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2009/06/17

Iruinea, junio 2009


Iñigo Saldise Alda
La guerra de Navarra
CAPÍTULO III
Quinta parte
Navarra y la casa de Foix: retorno de una dinastía pirenaica, traición y amenaza
Soberanía de Navarra

"El traidor no es otra cosa que un déspota en apuros, que no puede hacer su voluntad, sino resignándose a desempeñar un papel secundario." Victor Hugo

Tras la muerte de Leonor de Trastámara, le sucede en el trono del Reino de Navarra su nieto Francisco, al cual los gascones le apodan Febo, debido a su inaudita belleza. Sin todavía cumplir 12 años, este niño nacido en Orthez o Pau, es el heredero legítimo del Estado de Navarra, a espera de la coronación. La regencia recae sobre su madre, Magdalena de Valois, hermana de Luís XI de Francia, contando como consejero con el cardenal Pedro de Foix.

El debilitamiento del poder real, provoca el retorno de la violencia entre los bandos, entre Agramont y Beaumont. Ardiles, masacres y engaños de todo tipo se suceden, favorecidos por la laguna de poder que prima la astucia y la facultad de maniobrar, sin mirar la legitimidad de los medios.

El joven rey se instruye en el Vizcondado del Bearne en las buenas letras y el manejo de las armas, bien asistido por tres lugartenientes del Reino Pirenaico, el obispo de Couserans Juan de Lassalle, Guillermo señor de Gléon y Pelayo Miguel, profesor de teología. Mientras en el Estado de Navarra reina la violencia, las maniobras y malas artes de Fernando II de Aragón, comenzan a destacar.

Solo en la tierra de Ultrapuertos reina la paz, mientras que en la Alta Navarra, los ciudadanos, fuesen del país o extranjeros se ven obligados a utilizar escolta, y deben caminar en formación en sus desplazamientos por el Reino vasco. El 6 de abril del año 1479 las Cortes reunidas en Tafalla, prestan juramento a los tres lugartenientes del Reino, pero en dicho juramento no se encuentra ningún beaumontés.

La regenta Magdalena se presenta en Zaragoza a comienzos del mes de agosto. Allí es recibida junto a su acompañante el noble cardenal, de una manera fastuosa. Fernando II de Aragón comprende rápidamente que la princesa no es un juguete en sus manos, ni en las del rey de Francia. Cuando se aborda la espinosa y capital cuestión de los Beaumont, Fernando II de Aragón, benefactor del bando beaumontés, admite que la única salida es llegar a un acuerdo.

Las negociaciones son un toma y daca. Fernando II de Aragón recomienda a Luís de Beaumont, II conde de Lerín, que se encontraba presente en el encuentro junto al obispo de Iruñea, sumisión al nuevo monarca navarro, pero a cambio los gobernantes agramonteses de Biana, Zangoza, Tafalla y Tutera, tendran que rendir vasallaje a él, como rey consorte de Castilla y León. Algo inaceptable para los leales agramonteses, algo que Magdalena sabe y vuelve al Reino de Navarra a sabiendas que deberá contar solo y exclusivamente con sus propias fuerzas.

De regreso la regente de Navarra, tiene que parar en Tutera y después en Erriberri, donde se le recuerda que no puede llegar a ningún acuerdo con Fernando II de Aragón, sin el visto bueno de los Tres Estados de Navarra. Magdalena cruza por Zangoza y Lunbier y se dirige a Agoitz en busca de los Beaumont.

La denominada tregua de Aoiz sale a aun alto precio. La voracidad del II conde de Lerín, Luís de Beaumont no tiene límites. Recupera la mayor parte de sus pensiones y honores, incluso en Ultrapuertos, más las fortalezas de Biana y Monjardín. A cambio acepta ceder Artaxoa, que realmente es una posesión real, recibiendo a cambio la villa de San Martín y las tierras de Uxue y de Sada. Estará al mando de una compañía de 100 lanceros, pagados por el Estado navarro y no será designado ningún lugarteniente para el Reino, que no sea del bando de Beaumont.

La tregua a penas dura 6 meses. Es viernes Santo del año 1480. A instancias de un monje dominico de Jaca, llamado Abarca, se había concertado el matrimonio del mariscal Felipe de Navarra, agramontés él, con una hija del II Conde de Lerín, Luís de Beaumont. Así dicho viernes, el mariscal se dirige desde Zangotza a Villafranca, con una pequeña escolta, fiándose de la tregua, cuando surge al galope un cortejo amenazante; es el de Luís de Beaumont.

Sintiendo el peligro, el mariscal de Navarra da media vuelta, pero el caballo hace un movimiento en falso, cayendo el caballero a los pies de Luís de Beaumont. El mariscal saluda cortes mente al II Conde de Lerin:

“Ah señor primo, dios esté con usted”

A lo que responde el traidor beaumontés:

“Y con usted y con Biana, Innoble caballero”.-Hincándole al mismo tiempo la lanza hasta matarlo. La tregua ha concluido.

El cardenal de Foix, convoca a las Cortes con el fin de preparar la coronación de Francisco Febo en noviembre del año 1481. Se votan de inmediato impuestos para cubrir los gastos y para acuñar moneda. Así el día 21 de noviembre del año 1481, el rey de Navarra entraba en Iruñea para su legal coronación y tras él 1500 caballeros y una multitud de infantes.

El perverso II Conde de Lerin, en un acto más simbólico que real, entrega las llaves de Iruñea al joven monarca. En la Catedral de Iruñea, es donde se realiza la ceremonia, encontrándose presentes todas las personalidades del Reino vasco: Agramont, Luxe, Peralta, Lerín, Beaumont, Ezpeleta, Domezain, Lacarra, Artieda, el nuevo mariscal de Navarra,…

El joven soberano, el 10 de diciembre nombra caballeros al joven Juan de Beaumont, Pedro de Navarra, Juan de Ezpeleta, Juan Pérez de Beraiz, Mosén Arnaldo de Ozta, el joven Mosén Piarres de Peralta, Juan de Bélaz y a mosén Juan de Agüero. El rey tras jurar los Fueros de Tutera, Tafalla y visitar Erriberri, vuelve a Pau, dejando al Cardenal de Foix, como virrey de Navarra.

Los meses siguientes transcurren en cierta calma, con periodos apacibles y otros de cierta agitación. Pero una triste noticia recorre el Reino vasco, el joven monarca, Francisco I Febo, ha muerto tocando la flauta. La sombra de un envenenamiento al jovén rey, recae sobre el II Conde de Lerin, a instancias de Fernando II de Aragón.

Entonces el conde de Narbona, esgrime la ley sálica, diciendo que el trono está hecho para un hombre y no para una mujer, desconociendo completamente la Constitución del Estado de Navarra y también la propia historia del Estado vasco, además no puede ignorar que Navarra no es Francia, donde si existe dicha ley sádica.

Las aspiraciones de Juan de Foix se alargan durante nueve meses, apoyado por sus seguidores, tan violentos como los beaumonteses. La princesa Catalina cuenta con el apoyo Pedro y Jaime de Foix, hermanos de Juan. Además Magdalena de Valois, su madre, se hace una vez más cargo de la regencia, apoyada por Alain de Albret o Labrit.

Juan de Foix se auto titula rey de Navarra, enviando una embajada a los reyes católicos, sin que Fernando II de Aragón, les preste atención, porque para entonces el rey español tenía otros planes para el Reino vasco, después de haber recibido el ofrecimiento de la corona de Navarra, por los tenientes del II conde de Lerin, el traidor Luís de Beaumont.

Mientras las Cortes de Iruñea, formada en su mayoría agramonteses, el 10 de febrero del año 1483, reconocen a la futura reina, y junto a ellos los Estados Generales del Vizcondado del Bearne, cuatro días después. Los de Bigorre lo hacen el 12 de marzo y los eEtados Generales de Foix el 20 del mismo mes.

Los reyes católicos comienzan a realizar gestiones para un contrato matrimonial de la princesa Catalina, con uno de sus hijos, concretamente con Juan de Castilla y León. En julio del año 1483, una embajada española, comandada por Rodrigo de Maldonado de Talavera llega a Pau. A su vez en la frontera entre Estaña y Navarra, las tropas españolas realizan exhibiciones de fuerza, como medida disuasoria ante un posible acercamiento entre la Casa Foix-Navarra y la Corona de Francia.

Tras dar los pertinentes pésames por la muerte de Francisco Gastón Febo, Maldonado entrega la propuesta de matrimonio del príncipe Juan con la heredera de Navarra a la regenta. Magdalena de Valois contesta que no puede tomar una decisión en ese momento, pero comunica al español la intención de mantener buenas relaciones con los reyes católicos.

Magdalena de Valois, finalmente, da una respuesta afirmativa al matrimonio, al ser el príncipe más poderoso de toda la cristiandad, aunque el compromiso es muy difícil, pues queda condicionado a su previa aceptación por Luís XI de Francia, quien tiene en un principio, a su vasallo el cardenal Pedro de Foix, el principal aliado para evitar dicho matrimonio.

Mientras el Luís de Beaumont, II conde de Lerin, se presenta ante la reina española, Isabel de Castilla y León, exigiéndole doscientas lanzas, las villas de Laguardia y Los Arcos, más una renta de medio millón y la orden de Santiago. La reina española a cambio le pide los castillos de Lizarra, Biana e Iruñea. El II Conde de Lerin se compromete también a obtener la mano de la joven Catalina, para el príncipe de Asturias.

Las cortes beaumontesas envían una embajada ante Magdalena para pedir el matrimonio de la princesa navarra con el príncipe español. En caso de denegación por parte de la regente, los Beaumont proclamaran rey de Navarra al príncipe de Asturias, Juan de Castilla y León. Además prometen entregar sus castillos a los españoles.

Pedro de Peralta, condestable de Navarra, solicita que para realizar una variación en el Reino vasco, se deben convocar las Cortes. Los agramonteses se comprometen a acudir a las Cortes en Tutera y aprobaran delegados para enviarlos ante la regente Magdalena y zanjar las cuestiones del matrimonio sin detrimento para el Reino de Navarra.

Por otro lado, Alain de Albret y sus aliados, desestiman la candidatura del joven príncipe español. Los reyes católicos compran el respaldo de Pedro de Foix, virrey de Navarra, por medio de la concesión de grandes cantidades de dinero y poder. Si el cardenal consigue que el matrimonio se lleve a cabo, los reyes españoles le otorgaran el arzobispado de Zaragoza y una pensión de 4.500 libras.

Esto supone una inmediata destitución del cardenal como Virrey de Navarra. Los agramonteses se reúnen en Lizarra, mientras que los Beaumont lo hacen en Gares. En ambas Cortes se recomienda el matrimonio de la princesa Catalina de Foix, con Juan de Castilla y León-Aragón, de tan solo cuatro años de edad.

Pero no ocurre lo mismo al norte del Pirineo, donde se objeta a dicho enlace, sacando como excusa la corta edad del príncipe español, ocultando tras ello la más que posible perdida de los tradicionales territorios de la Casa de Foix, ante Juan de Narbona, que entonces contaría con el total apoyo del rey de Francia, Luís XI.

Así aparecen nuevo pretendientes: El príncipe de Tarento, hijo de María de Foix, por consiguiente primo de Catalina, Carlos de Angulema, el duque de Saboya, candidato del rey francés Luís XI y por último Juan, vizconde de Tartas e hijo de Alain de Albret.

El rey de Francia muere en agosto del año 1483, lo que es aprovechado por la regenta de Navarra para concertar el matrimonio con el joven noble gascón, Juan de Albret, arruinando con ello los Beaumont y especialmente de España. El traidor Luís de Beaumont en octubre del mismo año, ataca como medio de represalia Gares, reanudándose así la lucha intestina por el poder en el Estado vasco. El traidor II conde de Lerin, al año siguiente, no reconoce al nuevo virrey, Jaime de Foix, ni tampoco obedece al Consejo Real, y solo reconoce al anterior virrey, el partidario de España.

Las cortes beaumontesas siguen los pasos del II conde de Lerin, negándose a recibir a Magdalena de Valois, ni a ninguna delegación real, no aceptando a ningún otro gobernador que no sea el cardenal Pedro de Foix. Las Cortes agramontesas en cambio solicitan el retraso de la decisión de la regenta, mientras envían una embajada, algo insólito, al rey de Francia, Carlos VIII.

Las posiciones están más o menos marcas, en eso que salta la sorpresa concretamente desde Tutera. El agramontés Piarres de Peralta presta vasallaje al rey español por su castillo, ante la amenazante presencia del Católico en Tarazona. La sagaz y cabal Magdalena de Valois, comunica entonces a dos embajadas castellanas, que el matrimonio con Juan es imposible.

Así ante un inesperado apaciguamiento general, el contrato matrimonial con Juan de Albret es ratificado en el año 1484, poniéndose fin a todas las maniobras e intentos de complots. El 16 de febrero del mismo año, se celebra la boda en la catedral de Lescar.

Los huraños Beaumont, más extremistas que nunca, solo aceptan un príncipe castellano, así lo atestiguaron en sus particulares cortes, mientras los Agramont aceptan el matrimonio, muchos de ellos a regañadientes, pero siempre leales al Estado de Navarra.

Ante el asombro de todos, agramonteses y beaumonteses, la regente Magdalena de Valois nombra gobernador del Reino de Navarra al padre de Juan de Albret, Alain. Este gascón auténtico, poco banal y político experimentado, juega su papel de gobernador con inteligencia, calma y perseverancia, hasta que su hijo accede a la mayoría de edad.

Magdalena de Valois acude a Valencia en el año1487, donde le esperan los reyes católicos. En dicha ciudad se alcanza un tratado con España, ante la propuesta de Alain de Albret, presente en la ciudad levantina desde el año anterior Así los españoles reconocen la unidad política de Navarra y el Bearne, al estilo de Castilla y León. Además los españoles se benefician de la neutralidad del Reino de Navarra-Bearne, y para los Albret significa la independencia de sus posesiones respecto al reino de Francia, integrándose de nuevo en el estado vasco de Navarra

Los acuerdos de Valencia resultan beneficiosos para los españoles ya que los navarros se comprometen a luchar y no permitir el paso a los franceses, pero a su vez, es sumamente beneficiosa para los navarros. Además de asegurarse el apoyo de los reyes católicos ante la coronación de Catalina y Juan, Alain de Albret se asegura el apoyo español contra el reino de Francia, por sus posesiones en Bretaña.

La alianza que con forman el reino de Inglaterra, el emperador Maximiliano, algunos nobles franceses, españoles y el Reino de Navarra contra el reino de Francia, se plasma en la guerra que da comienzo en el año 1488. Pero los aliados son derrotados en Saint-Aubin-du Cormierel el 27 de junio del mismo año. El duque de Orleáns, es hecho prisionero por el ejército del rey de Francia, junto a Juan de Granda, general de las tropas españolas.

Para el gobernador navarro los efectos de la derrota no se hacen esperar, ya que el monarca francés le embarga el condado de Gaure y comienza un pleito por el condado de Perigord. Esta presión de la corona de Francia, obliga al noble gascón a dar un nuevo giro en su política.

Alain de Albret llega a un acuerdo con el reino de Francia en Frankfurt en el año 1489, mientras el rey español, Fernando II de Aragón, solicita al gascón la entrega de la fortaleza de Nantes, en un nuevo intento de salvar la coalición lograda. El distanciamiento del Reino de Navarra y del reino español de los católicos, es mayor tras la negativa de Alain.

Así el gobernador navarro y el rey francés llegan aun acuerdo en el año 1491 en Moulins. Anteriormente las Cortes navarras reunidas en Erriberri, enviaron a Fernando de Egües, Arnaldo de Ozta y a Rodrigo de Puella a solicitar la presencia de los reyes navarros en Iruñea para su coronación, teniendo como respuesta la negativa de Magdalena de Valois.

Tras la muerte del venerable Juan de Beaumont, Prior de San Juan de Jerusalén, el II conde de Lerin, Luís de Beaumont y el condestable de Navarra, Pierres de Peralta, continuan con sus luchas personales, sangrientamente secundadas por sus respectivos bandos. Los Beaumont, esos locos furiosos, mientras que los Agramont, esos testarudos, todos en busca de poder, tiñen la tierra navarra de la sangre roja de sus habitantes.

El 10 de septiembre del año 1491, el obispo de Iruñea muere en Roma. El papa Inocencio VIII, nombra sucesor al joven Cesar Borgia, con apenas 16 años, de una manera administrativa hasta los 27 años. En un principio provoca las protestas de los monarcas navarros, pero ante el extraño apoyo de Fernando II de Aragón, intentan que las zonas de Gipuzkoa y de Aragón, antiguas tierras navarras, dependan del obispado de Iruñea.

Las Cortes de Navarra, reunidas de nuevo en Erriberri el 10 de agosto del año 1493, votan 80000 libras para la coronación, a condición que los reyes acudan, de una vez por todas a Iruñea, antes de septiembre, es decir de inmediato.

El embajador español Ontañón viaja hasta Pau, exigiendo que para aceptar la coronación por parte española, los soberanos navarros deben hacer las paces con Luís de Beaumont, II conde de Lerin; o lo que es lo mismo, hacer las paces con el rey español Fernando II de Aragón.

España exige la entregar al insaciable II conde de Lerin, de las villas de Zangoza y Biana, la de Artaxoa y del cargo de juez para Graciano de Beaumont, quedando prohibida la entrada para los agramonteses en la villas beaumontesas, a excepción de Iruñea para la coronación, además se prohibía el acceso a extranjeros, si resultan molesto para los reyes españoles.

Pero el maléfico II conde de Lerin, no satisfecho con eso, idea una nueva humillación para los reyes de Navarra. Así el 21 de diciembre los reyes de Navarra se encuentran las puertas de la capital cerradas por orden de Luís de Beaumont. Pero los monarcas navarros realizan una admirable lección de autodominio, ante la provocación del traidor beaumontés y se retiran al pueblo de Egües, donde pasaran una cruda navidad.

Así hay que esperar hasta el día 12 de enero del año 1495, reuniéndose una multitud jamás vista hasta entonces, en ese frío, pero alegre domingo. Siendo el obispo de Cousans, Juan de Lasalle el clérigo que ofice el rito católico, ante la prudente ausencia de Cesar Borgia. Las ausencias más significativas son las de los obispos de Calahorra y Tarazona, los abades de Montearagón y Nájera, que estaban obligados a acudir al pertenecer a la diócesis de Iruñea, pero los monarcas españoles no permiten su asistencia.

La ceremonia propiamente política, reúne a los monarcas navarros antes de la eclesiástica, realizando el juramente ante el venerable agramontés, Juan de Jatsu, alcalde mayor de la Corte. Los monarcas españoles se encuentran presentes en la coronación de los soberanos del Reino de Navarra.

Labrit eta errege Labrit y el Rey

Aita seme dirade. Son Padre e Hijo

Kondestable jauna! Y el señor Condestable

Arbizate anaie. Que lo consideren como hermano.


El pueblo navarro cree que con los reyes en Iruñea, será posible un acuerdo con el oscuro Luís de Beaumont, condestable del Reino y II Conde de Lerin. Pero el impaciente e irritado condestable, cuñado del rey Fernando II de Aragón, se retira pronto a su feudo de Lerin.

En Lerin permanece largo tiempo, dignándose a visitar a los reyes navarros de vez en cuando, pero por lo general está continuamente rumiando en voz baja. La reina Catalina I de Navarra da muestras entonces de su capacidad para gobernar, haciendo que el noble gascón Alain de Albret se retire con discreción y dignidad, una vez cumplida la misión de gobernador.

Los reyes de Navarra, Catalina I de Foix y Jauan III de Albret, hacen saber a las Cortes, la pertenencia al Reino de Navarra, del vizcondado del Bearne, del condado de Foix y de los diferentes señoríos pertenecientes a la casa de Albret, que se encuentran en la Gascuña.

Ese mismo año, muere la princesa de Viana, Magdalena de Valois, en la capital del Reino. Los soberanos del Estado de Navarra se trasladan al Bearne para poner orden en ese vizcondado navarro, volviendo al sur del Pirineo, donde ya había quedado atrás, la calma de la coronación. Hay un regreso a la agitación, principalmente por culpa del condestable Luís de Beaumont y su insaciable bulimia de poder.

España por otro lado, es cada vez más exigente. Por el Reino de Navarra no puede pasar ningún enemigo de Castilla-León o Aragón, además los soberanos navarros no podrán casar a ninguno de sus hijos, sin el acuerdo de los reyes católicos. Además los españoles incentivaban la insolencia del II conde de Lerin y de sus seguidores.

Fernando II de Aragón es bastante más político que Luís de Beaumont. Así para controlar al demoníaco condestable acepta que éste, fuera confinado en Castilla-León, aunque confortablemente instalado y dotándole del marquesado de Huéscar. El Reino de Navarra para entonces, ya había reaccionado contra las pretensiones del beaumontés, quitándole el sello de caballero navarro e incautándole más de 1.000 ovejas para avituallamiento del ejército real.

Juan de Foix, conde de Lautrec se encarga de destruir los fuertes del II conde de Lerin, entre ellos el de Irulegi. Los reyes católicos toman revancha al exigir a los soberanos navarros la custodia de su hija Magdalena de Navarra, de un año de edad y por un plazo de 5 años. Además tropas españolas ocupan las plazas de Biana y Zangoza, supervisadas por el conde de Lautrec para estupor de las Cortes del Reino.

Además el capitán general español, Juan de Ribera ocupa algunas fortalezas claves, como Lerin, Larraga, Cárcar, Andosilla, Allo, Monjardín, Santacara, etc, teniéndose obligados los reyes de Navarra a firmar reiteradamente su vasallaje a los reyes españoles, hasta finales del año 1495, concretamente en la localidad de Alfaro.

"Los lobos aconsejaron a las ovejas que para vivir juntos en amistad habitual, éstas les tenían que entregar sus perros, y una vez estos estrangulados, dieron buena cuenta de las ovejas."*

La política de Albret consiste en sacudirse de la tutela española, sin caer por ello en la dominación francesa. Esta política de equilibrios, pese a no ser brillante, tampoco es la más sencilla, ante la lujuria imperial española y francesa. Así en el año 1497 los reyes navarros pasan al norte del Pirineo, dejando a Juan de Lasalle, obispo de Courseran como lugarteniente en Iruñea. El viaje se realiza ante las preocupaciones por el vizcondado del Bearne, el condado de Foix y el señorío de Albret.

En el año 1498, la muerte del rey de Francia, Carlos VIII el 8 de abril y la elección del papa Alejandro VI, un Borgia, son dos buenas noticias para los navarros. El nuevo rey de Francia, Luís XII quiere obtener el divorcio para casarse con Ana de Bretaña, incrementando con ello el territorio francés y para ello negocia el matrimonio de Carlota de Albret, hermana del rey de Navarra, con el hijo del papa, Cesar Borgia.

La bella, piadosa y dulce gascona, es entregada al príncipe italiano más corrupto, pero esa boda es una gran manera de sembrar confusión. Los soberanos de Navarra intentan aprovechar la situación, para hacer oír las legítimas reclamaciones navarras.

Con el apoyo de Luís XII de Francia, los soberanos navarros presentan algunas demandas a los reyes españoles, que incluso se remontaban a los tiempos de Juan II el Usurpador, hasta el punto que el propio rey de Navarra, Juan III de Albret, se presenta en Sevilla donde residen los reyes españoles.

La recepción es fastuosa, lo que asombra al rey gascón, que no vio ninguna malicia en todas esas gentilezas, prometiendo perdonar al II conde de Lerin y a sus partidarios, mientras que los jefes de la fortaleza de Biana rendirán homenaje al rey español. La tregua alcanzada duró algún tiempo, hasta que el condestable muestra sus uñas de nuevo.

El rey católico comienza de nuevo una campaña de amenazas y falsos rumores, lo que obliga a los reyes Catalina I de Foix y Juan III de Albret, a acudir de nuevo a la ciudad de Sevilla en el año 1500 y aceptar todas las exigencias españolas.

Es cierto que el Estado de Navarra obtiene la devolución de algunos castillos, pero al II conde de Lerin se te tuvo que agraciar con todos los suyos, recuperando los bienes que tenía el día de la coronación de Juan y Catalina. A su vez, el descendiente de la corona de Navarra, tendrá que casarse con un descendiente de los reyes españoles o en su defecto deberá contar con su consentimiento.

La situación en el Estado Pirenaico comienza a ser dramática, no lográndose liberar de una dificultad, sin aceptar nuevas ataduras, lo que obliga a demostrar a la reina Catalina, su tenacidad y astucia bearnesa, consiguiendo una doble alianza con el reino de Francia y con España.

Se llega a formar una comisión en la que tomarán parte representantes de las dos facciones. El viaje parece exitoso. En el año 1501, Juan de Albret juega a la pelota vasca con Felipe el Hermoso y posteriormente se le ve bailando con las damas de Dax. Solo Luís de Beaumont dice que el no habría ido a Sevilla, ya que era tarea de un embajador y no de un rey.

Mientras una aparente paz reina en el Reino de Navarra, pero franceses y españoles comienzan a jugar sus bazas. Los franceses con Maximiliano de Austria, lo que supone un desastre para España, ya que el nieto de los católicos, Carlos deberá casarse con Claudia, hija de Luís XII de Francia, al que se opone Fernando II de Aragón, el Falsario. El reino de Francia se prepara para responder, invadiendo Nápoles.

Este enlace deja entrever que el rey de Francia no se opone aun reinado en Castilla y León de Felipe el Hermoso, esposo de Juana la Loca, algo inaceptable para Fernando el Falsario, al perderse con ello la unidad española. Así envía una propuesta de paz al rey de Francia y pide a una princesa francesa para un nuevo matrimonio, concretamente a Germana de Foix.

La prematura muerte en el año 1506 del aliado de Navarra, Felipe el Hermoso, allana el camino a Fernando II de Aragón por el poder en Castilla y León, manteniendo con ello la unidad española. El posicionamiento navarro por el flamenco, nunca es perdonado por el español.

En una celda del castillo de Medina del Campo, se encontra el mayor enemigo de España, Cesar Borgia., cuñado del rey de Navarra. Tras conseguir una evasión considerada imposible, llega al reino vasco, poniéndose al servicio de los reyes de Navarra. En eso que el déspota Luís de Beaumont vuelve a declarar la guerra al rey Juan III de Albret.

Juan III de Albret, nombra capitán general a Cesar Borgia, encargado en particular de vigilar la frontera con Castilla y León, donde está situada la principal fortaleza del condestable beaumontés, Biana. Realmente era una plaza real, en la que Luís de Beaumont se ve como único dueño.

Cesar Borgia parte a la frontera, sitiando Larraga a su paso. Esta Fortaleza está confiada por Beaumont a Ogier de Berastegi, uno de sus capitanes. Una vez tomada, sale al encuentro del Luís de Beaumont hasta Mendavia, cerca de Biana, plaza reclamada por España.

El capitán general cuenta con un ejército formado por 1000 caballeros, 200 lanceros, 130 hombres de armas y 5000 infantes, más alguna pieza de artillería. En esto, que el II conde de Lerin decide avituallar la fortaleza de Biana, algo que consigue en dos ocasiones. Los beaumonteses aprovechan una espantosa tempestad, mientras que Cesar Borgia, poco habituado a la rudeza del las tropas navarras, mantiene a sus hombres cobijados.

La alarma suena en la localidad. Cesar Borgia, sorprendido se viste rápidamente y toma las armas. Sube en su silla de montar, sin dar órdenes ni a su escolta, saliendo a toda velocidad del recinto por la puerta y el bulevar de la Solana, soltando innumerables blasfemias y gritando:

“¿Dónde está. Dónde está este Condecillo?”

Tres de los guardianes del conde, entre ellos Garcés de Agreda y Pedro de Allo, esperan al capitán general del ejército navarro en un barranco, donde el primero de ellos consigue traspasar a Cesar Borgia con una lanza. El incidente dura una exhalación. Rápidamente su armadura y armamento son robados, dejando el cadáver desnudo en el campo de batalla.

Nada más ser informado, el rey de Navarra se presenta en el lugar, donde se encuentra el cadáver desnudo, ensangrentado y acribillado de heridas, del capitán general de Navarra. Tras ordenar cubrir el cuerpo con una manta y depositarlo en Santa María de Biana, manda que se erigiera una tumba monumental en la localidad.

Tras esto la situación empeora con gran rapidez en el Reino de Navarra. El rey Juan III de Albret asola todas las tierras de Luís de Beaumont, tomando la villa de Lerin, mandando arrasar sus casas, arrancar sus viñas y talar sus bosques y a continuación hizo lo mismo con las demás plazas y castillos, obligando con ello que el II conde de Lerin, tras perder todos sus bienes y ser desposeido de todos títulos por el tribunal de Baiona, abandone el reino vasco y se refugie en España donde reina Fernando el Falsario.

Le acompañaban sus partidarios, parientes y fautores del bando beaumontés, entre ellos su hijo Luís de Beaumont. El II conde de Lerin muere en Aragón, quebrado por la vejez, por el disgusto de verse despojado de todos sus bienes, por la rendición del castillo de Biana y de Larraga, donde se habían restablecido la obediencia al rey de Navarra.

Era un 16 de noviembre de 1508, en Aranda de Jarque, a la edad de 70 años cuando fallece este diabólico hombrecillo, ambicioso, iracundo y obstinado, que sin ningún lugar a dudas, tenía una gran responsabilidad en las desgracias del reino vasco.

La situación en el Reino de Navarra continua siendo agónica, ante las ambiciones de los reinos de Francia y de España, más concretamente de Luís y de Fernando. Ni las declaraciones de falsa amistad pueden alimentar ilusiones, ya que españoles y franceses utilizan análogos método de intoxicación. El nuevo papa no solo abandona a los navarros, sino que además consagra la expoliación.

Así desde el año 1507, Fernando el Falsario tiene clara la idea de anexionar el Reino de Navarra a España, mientras el rey francés se plantea anexionarse, al menos, la Navarra del norte del Pirineo. El rey francés pretende tras la muerte de Juan de Carbona, que su hijo Gastón de Foix, se convierta en rey de Navarra, pero el héroe de Ravenne, muere en esa misma batalla en abril de 1512, frenando las aspiraciones navarro-bearnesas de francés.

El rey español, a pesar de la derrota sufrida en Ravenne, mantiene intacta su alianza con el papado del retorcido y terrible Julio II. En la guerra entre los reinos de Francia y de España, solo el Reino de Navarra es neutral, además de ser el único Estado que quiere la paz. El rey de Francia cede al rey español el Rosellón y Cerdeña, en poder del reino de Francia desde los dramáticos tiempos del príncipe de Biana, Carlos.

El rey francés comete el error y la torpeza, de patrocinar un concilio organizado por algunos cardenales descontentos, en la ciudad de Pisa primeramente, después en Milan, Asti para acabar en Lyon. El objetivo es simple, destituir al papa Julio II. El emperador Maximiliano se une a esa idea, pero el rey español no, arrastrando con él a suizos y la república de Venecia, así como a Enrique VIII de Inglaterra, tras la promesa que le hace el español, de ayudarlo en la recuperación de la Guyena.

Así nace, ante esa tentativa cismática, la liga santísima, cuya proclamada misión es hacer la guerra a los franceses, para salvar a la iglesia y devolver la Guyena a los ingleses. Los navarros son conscientes del peligro que corren, al estar el Reino de Navarra entre los estados de Francia y de España. Así las cortes se reúnen y se comprometen a hacer todo lo que está a su alcance para conservar la independencia nacional.

Mientras los reyes de Navarra, no pensaban más que en alianzas y arreglos, los Beaumont que permanecían en el interior del Reino vasco, solo piensan en rendir vasallaje al rey de España. Además el monarca español se mueve en silencio, preparando la paz-la suya- preparando la guerra. El ejercito español cuenta con 1000 caballeros bardados, 1500 ligeros, 6000 infantes, más veinte piezas de artillería para forzar a las plazas navarras que se resistan.

*Palabras en referencia a la situción que vivía el Reino de Navarra, realizadas por el cronista musulmán Favyn.

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YANGUAS Y MIRANDA. Crónica de los reyes de Navarra, 1843

YANGUAS Y MIRANDA. Historia compendiada del Reino de Navarra, 1843

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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