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2009/06/11

Bizardunak, folk musikaz Nafarroa suspertzeko prest


A. Bilbao
Bizardunak, folk musikaz Nafarroa suspertzeko prest
Gara

Bederatzi nafar bizardunek osatzen dute Bizardunak taldea. «Euskal folk radikala» omen dena lantzen dute eta Dubliners zein The Pogues irlandarren doinuak ardatz hartuta, izen bereko lehen lana plazaratu berri dute, sortu berri den Brian´s Records zigilu bizkaitarrean.

BILBO
Gitarra eta soinua lagun, «Gu garena gara gure Nafarroan, berpiztuko da arima Euskal Herri osoan!» zuzenean kantatuta egin zuten atzo bost bizardunek «Bizardunak» estreinako lanaren aurkezpena. Nafarrak dira, eta guztira bederatzi musikari parrandazalek osatzen dute «Rebel Folk» deiturikoa ardatz hartuta «folk radical vasco» lantzen omen duen taldea: ««Folka» irlandar musika maite dugulako eta «euskal radikala», musika ez baina 80ko hamarkadako euskal taldeen hitz zuzen eta politizatuak gustuko ditugulako, orain bueltatu direnenak ez ezik».

Euskal Herrian egin izan den folka urruti du taldeak, hala ere, eta Irlandara begira bizi da. Horregatik, kanta guztiek euskaraz eta nafar harrotasuna berreskuratzeaz eta festaz hitz egiten badute ere, The Pogues edo Dublinersenak dira diskoan aurkitzen ditugunak -bederatzitik bost irlandar kantu herrikoiak dira-. Eta izenak izana eman dienez, bizarra egin gabe ageri dute, lehen aipatu eta miresten dituzten Dubliners taldeko kide, Kuban Sierra Maestrako «barbudos» edo Karlistadetako Santakruz apaiza eta Zumalakarregiren gisara.

Lagun arteko taldea dugu Bizardunak, zuzeneko bakoitza ospakizun bihurtzen duten festazale amorratuz eta aurretik rock gogorra landu eta Mermaid, Black Lagun, Basque Country Faraons eta beste talde askotan rock gogorra jorratutako musikariak biltzen dituena: «Nire neskak esan zidan bera edo parranda aukeratzeko... AGUR! Nahiago dut FIESTA!».

Taldea hasia da zuzeneko festak egiten -iragan asteburuan Mekoletan izan ziren-, eta aurki Arrasaten (ekainak 27) eta Sopelan (ekainak 28) ere izango dira.

Bizardunak taldearen lan homonimoa Serrano Ekoiztetxeak plazaratu du, horretarako diskoetxe berria sortuta.

Brian´s Records

Jose Angel Serranok agertu zuenez, «iraganean ere, 80ko hamarkadan, plazaratu genituen disko batzuk», eta orain, diskoetxeentzat garai ezegonkorrak diren arren, «musikari dagokionez, oso garai aberatsa bizi dugulakoan gaude, eta inorekin lehiatzeko gogorik gabe, interesgarriak iruditzen zaizkigun lanak plazaratzeko asmoa dugu, estilo batean zein bestean».

Diskoetxe berriak Brian´s Records du izena eta Bizardunak taldeak estreinatu du. Eta «pozik gaude nafar hauek gure filosofiarekin bat egiten dutelako, musika askea landuz, inolako lotura edo mugarik gabe». Laburtuz, «Bizardunak ezohikoak dira, dibertigarri eta alaiak, justu krisi garaian behar genuena».

D. Pedro de Navarra


Maialen Matxain e Iñigo Saldise
Espíritu libertario
Soberanía de Navarra

Familia de Marischales, noble y buen patriota
tiempos difíciles D. Pedro vivió
su amigo Juan de Jaso a Castilla asistió
mensajero navarro de la paz.

A su llegada el Falsario Fernando le esperaba
al que el amoral Juan Grippon llamaban
en la correspondencia diplomática de la época
según cuenta la historia y la anécdota.

El Católico sus afiladas garras mostró
con malas nuevas, Juan a Navarra regresó
seguido de muchas tropas españolas
que quisieron poseer las tierras vasconas

Junto a su rey el Albret, en Biarno se cobijaron
y en otoño D. Pedro regresa a Iruña
con las tropas navarras de liberación
surcando campos de camuña.

Volviese al Biarno sin éxito deseado, esperando otra ocasión
que reza la historia en 1516 se dio.
Frente a las costas de Gipuzkoa, con vehemente tensión
junto a 2000 hombres D. Pedro, la orden aguardó.

En Semana Santa de Iparralde por el Roncal volvió
los Olloki, los Jaso de Xabier y 1200 hombres acompañaban
a los que en el leal valle 200 más se sumaban
cuando el siniestro coronel Villalba una emboscada tendió.

En Isaba prisionero de españoles cayó
y en Atienza encarcelado resultó
cuando trasladado por Lizarra pasó
su popularidad a fin se vio.

En una más rigurosa prisión acabó,
en las mazmorras de Simancas donde murió
por ser fiel a Navarra un carcelero con su vida terminó
desangrado por el vil metal su espíritu voló.

Para infundir valor
a los patriotas navarros de hoy
la vida del Mariscal D. Pedro de Navarra
en estos versos se narra.

2009/06/10

ASKATASUNA

Iruinea, junio 2009

Iñigo Saldise Alda
Engullidos por la cotidianeidad
Soberanía de Navarra

En la madrugada del 20 de noviembre del año 1975, el general Franco moría en la cama. Juan Carlos de Borbón es su sucesor, como el mismo Franco había decidido el 22 de julio del año 1969, respaldado en la ley de sucesión del año 1947, en la que se decía lo siguiente:

"la jefatura del Estado corresponde al Caudillo de España y de la Cruzada, Generalísimo de los Ejércitos, don Francisco Franco Bahamonde" (art. 2)

Siendo solo Franco la persona con el poder y el derecho de designar a su sucesor, así dos días después de la muerte del caudillo español, en las cortes españolas, con asistencia de varios jefes de estado y de gobierno, que se negaron a asistir al entierro del dictador, Juan Carlos de Borbón era coronado rey de España.

El 15 de junio del año 1977 y con permiso del jefe del estado, Juan Carlos I de España, tienen lugar las primeras elecciones en el estado español después de 41 años. Los militares españoles se habían alzado contra la II república de España, la noche del 17 de julio del año 1936, al no aceptar la derecha española la victoria del frente popular del 16 de febrero del mismo año. La guerra civil española concluye el 1 de abril del año 1939 con la victoria de los que se habían alzado contra la II república española, comenzando un largo periodo de dictadura militar en el estado español.

Por ello, para los españoles, el mero acto de votar significa la llegada de la democracia, teniendo la posibilidad entonces, de elegir a su gobierno. La censura se cree desaparecida y muchas reivindicaciones salen a la calle, entre ellas la del pueblo vasco, el cual había sufrido como ninguno, la violencia fascista del régimen franquista.

El pueblo vasco del sur del Pirineo, recibió con alegría la muerte del dictador español y creyeron en su mayoría, en la posibilidad de alcanzar la independencia y con ello la libertad, algo que nunca ha dejado de buscar este pueblo, tras la invasión y ocupación de su Estado, Navarra. Eso sí, dentro de un marco legal constitucional español, del invasor, que impone bajo la amenaza latente de la intervención del ejército español, la unidad forzada de las tierras vascas surpirenaicas, que conformaron libres, el único Estado soberano vasco, Navarra, durante muchos siglos.

Hoy, en junio del año 2009, muchas esperanzas de nuestros padres y abuelos, se han quedado en el camino. La maquinaria española no ha dejado nunca de ser imperialista, con mente colonialista, buscando la destrucción total de la lingua navarrorum, el desvanecimiento de la cultura vasca, la eliminación absoluta de nuestra historia, la suplantación de nuestras tradiciones por las suyas y la supresión de nuestros derechos mediante sus imposiciones políticas, jurídicas, culturales, históricas, religiosas y militares, que las esconden bajo su estado de derecho.

El estado de España, cada poco tiempo, monta elecciones. Bien por Europa, bien por su reino, bien por sus comunidades autónomas y forales o bien por sus municipios. Con todas ellas, lo único que buscan o pretenden legitimar de manera continuada, es la invasión y ocupación de nuestro Estado, Navarra, mediante la imposición de sus leyes, extranjeras y extrañas para el pueblo vasco.

Encubiertas detrás de la palabra democracia, están sus incesantes ilegalizaciones, sus eternos apaños, sus trampas electorales al cambiar el destinatario del voto,… continuando así, con la pertinaz y agresiva colonización de los vascos, a los cuales pretenden engullir, sin miramientos, por el bien su imperio.

2009/06/09

Baskoinak

Iruinea, junio 2009



Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Segunda parte
Navarra y los Capetos; el Estado vasco(n) en manos francesas
Soberanía de Navarra

“No odies a tu enemigo, no te permite juzgarlo bien” Robert De Niro

Tras el fracaso de la reunión de Baiona en el año 1280, entre los reinos de Francia y de Castilla-León, Felipe III de Francia, regente de Navarra, tiene que seguir manteniendo la guardia alta contra una nueva amenaza por parte del imperio castellano El rey de Francia, Felipe III, muere en el año 1284. Antes de morir el monarca francés, Juana de Navarra es casada con el heredero al trono franco, otro Felipe, conocido como el Hermoso. La reina de Navarra se convertía en reina de Francia, pero con ello, comienza el reinado de la dinastía francesa Capeta en el Estado vasco(n).

Alfonso X de Castilla y León, se reúne con el rey de Aragón, Pedro III entre las localidades de Agreda y de Tarazona, en el término conocido como el Campillo, con un plan de día claro y habitual para ambos reinos, el reparto del Reino de Navarra, llegando rápidamente aun completo acuerdo. El señor de Bizkaia, está dispuesto a todo tipo de compromisos y realiza un extraño movimiento y se compromete a servir primero al rey de Francia en la Gascuña, y al de Aragón de manera particular en el Reino de Navarra.

El nuevo gobernador de Navarra, Guerin de Amplepuis, aprovecha la minoría de edad del nuevo monarca castellano, Fernando IV, para reclamar a la madre de este, los terrenos navarros ocupados por los castellanos, que se extendían hasta Atapuerca. El infanzón navarro, Juan Alfonso de Haro, pasa a los hechos y se apodera de la judería de Nájera por la fuerza, pero es en vano, ya que la enérgica regente castellana se niega a esta operación y acaba por doblegar al infanzón navarro.

Juan Núñez de Lara III, rebelde de Castilla, busca el retorno de la Rioja al Reino de Navarra, pero es capturado por tropas castellanas cerca de Alfaro. El rey de Francia, Felipe IV el Hermoso, tiene otras preocupaciones en Flandes, así que prefiere negociar con los castellanos. Así el gobernador Alfonso de Robray firma el acuerdo o más bien capitulación de Vitoria del año 1301.

Las quejas de la Nabarreria continuaban abiertas, siendo las indemnizaciones las reclamaciones más importantes de los Burgos de Iruñea. Estas son atendidas, incluidas la de los judíos de la ciudad, rebautizándose la judería, pero con una mezcla de estos con la población de la ciudad, lo que propicia nuevos incidentes provocados por las autoridades eclesiásticas cristianas de la ciudad.

Las únicas reclamaciones que no son atendidas son las del cabildo y la población de la Nabarreria. Tras la muerte del obispo Armengol, uno de los hostigadores de la guerra, su sucesor Miguel Sánchez de Uncastillo viaja a Paris, demandando justicia para los inocentes y clemencia para los exilados. Creo conseguirlo, pero comprobando que no fue así, tras su regreso a Iruñea, ya que el gobernador no efectúa ninguna reparación a favor de los habitantes de la Nabarreria. El obispo de Iruñea vuelve a marchar a Paris, sin conseguir nada nuevo.

El Cabildo cede la mitad de los Burgos al Reino, algo que no es aceptado por Roma hasta 10 años después, pero el obispado conserva las importantes fortalezas de Oro y Monjardín, disputadas desde la antigüedad por el titular del Reino de Navarra y el obispado pamplonés. El rey se reserva el derecho de acuñar moneda, justicia sobre los infanzones, jurisdicción penal y los derechos sobre las casas de los cuatro Burgos o villas de Iruñea.

El acuerdo es suscrito por el obispo Miguel Pérez de Legariz y los reyes Juana I y Felipe en el año 1291 y es confirmado por el emperador de Roma, Bonifacio VIII, cinco años más tarde. Esto supone un yugo más fuerte, aun si cabe, para los Burgos. Un yugo proveniente del rey Felipe IV de Francia y no de su esposa la reina de Navarra y Francia, palatina de Champaña y Brie, Juana.

La reina Juana I de Navarra es para los navarros un símbolo de legitimidad y la cuidan como la niña de sus ojos. La reina muere en la plena flor de la vida, un 6 de junio de 1305, a la edad de treinta y cuatro años, ocasionando un terrible pesar para los navarros.

Los navarros eligen un nuevo rey, el hijo de Juana, Luís el Obstinado, el Testarudo o Pendenciero. Luís se casa en primeras nupcias con Margarita de Borgoña, a la que acusa de adulterio y manda asesinarla por asfixia. Los representantes de las buenas villas del Reino de Navarra, se reúnen con él en Paris en el año 1305, para invitarle al Reino de Navarra, donde debe jurar los Fueros para poder ser el rey de Navarra.

Las peticiones realizas por las diferentes instituciones navarras, reclamando su presencia en el Reino, no son atendidas. Los navarros irritados se niegan a dar fidelidad a Luís, hasta que este jure los Fueros navarros. Roma se ve obligada a intervenir para exigir paciencia. En la Corte de Erriberri la tormenta estalla de nuevo, siendo esta vez el vicario general, quien vuelva a pedir paciencia a los navarros.

Esto obliga, en cierta media, la aparición de Luís en el Reino de Navarra, cuando ya transcurría el año 1307. La jura de los Fueros fue sin fausto, ni entusiasmo, recorriendo las diferentes ciudades navarras durante un mes, para ponerse tras ello, rumbo a Paris. Algunos caballeros navarros fueron apresados y conducidos a la prisión de Toulouse, como Fortín Almoravid y Martín Ximénez de Aibar, ocupando sus puestos clérigos y funcionarios franceses.

Mientras los navarros aceptan al señor de Xiberoa, Oger de Mauleón, en el puesto de alférez del Reino de Navarra, los gobernadores, inquisidores y encargados franceses de reprimir a la junta de infanzones de Navarra, que se habían convertido en la expresión de opinión, de la totalidad del pueblo navarro, son mal vistos. La presencia francesa en cargos importantes del Estado vasco(n), conllevaba una situación humillante para los navarros, a la par de peligrosa.

Esto es aprovechado por el reino de Aragón, que invade el Estado navarro por Zangoza. La reacción heroica de la población al realizar una contra ofensiva, obliga a las tropas aragonesas a levantar el sitio de Pitilla, siendo los aragoneses derrotados las orillas del río en San Adrián, arrebatándoles los navarros un estandarte, cuyas barras figuran desde entonces en el escudo de la ciudad de Zangoza.

Se funda la ciudad fortificada de Etxarri-Aranaz en la Burunda, para prestar refugio a los habitantes del valle en caso de ataques de malhechores castellanos. Al norte del Reino de Navarra, concretamente en Labastida-Clairence se realiza la misma operación, ante la frontera inglesa de la Gascuña. Luís I de Navarra, otorga los fueros a los habitantes de Rabastens, con ferias los días de San Miguel y San Martín, surgiendo así dentro del Reino de Navarra, un burgo gascón.

El prisionero navarro, Fortún Almoravid, jefe militar de Reino de Navarra, muere en una oscura celda de la cárcel de Toulouse. La intervención de Carlos de Valois, hermano de Luís X de Francia y I de Navarra, permite la liberación de Martín Ximénez de Aibar. Durante el mes de viaje por el Estado de Navarra, Luís el Obstinado, realiza numerosas destituciones, una lluvia de multas exorbitadas, de las cuales no se salvan ni los infanzones, clérigos y agricultores navarros.

La construcción de una fortaleza adosada a la Nabarreria se debe al obstinamiento de este rey, sin duda, más francés que navarro. Tras un breve y violento reinado, el joven gallo galo, muere a la edad de 25 años, sin suscitar lágrima alguna en las gentes del Reino de Navarra.

El hijo del enlace matrimonial entre Luís X de Francia y I de Navarra con la hija del rey de Hungría, Clemecia, y de nombre Juan, nace tras la muerte de su padre, pero apenas vive cinco días. Es reconocido “post mortem” por las Cortes de Erriberri, titulando Juan I de Navarra, el Póstumo.

La ley sádica con la que se prohibía que una mujer ocupe el trono real, es aplicada en Francia por primera vez, pero esto, no es de derecho en el Reino de Navarra, la cual no podía aplicarse directamente en el Reino vasco(n) independiente, por lo que el trono de Navarra corresponde a Juana, hija de Luis I el Obstinado y sobrina de Felipe el Largo.

Los navarros, pese a su reputación de listos, son cogidos desprevenidos. Felipe es nombrado rey de Francia, ante el disgusto del duque Odon de Borgoña, partidario de la niña Juana. El Rey de Francia maniobra con habilidad, casándose con la hija del duque, lo que provocó que fuera considerado rey de Navarra automáticamente. Esto suponía una violación del Derecho de Navarra, pero nadie en dicho Reino dijo ni Pamplona.

Juana era una niña de apenas seis años, lo cual no le impedía ser nombrada reina de Navarra, según las leyes ancestrales navarras. En cambio los navarros no protestan y aceptan a Felipe V Francia y conde de Poitiers, como II de Navarra.

Felipe II nunca se presenta en el Reino de Navarra, contentándose con enviar gobernadores, de carácter reformador, pero que son poco apreciados por la sociedad navarra. Solo se digna A convocar en Paris, a una delegación navarra, encargada de recibir su juramento de fidelidad, siendo aceptada por las Cortes navarras el 11 de junio de 1319. La delegación que se acerca hasta Paris, esta encabezada por el obispo de Iruñea, Arnaldo de Barbazán.

Es este obispo, quien convence al cabildo para poner fin a la guerra entre la iglesia y la Corona de Navarra. Se presenta ante el rey en Francia, junto al prior García de Egües y rápidamente logra un acuerdo. La jurisdicción de ciertos barrios de Iruñea, pasaban al Reino, junto a los castillos de Monjardín y Oro, así como los pueblos vecinos, a cambio de una renta de 500 libras tornesas y el compromiso del rey de reprobar la Nabarrería y el burgo de San Miguel. El rey muere en Longchamp, siendo aún joven y sin la conclusión definitiva del acuerdo.

Los navarros, pese a contar con su soberana legítima, la hija Felipe el Obstinado, reciben de nuevo una mala noticia, Carlos el Calvo, hermano de Felipe V de Francia y II de Navarra, va a ser su rey.

Carlos IV de Francia y I de Navarra, realiza una gran aportación para la estabilidad del Reino vasco(n), consiguiendo alcanzar la paz en el interior de sus fronteras, gracias a la reconstrucción total de la Nabarreria y la concesión del Fuero de Jaca para sus habitantes.

Los navarros se niegan a presentarse ante Carlos el Calvo, en Toulouse, donde habían sido invitados por el gobernador Alfonso de Roubray, ante la negativa del monarca a pisar suelo navarro.

En el año 1328 los navarros rechazan las pretensiones francesas tras la muerte de Carlos I de Navarra, impugnando la candidatura de Felipe de Valois al trono navarro, basándose en una ley sálica que no tenía nada que ver con la del Reino de Navarra.

Sin peder un instante, el 13 de marzo se celebra una gran asamblea en Gares. A ella no asisten ningún eclesiástico, un hecho a reseñar. La asamblea estaba formada por ocho ricos-hombres y cuarenta y tres caballeros, más los infanzones de Miluce, Iratxe, Ribera y Obanos. Pronto se suman cuarenta y cuatro villas o valles, entre ellos el de Baigorri, representado por su Vizconde.

Destituyen al gobernador Pedro Raimundo de Rabastens, el cual busca refugio en el castillo de Tutera. En su lugar se nombran dos regentes, el alférez Juan Corbaran de Lehet, Juan Martínez de Medrano, ambos navarros. También se edita una proclama exigiendo al futuro rey un juramento conforme al Fuero, usos y costumbres del Reino de Navarra. Los presentes, a su vez, prometen defender conjuntamente el Reino ante cualquier agresión, con ayudas mutuas en caso de necesidad, demostrando que el idealismo y el realismo, iban unidos y encaminados a defender la independencia del Estado de Navarra.

El 16 de abril, las buenas villas realizan una declaración separada. En ella se comprometen en hacer todo lo que está a su alcance, para defender el Reino de Navarra. Cuatro meses después, en Erriberri tiene lugar una nueva reunión de las buenas villas, para reafirmar lo escrito con anterioridad.

Las noticias provenientes del reino de Francia, no son muy halagüeñas, por lo que los dos regentes, reúnen a las verdaderas Cortes. Así pues, el 1 de mayo en Iruñea en la pradera de los dominicos, se celebra la reunión al aire libre por la gran cantidad de Diputados asistentes. En ella, de forma unánime se proclama a Juana, hija de Luís el Obstinado, la cual ya estaba casada con el conde de Evreux, legítima heredera al trono navarro. Esta mujer de 23 años, era la niña de 4 años durante la destrucción de la Nabarreria.

Juana de Angulema y Mortain, junto a Felipe de Evreux, son descendientes de San Luís IX de Francia, por vías paralelas. Una delegación navarra, formada por un franciscano, Pedro de Atarrabia y un dominico, Otxoa de Salinas, en un 4 de mayo se pone en camino para informar a los dos jóvenes monarcas. En sentido contrario se encaminaba una delegación francesa, para hacer valer sus pretensiones, algo que en Navarra ya no se quería a ningún precio.

El alférez de Navarra da orden de cerrarles el paso en Donibane Garazi, pero uno de ellos se escabulle y se presenta en Orreaga. Los regentes improvisan una nueva asamblea el 12 de mayo en Iruñea, consintiendo ese mismo día, una reunión en la Colegiata de Roncesvalles con sire Ferri de Picquigny y Juan de Marigny, obispo de Beauvais. En esta reunión se acepta sacar de la fortaleza de Tutera, al antiguo gobernador.

Esto fue lo único que consiguen los franceses, teniendo que regresar con las manos vacías a su país, pues Navarra prefería al rey consorte Felipe de Evreux, en contraposición de Felipe de Valois, al estar casado con la legítima heredera, la reina Juana II de Navarra.

De grado o por la fuerza, pronto se llega a un acuerdo entre los dos Felipe. Un acuerdo por el cual, el rey de Francia recibe los condados de Champaña y Brie, en compensación de los ducados de Angulema, Mortain y Longuelle que pasaban a vincularse al título del rey de Navarra. Todo parecía ir bien, ya incluso el emperador de Roma, Juan XXII, satisfecho, felicita a los nuevos reyes de Navarra.

Bueno, no todo iba tan bien. A pesar de romper con la subordinación francesa, los nuevos reyes eran totalmente franceses, cuyos métodos de gobierno no pueden resentirse de ello. Así pues, los navarros lo empiezan a advertir el día 20 de julio, con la llegada de tres franceses como lugartenientes en Navarra. Estos franceses son: Enrique señor de Sully, Felipe de Melun, archidiácono de Reims y Aimar señor de Archiac. El señor de Sully presenta cartas credenciales a los regentes, el día 30 de noviembre en Orreaga.

Tras una reunión de las Cortes en Larrasoaña. el día 27 de febrero de 1329, los regentes se niegan a entregar sus poderes a los señores de Sully y de Archiac. Los nuevos monarcas son nombrados soberanos de Navarra, tras la jura de los Fueros navarros. Dicha ceremonia se desarrolló el 5 de marzo de 1329, bajo la presidencia de Arnaldo de Barbazán. Fueron alzados tres veces del pavés, al grito de Real, Real, Real.

Días más tarde, los nuevos reyes reciben el vasallaje de Ultrapuertos, a través del vizconde de Baigorri, del vizconde de Tartas por el país de Mixe y el de Ostabarret y del señor de Agramont junto a sus dos castillos.

Felipe III de Evreux, es un hombre prudente, magnánimo y generoso, lo que le otorga el sobrenombre de buen conde, por parte de las gentes de Evreux y de Noble, por parte de los navarros. Realiza el Amejoramiento del Fuero General y el concurso de una comisión legislativa para esa finalidad.

Las innovaciones realizadas fueron recomendadas por las buenas villas y el nuevo texto es aprobado por las Cortes de 10 de septiembre de 1330, en el palacio episcopal de Iruñea. Pero debido a la cultura de los monarcas, afrancesada, estos parten al condado de Evreux, confiando el gobierno a su representante Enrique de Sully, desempeñando estas funciones hasta el año 1335.

Pese a todo, los reyes de Navarra no desatienden el Reino y nombran unos reformadores para vigilar la conducta de los funcionares. Lo que lleva a cierto Juan de Paris, tesorero del Reino, a prisión, por acuñar moneda falsa. Es sustituido por el celebre reformador Guillermo de Soterel. Tras manifestarse la inocencia del tal Juan, este es restituido en sus funciones.

Al comienzo del reinado de Juana II y Felipe III, se desatan graves y sangrientos incidentes con los judíos del Reino. Esta matanza de judíos desentonaba en territorio navarro, el cual era tradicionalmente hospitalario con los hijos de Israel

Es un religioso, fray Ollogoyen, quien más atiza este incendio interno. Las llamas de la ira se dieron con gran crudeza en Lizarra, Funes y San Adrian. En Iruñea y Tutera, las llamas fueron apagadas rápidamente, para el bien de todos. Los reyes tomaron cartas en el asunto y se sanciona con duras multas a Lizarra, Falces, Andosilla y Biana, siendo reconstruidas todas las sinagogas.

Poco a poco las cosas fueron calmándose, para satisfacción de reyes y gobernantes. También el pueblo navarro agradece la vuelta a su modo de vida liberal y razonable, con las creencias ajenas. Mientras esto ocurre dentro del Reino vasco(n), las relaciones exteriores son inteligentes y relativamente pacíficas, evitando las reivindicaciones navarras y manteniendo buenas relaciones con Aragón, y algo peor con Castilla-León.

La reina Juana y su esposo Felipe, preparan en el año 1331 el matrimonio de su hija mayor, de nombre Juana, con el príncipe Pedro de Aragón. Este pacto matrimonial es llevado a cargo de Enrique de Sully, por parte navarra y del Arzobispo de Zaragoza por parte aragonesa. En el año 1333 todo esta preparado para el enlace, cuando la princesa Juana, se escapa a la abadía de Longchamp, donde ingresa como religiosa.

De todas maneras, el pacto matrimonial se llevó a cabo, al comprometer a otra princesa navarra, María, con Pedro IV de Aragón, en el año 1338. Ese mismo año Alfonso XI de Castilla y León, sitia el castillo de Tudejen y el Monasterio de Fitero. Rápidamente los navarros y su aliado Gastón de Bearne, acampan cerca de Biana, antes de atacar Logroño. La intervención del arzobispo de Reims, Juan de Viena, que se encontraba en peregrinación a Compostela, junto a la del mismísimo papa Benito XII, hace que callen las armas. Aunque hasta el año 1373, el Reino de Navarra no consigue recuperar Fitero.

Al norte, en la Baja Navarra, también hay enfrentamientos, provocados por las disputas del rey de Francia y del rey de Inglaterra. A su vez, se recrudecen los conflictos entre navarros y castellanos junto a la frontera de la tierra de Gipuzkoa. Estos sucesos son atizados desde la corte de Castilla y León, al igual que alimenta el conflicto en Oñaz y Ganboa, estos últimos partidarios de esas tierras vasc(on)as al Estado de Navarra.

Los enfrentamientos fronterizos se saldan con la ocupación castellana del castillo navarro de Ausa. La perdida de este enclave estratégico, origina que a su último tenente navarro, el guardián Pedro Ladrón de Gebara, le fueran confiscados sus bienes por el gobernador de Navarra.

Felipe de Evreux, que no residió mucho en Navarra, vuelve, sin embargo, a pasar por ella, para ir a participar en la conquista de Algeciras. Esta será la última participación navarra, en una cruzada. El rey de Castilla y León, tras la victoria del Salado en el año 1340, acepta la colaboración de príncipes no españoles o extranjeros. El ejército navarro esta encabezado por el mismísimo rey Felipe III de Evreux, por Gastón de Bearne y por Roger de Castelbon.

La expedición navarra, cuenta con innumerables recurso de dinero, provisiones y caballos, provenientes en su mayoría de la Merindad de Lizarra. Cruzando Sevilla y Jerez, la expedición navarra llega a Algeciras, donde el rey castellano-leonés, Alfonso XI los recibe con honores. Una vez allí, el rey de Navarra participa en una emboscada junto a 100 caballeros y 300 infantes navarros, para luego caer enfermo y fallecer en Jerez, el 26 de septiembre del año 1343. Su cuerpo es trasladado a Iruñea, siendo inhumado en la Catedral el 29 de octubre.

Mientras la reina de Navarra, Juana II seguía residiendo en Francia. Continúa el gobierno del Reino de Navarra, a través de sus gobernadores, Guillermo de Brie y Juan de Conflans. Estos logran poner fin al conflicto entre la Corona y la iglesia y persiguen la corrupción en la administración navarra. Santiago Liceras, administrador del Reino, es encerrado y más tarde condenado y arrastrado por las calles de Iruñea, con la lengua arrancada, para finalmente colgarlo en un árbol en el prado de Barañain.

La reina Juana II, consigue del rey de Castilla y León, Alfonso XI, la pacificación de las gentes de Alfaro, que no se sabe por qué, tenían la costumbre de hostigar a los navarros de Corella. La reina de Navarra se muestra feliz ante el enlace matrimonial de su hija Inés, con Gastón Febo, conde Foix y Vizconde de Bearne.

Juana II de Navarra muere poco después, el 6 de octubre de 1349 y es enterrada junto a su padre, Luís el Obstinado.



BIBLIOGRAFÍA

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2009/06/06

Iruinea, junio 2009


Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Primera parte
Navarra y los condes de Champaña; fronteras, Fuero, cruzadas y poder
Soberanía de Navarra

“Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”. Benjamín Disraeli

Teobaldo I el Trovador, hijo del conde Champaña y sobrino de Sancho VII el Fuerte, estaba acostumbrado al contacto inmediato con el pueblo, pero teniendo aún así, un poder muy autoritario. Desde el reinado se su tío Sancho VII, la relación entre Champaña y Navarra, era conocida, pero en el Reino de Navarra había un bando que se oponía al nuevo monarca, y que eran partidarios del monarca aragonés, Jaime I.

El 5 de Mayo de 1234, el joven monarca, con arrebatos de júbilo, juraba los Fueros de Navarra en la Catedral de Santa Mª la Real de Iruñea, siendo el rey ungido durante la ceremonia por primera vez en la historia del Estado vasco(n). Jaime I de Aragón se apresura a ocupar las fortalezas otorgadas a Sancho VII dos años antes, a modo de represalia al no ser elegido monarca de los navarros. Teobaldo I acude al papa, el cual ordena al obispo de Calahorra y a los abades de la Oliva y Veruela, que busquen la paz, sellada ésta, el 13 de octubre del mismo año.

El 31 de Octubre el rey navarro, se reúne con el rey castellano Fernando III en Logroño y rápidamente llegan a un acuerdo. Concertande la boda de la hija de Teobaldo, Blanca, con el joven príncipe castellano, Alfonso,. La dote de Banca consistía en diez castillos, siendo los más significativos los de Tutera, Valtierra, Lizarra y Marañon. Pese a todo, estos estarían regentados por vasallos del rey navarro. A la vez la tierra de Gipuzkoa volvía a Navarra. El monarca navarro intenta también la devolución de Araba, pero el castellano se niega, dando a cambio 2.000 maravedíes anuales de reta, sobre Logroño y Calahorra.

Pero el proyecto de matrimonio no se materializa. Mientras en el interior del Reino de Navarra, la junta infanzones creada por Sancho VII el Fuerte, se muestra descontenta con el nuevo monarca, lo que propicia numerables enfrentamientos con las tropas del rey de Navarra, debido al apresuramiento de Teobaldo I, a propósito del derecho o Fuero navarro, recibiendo el de Champaña, la acusación de atentar contra las costumbres propias del país de los vasco(ne)s.

El rey reconoce su ignorancia sobre las costumbres navarras y constituye una comisión de recopilación del Fuero, compuesta por ricohombres, caballeros o infanzones, militares y religiosos, junto al obispo de Iruñea. Así nace la primera redacción de los Fueros navarros, que sirve para apaciguar, durante algún tiempo, el conflicto interno. Teobaldo I se enfrenta a continuación con el obispo Pedro Ximénez de Gozalaz, por el poder de este en Iruñea y principalmente por la fortaleza de San Esteban de Monjardín, en poder del cabildo.

El obispo de Iruñea excomulga al rey de Navarra, inhabilitando así el Reino y enfurruñado se refugia en Navardum, enclave aragonés que dependía de la diócesis pamplonesa. La reconciliación llega dos años después, cuando Teobaldo I, acepta con humildad una peregrinación a Roma, donde obtiene una bula papal que levanta la prohibición y renueva unos privilegios que databan de 3 años atrás.

Raimundo Guillermo de Zuberoa, presta vasallaje al rey navarro, el cual consiste en defender Navarra, sin atacar a Inglaterra. Un año después en Mereton, Francia, el rey de Inglaterra Enrique III firma un tratado con Teobaldo I de Navarra. En él, Teobaldo promete no invadir la Vasconia norpirenaica o Gasuña, mientras que el inglés promete respetar las posesiones del monarca navarro, en toda la Galia. Sin embargo, los caballeros Pedro Arnaldo de Sault, el de Domezain y el señor de Garro, entregan sus castillos y tierras a Navarra, mostrando vasallaje por ello al monarca navarro. La enemistad con Inglaterra se vuelve a acentuar.

El Papa Gregorio IX coloca al mando de una Cruzada a Tierra Santa, al rey de Navarra. Teobaldo I, antes de partir a Jerusalén, regresa al condado normando de Champaña, vía Baiona, en busca de caballeros. Llega a Acre el 1 de Septiembre de 1238, al mando de 1.500 hombres, de los cuales, solo unos cientos eran navarros. Los cruzados cristianos sufren una estrepitosa derrota en Gaza el 13 se Septiembre, por culpa de los condes de Bar y Borgoña, que no escuchan los consejos del rey de Navarra y conde de Champaña.

Las tropas cruzadas en cambio, logran la recuperación para la cristiandad de las fortalezas de Beaufort y Sabed, y realizan la reconstrucción de la muralla de Escalón. Teobaldo I, junto a los navarros, visitan los Santos Lugares, gracias a la autorización del Sultán de Damasco. El comandante en jefe cristiano, el rey de Navarra, consigue gracias a su diplomacia, la liberación de numerosos prisiones cristianos.

Mientras el reino de Navarra era confiado a un senescal, primero de Champaña y después de Navarra, siendo este último Sancho Fernández de Monteagudo. Durante la cruzada el propio emperador de Roma, se pone como protector de las fronteras navarras, dándose por enterados castellanos y aragoneses, los cuales no realizan ningún movimiento militar contra el reino de Navarra, por el momento.

En el año 1243, tropas navarras inician una guerra contra Inglaterra, buscando recuperar la tierra de Lapurdi. Tras recuperar los navarros Itxassou, Donibane Lohitzun y Urruña, el monarca inglés se alarma y concede poderes especiales al senescal Simón de Montfort y conde de Leincester, el cual consigue detener a los navarros, propiciando una nueva tregua. Esta se salda con una vuelta a la normalidad en el comercio y el mantenimiento de las fronteras anterior al ataque navarro. Una relativa calma vuelve a la frontera anglo-navarra.

Teobaldo I muere el 8 de Julio de 1253, en el palacio de su principal enemigo dentro del Reino, el obispo Pedro de Gazolaz, accediendo al trono navarro el hijo de su tercer matrimonio, el cual tenía 13 años de edad, gracias a la labor de su madre, Margarita de Borbón, la cual contaba con el apoyo del rey de Aragón, Jaime I.

Teobaldo II el Joven, entro en Tutera el 1 de Agosto de 1253, junto al rey de Aragón, en presencia de 10 ricohombres y de Lope Arceiz, decano de Tutera. Ese mismo día se firma un pacto entre Aragón y Navarra, en el cual los monarcas se dijeron lo siguiente:

“De aquí en adelante seremos amigos de vos y de todos tus amigos y enemigos de todos vuestros enemigos”

Dicho tratado es renovado en abril de 1254 en Monteagudo. Tras ello las adhesiones al nuevo monarca se fueron sumando. La alianza con Aragón era extremadamente positiva, ya que el rey de Castilla, Alfonso X, comenzaba a mostrar su agresividad contra los navarros. Tras jurar los Fueros ante clérigos, ricohombres e infanzones de toda Navarra, queda claro que no se tomará ninguna decisión jurídica en todo lo referente al Fuero navarro, sin contar con los doce hombres del consejo y con la del amo o tutor del joven monarca, hasta que este cumpla los 21 años.

La guerra provocada por Castilla contra Inglaterra, por la Gasuña, trae consecuencias inmediatas en el comercio marítimo para el Estado de Navarra, el cual había renovado el tratado con los ingleses, por la utilización del puerto de Baiona. Debido a la mala política de Alfonso X de Castilla-León, con el alférez real de Castilla, Diego López de Haro III, provoca la defección del señor de Bizkaia, quien mantiene una reunión con el rey de Navarra. El señor de Bizkaia le asegura todo lo necesario, en tierra y dinero, para formar un ejército de 500 hombres, sin que esto signifique una vuelta de la tierra de Bizkaia al Estado de Navarra, aunque sí, un apoyo significativo a la par de positivo para el Reino vasco(n).

El rey San Luís IX de Francia entra en acción, otorgado la mano de su hija Isabel, al monarca navarro. El rey castellano se torna prudente en sus pretensiones sobre el Reino de Navarra, debido a esta nueva alianza de para el Estado de los navarros. El matrimonio tiene lugar en Melun en el año 1255. La princesa francesa solo tiene trece años, mientras que el rey de Navarra y conde de Champaña, quince. Tras el enlace matrimonial, la jovencísima pareja retorna al Estado de Navarra en el año 1256, trayendo consigo el apoyo del rey más poderoso de la cristiandad.

Pero el rey apenas paso dos años y medio en el Estado de Navarra y toma de nuevo la autoridad del Reino la figura del senescal. Primero Godofredo de Boulemont y después Clemente de Launnay, siguiéndoles después el navarro Sancho Fernández de Monteagudo.

El rey de Castilla y León, Alfonso X, entrega las ciudades de Donostia y Hondarribia, junto a sus tierras, al Reino de Navarra en el año 1256. Las relaciones internaciones comienzan a estar bastante distendidas y favorables para el Estado de Navarra, mientras en el interior del Reino, la calma y la distensión no son tan grandes. Los infanzones navarros siguen sensibles a las libertades de los navarros.

Teobaldo II recibe nuevos vasallajes por parte de caballeros de Gascuña e incluso de Aquitania, destacando entre ellos el del conde de Courserans en el año 1265. Arnaldo Guillermo de Agramont, confirma el vasallaje realizado a Navarra, por su casa en el año siguiente.

Las juntas de los infanzones navarros se desarrollan en diferentes sitios con bastante asiduidad, siendo Obanos el punto más céntrico para realizar las juntas, y por lo tanto el más utilizado. El rey era más amigo de los eclesiásticos que de los nobles navarros, lo que incluso le permite obtener una bula del emperador de Roma, Urbano IV, contra estas juntas o asambleas.

El rey Teobaldo II, a través de los senescales, Godofredo de Boulemont y después Clemente de Launnay, emplea la fuerza contra los infanzones, buscando su sometimiento, ya que el Joven se encuentra primero en Champaña y después en Túnez, pese a otorgar fianzas a sus buena ciudades, Iruñea, Zangotza, Erriberri, Tutera,... Dispensando nuevos Fueros y confirmando otros, a la vez de llegar al acuerdo de varios privilegios a la Orden del Templo, a Leire, Iranzu y una vez más a Roncesvalles.

Se persigue a los malhechores que vienen de la frontera castellana, concretamente de las tierras de Gipuzkoa, y se pacta con Aragón una acción común contra los bandidos de las Bardenas. El rey de Navarra comienza una importante e inteligente operación, para la posterior transición de las fortalezas de Oro y San Esteban de Monjardín, que continuaban en poder del cabildo pamplonés, aunque de momento solo podrán tomar posesión de ellas las tropas navarras, en caso de necesidad.

El rey Teobaldo II de Navarra, es arrastrado a una peligrosa cruzada por el rey de Francia. En el año 1267 se realiza la ceremonia preparatoria en la Catedral Notre-Dame de Paris. El papa acuerda susidios importantes, pero el Estado de Navarra tiene que destinar durante 3 años, el 10 % de sus ingresos a este proyecto. Numerosos navarros parten a la cruzada, engatusados por los privilegios espirituales.

Los señores de Agramont y Luxe, Corbaran de Lehet, Juan de Ureta, el señor de Monteagudo, Diego Velázquez de Rada, Iñigo Vélez de Guzmán, Ladrón de Guevara, Iñigo y Martín de Avalos, Aznar de Torres, Diego Fernández de Aianz, Pedro Pérez de Lodosa, Iñigo Belaz de Medrano, Juan González de Agoncillo, entre otros, son los caballeros navarros que acompañan a Teobaldo II de Navarra.

Las tropas cristianas salen de Aigues-Mortes el 1 de Julio de 1270, trasde tres años de preparación. San Luís de Francia es alcanzado por el rey de Navarra, Teobaldo II, que parte de Marsella, en la ciudad de Cagliari. De camino a Palestina, las tropas cristianas se detienen en Túnez. El insoportable calor, merma a los cristianos con una epidemia de disentería y con la terrible peste.

Se mantienen numerosos enfrentamientos contra tropas musulmanas, saldándose con honor por los navarros. La peste acaba con la vida del rey de Francia, San Luís IX. Pese a ello, los cruzados al mando del rey de Navarra prosiguen los combates, obteniendo algunas victorias, lo que obliga al rey de Túnez a pedir tregua, saldada ésta con una beneficiosa paz para los cruzados.

El regreso a Sicilia se complica debido a una tempestad. El rey de Navarra ya se encontraba, para esos momentos, infectado del terrible mal de la peste. Escribe un testamento muy detallado, donde no se olvida ni de pobres, ciegos y otros necesitados, muriendo el día 4 de Diciembre de 1270, a la corta edad de 32 años.

Tras la muerte de su hermano, Enrique el Gordo, que ya hacía las veces de gobernador de Navarra, es nombrado rey, tras la jura de los Fueros navarros. Consciente del desencanto popular, Enrique I, rey de Navarra y Conde de Champane y Brie, se apresura a ocuparse de las buenas villas, como Lizarra, Biana, Gares, Villafranca, Laguardia, Monreal, Tafalla, Los Arcos, Olite y Tiebas, renovando su juramento.

Enrique I de Navarra se enfrenta a la nobleza, la cual se encuentra insatisfecha. Su enfrentamiento más reseñable es con Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante, Gonzalo Ibáñez de Baztan, alférez de Navarra y García Almoravid, señor de Gorriti y las Montañas.

Acordó o confirmó, Fueros y privilegios a Eslava, Murillo el Fruto, La Población Y San Salvador de Lizarra, sin olvidarse de los monasterios, como el de Iranzu y la Oliva, pero sobre todo, cuidó a la colegiata de Roncesvalles.

El rey de Navarra se casa en el año 1269 con Blanca, hija del conde de Artois, recibiendo así, el título de conde de Rosnay, más una dote de 5.000 libras de renta. Con este matrimonio se afianza la alianza entre los reinos de Navarra y de Francia, algo nada bien visto por los ingleses que aún permanecen en la Gascuña. La temprana muerte de su primogénito, impide un pacto, por vía matrimonial con Castilla-León. Antes de dicha muerte, el rey aragonés Jaime, muestra su irritación por dicho pacto, y comienza a realizar diferentes correrías por la frontera Navarra, apaciguadas tras la muerte del joven Teobaldo.

Su otra hija es prometida en primer lugar a Enrique, hijo de Eduardo I de Inglaterra en Bonloc, cerca de Hasparren. Pero el príncipe inglés fallece y es confiada a Felipe III de Francia. Pero dentro del Reino y más concretamente en su capital, Iruñea, estalla la guerra.

El rey de Navarra autoriza a la Nabarreria su fortificación, lo que provoca su enfrentamiento con el Burgo franco de San Cernin. La guerra se desencadena, pero el rey muere ala edad de 24 años, antes que el desastre y el drama acontezca.

Con apenas dos años de edad accede al trono navarro, Juana I de Navarra, condesa de Champane y Brie, en un Reino cada vez más dividido. Rápidamente su madre Blanca, se apresura a convocar asamblea de ricohombres y representantes de las buenas villas, en busca de nombrar un gobernador. Este cargo recae en el señor de Cascante, contra la posición de García Almoravid, ambicioso señor de la Cuenca de Pamplona y partidario del mayor enemigo de los navarros, el Reino de Castilla y León.

Las buenas villas conforman una hermandad, ante el peligro de la funesta desunión, a excepción de Tutera que se unirá diez años más tarde, mientras que los infanzones navarros prosiguen con sus reuniones en Obanos y otras villas, para velar por la repartición de la justicia navarra.

El día 29 de Julio de 1274, Jaime I de Aragón presenta sus pretensiones de ser rey de Navarra, en un principio, mediante una carta a los gentilhombres y ciudades del Reino navarro. El rey aragonés, posteriormente, presenta a su hijo Pedro o Pere, como alternativa a él. Dicho Pedro mantiene una reunión en Sos con diversas personalidades navarras, entre las que se encontraban el obispo de Iruñea y el señor de Cascante.

El rey de Aragón con estas cartas, trata de informar a los navarros de su negativa a apropiarse del Reino de Navarra, por medio de la guerra y la violencia. Esta medida es aceptada tras un encuentro en Tarazona, y se habla del matrimonio de la pequeña Juana con el infante Alfonso de Aragón. Esto es aprobado en las Cortes de Erriberri, donde el juramento lo recibió el abad de Montearagón, del infante aragonés, Pedro.

Sin embargo no se encuentran presentes diferentes e importantes personalidades, entre las que destaca la importante figura del obispo de Iruñea, el furioso, por no haber sido elegido gobernador, García Almoravid, así como los representantes de la ciudad de Lizarra, unos legitimistas y otros más partidarios de Castilla-León.

Castilla y León reacciona concentrando sus tropas en la frontera de la Rioja. El alférez mayor del Reino de Navarra, Ibáñez de Baztan es enviado para organizar la resistencia. Una resistencia que no tardó en caer, permitiendo a los invasores castellanos llegar a las puertas de Biana. Pero sus habitantes ya habían convertido en un desierto los alrededores de la villa, obligando a los asaltantes castellanos a retirarse sin gloria.

Alfonso X de Castilla-León, viaja a Beaucaire en mayo de 1275, donde intenta negociar con el emperador de Roma, no solo por su título imperial, sino también por el matrimonio de Juana I de Navarra, con unos de sus nietos. Pero el castellano llega tarde, ya que la joven Juana ya había sido comprometida al hijo de Felipe III de Francia, con el consentimiento del papa.

Corría el año 1276 cuando se desencadena la guerra civil de Iruñea. Las catapultas no paran de trabajar, atizadas por el odio de García Almoravid. El gobernador Pedro Sánchez envía emisarios a Paris, para informar al regente, el monarca francés. Desde Paris apresuradamente, pasando por Donibane Garazi y Orreaga, llega un nuevo gobernador, el senescal de Toulouse, Eustaquio de Beaumarchais.

El senescal francés, es un hombre inteligente y equilibrado. Tiene que librar con las pasiones más violentas y el fanatismo más exacerbado. Ni si quiera es recibido por el obispo de Iruñea, máximo responsable de la Nabarreria. Los canónigos sacan el pretexto de que solo el obispo tenía potestad para mandar en la Nabarreria y no el gobernador.

Los obispos amenazan con excomuniones, en definitiva todo iba tan mal que Paris encarga la mediación a Gastón de Bearne y al prior de Saint-Gilles, pero realmente es una pérdida de tiempo. Los jefes de la Nabarreria solicitan apoyo a los castellanos, pero inexplicablemente se detienen en la sierra de la Erreniega. Por otro lado un poderoso ejercito francés del cual esta al mando Roberto de Artois, tío de la joven Juana I de Navarra, más el condestable de Francia, Imbert de Beaujue, llega desde Canfranc y Jaca, evitando premeditadamente el paso de Ibañeta, y toman posiciones alrededor de la Nabarreria.

Una falla realizada en el cerco por uno de los jefes de los asediantes, facilita la huida de García Almoravid, responsable principal junto al obispo y al cabildo, de la situación. Mientras García Almoravid y sus compinches huyen, entre los que estaba Ibáñez del Baztan, las gentes bailan en la plaza, llenas de esperanza y alegría, tras creer las palabras de García Almoravid y pensar que los que llegaban eran los castellanos o libertadores.

Pero los castellanos regresan a su país y el supuesto jefe de la resistencia, García Almoravid, deserta de la misma. En un amanece siniestro, en la última mañana de la Nabarreria, el condestable francés dio la orden de asalto. Las tropas francesas no encuentran resistencia y emprenden un saqueo sistemático y violento, ávidos de riqueza. Se mata y se viola hasta la extenuación, en cualquier rincón de la Nabarreria. La Nabarreria, el Burgo de San Miguel y la judería son totalmente arrasados.

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