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2009/06/06

Iruinea, junio 2009


Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Primera parte
Navarra y los condes de Champaña; fronteras, Fuero, cruzadas y poder
Soberanía de Navarra

“Ser consciente de la propia ignorancia es un gran paso hacia el saber”. Benjamín Disraeli

Teobaldo I el Trovador, hijo del conde Champaña y sobrino de Sancho VII el Fuerte, estaba acostumbrado al contacto inmediato con el pueblo, pero teniendo aún así, un poder muy autoritario. Desde el reinado se su tío Sancho VII, la relación entre Champaña y Navarra, era conocida, pero en el Reino de Navarra había un bando que se oponía al nuevo monarca, y que eran partidarios del monarca aragonés, Jaime I.

El 5 de Mayo de 1234, el joven monarca, con arrebatos de júbilo, juraba los Fueros de Navarra en la Catedral de Santa Mª la Real de Iruñea, siendo el rey ungido durante la ceremonia por primera vez en la historia del Estado vasco(n). Jaime I de Aragón se apresura a ocupar las fortalezas otorgadas a Sancho VII dos años antes, a modo de represalia al no ser elegido monarca de los navarros. Teobaldo I acude al papa, el cual ordena al obispo de Calahorra y a los abades de la Oliva y Veruela, que busquen la paz, sellada ésta, el 13 de octubre del mismo año.

El 31 de Octubre el rey navarro, se reúne con el rey castellano Fernando III en Logroño y rápidamente llegan a un acuerdo. Concertande la boda de la hija de Teobaldo, Blanca, con el joven príncipe castellano, Alfonso,. La dote de Banca consistía en diez castillos, siendo los más significativos los de Tutera, Valtierra, Lizarra y Marañon. Pese a todo, estos estarían regentados por vasallos del rey navarro. A la vez la tierra de Gipuzkoa volvía a Navarra. El monarca navarro intenta también la devolución de Araba, pero el castellano se niega, dando a cambio 2.000 maravedíes anuales de reta, sobre Logroño y Calahorra.

Pero el proyecto de matrimonio no se materializa. Mientras en el interior del Reino de Navarra, la junta infanzones creada por Sancho VII el Fuerte, se muestra descontenta con el nuevo monarca, lo que propicia numerables enfrentamientos con las tropas del rey de Navarra, debido al apresuramiento de Teobaldo I, a propósito del derecho o Fuero navarro, recibiendo el de Champaña, la acusación de atentar contra las costumbres propias del país de los vasco(ne)s.

El rey reconoce su ignorancia sobre las costumbres navarras y constituye una comisión de recopilación del Fuero, compuesta por ricohombres, caballeros o infanzones, militares y religiosos, junto al obispo de Iruñea. Así nace la primera redacción de los Fueros navarros, que sirve para apaciguar, durante algún tiempo, el conflicto interno. Teobaldo I se enfrenta a continuación con el obispo Pedro Ximénez de Gozalaz, por el poder de este en Iruñea y principalmente por la fortaleza de San Esteban de Monjardín, en poder del cabildo.

El obispo de Iruñea excomulga al rey de Navarra, inhabilitando así el Reino y enfurruñado se refugia en Navardum, enclave aragonés que dependía de la diócesis pamplonesa. La reconciliación llega dos años después, cuando Teobaldo I, acepta con humildad una peregrinación a Roma, donde obtiene una bula papal que levanta la prohibición y renueva unos privilegios que databan de 3 años atrás.

Raimundo Guillermo de Zuberoa, presta vasallaje al rey navarro, el cual consiste en defender Navarra, sin atacar a Inglaterra. Un año después en Mereton, Francia, el rey de Inglaterra Enrique III firma un tratado con Teobaldo I de Navarra. En él, Teobaldo promete no invadir la Vasconia norpirenaica o Gasuña, mientras que el inglés promete respetar las posesiones del monarca navarro, en toda la Galia. Sin embargo, los caballeros Pedro Arnaldo de Sault, el de Domezain y el señor de Garro, entregan sus castillos y tierras a Navarra, mostrando vasallaje por ello al monarca navarro. La enemistad con Inglaterra se vuelve a acentuar.

El Papa Gregorio IX coloca al mando de una Cruzada a Tierra Santa, al rey de Navarra. Teobaldo I, antes de partir a Jerusalén, regresa al condado normando de Champaña, vía Baiona, en busca de caballeros. Llega a Acre el 1 de Septiembre de 1238, al mando de 1.500 hombres, de los cuales, solo unos cientos eran navarros. Los cruzados cristianos sufren una estrepitosa derrota en Gaza el 13 se Septiembre, por culpa de los condes de Bar y Borgoña, que no escuchan los consejos del rey de Navarra y conde de Champaña.

Las tropas cruzadas en cambio, logran la recuperación para la cristiandad de las fortalezas de Beaufort y Sabed, y realizan la reconstrucción de la muralla de Escalón. Teobaldo I, junto a los navarros, visitan los Santos Lugares, gracias a la autorización del Sultán de Damasco. El comandante en jefe cristiano, el rey de Navarra, consigue gracias a su diplomacia, la liberación de numerosos prisiones cristianos.

Mientras el reino de Navarra era confiado a un senescal, primero de Champaña y después de Navarra, siendo este último Sancho Fernández de Monteagudo. Durante la cruzada el propio emperador de Roma, se pone como protector de las fronteras navarras, dándose por enterados castellanos y aragoneses, los cuales no realizan ningún movimiento militar contra el reino de Navarra, por el momento.

En el año 1243, tropas navarras inician una guerra contra Inglaterra, buscando recuperar la tierra de Lapurdi. Tras recuperar los navarros Itxassou, Donibane Lohitzun y Urruña, el monarca inglés se alarma y concede poderes especiales al senescal Simón de Montfort y conde de Leincester, el cual consigue detener a los navarros, propiciando una nueva tregua. Esta se salda con una vuelta a la normalidad en el comercio y el mantenimiento de las fronteras anterior al ataque navarro. Una relativa calma vuelve a la frontera anglo-navarra.

Teobaldo I muere el 8 de Julio de 1253, en el palacio de su principal enemigo dentro del Reino, el obispo Pedro de Gazolaz, accediendo al trono navarro el hijo de su tercer matrimonio, el cual tenía 13 años de edad, gracias a la labor de su madre, Margarita de Borbón, la cual contaba con el apoyo del rey de Aragón, Jaime I.

Teobaldo II el Joven, entro en Tutera el 1 de Agosto de 1253, junto al rey de Aragón, en presencia de 10 ricohombres y de Lope Arceiz, decano de Tutera. Ese mismo día se firma un pacto entre Aragón y Navarra, en el cual los monarcas se dijeron lo siguiente:

“De aquí en adelante seremos amigos de vos y de todos tus amigos y enemigos de todos vuestros enemigos”

Dicho tratado es renovado en abril de 1254 en Monteagudo. Tras ello las adhesiones al nuevo monarca se fueron sumando. La alianza con Aragón era extremadamente positiva, ya que el rey de Castilla, Alfonso X, comenzaba a mostrar su agresividad contra los navarros. Tras jurar los Fueros ante clérigos, ricohombres e infanzones de toda Navarra, queda claro que no se tomará ninguna decisión jurídica en todo lo referente al Fuero navarro, sin contar con los doce hombres del consejo y con la del amo o tutor del joven monarca, hasta que este cumpla los 21 años.

La guerra provocada por Castilla contra Inglaterra, por la Gasuña, trae consecuencias inmediatas en el comercio marítimo para el Estado de Navarra, el cual había renovado el tratado con los ingleses, por la utilización del puerto de Baiona. Debido a la mala política de Alfonso X de Castilla-León, con el alférez real de Castilla, Diego López de Haro III, provoca la defección del señor de Bizkaia, quien mantiene una reunión con el rey de Navarra. El señor de Bizkaia le asegura todo lo necesario, en tierra y dinero, para formar un ejército de 500 hombres, sin que esto signifique una vuelta de la tierra de Bizkaia al Estado de Navarra, aunque sí, un apoyo significativo a la par de positivo para el Reino vasco(n).

El rey San Luís IX de Francia entra en acción, otorgado la mano de su hija Isabel, al monarca navarro. El rey castellano se torna prudente en sus pretensiones sobre el Reino de Navarra, debido a esta nueva alianza de para el Estado de los navarros. El matrimonio tiene lugar en Melun en el año 1255. La princesa francesa solo tiene trece años, mientras que el rey de Navarra y conde de Champaña, quince. Tras el enlace matrimonial, la jovencísima pareja retorna al Estado de Navarra en el año 1256, trayendo consigo el apoyo del rey más poderoso de la cristiandad.

Pero el rey apenas paso dos años y medio en el Estado de Navarra y toma de nuevo la autoridad del Reino la figura del senescal. Primero Godofredo de Boulemont y después Clemente de Launnay, siguiéndoles después el navarro Sancho Fernández de Monteagudo.

El rey de Castilla y León, Alfonso X, entrega las ciudades de Donostia y Hondarribia, junto a sus tierras, al Reino de Navarra en el año 1256. Las relaciones internaciones comienzan a estar bastante distendidas y favorables para el Estado de Navarra, mientras en el interior del Reino, la calma y la distensión no son tan grandes. Los infanzones navarros siguen sensibles a las libertades de los navarros.

Teobaldo II recibe nuevos vasallajes por parte de caballeros de Gascuña e incluso de Aquitania, destacando entre ellos el del conde de Courserans en el año 1265. Arnaldo Guillermo de Agramont, confirma el vasallaje realizado a Navarra, por su casa en el año siguiente.

Las juntas de los infanzones navarros se desarrollan en diferentes sitios con bastante asiduidad, siendo Obanos el punto más céntrico para realizar las juntas, y por lo tanto el más utilizado. El rey era más amigo de los eclesiásticos que de los nobles navarros, lo que incluso le permite obtener una bula del emperador de Roma, Urbano IV, contra estas juntas o asambleas.

El rey Teobaldo II, a través de los senescales, Godofredo de Boulemont y después Clemente de Launnay, emplea la fuerza contra los infanzones, buscando su sometimiento, ya que el Joven se encuentra primero en Champaña y después en Túnez, pese a otorgar fianzas a sus buena ciudades, Iruñea, Zangotza, Erriberri, Tutera,... Dispensando nuevos Fueros y confirmando otros, a la vez de llegar al acuerdo de varios privilegios a la Orden del Templo, a Leire, Iranzu y una vez más a Roncesvalles.

Se persigue a los malhechores que vienen de la frontera castellana, concretamente de las tierras de Gipuzkoa, y se pacta con Aragón una acción común contra los bandidos de las Bardenas. El rey de Navarra comienza una importante e inteligente operación, para la posterior transición de las fortalezas de Oro y San Esteban de Monjardín, que continuaban en poder del cabildo pamplonés, aunque de momento solo podrán tomar posesión de ellas las tropas navarras, en caso de necesidad.

El rey Teobaldo II de Navarra, es arrastrado a una peligrosa cruzada por el rey de Francia. En el año 1267 se realiza la ceremonia preparatoria en la Catedral Notre-Dame de Paris. El papa acuerda susidios importantes, pero el Estado de Navarra tiene que destinar durante 3 años, el 10 % de sus ingresos a este proyecto. Numerosos navarros parten a la cruzada, engatusados por los privilegios espirituales.

Los señores de Agramont y Luxe, Corbaran de Lehet, Juan de Ureta, el señor de Monteagudo, Diego Velázquez de Rada, Iñigo Vélez de Guzmán, Ladrón de Guevara, Iñigo y Martín de Avalos, Aznar de Torres, Diego Fernández de Aianz, Pedro Pérez de Lodosa, Iñigo Belaz de Medrano, Juan González de Agoncillo, entre otros, son los caballeros navarros que acompañan a Teobaldo II de Navarra.

Las tropas cristianas salen de Aigues-Mortes el 1 de Julio de 1270, trasde tres años de preparación. San Luís de Francia es alcanzado por el rey de Navarra, Teobaldo II, que parte de Marsella, en la ciudad de Cagliari. De camino a Palestina, las tropas cristianas se detienen en Túnez. El insoportable calor, merma a los cristianos con una epidemia de disentería y con la terrible peste.

Se mantienen numerosos enfrentamientos contra tropas musulmanas, saldándose con honor por los navarros. La peste acaba con la vida del rey de Francia, San Luís IX. Pese a ello, los cruzados al mando del rey de Navarra prosiguen los combates, obteniendo algunas victorias, lo que obliga al rey de Túnez a pedir tregua, saldada ésta con una beneficiosa paz para los cruzados.

El regreso a Sicilia se complica debido a una tempestad. El rey de Navarra ya se encontraba, para esos momentos, infectado del terrible mal de la peste. Escribe un testamento muy detallado, donde no se olvida ni de pobres, ciegos y otros necesitados, muriendo el día 4 de Diciembre de 1270, a la corta edad de 32 años.

Tras la muerte de su hermano, Enrique el Gordo, que ya hacía las veces de gobernador de Navarra, es nombrado rey, tras la jura de los Fueros navarros. Consciente del desencanto popular, Enrique I, rey de Navarra y Conde de Champane y Brie, se apresura a ocuparse de las buenas villas, como Lizarra, Biana, Gares, Villafranca, Laguardia, Monreal, Tafalla, Los Arcos, Olite y Tiebas, renovando su juramento.

Enrique I de Navarra se enfrenta a la nobleza, la cual se encuentra insatisfecha. Su enfrentamiento más reseñable es con Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante, Gonzalo Ibáñez de Baztan, alférez de Navarra y García Almoravid, señor de Gorriti y las Montañas.

Acordó o confirmó, Fueros y privilegios a Eslava, Murillo el Fruto, La Población Y San Salvador de Lizarra, sin olvidarse de los monasterios, como el de Iranzu y la Oliva, pero sobre todo, cuidó a la colegiata de Roncesvalles.

El rey de Navarra se casa en el año 1269 con Blanca, hija del conde de Artois, recibiendo así, el título de conde de Rosnay, más una dote de 5.000 libras de renta. Con este matrimonio se afianza la alianza entre los reinos de Navarra y de Francia, algo nada bien visto por los ingleses que aún permanecen en la Gascuña. La temprana muerte de su primogénito, impide un pacto, por vía matrimonial con Castilla-León. Antes de dicha muerte, el rey aragonés Jaime, muestra su irritación por dicho pacto, y comienza a realizar diferentes correrías por la frontera Navarra, apaciguadas tras la muerte del joven Teobaldo.

Su otra hija es prometida en primer lugar a Enrique, hijo de Eduardo I de Inglaterra en Bonloc, cerca de Hasparren. Pero el príncipe inglés fallece y es confiada a Felipe III de Francia. Pero dentro del Reino y más concretamente en su capital, Iruñea, estalla la guerra.

El rey de Navarra autoriza a la Nabarreria su fortificación, lo que provoca su enfrentamiento con el Burgo franco de San Cernin. La guerra se desencadena, pero el rey muere ala edad de 24 años, antes que el desastre y el drama acontezca.

Con apenas dos años de edad accede al trono navarro, Juana I de Navarra, condesa de Champane y Brie, en un Reino cada vez más dividido. Rápidamente su madre Blanca, se apresura a convocar asamblea de ricohombres y representantes de las buenas villas, en busca de nombrar un gobernador. Este cargo recae en el señor de Cascante, contra la posición de García Almoravid, ambicioso señor de la Cuenca de Pamplona y partidario del mayor enemigo de los navarros, el Reino de Castilla y León.

Las buenas villas conforman una hermandad, ante el peligro de la funesta desunión, a excepción de Tutera que se unirá diez años más tarde, mientras que los infanzones navarros prosiguen con sus reuniones en Obanos y otras villas, para velar por la repartición de la justicia navarra.

El día 29 de Julio de 1274, Jaime I de Aragón presenta sus pretensiones de ser rey de Navarra, en un principio, mediante una carta a los gentilhombres y ciudades del Reino navarro. El rey aragonés, posteriormente, presenta a su hijo Pedro o Pere, como alternativa a él. Dicho Pedro mantiene una reunión en Sos con diversas personalidades navarras, entre las que se encontraban el obispo de Iruñea y el señor de Cascante.

El rey de Aragón con estas cartas, trata de informar a los navarros de su negativa a apropiarse del Reino de Navarra, por medio de la guerra y la violencia. Esta medida es aceptada tras un encuentro en Tarazona, y se habla del matrimonio de la pequeña Juana con el infante Alfonso de Aragón. Esto es aprobado en las Cortes de Erriberri, donde el juramento lo recibió el abad de Montearagón, del infante aragonés, Pedro.

Sin embargo no se encuentran presentes diferentes e importantes personalidades, entre las que destaca la importante figura del obispo de Iruñea, el furioso, por no haber sido elegido gobernador, García Almoravid, así como los representantes de la ciudad de Lizarra, unos legitimistas y otros más partidarios de Castilla-León.

Castilla y León reacciona concentrando sus tropas en la frontera de la Rioja. El alférez mayor del Reino de Navarra, Ibáñez de Baztan es enviado para organizar la resistencia. Una resistencia que no tardó en caer, permitiendo a los invasores castellanos llegar a las puertas de Biana. Pero sus habitantes ya habían convertido en un desierto los alrededores de la villa, obligando a los asaltantes castellanos a retirarse sin gloria.

Alfonso X de Castilla-León, viaja a Beaucaire en mayo de 1275, donde intenta negociar con el emperador de Roma, no solo por su título imperial, sino también por el matrimonio de Juana I de Navarra, con unos de sus nietos. Pero el castellano llega tarde, ya que la joven Juana ya había sido comprometida al hijo de Felipe III de Francia, con el consentimiento del papa.

Corría el año 1276 cuando se desencadena la guerra civil de Iruñea. Las catapultas no paran de trabajar, atizadas por el odio de García Almoravid. El gobernador Pedro Sánchez envía emisarios a Paris, para informar al regente, el monarca francés. Desde Paris apresuradamente, pasando por Donibane Garazi y Orreaga, llega un nuevo gobernador, el senescal de Toulouse, Eustaquio de Beaumarchais.

El senescal francés, es un hombre inteligente y equilibrado. Tiene que librar con las pasiones más violentas y el fanatismo más exacerbado. Ni si quiera es recibido por el obispo de Iruñea, máximo responsable de la Nabarreria. Los canónigos sacan el pretexto de que solo el obispo tenía potestad para mandar en la Nabarreria y no el gobernador.

Los obispos amenazan con excomuniones, en definitiva todo iba tan mal que Paris encarga la mediación a Gastón de Bearne y al prior de Saint-Gilles, pero realmente es una pérdida de tiempo. Los jefes de la Nabarreria solicitan apoyo a los castellanos, pero inexplicablemente se detienen en la sierra de la Erreniega. Por otro lado un poderoso ejercito francés del cual esta al mando Roberto de Artois, tío de la joven Juana I de Navarra, más el condestable de Francia, Imbert de Beaujue, llega desde Canfranc y Jaca, evitando premeditadamente el paso de Ibañeta, y toman posiciones alrededor de la Nabarreria.

Una falla realizada en el cerco por uno de los jefes de los asediantes, facilita la huida de García Almoravid, responsable principal junto al obispo y al cabildo, de la situación. Mientras García Almoravid y sus compinches huyen, entre los que estaba Ibáñez del Baztan, las gentes bailan en la plaza, llenas de esperanza y alegría, tras creer las palabras de García Almoravid y pensar que los que llegaban eran los castellanos o libertadores.

Pero los castellanos regresan a su país y el supuesto jefe de la resistencia, García Almoravid, deserta de la misma. En un amanece siniestro, en la última mañana de la Nabarreria, el condestable francés dio la orden de asalto. Las tropas francesas no encuentran resistencia y emprenden un saqueo sistemático y violento, ávidos de riqueza. Se mata y se viola hasta la extenuación, en cualquier rincón de la Nabarreria. La Nabarreria, el Burgo de San Miguel y la judería son totalmente arrasados.

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