transformaron en auténticos palacios Renacentistas y además el Reino de Navarra era un lugar de acogía para todos los refugiados humanistas y reformistas, que eran perseguidos en el resto de Europa.
La corte humanista de Pau se llenó de escritores, filósofos, pensadores, artistas y arquitectos, siendo la reina Margarita de Navarra la mayor inspiración posible del movimiento evangelista, el cual se había asentado firmemente en el Reino de Navarra.
Incluso la propia reina de Navarra, considerada por muchos la primera mujer moderna en la historia de la humanidad, escribió numerosas obras literarias, entre ellas podríamos destacar Las soledades de Margarita de Navarra, obra de teatro que se desarrolla en un contexto íntegramente pirenaico, el magistral poema Las prisiones de la Reina de Navarra o la inacabada Heptameron, obra erótica femenina, donde incluso llega a mofarse de los defectos del macho.
No es casualidad que durante el reinado de Enrique II y Margarita de Navarra, se escribiera el primer libro en euskara o lingua navarrorum. Esto ocurrí en el año 1545, y dicho libro lleva por título Linguae Vasconum Primitiae, siendo su autor el navarro Bernart Etxepare, elevándose así el idioma propio de Navarra, al rango de literario.
La entrada de la Reforma en el Reino de Navarra, donde ya se había formulado un tipo de Estado moderno, basadas sus instituciones políticas y jurídicas en el derecho pirenaico, fue de una manera muy equilibrada, buscando con ello principalmente, acabar con el despotismos eclesiástico, que tenía de máximo exponente al emperador del estado Vaticano de Roma, enemigo histórico de los navarros.
Esto ocurre durante el reinado de Juana III de Navarra, que a pesar de ser educada a la francesa, debido al secuestro que llevó a cabo su tío Francisco I de Francia, continuo y acentuó aún más si cabe, la labor Navarrista de su madre.
Durante el reinado Juana III, el Estado de Navarra continuó con la obra de modernización de las fortalezas, introduciéndose definitivamente la Reforma, equiparable concretamente al anglicanismo, en el Estado Pirenaico, tras fracasar unas negociaciones con el estado Vaticano, donde la reina de Navarra, buscaba la total restitución territorial para el Reino de Navarra, de las tierras del sur del Pirineo, ocupadas por los españoles.
Así Pau, capital del Estado Pirenaico, se convirtió en uno de los principales centros de reformistas exiliados, que se sumaban a humanistas y a renacentistas, mientras que inquisidores y jesuitas tenían prohibida su entrada al Reino de Navarra soberano e independiente. Incluso se realiza la traducción de la Biblia al euskara por el navarro Joannes de Lizarraga tras mandato de la mismísima Juana III de Navarra, siendo editado en el año 1571.
Este periodo de Renacimiento en el Estado Pirenaico, donde los navarros libres cultivaron el humanismo, la igualdad y el amor por la libertad, se podría definir con una frase de un famoso autor inglés, cuyo nombre es William Shakespeare. Dicho escritor, en una de sus magistrales obras, concretamente en una del año 1594, que lleva por título Trabajos de amor perdidos , nos dejó la siguiente frase para la posteridad, la cual no se podría a ver dicho, de no existir un Estado soberano e independiente de Navarra:
“Navarra será la admiración del Mundo”
La coronación de Enrique III de Navarra, como rey Francia, no supuso la unión de ambos reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia, mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau aún se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico.
En 1598 firma la paz de Vervins entre el reino de Francia y el reino de España, sobre el conflicto que mantenían en Flandes; el rey navarro introduce una clausura concerniente a la anexión de las tierras del sur del Pirineo por parte española, negándose claramente en ella, a legitimar el atropello llevado a cabo por el español, Fernando II de Aragón, al cual conocemos los navarros como el Falsario.
Ese mismo año realiza el Edicto de Nantes, donde se reconoce la libertad de religión en Francia y Navarra, a semejanza del Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Navarra, realizado treinta años antes por su madre Juana III de Albret. Enrique III de Navarra pretendía que el Edicto de Nantes se extendiera a los demás reinos europeos, legitimando el protestantismo y poniendo las bases definitivas para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo habían costado millones de muertos. Esta decisión le supone una nueva excomunión a Enrique III de Navarra y IV de Francia, por parte del emperador de Roma.
Enrique III casó en segundas nupcias con María de Médicis en el año 1600. De esta unión nacería el futuro Luis XIII de Francia, el cual no fue educado según las condiciones existentes en el Fuero navarro, paso obligado para ostentar el título de príncipe de Biana y así acceder al trono del Reino de Navarra, sino que recibió su educación católica en la corte francesa de Paris, de manos del Cardenal Richelieu.
El 14 de mayo del año 1610, el rey de Navarra y Francia, era asesinado en una calle de París por un jesuita, llamado Ravaillac. A pesar de ello, el Reino Pirenaico mantuvo su intendencia hasta el año 1620, cuando Luis XIII de Francia entra a sangre y fuego en las Cortes de Pau, restaurado a continuación la religión católica en el Reino de Navarra y prohibiendo la religión protestante en todos los reinos bajo su dominio.
Luis XIII de Francia disuelve militarmente las Cortes de Navarra ese mismo año y realiza el decreto de unión desde las Cortes de Paris. Así el Reino de Navarra quedaba anexionado de forma ilegítima al reino de Francia y el Navarrismo existente en los reyes navarros desde los tiempos de Margarita de Navarra, era exterminado por un soberano francés, completándose así, la tarea empezada por los castellanos en el año 1054 y continuada por los españoles en los años 1512 y 1521.
BIBLIOGRAFÍA
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A pesar que la retirada total de las tropas del emperador Carlos I de España, de la tierra de Ultrapuertos, no ocurrió hasta el año 1530, las legítimas Cortes de Navarra se reúnen en Donapaleu a petición de Enrique II el Sangüesino en el año 1527, llegando a ostentar esta localidad bajonavarra, la capitalidad del Reino soberano e independiente de Navarra, cinco años después de la derrota navarra de Amaiur.
Tras el año 1530, desde el Estado de Navarra, libre al norte del Pirineo, se sucedieron varios intentos diplomáticos, que buscaban la recuperación de las tierras ocupadas por los españoles. En ese contexto, el rey de Navarra, Enrique II el Sangüesino, lo intentó mediante la concertación del matrimonio de su hija, la princesa de Biana, Juana de Albret, con el hijo del emperador Carlos I de España, el príncipe de Asturias, Felipe. La perspectiva esperanzó a los navarros sometidos del sur del Pirineo, donde incluso los beaumonteses de Iruñea, que cohabitaban en unas cortes ilegales con un Virrey extranjero, prepararon un memorandum en el año 1540, detallando claramente cuáles eran las tierras arrebatadas por los españoles, que debía reclamar el rey navarro, además de las cinco Merindades ocupadas en su totalidad desde el año 1522:
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La corte navarra y con ello la capital del Reino, es situada en Pau por Enrique II y Maragita de Navarra, donde como en Florencia, se crearon numerosos cenáculos y academias de simbología cabalística y de hermenéutica, donde se enseñaron las artes y la filosofía neoplatónica, gracias principalmente a la labor de la reina Margarita de Navarra, algo que no ocurrió en los territorios navarros del sur del Pirineo, donde la inquisición española realizaba auténticos estragos y los magnificos castillos habían sido destruidos por orden del cardenal español, Cisneros.
Durante el reinado de Enrique II, el Estado independiente de Navarra vio como sus formidables fortalezas se transformaron en auténticos palacios Renacentistas y además el Reino de Navarra era un lugar de acogía para todos los refugiados humanistas y reformistas, que eran perseguidos en el resto de Europa.
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No es casualidad que durante el reinado de Enrique II y Margarita de Navarra, se escribiera el primer libro en euskara o lingua navarrorum. Esto ocurrí en el año 1545, y dicho libro lleva por título Linguae Vasconum Primitiae, siendo su autor el navarro Bernart Etxepare, elevándose así el idioma propio de Navarra, al rango de literario.
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Esto ocurre durante el reinado de Juana III de Navarra, que a pesar de ser educada a la francesa, debido al secuestro que llevó a cabo su tío Francisco I de Francia, continuo y acentuó aún más si cabe, la labor Navarrista de su madre.
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Así Pau, capital del Estado Pirenaico, se convirtió en uno de los principales centros de reformistas exiliados, que se sumaban a humanistas y a renacentistas, mientras que inquisidores y jesuitas tenían prohibida su entrada al Reino de Navarra soberano e independiente. Incluso se realiza la traducción de la Biblia al euskara por el navarro Joannes de Lizarraga tras mandato de la mismísima Juana III de Navarra, siendo editado en el año 1571.
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La coronación de Enrique III de Navarra, como rey Francia, no supuso la unión de ambos reinos, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia, mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau aún se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico.
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NABARRAKO ERESERKIA
Nabarra, reflexiones de un Patriota
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma
"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"
"Aberri askearen alde jende librea jaiki"
"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"
"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"
Navarre shall be the wonder of the world
by WILLIAM SHAKESPEARE
EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM
©NABARTZALE BILDUMA 2011



