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2026/10/18

Lauburu

Lauburu

Iñigo Saldise Alda

El lauburu, que literalmente significa cuatro cabezas en castellano, se representa con cuatro elementos curvilíneos, a los cuales se les llaman comas o vírgulas, distribuidas formando así una cruz en torno a un punto central. Algunos autores van más allá y señalan que el lauburu no nació como un símbolo evolucionado de la cruz gamada o esvástica, sino que son comas unidas en un planteamiento más bien estético, al cual se han buscado, por parte de los vascos y las vascas, varias explicaciones con las cuales buscar su significado.

Pero también hay quien afirma, que su forma parte inicialmente de la cruz gamada existente en el Mundo desde tiempo ancestral. Que por tanto es un símbolo precristiano, y por ello, su significado original siempre ha sido discutido. Para algunos representa al sol; para otros, el movimiento o las edades del hombre; otra interpretación dice que con giro a la derecha es símbolo de vida, y con giro a la izquierda es símbolo de muerte, razón por la cual aparece de esta última manera en numerosos monumentos funerarios vascos; pero para otros también es el símbolo de la energía o virilidad masculina de origen solar, representados con ello la dualidad de las divinidades mitológicas vascas Maju y Mari.

El significado o los significados, que más fuerza tiene entre los vascos y las vascas, es que el lauburu representa principalmente al sol y la energía, porque sus brazos curvos imitan el movimiento del sol en el cielo, símbolo de luz y fuerza vital; asimismo al ciclo de la vida representando los cuatro elementos, la tierra, el agua, el aire y el fuego o también a las cuatro estaciones en un movimiento eterno de regeneración. Igualmente sirve de protección contra el mal, puesto que tradicionalmente se cree que el lauburu protege contra los espíritus malignos, el mal de ojo y las energías negativas e incluso hay quien le da una creencia más interestelar, más universal si se quiere decir, que es la que se confía su significado en la unidad cósmica, por tanto, se relaciona con el equilibrio perfecto entre las fuerzas naturales y las humanas.

En la tradición vasca, el lauburu se colocaba inicialmente sobre el umbral de las casas, no solo como embellecimiento arquitectónico, sino como un verdadero guardián espiritual del hogar. Para muchos, portar un lauburu es llevar al sol consigo, en definitiva, alimentar con ello a una luz interior que guía y protege en los momentos de oscuridad.

Pero las representaciones más conocidas del lauburu en la cultura vasca, aparecen principalmente en estelas funerarias y elementos arquitectónicos antiguos repartidos por los distintos territorios de Vasconia-Nabarra. Su presencia en caseríos, cementerios y hasta en objetos cotidianos, demuestra hasta qué punto este símbolo formaba y forma parte activa en la vida popular vasca. Es especialmente frecuente en las estelas circulares funerarias vascas, donde el lauburu aparece grabado como parte de una simbología vinculada a la memoria, la continuidad y al encaje entre generaciones. El lauburu, en su mayoría aparece labrado en piedra, que hoy se dice que proceden de finales del siglo XVI o principios del XVII, pero se considera muy probable que estén inspiradas en piezas anteriores, pero siempre en manifestaciones artísticas y elementos vinculados a la identidad popular vasca. Precisamente esa permanencia es una de las razones por las que esta figura sigue teniendo fuerza hoy día. El lauburu no pertenece únicamente al pasado, sino que se ha ido adaptando al paso de los tiempos, sin perder su emanación inicial.

El ingeniero y escritor Pedro Zarrabeitia Miñaur en su libro Estelas discoidales de Euskal Herria, nos comentó que el lauburu apareció ya entrado el siglo XVII, concretamente en dos de las comarcas de la Tierra de Vascos o Ultrapuertos, Laburdi y de Baxenabarra. Así pues, ateniéndonos a tal dato, el lauburu debe de ser considerado como un símbolo relativamente moderno. Pese a ello, no se sabe por qué se empezó a usar, y pese a lo dicho, se desconoce su significado exacto, diferenciándose claramente por sus brazos redondeados de cualquier esvástica prerromana o medieval hallada en Vasconia, algo que nos lo indica claramente y además en diversos trabajos, el historiador, escritor, ensayista e investigador Aitzol Altuna Enzunza.

Bien, así pues, el lauburu es actualmente, como ya hemos dicho, uno de los símbolos más representativos y reconocibles de la cultura popular vasca; aunque si bien, tradicionalmente, nunca ha sido usado en escudos o banderas en ninguna de las comarcas de Nabarra, tenemos que reconocer que hay algunas excepciones. Estas son el logo del partido político EAE-ANV, donde aparece el lauburu dentro de una estrella de seis puntas. También, en la actualidad, aparece en diversos parches textiles y pegatinas con el lauburu sobre la ikurriña, los cuales se pueden comprar a través de internet. También hay banderas rojigualas y de la cruz de Borgoña o San Andrés con el lauburu puesto en ellas, ambos diseños los podemos encontrar en el blog, de ideología de extrema derecha española, titulado Resistencia Castellana, donde indican que el lauburu es un símbolo ibérico. Incluso, en mis búsquedas llevadas a cabo por la red, he encontrado otra bandera del lauburu, pero esta vez con estilo nazi de venta en la plataforma todocolección. Y casualmente, también, se ha creado una bandera de Nabarra donde se fusiona de una manera brillante el carbunclo en un lauburu.

Logo EAE-ANV


Parche bordado lauburu e ikurriña

Bandera cruz de Borgoña o San Andrés con lauburu

Rojigualda con lauburu

Bandrea nazi con lauburu

Bandera de Nabarra con lauburu


2026/10/17

Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión


 Carlos III el Noble de Navarra, artífice del Privilegio de la Unión

Joseba Asiron

Carlos III nació el 22 de julio de 1361 en Mantes-la-Jolie, localidad cercana a París donde en aquel momento se encontraban sus padres. Mantes era entonces una plaza de soberanía navarra, y se encontraba además cerca de Évreux, que era el territorio patrimonial de sus antepasados, los condes de Évreux. El príncipe era hijo de Juana de Valois y del rey Carlos II de Navarra, aquel al que la historiografía francesa encasquetó el sobrenombre de Carlos el Malo (le Mauvais), porque quiso hacer valer sus derechos dinásticos a la corona de Francia, tomando parte en la denominada guerra de los Cien Años.

La dinastía real Évreux había sido iniciada en Navarra por su abuelo Felipe III, conde de Évreux, por casamiento con la reina Juana II de Navarra, hija del rey Luis I el Hutín (es decir, el Obstinado). Debido al fracaso de la política exterior de su padre, el joven Carlos fue entregado como rehén al rey de Francia, y fue criado en la corte de París como si de un príncipe francés se tratase. Fue, según opinión unánime, una persona de gran inteligencia y prudencia, dotado además de una personalidad agradable y atractiva.

Retenido en una cárcel dorada durante los primeros años de vida, el joven príncipe Carlos no pisaría su capital Pamplona hasta 1366, cuando contaba ya cinco años, y aún hubo de pasar dos años más en la corte de París, entre 1378 y 1380 cuando, enviado como embajador por su padre, fue apresado de manera artera por el rey de Francia. Carlos III fue coronado en la catedral de Pamplona, tras la muerte de su padre en 1387, y se casó con la princesa Leonor de Trastámara, hija del rey de Castilla.

¿Un remanso de paz...?

Los historiadores señalan siempre las diferencias de carácter entre el joven príncipe y su padre, el belicoso Carlos II. Y justifican con dichas diferencias el hecho de que Carlos III se empeñara en apaciguar el reino. Que sacara a Navarra del conflicto europeo que la había desangrado, que hiciera las paces con el rey de Francia, y que consiguiera acercamientos importantes con Castilla, con Aragón y hasta con el Papa. Y todo ello es cierto.

Pero quienes conocen de primera mano la documentación de su reinado saben que no estuvo ni mucho menos exento de problemas, sobre todo en lo que al control interior del reino se refiere. Las guerras de linajes, que desde hacía varias generaciones sacudían el reino, siguieron vigentes durante su tiempo, de manera más o menos explícita. Estos banderizos, que posteriormente y de manera un tanto simplista serían clasificados como beaumonteses o agramonteses, dieron muchos quebraderos de cabeza al rey.

Así, en 1410, cuando Carlos III llevaba ya 23 años en el trono, se tuvo que emplear a fondo para apaciguar a los señores de Eraso, Amézqueta, Samper, Zabaleta, Azpilcueta, Irurita, Zozaya, Jarola y Vergara, que mantenían encendido el norte del reino con sus guerras privadas. Cuatro años más tarde, en 1414, tuvo que enviar a uno de sus más altos cargos, el merino de Estella, a poner paz entre las familias Alzate, Zabaleta, Lizarazu y Aizaga, que andaban de nuevo a la greña. Y todavía en 1423, dos años antes de morir, el conflicto reavivado entre los Lusa y los Agramont en Baja Navarra le obligó a enviar allí una embajada disuasoria durante 22 días.

Un reinado fructífero

Con todo, debemos reconocer que el de Carlos III fue un reinado que dejó muy buen poso. Además del apaciguamiento de la política exterior, Carlos (o Charles) impulsó la construcción del castillo-palacio de Olite, maravilla de la castellología navarra y europea. Y levantó otro no menos espectacular palacio en Tafalla, hoy por desgracia desaparecido.

En su capital, Pamplona, dio impulso a la construcción de la actual catedral gótica de Pamplona, tras el hundimiento de la cabecera románica en el amanecer del 1 de julio de 1390. A su muerte había dejado ya levantadas las capillas laterales, las dos naves secundarias y buena parte de la altísima nave central, que se elevaba hasta los 28 metros. De este modo, y como se ha comentado ya en alguna ocasión, se da la paradoja de que Carlos III fue coronado en 1387 en una catedral románica, pero en 1425 sería enterrado en una catedral enteramente gótica. Su magnífico sepulcro, en el que aparece retratado junto a su mujer, la reina Leonor, fue realizado por el escultor borgoñón Jehan (o Janín) Lome, y constituye toda una joya de la escultura funeraria del gótico europeo.

El Privilegio de la Unión

Con todo, desde la perspectiva pamplonesa, la acción más importante y decisiva del rey fue sin duda la promulgación del Privilegio de la Unión del 8 de septiembre de 1423. Como es sabido, durante toda la Edad Media los tres burgos que formaban Pamplona (Navarrería, San Cernin y San Nicolás) habían mantenido muy malas relaciones entre ellos, sosteniendo conflictos de manera permanente. Los enfrentamientos tocaron techo en 1276, cuando la Navarrería fue enteramente destruida por los otros dos burgos, permaneciendo despoblada durante cuatro décadas.

Carlos III decidió solucionar definitivamente aquella cuestión cuando, habiéndose personado en Pamplona para presentar publicly a su nieto, el príncipe Carlos de Viana, asistió atónito al espectáculo de los jurados (concejales, diríamos hoy) de los tres burgos, peleando por lograr los puestos de preferencia en el cortejo municipal. Y decidió cortar de raíz.

El Privilegio, escrito en romance navarro sobre un pergamino de piel, es una compilación de disposiciones de diferente tipo, que terminaría con la secular división tripartita de la ciudad. Decreta que en lo sucesivo Pamplona sea considerada una única ciudad, con unas normas comunes, con defensas comunes y sin divisiones internas. Sería además un único municipio, con un único ayuntamiento, un alcalde, un solo pendón o bandera y un único escudo, el león pasante bajo la corona real de Navarra.

Y mandó además construir una Jurería o Casa Consistorial, en el mismo lugar donde se encuentra hoy, es decir en el espacio libre o tierra de nadie situada entre los tres burgos, allí donde antiguamente salían a pelear, como símbolo perpetuo de unión entre las gentes de Pamplona. El Privilegio de la Unión, en suma, modernizaba la vieja Iruñea, la sacaba de la Edad Media y la colocaba en la mejor disposición para afrontar el ya cercano Renacimiento, como la capital humanista de un estado pequeño pero solvente, en el terreno de juego de la política europea.

Sombras finales

Carlos de Évreux murió el 8 de septiembre de 1425, segundo aniversario del Privilegio de la Unión. Aunque había tenido varios hijos varones estos habían fallecido de niños, por lo que el trono recayó en su hija Blanca I de Navarra, viuda del rey de Sicilia y casada en segundas nupcias con el hermano del rey de Castilla, el nefasto Juan de Aragón (futuro Juan II).

Las disposiciones matrimoniales especificaban que este Juan “llegaba como extranjero a la subcesión”, por lo que en caso de fallecimiento de la reina debería ceder el trono al heredero de ambos. Las intrincadas estipulaciones del documento, no obstante, permitieron a Juan retener el trono tras la muerte de la enfermiza Blanca, retrasando sine die la entrega del trono al hijo de ambos, el príncipe Carlos de Viana.

Colmada la paciencia del joven Carlos, las desavenencias con su padre terminaron por convertirse en guerra civil en Navarra en el año 1451. Ante la disyuntiva de elegir entre el padre o el hijo, el cuerpo nobiliario se partió en dos bloques irreconciliables. De un lado se alineó el bando agrupado en torno a las familias Peralta-Navarra, que apoyaban a Juan de Aragón, mientras que Carlos de Viana recibió el apoyo del conglomerado Beaumont-Lusa, sostenido y subvencionado de manera más o menos subrepticia por Castilla, a la que venía muy bien la idea de una Navarra dividida.

De este modo podemos concluir que el brillante reinado de Carlos III trajo consigo, paradójicamente, la posterior ruina del reino, puesto que abonó y reavivó un conflicto banderizo que duraba ya varias generaciones, y que el buen rey Carlos no había sabido atajar durante su reinado. La semilla para la conquista española de Navarra estaba ya sembrada, y preparada para germinar.

https://www.noticiasdenavarra.com/pamplona/2026/10/17/carlos-iii-noble-navarra-artifice-11659087.html


2026/10/15

Carbunclo versus cadenas (V)


Carbunclo versus cadenas (V)

Iñigo Saldise Alda

Los siglos XVIII, XIX y XX fueron siglos para el asentamiento de las cadenas dentro del imaginario colectivo de nuestra sociedad, tanto en la Navarra al sur del Pirineo bajo sometimiento español, como también en la Navarre norpirenaica bajo subordinación francesa. Tanto al norte como al sur, la inmensa mayoría de publicaciones oficiales, o casi todas ellas mejor dicho, tenían grabado el escudo de Navarra-Navarre, pero con las cadenas como protagonistas. Unas cadenas que el caso del sur del Pirineo fueron siendo asimiladas desde prácticamente un siglo antes; concretamente desde el inicio del siglo XVII, destacando una copia del Libro de Armería del Reino de Nabarra, donde el rey de armas de turno intentó la adaptación de las cadenas en el mismo carbunclo, haciendo un trabajo pésimo a mi entender, a la par de significativo, debido a la incompatibilidad de compaginar ambos símbolos en uno solo; dicho espécimen lo podemos visionar hoy día en el Archivo Real y General de Navarra. También hay que tener en cuenta la creación del oficio de maceros del Reino de Navarra ocurrida entorno al año 1600, en cuyos trajes, llamados dalmáticas, que vemos hoy día, los cuales fueron confeccionados en el año 1912, encontramos tres escudos diferentes; uno con el arrano beltza, otro con el carbunclo y otro con las cadenas, todos ellos sobre campo de gules.

Al norte del Pirineo, todavía en el siglo XVII, más concretamente en el año 1620, Louis XIII de France realizó, también de forma ilegal e ilegítima según las leyes y costumbres del Reino de Nabarra, el denominado por los franceses como el Decreto de la Unión. Como es sabido, en él, el Reino de Nabarra fue unido de forma falsaria al Reino de France. Con ello, entre otras cosas, se dejó de acuñar moneda nabarra y el carbunclo fue paulatinamente desapareciendo; además, el ejército nabarro se fusionó con el ejército francés, supeditándolo desde entonces a los mandos militares franceses, pero contando su insignia con el carbunclo cambiado por las cadenas hacia finales del siglo XVII. También al norte del Pirineo ésta asimilación forzada dio finalmente paso al ensalzamiento identitario de las cadenas como armas propias de Navarre, algo que podemos comprobar en la iglesia de Notre Dame du Bout du Pont en Donibane Garazi-Saint Jean Pied de Port; concretamente en dos escudos existentes en sus vidrieras; uno que representa a Navarre y otro a la propia villa, siendo ambos del siglo XIX. Dicha exaltación, de las cadenas, continuo durante todo el siglo XX.

En el año 1899 se publicó en el Reino de España un trabajo titulado Nobiliario. Armería General de Nabarra; dicha obra fue realizada por el escritor e historiador español Joaquín Argamasilla de la Cerda y Bayona. En ella nos dice lo siguiente sobre el escudo de Nabarra:

“D. Sancho el Fuerte, en memoria de haber decidido la batalla de las Navas de Tolosa, tomando por asalto el campamento del Emir Miramamolín, que estaba defendido por 10.000 berberiscos y numerosas cadenas, adoptó éstas por distintivo de su escudo, con la verde esmeralda del derrotado Mahomed puesta en abismo, sustituyendo así el águila que hasta entonces había usado en su sello real.”

Ya en el siglo XX, concretamente en el año 1905 se publicó el trabajo titulado La heráldica entre los euskaldunes, realizado por el heraldista, abogado y escritor Juan Carlos Guerra Barrena, donde nos dice lo siguiente:

“D. Sancho el Fuerte usó cuatro barras cruzadas y laboreadas de manera que los ocho brazos que formaban las cuatro barras, saliendo de un centro común, parecian otros tantos cetros adornados en sus extremos con flores de lis, El mismo D. Sancho usó también otro escudo con barras lisas y al que hoy se usa, sin otra diferencia que la de los globos, anillos o esferillas que después se añadieron a las barras de trecho en trecho, para incidar en enlace de los eslabones de una cadena. E Rey D. Felipe III de Navarra varió su forma por los años 1333, poniendo en las monedas tres eslabones separados cuya figura es idéntica a la de los dos trozos de cadenas que existen en la Colegiata de Roncesvalles. Quieren así representar mejor el destrozo o rompimiento de las que cercaban la tienda del Miramamolin, y que aparece figurado por un triángulo en el cdntro de los eslabones. Una cruz que se ve sobre la cúspide del pabellón de nota en estas monedas el triunfo de la religión cristiana sobre la media luna. (…)”.

Este heraldista donostiarra, no solo interpreta claramente el carbunclo como las cadenas, sino que lo intenta justificar con el particular diseño de unas monedas.

En la provincia española de Navarra, para ser más exactos el día 22 de enero del año 1910, se hizo por enterada la Diputación Foral de Navarra, de que había notables diferencias en el diseño del escudo de Navarra y por ello estableció su forma definitiva. Tras ello, para subsanar la supuesta inexistencia de una bandera de Navarra, dispuso su elaboración tras consultar a varias personas cualificadas. En concreto hablaron con el escritor, historiador y político Hermilio de Olóriz Azparren, siendo también consultados el abogado y político Arturo Campion Jaimebon, además del historiador y militar Julio Altadill y Torrontera de Sancho San Román. Los tres se basaron en el escudo descrito, supuestamente, por el príncipe de Viana, que fue ratificado dos siglos después por el padre José de Moret Mendi. Este trío de fueristas navarros, desecharon así y de forma intencionada, al carbunclo cerrado y pomelado como armas de Nabarra.

En la denominada como sexta merindad, el sacerdote e historiador Pierre Narbaitz Caillava, realizó la obra Nabarra, ou quand les Basques avaient des rois, publicada el año 1978. En dicho trabajo, como no podía seer de otra manera, también se hizo eco de la batalla de las Navas de Tolosa y del trofeo de las cadenas, diciendo:

“(…) la seule chose qui l’accompagna dans la postérité fut la pure gloire. Et l’introduction, historique ou légendaire, des chaînes de Las Navas dans les armoiries de Nabarra, (…)”.

Por lo dicho, al parecer, durante todo el siglo XX quedaban ratificadas las cadenas como las armas del escudo de Navarra, quizás puesto esto en duda en una transcripción y estudio del Libro de Armería del Reino de Navarra del año 1974, realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués:

“(…) es bien sabido que prevaleció el uso del escudo de guerra blocado, esto es, con carbunclo, que luego se interpretó como ‘cadenas’.”

Y también menciona lo siguiente:

“Armas del inclito rey de Nauarra: De gules, carbunclo cerrado pomelado de oro, una esmeralda verde (en forma de losangre) en abismo. Timbrado de una corona de tres florones.”

Ya en el año 1982, Juan José Martinena Ruiz nos transcribió un escrito añadido con posterioridad al original del año 1572, en su obra también titulada Libro de Armería del Reino de Navarra:

“El rey don Sancho el fuerte, (…) rompió y ganó las cadenas del rey de Marruecos (…) las Navas de Tolosa, (…) todos los reyes de Navarra han llevado y llevan en sus escudos y estandartes y sepulturas por armas las cadenas de oro con una esmeralda en la llabe y medio de las dichas cadenas en campo de gules (...)y está pintado el escudo de las dichas armas con su corona real encima del dicho escudo (…)”.

Tras el periodo de la dictadura franquista en el Estado español, la actual Comunidad Foral de Navarra adoptó, como era de esperar, las cadenas como escudo, como según se recoge en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra del día 10 de agosto del año 1982, donde en su artículo 7.1 lo describe nítidamente de la siguiente manera:

“El escudo de Navarra está formado por cadenas de oro sobre fondo rojo, con una esmeralda en el centro de unión de sus ocho brazos de eslabones y, sobre ellas, la Corona Real, símbolo del Antiguo Reino de Navarra.”

Por ello, podemos afirmar que no hubo debate o discusión que se conozca al respecto en los siglos XVIII, XIX y XX, en donde alguien se posicionara claramente a favor del carbunclo, salvo el traje de macero y la escueta mención realizada por Faustino Menéndez Pidal de Navascués. Pero algo cambió a comienzos del siglo XXI, gracias a la labor de varios autores (escritores, historiadores, heraldistas,...) y por supuesto debido también a diversos factores históricos y político-sociales, ocurridos ya a comienzos del siglo XXI.

https://www.naiz.eus/es/iritzia/articulos/carbunclo-versus-cadenas-v


NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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