SOBERANÍA DE NAVARRA by Nabartzale bilduma. Este es el correo para escritos, artículos, comentarios y sugerencias. Los artículos, escritos y comentarios deben estar debidamente firmados por su autor o autora en formato Word. Solo se publicaran aquellos escritos que estén realizados desde la independencia y soberanía de su autor o autora siguiendo los criterios editoriales de los miembros de NABARRAKO BURUJABETASUN-SOBERANÍA DE NAVARRA. nabartzale@gmail.com

2009/06/17

Iruinea, junio 2009


Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Quinta parte
Navarra y la casa de Foix: retorno de una dinastía pirenaica, traición y amenaza
Soberanía de Navarra

"El traidor no es otra cosa que un déspota en apuros, que no puede hacer su voluntad, sino resignándose a desempeñar un papel secundario." Victor Hugo

Tras la muerte de Leonor de Trastámara, le sucede en el trono del Reino de Navarra su nieto Francisco, al cual los gascones le apodan Febo, debido a su inaudita belleza. Sin todavía cumplir 12 años, este niño nacido en Orthez o Pau, es el heredero legítimo del Estado de Navarra, a espera de la coronación. La regencia recae sobre su madre, Magdalena de Valois, hermana de Luís XI de Francia, contando como consejero con el cardenal Pedro de Foix.

El debilitamiento del poder real, provoca el retorno de la violencia entre los bandos, entre Agramont y Beaumont. Ardiles, masacres y engaños de todo tipo se suceden, favorecidos por la laguna de poder que prima la astucia y la facultad de maniobrar, sin mirar la legitimidad de los medios.

El joven rey se instruye en el Vizcondado del Bearne en las buenas letras y el manejo de las armas, bien asistido por tres lugartenientes del Reino Pirenaico, el obispo de Couserans Juan de Lassalle, Guillermo señor de Gléon y Pelayo Miguel, profesor de teología. Mientras en el Estado de Navarra reina la violencia, las maniobras y malas artes de Fernando II de Aragón, comenzan a destacar.

Solo en la tierra de Ultrapuertos reina la paz, mientras que en la Alta Navarra, los ciudadanos, fuesen del país o extranjeros se ven obligados a utilizar escolta, y deben caminar en formación en sus desplazamientos por el Reino vasco. El 6 de abril del año 1479 las Cortes reunidas en Tafalla, prestan juramento a los tres lugartenientes del Reino, pero en dicho juramento no se encuentra ningún beaumontés.

La regenta Magdalena se presenta en Zaragoza a comienzos del mes de agosto. Allí es recibida junto a su acompañante el noble cardenal, de una manera fastuosa. Fernando II de Aragón comprende rápidamente que la princesa no es un juguete en sus manos, ni en las del rey de Francia. Cuando se aborda la espinosa y capital cuestión de los Beaumont, Fernando II de Aragón, benefactor del bando beaumontés, admite que la única salida es llegar a un acuerdo.

Las negociaciones son un toma y daca. Fernando II de Aragón recomienda a Luís de Beaumont, II conde de Lerín, que se encontraba presente en el encuentro junto al obispo de Iruñea, sumisión al nuevo monarca navarro, pero a cambio los gobernantes agramonteses de Biana, Zangoza, Tafalla y Tutera, tendran que rendir vasallaje a él, como rey consorte de Castilla y León. Algo inaceptable para los leales agramonteses, algo que Magdalena sabe y vuelve al Reino de Navarra a sabiendas que deberá contar solo y exclusivamente con sus propias fuerzas.

De regreso la regente de Navarra, tiene que parar en Tutera y después en Erriberri, donde se le recuerda que no puede llegar a ningún acuerdo con Fernando II de Aragón, sin el visto bueno de los Tres Estados de Navarra. Magdalena cruza por Zangoza y Lunbier y se dirige a Agoitz en busca de los Beaumont.

La denominada tregua de Aoiz sale a aun alto precio. La voracidad del II conde de Lerín, Luís de Beaumont no tiene límites. Recupera la mayor parte de sus pensiones y honores, incluso en Ultrapuertos, más las fortalezas de Biana y Monjardín. A cambio acepta ceder Artaxoa, que realmente es una posesión real, recibiendo a cambio la villa de San Martín y las tierras de Uxue y de Sada. Estará al mando de una compañía de 100 lanceros, pagados por el Estado navarro y no será designado ningún lugarteniente para el Reino, que no sea del bando de Beaumont.

La tregua a penas dura 6 meses. Es viernes Santo del año 1480. A instancias de un monje dominico de Jaca, llamado Abarca, se había concertado el matrimonio del mariscal Felipe de Navarra, agramontés él, con una hija del II Conde de Lerín, Luís de Beaumont. Así dicho viernes, el mariscal se dirige desde Zangotza a Villafranca, con una pequeña escolta, fiándose de la tregua, cuando surge al galope un cortejo amenazante; es el de Luís de Beaumont.

Sintiendo el peligro, el mariscal de Navarra da media vuelta, pero el caballo hace un movimiento en falso, cayendo el caballero a los pies de Luís de Beaumont. El mariscal saluda cortes mente al II Conde de Lerin:

“Ah señor primo, dios esté con usted”

A lo que responde el traidor beaumontés:

“Y con usted y con Biana, Innoble caballero”.-Hincándole al mismo tiempo la lanza hasta matarlo. La tregua ha concluido.

El cardenal de Foix, convoca a las Cortes con el fin de preparar la coronación de Francisco Febo en noviembre del año 1481. Se votan de inmediato impuestos para cubrir los gastos y para acuñar moneda. Así el día 21 de noviembre del año 1481, el rey de Navarra entraba en Iruñea para su legal coronación y tras él 1500 caballeros y una multitud de infantes.

El perverso II Conde de Lerin, en un acto más simbólico que real, entrega las llaves de Iruñea al joven monarca. En la Catedral de Iruñea, es donde se realiza la ceremonia, encontrándose presentes todas las personalidades del Reino vasco: Agramont, Luxe, Peralta, Lerín, Beaumont, Ezpeleta, Domezain, Lacarra, Artieda, el nuevo mariscal de Navarra,…

El joven soberano, el 10 de diciembre nombra caballeros al joven Juan de Beaumont, Pedro de Navarra, Juan de Ezpeleta, Juan Pérez de Beraiz, Mosén Arnaldo de Ozta, el joven Mosén Piarres de Peralta, Juan de Bélaz y a mosén Juan de Agüero. El rey tras jurar los Fueros de Tutera, Tafalla y visitar Erriberri, vuelve a Pau, dejando al Cardenal de Foix, como virrey de Navarra.

Los meses siguientes transcurren en cierta calma, con periodos apacibles y otros de cierta agitación. Pero una triste noticia recorre el Reino vasco, el joven monarca, Francisco I Febo, ha muerto tocando la flauta. La sombra de un envenenamiento al jovén rey, recae sobre el II Conde de Lerin, a instancias de Fernando II de Aragón.

Entonces el conde de Narbona, esgrime la ley sálica, diciendo que el trono está hecho para un hombre y no para una mujer, desconociendo completamente la Constitución del Estado de Navarra y también la propia historia del Estado vasco, además no puede ignorar que Navarra no es Francia, donde si existe dicha ley sádica.

Las aspiraciones de Juan de Foix se alargan durante nueve meses, apoyado por sus seguidores, tan violentos como los beaumonteses. La princesa Catalina cuenta con el apoyo Pedro y Jaime de Foix, hermanos de Juan. Además Magdalena de Valois, su madre, se hace una vez más cargo de la regencia, apoyada por Alain de Albret o Labrit.

Juan de Foix se auto titula rey de Navarra, enviando una embajada a los reyes católicos, sin que Fernando II de Aragón, les preste atención, porque para entonces el rey español tenía otros planes para el Reino vasco, después de haber recibido el ofrecimiento de la corona de Navarra, por los tenientes del II conde de Lerin, el traidor Luís de Beaumont.

Mientras las Cortes de Iruñea, formada en su mayoría agramonteses, el 10 de febrero del año 1483, reconocen a la futura reina, y junto a ellos los Estados Generales del Vizcondado del Bearne, cuatro días después. Los de Bigorre lo hacen el 12 de marzo y los eEtados Generales de Foix el 20 del mismo mes.

Los reyes católicos comienzan a realizar gestiones para un contrato matrimonial de la princesa Catalina, con uno de sus hijos, concretamente con Juan de Castilla y León. En julio del año 1483, una embajada española, comandada por Rodrigo de Maldonado de Talavera llega a Pau. A su vez en la frontera entre Estaña y Navarra, las tropas españolas realizan exhibiciones de fuerza, como medida disuasoria ante un posible acercamiento entre la Casa Foix-Navarra y la Corona de Francia.

Tras dar los pertinentes pésames por la muerte de Francisco Gastón Febo, Maldonado entrega la propuesta de matrimonio del príncipe Juan con la heredera de Navarra a la regenta. Magdalena de Valois contesta que no puede tomar una decisión en ese momento, pero comunica al español la intención de mantener buenas relaciones con los reyes católicos.

Magdalena de Valois, finalmente, da una respuesta afirmativa al matrimonio, al ser el príncipe más poderoso de toda la cristiandad, aunque el compromiso es muy difícil, pues queda condicionado a su previa aceptación por Luís XI de Francia, quien tiene en un principio, a su vasallo el cardenal Pedro de Foix, el principal aliado para evitar dicho matrimonio.

Mientras el Luís de Beaumont, II conde de Lerin, se presenta ante la reina española, Isabel de Castilla y León, exigiéndole doscientas lanzas, las villas de Laguardia y Los Arcos, más una renta de medio millón y la orden de Santiago. La reina española a cambio le pide los castillos de Lizarra, Biana e Iruñea. El II Conde de Lerin se compromete también a obtener la mano de la joven Catalina, para el príncipe de Asturias.

Las cortes beaumontesas envían una embajada ante Magdalena para pedir el matrimonio de la princesa navarra con el príncipe español. En caso de denegación por parte de la regente, los Beaumont proclamaran rey de Navarra al príncipe de Asturias, Juan de Castilla y León. Además prometen entregar sus castillos a los españoles.

Pedro de Peralta, condestable de Navarra, solicita que para realizar una variación en el Reino vasco, se deben convocar las Cortes. Los agramonteses se comprometen a acudir a las Cortes en Tutera y aprobaran delegados para enviarlos ante la regente Magdalena y zanjar las cuestiones del matrimonio sin detrimento para el Reino de Navarra.

Por otro lado, Alain de Albret y sus aliados, desestiman la candidatura del joven príncipe español. Los reyes católicos compran el respaldo de Pedro de Foix, virrey de Navarra, por medio de la concesión de grandes cantidades de dinero y poder. Si el cardenal consigue que el matrimonio se lleve a cabo, los reyes españoles le otorgaran el arzobispado de Zaragoza y una pensión de 4.500 libras.

Esto supone una inmediata destitución del cardenal como Virrey de Navarra. Los agramonteses se reúnen en Lizarra, mientras que los Beaumont lo hacen en Gares. En ambas Cortes se recomienda el matrimonio de la princesa Catalina de Foix, con Juan de Castilla y León-Aragón, de tan solo cuatro años de edad.

Pero no ocurre lo mismo al norte del Pirineo, donde se objeta a dicho enlace, sacando como excusa la corta edad del príncipe español, ocultando tras ello la más que posible perdida de los tradicionales territorios de la Casa de Foix, ante Juan de Narbona, que entonces contaría con el total apoyo del rey de Francia, Luís XI.

Así aparecen nuevo pretendientes: El príncipe de Tarento, hijo de María de Foix, por consiguiente primo de Catalina, Carlos de Angulema, el duque de Saboya, candidato del rey francés Luís XI y por último Juan, vizconde de Tartas e hijo de Alain de Albret.

El rey de Francia muere en agosto del año 1483, lo que es aprovechado por la regenta de Navarra para concertar el matrimonio con el joven noble gascón, Juan de Albret, arruinando con ello los Beaumont y especialmente de España. El traidor Luís de Beaumont en octubre del mismo año, ataca como medio de represalia Gares, reanudándose así la lucha intestina por el poder en el Estado vasco. El traidor II conde de Lerin, al año siguiente, no reconoce al nuevo virrey, Jaime de Foix, ni tampoco obedece al Consejo Real, y solo reconoce al anterior virrey, el partidario de España.

Las cortes beaumontesas siguen los pasos del II conde de Lerin, negándose a recibir a Magdalena de Valois, ni a ninguna delegación real, no aceptando a ningún otro gobernador que no sea el cardenal Pedro de Foix. Las Cortes agramontesas en cambio solicitan el retraso de la decisión de la regenta, mientras envían una embajada, algo insólito, al rey de Francia, Carlos VIII.

Las posiciones están más o menos marcas, en eso que salta la sorpresa concretamente desde Tutera. El agramontés Piarres de Peralta presta vasallaje al rey español por su castillo, ante la amenazante presencia del Católico en Tarazona. La sagaz y cabal Magdalena de Valois, comunica entonces a dos embajadas castellanas, que el matrimonio con Juan es imposible.

Así ante un inesperado apaciguamiento general, el contrato matrimonial con Juan de Albret es ratificado en el año 1484, poniéndose fin a todas las maniobras e intentos de complots. El 16 de febrero del mismo año, se celebra la boda en la catedral de Lescar.

Los huraños Beaumont, más extremistas que nunca, solo aceptan un príncipe castellano, así lo atestiguaron en sus particulares cortes, mientras los Agramont aceptan el matrimonio, muchos de ellos a regañadientes, pero siempre leales al Estado de Navarra.

Ante el asombro de todos, agramonteses y beaumonteses, la regente Magdalena de Valois nombra gobernador del Reino de Navarra al padre de Juan de Albret, Alain. Este gascón auténtico, poco banal y político experimentado, juega su papel de gobernador con inteligencia, calma y perseverancia, hasta que su hijo accede a la mayoría de edad.

Magdalena de Valois acude a Valencia en el año1487, donde le esperan los reyes católicos. En dicha ciudad se alcanza un tratado con España, ante la propuesta de Alain de Albret, presente en la ciudad levantina desde el año anterior Así los españoles reconocen la unidad política de Navarra y el Bearne, al estilo de Castilla y León. Además los españoles se benefician de la neutralidad del Reino de Navarra-Bearne, y para los Albret significa la independencia de sus posesiones respecto al reino de Francia, integrándose de nuevo en el estado vasco de Navarra

Los acuerdos de Valencia resultan beneficiosos para los españoles ya que los navarros se comprometen a luchar y no permitir el paso a los franceses, pero a su vez, es sumamente beneficiosa para los navarros. Además de asegurarse el apoyo de los reyes católicos ante la coronación de Catalina y Juan, Alain de Albret se asegura el apoyo español contra el reino de Francia, por sus posesiones en Bretaña.

La alianza que con forman el reino de Inglaterra, el emperador Maximiliano, algunos nobles franceses, españoles y el Reino de Navarra contra el reino de Francia, se plasma en la guerra que da comienzo en el año 1488. Pero los aliados son derrotados en Saint-Aubin-du Cormierel el 27 de junio del mismo año. El duque de Orleáns, es hecho prisionero por el ejército del rey de Francia, junto a Juan de Granda, general de las tropas españolas.

Para el gobernador navarro los efectos de la derrota no se hacen esperar, ya que el monarca francés le embarga el condado de Gaure y comienza un pleito por el condado de Perigord. Esta presión de la corona de Francia, obliga al noble gascón a dar un nuevo giro en su política.

Alain de Albret llega a un acuerdo con el reino de Francia en Frankfurt en el año 1489, mientras el rey español, Fernando II de Aragón, solicita al gascón la entrega de la fortaleza de Nantes, en un nuevo intento de salvar la coalición lograda. El distanciamiento del Reino de Navarra y del reino español de los católicos, es mayor tras la negativa de Alain.

Así el gobernador navarro y el rey francés llegan aun acuerdo en el año 1491 en Moulins. Anteriormente las Cortes navarras reunidas en Erriberri, enviaron a Fernando de Egües, Arnaldo de Ozta y a Rodrigo de Puella a solicitar la presencia de los reyes navarros en Iruñea para su coronación, teniendo como respuesta la negativa de Magdalena de Valois.

Tras la muerte del venerable Juan de Beaumont, Prior de San Juan de Jerusalén, el II conde de Lerin, Luís de Beaumont y el condestable de Navarra, Pierres de Peralta, continuan con sus luchas personales, sangrientamente secundadas por sus respectivos bandos. Los Beaumont, esos locos furiosos, mientras que los Agramont, esos testarudos, todos en busca de poder, tiñen la tierra navarra de la sangre roja de sus habitantes.

El 10 de septiembre del año 1491, el obispo de Iruñea muere en Roma. El papa Inocencio VIII, nombra sucesor al joven Cesar Borgia, con apenas 16 años, de una manera administrativa hasta los 27 años. En un principio provoca las protestas de los monarcas navarros, pero ante el extraño apoyo de Fernando II de Aragón, intentan que las zonas de Gipuzkoa y de Aragón, antiguas tierras navarras, dependan del obispado de Iruñea.

Las Cortes de Navarra, reunidas de nuevo en Erriberri el 10 de agosto del año 1493, votan 80000 libras para la coronación, a condición que los reyes acudan, de una vez por todas a Iruñea, antes de septiembre, es decir de inmediato.

El embajador español Ontañón viaja hasta Pau, exigiendo que para aceptar la coronación por parte española, los soberanos navarros deben hacer las paces con Luís de Beaumont, II conde de Lerin; o lo que es lo mismo, hacer las paces con el rey español Fernando II de Aragón.

España exige la entregar al insaciable II conde de Lerin, de las villas de Zangoza y Biana, la de Artaxoa y del cargo de juez para Graciano de Beaumont, quedando prohibida la entrada para los agramonteses en la villas beaumontesas, a excepción de Iruñea para la coronación, además se prohibía el acceso a extranjeros, si resultan molesto para los reyes españoles.

Pero el maléfico II conde de Lerin, no satisfecho con eso, idea una nueva humillación para los reyes de Navarra. Así el 21 de diciembre los reyes de Navarra se encuentran las puertas de la capital cerradas por orden de Luís de Beaumont. Pero los monarcas navarros realizan una admirable lección de autodominio, ante la provocación del traidor beaumontés y se retiran al pueblo de Egües, donde pasaran una cruda navidad.

Así hay que esperar hasta el día 12 de enero del año 1495, reuniéndose una multitud jamás vista hasta entonces, en ese frío, pero alegre domingo. Siendo el obispo de Cousans, Juan de Lasalle el clérigo que ofice el rito católico, ante la prudente ausencia de Cesar Borgia. Las ausencias más significativas son las de los obispos de Calahorra y Tarazona, los abades de Montearagón y Nájera, que estaban obligados a acudir al pertenecer a la diócesis de Iruñea, pero los monarcas españoles no permiten su asistencia.

La ceremonia propiamente política, reúne a los monarcas navarros antes de la eclesiástica, realizando el juramente ante el venerable agramontés, Juan de Jatsu, alcalde mayor de la Corte. Los monarcas españoles se encuentran presentes en la coronación de los soberanos del Reino de Navarra.

Labrit eta errege Labrit y el Rey

Aita seme dirade. Son Padre e Hijo

Kondestable jauna! Y el señor Condestable

Arbizate anaie. Que lo consideren como hermano.


El pueblo navarro cree que con los reyes en Iruñea, será posible un acuerdo con el oscuro Luís de Beaumont, condestable del Reino y II Conde de Lerin. Pero el impaciente e irritado condestable, cuñado del rey Fernando II de Aragón, se retira pronto a su feudo de Lerin.

En Lerin permanece largo tiempo, dignándose a visitar a los reyes navarros de vez en cuando, pero por lo general está continuamente rumiando en voz baja. La reina Catalina I de Navarra da muestras entonces de su capacidad para gobernar, haciendo que el noble gascón Alain de Albret se retire con discreción y dignidad, una vez cumplida la misión de gobernador.

Los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Jauan III de Albret, hacen saber a las Cortes, la pertenencia al Reino de Navarra, del vizcondado del Bearne, del condado de Foix y de los diferentes señoríos pertenecientes a la casa de Albret, que se encuentran en la Gascuña.

Ese mismo año, muere la princesa de Viana, Magdalena de Valois, en la capital del Reino. Los soberanos del Estado de Navarra se trasladan al Bearne para poner orden en ese vizcondado navarro, volviendo al sur del Pirineo, donde ya había quedado atrás, la calma de la coronación. Hay un regreso a la agitación, principalmente por culpa del condestable Luís de Beaumont y su insaciable bulimia de poder.

España por otro lado, es cada vez más exigente. Por el Reino de Navarra no puede pasar ningún enemigo de Castilla-León o Aragón, además los soberanos navarros no podrán casar a ninguno de sus hijos, sin el acuerdo de los reyes católicos. Además los españoles incentivaban la insolencia del II conde de Lerin y de sus seguidores.

Fernando II de Aragón es bastante más político que Luís de Beaumont. Así para controlar al demoníaco condestable acepta que éste, fuera confinado en Castilla-León, aunque confortablemente instalado y dotándole del marquesado de Huéscar. El Reino de Navarra para entonces, ya había reaccionado contra las pretensiones del beaumontés, quitándole el sello de caballero navarro e incautándole más de 1.000 ovejas para avituallamiento del ejército real.

Juan de Foix, conde de Lautrec se encarga de destruir los fuertes del II conde de Lerin, entre ellos el de Irulegi. Los reyes católicos toman revancha al exigir a los soberanos navarros la custodia de su hija Magdalena de Navarra, de un año de edad y por un plazo de 5 años. Además tropas españolas ocupan las plazas de Biana y Zangoza, supervisadas por el conde de Lautrec para estupor de las Cortes del Reino.

Además el capitán general español, Juan de Ribera ocupa algunas fortalezas claves, como Lerin, Larraga, Cárcar, Andosilla, Allo, Monjardín, Santacara, etc, teniéndose obligados los reyes de Navarra a firmar reiteradamente su vasallaje a los reyes españoles, hasta finales del año 1495, concretamente en la localidad de Alfaro.

"Los lobos aconsejaron a las ovejas que para vivir juntos en amistad habitual, éstas les tenían que entregar sus perros, y una vez estos estrangulados, dieron buena cuenta de las ovejas."*

La política de Albret consiste en sacudirse de la tutela española, sin caer por ello en la dominación francesa. Esta política de equilibrios, pese a no ser brillante, tampoco es la más sencilla, ante la lujuria imperial española y francesa. Así en el año 1497 los reyes navarros pasan al norte del Pirineo, dejando a Juan de Lasalle, obispo de Courseran como lugarteniente en Iruñea. El viaje se realiza ante las preocupaciones por el vizcondado del Bearne, el condado de Foix y el señorío de Albret.

En el año 1498, la muerte del rey de Francia, Carlos VIII el 8 de abril y la elección del papa Alejandro VI, un Borgia, son dos buenas noticias para los navarros. El nuevo rey de Francia, Luís XII quiere obtener el divorcio para casarse con Ana de Bretaña, incrementando con ello el territorio francés y para ello negocia el matrimonio de Carlota de Albret, hermana del rey de Navarra, con el hijo del papa, Cesar Borgia.

La bella, piadosa y dulce gascona, es entregada al príncipe italiano más corrupto, pero esa boda es una gran manera de sembrar confusión. Los soberanos de Navarra intentan aprovechar la situación, para hacer oír las legítimas reclamaciones navarras.

Con el apoyo de Luís XII de Francia, los soberanos navarros presentan algunas demandas a los reyes españoles, que incluso se remontaban a los tiempos de Juan II el Usurpador, hasta el punto que el propio rey de Navarra, Juan III de Albret, se presenta en Sevilla donde residen los reyes españoles.

La recepción es fastuosa, lo que asombra al rey gascón, que no vio ninguna malicia en todas esas gentilezas, prometiendo perdonar al II conde de Lerin y a sus partidarios, mientras que los jefes de la fortaleza de Biana rendirán homenaje al rey español. La tregua alcanzada duró algún tiempo, hasta que el condestable muestra sus uñas de nuevo.

El rey católico comienza de nuevo una campaña de amenazas y falsos rumores, lo que obliga a los reyes Catalina I de Foix y Juan III de Albret, a acudir de nuevo a la ciudad de Sevilla en el año 1500 y aceptar todas las exigencias españolas.

Es cierto que el Estado de Navarra obtiene la devolución de algunos castillos, pero al II conde de Lerin se te tuvo que agraciar con todos los suyos, recuperando los bienes que tenía el día de la coronación de Juan y Catalina. A su vez, el descendiente de la corona de Navarra, tendrá que casarse con un descendiente de los reyes españoles o en su defecto deberá contar con su consentimiento.

La situación en el Estado Pirenaico comienza a ser dramática, no lográndose liberar de una dificultad, sin aceptar nuevas ataduras, lo que obliga a demostrar a la reina Catalina, su tenacidad y astucia bearnesa, consiguiendo una doble alianza con el reino de Francia y con España.

Se llega a formar una comisión en la que tomarán parte representantes de las dos facciones. El viaje parece exitoso. En el año 1501, Juan de Albret juega a la pelota vasca con Felipe el Hermoso y posteriormente se le ve bailando con las damas de Dax. Solo Luís de Beaumont dice que el no habría ido a Sevilla, ya que era tarea de un embajador y no de un rey.

Mientras una aparente paz reina en el Reino de Navarra, pero franceses y españoles comienzan a jugar sus bazas. Los franceses con Maximiliano de Austria, lo que supone un desastre para España, ya que el nieto de los católicos, Carlos deberá casarse con Claudia, hija de Luís XII de Francia, al que se opone Fernando II de Aragón, el Falsario. El reino de Francia se prepara para responder, invadiendo Nápoles.

Este enlace deja entrever que el rey de Francia no se opone aun reinado en Castilla y León de Felipe el Hermoso, esposo de Juana la Loca, algo inaceptable para Fernando el Falsario, al perderse con ello la unidad española. Así envía una propuesta de paz al rey de Francia y pide a una princesa francesa para un nuevo matrimonio, concretamente a Germana de Foix.

La prematura muerte en el año 1506 del aliado de Navarra, Felipe el Hermoso, allana el camino a Fernando II de Aragón por el poder en Castilla y León, manteniendo con ello la unidad española. El posicionamiento navarro por el flamenco, nunca es perdonado por el español.

En una celda del castillo de Medina del Campo, se encontra el mayor enemigo de España, Cesar Borgia., cuñado del rey de Navarra. Tras conseguir una evasión considerada imposible, llega al reino vasco, poniéndose al servicio de los reyes de Navarra. En eso que el déspota Luís de Beaumont vuelve a declarar la guerra al rey Juan III de Albret.

Juan III de Albret, nombra capitán general a Cesar Borgia, encargado en particular de vigilar la frontera con Castilla y León, donde está situada la principal fortaleza del condestable beaumontés, Biana. Realmente era una plaza real, en la que Luís de Beaumont se ve como único dueño.

Cesar Borgia parte a la frontera, sitiando Larraga a su paso. Esta Fortaleza está confiada por Beaumont a Ogier de Berastegi, uno de sus capitanes. Una vez tomada, sale al encuentro del Luís de Beaumont hasta Mendavia, cerca de Biana, plaza reclamada por España.

El capitán general cuenta con un ejército formado por 1000 caballeros, 200 lanceros, 130 hombres de armas y 5000 infantes, más alguna pieza de artillería. En esto, que el II conde de Lerin decide avituallar la fortaleza de Biana, algo que consigue en dos ocasiones. Los beaumonteses aprovechan una espantosa tempestad, mientras que Cesar Borgia, poco habituado a la rudeza del las tropas navarras, mantiene a sus hombres cobijados.

La alarma suena en la localidad. Cesar Borgia, sorprendido se viste rápidamente y toma las armas. Sube en su silla de montar, sin dar órdenes ni a su escolta, saliendo a toda velocidad del recinto por la puerta y el bulevar de la Solana, soltando innumerables blasfemias y gritando:

“¿Dónde está. Dónde está este Condecillo?”

Tres de los guardianes del conde, entre ellos Garcés de Agreda y Pedro de Allo, esperan al capitán general del ejército navarro en un barranco, donde el primero de ellos consigue traspasar a Cesar Borgia con una lanza. El incidente dura una exhalación. Rápidamente su armadura y armamento son robados, dejando el cadáver desnudo en el campo de batalla.

Nada más ser informado, el rey de Navarra se presenta en el lugar, donde se encuentra el cadáver desnudo, ensangrentado y acribillado de heridas, del capitán general de Navarra. Tras ordenar cubrir el cuerpo con una manta y depositarlo en Santa María de Biana, manda que se erigiera una tumba monumental en la localidad.

Tras esto la situación empeora con gran rapidez en el Reino de Navarra. El rey Juan III de Albret asola todas las tierras de Luís de Beaumont, tomando la villa de Lerin, mandando arrasar sus casas, arrancar sus viñas y talar sus bosques y a continuación hizo lo mismo con las demás plazas y castillos, obligando con ello que el II conde de Lerin, tras perder todos sus bienes y ser desposeido de todos títulos por el tribunal de Baiona, abandone el reino vasco y se refugie en España donde reina Fernando el Falsario.

Le acompañaban sus partidarios, parientes y fautores del bando beaumontés, entre ellos su hijo Luís de Beaumont. El II conde de Lerin muere en Aragón, quebrado por la vejez, por el disgusto de verse despojado de todos sus bienes, por la rendición del castillo de Biana y de Larraga, donde se habían restablecido la obediencia al rey de Navarra.

Era un 16 de noviembre de 1508, en Aranda de Jarque, a la edad de 70 años cuando fallece este diabólico hombrecillo, ambicioso, iracundo y obstinado, que sin ningún lugar a dudas, tenía una gran responsabilidad en las desgracias del reino vasco.

La situación en el Reino de Navarra continua siendo agónica, ante las ambiciones de los reinos de Francia y de España, más concretamente de Luís y de Fernando. Ni las declaraciones de falsa amistad pueden alimentar ilusiones, ya que españoles y franceses utilizan análogos método de intoxicación. El nuevo papa no solo abandona a los navarros, sino que además consagra la expoliación.

Así desde el año 1507, Fernando el Falsario tiene clara la idea de anexionar el Reino de Navarra a España, mientras el rey francés se plantea anexionarse, al menos, la Navarra del norte del Pirineo. El rey francés pretende tras la muerte de Juan de Carbona, que su hijo Gastón de Foix, se convierta en rey de Navarra, pero el héroe de Ravenne, muere en esa misma batalla en abril de 1512, frenando las aspiraciones navarro-bearnesas de francés.

El rey español, a pesar de la derrota sufrida en Ravenne, mantiene intacta su alianza con el papado del retorcido y terrible Julio II. En la guerra entre los reinos de Francia y de España, solo el Reino de Navarra es neutral, además de ser el único Estado que quiere la paz. El rey de Francia cede al rey español el Rosellón y Cerdeña, en poder del reino de Francia desde los dramáticos tiempos del príncipe de Biana, Carlos.

El rey francés comete el error y la torpeza, de patrocinar un concilio organizado por algunos cardenales descontentos, en la ciudad de Pisa primeramente, después en Milan, Asti para acabar en Lyon. El objetivo es simple, destituir al papa Julio II. El emperador Maximiliano se une a esa idea, pero el rey español no, arrastrando con él a suizos y la república de Venecia, así como a Enrique VIII de Inglaterra, tras la promesa que le hace el español, de ayudarlo en la recuperación de la Guyena.

Así nace, ante esa tentativa cismática, la liga santísima, cuya proclamada misión es hacer la guerra a los franceses, para salvar a la iglesia y devolver la Guyena a los ingleses. Los navarros son conscientes del peligro que corren, al estar el Reino de Navarra entre los estados de Francia y de España. Así las cortes se reúnen y se comprometen a hacer todo lo que está a su alcance para conservar la independencia nacional.

Mientras los reyes de Navarra, no pensaban más que en alianzas y arreglos, los Beaumont que permanecían en el interior del Reino vasco, solo piensan en rendir vasallaje al rey de España. Además el monarca español se mueve en silencio, preparando la paz-la suya- preparando la guerra. El ejercito español cuenta con 1000 caballeros bardados, 1500 ligeros, 6000 infantes, más veinte piezas de artillería para forzar a las plazas navarras que se resistan.

*Palabras en referencia a la situción que vivía el Reino de Navarra, realizadas por el cronista musulmán Favyn.

BIBLIOGRAFÍA

ADOT, A. Juan de Albret y Catalina de Foix o la defensa del Estado navarro, 2005

AOIZ, Floren. La vieja herida. De la conquista española al amejoramiento Foral, 2002

AGRAMONT, Pedro. Historia de Navarra, 1996

ALTADILL, Julio. Geografía general de Navarra, 1916

BOISSONNADE, Pierre. La conquista de Navarra, 1981

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CARO BAROJA, J. Etnografía Histórica de Navarra, I, 1971

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

FORTUN, Luís Javier y JUSUE, Carmen. Historia de Navarra, 1993

HUICI, María Puy. En torno a la conquista de Navarra, 1993

JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980

LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

MIRANDA, Fermín. Historia de Navarra, 2004

MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980

NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

PÉREZ, María Cruz. Atlas de Navarra. Geografía e historia, 2006

SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007

SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

URZAINQUI, Tomás y DE OLAIZOLA, Juan Mª. La Navarra marítima, 1998

URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

USUNARIZ, Jesús María. Historia Breve de Navarra, 2006

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

VV.AA. Historia de Navarra, 1994

YANGUAS Y MIRANDA. Crónica de los reyes de Navarra, 1843

YANGUAS Y MIRANDA. Historia compendiada del Reino de Navarra, 1843

2009/06/15

Iruinea, junio 2009


La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Cuarta parte
Navarra y los Tratámara: Usurpación y codicia. División e irreconciliación
Soberanía de Navarra

“Nadie sabe lo que hace mientras actúa correctamente, pero de lo que está mal uno siempre es consciente.” Johann Wolfgang Goethe

En el año 1442, Carlos de Biana, lugarteniente del Reino de Navarra, acompaña a su hermana Leonor hasta Donibane Garazi, al estar prometida a Gastón, conde Foix. Una vez en Donibane Garazi la confía a su chambelán Baltasar. El derrochador príncipe de Biana, celebra con gran pompa las exequias de una prima, complicándose en gran modo sus finanzas.

Mientras Juan II de Navarra, sufre continuas nuevas decepciones en sus pretensiones castellanas, lo que le acerca más al Reino de Navarra y a su hijo el lugarteniente. Los problemas entre ambos se acrecientan, cuando Juan II se inmiscuye en las finanzas del Estado navarro y sobre todo cuando se instala en Erriberri junto a varios nobles castellanos, los cuales están completamente arruinados y junto a Juan II de Trastámara, también está su hijo bastardo, Alfonso de Aragón, señor de Calatrava.

Juan II no tiene ninguna consideración con el príncipe de Biana, procurándose solo en hacer frente al reino de Castilla-León y busca obtener del Reino de Navarra, la mayor cantidad de recursos posibles para sus actividades bélicas. Esto sumado a las facciones que ya se agitan desde hacía muchos años y los enfrentamientos son cada vez, más o menos abiertos, la guerra por el poder en el Reino vascón, está apunto de estallar.

Juan II de Navarra se casa con Juana Enríquez, hija del Almirante del reino de Castilla y León, en el año 1447, nada más llegar las dispensas de Roma. El matrimonio de Juan II el Usurpador con la castellana Juana Enríquez es el principal detonante de una guerra por el poder en el Estado vasco. La habilidad política de Juana Enríquez, la convierte en la auténtica lugarteniente del rey, relegando al príncipe de Biana a una segunda o tercera fila. Juan II de Navarra se niega a renunciar al título de rey, usurpándoselo a Carlos, príncipe de Biana que se ve acorralado y opta por la huida. Pronto es visto en Segura, donde se le unen algunos hombres de su confianza, como el condestable de Navarra, Luís de Beaumont, Juan de Luxe y Martín Mongelos.

Juan II el Usurpador estalla en cólera ante la huida del príncipe. Envia en su busca al franciscano Otxoa de Gascue y al agustino Otxoa de Otxagabia, pero los dos lobos son asaltados en el camino, desnudados y sometidos a vergonzosas crueldades, mientras los partidarios del príncipe se organizan, desde Etxarri-Aranaz a Donibane Garazi. Donibane Garazi se había posicionado a favor del rey y en contra del príncipe, al ser un feudo agramontés. Esto es suficiente para que el barón de Luxe se apodere de la castellanía de Ultrapuertos. Juan II ordena al señor de Zangoza que se apodere del citado barón de Luxe y del castillo, pero en la ciudad de Ultrapuertos, Luís de Beaumont y Juan de Luxe muestran una resistencia tenaz a la autoridad real.

Luís de Beaumont, I conde de Lerin, título otorgado por Carlos III al casarse con su hija bastarda Juana, al igual que el de condestable de Navarra, en un principio se posicionó del lado del rey Juan II, pero rápidamente cambió de bando. Su hijo, también Luís II conde de Lerin, se intitula lugarteniente y capital general del príncipe de Biana, en el año 1450 lo que provoca que en ese mismo año se le embarguen sus bienes por orden del rey Juan II el Usurpador.

Juan II de Navarra, en ese mismo año, se une a los ingleses ante la acometida final lanzada por los franceses contra la Gascuña, los cuales cuentan con un gran apoyo de tropas castellanas.

Juana Enríquez abandona Erriberri y se retira a Zangoza. Entre tanto el príncipe de Biana es localizado en Donostia y se somete al rey Juan II el Usurpador en el año 1451. Las turbulencias en Navarra son aprovechas por su gran enemigo, el reino de Castilla-León. El ejército castellano irrumpe hasta Burandón y Lizarra, llegando aún acuerdo militar con el príncipe de Biana. Tras firmar el acuerdo en Gares y Lizarra, las tropas castellanas evacuan el Reino de Navarra, pero la guerra entre el príncipe y el rey queda ahora abiertamente declarada.

El acuerdo entre el príncipe de Biana y los castellanos irrita en sumo al rey Juan II el Usurpador. Briones vuelve al reino de Castilla y León, además no se puede dar ya, una reconciliación entre padre e hijo, sin tener un acuerdo antes con el imperio castellano. Además el príncipe de Biana debe casarse con la hija del conde de Haro y uno de los hijos de éste lo haría con Ana, hija de Luís de Beaumont. Larraga y Mendavia iran en prenda al reino de Castilla y León, a la espera de ser canjeadas por Biasteri y Biana.

El matrimonio de la hija del I conde de Lerin, Juana, con Pere de Latsaga hace que esta casa se una al partido beaumontés. El hermano del conde, Juan de Beaumont, es una persona fuera de lo común en esta familia. Prior de San Juan de Jerusalén es un hombre venerable y noble, en este conflicto en ciernes y lleno de desmanes por ambos lados.

Juan de Beaumont es el gobernador de Iruñea, dentro de la parte del Reino que permanece fiel al príncipe de Biana. Es hecho prisionero en el reino de Francia por el conflicto interno que vive el Estado de Navarra y tiene que pagar un rescate por su liberación. El II conde de Lerin, también llamado Luís de Beaumont, tiene las misma determinación para servir la causa del príncipe. Sus bienes y señoríos en el Reino de Navarra, habían ido a parar a un notorio agramontés, Pierres de Peralta y a uno de sus mayores enemigos, Felipe de Navarra, mariscal del Reino.

Otras casas se van agrupando entorno a los Beaumont, mostrando el mismo encarnizamiento que ellos. Entre ellas la de Luxe, enemiga acérrima de los Agramont, jugando un papel decisivo en los comienzos del conflicto, por lo que su nombre llegó a designar durante mucho tiempo, incluso más que el de Beaumont, al bando partidario de Carlos, príncipe de Biana.

Los Agramont rivales y enemigos de los de Luxe, se convierten por ende, en adversarios de los Beaumont, teniendo al sur del Pirineo unos apoyos y unos correligionarios igual de acérrimos que ellos. La fuerza e incluso la virulencia de los partidarios de Juan II de Navarra, deriva biológicamente en dos familias igual de próximas que la de Beaumont a la casa real, los Navarra y los Peralta.

Al frente se encuentra Felipe de Navarra, mariscal del Reino, el cual esta casado con Juana, hija del famoso Mosén Pedro de Peralta I. Su hijo Pedro de Navarra será el primer jefe auténtico del partido agramontés, lo que le provoca que el príncipe de Biana le incaute sus bienes, que son entregados después a su caballero Carlos de Cortes. Martín de Peralta asume en la práctica la dirección de las operaciones contra el partido beaumontés y los castellanos. Partidario feroz de Juan II, se le pudo ver allá donde hay un beaumontés o un castellano al que hacer morder el polvo.

Martín de Peralta comanda en el sitio de Aibar, presentándose después en Arakil, luchando por el rey en las montañas del valle de Erro y Salazar, surgiendo de pronto ante los muros de la beaumontesa Donibane Garazi, desde donde conduce la artillería del conde de Foix y de Bigorre, hasta Urroz.

El reino Pirenaico es un inmenso paraíso para bandoleros por un problema de legitimidad de trasfondo, solo el príncipe de Biana aparenta ser inocente, arrastrado en ocasiones a adoptar decisiones imprudentes para librarse de las emboscadas que le tendían guerrilleros furiosos y por encima de todo de un rey con una ambición diabólica. ¡Y ese rey es su padre!

Luxe y Beaumont, Agramont y Peralta, mucho más allá de todo lo que en realidad les opone, tenen en común la misma rabia frenética. Pero hay uno que destaca por encima de todos, el nuevo condestable Luís II de Beaumont, el adversario más encarnizado de los Agramont y de los reyes de Navarra.

El condestable de Navarra, Luís de Beaumont, II Conde de Lerín, es de pequeña estatura, aspecto feroz, dotado de una fuerza poco común; tiene todas las cualidades de un soldado: la bravura, la audacia, la indomable tenacidad. Posee una ambición insaciable que lo devora en su interior, y hasta llega a sospechar que aspira a la corona de Navarra. Hombre duro, sin piedad, tortura a sus prisioneros, sin moral como sin escrúpulos, viola la fe jurada y no se detiene ante el crimen para saciar sus venganzas. Traidor del país, es el genio malvado del Reino de Navarra.

Hay un simulacro de conclusión de la contienda bélica, con una transición. El príncipe obtendría, además de perdón para sus correligionarios y la devolución de sus fortalezas y rentas confiscadas, el gobierno del Reino durante las ausencias de su padre Juan II, junto al disfrute de la mitad de las rentas reales. Pero esto debía ser con el asentamiento del mayor enemigo de Navarra, Castilla-León, en diversa fortalezas dentro del Reino vasco.

Pero la impaciencia de los más excitados beaumonteses, consuma lo irreparable en Aibar y la lucha continua por las villas y campos de Navarra con extrema dureza. Juan II el Usurpador no se queda atrás y decreta la guerra total, a sangre y fuego.

Por parte del príncipe de Biana, su jefe es el venerable Juan de Beaumont, prior de San Juan de Jerusalén, quien nombrando capitán general a su sobrino Luís de Beaumont, Por parte de el Usurpador, encontramos al célebre Piarres de Peralta, furioso capitán general agramontés.

Todo sucede en una confusión indescriptible, en la que todos saben que estan en guerra, pero no saben realmente el porqué, ni en ocasiones quienes son sus adversarios. Iruñea y Erriberri, de manera general, están con el príncipe, junto a los valles de la montaña, a excepción del Ronkal, que permanece fiel a Juan II, asegurando así el contacto con un poderoso aliado, el conde Foix.

Una parte de la Ribera, que comprende a Tutera, siguen al rey, lo mismo que Lizarra, pero Lerin, Sesma y Mendavia son partidarias del príncipe, o lo que es lo mismo, de Juan de Beaumont. En la tierra de Ultrapuertos, Donibane Garazi está en manos de los Beaumont.

El fuego lo detona un incidente, no más grave que otros, el es cuando el príncipe de Biana es hecho prisionero cerca de Aibar. Este es conducido de prisión en prisión, de Tafalla a Zaragoza, pasando por Tudela, Mallén y Monroyo.

Durante su estancia en prisión compone sus crónicas de los Reyes de Navarra, inspiradas en buena medida en una obra de Lope de Orreaga. No es una obra genial, original tampoco, pero no deja de ser una de las primeras contribuciones a la historia del Estado vasco, con un halo grande de ingenuidad, de un príncipe por otro lado es erudito e ilustrado.

Finalmente le llega la liberación, más concedida que concertada, pues el despiadado Juan II nunca acepta recibir a los enviados de su hijo. Pero esta liberación no supone la llegada de la paz al reino vasco. Los bandos permanecen armados y exacerbados por los últimos combates, la prisión que les siguió y reemprenden de inmediato la lucha con más y nueva saña.

En el año 1453, los partidarios de príncipe se apoderan de Monreal, teniéndola que abandonar casi de inmediato. Mientras, a Carlos de Biana, se le complican sus asuntos en el reino de Castilla y León. Su aliado y verdadero jefe del ejército del príncipe, Álvaro de Luna es ejecutado, para regocijo de Juan II el Usurpador. Y el príncipe de Asturias, Enrique, llamado el impotente, obtiene el divorcio y se prepara de inmediato un nuevo matrimonio, esta vez con Blanca de Navarra.

La guerra de los cien años llega a su fin con la toma de Baiona por tropas castellano-francesas ese mismo, a pesar de la valiente defensa de la ciudad llevada a cabo por ingleses y navarros de la facción agramontesa.

El 7 de Diciembre de 1453 se acuerda una tregua entre los partidarios del príncipe y del rey, de un año y se confirma el 16 de marzo del año siguiente, por Alfonso el Magnánimo, rey de Aragón, prorrogándose en el mismo lugar el alto el fuego, hasta finales del año 1455.

En Barcelona, el 3 de diciembre de 1454, en presencia de Leonor, hermana del príncipe de Biana y de su esposo Gaston IV de Foix, especialmente convocados, Juan II dio cuenta de una verdadera imposición. El príncipe Carlos y su hermana Blanca deben someterse en el mes de enero del año siguiente. Quedan con ello privados de todos sus derechos hereditarios y son considerados como muertos.

La tregua no impide en la práctica, que sigan los enfrentamientos armados entre los bandos. Donibane Garazi, es tomada por los partidarios del príncipe el 27 de marzo del año 1455 y recuperada posteriormente para el conde Foix, para el rey de Navarra.

El Reino de Navarra y ducado de Némours, junto a otros bienes maternos deberán ser transferidos por Carlos de Biana a su hermana Leonor. Gastón de Foix, solicita el acuerdo para el 15 de abril, a más tardar para el 15 de mayo del año 1456, simulando retener al rey de Navarra hasta entonces.

En el mes de junio del año 1456, el señor de Foix parte desde Salvatierra del Bearne, llevando consigo todo su ejército. Los partidarios del Príncipe de Biana se encuentran en Donapaleu, estando al frente de ellos, Luís de Beaumont, el condestable de Navarra y II conde de Lerin, junto a Juan de Beaumont y todos los del bando del partido de Luxe.

El conde de Foix, tras preparar su ejército para el combate se encamina a las puertas de Donapaleu. Cuatrocientos partidarios del príncipe salen en busca del ejército del conde de Foix, pero sin alejarse de su vía de escape. Al comprobar el grueso del ejército del conde de Foix, los partidarios del príncipe emprenden la huida, vuelven a unirse en Donapaleu al grueso del bando beaumontés, cerrando las puertas que daban al Bearne, pero saliendo despavoridos por las del lado contrario, emprendiendo la huida a las montañas sin prestar batalla.

El conde de Foix, tras haberse retirado al Bearne por una enfermedad, emprende de nuevo el camino hacia Orreaga, donde le recibe la segunda esposa de Juan II, Juana Enríquez. Por mandato del rey de Navarra, se ponen camino a Lunbier, tomando varias plazas de guerra e iglesias fortificadas beaumontesas por el camino. En la villa de Lunbier se encuentra Carlos de Artieda, muy bien acompañado por gentes de guerra de a pie y a caballo.

El rey Juan II el Usurpador, llevaba tres meses sitiando la villa de Lunbier, sin haber conseguido ningún avance militar. El conde de Foix comienza a combatir, junto a su ejército al lado del rey de Navarra, pero en el sexto día, el rey y el conde, son informados que Juan de Beaumont, el condestable de Navarra y II conde de Lerin, se encuentran a la afueras de Iruñea, para ir a combatir contra el conde de Foix y el Usurpador.

El conde de Foix se prepara para ir en busca de combate contra los beaumonteses. Los ejércitos se encuentran en la campas de Esparza. Los beaumonteses ente la presencia del ejército del conde de Foix, se dividen y se retiran, unos a Iruñea y otros a la fortaleza de Esparza. Las tropas del conde, con sus huestes del Bearne, Foix y Bigorre persiguen a los beaumonteses. Los muertos y los prisioneros son numerosos.

Las escaramuzas y los combates directos prosiguieron. Donibane Garazi vuelve a caer en manos beaumontesas. Pero el II conde de Lerin es apresado. El príncipe de Biana, desde Mallarlo, negocia con su padre la devolución al rey de las fortalezas y plazas de su obediencia a cambio de la liberación de Luis de Beaumont, II conde de Lerin, algo no aceptado por el resto de beaumonteses hasta el año 1460, ante las órdenes reiteradas de Carlos, príncipe de Biana.

El 2 de abril del año 1463 el cargo de castellano-capitán de Donibane Garazi recae de nuevo en un Agramont, Gracían de nombre, que lo delegó a su vez en su hijo bastardo Fortaner de Agramont, en calidad de lugarteniente. El honesto Pedro Périz de Jassu, del partido agramontés, recibe del rey el diezmo del territorio de Arbelu y se instala en Donibane Garazi. Este es el padre del doctor Jaso, casado con Maria de Azpilkueta, y futuros padres de Frantzes de Jatsu.

Provistos de su propia fuerza y la de un monarca sin miedo y sin escrúpulos, los agramonteses son invencibles. Esto provoca la huida de Carlos, príncipe de Biana. Primero se le ve en Paris, después en Roma, ante el papa, quien no atiende a sus reclamaciones, lo que le lleva finalmente al reino de Nápoles.

El príncipe de Biana no consigue ningún recurso con el cual intentar alcanzar el trono de Navarra. Alfonso V el Magnánimo en cambio, le permite estar en un ambiente literario, de los comienzos del Renacimiento italiano, estando algunos poetas y amigos de Erriberri entre ese ambiente, como por ejemplo su amigo y preceptor Alfonso de la Torre.

Tras la muerte de Alfonso V rey de Aragón y Nápoles, las noticias que recibe el príncipe de Biana desde Iruñea, son poco halagüeñas. La ciudad está en plena lucha de bandos, en concreto alrededor de la sede episcopal. El príncipe propone a su hombre de confianza, Juan de Beaumont, que los canónigos eligan a su sobrino Carlos, pero el Usurpador toma la delantera y obtiene la designación de su candidato, Martín de Peralta.

El príncipe Carlos realiza una protesta sin respuesta. Pero el elegido por el rey Juan II de Navarra muere en Roma, antes de poderse ocupar la sede de Iruñea. Esto provoca que el emperador de Roma nombre al cardenal Besarion, neutral en la guerra entre el rey y el príncipe. Nuevamente esto provoca la ira del rey, partidario de su protegido Nicolás de Etxabarri, hasta el punto de prohibir la obediencia al cardenal bajo pena de muerte.

El príncipe de Biana no permanece mucho en Nápoles, así llega a Sicilia, donde algunos nobles perciben que puede ser el instrumento para sus propósitos. Juan II de Navarra comprende rápidamente que es mejor tener a Carlos como enemigo dentro del Reino de Navarra, que en Sicilia con su consentimiento. Carlos de Biana se presta a asegurar, en varias embajadas, su obediencia y su voluntad de comprometerse como heredero universal de su padre, siendo esto precisamente, lo que no quiere el Usurpador.

Juan II de Navarra ya también de Aragón, rechaza considerar al príncipe de Biana como heredero en el reino de Aragón, y para ello cuenta con más armas que por el mismo pleito en el Reino de Navarra. El sucesor de Aragón, ya había sido designado in pectore, en las mentes del Usurpador y de su segunda esposa, la castellana Juana Enríquez, y que tiene por nombre, Fernando.

El Usurpador invita a su hijo Carlos a acudir a su lado, a lo cual el príncipe de Biana no pone ninguna objeción. Tras partir de Palermo y realizar breves escalas en Cerdeña y en Salou, llega a Mallorca donde su padre le dice que espere sus órdenes.

Estando en Mallorca, el príncipe Carlos recibe los términos de la pretendida concordia de Barcelona, donde se le concede, junto a su hermana y compañera de infortunios Blanca, un generoso y general perdón. El príncipe se compromete a restituir las plazas que le obedecían en el Reino de Navarra, por lo que quedaba privado de cualquier alianza y autonomía.

Juan II de Navarra y Aragón, a cambio le otorgaba su generoso perdón, autorizando al príncipe a residir donde quiera, a excepción de Sicilia y de Navarra. El príncipe no debía presentarse en Corte, del Reino de Navarra, y se buscaría un nuevo matrimonio de su conveniencia para Carlos de Biana, el cual ya tenía puestos los ojos en la hermana de Enrique IV de Castilla y León, llamada Isabel. Se le asignaban unas rentas razonables y se le devolvía el principado de Biana.

La infanta Blanca recibía 3000 libras, al igual que su hermana Leonor, esposa del conde de Foix. Esta última, además recibiría 3000 libras suplementarias otorgadas por los tres Estados de Navarra. Juan II de Navarra, Aragón, Nápoles y Sicilia fija su residencia en Iruñea, donde el príncipe de Biana, tiene prohibida la entrada.

La presencia de Carlos en Barna, está marcada por su desembarco triunfal en la ciudad condal. Esto provoca de nuevo, las iras del rey Juan II, prohibiendo que fuese tratado como primogénito o sucesor designado en el reino de Aragón. Juan II se presenta en Barcelona y pronto sale a relucir el tema del matrimonio. El prior de San Juan, Juan de Beaumont, amigo íntimo de Carlos de Biana, contra todo pronóstico, solicita la mano de Magarita de Portugal.

Juan II pronto pone final al asunto, cuando el rey de Portugal plantea la condición de que el príncipe de Biana sea designado heredero del Reino de Navarra y del reino de Aragón. Más explosiva resulta la idea de una boda con Isabel, hermana de Enrique IV. El rey de Castilla y León, se muestra receptivo a las reivindicaciones de Carlos, pero Juan II tiene reservada a Isabel para su segundo hijo, Fernando.

Así, el príncipe Carlos es de nuevo arrestado, esta vez en Lleida, en compañía de sus hombres de confianza, Juan de Beaumont y Carlos de Miravet. Las Cortes de Aragón, reunidas en Fraga, llaman a la clemencia real, en vano. El príncipe y sus dos leales hombres son trasladados a Aitana, luego a Fraga, a continuación a Zaragoza y por último de nuevo a Fraga.

Esto es debido al trabajo político realizado por Juana Enríquez y su padre Fabrique, que convencieron al rey Juan II, de unas supuestas transacciones del príncipe Carlos con el rey de Castilla y León para destronarlo. El ya viejo Juan II, suspicaz y medio ciego, se cree estos supuestos testimonios escritos que presenta su virulenta esposa.

El viejo rey, pierde su autodominio tratándolos incluso de traidores a la corona a los catalanes, lo que decide que sus diputados proclamen primogénito al príncipe de Biana, que nunca había sido tan popular en Cataluyna, llegándose a decidir la creación de un ejército y la construcción de 24 galeras.

El Usurpador siente miedo y se marcha de Lleida en dirección a Fraga. Allí coge al príncipe de Biana y lo traslada personalmente a Morella, al tiempo que envía a Juan de Beaumont a la fortaleza de Játiva. Las tropas catalanas enviadas a por el rey sobre Fraga no provocan ninguna resistencia en los diputados aragoneses y el condestable Luís de Beaumont, al mando de tropas castellanas, marcha sobre Borja. Los habitantes de Zaragoza piden la liberación del príncipe y un pesado silencio, cargado de amenazas, inquietaba al Reino de Navarra.

El propio Papa envía una bula a los obispos catalanes, incitándoles a solicitar la libación del príncipe navarro. Esto provoca la capitulación del testarudo monarca, y ordena la liberación de Carlos de Biana. La principal culpable del cautiverio del príncipe navarro, la castellana Juana Enríquez, es la encarga de entregar la carta de liberación en Morella.

La reina de Aragón, tiene la desfachatez de acompañar al príncipe navarro hasta Tarragona, donde los catalanes disuaden a la reina de su intención de seguir acompañando al navarro. Así el príncipe Carlos conoce su noche triunfal en la noche del 12 de marzo del año 1461, en Barcelona, lejos del Reino de Navarra.

La reina de Aragón negocia la capitulación de Villafranca del Penedés. Los catalanes unidos y amigos del príncipe, triunfaban en toda la línea. Carlos de Biana es reconocido como primogénito y heredero de todas las posesiones del rey. Protegido por una inmunidad general y se convierte en lugarteniente general irrevocable de Cataluña, Rosellón y Cerdeña. Por otro lado, Juan de Beaumont es liberado en un plazo de quince días y los castillos del Reino de Navarra son confiados a notables de Aragón, Cataluña y Valencia.

Juan II de Navarra y Aragón, acepta que su hijo sea declarado primogénito, aunque se olvida de convocar las Cortes, sin cuyo acuerdo de proclamación carece de valor legal alguno. Carlos de Biana pretende casarse de con Isabel de Castilla y León, sellando con ello una nueva alianza, dando sus poderes el 17 de junio para concluir una alianza con Castilla-León, pero inesperadamente el rey Juan II le arrebata la novia y con ello la alianza, al conseguir el compromiso de un enlace con su segundo hijo, Fernando.

El príncipe de Biana acude ante el rey de Francia, Luís XI, sin conseguir otra cosa que un futuro matrimonio con la hermana del francés, Magdalena. Para sorpresa casi general el 23 de septiembre del año 1461 se anuncia la muerte del primogénito de Aragón y Sicilia, sin nombrar en ninguna crónica de la época, que el Reino que debió gobernar, que no era otro más que el de Navarra.

Se extiende el rumor de una muerte por envenenamiento, recayendo las culpas sobre su madrastra, la castellana Juana Enríquez. Blanca de Navarra, hermana del príncipe, cree firmemente en ello, aunque el príncipe muere de tisis o tuberculosis.

Las exequias por su funeral se realizan en Barcelona y tan solo un grupo pequeño de fieles navarros se encuentra allí, acompañando al venerable Juan de Beaumont, gran prior de San Juan de Jerusalén, y al mismo tiempo jefe y moderador de un movimiento, que sin él, hubiera llegado a los peores extremos. Los bienes de Juan de Beaumont son confiscados por el Usurpador y entregados a Alfonso el Bastardo, infante de Aragón.

Tras la muerte del príncipe de Biana, Juan II y su segunda esposa, Juana Enríquez centran sus iras contra la infanta Blanca de Navarra. Juan II hábil político, desarrolla una tarea diplomática de forma simultanea a ambos lados del Pirineo, es decir con Enrique IV de Castilla y León y Luís XI de Francia, aunque este último consigue desbaratar las artimañas del aragonés.

Blanca de Navarra es la legítima heredera tras la muerte del príncipe de Biana, en función a su edad y de la constitución navarra fijada por las Cortes del reino vasco. Pero al ser la compañera de infortunios de Carlos de Biana para el déspota de Juan II. esta era una tacha imborrable, así que apoya a la tercera hija del primer matrimonio, Leonor.

La princesa Blanca es preparada para su calvario. Se disuelve su matrimonio con Enrique IV de Castilla y León, un matrimonio que duró 13 años y sin que llegara a consumarse por la impotencia del castellano. Tras ello, Juan II la encierra en el castillo de Erriberri.

Tras unas protestas sin respuesta, es acompañada por su implacable enemigo Piarres de Peralta en su marcha a Orthez. A la princesa Blanca, Piarres de Peralta le comunica que no pasaran de Iruñea, a lo sumo llegaran a Donibane Garazi. El 23 de Abril del año 1462, la princesa navarra redacta una protesta en Orreaga, donde afirma que es conducida en contra de su voluntad.

Algunos días después la pobre cautiva procede en Donibane Garazi, aun acto tan extraño como ineficaz, declarando al rey de Castilla y León, el Impotente, heredero del Reino de Navarra, siendo ésta una medida contraria a la constitución, pues esa decisión solo corresponde a las Cortes de Reino vasco.

Así Blanca muere en Orthez el 2 de diciembre del año 1464, en condiciones más misteriosas incluso, que las de su hermano, y nadie duda de la idea de un envenenamiento por mandato de su madrastra, Juana Enríquez.

A pesar que desde el año 1455, cuando el rey Juan II deshereda a Carlos y Blanca, devolviendo con ello todos los derechos a la Corona de Navarra a una casa pirenaica, la de Foix, comenzando con Gastón IV, vizconde del Bearne, gracias al matrimonio con la infanta Leonor de Navarra, esto no ocurre realmente hasta la muerte del autoritario y testarudo Juan II de Navarra, Aragón y Sicilia.

Así que, tanto Leonor como Gastón, solo habían llegado a ser unos meros lugarteniente de Juan II en el Reino de Navarra. El conde de Foix había sido el mejor aliado del Usurpador en sus luchas contra los sublevados catalanes. Mientras Leonor permanecía sujeta por entero en los asuntos internos del Reino de Navarra, por otra parte nada fáciles de resolver, ya que se trataba de conseguir la obediencia de los Beaumont, que cada vez se acercaban más al mayor enemigo de los navarros, Castilla y León.

Pese a ello, y gracias a la nobleza ejemplar de Juan de Beaumont, gran prior de San Juan de Jerusalén, que acepta al monarca Juan II el Usurpador, se consigue un momentáneo acercamiento de los Beaumont al trono real. El prestigio de Juan de Beaumont no era reconocido solamente por sus partidarios, sino también por sus contrarios, los Agramont. Este ilustre y venerable caballero realiza su adhesión al rey Juan II en el año 1464 y es colmando de inmediato de antiguas y nuevas posesiones.

Pero realmente el país siente un verdadero alivio en septiembre del mismo año, cuando algunos de los principales beaumonteses, entre los que se encontraban Carlos de Artieda, Arnaldo de Hosta y otros, prestan juramento al rey en Tarazona. Nicolás de Etxabarri, obispo de Iruñea, es el gran inductor de la reconciliación, algo que pagará con su muerte, a manos de los esbirros de terrible Piarres de Peralta.

La muerte del obispo de Iruñea, viene tras una emboscada preparada por Piarres de Peralta, después de que el agramontés fingiera una reconciliación con el prelado pamplonés, por mandato de la infanta Leonor. La princesa de Biana es gran mecenas de la casa de Navarra y especialmente de la de Peralta, durante esta guerra intestina. Una muerte que pronto es vengada por los Beaumont, los cuales invitan al mariscal Pedro de Navarra a Iruñea.

El confiado mariscal pierde la vida junto a varios de sus hombres, al adentrarse en Iruñea fiándose de la palabra de los jefes beaumonteses. La muerte de Gastón de Foix en el año 1472, se suma al incipiente poder de su hermano de padre, Fernando de Aragón, ya casado con Isabel de Castilla y León, el cual comienza a dar muestras dede sus pretensiones sobre el Reino de Navarra.

Juan II de Navarra, Aragón y Sicilia muere en el año 1479 y las Cortes reunidas en Tutera nombran inmediatamente reina a Leonor, que ya había trasferido el título de príncipe de Biana a su hijo Gastón. Leonor toma los títulos de reina de Navarra, infanta de Aragón y de Sicilia, duquesa de Nemours, de Gandía, de Montblanc y de Peñafiel, condesa de Foix y señora de Bearne, condesa de Bigorre y de Ribagorza y señora de Balaguer.

Alguna de estas pretensiones, son totalmente irrisorias y anacrónicas, desde hace mucho tiempo caducas. Apenas se había ceñido la corona cuando cae enferma. Mujer realista y de coraje redacta su testamento, en el que solamente se olvida nombrar a su hermano de padre, Fernando II de Aragón. El título reina de Navarra, que tanto había deseado, solo le dura 15 días.

BIBLIOGRAFÍA

AGRAMONT, Pedro. Historia de Navarra, 1996

ALTADILL, Julio. Geografía general de Navarra, 1916

AZCONA, José Maria. El príncipe de Viana. Escritos del Príncipe, fuentes históricas, iconografía, 1941

BOISSONNADE, Pierre. La conquista de Navarra, 1981

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CARO BAROJA, J. Etnografía Histórica de Navarra, I, 1971

CASTRO, J R. Blanca de Navarra y Juan de Aragón, 1966

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

FORTUN, Luís Javier y JUSUE, Carmen. Historia de Navarra, 1993

HUICI, María Puy. En torno a la conquista de Navarra, 1993

JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980

LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

LÓPEZ, Rafael. Navarre shall be… La Tierra del Euskera y las Islas Británicas, 2004

MIRANDA, Fermín. Historia de Navarra, 2004

MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980

NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

PÉREZ, María Cruz. Atlas de Navarra. Geografía e historia, 2006

RAMÍREZ, E. Solidaridades nobiliarias y conflictos políticos en Navarra. 1387-1464, 1990

RAMÍREZ, Eloísa Y TAMBURRI, Pascual. El príncipe de Viana, 2001

SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007

SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

TOWNSON, Duncan. Breve historia de Inglaterra, 2004

URZAINQUI, Tomás y DE OLAIZOLA, Juan Mª. La Navarra marítima, 1998

URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

USUNARIZ, Jesús María. Historia Breve de Navarra, 2006

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

VV.AA. Historia de Navarra, 1994

WIKIPEDIA. Guerra de los Cien Años, http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Cien_A%C3%B1os

YANGUAS Y MIRANDA. Crónica de los reyes de Navarra, 1843

YANGUAS Y MIRANDA. Historia compendiada del Reino de Navarra, 1843

Nafarroa osoa burujabe



"Herri euskaldunaren elkartasuna, burujabetasuna lortzeko indar eta botere nahikoa da"

2009/06/12

Iruinea, junio 2009



Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Tercera parte
Navarra y los condes de Evreux : Grandeza, nobleza y torpeza
Soberanía de Navarra

“No conozco el secreto del éxito, pero sí el del fracaso: intentar gustarle a todo el mundo” Oscar Wilde

En pleno florecimiento del estilo gótico, mientras los reinos de Inglaterra y de Francia se encuentran sumergidos en la guerra de los cien años, en el año 1349, Carlos de Evreux accede al trono navarro a la edad de 17 años. Un año después es coronado en la Catedral de Iruñea, ante la presencia de los obispos de Iruñea, Tarazona, Baiona y Oloron.

Rápidamente toma nota ante el descontento provocado por los recaudadores de impuestos, que son demasiado avaros. Pero suscita otros más violentos al reprimir con crueldad una revuelta provocada por un impuesto particularmente impopular, destinado a permitir al rey, el acuñar moneda.

La reacción real es inmediata, ahorcando a cuatro personas en el punte de Miluce y a otras cuatro en diversos mercados del Reino. Tras este comienzo autoritario y cruel, la sociedad navarra calla. Carlos II, desde ese momento llamado el Malo, tiene otras preocupaciones, concretamente en el reino de Francia, lo que le hace presentarse en Languedoc, en calidad de vasallo y gobernador del rey francés Juan II el bueno.

Mientras el infante Luís, hermano de Carlos II de Navarra, se hace cargo del Reino, gobernando sin hacerse destacar. La buena relación entre el monarca navarro y el reino de Francia, es poco duradera, aunque en ese pequeño intervalo de tiempo, Carlos II de Navarra se enfrenta a los ingleses en Montreal de Agenais, junto a su cuñado Gastón Febo, conde Foix.

El 22 de febrero de 1352, Carlos II de Navarra se casa con una niña de 8 años, de nombre Juana e hija del rey de Francia. La dote es opulenta, formada por 100.000 escudos de oro y 12.000 libras de renta en tierras, pero todo se queda en una mera promesa.

Carlos II no permanece mucho tiempo en Languedoc, ya que solo fue a reclamar al rey de Francia los Condados de Champane y Brie, y en su defecto el condado de Angulema, que sustituía a estos en el patrimonio de los reyes de Navarra. Esto suponía un gran bocado, ya que el Condado de Angulema había sido cedido por Juan II de Francia a Carlos de España, nieto de Fernando de la Cerda.

En el año 1354, Carlos de España y condestable de Francia, es asaltado en su cámara y asesinado en el castillo de Laingle por un grupo de fieles navarros, entre los que se encontraban J. Remírez de Arellano, Rodrigo de Uriz, Corbalan de Lehet, más los barones de Garro y de Artieda. Hecho que causa furor y pesadumbre en el monarca francés, quien jura enemistad mortal contra los navarros.

El rey de Navarra no pretendía asesinar al condestable francés, sino mantenerlo como rehén y tener una baza con la que acometer las negociaciones. Ello no le impide asumir los actos de sus fieles navarros, lo que le lleva a la prisión del Louvre. La intervención de las reinas Juana y Blanca, permite su liberación, eso sí, tras abonar una importante suma de dinero, que sirve para atender el sufragio por el alma del condestable francés.

A los ojos ingleses, el rey de Navarra había mostrado su poderío, lo que provoca que el rey de Francia, ante una posible y peligrosa alianza anglo-navarra para el reino de Francia, acepte el tratado de Mantes, concediendo a Carlos II, en lugar de Angulema, el Contentin, con el condado de Beaumont-le-Roger, las castellanías de Breteuil y de Conches, más la promesa de 38.000 libras como compensación de los condados de Champane y Brie y 12.000 libras más, por el incumplimiento de la dote de matrimonio.

Todo concluye en el parlamento de Paris, tras otorgar el indulto al culpable y a los cómplices del asesinato de condestable francés, es decir, se otorga el indulto para Carlos II y sus fieles navarros. Pero seis meses después la mala fe del rey de Francia queda manifiesta, tras no aplicarse el tratado de Mantes.

El rey de Navarra comienza a realizar conversaciones secretas con los ingleses. Se reúne en Avignon con algunos cardenales y con el Duque de Lancaster. A su regreso al Estado de Navarra, recluta a 2.000 hombres, al precio de 30.000 libras y fleta varios navíos en Hondarribia, mientras el duque de Lancaster y el Príncipe de Gales, movilizan dos escuadras en el Tamesis.

En Baiona, lugar donde embarca la escuadra navarra, el propio rey toma el mando de operaciones. Una operación más intimidatoria que real. El rey de Francia, impresionado ante la amenaza, y presionado por el requerimiento de su pueblo y la nobleza francesa e incluso del mismo papa, el 10 de septiembre de 1355, consiente la firma del tratado de Valognes, el cual ratifica el anterior de Mantes y restituye las tierras de la Normandia robadas por los franceses, al Reino de Navarra, pero a su vez el monarca navarro se compromete a prestar sumisión al monarca francés en Paris.

Todo es una comedia por parte del rey de Francia, el cual desea la muerte del rey de Navarra y de sus hermanos. Así en Ruan, el día 5 de abril de 1356, el rey de Navarra se encontra cenando en el castillo del delfín de Francia y duque de Normandía, Carlos, cuando irrumpe el rey de Francia y manda apresar a Carlos II de Navarra. También ordena decapitar inmediata de cuatro caballeros que se encuentran en la mesa, entre ellos el duque de Harcourt.

El rey de Navarra es recluido en una habitación a la espera de ser encarcelado en el Louvre, después se le traslada al Châtelet, a continuación en Château-Gailland, en Crèvecoeur, para finalmente acabar en la fortaleza de Arleux, en la región de Picardia.

Un golpe preparado entre el rey de Francia y su hijo el delfín, con la única intención de apropiarse de los bienes que el navarro y el conde de Harcourt poseían en la Normandia, pero a fin de cuentas es una mala jugada por parte de Juan II de Francia, ya que provoca la alianza de sus enemigos, los ingleses y los navarros.

Las tropas del duque de Lancaster desembarcan ese mismo año, en el Contentin. Estas se unen a las tropas de Felipe de Navarra, hermano del rey preso y de Godofredo de Harcourt, tío del decapitado. En una fulgurante campaña se presentan a las puertas de Paris. Mientras el príncipe Negro o príncipe de Gales, parte desde Burdeos y junto a sus 8.000 hombres, en las cercanías de Poitiers, inflinge una terrible derrota al rey de Francia, el cual es conducido como prisionero a Inglaterra, junto a su hijo Felipe.

El rey de Navarra no queda olvidado en su prisión. Sus hermanos multiplicaron las gestiones ante los tres estados, el príncipe de Gales, el papa Inocencio VI y los reyes de Castilla y de Aragón. El infante Luís envía a Pedro Périz de Arteiz, para liberar al rey vestido de peregrino. Pero es descubierto por la guardia francesa, teniéndose que gastar una importante suma de dinero, para liberar al liberador. Incluso ocurre algo inusual en el estado vasco el clero navarro renuncia a dos tercios de las primicias, para aprestar la liberación de su rey.

La prisión dura año y medio, al hacer oídos sordos el delfín de Francia, a todas las peticiones humanas y divinas. Así un grupo de navarros, disfrazados de apacibles carboneros, penetran en el castillo de Arleux el 9 de septiembre de 1357 sin levantar sospecha alguna entre los guardias y carceleros franceses. El rey de Navarra e liberado, en la mejor tradición vascona de todos los tiempos.

Cralos II de Navarra es recibido triunfalmente en Reims, y se apresura en presentarse en Paris, donde es acogido con gran alegría. Tras departir en latín a las gentes de Paris y en presencia del duque de Normandia, el rey de Navarra se marcha a Ruan, para hacer descolgar los cuerpos descarnados de sus cuatro compañeros decapitados, año y medio antes y asegurarles unos funerales solemnes.

Burgueses y comerciantes de Paris acuden al rey de Navarra, presentándole sus quejas contra el delfín de Francia, lo que obliga al francés a reconciliarse con el navarro, ofreciéndole un palacio en Paris y 10.000 libras de renta a recoger en Bigorre y en la senescalía de Toulouse, como compensación a su larga estancia en prisión, pero inmediatamente después, el regente francés abandona Paris y prepara su venganza.

Esteban Marcel hace un llamado al navarro, que de regreso en Paris el 15 de junio y acompañado por algunas tropas inglesas, lanza una nueva arenga y una nueva y clara alusión, a sus derechos a la corona francesa. Carlos II de Navarra dice que su madre habría sido rey de Francia, de haber nacido hombre. El pueblo de Paris es un clamor, gritando: NAVARRE, NAVARRE, NAVARRE.

Pero el rey de Navarra es demasiado hábil para dejarse embriagar y simula unas negociaciones con el regente francés, que a su vez, simula otorgarle al navarro 400.000 florines y una renta de 10.000 libras. El rey de Navarra, no ve, ni por asomo lo prometido, y se retira prudentemente a Saint-Denis, fuera de un Paris tumultuoso, en el que su aliado, Esteban Marcel es asesinado el 31 de julio de 1358.

Las esperanzas navarras de un éxito en Francia se perdieron tras la paz de Brétigny, el 8 de mayo de 1360, que significa un fin provisional de las hostilidades franco-inglesas, privando al Reino de Navarra del apoyo indispensable del rey de Inglaterra. Solo se reafirma la incorporación del condado de Evreux a la corona de Navarra, mientras el infante Felipe de Navarra, recupera sus posesiones en la Normandia.

Así pues, al rey de Navarra no le queda otra que embarcar en Cherburgo, para presentarse en Iruñea, en el año 1361, tras sufrir un nuevo fracaso en sus pretensiones sobre el ducado de Borgoña, que tras la muerte de su titular sin descendencia masculina, le había permitido al rey Juan II de Francia, secuestrar literalmente el ducado, con el pretexto que este había sido arrancado con anterioridad al reino de Francia.

Pedro IV de Aragón, durante su reinado se apresura a fortificar el reino de Aragón e intenta acrecentar su basto imperio a expensas del reino de Castilla-León y como no, del Reino de Navarra. En el reino de Castilla y León, Pedro I el cruel, tiene al enemigo en casa. Este es su hermano bastardo Enrique de Trastámara, siendo el Estado de Navarra, materia de subasta, más o menos tentadora.

Todo comienza durante los cuatro años de guerra entre los reinos de Castilla-León y de Aragón, con una neutralidad navarra lograda gracias a la diplomacia del infante Luís, hermano de Carlos II de Navarra. Luís es un notable gobernador dentro del Reino vasco. Dicha neutralidad, reconocida por castellanos y aragoneses, provoca que en el año 1361, se escoja a la ciudad navarra de Tutera, para preparar un tratado entre castellanos y aragoneses, que se firmará posteriormente en Terrer, bajo garantía navarra.

El 22 de mayo de 1362, el rey navarro contrajo en Lizarra, una alianza con Pedro I de Castilla y León, ante el posicionamiento francés a favor su hermano bastardo, Enrique de Trastámara, que ya era aliado del reino de Francia, al prestar a sus vasallos en un posible ataque a los ingleses que se encontraban en Aquitania.

Carlos II de Navarra vuelve a aliarse con los ingleses lo que provoca un enfrentamiento contra los franceses y los partidarios de Enrique de Trastámara. Pedro IV de Aragón intenta sacar tajada, pero la diplomacia navarra, encabezada por su rey consigue una relativa neutralidad aragonesa, que a pesar de ello, no esconde sus afilas garras.

Mientras el infante Luís de Navarra, contentaba al rey de Castilla, Pedro I de Castilla, el rey de Navarra se reúne con el rey de Aragón en Uncastillo, poniendo a punto un admirable plan, con el que repartirse Castilla. Aragón se contenta con Toledo y Murcia, mientras el Estado de Navarra recuperaría Castilla la Vieja, con Burgos, Soria, Agreda y sobre todo Bizkaia, con todos los territorios antiguamente navarros.

Además, si el rey de Navarra tenía la suerte de apoderarse de Pedro I de Castilla-León, recibiría como premio suplementario Jaca y el territorio de la Montaña, con Sos, Uncastillo, Ejea, Tiermas,…antiquísimas tierras vasconas, junto a 200.000 florines. No menos magnánimo, el rey de Navarra si daba cuenta del reino de Francia, cedería al heredero de Aragón la senescalía de Carcasota y Bellegarde. Para esconder dicho pacto, el infante Luís de Navarra, se deja apresar por el príncipe aragonés en Ribagorza.

Por desgracia para el Reino de Navarra y el reino de Aragón, los hermanos Pedro y Enrique no entran en guerra, condición sine qua non, para los planes navarro-aragoneses. Pedro I de Castilla y León es informado y reacciona de inmediato. Ataca a los aragoneses por Alicante y Murcia y pacta con los navarros en Sos, en marzo de 1364. Pero esto no impide que los navarros pacten con Enrique de Trastámara, poco días más tarde en Almudéjar. En éste toma y daca, Navarra reconoce a Enrique de Tratámara como rey de Castilla y León, pero a cambio, Enrique debe ceder al Reino de Navarra, los mismos territorios que en el pacto con Aragón. Además Enrique, ayudaría a Carlos II de Navarra en su guerra contra el reino de Francia e incluso de llegar el caso, contra el reino de Aragón.

En ese mismo lugar, Almudéjar, una delegación aragonesa se compromete a pagar a finales de abril al Estado de Navarra, los 50.000 florines anteriormente comprometidos en Sos. Llueven las promesas, que se olvidan inmediatamente después de formuladas.

En ese mismo año 1364, el rey de Navarra otorga el título de conde de Beaumont a su hermano Luís y vuelve a arrancar 16.000 florines a las exhaustas arcas navarras. Martín Enríquez, hombre de confianza de Carlos II, reúne en Etxarri-Aranaz a 1.000 hombres de armas, los cuales embarcan en Hondarribia con destino a la Normandia, al mando de Juan de Grally, captal de Buch, y primo de Gastón Febo de Foix.

Pero en la Normandia les espera una terrible sorpresa. Beltran Duguesclin al mando de sus famosas compañías, se había apoderado de Mantes y de Meulan. Los saqueos de la soldadesca habían alcanzado al dinero y joyas de la reina Blanca, hermana de Carlos II de Navarra. Además la noticia de la muerte de Juan II de Francia en Londres, significa el ascenso al trono de Carlos V, enemigo enconado del Estado de Navarra.

Carlos II de Navarra se percata que en su guerra contra el reino de Francia, de la necesidad del apoyo de los reinos de Inglaterra y de Castilla-León. Así el día 20 de noviembre de 1364, se firma el acuerdo de Gares, que asegura el concurso efectivo de Pedro I de Castilla y León, para fletar una decena de navíos en los puertos de Hondarribia y Oiarzun, que se convirtieron de facto en puertos francos para el Reino de Navarra.

Carlos II de Navarra y Pedro I de Castilla y León, forman un bando aliado, al que se le une el príncipe Negro o de Gales, señor de Aquitania, aliado natural del navarro, por ser adversario del rey de Francia. Enfrente, Enrique de Trastámara y su aliado natural el rey de Francia, Carlos V y las incontrolables compañías del bretón Duguesclin que están formadas, no solo por bretones, sino también por flamencos y valones, ingleses e italianos e incluso por algunos vascos, todo ellos mercenarios y bandidos, mientras que el rey de Aragón se mantiene neutral, al menos por el momento.

Juan de Grally agrupa a las tropas inglesas y navarras para enfrentarse a las tropas francesas. La batalla se libra en Cocherel, entre los ríos Eure y Sena, donde los anglo-navarros son derrotados. Esto ocurre el 16 de mayo de 1364, muriendo el bravo captal de Buch en la batalla. Normandia parece perdida definitivamente para Reino de Navarra.

Carlos II de Navarra, se niega a admitir el hecho consumado y reúne 500 hombres en Baiona, que el 1 de agosto logran una victoria sobre una guarnición francesa en Valogne. El rey navarro confía a Arnaldo Amaniue de Albret, vizconde de Tartas y señor de Mixe y de Ostabarret, la tarea de reclutar Grandes Compañías, para atacar a Carlos V de Francia, pero inesperadamente se llega a un arreglo. Los reyes de navarra y de Francia simulan una reconciliación en marzo de 1365. El navarro renuncia a las plazas de Mantes y de Meaulan, así como al condado de Longueville, a cambio de la cesión de la baronía de Montpellier y la restauración de Evreux y del Contentin.

A pesar del supuesto pacto, el duque de Anjou, hermano del nuevo Carlos V de Francia, se encontra en Toulouse preparando, junto a los embajadores del rey de Aragón, un frente común contra el Estado de Navarra.

El primer asalto sorprende a Pedro I de Castilla y León. El 1 de enero de 1366, Pedro IV de Aragón, recibe al señor Beltrán Duguesclin, al que le da el título de conde de Borja. El rey de Navarra, reacciona y ordena supuestas medidas de precaución, en especial en Luzaide, por el posible paso de espías franceses, disfrazados de comerciantes o peregrinos.

10.000 hombres de armas del bretón Duguesclin, penetrar en el reino Castilla y León desde el reino de Aragón. Carlos II de Navarra nombra comandante de la ribera Navarra, a Martín Enríquez de Lacarre. Las tropas de Duguesclin pasan por Tutera y se alojan en Cascante, que después lo arrasan, al igual que Murchante, Ablitas, Monteagudo y Oliva.

Pedro I de Castilla y León, huye rápidamente hacia Toledo, después a Sevilla, para acabar en el reino de Portugal. Esto es aprovechado por su hermano bastardo, Enrique de Trastámara, quien se autoproclama rey de Castilla y León, el 16 de marzo en Calahorra, entrando el día de pascuas en Burgos y nombrando duque de Trastámara a Beltrán Duguesclin.

Pedro el cruel remonta el reino de Portugal y llega a Galicia. Desde allí parte hasta Baiona, desembarcando en dicha ciudad, el 1 de agosto de 1366. Lleva consigo la importante suma de 500.000 florines de oro. El príncipe Negro o de Gales, señor de Aquitania, sienta a su mesa al fugitivo rey de Castilla y al rey de Navarra.

Las conversaciones se inician en Baiona, pero se completan en Libourne el día 23 de septiembre de 1366. Se proclama la firme intención inglesa de reponer a Pedro el cruel en el trono de Castilla y León. Para ello, Pedro el cruel debe entregar los 500.000 florines al príncipe Negro. Por otra parte la comarca de Bizkaia, concretamente los puertos de Bilbo, Bermeo y Lekeitio serán entregados al reino de Inglaterra.

En dicho tratado, al Estado de Navarra se le restituiría las tierras de Gipuzkoa y Araba, con sus villas y plazas fuertes, como Tolosa, Segura, Arrasate, Oiartzun, Hondarribia, Donostia, Getaria y Mutriku, algo que apoyan los ganboinos de esas tierras. También retornaban al Reino de Navarra, Logroño, Navarrete, Calahorra, Alfaro y Fitero y el rey Carlos II recibiría 200.000 florines del reino de Castilla-León, adelantados por el príncipe Negro.

Las pretensiones navarra son aún mayores. Se exige la devolución de Trebiño, Labastida, Haro, Briones y Nájera, comprometiéndose el príncipe de Gales en estudiarlo. El tratado, junto a estas cláusulas, se confirma el 27 de septiembre en Saint-Emilion, y debe permanecer en secreto hasta que Pedro el cruel, tome la ciudad de Burgos.

Pero franceses y aragoneses firman en Toulouse, dos días después, un acuerdo por el cual, el Reino de Navarra será invadido desde el reino de Aragón, en busca de su incorporación a dicho reino. A su vez, el reino de Francia invadirá la Gascuña, en poder inglés, y las posesiones del rey de Navarra de la Galia.

Carlos II de Navarra, confía 300 lanceros a Martín Enríquez de Lacarra, para facilitar el paso por los Pirineos a las tropas inglesas. Tras esto, parte a Donibane Garazi, donde se encuentra con el Duque de Lancaster. Juntos se presentan en Peyrehorade, para reunirse con el príncipe de Negro y con Pedro el cruel.

En la primavera de 1367, las tropas inglesas cruzan los nevados Pirineos por el paso de Orreaga y llegan a Iruñea, donde no les falta el pan y por supuesto el vino. Es en Iruñea, donde se constituye realmente el ejército bajo la dirección del príncipe de Gales, con John Changos, duque de Lancaster, junto a William de Fletor al mando de la vanguardia, junto a los gascones condes de Albret y de Armagnac, el captal de Buch y las tropas de Gastón Febo, vizconde del Bearne y conde de Foix.

Mientras el rey de Navarra, se encontra de cacería por la zona de Tutera. Allí es capturado por un caballero bretón, Oliver de Mauny, compañero de Duguesclin y guardián del castillo aragonés de Borja. El puesto en el ejército del rey navarro, es ocupado por Martín Enríquez de Lacarra, quien lleva a las tropas aliadas hasta el campo de batalla.

William Felton atraviesa Logroño para reconocer los territorios situados al otro lado del Ebro. A su vez, el grueso de las tropas atraviesa Irurtzun, Alsatsu, Salvatierra y Gasteiz. Tras un pequeño enfrentamiento con las tropas de Enrique de Trastámara cerca de Aríñez, las tropas viran bruscamente hacia Santa Cruz de Campezo, Biana y Logroño.

Al amanecer del día 3 de abril de 1367, tiene lugar entre Navarrete y Naiara, la batalla de Nájera, donde los arqueros del rey inglés, causan sensación en pocas horas. La derrota del Trastámara es total. Pero consigue salvarse, es decir huir, mientras que son apresados su hermano Sancho y su hijo bastardo Alfonso Enríquez, así como el ilustre Beltrán Duguesclin.

Enrique de Trastámara cuenta con un guía fuera de lo común, que le ayuda a cruzar los Pirineos por Somport. Este guía era Álvaro de Luna. Su enemigo en Nájera, Gastón Febo, le recibe con la típica cortesía bearnesa, facilitándole el viaje hasta Toulouse, mientras el rey Carlos II de Navarra, sale indemne de su estancia en la prisión aragonesa.

Las ciudades castellanas se apresuran a decantarse por uno u otro, por Pedro o por Enrique. Esto es aprovechado por Carlos II de Navarra que se apodera de las villas cercanas: Gasteiz, Salvatierra, Santa Cruz de Campezo, Logroño, donde el señor de Luxe, Arnaldo Lup es el primero en estampar el estandarte de Navarra. Los ganboinos, con el señor de Oñate, Beltrán Belaz de Guevara, también alzan el rojo estandarte navarro en sus respectivas fortalezas y casas torre, y consiguen recuperar la ciudad de Donostia, entre otras, para el Estado de Navarra.

El 28 de septiembre, el mismísimo príncipe de Gales, entroniza de nuevo a Pedro I en el trono de Castilla y León. Una vez cumplida su misión, se presenta en el Reino de Navarra. Carlos II le acompaña con una guardia de honor hasta Donibane Garazi.

Enrique de Trastámara abandona Toulouse y atraviesa nuevamente el Pirineo. Pedro I de Castilla y León, vencedor de Navarrete, sin poder contar con las tropas anglo-navarras, se precipita en una nueva huida, siendo alcanzado en Montiel. Después de una disputa y de groseros insultos en la tienda de Duguesclin, la daga del bastardo Enrique de Trastámara, acaba con la vida de Pedro I de Castilla y León.

Con la muerte de Pedro el cruel, las esperanzas navarras del cumplimiento del tratado de Libourne se desvanecen. A pesar del apoyo de los ganboinos, el viaje de Carlos II de Navarra a Chesburgo, facilita una nueva invasión castellana de las tierras navarras de Araba, Gipuzkoa y Errioxa. Los castellanos cuentan con el apoyo de los oñacinos. El contencioso es planteado por la reina de Navarra ante el mismo emperador de Roma, Gregorio IX, pero es una perdida de tiempo.

La corte de Roma, una vez más, sigue el principio de hechos consumados, siempre en contra del estado vasco de Navarra. En dicha corte solo se atribuye al Estado de Navarra, los castillos de Biasteri, Burandón y San Vicente, así como el monasterio de Fitero y el castillo de Tudejen. Carlos II logra atraerse para el Reino de Navarra, a los judíos que se encontraban incómodos en el reino de Castilla y León ante la política del nuevo monarca castellano, Enrique II de Trastámara.

Mientras, Carlos II de Navarra, mantiene sus aspiraciones sobre el contencioso de Montpellier. Dichos asuntos estan confiados al obispo de Dax, Juan de Bauffes. Pero en el año 1377, el rey navarro envía como comisionado a su hijo primogénito Carlos, de 17 años de edad. Acompañado del obispo de Dax, se presenta en Montpellier el 18 de febrero del año 1378, y desde allí emprenden camino hacia la Normandia, acompañados de Santiago de Rue, capellán y hombre de confianza del rey de Navarra.

Carlos V de Francia es informado del viaje y manda apresar a los navarros. Santiago de Rue es aprendido en las cercanías de Paris, junto a documentos comprometedores. No contentos con ello, los inquisidores franceses comienzan a torturar al navarro, arrancándole nuevas confesiones.

El 19 de abril del año 1378, los franceses apresan a un nuevo correo navarro. Se trataba de Pedro de Tertre, secretario de Carlos II, encontrándose en su poder, documentos como el tratado de Clarendon, de ocho años antes, con un pacto entre el reino de Inglaterra y el Reino de Navarra. Pedro es conducido a la prisión del Temple, en Paris, donde las torturas se suceden ininterrumpidamente durante 11 días.

Juzgados con gran solemnidad por el parlamento francés, los navarros son condenados a muerte. Hasta el rey de Navarra es acusado de haber envenenado al cardenal de Bolonia, muerto cuatro años antes, ante una decisión contraria a las pretensiones del Estado de Navarra. El propio Gregorio XI, exime de todos los cargos al rey de Navarra.

El joven infante navarro, tras su detención, es obligado a escuchar las falsas acusaciones vertidas por los franceses, contra su padre, el rey de Navarra. El infante Carlos es retenido como rehén, junto a sus dos jóvenes hermanos, mientras los franceses asaltan siete fortalezas pertenecientes al navarro. Además el duque de Anjou se presenta en Montpellier, ciudad que se rinde de inmediato al hermano del rey de Francia.

El prelado de Roma, en busca de la paz, propone el matrimonio de la princesa Leonor de Castilla y León, con el infante de Navarra, Carlos. La petición formal de la mano, tiene lugar en Briones y el matrimonio se celebra tres años más tarde en Soria. Carlos II de Navarra, malhumorado, intenta la toma de Logroño, lo que provoca una campaña del infante Juan de Castilla y León sobre Larraga, Artajona y los alrededores de Iruñea, la cual esta defendida por Roger Bernardo de Foix.

En el año 1378, se produce el cisma de occidente. La muerte de Gregorio XI en ese mismo año, provoca la elección de dos papas, Urbano VI de Roma y Clemente VII de Avignon. El obispo de Iruñea, Martín de Zalba pretende que Navarra se decidiera por uno de ellos, algo que no está en la cabeza del rey de Navarra, ni del joven príncipe navarro.

Los castellanos, en el año 1379, penetran en el Estado navarro y queman el bello castillo de Tiebas. El rey de Navarra está ocupado en su lucha contra el rey de Francia, teniendo que aceptar ese mismo año, la humillante paz de Briones. Para evitar una vergonzosa invasión del Reino de Navarra, Carlos II tiene que tratar a precio de oro con Duguesclin y Mauny y renunciar a su alianza con el reino de Inglaterra. Desde Biana a Tutera, numerosas villas y castillos quedaron retenidos, por un periodo de 10 años, por el infante Juan de Castilla-León. Además los castellanos toman rehenes navarros por un periodo de siete años, 15 son de Iruñea, 6 de Erriberri, 5 de Biasteri, más una veintena de caballeros designados por el rey de Castilla y León.

El hermano de Carlos II de Navarra, Luís de Evreux y conde de Beaumont-le-Roger, emprende una nueva aventura por las tierras de Albania, buscando recuperar la herencia de su esposa Juana de Sicilia y duquesa de Durazzo.

Las tropas del infante navarro, estan formadas en su mayoría por navarros, destacando la intrepidez, entre otros, de Pedro de Lasaga y Juan de Urtubie y Garro. Las tropas navarras pasan de Albania a Grecia en la primavera de 1379, pasando por el Peloponeso y las planicies de Beocia, destacándose principalmente en el ducado de Athenas y Tebas, donde luchan victoriosamente contra unos catalanes del reino de Aragón.

El joven infante navarro, no logra librarse de su prisión hasta la muerte del monarca francés, Carlos V en el año 1380. El infante navarro Carlos, tras haber rendido homenaje al nuevo monarca francés, Carlos VI, recupera las posesiones de los Evreux en la Galia y regresa al Reino de Navarra el 1 de octubre del año 1381, vía Avignon y Montpellier.

Dentro del reino de Aragón, es recibido por Martín de Zalba, obispo de Iruñea y por el alférez del reino, Carlos de Beaumont. Junto a ellos parte al Estado de Navarra, llegando a Catarroso, donde es recibido por su padre. Tras pasar por Olite y por Uxue, emprende una peregrinación a Santiago de Compostela, vía Valladolid.

En el año 1383, el Reino de Navarra firma el acuerdo de Espinal con el reino de Castilla y León. En dicho acuerdo se mejora considerablemente el tratado de Briones del año 1379. Se obtiene la devolución de castillos en poder de Castilla y León, e incluso por petición del cardenal de Aragón, se incluye una clausura secreta, que significa en realidad un tratado de alianza y amistad entre ambos reinos, aunque su ratificación tendrá que esperar.

El infante Carlos en socorro del rey castellano en su guerra contra el reino de Portugal, durante los años 1384 y 1385, participando el navarro en los asedios de Coimbra y de Lisboa, hasta que la peste dispersa a los asaltantes.

En el año 1386, en Lizarra, se liquida definitivamente el tratado de Briones, en una reunión en la que están presentes, entre otros, el cardenal de Aragón, Gonzalo Moro, el prior de Orreaga, un delegado del príncipe de Navarra y Ramiro de Arellano, cuya casa sirve de acogida de los firmantes, pagándose por parte castellana, hasta la dote de Leonor de Trastámara, esposa del príncipe navarro.

Mientras en la Gascuña inglesa, el duque de Lancaster renueva sus pretensiones sobre el reino de Castilla-León. El príncipe navarro permite el paso por Orreaga de 2000 lanceros del duque de Borgoña, el cual presencia unos torneos e incluso una corrida de toros en el Reino de Navarra, pero Juan I de Castilla y León ya había pactado con John Holland, jefe de los ingleses, lo que provoca un doble paso de vuelta a la Galia, de los ingleses y de los borgoñones.

Encontrándose el príncipe navarro en Peñalen, dentro del reino de Castilla y León, es informado de la muerte de su padre, lo que hace que emprenda el camino de vuelta al Estado de Navarra, pasando por San Millán de la Cogolla, donde entrega 5 maravedíes a cada monje, para que realicen misa en honor a su difunto padre.

Su padre, Carlos II de Navarra, había muerto el 1 de enero del año 1387, tras una extraña enfermedad, semejante a la lepra. El cuerpo del rey de Navarra es embalsamado y luego inhumado en la catedral de Iruñea. Sus entrañas son colocadas en un cofre de plata y llevadas a la Colegia de Orreaga.

El 21 de enero, el infante de Navarra, Carlos, entra en el Reino de Navarra desde Nájera. Hasta ese momento el Reino navarro había estado gobernado por el obispo de Baiona, García de Eugui y por Charlot de Beaumont, primo del joven infante.

La mala situación económica sacude al Reino, por lo que Carlos, pide un préstamo a la familia Cruzat de Iruñea, para las exequias reales de su padre. La coronación del nuevo rey es pospuesta contra todo pronóstico, ante el interés del joven Carlos, por recuperar los castillos en poder de los castellanos.

El joven Carlos de Evreux, el cual estaba casado con Leonor de Trastámara, hija de Enrique II de Castilla y León, sufre graves problemas matrimoniales, que también son los causantes del retraso de la coronación. La promiscuidad del joven rey, sumada a los celos de la joven reina, provoca que esta coja a sus tres hijas, muy niñas ellas y tome rumbo al reino de Castilla y León, donde se encuentra su hermano el rey castellano, Juan I.

La villa de Cherburgo, que en su día fuera entregada al reino de Inglaterra, era de nuevo reclamada por el Reino de Navarra. En el año 1388, Carlos de Evreux, envía una embajada ante el rey de Inglaterra. Esta es presidida por Carlos de Beaumont, que está acompañado de Pere de Garro y de Martín Henríquez de Lacarra.

La coronación del nuevo rey se realiza, al fin, el día 13 de febrero del año 1390, en la catedral de Iruñea, estando presentes el cardenal aragonés, Alvaro de Luna, los obispos de Iruñea, Dax, Baiona, Calahorra, Tarazona y los de Ampurias y Vich, junto a innumerables personalidades de los tres Estados.

Ricardo II de Inglaterra, envía una comisión a Donibane Garazi, en enero del año1391, para revisar el testamento de Carlos IIde Navarra, en lo que concernía a Cherburgo. Los navarros no obtuvieron nada, ni Cherburgo ni otra plaza fuerte a cambio, lo que provoca la vuelta a Inglaterra, en el año 1392, de Carlos de Beaumont.

El monarca inglés, trata de evitar la devolución de Cherburgo, tergiversando y pretextando incluso, la actitud del Reino de Navarra, ante el cisma de occidente. A pesar de la primera actitud de Ricardo II de Inglaterra, ese mismo año Cherburgo volvía a formar parte del Reino de Navarra, eso sí, a cambio de 25.000 francos para víveres y armamento.

Al recuperar Cherburgo para el Estado de Navarra, se plantean de nuevo todas las cuestiones relacionadas con el Reino de Francia. Tras varios fracasos diplomáticos, las relaciones entre ambos estado comienzan de nuevo, tras el buen trabajo de Martín de Zalba. Cherburgo era una buena base para las negociaciones con el monarca francés Carlos VI. Aunque no llegan a buen término, debido exclusivamente por la demencia del monarca francés.

En el año 1395, la reina de Navarra regresa a la Corte navarra. Algo que agradece el nuevo rey de Castilla y León, su también hermano Enrique III, por las acciones de Leonor con la nobleza castellana, a la que en gran parte, puso en contra del monarca castellano, teniéndola que mantener encerrada en el convento de Santa Clara de Tordesillas

El rey Carlos III mantiene una gran relación con la Gasuña inglesa o Vasconia Aquitana. Las relaciones de Carlos III de Navarra con el reino de Aragón son leales y amistosas, llegando incluso a cerrar los puertos navarros a las tropas inglesas, que querían cruzar el Reino de Navarra para invadir el reino de Aragón.

Los valles del Ronkal y del Salazar, reciben ordenes de no mezclarse en los asuntos aragoneses, mientras su hijo natural o bastardo, Godofredo marcha en ayuda en el asido de Balaguer. La muerte de Juan I de Aragón provoca una guerra por la sucesión del reino aragonés. El Reino de Navarra se posiciona en contra de las pretensiones bearnesas.

Ante el cisma de occidente, Carlos III realiza una política prudente y sagaz, en zigzag entre ambos papas, sacando con su actitud ambivalente, mayores ventajas, sin dar la adhesión a ninguno de ellos. Primero consiguió que Zalba fuera nombrado cardenal, tras una bula de oro desde Avignon. El rey Carlos III, solicita en el año 1391, una ayuda a las Cortes, para realizar un viaje a Roma. Este viaje no se llegó a efectuar. La idea del mismo era la de que el rey navarro, actuara de conciliador. En el año 1394, siendo elegido papa el cardenal de Aragón, Álvaro de Luna en Avignon, el reino de Francia se aleja de ellos, mientras que el Reino de Navarra se convierte en el mayor defensor de este papa.

Carlos VII de Francia, que al igual que su antecesor, también tiene mala salud, provoca que una nueva delegación navarra para solventar los problemas con el reino de Francia, la cual está encabezada por el canciller real y Juan Ruiz de Aibar, dure 32 meses. Esto sumado a la nueva enemistad de las casas de Borgoña y de Orleáns, por sus diferencias en obediencia pontificia, ante la elección de un aragonés, Álvaro de Luna, como papa con el nombre de Benedicto XIII, provoca una nueva expedición diplomática navarra, esta vez encabezada por el mismísimo Carlos III el Noble.

El rey navarro, nada entusiasmado con la idea, realiza testamento, que las Cortes de Navarra se niegan a jurar, hasta no comprobar que en dicho testamento no había nada contra el Fuero navarro. Así en el año 1397 el rey de Navarra, Carlos III, junto a su primo Carlos de Beaumont, viajan con un gran coste a las arcas navarras, al reino de Francia.

Con dicho viaje, tampoco se consigue nada, lo que provoca un nuevo viaje, de nuevo con gran coste para las arcas navarras y la redacción de dos nuevos testamentos, esta vez secretos. Así encontramos en Paris al rey Carlos III de Navarra, junto al canciller del Reino vasco y su yerno Iñigo Ortiz de Stuñiga. Las negociaciones, esta vez si, llegaron a buen puerto.

La princesa Blanca de Navarra, en el año 1402, es casada con Martín de Sicilia. El 9 de Junio del año 1404, el rey de Navarra renuncia a sus posesiones de Champane y de la Normandia, a excepción de Cherburgo, recibiendo como contrapartida 12.000 libras tornesas, además del Ducado de Nemours. En un segundo documento, el reino de Navarra renuncia a Cherburgo a cambio de 200.000 libras tornesas, la mitad de ellas en forma del señorío de Provins.

Al acuerdo le falta brillantez, pero es muy provechoso para el Reino Pirenaico. Carlos III de Navarra, regresa al Estado vasco vía Lyon, Carbona y Barcelona. Posteriormente realiza un nuevo viaje a la Galia, para visitar el Ducado de Nemours e implicarse en la pacificación en la guerra que mantenían las casas de Borgoña y Orleáns, sellada en el año 1409, en Chantres. Blanca de Navarra enviuda sin tener descendencia en el año 1409. En el testamento de su esposo Martín de Sicilia, Blanca de Navarra es designada vicaria general o gobernadora de pequeño reino Mediterráneo. Durante el viaje de Carlos III de Navarra por tierras francesas, el monarca navarro intenta el matrimonio Blanca de Navarra con Luís de Baviera, pero no se llega a un acuerdo.

Enrique III de Castilla y León, enseguida conseguida logra una buena amistad con Carlos III de Navarra. Incluso cuenta en las cortes de Burgos, con el asesoramiento de un navarro, Diego López de Stuñiga. Y durante la minoría de edad de su sucesor, Juan II de Castilla-León, este contó con los soldados de Santiago de Borbón, esposo de Beatriz de Navarra, que se unen al ejército castellano en su lucha contra el Reino de Granada.

En el año 1412 se llegó a un nuevo acuerdo que renueva las conversaciones navarro-castellanas del año 1400. Un acuerdo que trataba de reducir en lo posible las querellas fronterizas entre Alfaro y Corella, y las que se mantienen a lo largo de la frontera entre, las tierras de Araba y Gipuzkoa, en poder del reino de Castilla y León, con el Reino de Navarra.

Fabrique, duque de Benavente, se mezcla en una revuelta de nobles castellanos y corre a refugiarse en el Reino de Navarra, durante una ausencia de Carlos III, siendo bien acogido por la reina Leonor. Cuando Carlos III el Noble, regresa del reino de Francia al Estado de Navarra, se excusa ante los regentes de Castilla-León y manda encerrar al fugitivo castellano en el castillo de Tafalla, más tarde en el de Monreal, dándole eso si, un trato de rey a este hijo de Enrique II de Castilla-León, comprometiéndose a devolverlo al reino de Castilla y León, bajo el compromiso formal de que no será mutilado ni juzgado, al menos en público.

En el año 1416, las cortes reunidas en Erriberri proclaman de nuevo a Banca como heredera al trono de Navarra. Se impone así la necesidad de un nuevo matrimonio. En primer lugar se piensa en Juan de Foix, viudo de su hermana Juana de Navarra. La idea era atrayente ya que con dicho enlace se sumaba al Estado de Navarra, los señoríos del Bearne, Marsan, Gavadan, Nébouzan y Mauvezin en Bigorre, así como el vizcondado de Castelbó, situado dentro del reino de Aragón.

Pero Leonor de Alburquerque, viuda de Fernando I de Antequera, rey de Aragón, maniobra rápidamente y envía una embajada ante Carlos III de Navarra, para ofrecer la mano de su hijo, el infante Juan. Para Carlos III de Navarra, este es el pretendiente más rico y poderoso, el cual posee tierras en el reino de Castilla y León, concretamente Castro. Para facilitar las negociaciones, el infante Juan de Aragón se compromete a no volver a casarse y no legitimar a sus bastardos.

La ceremonia se desarrolla en la catedral de Iruñea el 10 de julio de 1420. El matrimonio es más un contrato político, económico y diplomático que un enlace sentimental y amoroso. Juan de Aragón cuenta con 22 años, mientras que la viuda de Martín de Sicilia, Blanca de Navarra, tiene con 34 años.

En el plano jurídico parecen tomadas todas las precauciones. La dote es de 420.112 florines y así mismo, ante un eventual nuevo matrimonio de Juan, este quedaba totalmente excluido como rey de Navarra, así como a los derechos recíprocos de los esposos y a los de sus hijos. El hijo primogénito de Blanca y Juan, debía heredar el reino de Navarra, así como las rentas de Juan en Castilla y Aragón.

En el caso que no tener hijos, Juan de Aragón, extranjero a la herencia y a la sucesión del Reino navarro, se apartaría realmente y de facto del Reino de Navarra y el ducado de Némours, que irán al heredero designado por Carlos III en su testamento. Pero hay un caso que no está previsto explícitamente, sin embargo previsible y normal, que no era otro que el infante Juan sobreviviera a la reina Blanca de Navarra, junto a los hijos del matrimonio.

El contrato del matrimonio es firmado el 18 de febrero del año 1420, por el infante Juan y por Piarres de Peralta en representación de Blanca de Navarra. Tras la ceremonia los esposos se apresuran a ganar las tierras de Castilla y León, donde Enrique señor de Santiago se había aprovechado de la ausencia de su hermano Juan, para apoderarse en Tordesillas de Juan II de Castilla y León.

Mientras el infante Juan de Aragón está enfrascado con sus asuntos castellanos, por los que siente gran interés, Blanca de Navarra se instala en el castillo de Peñalen, donde recibe la visita de un músico de viola navarro, concretamente de Arizkun y llamado Ursua.

A las tres de tarde del jueves 29 de marzo de 1421, en el monasterio de los Frayles predicadores o dominicos, nace Carlos. El mensajero Rui Díaz de Mendoza entrega el despacho al rey Carlos III de Navarra, que le da la suntuosa suma de 4000 florines de oro. Los padrinos del infante navarro son Juan II de Castilla y León y el condestable Álvaro de Luna.

Como indicaba el contrato matrimonial, Blanca y su hijo, ponen rumbo al Estado de Navarra, donde el joven príncipe debe ser educado. A sus encuentro salen personajes del Reino, como Johancoxe de Suhescun, Diego de Estuñiga, Felipe de Navarra, Juan de Ezpeleta, Juan de Agramont, fray Sancho de Echauz, Godofredo conde de Cortes, Pedro de Vergara, Martín de Getaria, Jacob Abracen, Pedro López de Orreaga y el obispo de Iruñea, Sancho Sánchez de Oteiza.

El 20 de enero del año 1423, el rey Carlos III el Noble crea el título de príncipe de Biana, para su nieto Carlos. El 11 de junio de mismo año, las Cortes proclaman como heredero legítimo de la corona de Navarra al príncipe Carlos, nieto de Carlos III e hijo de la infanta Blanca de Navarra.

El título de príncipe de Biana, es para designar al sucesor legítimo. Además trae innumerables rentas cimentadas en las tierras de Biana, San Vicente de la Sonsierra, Biasteri, Bernedo, Aguilar, Genevilla, Lapoblación, gran parte del valle de Campezo, junto a las villas de Peralta, Caderita, Corella y Cintruénigo, más los castillos de Marañon, Toro, Ferrera y Burandón, pero siendo el reino indivisible y por lo mismo las posesiones del príncipe intransferibles.

El infante Juan de Aragón mantiene importantes enfrentamientos dentro del reino de Castilla y León, lo que obliga a Pedro de Peralta y García de Falces, mediadores navarros, tener que conseguir el frágil tratado Araciel, el 3 de septiembre de 1425.

Carlos III de Navarra muere en el año 1425. Junto a la reina Blanca, sube al trono como rey consorte el infante Juan de Aragón, pero castellano de nacimiento. Los intereses de Juan de Tratámara se encuentran en Castilla y León, donde también quiere gobernar, imponiendo al Estado de Navarra una nueva política exterior, para defender así sus intereses personales en Castilla-León, intentando dar cuenta del débil Juan II de Castilla, y de su propio hermano Enrique, igual de ambicioso que infante aragonés. Pero Juan de Trastámara se encuentra con un temible adversario, el condestable de Castilla, Álvaro de Luna.

Álvaro de Luna, tras volver del exilio, toma Medina, Cuellar, Olmedo y Peñalen, lo que obliga al infante Juan de Aragón a vender, sin permiso, las joyas y la vajilla preciosa de la reina Blanca de Navarra, teniendo que entregar las iglesias del Estado Pirenaico, hasta los candelabros a los prestamistas.

Las Cortes navarras autorizan dos ayudas de 80000 florines en los años 1429 y 1431, para satisfacer la ambición desmedida de Juan de Trastámara, que en ningún modo son la ambición del Reino de Navarra. Juan de Trastámara confiesa que los gastos de guerra han ascendido a 2.599.823 maravedies y 6167 doblas y cuarto por año. Las Cortes de Navarra se ven de nuevo obligadas a votar un nuevo suplemento de 44.500 libras, para permitir que Juan II de Navarra vaya a pedir algún socorro a Italia.

Juan de Trastámara realiza una proclamación indecente en Araciel, tras conocer la muerte de Carlos III de Navarra. A los gritos de Real, Real, Real y por el rey don Juan de Navarra e por la reina doña Blanca su mujer, se suma la imagen de infante de Aragón, junto a su hermano el rey Alfonso de Aragón, cabalgando y dando vueltas al terreno detrás de un estandarte navarro, enviado desde Erriberri y con premura, por Blanca heredera natural al trono. Este acto indecente tuvo lugar en suelo del Reino de Navarra, pero no asiste ningún navarro.

La coronación real tiene lugar y de manera poco ortodoxa, cuatro años más tarde en la catedral de Iruñea y en presencia de una embajada poco común del rey de Castilla-León. Los tres Estados prestan juramento a Blanca, nuestra reina y señora natural y a Juan por el derecho que os pertenece en virtud de nuestra reina y señora Blanca.

Un nuevo matrimonio, esta vez entre la hija mayor de los reyes de Navarra y el príncipe de Asturias, trae de nuevo la paz. Además el reino de Castilla y León, devuelve las villas que recientemente habían sido capturas, tanto en el reino de Castilla y León, como ene. Estado de Navarra. El año 1441 muere la reina Blanca de Navarra en Santa María de Nieve, Segovia, dejando un testamento que traerá la guerra por el poder dentro del Reino vasco.

Más que el testamento en sí, los problemas surgen con una frase del mismo, que dice lo siguiente:

“Aunque el príncipe pueda intitularse y nombrarse tras mi muerte, a título de heredero y por derecho reconocido, rey de Navarra y duque de Némours, no obstante le ruego afectuosamente que, por el honor debido al rey su padre, no tome esos títulos sin su consentimiento y bendición”.

Las Cortes de Navarra, ante dicho testamento se muestran pasivas. El príncipe de Biana, Carlos, hace todo lo que está en sus manos para evitar la revuelta, aceptando considerarse como lugarteniente de Reino, legitimando con ello a Juan II como rey de Navarra.

BIBLIOGRAFÍA

ALTADILL, Julio. Geografía general de Navarra, 1916

CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983

CASTRO, J R. Blanca de Navarra y Juan de Aragón, 1966

CASTRO, J. R. Carlos III el Noble, rey de Navarra, 1983

CASTRO, J. R. Carlos II el Malo, 1987

CIGANDA ELIZONDO, Roberto. Navarros en Normandía en 1367-1371. Hacia el ocaso de Carlos II en Francia, 2006

CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971

HERMOCILLA, el marqués de. El condado de Beaumont-le-Roger, 1926.

JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980

LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972

LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976

LÓPEZ, Rafael. Navarre shall be… La Tierra del Euskera y las Islas Británicas, 2004

MIRANDA, Fermín. Historia de Navarra, 2004

MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980

NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007

RAMÍREZ, E. Carlos II: la nobleza, 1987

RAMÍREZ, E. Solidaridades nobiliarias y conflictos políticos en Navarra. 1387-1464, 1990

RAMÍREZ, E. La reina Blanca y Navarra, 1999

RAMÍREZ, E. Carlos III, rey de Navarra: Príncipe de sangre Valois, 1378-1425, 2007

SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II y III, 2006 y 2007

SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006

SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999

TOWNSON, Duncan. Breve historia de Inglaterra, 2004

URZAINQUI, Tomás y DE OLAIZOLA, Juan Mª. La Navarra marítima, 1998

URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002

URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003

VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993

VV.AA. Historia de Navarra, 1994

WIKIPEDIA. Guerra de los Cien Años, http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Cien_A%C3%B1os

YANGUAS Y MIRANDA, Crónica de los reyes de Navarra, 1843

YANGUAS Y MIRANDA, Historia compendiada del Reino de Navarra, 1843

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

©NABARTZALE BILDUMA 2011