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2010/12/04

Iruinea, diciembre de2010

Iñigo Saldise Alda
Enrique III de Nabarra vs Henri IV de France
Soberanía de Navarra

El Reino de Nabarra al norte del Pirineo, se mantuvo independiente hasta el año 1620; concretamente hasta la violenta e ilegal anexión a Francia realizada por el Bourbon Louis XIII. Desde el reinado de Juana III de Nabarra, tanto la Tierra de Laburdi como la de Xiberoa, junto al Vizcondado del Bearn y los condados de Foix, Bigorre, Albret, Gabardan y Nebouzan, pertenecían al Estado de Nabarra, como así lo atestigua que fuera el Regente y Lugarteniente General de las mismas por aquella época, el leal patriota nabarro Antonio de Agramont, conde de Gramont(1).

Su hijo Enrique, príncipe de Biana, junto a su hermana Catalina recibe una educación de fuerte carácter humanista y conforme, en lo que se refiere a materia religiosa, a las creencias reformadoras de su madre Juana III de Nabarra, adquiriendo así una formación acorde con el Nabarrismo auténtico. Tras la muerte a manos católicas francesas de su padre, Antonio de Bourbon y Vedôme, el día 10 de noviembre del año 1562, en el marco de la primera guerra de religión que asoló el reino de Francia, los títulos de éste pasan al joven príncipe de Biana, Enrique de Bourbon y Albret. La Casa de los Bourbon eran descendientes directos de San Luis IX, siendo por ello herederos de la casa de Valois, reinante en esos momentos en el Estado de France.

En el año 1572 la reina de Nabarra, Juana de Albret, era envenenada en la Corte francesa de París por orden de su archienemiga, Catalina de Médicis. Enterado de la noticia y tras ser coronado rey de Nabarra en territorio del estado Pirenaico, Enrique III entra en París junto a 900 caballeros nabarros vestidos de negro impoluto, color representativo los protestantes. Enrique III de Nabarra se muestra partidario de continuar con el matrimonio concertado con la bella princesa Margarita de Valois. Esta boda no contó con el apoyo del emperador de Roma o Papa, y se tuvo que realizar en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame, debido a las creencias reformistas de Enrique III de Nabarra.

En la noche de S. Bartolomé del mismo año, los católicos franceses atacaron a los protestantes, tanto franceses como nabarros, esgrimiendo como escueta excusa la herejía y la defensa de la fe Católica. En total en el Reino de France, fueron brutalmente asesinadas unas cien mil personas, protestantes en su mayoría, y con ellos la inmensa totalidad del séquito de 900 nabarros del rey de Nabarra. El propio monarca nabarro fue hecho prisionero y forzado a convertirse al cristianismo, además de verse obligado a proclamar el catolicismo como religión única de todo el Reino de Nabarra, teniendo que permanecer de manera obligada en la Corte de París. Enrique III de Nabarra posteriormente consigue huir de París y de los católicos franceses.

Enrique III de Nabarra abjura de la religión Católica nada más entrar el Reino Pirenaico y de inmediato se pone al mando de las tropas protestantes en la cuarta guerra de religión, que pronto se transformaría en la conocida como la guerra de los tres Enriques, que implicaba al propio rey de Nabarra, al nuevo rey de Francia y a el ultracatólico Henri I de Guisa. Henri III de France, tras reconocer a Enrique III de Nabarra como heredero o sucesor al trono francés, muere asesinado por un ultracatólico del partido de Guisa en el año 1589. La muerte del último Valois, permitía en teoría al rey de Nabarra convertirse en rey de Francia. Pero para poder lograrlo, Enrique III de Nabarra tuvo que mantener una guerra abierta contra la Liga Católica francesa encabezada por el partido de Guisa, el emperador de Roma y el rey de España, Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de France. En fases de este enfrentamiento, Enrique III tuvo que retirarse al Reino de Nabarra, donde logró preparar un ejército que debería facilitarle el acceso al trono francés mediante la vía militar. En el año 1585, el emperador de Roma, Sixto V, excomulga por hereje al que a la postre sería el último rey de Nabarra.

Las tropas protestantes franco-nabarras consiguieron algunas victorias, pero París consiguió resistir gracias al apoyo de las tropas españolas comandadas por Alejandro Farnesio. En 1593, el rey de Nabarra se convierte al catolicismo con el fin de obtener el trono de París, algo que se resumiría con una frase que falsamente se le atribuye, “París bien vale una misa”. Esta coronación no supuso la unión de los dos Estado o Reinos, ya que Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France mantuvo la independencia de Nabarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau estaban los Estados Generales y se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico independiente.

En el año 1598, Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France, firma la paz de Vervins con el Reino de España. En ese tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre los Reinos de Francia y España, el rey nabarro introduce una clausura concerniente a la ilegal anexión de las tierras del sur del Pirineo por parte española, negándose claramente en ella, a legitimar el atropello militar español. Ese mismo año también realiza el Edicto de Nantes, donde se reconoce la libertad de religión en France y Nabarra, a semejanza del Manifiesto de los Gentileshombres y del pueblo de Nabarra realizado treinta años antes por su madre Juana de Albret, reina de Nabarra. Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France pretendía que el Edicto de Nantes se extendiera a los demás Reinos europeos, legalizando el protestantismo y poniendo las bases definitivas para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo habían costado millones de muertos.

Esta decisión le supone una nueva excomunión a Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France, por parte del emperador de Roma de turno. Enrique III casó en segundas nupcias con María de Médicis en el año 1600. De esta unión nacería el futuro Louis XIII de Francia, el cual no fue educado según las condiciones existentes en el Fuero nabarro, paso obligado para ostentar el título de príncipe de Biana y así poder acceder al trono del Reino de Nabarra bajo elección determinada en el Preámbulo del Fuero del Bearn realizado por Enrique II de Nabarra, sino que recibió toda su educación católica en la corte francesa de Paris, concretamente de manos del Cardenal Richelieu.

En el año 1607, Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France deja escrito un testamento(2) en el cual queda bien claro que el Reino de Nabarra es de sus mayores y lo diferencia en el mismo del Reino de France cuyo legítimo heredero es el delfín Louis de Bourbon, pero otorgando de manera fraudulenta e indudablemente ilegal, la Tierra de Laburdi al Reino de France. A finales del año 1608, Henri IV de France y (Enrique) III de Nabarra manda una comisión francesa encabezada por Pierre de Lancre y Jean d’Espagnet a la Tierra de Laburdi. Un año después y con la patente intención poner orden y acelerar la centralización francesa en esa tierra originariamente nabarra, Pierre de Lancre y Jean d’Espagnet no dudaron poner en práctica la inquisición francesa para solucionar “la brujería de los vascos” con el beneplácito de Henri IV de France y buscar el final del litigio fronterizo existente con el Reino de España, más concretamente con Irun y Hondarribia.

A comienzos del año 1610, tras realizar una brutal escabechina contra los vascos de Laburdi, Pierre de Lancre deja bien claro y explícito que sus acciones eran aprobadas por el monarca francés Henri IV con la intención de asentar la frontera franco-española. Para ello construyeron fortificaciones como la de Sokoa bajo estrategia militar, mientras que jurídicamente instauraron tribunales para la caza y el martirio de los brujos vascos.

El 14 de mayo del año 1610 el rey de France y de Nabarra, era asesinado en una calle de París por un jesuita, el ultracatólico Ravaillac-Roma no paga a traidores-. A pesar de ello, el Reino Pirenaico mantuvo su independencia hasta el año 1620 sin llegar a elegir un nuevo rey o reina, cuando Louis XIII de France visita las Cortes de Pau y restaura la religión católica en la totalidad del Reino de Nabarra, prohibiendo la religión protestante, como la fe reformista Nabarra, en todos los Reinos bajo su dominio. Louis XIII de France, finalmente disuelve a sangre y fuego las Cortes y los Estados Generales de Nabarra ese mismo año y realiza el ilegal decreto de unión desde las Cortes de París. Así el Reino de Nabarra quedaba anexionado de forma ilegítima al reino de France, y el Nabarrismo auténtico existente en los reyes nabarros desde los tiempos de Margarita de Nabarra era exterminado por un soberano francés, aplicándose la inquisición francesa y española en todas las tierras de Vasconia con el fin de sellar los Pirineos, que dará como final en el año 1659, el llamado Tratado de los Pirineos, sellando hasta la actualidad la división de Nabarra en dos colonias, una francesa y otra española, con ayuda de la sanguinaria Inquisición Católica.

NOTA

1. Conde de Gramont; Esta titulación ya era usada en el Reino de Nabarra, la propia reina Juana de Albret, III de Nabarra, utiliza esta titulación nobiliaria en la Cédula del 13 de noviembre de 1565, donde da su aprobación de la gestión económica realizada por el señor de Agramont, Lugarteniente General y Regente del reino de Nabarra, clave para las arcas reales existentes en Pau: “(…) querido y amado primo, Antoine, conde de Gramont, soberano de Bidache(…). Esto es debido al entroncamiento de la casa de Agramont y la de Guiche o Gixune. Estos últimos poseían el título de conde, otorgado por Carlos IX de Francia en 1543.
2. “(…) Y sin embargo la sincera afección que nosotros portamos hace nuestra muy querida y amada única, y el cuidado de pagar a nuestros acreedores a los cuales nosotros y nuestro predecesores reyes de Navarra y duques de Vedome habíamos vendido e hipotecado varias partes y porciones del patrimonio para poseer nuestra casa y futuro particular nosotros hemos retenido declarar esta unión; al contrario por nuestras cartas patentes del 13 de abril de 1590 hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Navarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde, o que Dios nos halla hecho esta gracia de darnos linaje y quisiéramos poder y a este fin para no cambiar el orden y formas observadas en a conducta y mantenimiento de el nuestro dominio habíamos declarado nuestra intención que fuese llevado y administrado por personas distintas, así que como había estado antes de nuestro advenimiento a la Corona. Y sobre las dificultades que nuestra corte del Parlamento de París hacía de proceder a la verificación de dichas cartas.” Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43

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