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2009/05/18

Iruinea, mayo 2009

Iñigo Saldise Alda
NO
Soberanía de Navarra

El pasada sábado, en el DIARIO DE NOTICIAS, aparecía un pequeño comentario de don José Javier Solabre, que llevaba por título, SAR Leticia. ¿No es princesa de Viana? Decirle a usted señor Solabre que no.

A pesar que el autor intenta con los comentarios posteriores de su escrito, el que la pregunta se convierta en retórica, mediante el intento alcachofero de vender la Comunidad Foral de Navarra o mejor dicho, Navarra residual, lo que hace realmente es intentar legitimar la usurpación de éste título del heredero a la Corona de Navarra, utilizando la visita de la esposa del príncipe de Asturias y heredero del reino de España, don Felipe de Borbón, el cual, al igual que su padre, no tiene ninguna legitimidad político-histórica con la cual titularse Príncipe de Viana.

Aprovecho la ocasión señor Solabre, para recordar que el título de Príncipe de Viana, lo creo Carlos III el Noble para el heredero del reino de Navarra, no para el futuro monarca del reino de España o de cualquier otro estado que no sea el vascón, el cual está sujeto a la aprobación de las Cortes del Estado de Navarra.

El Noble, lo instauró para su nieto, de nombre también Carlos. Con ello trataba de defender los derechos hereditarios de su nieto, ante el ambicioso segundo marido de su hija y heredera, Blanca de Evreux. Este era el infante de Aragón, Juan de Trastámara, que es conocido por los navarros como el Usurpador.

A pesar que tras la ocupación de las tierras del sur del Pirineo por parte española (castellano-leonesa y aragonesa), pertenecientes al Estado navarro, concretamente en el año 1515, el católico español, Fernando el Falsario, de manera unilateral e ilegítima incorpora el Reino de Navarra a la corona de Castilla en la corte de Burgos, el Reino soberano de Navarra logra existir hasta más de un siglo después, concretamente hasta el año 1620.

Hay que decir, que en el año 1540 existieron unas negociaciones matrimoniales entre el monarca navarro, Enrique II de Albret, conocido como el Sangüesino y el emperador Carlos I de España, que unirían en matrimonio a la Princesa de Viana, Juana, con el príncipe de Asturias, Felipe. Estas negociaciones concluyeron sin éxito ante la negativa española de devolver las tierras navarras ocupadas, destacando entre ellas las de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Rioja

En el año 1548, Juana de Albret, princesa de Viana, se casa con Antonio, duque de Borbón y Vendôme, conde de Beaumont, de Marle y de Soissons, cuyo nombre era Antonio. En el año 1555, tras la muerte de Enrique II de Navarra, le sucede su hija Juana III de Albret como reina de Navarra y con ello, un Borbón se convierte en el rey consorte, con el título de Antonio I de Borbón.

Juana III y Antonio I de Navarra continúan durante su reinado reclamando las tierras navarras del sur del Pirineo. Incluso llegan a presentarse en la frontera impuesta del sur del Pirineo, con la intención de recorrer su reino ocupado. Allí les esperan las tropas españolas, que niegan a los reyes legítimos visitar el país bajo sometimiento español.

Tras la muerte por envenenamiento de la reina Juana III de Navarra, el Príncipe de Viana accede al trono de Navarra con el nombre de Enrique III y conocido por los navarros como el Bearnés. El protestante Enrique III de Navarra, por los derechos que poseía por vía paterna, la casa de Borbón, se involucró en la guerra de sucesión al trono francés. Para lograr su objetivo, el ser rey de Francia, se conviertó al catolicismo en el año 1593, tras el fracaso de la toma de París por vía militar. Todos conocemos esta célebre frase que se le atribuye:

“París bien vale una misa”

Con esto un rey de Navarra, Enrique III de Borbón, accedía al trono francés. Esto no significó la unión territorial de los reinos de Navarra y Francia, ya que Enrique III de Navarra y IV de Francia mantuvo la independencia de Navarra, cuyas Cortes legítimas continuaron en la ciudad de Pau y los Estados Generales de Navarra en Donapaleu. A su vez, en materia religiosa promulgó el edicto de Nantes en 1598, que significaba tolerancia de culto en sus reinos, algo esperado desde tiempos atrás por los hugonotes, protestantes calvinistas.

Su hijo Luís no fue presentado a las Cortes de Navarra en Pau, donde debía ser designado Príncipe de Viana, siendo éste un paso necesario para ser titulado a la postre rey de Navarra. A la muerte de su padre, accede al trono francés con el título de Luís XIII de Francia. En 1620 visita las Cortes de Pau, restaurando la religión católica en el Reino de Navarra y prohibiendo la religión hugonote en todos los reinos bajo su dominio. Ese mismo año realiza el decreto de la unión desde las Cortes de París, lo que significaba que Navarra se anexionaba de forma ilegítima al reino de Francia.

A pesar de esta infamia contra las legítimas Cortes de Pau, no prescindió de intitularse, de forma ilegítima, como rey de Navarra. Sus sucesores, al igual que él, siguieron ostentando los dos títulos, lo que les permitía en materia territorial seguir reclamando las tierras ocupadas por España.

Llegado a este punto, debemos hablar de la legitimidad sobre Navarra que posee la rama borbónica de los Anjou, actuales titulares del reino de España. Para ello debemos retroceder al Tratado de Utrecht del año 1714, donde el Borbón Felipe V de España desde el año 1700, tras la guerra de sucesión al trono español, renuncia ante el rey Luís XIV de Francia y III de Navarra a todos los derechos sucesorios en Francia (y Navarra), en beneficio de Luís XV de Francia y IV de Navarra.

Este tratado suponía también que el monarca francés, Luís XIV, y sus descendientes, debían renunciar a los territorios navarros del sur de los Pirineos, que continuaban ocupados. Entre esos territorios aún existía uno, reducido, que pese a todo seguía denominándose Reino de Navarra. Un Reino no reconocido como Estado en el ámbito internacional, pero que mantenía las fronteras con sus vecinos, con su propia autonomía económica, capacidad de acuñar moneda y unas Cortes "ilegítimas" y en contrafuero desde la ocupación española de 1512.

Para concluir, hoy día, el monarca español don Juan Carlos I no se titula rey de Navarra. Además, recordando el Tratado de Utrecht, no tiene ningún derecho para ello, algo que podemos apreciar en el estandarte de esta rama borbónica. Me viene a la mente, el monarca español en el año 1982, cuando apareció en la televisión tras un nuevo golpe militar en el estado español. En las imágenes aparece el monarca, y detrás de él, el estandarte familiar de la rama borbónica de Anjou, a la que él y su hijo, pertenecen. En el estandarte podemos ver los reinos o estados de los que pueden ser legítimo titular dicha casa de Borbón. En el estandarte no aparece por ningún lado el escudo de nuestro estado, Navarra, ya que no tienen ningún derecho a poseerlo.

BIBLIOGRAFÍA

Artículo del mismo autor: La casa de Borbón y el Reino de Navarra

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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