Carlos III, el rey heraldista que participó en el diseño de los escudos de Iruñea y Nafarroa
Pello Guerra
El rey Carlos III el Noble participó personalmente tanto en el diseño del escudo de Iruñea como en el de Nafarroa, ya que en su «círculo más cercano, surgió el mito de las cadenas», según señala el historiador Mikel Zuza, que ha estudiado en profundidad la trayectoria de ambos emblemas.
«El mejor heraldista de nuestra historia». Así califica el historiador Mikel Zuza al rey Carlos III el Noble, que participó personalmente en el diseño del escudo de Iruñea y en el de Nafarroa, incorporándole a este último «el mito de las cadenas».
Zuza ha estudiado en profundidad ambos emblemas, sobre los que ha ofrecido este año sendas charlas, con la primera sobre el escudo del reino y organizada por el Foro Elkartu, y la segunda, dentro de los actos del 603 aniversario del Privilegio de la Unión. Una celebración que ha coincidido con la colocación en el zaguán del Ayuntamiento de una reproducción del emblema de la ciudad que posiblemente estuvo en la fachada original de la sede del Consistorio.
Sobre el blasón de Nafarroa, el experto señala a NAIZ que su creación se puede datar, «con seguridad, desde la llegada al trono de Teobaldo I en el año 1234», ya que «fue el primero en dar contenido emblemático a la bloca protectora del escudo que ya había mostrado su abuelo Sancho VI el Sabio en su sello, y que parece, recalco lo de parece, no tenía significado heráldico».
El carbunclo dorado y pomelado
A partir de esa divisa del primer rey de la dinastía de Champaña, «su hijo adornó la bloca lisa con bezantes, las esferas doradas que pueden verse en tantas representaciones, dándole su configuración más difundida, conocida en terminología heráldica como ‘Carbunclo dorado y pomelado’».
Y de esa imagen, «a finales del siglo XVI fue cuando se empezó a representar en forma de cadenas. Esa innovación había tenido su origen intelectual en la corte de Carlos III el Noble, allá por el año 1400. Pero, como digo, no se convirtió en el modelo hegemónico hasta casi dos siglos más tarde, cuando quizás por impulso de la monarquía hispánica, comenzó a dibujarse, grabarse y esculpirse el escudo de Navarra formado por cadenas, unidas a la memoria de la participación de Sancho VII el Fuerte en la batalla de las Navas de Tolosa».
Sobre ese cambio, Zuza añade que «es algo que, como bibliotecario, he podido acreditar fehacientemente en las portadas de los libros publicados o impresos en aquellas últimas décadas del siglo XVI. Por ejemplo, en la del Juramento de los Fueros del futuro Felipe III de Castilla (V de Navarra), editado en Pamplona en 1593 y en la que pueden verse, creo que por primera vez en Navarra, las cadenas tanto en el escudo de Navarra como en el de Pamplona».
Lo que sirve también «para fechar la labra heráldica cuya reproducción se ha colocado ahora en el zaguán de la Casa Consistorial, en la que puede verse que el escudo ya no luce en su orla el carbunclo, sino las cadenas».
Mucho más tarde, a principios del siglo XX, la Diputación solicitó a Arturo Campión, Julio Altadill y Hermilio de Olóriz un diseño oficial y «se atuvieron a la costumbre de siglos y a las férreas normas de la Heráldica y mantuvieron ese modelo, que es el que, con pocas variaciones, ha llegado hasta nuestros días».
Los tres eran buenos conocedores de la historia de Nafarroa y pudieron plantear la posibilidad de recuperar el carbunclo dorado y pomelado, pero el experto considera que en 1910, cuando se crea la actual bandera oficial de Nafarroa, «quizás no podían hacer otra cosa».
Sin embargo, matiza que «en 1982, cuando se redactó el Amejoramiento, se podría haber recuperado perfectamente el carbunclo que había representado al reino independiente durante más de 400 años. Al fin y al cabo, otras comunidades como Castilla y León, Valencia o Aragón sí recobraron símbolos medievales, que son los que siguen representándolas en la actualidad».
Fijado por el Privilegio de la Unión
Si la heráldica terminó marcando el diseño del escudo de Nafarroa, en el caso del de Iruñea, fue el Privilegio de la Unión de 1423 el que estableció con todo detalle cómo debía ser el emblema de la capital del reino.
Al respecto, el historiador reconoce que «no es lo más frecuente» que se fije hasta ese extremo cómo debe ser el escudo de una población, aunque «sí que conocemos ejemplos de concesión de las armas reales a personas cercanas a los monarcas. Así, Carlos II se las otorgó a Jean de Picquigny, que fue el comandante del grupo de caballeros que lo liberó de la prisión del castillo de Arleux; y Carlos III hizo otro tanto con su mariscal, Martín Enríquez de Lacarra. Pero el caso de Iruñea es desde luego el primer ejemplo de blasonamiento, de indicación detallada de un escudo conocido en Navarra».
Precisamente el hecho de que «el Privilegio no deje demasiados resquicios a la imaginación» explica que, a lo largo de 600 años, el emblema de Iruñea no haya experimentado cambios demasiado profundos, sino «más bien de carácter ‘estético’».
Así, «sí que a veces se ha representado la corona sobre la cabeza del león y no sobre su lomo, que es como debe ir, o ha cambiado la forma del escudo, como en tiempos del alcalde Chourraut. Pero, por fortuna, siempre se ha acabado volviendo al diseño original marcado por Carlos III el Noble. No hay por qué cambiarlo».
En la fachada de la plaza de toros se conserva un escudo de Iruñea diferente, ya que se trata de una representación de tiempos de la II República española y en lugar de la corona superior, aparecen las torres almenadas. Sobre esta ‘rara avis’, Zuza explica que ese régimen republicano «supuso que en todos los escudos y emblemas que llevaban corona real, ésta fuera sustituida por esas almenas que, en terminología heráldica, forman la que se denomina ‘corona mural’. Pero el símbolo central, el león coronado rodeado por las cadenas, no varió».
Bandera verde ¿o azul? de Iruñea
El escudo establecido por el Privilegio aparece en la bandera de Iruñea sobre fondo verde, un color con el que hace décadas se asociaba a la ciudad, aunque ha ido decayendo su uso y ahora se vincula más a la capital navarra con el rojo por los sanfermines.
Sobre esta cuestión, el historiador señala que «me temo que el mega éxito sanferminero en todos los campos ha acabado por hacer olvidar muchos otros usos y costumbres de Iruñea. Uno de ellos sería, en efecto, el de la bandera de la ciudad, cuyo color parece, aunque no se pueda asegurar, que fue originalmente azul. En todo caso, sí, el rojo se ha acabado imponiendo tanto al verde como al azul, aunque a los puristas siempre les quedarán los pañuelos de La Única y de La Jarana».
El azul aparece en la reproducción de un escudo del siglo XVI de Iruñea que ha sido instalada recientemente en el zaguán del Ayuntamiento. Una decisión que Zuza califica de «muy acertada, porque es lógico que sea el escudo que representa a todas las ciudadanas y ciudadanos de Iruñea desde el año 1423 el que les reciba en su Ayuntamiento. En ese sentido, supone además la ‘vuelta a casa’ de un emblema concreto, aunque se trate de una reproducción, que es muy posible que estuviera en la fachada original, previa a la barroca que todos conocemos».
Su colocación en ese espacio ha supuesto la retirada de un escudo de la Corona española del siglo XVIII que se encontraba colgado en ese lugar, lo que ha generado el rechazo frontal de UPN. De hecho, la formación regionalista ha presentado una batería de nada menos que 25 preguntas sobre ese cambio y ya ha anunciado que lo revertirá si regresa a la Alcaldía.
El escudo del Real Consejo
Zuza entiende que, «como cualquier otra opción política, UPN puede plantear lo que mejor le parezca, pero en este asunto, me parece que resulta más interesante subrayar la historia del escudo retirado» de la entrada del Ayuntamiento.
Según explica, en origen, ese escudo estaba ubicado en la sala de Audiencias del Real Consejo, «una especie de Tribunal Supremo cuya enorme sede comenzó a erigirse por orden del emperador Carlos I en 1541» en la actual plaza de San Francisco de Iruñea. Se trataba de un tribunal para «hacer patente en pleno centro de la capital de un reino recién conquistado como era el de Navarra, el omnímodo poder de la administración castellana». En aquellos tribunales «se sucedieron 182 ejecuciones, aunque seguro que fueron muchas más, entre los años 1605 y 1885», recuerda Zuza.
En 1909 se demolió ese edificio y el escudo, «en consideración a su antigüedad, fue llevado al Ayuntamiento, institución con la que no guardaba, ni guarda, relación». A lo que se suma el perfil y actividad de esos tribunales, por lo que el experto considera que «no creo en absoluto que haya que echar de menos ese escudo en el zaguán de la Casa Consistorial».
Por lo tanto, Zuza se queda con unos escudos que ha estudiado en detalle. Una labor que le ha deparado la sorpresa de «la constatación de cómo Carlos III el Noble puede ser considerado como el mejor heraldista de nuestra historia, ya que participó personalmente en el diseño de los dos emblemas de mayor difusión, incluso hoy en día, en la comunidad: el de Navarra y el de Pamplona».
Y lo hizo, en el primer caso, porque «de su círculo intelectual más cercano surgió el mito de las cadenas, que siguen siendo el modelo oficial de representación». Y en el caso de Iruñea, porque «fue él mismo quien estipuló definitivamente cómo deberían ser las armas heráldicas de la ciudad recién unificada».
