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2014/11/14

Juan de Beaumont y Curton

Juan de Beaumont y Curton
Iñigo Saldise Alda

Heráldica 1: Escudo partido. 1º de gules trae carbunclo cerrado y pomelado de oro que es de Nabarra, 2º losanjado de oro y azur propios del linaje paterno.

Nacido en el año 1419, fue el segundo hijo del alférez de Nabarra, Carlos de Beaumont y Lizarazu y de su segunda esposa Anne de Curton y Albret, señora de Guiche. Según las costumbres de la época, al no ser el primogénito, sus estudios los realizó en la Corte de Nabarra, los cuales fueron inicialmente encaminados hacia una vida religiosa.

Pero antes de poder iniciar su vida religiosa, siendo muy joven todavía, en el año 1432 muere su padre y heredada la baronía de Beorlegi, junto a sus rentas. Posteriormente fue nombrado por la reina de Nabarra, Blanca de Evreux y Trastámara, como ayo del príncipe de Biana, ejerciendo así desde entonces la importante tarea de ser el tutor del heredero a la Corona de Nabarra, Carlos de Trastámara y Evreux.

Corría el año 1435, cuando Juan de Beaumont y Curton ingresó como caballero y fraile en la Orden Religiosa y Militar de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y Rodas. La mismísima reina Blanca de Evreux, se aseguró de que la nueva vestimenta negra con una cruz blanca que comenzó a portar por aquel entonces frey Juan de Beaumont, no le causara impedimento alguno en su importantísima tarea de seguir siendo el tutor de Carlos de Biana. Incluso, ese mismo año, la reina de Nabarra le otorgó dos títulos de gran responsabilidad; estos fueron el de Preceptor y el de Guarda Mayor del príncipe nabarro.

Nuevamente en el año 1438 y ante un viaje de frey Juan de Beaumont a la isla de Rodas, la reina de Nabarra ratificó al beaumontes en dichos puestos con sus correspondientes salarios.

Frey Juan de Beaumont, pese a las firmes normas de celibato de la Orden de los Hospitalarios, tuvo su primer hijo en el año 1439. También ese mismo año recibió por nombramiento de Blanca de Nabarra, el trascendente cargo de Canciller del Reino. Con dicho título y por tanto como una gran autoridad del Estado de Nabarra, acudió con un importante séquito a la villa de Bilbo, para recibir y escoltar hasta el palacio de Olite a la bella Agnès de Clèves, prometida del príncipe de Biana.

Ese mismo año, frey Juan de Beaumont firma como testigo el acta notarial del testamento realizado por la reina Blanca de Evreux, I de Nabarra, donde una pequeña clausula permitió la legitimidad de usar el título de rey de Nabarra a su marido Juan de Trastámara y Sánchez de Castilla, mientras que la gobernación del Estado nabarro era para el príncipe de Biana.

Al año siguiente y como primer ministro del príncipe Carlos de Biana, formó parte de la comitiva comandada por la reina de Nabarra, que acompañó a la infanta de Nabarra, Blanca de Trastámara y Evreux, hasta la ciudad de Logroño, donde fue “entregada” por la reina Blanca de Nabarra a los castellanos Pedro Velasco conde de Haro, a Iñigo López de Mendoza señor de Hita y a Alfonso de Cartagena obispo de Burgos, que habían ido a la ciudad riojana a recogerla en nombre de su prometido el príncipe de Asturias, Enrique de Trastámara y Aragón-Trastámara.

Finalmente, el Maestre de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén y Rodas, en el convento y sede central de la Orden, nombró (Gran) Prior de la Orden para Nabarra a frey Juan de Beaumont en el año 1441. Esto fue por un periodo inicial de diez años; dicho cargo le fue confirmado desde Rodas cada decenio hasta su muerte.

Tras la muerte de la reina de Nabarra sobrevenida ese mismo año, el príncipe de Biana pasó a ser el lugarteniente del Reino, mientras que su padre Juan II mantuvo el título de rey de Nabarra. Todo ello a pesar de estar dicha política en manifiesto contrafuero en el cual, se prohibía expresamente que un extranjero heredara el título de rey de Nabarra. De esto tuvo la culpa el testamento de Blanca I de Nabarra, lo que obligó a uno de sus firmantes, el Prior Juan de Beaumont, a aconsejar al príncipe calma y sosiego en sus legítimas pretensiones sobre la Corona de Nabarra. Carlos de Biana formalizó tras ello, el nombramiento del Prior de San Juan de Jerusalén como miembro de su Consejo personal. Por otro lado, Juan II de Nabarra agradeció la labor mediadora del beaumontés, mediante la cesión del castillo de Tiebas, una vez reconstruido, junto a todas las pechas, rentas y derechos reales del lugar. En el año 1442 cobraba también de los concejos del valle del Roncal.

El legítimo heredero, en el trascurso del año 1443, nombró al Prior de San Juan de Jerusalén como su Camarlengo Mayor y Capitán General del Reino.

Ya entrado el año 1444, el Prior de la Orden Hospitalaria de Nabarra, recibió de Rodas, concretamente del Maestre de la Orden, Juan de Lastic, una notificación para acudir a su presencia como abanderado de la Orden que era el Prior sanjunista de  Nabarra, donde discutirían aspectos importantes de la defensa de Rodas que era continuamente atacada por los musulmanes.

En el año 1445, ante la ausencia continuada del rey Juan de Trastámara  del Reino de Nabarra, el príncipe de Biana reafirma al Prior Hospitalario en el cargo de Canciller Mayor del Estado nabarro. La buena gestión de las labores de gobierno junto a Carlos de Biana, le vale además para recibir por donación por parte de Juan II de Nabarra del castillo, el horno y el molino  de Cascante. También ese mismo año le volvió a conceder el señorío de Milagro, con su castillo, rentas, junto a su jurisdicción baja y mediana.

El príncipe de Biana también llegó a premiar esta labor al Prior Juan de Beaumont en el año 1447, y fue mediante la donación de los lugares de Santacara, Murillo el fruto, con los sotos del rey incluidos y diversas franquicias en Melida.

Además el Prior Juan de Beaumont consiguió que el asiento que ostentaba en las Cortes la Orden de los Hospitalarios, dentro del denominado brazo o estado eclesiástico, precediera al del Prior de Roncesvalles, el cual tradicional e históricamente iba antes al ser más antiguo. Aun así, esto no suponía la violación de la Ley del Reino de Nabarra, ni el de la Constitución de las Cortes.

En el año 1448 compró al príncipe de Biana la villa y castillo de Corella con todas sus rentas, derechos. Además ese mismo año, el Prior sanjuanista comienza la construcción, tras la necesaria aprobación del cabildo pamplonés primero y del mismísimo Estado Pontificio después, de un hospital de freires comendadores en los mismos terrenos que habían alojado antes en Gares, a un templo de los Templarios. Esta nueva Hermandad, a la cual se le llamó del Crucifijo, fue establecida por el Capítulo de la Orden de San Juan reunido en Olite. Fue un Hospital para los peregrinos que iban a Santiago de Compostela, algo que no le impidió prosperar al contar con grandes ingresos, pues entre sus cofrades se encontraban gran número de nobles de Nabarra, encabezados por el rey Juan II y por su hijo el príncipe Carlos. El escudo pintado que coronaba el interior del templo junto a varios escudos de la Orden Hospitalaria, fue un escudo cuartelado con las armas del Reino de Nabarra y las del condado de Evreux, exclusivamente.
Heráldica de los escudos de la Iglesia del Crucifijo en Gares

a) Escudo de sable cruz blanca con ocho puntas que representa las ocho bienaventuranzas y es de la Orden del Hospital y Militar de San Juan de Jerusalén.

b)    Escudo cuartelado 1º y 4º de gules trae carbunclo cerrado y pomelado de oro, con una esmeralda verde en forma de losange en abismo que es de Nabarra. 2º y 3º de azur sembrado de flores de lis de oro con una banda componada de plata y gules, tres y tres, que son de Evreux.

c) Escudo de gules cruz blanca con ocho puntas que representa las ocho bienaventuranzas y es de la Orden del Hospital y Militar de San Juan de Jerusalén y Rodas.

Como Consejero personal del príncipe de Biana y Canciller Mayor del Reino, atendió numerosas delegaciones internacionales en la Corte de Olite. Principalmente las derivadas por las andanzas de Juan II de Nabarra en el Reino de Castilla y León, intentando en todas ellas separar dichas acciones de interés personal a las que podrían los nabarros en interés Estatal. Pero finalmente, en el año 1451, tropas castellanas invadieron y ocuparon algunas tierras del Reino de Nabarra. Así pues, como Capitán General de Nabarra, el Prior Juan de Beaumont fue a socorrer a la villa de Biana, logrando levantar el sitio que sufría, el cual era realizado por unas tropas invasoras castellanas superiores en número a las nabarras.

Ese mismo año, el Prior Juan de Beaumont a la cabeza de tropas nabarras en auxilio de la plaza inglesa de Baiona. Esta ciudad era de gran importancia mercantil y por tanto en materia estratégica para los nabarros, al poder disponer de su puerto por tratado con los ingleses. Pero los ango-nabarros fueron derrotados por Gaston IV de Foix,lo que supuso que el Prior sanjuanista fuese encarcelado, impidiéndole con ello el estar presente en las conversaciones que mantuvo el príncipe de Biana con los castellanos en Gares. En dichas negociaciones los castellanos se ofrecieron a expulsar al usurpador Juan de Trastámara y su segunda esposa Juana de Enríquez y Fernández de Córdoba.

Permaneció encarcelado hasta el año 1453. Esto fue debido a que Carlos de Biana no pudo pagar su rescate, pues también permaneció preso hasta ese año, tras ser derrotadas sus tropas beaumontesas y castellanas, por las agramontesas de Juan de Trastámara.

Ese mismo año fue informado por el maestre del Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Juan de Lastic, de la caída de Constantinopla en manos de los turcos.

Su hermano Luis II de Beaumont conde de Lerin, permaneció como rehén de Juan de Trastámara, por eso el Prior de San Juan tomó la jefatura del bando beaumontés o vianistas, al ser los partidarios del príncipe de Biana y legítimo heredero, Carlos de Evreux. Éste último le tituló como vizconde de Albarca y Arbeloa, con las rentas diezmos y la alta jurisdicción sobre el lugar de Arbeloa.

La prisión de su hermano no fue impedimento para realizar la permutación de los señoríos de Orkoien, Murco y Atondo, los cuales poseía el Prior por título de compra, por el señorío de Castejón, que hasta ese momento pertenecía al conde por herencia paterna.

En el año 1455, el Prior Juan de Beaumont acudió a Agreda en representación del príncipe de Biana. En dichas conversaciones se buscaba la reconciliación entre Carlos y su padre. Esto no se llevó a cabo por la actitud intransigente de este último y de sus consejos, los cuales consideraban que las reales intenciones del mediador castellano, Juan Pacheco, eran impedir dicha paz y apoderarse del Reino de Nabarra.

Esto provocó un nuevo recrudecimiento de los enfrentamientos de los bandos de Agramont-Nabarra-Peralta frente a Beaumont-Luxa. Una nueva derrota de Carlos de Biana, esta vez en Lizarra, provocó su partida al exilio en busca de apoyo internacional para su causa vía Baiona, dejando al mando de sus reclamaciones al Prior Juan de Beaumont, Canciller de Nabarra y Capitán General, junto a su hermana la infanta de Nabarra, Blanca de Trastámara, una vez anulado su matrimonio con el ya para entonces rey Enrique IV de Castilla y León.

En el año 1456, al Prior Juan de Beaumont se le ofreció el obispado de Iruinea por parte del Cabildo pamplonés, reconocido incluso por Juan de Trastámara. Finalmente lo acepto al año siguiente y envió una carta al príncipe de Biana, el cual se hallaba en la corte del Reino Nápoles, para que éste realizara la petición pertinente al emperador de la Cristiandad en Roma. Pero Carlos de Trastámara ya había solicitado al Papado que se postulara por el arcediano de la Tabla de Pamplona, Carlos de Beaumont y Nabarra-Evreux.

Pese a ese importante revés en sus intereses personales, el Gobernador del Príncipe, en el año 1457 juntó las Cortes de la facción vianista en Iruinea y éstas proclamaron como rey de Nabarra a Carlos de Biana. Dicho acto conllevó la confiscación de sus bienes y rentas por parte del usurpador Juan de Trastámara y su destitución del puesto de Canciller de Nabarra, el cual pasó a manos de Martín de Peralta y Ezpeleta, miembro destacado del partido agramontés o juanista.

Carlos de Biana escribió al Prior de San Juan tras conocer la noticia de su titulación como rey de Nabarra. En ella le expresó su asombro y dolor por tal noticia por los inconvenientes que ello causaba, no solo a su honor y buena fama, sino también porque exponía las vidas del propio hermano del Prior, Luis II de Beaumont y de todos los caballeros leales a la causa del príncipe que aún permanecían en las prisiones del rey usurpador en calidad de rehenes.

La diplomacia llevada a cabo en el año 1458 por parte del Prior Juan de Beaumont, como Gobernador y representante del príncipe de Biana, le llevó a reunirse con los representantes el rey usurpador e incluso ante el mismo, como con delaciones aragonesas y caslleanoleonesas, bien de forma bilateral como en casos más diversos. Su interés estaba encaminado, en su mayoría, en alcanzar treguas duraderas en la larga lucha por el poder que asolaba el Estado de Nabarra, con la finalidad final de alcanzar la paz. Incluso dicho planteamiento le llevó a mantener conversaciones a espaldas del padre e hijo, es decir, a espaldas del rey y del príncipe, ahora ambos también involucrados de lleno en la política de la Corona de Aragón, tras la muerte del rey Alfonso de Trastámara y Sánchez de Castilla, V de Aragón, I Nápoles y I Sicilia, como conde Alfonso IV de Barcelona.

La política aragonesa influyó en la política del Reino de Nabarra. Así pues, en el año 1459 el Gobernador General del príncipe, recibe de éste al igual que varios de sus partidarios y Gobernadores en otras plazas, el mandato de entregar al rey Juan II de Aragón y usurpador de Nabarra, la ciudad de Iruinea, a cambio de la liberación de Luis de Beaumont y otros caballeros leales a su causa.

En el año 1460, el Prior de los Hospitalarios de Nabarra, estuvo junto a su hermano el conde de Lerin y el capitán Menaut de Beaumont, su hijo, en Barcelona junto Carlos príncipe de Biana y Girona. Lo más importante parecía volver a casar al príncipe nabarro. Por ello, el Prior Juan de Beaumont envió un mensajero al Reino de Portugal para pedir la mano de la princesa Catalina de Avis y Trastámara.

Ante la oposición del rey Juan II de Aragón y usurpador de Nabarra para la consecución de este tratado matrimonial, Juan de Beaumont trabajó para conseguir el enlace con la infanta de Castilla y León, Isabel de Trastámara y Avis-Portugal. Por ello el Prior sanjuanista fue arrestado en Lleida, junto a Carlos de Biana y Girona, por las tropas de Juan II de Aragón, ya que dicha princesa era la designada por este para su otro hijo, Fernando de Trastámara-Aragón y Enríquez.

Las Cortes de Aragón reunidas en Fraga pidieron la libertad del príncipe de Biana y del Prior Juan de Beaumont, pero la autoridad real condujo a los nabarros como cautivos a Aitona, después a Fraga, Zaragoza y de nuevo Fraga. Ahí el Prior de los sanjuanistas fue separado del príncipe y llevado a la fortaleza de Játiva, donde permaneció preso.

Una bula papal instó a los obispos catalanes a solicitar la liberación del príncipe de Biana y Girona. Una vez liberado, también el Prior Juan de Beaumont fue soltado quince días después. Juan II realizó la capitulación en Villafranca del Penedès, donde se incluía la restauración de los derechos hereditarios de su hijo Carlos de Trastámara despojados en el año 1456 para Nabarra y arrancados para Aragón en el año 1459. Así pues, en el año 1461, la Generalitat de Cataluña designó al príncipe de Biana y Girona como lugarteniente del principado catalán, título natural al ser el heredero a la Corona de Aragón, estando una vez más Juan de Beaumont, Prior de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén en Nabarra, como su principal consejero, acompañando al príncipe de Biana y Girona en su entrada triunfal en la ciudad condal de Barcelona.

Pero la tristeza inundó al Prior sanjuanista ya que su protegido el príncipe de Biana y Girona, Carlos de Trastámara, murió en muy poco tiempo. Al parecer de una enfermedad pulmonar, más concretamente tuberculosis. Pero lo cierto es que su salud tras salir prisión, donde su carcelera fue la reina consorte de Aragón, empeoró de forma constante día a día, lo que incitó a muchos en imputar su muerte por emponzoñamiento o envenenamiento, llevado a cabo por las manos de la reina de Aragón Juana de Enríquez. Bien era conocida su maldad contra el nabarro y sus avaros deseos de conseguir la mano de Isabel, infanta de Castilla y León, junto al título de príncipe de Girona para su hijo Fernando de Trastámara-Aragón, paso obligatorio para su coronación como rey de Aragón.

Antes de unirse con la dama de la guadaña, el príncipe Carlos ya había realizado testamento. En él, entre otras cosas, pedía perdón por haberse alzado en armas contra su padre. El Prior Juan de Beaumont fue nombrado como ejecutor del mismo, en el cual dejaba a su hermana Blanca, infanta de Nabarra, como su heredera para el Reino.

Sin tiempo para lamentaciones y tras las exequias fúnebres por Carlos de Trastámara, el Prior Juan de Beaumont, jefe del partido beaumontés, cumpliendo las últimas órdenes de Carlos de Biana y Girona, muestra su apoyo a los derechos dinásticos de la infanta Blanca de Trastámara, la cual se encontraba prisionera en el castillo de Olite, pero contando ya con el apoyo de los beaumonteses que permanecían en el Reino. Estos a su vez, contaban con el apoyo militar de los castellanoleoneses de Enrique IV que retenían la villa de Biana en nombre del príncipe Carlos. Tras conocerse la muerte del nabarro, los castellanoleoneses alzaron en la villa los pendones extranjeros del rey de Castilla y León, el cual era el exesposo, por anulación debida a “no penetración”, de la ya legítima princesa de Biana, como indicaba el Derecho o Fuero nabarro, sin importar que estuviera desheredada desde el año 1456 por su padre Juan II el usurpador.

El nombramiento como heredera de la infanta de Nabarra Blanca llevado a cabo por el Prior sanjuanista de Nabarra, provocó que los bienes y rentas que le habían sido usurpados por Juan II en el Reino en el año 1457, le fueran entregados por el usurpador a su hijo bastardo Alfonso (Alonso) de Aragón y Escobar.

Pero el Prior Juan de Beaumont no volvió al Reino de Nabarra, sino que el año 1462 y por iniciativa de Consell y de la ciudad de Barcelona, al otorgar estos la Corona de Aragón al rey de Castilla y León, aliado del partido de los Beaumont en Nabarra, propiciándose así el nombramiento del sanjuanista nabarro como Lugarteniente del principado de Cataluña. Tras ello llegó desde Castilla un ejército de 2.500 castellanoleoneses que se pusieron a sus órdenes, con los cuales asaltó y tomó la ciudad de Calatayud.

El Lugarteniente de Cataluña dividió el ejército mandando la mitad a Tortosa y comandando la otra mitad hacia Lleida. Pero el Prior Juan de Beaumont se desvió de su destino original tomando rumbo por Híjar hacia Tortosa, donde finalmente y con el grueso del ejército llega a Barcelona. Es en la catedral de la ciudad condal donde formaliza su cargo de Lugarteniente General, tras prestar juramento en su altar mayor de los fueros, usos, costumbres y libertades del principado catalán en nombre de Enrique IV de Castilla y León.

El prior Juan de Beaumont intercambió innumerables cartas con el rey de Castilla y León, no solo sobre los temas políticos concernientes al principado de Cataluña, sino también mostrando su preocupación de la suerte que podría estar sufriendo Blanca de Trastámara, a la cual titulaba como la reina Blanca, II de Nabarra.

Entre sus últimas cartas dirigidas a Enrique IV de Castilla y León, el nabarro mostraba su preocupación por el desamparo que hacia el rey castellanoleones a los catalanes en sus luchas contra Juan II de Aragón. El malestar generalizado en el principado catalán, provocó finalmente la ruptura total entre la Generalitat y el rey de Castilla y León. De todas formas, el Prior Juan de Beaumont se mantuvo como representante del rey de Castilla y León frente a las autoridades catalanas y de un nuevo Lugarteniente del principado en representación del rey de Portugal, al cual los catalanes habían cedido ahora la Corona de Aragón.

En una de sus últimas cartas enviada en el año 1463, el nabarro se mostró muy defraudado con el castellanoleonés ante su negativa en apoyar la causa catalana. También se mostró indignado por no cumplir con su obligación, contratada por alianza político-militar, de defender los intereses de Blanca de Biana, la cual estaba en Orthez, prisionera de Gastón IV de Foix y de su propia hermana Leonor de Trastámara y Evreux.

La propia Blanca de Biana durante su traslado forzoso de Olite a Orthez, concretamente durante una parada en Donibane Garazi, realizó no un testamento, sino un mandato en vida por el cual daba el Poder de forma compartida a: el rey de Castilla y León, al conde de Armañac, al conde de Lerin, a Pedro Pérez de Irurita y al Prior de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Juan de Beaumont. Todos ellos debían en primer lugar conseguir su liberación por todos los medios y después, buscarle un contrato matrimonial con cualquier rey o príncipe.

En el año 1464, el Prior Juan de Beaumont continuaba batallando en favor del principado de Cataluña, esta vez en calidad de Capitán General. Estando defendiendo con éxito la plaza de Villafranca del Penedès, cuando recibió la noticia de que le serían devueltos todos sus bienes y rentas en el Reino de Nabarra. Ante tal hecho, el Prior sanjuanista rindió la plaza y entregó todas aquellas otras que había conseguido a Juan II de Aragón.

Antes de regresar al Reino de Nabarra se le unió en Villafranca del Penedès su hijo el capitán Menaut de Beaumont, tras rendir el castillo de Catllar a las tropas del monarca aragonés. La intención de ambos estaba encaminada en formar un grupo leal para la liberación de la princesa Blanca de Trastámara. Pero el portugués João de Almada acuso a los Beaumont de traidores a la causa portuguesa en el principado de Cataluña, desafiando desde Barcelona a Menaut de Beaumont a batalla a ultranza. El nabarro aceptó el desafío. El juez imparcial fue el duque de Milán, Francesco I Sforza, y el combate se llevó a cabo en Mantua, donde el bastardo del Prior Juan de Beaumont halló la muerte.

Tras el terrible e irreparable desenlace, el Prior de los sanjunistas de Nabarra se encaminó hacia el Reino nabarro con la firme intención de liberar a la princesa de Biana. Pero esto no pudo llevarse a cabo debido a la muerte por asesinato de Blanca de Trastámara. Como con su hermano Carlos el motivo de la muerte tenía dos versiones. La primera era que fue asesinada por las propias manos de Juan II de Aragón y usurpador de Nabarra, mientras que la otra versión decía que fue eliminada por envenenamiento, siendo este llevado a cabo por una doncella de su propia hermana, Leonor de Trastámara y Evreux, infanta de Nabarra.

Pese a todo esto, en el año 1465, con una nueva y lamentable situación, el Prior de los Hospitalarios de Nabarra, fue consecuente una vez más con la legalidad del Reino, la cual estaba estipulada en los Fueros y el Derecho Pirenaico, pasó entonces a mostrar su apoyo, como cabeza del partido beaumontés, a la princesa de Biana, Leonor. Esta era ya desde el año 1457 la lugarteniente del Reino de Nabarra por mandato del rey Juan II de Aragón y usurpador de Nabarra. Con dicho acto mostró su total rechazo al testamento realizado por Blanca de Trastámara, pues en él otorgaba el Reino de Nabarra a un extranjero, Enrique IV de Castilla y León, siendo dicho acto ilegal y una expresión máxima de Contrafuero. A continuación cedió la jefatura del partido beaumontés a su sobrino, el conde de Lerin, Luis III de Beaumont y Nabarra.

Con ello el Prior de San Juan de Jerusalén en Nabarra se apartaba de la política banderiza y prácticamente esto le lleva a alejarse de la política del Reino de Nabarra. Tras acudir a la isla de Rodas ante un nuevo capítulo general de la Orden, en requerimiento del nuevo maestre Raimundo Zacosta, el Prior de Nabarra, Juan de Beaumont, para debatir las medidas a tomar ante una nueva amenaza del “gran truco”.

Heráldica 2: Escudo partido. 1º de gules cruz blanca con ocho puntas que representa las ocho bienaventuranzas y es de la Orden del Hospital y Militar de San Juan de Jerusalén y Rodas, 2º cortado de gules trae carbunclo cerrado y pomelado de oro que es de Nabarra y losanjado de oro y azur propios del linaje paterno.

A su vuelta al Reino de Nabarra, el Prior Juan de Beaumont pasó a centrarse en cuadrar sus cuentas personales y también las del Gran Priorato de Nabarra, de las cuales había cogido efectivo para la causa vianista. Pero una nueva carta desde Rodas, donde le instaban a convocar a los distintos caballeros de la Orden del Priorato de Nabarra, para que desde el Reino de Nabarra fueran enviados dos comendadores para matizar los asuntos económicos en Nabarra y las acciones bélicas a llevar a cabo en Ultramar.

En el año 1469, mediante una carta fundacional, el Prior Juan de Beaumont fundó el convento e iglesia del Crucifijo en Gares, tras la finalización de las obras iniciadas en el año 1448. Un año después tuvo  su segundo hijo, Martin, de la relación que mantenía con María de Cristi y Erbiti.

En el año 1477, el Prior Juan de Beaumont cedió algunas rentas que le correspondían por su cargo de la Orden, al tesorero común de Nabarra, frey Pedro del espinal. Esto fue por un periodo de 3 ó 4 años, hasta satisfacerlas cantidades que adeudaba al monasterio y cabeza de la Orden en Rodas. Estos los lugares y encomiendas eran los de Ribaforada, Buñuel, Cabanillas y Fustiñana.

Ese mismo año y ante una nueva amenaza proveniente del turco, se reunió nuevamente el Priorato sanjuanista de Nabarra. Inicialmente, el nuevo maestre de la Orden, Pedro de Aubusson, precisaba la asistencia en Rodas bien del Prior en Nabarra o a su Lugarteniente o de cualquier caballero de la Orden en Nabarra que podría representarles. Pero finalmente y al año siguiente, fue el Prior Juan de Beaumont el que tuvo que ir personalmente y por última vez hasta la isla de Rodas.

En el año 1487 el Prior Juan de Beaumont murió dejando como herederos de sus diferentes títulos y señoríos a su nieto Gracián, hijo  de Menaut y a su hijo Martín. Su cuerpo fue sepultado primero en la iglesia del Portal de la Magdalena, para pasar a los años a la iglesia del Crucifijo de Gares, tras la realización de un mausoleo de alabastro que contaba con su estatua y estaba situado junto al lado del Evangelio del altar mayor.

Juan de Beaumont y Curton fue un hombre venerable y respetado incluso por sus adversarios, contrarios y/o enemigos. A pesar de estar envuelto en un conflicto realmente inhumano, nunca perdió su nobleza de título y menos aún su caballerosidad como persona. Hombre religioso y de Leyes, siempre fiel a los Fueros del Reino de Nabarra en sus acciones con respecto a su Estado. Un patriota. Nunca perdió el dominio de sí mismo y se mantuvo siempre leal a sus principios, a sus señores naturales y a la legitimidad.  Murió ya en un periodo donde todo ello ya se había perdido dentro de un partido beaumontés sanguinario y vengativo, que tras su retirada de la jefatura perdió el norte completamente a manos de su avariciosos y desleal a su patria, su sobrino Luis III de Beaumont. Murió ya en un tiempo donde si se le preguntaba a cualquier Agramont o Beaumont porque seguían a sus respectivas facciones, ninguno sabría contestar con sapiencia el porqué, salvo que lo hacía porque así lo habían hecho sus parientes y sus vecinos. 

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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