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2012/10/06

EL EUSKERA (La lengua indígena europea)


EL EUSKERA (La lengua indígena europea)
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“Tenéis la fortuna de que vuestro pueblo sea depositario de la reliquia más venerable de la antigüedad hispana. Otras tendrán más valor artístico, serán más admiradas y codiciadas universalmente, pero no hay otra que tenga la importancia de esta lengua”.
Ramón Menéndez Pidal, Director de la Real Academia de la Lengua Española (1925-1939)

a) El antiquísimo origen del euskera.

La mayor parte de los lingüistas están de acuerdo en afirmar que el euskera es la lengua viva más antigua de Europa Occidental. Su antigüedad se remonta como mínimo a tiempos neolíticos, aunque algunas evidencias lingüísticas demuestran que su origen puede estar mucho más atrás.

Así por ejemplo, la raíz “haitz” (piedra) está presente en el nombre de varias herramientas que desde tiempo inmemorial la humanidad ha conocido fabricadas en metal, pero que los vascos aun siguen denominando como si fueran útiles paleolíticos: Aizkora (hacha), aizto (cuchillo), aitzurra (azada) o zulakaitz (punzón).

Otro vocablo antiquísimo es la raíz “ur”, que hoy traducimos como agua, pero que en su origen (y como apunta el lingüista Imanol Mújica) pudo significar materia viva. Así, con la raiz “ur” se forman “lur” (tierra), “elur” (nieve), “zur” (madera), “haur” (niño), “hezur” (hueso), “euri” (lluvia)…

También es muy antigua la raíz onomatopéyica “iz” que significa energía o luz, de la cual derivan, “izar” (estrella) izan (verbo: ser), “izadi” (naturaleza), izaki (criatura viviente), izpiritu (espiritu), izaera (carácter, modo de ser), izorra (embarazada), izotz (hielo: literalmente energía fría).

Éstas, y otras muchas evidencias, han llevado a afirmar a numerosos lingüistas e historiadores que la lengua vasca puede considerarse heredera directa de la lengua que hablaban las gentes que habitaron hace 15.000 años las cuevas de Altamira, Ekain o Lascaux durante la última glaciación. Así, entre muchos otros autores, destacamos:

El profesor Luis Pericot en el discurso pronunciado en la clausura del XII Pleno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1952:

“¿Quién sabe qué es la lengua vasca? Nada puede en los países europeos devolver a un hombre del siglo XX la sensación de transponerse a 5 ó 10.000 años antes. A nosotros nos basta para ello con escuchar a unos campesinos vascos en alguna de sus fiestas populares improvisando en su vieja lengua y cerrar los ojos. ¡Estamos oyendo a unos pastores neolíticos o acaso a quienes pintaron Altamira!”
El escritor Louis Charpentier afirmaba en su clarividente libro “El misterio vasco” que:

“Resultaría difícil afirmar que el euskera actual era hablado ya hace más de 10.000 años, en los tiempos magdalenienses, pero es indudable que, desde aquellos tiempos hasta nuestros días, en la lengua vasca se han conservado vocablos empleados por los magdalenienses de la región pirenaica.”
El antropólogo y miembro de la Real Academia de la Lengua Española Julio Caro Baroja afirmaba que:

“El origen de este pueblo es el de su lengua, que muchos suponen que podría remontarse al hombre de Cromañón.”

Para el profesor de la Universidad de Standford Luigi luca Cavalli-Sforza:

“La lengua vasca desciende de las lenguas habladas en la primera ocupación de Francia suroccidental y España noroccidental por los hombres de Cro-Magnon . Los grandes artistas de las cuevas de la región hablaban una lengua de la que desciende el moderno euskera.”
Felix Zubiaga, investigador y escritor afirma:

“Para los lingüistas el euskera es una lengua de origen desconocido, cuando en realidad, el euskera es testigo natural del nacimiento del lenguaje articulado y, por lo tanto, aclara su origen a través de sus monosílabos originales, fuentes primarias del lenguaje.”
Y por su parte el escritor y lingüista Josu Naberan cree que:

“Es probable que el euskera sea uno de los focos de origen del lenguaje articulado”
Independientemente de la mayor o menor antigüedad del euskera, el hecho trascendental es que dicha lengua constituye el último nexo lingüístico con las culturas de la Vieja Europa y, a través de ella, se pueden desenmarañar muchos de los enigmas sobre nuestro pasado. Comencemos.

b) El refugio climático cantábrico-aquitano (… origen geográfico del euskera)

El euskera es hablado hoy en día por unas 800.000 personas que habitan, en su mayor parte, en el Norte de España y el Sur de Francia. Estas gentes se denominan así mismos como euskaldunak (“los que hablan euskera”), por lo que su identidad queda definida en última instancia por el idioma y no por un espacio geográfico determinado.

Los euskaldunak, al estar repartidos entre los territorios de dos estados-nación diferentes, son actualmente bilingües, ya que conviven con gentes que hablan otros dos idiomas: el español y el francés. Estas tres comunidades idiomáticas son las que en su mayor parte componen al pueblo que hoy conocemos como vasco (Basoko = “del bosque”).

Sin embargo, el idioma euskera se haya aún claramente reflejado en los nombres de pueblos, montes, valles y ríos de una zona bastante más amplia que la del territorio vasco actual. Esta zona comprende gran parte de los macizos y zonas adyacentes de las cordilleras Cantábrica y Pirenaica, así como la parte del Sudoeste de Francia que hoy conocemos como Aquitania. Estos lugares, a tenor de las evidencias toponímicas, compondrían la primitiva morada de los euskaldunak.

Se da la extraordinaria circunstancia de que es precisamente en esta zona geográfica, hogar primigenio de la lengua viva más vieja de Europa, dónde se encuentran gran parte de los yacimientos paleolíticos más relevantes de nuestro continente, así como la concentración de arte rupestre más importante del mundo en cantidad e importancia (lo que los historiadores llaman arte franco-cantábrico).


Todos estos yacimientos permiten suponer, y sobre esto parece que los investigadores no tienen duda alguna, que gran parte de los europeos de la época del Paleolítico Superior buscaron refugio durante la última glaciación en las miles de cuevas del Cantábrico, del Pirineo y de Aquitania.

Pero esta zona no fue sólo elegida por nuestros antepasados por la gran cantidad de refugios rocosos. En aquella época (en la que el casquete glaciar llegaba hasta Normandía), las costas del cantábrico y de Aquitania poseían junto a las regiones del Cáucaso, uno de los climas más benignos de todo el continente, lo que permite hablar de un auténtico “refugio climático”.

Anton Uriarte, profesor de geografía en la Universidad del País Vasco y autor del libro “Historia del clima de la tierra”, ha desarrollado una hipótesis climática que permite comprender porque el clima era más benigno en la región cantabro-aquitana:

“El aire que atravesaba la meseta de la península procedente del suroeste perdía humedad y se calentaba de forma notable por el efecto fóehn al bajar al cantábrico y a Aquitania, tal y como ocurre en la actualidad. De esta manera, en la región cántabro-aquitana el frío invernal quedaba muy atenuado, creándose una zona refugio de clima más benigno para la fauna y para los seres humanos”.

Por su parte, Maria Fernanda Sánchez Goñi, Catedrática de Evolución del clima por la Universidad de Burdeos, nos ofrece otra clave biológica de porque esa zona geográfica del Sur de Europa estuvo habitada desde hace decenas de miles de años:

“A cada periodo de enfriamiento glacial se produce en el norte de España la aparición de estepas de gramíneas, mientras que en el sur aparece una estepa desértica. Los herbívoros, atraídos por las gramíneas, se instalarían en el norte, lo mismo que los humanos atraídos por su caza”

Desde hace unos años, a estas hipótesis y evidencias se le han unido los estudios de la genética de poblaciones, que permiten a los investigadores, a través de la biología molecular, determinar cuales fueron las rutas migratorias que siguieron nuestros ancestros, por lo que un nombre apropiado para denominar a esta ciencia puede ser el de arqueogenética.

En este sentido, la edición española de la revista norteamericana Scientific American (Investigación y ciencia), en su numero de Enero del 2003 publicaba un artículo firmado por Elisabeth Hamel (periodista científica) y Peter Forster (Doctor en biología y profesor de la Universidad de Cambridge) en el que afirmaban basándose en diversos estudios arqueogenéticos que 3/4 partes de la población de Europa Occidental provenían de dicho refugio glaciar Lo cual confirmaba científicamente lo que era una obviedad por las múltiples evidencias arqueológicas. Esto decían Hamel y Forster.

“Presumiblemente, los europeos sólo pudieron sobrevivir al frio glaciar refugiándose en las zonas donde el clima era algo más benigno; de ellas, las dos más notables estaban una en Ucrania y otra en el sudoeste europeo. Como hemos mostrado una parte considerable de los grupos que volvieron a poblar el oeste y norte del continente después de la glaciación (según la datación genética, hace unos 10.000-15000 años) procedían del sudoeste de Europa […] de un grupo de hombres y mujeres que habrían habitado la región que envuelve el actual País Vasco hace unos 20.000 años aproximadamente».

Más recientemente, uno de los genetistas mas respetados y profesor de la Universidad de Oxford, Stephen Oppenheimer, ha publicado un libro de gran repercusión en los círculos académicos británicos: The origins of the British (Los origenes de los británicos). En dicho libro, Oppenheimer desmonta el mito de la existencia en Gran Bretaña de una población originaria celta a la que poblaciones anglosajonas-normandas invadieron. Para ello, el profesor de Oxford coteja los datos genéticos de los estudios científicos de las ultimas décadas y extrae la conclusión de que los británicos proceden del refugio cantábrico-aquitano. Según afirma:

“Sabemos que la pista genética más antigua en Europa es más común en la zona norte de España, especialmente en el País Vasco. Esta zona fue uno de los refugios europeos que mejor sobrellevaron la última Edad de Hielo, logrando preservar su identidad genética original de manera más clara que el resto de Europa”

Conclusiones similares se pueden extraer de otros muchos estudios arqueogenéticos. Así por ejemplo tenemos los de Cavalli-Sforza para la Universidad de Stanford, los de Ornella Semino y Peter Under Hill también de la Universidad de Standford), los de Sergio Cardoso para la Universidad del País Vasco o los de Antonio Salas para la Universidad de Santiago de Compostela.

En resumen, y volviendo al euskera, el origen geográfico de la lengua vasca coincide con el área geográfica de mayor concentración humana de Europa Occidental durante el periodo glaciar. Un dato clave para conocer las raíces lingüísticas de nuestro continente.

Y aunque han sido muchos los que se han empeñado en atribuir al euskera diversos orígenes foráneos, la cascada de evidencias lingüísticas, arqueológicas y genéticas no dejan lugar a la duda.

Así lo manifestaba Jaume Bertranpetit responsable europeo del ambicioso Genographic Project de “National Geographic”:

“Los vascos son, sin duda, la población más autóctona de Europa”.

No obstante, y por si alguien pretende sacar algún otro tipo de conclusiones fuera del ámbito cultural y científico, recalcamos que todas estas investigaciones no evidencian diferencias relevantes entre los europeos ni entre los distintos pueblos del mundo, sino todo lo contrario, muestran una grandísima homogeneidad con pequeños matices que son los que permiten conocer las migraciones prehistóricas que llevo a cabo la gran familia humana. A este respecto y refiriéndose a las poblaciones ibéricas, el responsable mundial del Genographic Project, Spencer Welles manifestaba:

“Los vascos son genéticamente idénticos al resto de íberos. Tienen ligeras frecuencias distintas, propias de una población aislada de íberos”.
c) La lengua indígena de Europa Occidental

A medida que los hielos glaciares fueron retrocediendo desde su cota máxima (hace unos 20.0000 años) hasta el área que actualmente ocupan (hace unos 10.000 años), los europeos del refugio cantabro-aquitano volvieron a colonizar progresivamente nuestro continente y los países mediterráneos. Según las investigaciones de la arqueogenética, se extendieron por el norte (hasta Rusia y Escandinavia), y por el sur (norte de África hasta Túnez).

Es evidente que aquellos primeros colonos ya habían desarrollado desde hacía milenios un lenguaje oral para comunicarse, en complementariedad con el extraordinario lenguaje simbólico del arte paleolítico franco-cantábrico. ¿Es posible que aún queden restos de aquel lenguaje indígena en la toponimia de Europa Occidental? El reputado lingüista de la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich, Theo Venneman, así lo cree.

Venneman lleva años dedicado a la investigación de la lengua indígena de los primeros habitantes post-glaciares de Europa. Para ello se sirve de una llave maestra: el euskera.

“Todas las lenguas tienen su origen en algún lado, muchas veces no sabemos dónde. Pero en la época que tratamos aquí, el euskera no había venido de ninguna parte, ya estaba aquí cuando llegaron las demás lenguas. Bajo este concepto el euskera es la lengua más antigua de Europa. Todas las otras lenguas son idiomas foráneos que vinieron del Este y que fueron tan influyentes, que podían imponer sus lenguas a los habitantes primitivos. […] el euskera es la única superviviente de toda una familia idiomática europea”

Por tanto, y como indica Venneman, todo esto no quiere decir que solamente hubo una única lengua en toda Europa, sino diversas formas dialectales emparentadas entre sí (familia idiomática), de las que el euskera sería la única superviviente. Este hecho es constatable hoy en día en el País Vasco dónde las diferencias lingüísticas entre sus distintas comarcas son muy notables.

Según Venneman, existen en Europa multitud de nombres de ríos, valles, lagos y montañas cuyas raíces no son de origen indoeuropeo, pero que pueden ser decodificadas a través del euskera. Parece ser que nuestros antepasados adjudicaron a estos elementos geográficos una designación meramente descriptiva como “rio”, “montaña”, “agua”, etc.; por tanto, los nombres no vendrían a significar otra cosa que lo designado.  
Así por ejemplo, y según se desprenden de los estudios de Venneman presentados en la revista Scientific American, las palabras vascas ibai (rio) y la palabra ibar (vega) se encuentran en los nombres de rios de toda Europa. En Serbia y Montenegro nos encontramos con el río Iban. En Hessen un río Ibra. Más al sur de Alemania dos ríos Ebrach y diversos ríos Eberbache. Al pie de las colinas de los Alpes esta el rio Ebersberg. O en Austria el río y la ciudad de Ybbs. En Francia nos encontramos con Ivergny, Iverny, Yvré-l'évéque, Ebréon, Evrune, Ebersheim, Yvry-en-montagne y en el País Vasco Ibarra, Ibarrola, Ibarrekolanda, Ibardin, Aranibar... Sin olvidar el río Ebro que procede del prerromano Iber y que dio nombre a todo un pueblo, los íberos, y a la península ibérica.

En euskera ur significa agua: Urola, Urura (País Vasco); Urofia, Huriel (Francia); Ourte (Bélgica); Urwis (Polonia); Ura (Rusia); Urach, Urbach (Alemania); Urula (Noruega).

Tomando como raíz la palabra vasca aran (valle) Theo Venneman encuentra también abundantes topónimos en Europa que dan nombre a distintos valles: Arundel (Inglaterra), Arendal en Noruega y Suecia. En Alemania Arnach, Arnsberg, Arnstern, Aresburg y Ahrensburg. También Ohrenbach que antiguamente se llamaba Aranbach, además del alto del peñón del negro Palatino, antiguamente llamado Arnstein. Sin olvidar el Valle de Arán en la provincia de Lleida.

Finalmente la raíz vasca Iz (que entre otras acepciones tiene significación de agua) estaría en la base de unos 200 ríos europeos entre Noruega, Italia y Rusia.

En la misma línea de ideas que Venneman, el investigador y escrito vasco Josu Naberan ha realizado un estudio lingüístico en su libro “Hitzen koba” sobre la toponimia de la zona franco-cantabrica. Con una base de datos de más de 20.000 vocablos Naberan coincide como Venneman en afirmar que los primeros topónimos europeos son meros nombres descriptivos de las características geográficas del lugar que designan y que pueden ser decodificados a través del actual euskera.
“El libro Hitzen koba ha surgido de una base de datos (unos 20.000 vocablos) de la toponimia de gran parte de Francia, Piamonte y Suiza, de las dos vertientes de los Pirineos y de ambas riberas del Ebro, de Cantabria y Asturias, más las del propio País Vasco actual. Estos topónimos me daban una serie de raíces que se repetían en todas partes, con leves variantes fonéticas. Cuando ví que dichas raíces eran considerables en número (han resultado ser alrededor del 80% del total de las raíces que conserva el euskera), me animé a escribir este libro sobre el origen de nuestra lengua. Una de las conclusiones evidentes es que los nombres de lugar no son más que descripciones exactas y científicas, de los lugares en cuestión.” Josu Naberan

Otro investigador y lingüista, el armenio Vahan Sarkissian, está llegando a conclusiones similares sobre la lengua indígena de los europeos. Sarkissian, que es presidente de la Academia de Lingüística Internacional y director de la Cátedra de Filología románica de la Universidad de Armenia, lleva años dedicado al estudio comparativo entre el armenio y el euskera. Estos dos idiomas, a pesar de los 4.000 kilómetros que los separan, tienen una serie de similitudes sorprendentes que según Sarkissian evidencian que proceden de una familia idiomática que estuvo extendida por toda la Europa prehistórica:

“Soy lingüista y me fijo sobre todo en las semejanzas que existen entre ambos idiomas. Hay más de cien palabras de uso cotidiano que no necesitan ni traductor. Además hay sufijos exactamente iguales que se añaden a las palabras como por ejemplo -tegi (lugar) o -ago (más) y con ello se hace difícilmente calculable el número exacto de coincidencias. ¿De qué número se puede hablar si con un simple sufijo ya se duplica el vocabulario? Entre el armenio y el vasco existen muchísimas semejanzas, incluyendo la fonética, gramática y una parte notoria del vocabulario. Estas coincidencias abarcan sustantivos, adjetivos, verbos... ¿Cómo es posible esto si hay cuatro mil kilómetros de distancia entre ambos pueblos? Se puede entender de dos formas. O bien los vascos se desplazaron desde Armenia a la Península Ibérica, o viceversa; o bien existió en la antigüedad una gran cultura que abarcaría desde los Pirineos hasta el Caúcaso. No le veo otra explicación”

Estas son algunas de las coincidencias lingüísticas recogidas por Sarkissian:

Ardi-arti (oveja), Argi-aregi (luz), Artza-arch (oso), Bits-bits (espuma), Elki-elkh (salida), Gari-gari (trigo), Gitxi-khichi (poco), Haritz-harrich (roble), Horma-orm (pared), Otz-oits (frio), Ordo-ord (llano), Buru-pur (cabeza), …

d) La escritura de la Vieja Europa y el euskera:

Según la mayor parte de las teorías históricas de nuestros manuales escolares y enciclopedias, las primeras muestras de escritura de la humanidad tienen su origen de en la cultura sumeria. Sin embargo, en las ultimas décadas distintos descubrimientos arqueológicos cuestionan este planteamiento clásico. En Europa, estas evidencias se han encontrado en las culturas de la Vieja Europa descubiertas por Marija Gimbutas y más concretamente en la región de los Balcanes, en la cultura conocida como Vinca, dónde se desarrolló un sistema de escritura sacra que antecede en 2.000 años al de los sumerios.

El profesor Harald Haarman, doctor en lingüística de la Universidad de Bonn, nos lo explica así en su libro “Historia general de la escritura”:

“Los comienzos del uso de la escritura en la Antigua Europa se remontan finales del VI milenio a.C. Con ello queda claro que la escritura […] de la Vieja Europa es un desarrollo autóctono que está a una visible distancia temporal de los inicios a escritura en Mesopotamia; nada menos que dos milenios es lo que hay de los primeros testimonios escritos de la cultura de Vinca y los más antiguos registros sumerios. Tan extraordinaria como la antigüedad de esta escritura es su vinculación con la esfera religiosa. La totalidad de objetos inscritos se encontraron en lugares de culto y de enterramiento, fuera de los asentamientos propiamente dichos.”

Durante más de 1.500 años, desde finales del VI milenio hasta mediados del IV a.c., las distintas expresiones de la escritura de la Vieja Europa se desarrollaron sin aparente interrupción, hasta que alrededor del 3.500 a.c. terminaron por desaparecer debido a las ya famosas invasiones indoeuropeas. Sin embargo, hubo un pequeño islote cultural que resistió y mantuvo las tradiciones de la Vieja Europa otros 2 milenios más, nos referimos a Creta. En esta isla se han hallado evidencias de un sistema de escritura con signos muy parecidos a los de la región de los Balcanes. Tan parecidos que tienen más de 60 signos prácticamente idénticos. Así nos lo explica Haarman:


“En Creta se han encontrado numerosos ídolos femeninos del III y II milenio a.c., en su mayoría hechos de arcilla cocida y algunos de ellos contienen signos inscritos. Más de mil años después de la pérdida de la escritura sacra de la Vieja Europa, revive en Creta la costumbre de grabar inscripciones en ídolos femeninos. No puede haber ninguna duda de que las inscripciones de las figuras cretenses tenían la misma función que las de las figuras de Vinca: entraban en el contexto de rituales religiosos, especialmente del culto de los antepasados. Los signos que aparecen en las figuras cretenses inscritas pertenecen al sistema que se conoce como escritura lineal A […] El estudioso que se toma la molestia de investigar de forma comparativa el elenco de signos de la escritura de la Vieja Europa y el de la escritura lineal cretense se ve de hecho recompensado; y es que el resultado es una larga lista de signos similares o idénticos. Más de sesenta símbolos individuales se encuentran tanto en la Vieja Europa como en Creta. Esto significa que cerca de un tercio del inventario de signos antiguo-europeos reviven en la escritura cretense lineal A.” Harald haarman

Harman manifiesta su escepticismo en cuanto a la posibilidad de traducir estos signos a un lenguaje inteligible y así comprender su significado. Sin embargo, unos años después de la publicación de su trabajo, los profesores de la Universidad Complutense de Madrid Jorge Alonso y Antonio Arnaiz publicaron un libro (Minoicos, cretenses y vascos) en el que aseguraban que la lengua cretense (lineal A) podía ser descifrada a través del euskera.

Las traducciones que realizaron Alonso y Arnaiz, se desarrollaron a partir de los valores fonéticos que tradicionalmente se atribuyen a los signos cretenses, pero interpretándoles a partir del euskera. El resultado de aplicar este método fue comprobar que las frases que aparecían en todas aquellas estelas funerarias y objetos votivos describían perfectamente las creencias sobre la muerte que tenían las culturas de la Vieja Europa.

Algunas palabras se repetían hasta la saciedad en las transcripciones cretenses pero también en otras pertenecientes a las culturas íbera (España) y etrusca (Italia) que, según los investigadores, pertenecían a la misma familia idiomática y podían servir de modelo comparativo. Hablaban de una Diosa llamada Ama (madre en vasco), de una puerta (Ate) como sinónimo de sepultura, de las llamas (kar) y de la osuridad (bals). Es decir, al igual que la Diosa Mari de los vascos (y las diosas neolíticas europeas), la Diosa mediterránea regía el mundo subterráneo (de la oscuridad y el fuego), morada de los espíritus (útero de la Diosa) y a dónde acuden los fallecidos a través de la puerta que representa la sepultura. La obtención de estos significados en las traducciones, que encajaban como un guante con las creencias arcaicas europeas, demostraba así lo correcto del camino abierto. Así nos lo cuentan Arnaiz y Alonso:

“El término Atano, la emblemática alusión a la puerta del más allá subterráneo, aparece repetida una y otra vez en las inscripciones ibéricas y etruscas. Por otro lado, la reflexión sobre algunas tradiciones cretenses conservadas anticipaba ya una comunidad cultural (iberos-etruscos-cretenses), que esperábamos se confirmase con las pruebas lingüísticas. […] Cuando comenzaron a surgir de los textos del lineal A alusiones a la madre, la señora, el infierno, los valles del más allá, el río de fuego, podían compararse sin lugar a duda las distintas fonéticas y tomar decisiones sobre los fonemas y signos silábicos utilizados en las transliteraciones.

[…] La sensación que en principio se recibe de las frases funerarias cretenses es la misma que las procedentes de iberos y etruscos: una espiritualidad sencilla, […] llena de confianza en las diosas de ultratumba. Los individuos que se enfrentan con el más allá expresan su fe en los poderes del infierno, que carecía de las connotaciones negativas de nuestra religión cristiana. El infierno cretense no es comparable al que se describe en la religión cristiana, aunque sin duda deben poseer algunos elementos comunes, pero en la vieja PUERTA neolítica reside la divinidad generadora de la resurrección y la fertilidad. […] Los familiares de los difuntos invocan también en la frase ritual buena acogida para el fallecido en los parajes adonde llega el espíritu del muerto. El infierno se sitúa como en el resto de los países mediterráneos investigados: tartesos, ibéricos, etruscos, en el interior de la tierra, donde en medio de la oscuridad corre un río de metal incandescente.[…] En creta, durante el Neolítico, la costumbre funeraria había sido como en la península ibérica y el norte de África: enterrar los muertos en cuevas y refugios de las rocas. A veces se realizaban enterramientos masivos (cementerios), y posteriormente se construyeron en la isla tumbas con el aspecto de cavernas”











































Para obtener estos resultados, Jorge Alonso había comenzado previamente descifrando el lenguaje ibérico a partir del euskera. Recuperaba por tanto la vieja “teoría vasco-iberista” sostenida por múltiples autores peninsulares de los siglos XVI, XVII y XVIII y posteriormente marginada hasta nuestros días. Según esta teoría, el euskera sería heredera de la lengua primigenia que se habló en toda la península ibérica.

Siguiendo la estela de todos aquellos autores clásicos, Jorge Alonso centró su estudio en las frases funerarias inscritas en lápidas iberico-tartésicas. Tenía la esperanza de que se dieran las condiciones que había observado en la epigrafía de las tumbas etruscas, que contienen casi siempre las mismas palabras y son muy reiterativas en las expresiones (un ejemplo de lo que ocurre en nuestros propios cementerios, donde las dedicatorias son muy semejantes en sus referencias y redacción).

Transcribió entonces varias inscripciones funerarias al alfabeto latino en dónde se repetían insistentemente los vocablos "BALCE" y "ATIN":

BALCEATIN
BALCEATINTAE
BALCEKALDUR
ATINBELAUR
BALCEATINOE
BALCEATINISBETARTICEREBANEN

Así lo relata jorge Alonso: “No resultó especialmente difícil identificar en euskera los vocablos BALCE y ATIN que se repetían en las frases. BALCE (ibe) la comparé con "BALTZ" (vas) ="negrura". Tampoco la segunda, en su raíz ATE (vas) ="Puerta", "Salida", que en este caso se hallaba declinada ATE-AN (vas) ="En la puerta". Algo más de tiempo llevó descubrir que ATEAN era uno de los nombres que usaban los pueblos hispanos pre-romanos para denominar la "sepultura". Según se desprende de los ahora numerosos textos descifrados, las gentes ibéricas creían que su espíritu, al depositarse el cadáver en la tumba, viajaba por el mundo subterráneo hacia un lugar más allá del "río de fuego", donde encontraba cierta morada junto a sus antepasados. De ahí que la sepultura era la "puerta" por donde iniciaba el viaje hacia su destino final. Poco a poco se reconocieron entre los distintos epígrafes otras equivalencias del léxico euskera, así como verbos, pronombres, artículos, numerales, que confirmaban la hipótesis del parentesco vasco-ibérico. Según se disponía de vocabulario seguro, es decir, perfectamente probado en diferentes textos, se acometían párrafos más amplios y más complejos. La interpretación de las frases arriba indicadas queda de esta manera"

Uno de los momentos más significativos del proceso de desciframiento fue la interpretación de una pequeña frase de la lista de Hubner, en su “Monumento Linguas Iberica”. Sorprendentemente se trataba de una pequeña “Piedra de Roseta” que había pasado inadvertida para los investigadores, no obstante de haber sido publicada en el siglo XIX. Estaba compuesta por dos frases paralelas, una en latín y otra en ibérico.
-HEIC. EST. SIT (latín)
-ARE. TACE. CE(NN) SAKARILN (ibero)

Su texto latino decía “heic.est.sit” (Aqui yace enterrado), pero debajo había otras tres palabras con la misma puntuación: “Are.Tace.Cen”. Partiendo del euskera comprobó que “are.tace” es como el vasco “aratze” (te hace yacer), y que “cen” equivale al vocablo vasco “Zen” (difunto). En consecuencia al interpretarlas desde el euskera, las palabras ibéricas tenían el mismo significado que las latinas

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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