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2013/10/23

La territorialidad de nuestro Estado

La territorialidad de nuestro Estado
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra
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Existen hoy en día tres líneas interpretativas sobre la territorialidad de nuestro Estado. La más reciente es la que reclama un “derecho a decidir” para una “demos” consistente en una Comunidad Autónoma creada por España en 1979, a la que se le llama “Euskadi” o “País Vasco” y de la que no hay antecedes históricos, salvo el “(H)irurak bat” de La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP), difusora de las ideas ilustradas y de la cultura en general desde 1765. El llamado Estatuto de Autonomía para estas tres regiones dice en su primer artículo: “El Pueblo Vasco o Euskal Herria, como expresión de su nacionalidad, y para acceder a su autogobierno, se constituye en Comunidad Autónoma dentro del Estado español bajo la denominación de Euskadi o País Vasco, de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional básica”. En su Artículo 2 habla de la territorialidad del mismo: “El territorio de la Comunidad Autónoma del País Vasco quedará integrado por los Territorios Históricos que coinciden con las provincias, en sus actuales límites, de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, así como la de Navarra (en referencia Alta Navarra), en el supuesto de que esta última decida su incorporación de acuerdo con el procedimiento establecido en la disposición transitoria cuarta de la Constitución”. Pero Alta Navarra se quedó fuera tras imponérsele, sin pasar siquiera por las urnas, un nuevo “amejoramiento” foral, continuación del impuesto en 1841 tras perder la Primera Guerra Carlista y con ello los Fueros o leyes del Estado de Nabarra.

La segunda línea sobre la territorialidad de nuestro Estado, propone partir del término “Euskal Herria” para aglutinar varios de los territorios administrativos a los que quedó reducido por el imperialismo el idioma nacional o euskera. Esta corriente acepta el nombre de Euskal Herria como el futuro nombre político para nuestro Estado, pasando por tanto de ser un término cultural y relacionado fundamentalmente con el idioma nacional, a ser una designación estatal. Esta nueva línea nació en los años 90 del siglo XX y reduce Euskal Herria a siete territorios de cuño imperialista pero arraigados en nuestra sociedad.

El origen del término “Euskal Herria” aparece escrito en el siglo XVI, sin que se pueda determinar desde cuando se podría venir usando. En 1571 el cura labortano de Beraskoitz Joanes Leizarraga por mandato de la reina nabarra Juana III de Albert, tradujo el Nuevo Testamento al euskera. En ese primer nuevo Testamento de 1571 Leizarraga dice: “(É)moien hunez Iaincoaren hitz purac ukanen luela fartze eta auançamendu Heuscal-herrian». Y después en otro párrafo vuelve a aparecer el término: “batbederac daqui heuscal herria quasi etche batetic bercera-ere minçatzeco manerán cer differentiá eta diuersitatea den”, ambos textos son del prólogo de ese Nuevo Testamento y dirigido a “Heuscalduney”. 

Hasta ahora era la primera referencia conocida de la palabra “Euskal Herria”. Pero en el año 2004 se encontró un manuscrito de 102 páginas, se trata de una colección de versos, cantares y lances de amor escritos en euskara de mano de Juan Pérez de Lazarraga, Señor de la Torre de Larrea (1550–1605) en Alaba, que guardan paralelismo en su composición con la obra de Etxepare, el primer libre escrito en euskera (1545). El libro de Pérez de Lazarraga fue escrito entre los años 1564 y 1567, según se desprende del análisis de varios párrafos del propio texto. En este libro se dice: “anchinaco liburuetan/çeñetan ditut eçautu/eusquel erriau nola eben/ erregue batec pobladu”. El que se use casi al mismo tiempo en libros de diferentes territorios del euskera, es señal de que el término Euskal Herria era de uso común, pues no parece probable que Leizarraga conociese el libro del alabés Pérez de Lazarraga cuando tradujo su Nuevo Testamento.

Pedro Aguerre “Axular” desde la “Escuela de Sara” -gracias al amparo de Enrique III de Nabarra “el bearnés” o “el nabarro”-, habla en el siglo XVII por primera vez sobre qué territorios componen Euskal Herria en su libro “Gero”, obra cumbre de la literatura en euskera donde comenta: "Nor da Euscal herrian aldez edo moldez çordun eta obligatu etçaitçunic?"; y en la página 7: "Ceren aunitz moldez eta differentequi minçatcen baitdira euscal herrian: Naffarroa garayan, Naffarroa beherean, Çuberoan, Lapurdia, Bizçayan, Guipuzcoa, Alaba-herrian, eta bertçe aunitz leccutan". (Porque de muchas maneras y diferentemente se habla en Euskal Herria: Alta Navarra, Baja Navarra, Zuberoa, Lapurdi, Bizkaia, Gipuzkoa, en las tierras de Alaba y en otros muchos sitios). 

Es decir, esos siete territorios en que fue dividido tras su conquista el reino baskón de Nabarra configuran la tierra del euskera, aunque además, en el siglo XVII forman parte de Euskal Herria otros lugares donde aún se hablaría y que serían: Rioja Alta, comarcas del Bearne, Alto Aragón y Cinco Villas de Aragón, sur de Bigorra, comarcas autrigonas-enkartadas al oeste de la actual Bizkaia hasta los “montes de Santander” y probablemente algunas comarcas pirenaicas más.
En todos estos tres primeros libros, Euskal Herria es todavía la literalidad del término: “Tierras del euskera” (como ocurre en Beterri, Goierri, Txorierri, Tronperri, Iruñerri etc. o en herri-Idi, “buey para la tierra”). Con los siglos el término evolucionó para identificar al Pueblo del euskara, en su sentido más general étnico-cultural.

El término Euskal Herria fue tardía y residualmente aceptado en otros países, así, el británico Richar Ford en 1845 en su libro publicado en Londres “A hand-book for travellers in Spain, and Readers at home”, dice: “The Basques call themselves Euskaldunac, their Country Euskalerria, and their language Euscara”.

Respecto a la representación en diferentes mapas de Euskal Herria, los primeros están relacionados con la lingüística. La primera de las referencias es de 1810-12 de Eugene Coquebert de Montbret, el cual realizó un estudio -gracias a numerosos colaboradores- sobre los idiomas de todo el imperio francés y sus conclusiones las dibujó en lo que sería el primer mapa de los territorios euskaldunes continentales y en otro mapa dibujó los territorios peninsulares a los que había quedado reducido el euskera, pero por separado.

La muga del euskera y de Euskal Herria quedaría, según los informantes de Eugene Coquebert de Montbret a principios del siglo XIX: “En dedans/ Ochagavia en navarre/ Iriberri (Olite)/ Aoiz/ Sorauen/ Larraona/Salvatierra (Agurain)/ La puebla (de Arganzón probablemente)/ Orduña/ Salcedo (Alaba, cerca de Miranda de Ebro) (…) Tout Ie guipuscoa est Basque”. Gasteiz aparece en la zona euskaldun, Pamplona no, aunque otros documentos ratifican que era bilingüe, lo que da a entender que la frontera se marca allá donde la mayoría era euskaldun. Pero después añade que “la langue basque ou escuare qui se parle sur Ie territoire français dans les arrondissements (departamentos administrativos de entonces) de Bayonne et de Mauleon et sur Ie territoire espagnol dans Ie Guipuscoa, l'Alava, une partie de la Biscaye, de la Navarre et des montagnes de Santander”. Y por el norte habría euskaldunes en: “Martori. Ce village parle Indifferemment Basque et Bearnais, mais appartient au district Basque (De Candolle - 1807). (…) Dep t des basses Pyrenees, on parle basque dans la commune d'Esquiule qui appartenait au beam et qui fait partie de l'arrond t d'oloron (…), on croit que la Bastide de Clairence a ete formee par une colonie venue de Bigorre et que c'est par cene raison que Ie gascon y est la langue dominante. Le basque n'est entendu que par un petit nombre d'hab' de cette commune qui est cependane fort avancee dans Ie pays Basque. dans bp de communes de langue francaise une partie des hab' entend Ie Basque”. 

Louis Lucien Bonaparte, el ilustre dialectólogo y príncipe francés, en una labor de investigación realizada en parte personalmente y en parte con la ayuda de colaboradores, dejó plasmados en otro mapa que lleva fecha de 1863 (pero que se sabe que salió a la luz en 1871 con datos recogidos hasta 1869), los límites de la lengua euskara en cada uno de sus dialectos, que según el francés serían: el bizkaíno, el gipuzkoano, el labortano, el suletino-bearnés, alto-navarro meridional, alto-navarro septentrional, bajo-navarro oriental y el bajo navarro occidental. Louis Lucien marcó en el mapa dos grados de intensidad en el uso de la lengua y dibujó también las fronteras administrativas entonces existentes aunque ya no se hablase euskera en parte de ellas, por lo que sería realmente el primer mapa donde aparece Euskal Herria reducida a los 8 territorios donde se hablaba a finales del siglo XIX, aunque llama a su mapa “Carte des Sept provinces basques, la délimitation actuelle del euscara”, donde ya no aparece la “montaña de Santander” ni otras regiones de Aragón (aunque se sabe que en la comarca de Uncastillo, por ejemplo, se daba la misa en euskera), pero sí la octava región que sería el Bearne.

La reducción de Euskal Herria a siete-ocho territorios es por tanto muy reciente, siguiendo la pérdida territorial del euskera a la pérdida de poder político del Pueblo vasco(n): amputación del Estado baskón de Nabarra mediante sucesivas invasiones primero hasta su total sometimiento y eliminación armada del derecho foral de nuestro Estado después. La expresión “zazpiak bat” fue creada por el vascófilo y folclorista impulsor de las primeras Fiestas Euskaras o Florales el labortano Antoine Thompson d´Abbadie (1810-1897), con quien colaboró el zuberotarra Agusti Xaho. En 1836, en una obra conjunta, Agusti Xaho y Antoine d´Abbadie, parientes lejanos, escribirían la primera gramática suletina “Études gramaticales sur la langue basque” dedicada a “Zazpi Uskal Herrietako Uskalduner”.

Habla el labortano Abbadie, “el padre de los vascos”, de una Euskal Herria de siete territorios con centro geográfico en la Sierra de Andia, cerca de la ermita de San Donato bajo Lezitza, desde donde se ve la capital baskona por antonomasia, Pamplona-Iruña, hasta los Pirineos. Abbadie deja fuera por ejemplo el Bearne, donde algunos pueblos como Aramitz, Inhaze, Arkantze y sobre todo Jeruntze o Eskuila siguen hablando euskera. Existe sólo un texto anterior donde Euskal Herria quedaba reducida al “zazpiak bat”, se trata de un libro de Jean Philippe Bela (1709-96) en “Historie de Basques” donde habla de: “On divise les basques en sept provinieses our païs particuliers (…)”. Aunque Alta Navarra no era “provincia” sino todavía “reino” hasta 1841, pero sin soberanía. Esta reducción a siete territorios parece deberse a que aún el idioma era mayoritario en muchas comarcas de los mismos. 

Los curas labortanos Juan Martín Hiribarren en 1853 y Gracian Adema “Zalduby” después, dentro de corrientes romanticistas relacionadas con el euskera y la cultura euskaldún, hablaron de “Zazpiak bat”. Zalduby cantó en 1893 en Azpeitia el verso convertido hoy en canción “Gauden euskaldun”: “Zazpi Eskualherriek bat egin dezagun (…) Agur esta ohore/Eskualherriari/ Lapurdi, Basa Nabar/Zibero gainzri/ Bizkai, Nabar, Guipuzko/ esta Alabari/ zazpiak bat besarka/ lo beitetz elgarri” (sic.). 

A finales del siglo XIX Arturo Campión y toda la “Sociedad Euskariana” terminaron por difundir el lema “Zazpiak bat” desde la comarca de Pamplona-Iruñerria, pero siempre con un contenido cultural. El primer verso que usaba el “zazpiak (beti) bat” fue un verso acróstico del gipuzkoano Casal Otegi en una de esas Fiestas Euskaras de 1891. En los Juegos Florales de 1897 Abbadie gritaba en San Juan de Luz “biba Zazpiak bat”.


Basado en ese lema de “zazpiak bat”, en 1897, Jean Jaurgain de Ozaze y presidente de “Euskaltzaleen Biltzarra”, creó un escudo de nuevo cuño para Euskal Herria que en realidad juntaba en diferentes cuadrantes los escudos de siete regiones. El escudo de Xiberoa, al no poseer un distintivo heráldico hasta entonces, fue recogido del que poseía el señor de Mauleón, una de las 12 grandes familias del reino de Nabarra; algo parecido hizo Jaurgain con el escudo de Lapurdi, para el que tomó el de su capital Uztaritze, pues Baiona había estado separada del antiguo vizcondado desde la conquista aquitano-inglesa hasta la Revolución Francesa (entre 1177 y 1789). En esta amalgama de escudos, el escudo del Estado de Nabarra aparece como uno más, en el primer cuadrante por ser el más importante, pero sin tener en cuenta que fue el común a todas esas regiones. Es más, el escudo de un Estado Soberano no puede tener la misma condición o categoría heráldica que el de una región no soberana y menos el de una región del mismo Estado. Después se ordenaron las regiones alfabéticamente en otro grave error heráldico.


El lema "zazpiak bat" (las siete una) estaba inspirado en el "(h)irurak bat" (las tres una) de la Real Sociedad Baskongada de Amigos del País y el "laurak bat" posterior (las cuatro una) de las Diputaciones Forales del período de entre las Guerras Forales o Carlistas. El “Laurak bat” también estaba presente en la canción "Gernikako Arbola" del bardo de Urretxu José Maria Iparragirre, que la gente tomó como himno espontáneo de Euskal Herria. Hoy se habla a veces de "seirak bat" (los seis una), al considerar que Alta Navarra y Baja Navarra como una sola, aunque del mismo modo, el resto de territorios fueron también nabarros.

Por tanto, la territorialidad del término Euskal Herria como base de nuestro Estado, tiene un origen lingüístico y después hace referencia al Pueblo que habla euskera, el cual se identifica a sí mismo como uno y diferente a los demás. No hay una característica común que defina los Pueblos, más que su propia existencia-resistencia-conciencia de serlo. El idioma, las leyes, las costumbres, la historia, tener un mismo territorio etc. no definen el concepto de Pueblo ni son de por sí necesarios, pues hay ejemplos de Pueblos que no tienen o han tenido alguna de esas características. 

Estos territorios del “zazpiak bat” son tomados en su totalidad, pese a la situación minorizada del euskera o de diglosia (que se da en casi toda ella). Es más, se toma todo el territorio de esas demarcaciones administrativas de nuevo cuño, aunque no haya ya un sentimiento mayoritario de pertenencia a un mismo Pueblo en ellos. El término Euskal Herria es el aceptado por una parte importante del Pueblo vasco como la nueva denominación para un nuevo Estado vasco(n), pero olvidando, muchas veces, toda la historia política anterior o memoria colectiva y lucha de nuestro Pueblo por su soberanía, independencia y libertad.

La tercera corriente actual sobre la territorialidad de nuestro Estado es la más antigua y se basa en el Pueblo baskón que creo el ducado de Baskonia y después el reino de Nabarra, se fundamentada en las demarcaciones políticas del Estado baskón de Nabarra antes del inicio de su conquista y en los pactos internacionales rotos por el imperialismo genocida.

Las fronteras del reino de Nabarra por el sur quedaron delimitadas en 1016 con el gran rey nabarro Sancho III el Mayor, según consta en el documento 166 del Cartulario del santuario riojano de San Millán de la Cogolla: “Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, dondenace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima dela cuesta y por medio de Galaza, y allí está hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe (Garray), antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.

Por el norte, en la Baskonia continental, el único pacto aceptado por todas las partes, se produjo en el año 1010 entre el rey nabarro Sancho III el Mayor y su vasallo Sancho Guillermo, conde de la Baskonia continental, y donde también estaban presentes el duque de Aquitania Guillermo V “el Grande” (ducado entre los ríos Loira al Garona) y el rey de Francia Roberto II “el Piadoso”. La reunión tuvo lugar con motivo del “redescubrimiento” de la cabeza de Juan el Bautista en Saint-Jean de Angély (Poitou), perdida tras una masacre vikinga y donde se refundó la abadía benedictina acogida a la orden cluniense del gran abad San Odilón, amigo personal de Sancho III el Mayor que introdujo después esta orden en su reino a través del principal centro espiritual del mismo, el monasterio de Leire, primer románico peninsular. 

Otro texto de 1054 reinando su hijo Garcés Sanchez el de “Najera” se repite la frontera por el sur: «De la división del Reino entre Pamplona y Castilla, como lo ordenaron el conde don Sancho, rey de Pamplona, como les pareció en concordia y buena conveniencia: convienen a saber, desde lo más alto de la sierra de la Cogolla (Cucula) al río Valvanera, y a Grammeto, donde está sito un mojón, y de collado Moneo y Biciercas y Peñanegra, y de allí al río Razón, donde nace. Después por medio del monte Calcanio, por lo alto de la loma, y por medio de la valle de Gazala, donde está sito un mojón, y hasta el río Tera: allí está Garray, ciudad antigua desierta, y hasta el río Duero. Don Nuño Alvarez, de Castilla, y el señor don Fortuño Ojoiz de Pamplona, testigos y confirmadores: en la era 1054».

En el Pacto de Tamara del año 1127, los reyes de Nabarra y de Castilla (Alfonso I “el Batallador” y Alfonso VII respectivamente), firmaron la no agresión a la territorialidad nabarra y ratificaron con ello el pacto anterior de Sancho III el Mayor, al que se añadió el territorio baskón al sur recuperado en 1119 a los musulmanes. José María Lacarra en su libro “Historia del Reino de Navarra en la Edad Media” explica el contenido de estos documentos: “En el Pacto de Tamara de 1127, Alfonso I el Batallador entregó a su hijastro el reino de León-Castilla que tenía por ser rey consorte, a cambio de que le devuelva todo lo invadido y se restituyan la fronteras Navarra de Sancho III el Mayor: Belorado, Soria, y la Extremadura Soriana hasta San Esteban de Gormaz. La frontera sería Atienza, Sigüenza y Medinaceli que quedaron para Castilla (aunque fueron recuperadas por Alfonso I “el Batallador” tras ser perdidas por Castilla que las conquistó con Alfonso VII en 1108). Alfonso I “el Batallador” reinaba en 1130 en el valle de Arán, él mismo dice en 1131 que reina “desde Belorado hasta Pallars y desde Bayona hasta Monreal”.

Esta territorialidad fue ratificada internacionalmente de nuevo en el laudo arbitral de Londres de 1177, conocido como “Division of Kingdons of Navarre and Spain”, en el que la representación nabarra ante el rey inglés -que hace de árbitro- reclama la devolución de los territorios invadidos en aquellos años por Castilla de: “Cudeio –bahía de Santander-, Monasterio (Rodilla), Montes de Oca, valle de San Vicente (La Riojilla), valle de Ojacastro (Rioja Alta), Cinco Villas (Siete Villas de Anguiano), Montenegro (Cameros), sierra de Alba hasta Agreda (Soria) y las tierras comprendidas entre esos puntos y Navarra…”. Es más, el rey de Nabarra hace referencia a que es el Pueblo el que quiere ser parte del reino baskón, pues el emisario del rey argumenta en su nombre que es rey por “la fidelidad de sus moradores naturales”.

Como queda escrito en los acuerdos internacionales entre los diferentes jefes de Estado, en el sur pirenaico, son nabarros los habitantes de las actuales demarcaciones de: Alta Navarra, Bizkaia, Gipuzkoa, Alaba, La Rioja completa, la parte occidental de la actual provincia de Cantabria (creada entre mediados y finales del s. XIX: Trasmiera, el Bastón de Laredo y todas las antiguas tierras Enkartadas con Castro Urdiales –todas autrigonas-), Belorado (riojilla), Bureba, montes Obarenes con Miranda de Ebro, Valle de Mena y la Castilla la Vieja, repobladas todas ellas con baskones (euskaldunes), estando la frontera en: Atapuerca, Montes de Oca, Garray (antigua Numancia), la Extremadura soriana hasta San Esteban de Gormaz y la confluencia de los ríos Duero y Tera.

En enero de 1367 se pactó en Libourne que Carlos II de Nabarra y Eduardo el príncipe “negro” de Gales (príncipe por tanto de Inglaterra y de Baskonia continental-Aquitania) defenderían a Pedro I el Cruel en su derecho a heredar la corona castellana. El otro aspirante era su hermanastro por parte de padre, el hijo bastardo de Alfonso XI de Castilla, Enrique II, apodado de Trastamara (nombre del condado dado por su padre). A cambio, Pedro I prometió la devolución de Alaba, Gipuzkoa y La Rioja a Nabarra; Bizkaia fue prometida, sin embargo al príncipe de Gales por su apoyo. En el libro “Nabarra en su vida histórica” Arturo Campión comenta: “Tras Libourne, Carlos II en Kanpezo recibió prácticamente la misma oferta de Enrique y 20.000 dobles de oro”. Se le asignaron a Carlos II de Nabarra las villas y castillos de Tolosa (Mendikute), de Segura, de Mondragón, de Oiartzun (Beloaga), Hondarribia y “Sant Sebastián” (la Mota), además de Getaria y Motriku, cuyo tenente será el Sr. de Huart (Amezketa). 

Carlos II liberó parte de la Nabarra Occidental, haciéndose fuerte en Vitoria, Logroño, Salvatierra-Agurain, Santa Cruz de Kanpezu y en Gipuzkoa durante 5 años (1368-73) con el beneplácito del Pueblo que se levantó con él; además contaba con la ayuda de alabeses y gipuzkoanos de las familias de los Oñaz, Lazkano, Murua, Berastegi, Beltrán Belaz de Gebara -señor de Oñate desde 1149 y que fue señorío independiente hasta 1845-, los Amezketa y otros. Se trataba de una hueste de 297 aguerridos guipuzcoanos con Pedro de Amézqueta y el señor de Oñate, D. Beltrán Belaz de Gebara, al frente. 

En la Enciclopedia Auñamendi se explica la situación y se aclara que Carlos II también quería Bizkaia: “La entrevista de Carlos II de Nabarra y Pedro IV de Aragón con motivo de las luchas con Castilla se celebró en Uncastillo en agosto de 1363. Aragón había sido derrotado en el tratado de Murviedro celebrado en julio del mismo año. Ahora navarros y aragoneses suscribían un tratado secreto para repartirse el reino de Castilla si llegaban a conquistarlo. A Navarra se le entregaría el occidente de lo que había sido reino vasco, es decir, Castilla la Vieja, Soria, Agreda, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Aun así y todo, el rey de Aragón prometía al de Nabarra el viejo territorio de Jaca y su comarca. Esto, en el caso de que el rey de Navarra diese muerte o apresase al de Castilla”.

Toda la Nabarra peninsular fue conquistada en un largo proceso que duró casi cinco siglos (1054-1524). Tras la conquista de Alta Navarra (1512-24) y aprovechando la muerte de Fernando II de Aragón “el Falsario” (1516), el Pueblo nabarro se alzó varias veces con su nuevo rey Enrique II “el sangüesino” a la cabeza. Enrique era nabarro y educado según el Derecho Pirenaico conforme a Fueros, y como juraron en el año 1494 en el acto de su coronación como reyes de Nabarra sus padres D. Juan y Dña Catalina: “Al qual heredero primogénito o primogénita, haremos vivir y criar en este dicho reyno en la lengua y con la gentes de aquel” (B. Estornés Lasa “Lo que No nos enseñaron”).

Enrique II rey de Nabarra “el sangüesino” pues nació en el palacio real de esta villa, mandó a su secretario Miguel de Olite escribir los derechos sobre territorios, villas y señoríos lo que hizo en media docena de cuadernos. Miguel de Olite hizo un balance de todo el reino y propuso “hacer probança” de cómo el reino comprendía: “Guipúzcoa, Bizcaya y Alaua y mucha parte de Rioja hasta el olmo de Burgos (…) como las sepulturas que antiguamente los reyes de Navarra tenían en Nájera y otras ciudades y villas que hoy en día parecen las armas de Navarra, así como en Logroño y en otro lugares, que de poco acá se han borrado”.

Por el Norte, el nieto de Enrique II “el sangüesino”, el Bourbon Enrique III de Nabarra al convertirse en IV de Francia por derecho de herencia, comenta que su “Disjoint et separé de notre maison de France”, es decir, la separación de ambos Estados. Al principio de su coronación como rey francés, Enrique deja claro la separación del reino de Navarra y Bearne de Francia en textos de 1607 y 1617, en éste último se dice (según un documento del Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43): “(...) que por lo tanto dicha Majestad (Enrique) no puede, en derecho, unir dicho país soberano a dicho reino de Francia sin consentimiento de dichos Estados (Baja Navarra-Bearne) (…) hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Navarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde, o que Dios nos haya hecho esta gracia de darnos linaje y quisiéramos poder y a este fin para no cambiar el orden y formas observadas en la conducta y mantenimiento del nuestro dominio habíamos declarado nuestra intención que fuese llevado y administrado por personas distintas, así que como había estado antes de nuestro advenimiento a la Corona. Y sobre las dificultades que nuestra corte del Parlamento de París hacía de proceder a la verificación de dichas cartas.”

Será el hijo de Enrique III “el bearnés” o “el nabarro”, Luis XIII de Francia educado por Richelieu, el que no aceptó ser “príncipe de Biana” y por tanto no fue aceptado como rey de Nabarra por sus Cortes, por lo que terminó tomando el parlamento de Nabarra que se reunían en la iglesia de Donapaleu así como el del Bearne que se reunían en Pau, lo que acabó con la soberanía del reino baskón sobre territorio alguno en 1620, tras 1000 años de soberanía.


Pero la historia del reino de Nabarra es un continuo hasta el presente. Así durante el primer Alzamiento foralista de 1835, se quiso dar desde las Diputaciones a Tomás de Zumalakarregi, General de las tropas vascas, la corona de Nabarra como Tomás I. Incluso desde el bando liberal se seguía hablando del reino de Nabarra y de su territorialidad. El militar liberal del partido republicano federalista de Pi y Maragall, Serafín Olave (Sevilla 1831-La Rioja 1884, de padre alto navarro), escribió en 1883 un libro de título "Reseñas históricas y análisis comparativo de las Constituciones Forales de Navarra, Aragón, Cataluña y Valencia", en el mismo se decía: "Navarra está dispuesta a admitir una libre reincorporación de los territorios de La Rioja, vascongadas y la Sexta Merindad de Ultrapuertos (hoy francesa), que antes fueron navarros; constando ya que, en algunos de ellos, existe la patriótica tendencia a tan fraternal y conveniente unión, cuando las circunstancias lo permitan". Olave era Diputado por Alta Navarra y pedía una confederación de repúblicas de Nabarra.

El segundo alzamiento foralista creó en el sur de Nabarra entre 1873 a 1876 un pleno "Estado Federal Vasco Carlista” con las “cuatro provincias” (reducidas a esa condición tras perder la Primera Guerra Carlista), por tanto con todas las atribuciones de un Estado: moneda, sellos, Tribunal de Justicia o deuda pública propia, con un centro de comunicaciones en Baiona -tras el consentimiento del gobierno francés- y, finalmente y lo más importante, con un ejército de 24.000 soldados que lo defendían. Con la formación de un Estado nabarro pleno, un nuevo Bourbon reinaba sobre los baskones del sur y con su consentimiento (desde que lo hiciera Enrique III de Nabarra), se trataba de Carlos IV de Nabarra, el cual buscaba mediante el reino baskón el reconocimiento internacional a su corona que nunca se produjo.

Las referencias al reino baskón de Nabarra y a su territorialidad llegaron vivas al siglo XX. Los representantes del último gobierno soberano que tuvimos aunque fuera sobre un territorio minúsculo entre Legutiano en Alaba y Bizkaia, una vez conquistado por los fascistas españoles-italianos y alemanes, en 1940 en Londres en plena Segunda Guerra Mundial y constituidos como “Consejo Nacional Vasco” presidido por Manuel de Irujo, redactaron un anteproyecto de Constitución para la Nabarra peninsular, el cual, en su artículo 5º declaraba como unidad territorial del Estado baskón por el Sur el del reino histórico de Nabarra: "(…) Sus límites son: al Norte los Pirineos y el Golfo de Vizcaya; al Este el río Gallego; al Sur el Ebro hasta Gallur y la divisoria de las aguas entre las cuencas del Ebro y Duero a partir de Moncayo en toda la extensión de ambas vertientes; y al oeste el Cabo de Ajo (Peña Cantabria en Santander)”.

Era por tanto “Euzkadi” o “Euskadi” en aquél entonces un primer intento de crear un nuevo Estado cuya única definición del territorio nacional coincide con el del reino baskón de Nabarra.

En 1962 el bizkaíno Federico Krutwig en “Vasconia” era clarividente: “No cabe duda de que históricamente considerando, el futuro Estado libre vasco deberá comprender al sur de los Pirineos y al norte los territorios que correspondieron a la corona Navarra y Ducado de Vasconia (…) soberanías que en su origen son las mismas”. “(…) La reinstauración de la Navarra histórica, desde el Garona a la cabecera del Duero, desde Santander hasta la Maladeta (Benasque, Huesca)”.


En todos los mapas cartográficos internacionales (franceses, ingleses, italianos, españoles etc.) éstas son las fronteras políticas aceptadas para los baskones o nabarros, tal y como se puede comprobar en “Mapas para una nación” de J.M. Esparza (edit. Txalaparta 2011).

CONCLUSIONES

Como dicen los historiadores del libro “Historia de Euskal Herria” Rafael López, Joseba Agirreazkuenaga, Román Basurto y Rafael Mieza: “Si bien tradicionalmente la historiografía ha considerado como imposible que en la Edad Media surgieran conciencias nacionales ni sentimientos nacionales por el escaso desarrollo que presentaban entonces las estructuras políticas, económicas e ideológicas, últimamente tal consideración va perdiendo terreno a favor de una nueva concepción de los fenómenos de identidad colectiva nacionales cuyo nacimiento se tiende a datar cada vez más en fecha más temprana (siglos VIII y IX). En el caso de Vasconia (incluido Caro Baroja), esta nueva aproximación al problema del nacimiento de las primeras entidades políticas basadas en la existencia de una conciencia grupal encuentra una perfecta adecuación con la aparición en las fechas apuntadas del Ducado de Aquitania (y Baskonia) y el Reino de Pamplona (o Nabarra)”.

Sancho III el Mayor, tal y como recoge el historiador pamplonés A. Campión (1854-1937), dejó a su primogénito “toda la población euskara”. El historiador y político bilbaíno Anacleto Ortueta (1877-1959) sobre este gran rey europeo dijo: “Sancho III el Mayor eligió sabiamente las fronteras del Estado Vasco, pues los límites que dio a Navarra fueron los geográficos naturales. Es el genio tutelar de la nacionalidad vasca. Gracias a él vivimos como pueblo”. El historiador español Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) era de la misma opinión: “(Sancho el Mayor) quiso unificar un gran reino navarro, predominantemente vascón por su lengua”. El propio Ramón Menéndez Pidal en otro libro escribió del rey nabarro Sancho III el Mayor (1000-1035)1: «reparte sus estados entre sus cuatro hijos, apareciendo como uno de los más audaces estadistas estructuradores de fronteras y de pueblos, dejando al primogénito García el solar de la dinastía, el antiguo reino de Navarra, homogéneamente vascón por su lengua». Fue la cúspide del reconocimiento nacional e internacional de los baskones. 

El Pueblo baskón se dio desde la Alta Edad Media su propio Estado, institucionalizó su poder y logró mantener su territorialidad. Ese Estado llamado ducado de Baskonia primero y reino de Pamplona y de Nabarra después, fue roído por los diferentes Estados imperialistas que lo rodeaban. Ninguno de los jefes de Estado de Baskonia o Nabarra ha renunciado a ninguno de sus territorios y menos el Pueblo sobre el que se vertebraba. Este Estado era el paraguas político de un Pueblo que tenía una lengua nacional o “lingua navarrorum”, aunque también se expresaba en otras lenguas romances. Esa lengua nacional creó el nombre de Euskal Herria con el que podemos identificar a todo el Pueblo baskón. Es decir, Euskal Herria no es un territorio estanco sino que su suerte ha ido paralela a la del Pueblo baskón y a la del Estado baskón de Nabarra.

Si nos retrotraemos en el ovillo de la historia, podemos decir que el término de Euskal Herria es lingüístico y aplicable en el siglo VII a todo el territorio del ducado de Baskonia y en el siglo XI al Estado baskón de Nabarra, y que su territorio se ha ido reduciendo hasta siete de los territorios en los que fue dividido el reino de Nabarra, demarcaciones políticas impuestas finalmente por el imperialismo franco-español donde se habla actualmente, más en el Bearne, Estado separado y coaligado después a Nabarra bajo un mismo rey.

Pero incluso desde un punto de vista cultural y étnico, la pervivencia de su unidad aparece según se rasga la superficie y se profundiza en las raíces de sus gentes. Por tanto, el territorio de Euskal Herria ha sido y es el territorio del Estado baskón de Nabarra, el cual, en el plano político internacional, es el que han defendido todos los jefes de Estado que hemos tenido y los baskones -los euskaldunes históricos- no hemos renunciado a él ni aceptado ningún otro. 

El Pueblo que existe es el que resiste, el Pueblo resiste es porque existe. El territorio que finalmente consiga liberar nuestro Pueblo del imperialismo para reactivar nuestro Estado, será continuación de Baskonia y de Nabarra, Estados de Euskal Herria, entonces será cuando nuestros jefes de Estado -en nombre del Pueblo al que representan-, podrán marcar nuestras nuevas fronteras.

2013/10/19

Origen del antinabarrismo

Origen del antinabarrismo
Iñigo Saldise Alda

El nabarrismo es una opción política, de carácter patriótico, que está basada en una defensa a ultranza de la soberanía y libertad del Estado de Nabarra. Unido a su vez a una defensa de las diferentes culturas y lenguas de los pueblos que forman la Nación Nabarra, incentivando la cultura y lengua primogénita, que no es otra que la vascona.

Dicho esto, podemos afirmar sin ningún tipo de rubor, que el antinabarrismo es todo lo contrario. Además, como pretendemos con este escrito, lo consideramos una parte importante y necesaria en las labores esclavistas que el colonialismo español y francés ejerce sobre los nabarros, sin olvidarnos un colonialismo más oscuro, el religioso del Cristianismo Católico.

Bien, una de las grandes cualidades que han tenido y también tienen los imperialismos en la actualidad, lógicamente entre ellos están incluidos tanto el español como el francés, es la de conseguir darle la vuelta a todas las situaciones que les señalan e incluso les inculpan ante la opinión política y jurídica Mundial. Normalmente se colocan siempre en el lado de una supuesta democracia, de una inexistente  humanidad y por supuesto de una imaginaria justicia, siendo todas ellas innegablemente ficticias, engañosas y falsarias, pudiéndose incluso definir como de política infame y siniestra contra la humanidad, concluyentemente carente de toda veracidad histórica.

Todos los Estados imperialistas tienen como primera premisa, una vez llevadas a cabo las violentas e ilegales invasiones y ocupaciones, una vez no logrado el objetivo del exterminio, el conseguir la total o absoluta colonización y sumisión de los nativos, aborígenes o personas originarias del lugar, que son finalmente los naturales y dueños del Territorio, País o Estado conquistado.

Los imperios persiguen por todos sus medios, sin importarles lo más mínimo que estos sean violentos e ilegales, que sean los propios colonizados los que renieguen de su pasado en libertad, aceptando con ello su triste situación de ocupación y sometimiento.

Concretando en el imperialismo español y francés, legitimados desde el Vaticano, incluso han conseguido que la mayoría de los nabarros se puedan sentir hoy día cuales hombres libres, mostrando ante la opinión mundial la posibilidad de participar en unas elecciones con las cuales finalmente legitiman sus imperios y nuestra indudable situación colonial.

Muchos nabarros son incapaces de apreciar las cadenas que les tienen prisioneros, sometidos, subordinados y sumisos cuales esclavos. Esta labor colonizadora ha llegado a tal extremo, que  los imperialistas españoles y franceses muestran incluso en símbolos patrios originarios de los nabarros dichas cadenas, eso sí, una vez manipulas y transformadas en beneficio de su engañosa y frágil unidad imperial. Una unidad innegablemente forzada y ciertamente nunca pactada, al menos en el caso nabarro, ya que fue realizada a través de diversas acciones violentas e ilegales de las armas.

Esta sensación de una supuesta libertad, de esa sensación engañosa y falsa en los naturales del Territorio, País o Estado Nabarro, está palpablemente ligada a la semilla colonialista española y francesa, necesaria al fin a cabo para el surgimiento del movimiento antinabarrista. Este principio político directamente contrario al nabarrismo, cuya iniciación es indudablemente de índole colonial, hunde sus raíces tras las primeras acciones armadas llevadas a cabo por los vecinos imperialistas de nuestro Estado, aunque Goñi Gaztambide lo sitúa incluso antes, concretamente en el asentamiento en tierras nabarras de nuevos núcleos de población franca y extranjera, con exclusión explícita de los naturales del País, los vascones libres o nabarros.

Hay incluso quien señala directamente a los monjes franceses de Cluny y de las Órdenes Militares Cristianas, quienes se encargaron de cambiar el Camino nabarro a Santiago, por el Camino francés, incentivando de paso el arte con esencia visigótica-hispánica-mozárabe en esa corriente clunianense reformista y gregoriana, con la introducción de la liturgia romana. Esto ocurrió durante el reinado Sancho Ramírez de Pamplona y Aragón.

El antinabarrismo de la Orden de Cluny quedó finalmente claro en el año 1076, cuando sin legitimidad política alguna, otorga el monasterio de Naiara-Nájera al emperador Alfonso VI de León y Castilla. Dicho templo fue fundado como Santa María la Real por el rey García Sánchez III de Pamplona y Aragón, y que había servido desde su consagración o fundación como panteón Real de Nabarra. La propaganda procastellana y antinabarra se potencia tras el año 1076 en dicho monasterio, siendo una pieza clave de ello la conocida como Crónica Najeriense.

Esto se da en otros monasterios, los cuales tras la forzada y violentada desmembración territorial de Nabarra tras la muerte de Alfonso I de Pamplona y Aragón, se posicionan con mayor o menor rapidez del lado antinabarro, es decir, del lado del invasor y colonizador.

No podemos olvidar el antibarrismo con el cual actuaron los diferentes tenentes o funcionaros del Estado nabarro, al posicionarse con los distintos invasores y colonizadores, contando con el pago de títulos nobiliarios extranjeros, todos ellos siendo además de carácter hereditario y cuantiosas rentas personales.

Hoy día sigue vigente el antinabarrismo en muchos sectores de nuestra sociedad a lo largo y ancho de nuestro total y legítimo territorio. Incluso hay muchas variantes del mismo, las cuales merecen un análisis más exhaustivo y profundo, pero teniendo presente siempre las cusas de su origen que son la injerencia de agentes políticos, militares e incluso religiosos ajenos a los naturales del País; las ilegales invasiones y ocupaciones de nuestra Tierra por ejércitos extranjeros que dieron paso a la colonización, junto a la traición de importantes funcionarios del Estado nabarro para su beneficio personal y el de los imperios o Estados ajenos a los naturales del País y a todos aquellos pueblos que conviven con respeto y compromiso nabarro con los vascones del siglo XXI o vascos de esta parte de Europa. 

2013/09/28

¿Hay algún rey legítimo de Nabarra?

¿Hay algún rey legítimo de Nabarra?
Iñigo Saldise Alda

Antes de que salten las alarmas entre mis compañeros y compañeras independentistas, soberanistas, estatalistas e incluso legitimistas nabarros y nabarras, he de recordar que nuevamente este no es un artículo en defensa o apología del sistema Monárquico, sino que pretender ser otro artículo aclaratorio sobre en quien recaen los derechos Dinásticos de Nabarra, en el caso sumo de que nuestra sociedad, ya en total libertad, independencia y soberanía, decida final y mayoritariamente la restitución de la Corona de Nabarra para la Jefatura del Estado de Nabarra.

En varios artículos, bien en foros o bien en algunos blog’s-incluido este blog-, he podido leer la existencia de diversas líneas dinásticas, que cuentan con sus defensores y también con detractores, sobre las cuales pueden recaer finalmente los “derechos sucesorios” supuesta o realmente pertenecientes a diferentes Casas, con los cuales titularse alguno de sus miembros alcanzar la Corona de Nabarra, ya sea como rey o reina.

Bien, estas opciones monárquicas las podemos dividir en tres apartados. Uno desde el prisma sucesorio español conocido como primera guerra Carlista y la consecuencia de la misma, la mal llamada Ley Paccionada del año 1841; dos, desde un prisma sucesorio francés; y tres, desde el prisma sucesorio nabarro.

Propuestas dinásticas presentadas tras las consecuencias de la primera guerra Carlista y la Ley Paccionada  del año 1841, concretamente tras la abolición por parte de las Cortes Generales españolas del todavía existente título de Reino de Navarra, para lo que en realidad era una reducida parte de la colonia española de Navarra al sur del Pirineo, sometida a la figura de un Virrey español.

1º: Dinastía Habsburgo.

Esta rama no tiene nada que ver con el emperador Carlos I de España y V de Alemania, ya que es la proveniente de la Línea de Blanca de Borbón y Borbón-Parma, hija mayor de Carlos de Borbón y Austria-Este, el cual a su vez era hijo de Leopoldo Salvador de Habsburgo-Toscana. Así pues, esta opción corresponde a la línea mayor de los Borbones y de Carlos VII,  oxease, concretamente es la Dinastía Original Carlista. Hoy día, esta Línea está representada hoy por Domingo de Habsburgo, junto a sus hermanos, hijos, tíos y demás familia.

Es de destacar el origen de esta Línea sucesoria actualmente personificada en la figura de Blanca de Borbón y Borbón-Parma, que habría de plantearse la sucesión a esos supuestos derechos sucesorios sobre la Corona de Nabarra a través del resto de hijas de Carlos de Borbón y Austria-Este, ya que en el Reino de Nabarra no se aplicaba la Ley Sálica, por la cual una mujer no puede heredar la Corona de un Reino. Por esto, hay que saber que la gran contradicción existente en el Carlismo moderno, es que en el año 1936 la Dinastía Carlista pierde todos sus derechos a la Corona española por falta de heredero varón. En cambio para Navarra(cuando aparece Nabarra con v nos referimos a la residual y reducida, hoy C.F.) con diferentes leyes sucesorias a la Corona de Nabarra, la Dinastía Carlista o lo que queda de ella, es supuestamente y absolutamente válida, siempre y cuando no se revisen sucesos históricos y políticos en materia sucesoria anteriores al año 1841, todo hay que decirlo.  

Es interesante saber también, que cierto Carlismo nunca ha superado el trauma sucesorio que les supuso y estuvo en consonancia con la Guerra Civil española iniciada en el año 1936. Unos, por una parte, decían defender “las Leyes y Fueros de cada uno de los Reinos de Las Españas” desde una unidad Nacional española centralista y absolutista, mientras otra parte del Carlismo decía y dice defender “la Dinastía Legítima”. Desde el año 1936, los derechos a la Corona Española y los supuestos derechos que tienen el Carlismo sobre la Corona Nabarra, recaen en familias distintas y esto último, el Carlismo sigue sin asumirlo bien del todo.

2ª Dinastía Borbón-Dos Sicilias.

La Línea de los Borbón-Dos Sicilias está representada actualmente por el Duque de Calabria, Carlos y su madre Alicia de Borbón-Parma. Ciertamente esta Línea proveniente de los hijos de Felipe V de España, es más que improbable que defienda la recuperación de la independencia para Nabarra, pues reconoce a Juan Carlos I de España y por tanto la abolición unilateral española del título de Reino de Navarra en el año 1841. Tradicionalmente se considera a doña Alicia de Borbón-Parma heredera del Conde de Chambord, último Borbón de Francia, si bien el Estado Constitucional de España le otorga a ella y a sus hijos el rango de "Infantes de España".

3ª Dinastía Borbón-Parma.

 La Línea de los Borbón Parma está representada en la actualidad por Carlos Javier de Borbón-Parma, Duque de Parma y perteneciente a la II Dinastía Carlista. Carlos Javier,  hijo del dirigente Carlista de izquierdas Carlos Hugo, ha mostrado una actitud bastante ambigua respecto a Navarra y todo lo realizado por su persona nos indica a que enmarca a Navarra dentro de la "Estalidad Española" desde una concepción Carlista españolista. Debemos recordar que Carlos Javier es heredero Carlista a la Corona de España desde que los Borbón-Parma asumieran la herencia Carlista tras morir en el año 1936 el último monarca carlista sin sucesión masculina.

Llegado a este punto, debemos descorrer en el tiempo y hablar de la supuesta legitimidad existente sobre la Corona de Nabarra que poseen las dinastías presentas. Todas ellas descendientes o relacionadas con la rama borbónica de los Anjou, que finalmente es la actual titular del Reino de España. Para ello debemos retroceder al Tratado de Utrecht del año 1714. En él, el ya mencionado anteriormente Felipe V de España, desde el año 1700 y tras la guerra de sucesión al trono español, renuncia ante el rey Louis XIV de Francia y supuestamente III de Navarre (esta forma francesa de escribir Nabarra es para indicar a la colonia francesa de Nabarra al norte del Pirineo), a todos los derechos sucesorios tanto en Francia con en Navarre para él y sus sucesivos herederos, en beneficio supremamente de Louis XV de Francia y supuestamente IV de Navarre.

Este Tratado suponía también que el monarca francés, Louis XIV, y también sus descendientes, renunciaban a los territorios navarros del sur de los Pirineos que continuaban y continúan ocupados por los españoles. Entre esos territorios aún existía uno, reducido, que pese a todo seguía denominándose Reino de Navarra. Un Reino no reconocido en el ámbito Internacional como Estado soberano, pero que mantenía fronteras con sus vecinos, con su propia autonomía económica, incluso la capacidad de acuñar moneda y unas Cortes ilegítimas desde la ocupación española del año 1512.

Propuesta dinástica presentada tras las consecuencias de la revolución francesa del año 1789 y el destronamiento de los Bourbon en Francia.

4. Dinastía Orleans.

Esta dinastía es una rama menor de los Borbones y en ella, se debe buscar la supuesta sucesión, al trono de Nabarra, en los hijos menores de Louis XIII, concretamente los Duques de Orleans. A día de hoy Se desconoce postura alguna de la Casa de Orleans sobre Nabarra, si bien es más que probable que enmarquen a Navarre dentro de la Estatalidad Francesa, como ya lo hizo el propio Louis XIII tras el unilateral, por parte francesa, Decreto de la Unión, junto a la violenta y sanguinaria disolución de las Cortes soberanas nabarras existentes en Pau (Biarno-Nabarra) y los Estados Generales de Nabarra en Donapaleu (Baxenabarra).

Propuestas dinásticas presentadas entorno a la vida y muerte de Enrique III de Nabarra y IV de Francia.

5. Dinastía Agramont o Gramont.

La Casa de Agramont es sucesora directa, por vía bastarda, de la Dinastía Evreux a través del matrimonio entre la nieta del Carlos III de Nabarra, Margarita con  Gracien de Agramont. Margarita es hija de Lancelot de Nabarra, reconocido hijo natural de Carlos III de Evreux.

Esta Casa mantuvo el gobierno efectivo de las tierras que habían pertenecido a la Casa de Albret, la Baja Nabarra, Biarno, el Vizcondado de Zuberoa, las tierras de Laburdi, la alcaldía de Baiona, prácticamente la totalidad de lo que hoy constituye el departamento francés de Pirineos Atlánticos. Cuando ostentaban el título de Conde de Gramont, su titular apoyó la coronación de Louis XIII de Francia como Luis II de Nabarra, incluso antes de la disolución de las Cortes y Estados Generales de Nabarra, llevada a cabo por el monarca francés a sangre y fuego.

Actualmente esta es una opción dinástica valorada entre algunos monárquicos nabarros de índole independentista, y tiene como titular a Antoine-Armand-Odélric-Marie-Henri de Gramont. A ciencia cierta podemos afirmar que desconoce su postura con respecto al Estado de Nabarra, siendo más que probable que esta persona tenga una postura pro francesa para Navarre, como así lo atestigua el posicionamiento de dicha Familia desde los tiempos de Louis XIII de Francia, recibiendo como contrapartida a sus servicios contrarioa a la soberanía de Nabarra, de diversos títulos nobiliarios franceses, entre los cuales podemos destacar el más que significativo, Mariscal de Francia.

6. Dinastía Rohan.

La propuesta de esta Casa como heredera a la Corona de Nabarra realizadas por algunos, tiene su origen en Enrique de Rohan primo de Enrique III de Nabarra y IV de Francia, casado a su vez con Marguerite de Béthune. Los personas que proponen a los descendientes del Duque de Rohan, se basan en una presunta herencia otorgada por Enrique III de Nabarra y IV de Francia, que ciertamente le supuso ser nombrado como general de los hugonotes franceses todavía en vida del Bearnés Enrique III de Nabarra y IV de Francia. Actualmente la cabeza  de esta familia recae en el Duque de Rohan-Chabot, de nombre Josselin. Se desconocen las intenciones del mismo pero, al igual con el miembro de la Casa de Gramont y de la de Orleans, es casi seguro la intención de que Navarre siga unida a la actual República de Francia.

7. Dinastía de la Motte-Mèssemé.

Esta Línea sucesoria parte concretamente de Isabel de  Albret y Foix-Grailly, hermana menor de Enrique II de Nabarra. Ésta contrajo matrimonio con el vizconde de Rohan-Gié, René de Rohan, siendo actualmente sus últimos descendientes los miembros de la Casa de la Motte-Mèssemé.

La reconocida a nivel internacional como Casa Real de Nabarra, siendo su Delegado Regio el Duque de Beaumont-Evreux, Blas Beaumont Garrido, presenta esta Línea sucesoria como la legítima heredera a la Corona de Nabarra. Para ello se basa en los siguientes documentos:

a) Testamento de Enrique III de Nabarra y IV de Francia, 1607. Concretamente en el documento del Parlament de Paris.A.N. Registre X1A-8646 Fº 43.

“(…)hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Navarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde,(…)”

b) Presentación en las Cortes de París de Louis de Bourbon y no en las Cortes nabarras de Pau, como era y es obligación para poder ostentar el Título del heredero a la Corona de Nabarra, conocido como príncipe de Biana.

Para ello informa sobre un documento por el cual, el día 19 de septiembre del año 1610, Louis de Bourbon efectuó públicamente en las Cortes de Nabarra-Bearne, su negativa incuestionable e irrefutable de aceptar el rango de príncipe de Biana. Dicho acto, le hizo perder a él y a todos sus descendientes, el derecho a posterior de ser monarcas de Nabarra. Esto es algo que finalmente se ratifica en mayo de 2005 en importantísimo Tribunal de la Corte Internacional de Justicia sita en la Haya, Holanda.

“(…) Viéndose y cumplido las leyes emanadas por la monarquía Navarra, el rango de Príncipe de Biana queda en la dinastía de los Albret. Es demostrable, que el rango de Príncipe de Viana obtenido por el monarca Enrique III de Navarra, lo fue por herencia de su madre Juana de Albret, titular de la monarquía Navarra”. 

Hay que saber que esta rama familiar se ha visto legitimada por Timothée de Foix-Carmain, jefe soberano de la Casa de Foix-Grailly y lo que es más importante, persona considerada a nivel de la Liga Monárquica Internacional como jefe custodio de la Corona de Nabarra.

Entonces, la descendencia de esta Casa, a día de hoy, recae en Robert-Pierre de la Motte-Mèssemé, heredero del difunto Pierre-Désiré de la Motte-Mèssemé, persona ésta última que presentó una demanda en la ONU por la descolonización de Nabarra junto a Blas Beaumont Garrido en el año 2006.  

Además, para los escépticos sobre los supuestos derechos hereditarios de la Casa la Motte-Mèssemé, tenemos en nuestro poder un atestado presentado y verificado en junio del año 1993 por Jacques Saillot. Éste ilustre genealogista de Angers, miembro de la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Artes, Presidente Fundador y Presidente Honorario de la Asociación Genealogista de Anjou, junto a Caballero de las Palmas Académicas, certifica en dicho atestado mediante documentos oficiales de la historia genealógica y cronológica de la casa de Francia, los manuscritos de la casa de Savoie, los 7 volumenes de la obra Les Honnestes Loisirs de François Le Poulchre de la Motte-Mèssemé, más diferentes manuscritos familiares de Angers y de la casa de la Motte-Baracé, la Real herencia histórica de don Pierre de la Motte-Mèssemé, afirmando que éste último es indiscutiblemente el verdadero descendiente por vía directa de Isabel de Albret y Foix-Grailly, innegable hermana de Enrique II de Nabarra e hija de Catalina I de Foix y Juan III de Albret, reyes privativos de Nabarra durante la ilegítima e ilegal invasión y ocupación militar española del Reino de Nabarra en el año 1512.

La muerte de Pierre-Désiré ha supuesto un duro golpe para las opciones de los considerados como legitimistas entorno a la Corona de Nabarra. Esto es debido indudablemente al poco interés mostrado por su hijo Robert-Pierre sobre la cuestión nabarra, incluida la Corona; aunque no se ha realizado renuncia alguna a sus supuestos derechos sucesorios.

Antes de acabar y a modo de conclusión, me permito la realización de otra propuesta, aunque difícilmente puede considerarse como monárquica, aunque sí tiene que ver con la estricta aplicación de nuestro propio Derecho, el Derecho Vascón o Pirenaico, por el cual y sin estar en perjuicio del Derecho Internacional, nos permite incluso elegir a cualquier persona como rey, ya sea de esas Casas o no, si finalmente y en democracia decidimos constituir nuestro Estado Libre, Independiente y Soberano de Nabarra, como un Reino.


En definitiva, si puede haber un legítimo rey o legítima reina de Nabarra, siempre y cuando éste o ésta haya sido bien elegido o tal vez reafirmado por la mayoría de la sociedad Nabarra en libertad, independencia, soberanía y democracia. Algo que yo particularmente no quería debido a mi ideología referente a la estructuración de nuestro Estado, pero que indudablemente respetaría si esa es la voluntad mayoritaria del Pueblo-Nación al que pertenenzco. Todo por el bien de nuestra amada Patria Nabarra.

Pero, ¿Quien es el Rey Legítimo de Nabarra?

Pero, ¿Quién es el Rey Legítimo de Nabarra?
Markel Haraneder Mendia

La recuperación de la estatalidad de Nabarra o cualquiera de otras formas consituyentes que pueda adoptar el Pueblo Nabarro sólo corresponde a lo que DEMOCRÁTICAMENTE DECIDA EL PUEBLO NABARRO. Para la Jefatura del Estado o Estados Nabarros es más importante el CÓMO que el QUIEN. Más que nunca es necesaria la AUTODETERMINACIÓN del Pueblo Nabarro y a él corresponde dterminar su forma de Gobierno.

El siguiente artículo no se trata de ningún modo ningún alegato monárquico (máxime cuando el autor es proclieve a  fórmulas confederales y republicanas de Gobierno), más bien pretende hacer un ejercicio de reflexión partiendo del hecho que hasta bien entrado el Siglo XIX, Navarra, de manera mermada, mantiene cotas de estatalidad y soberanía a pesar de la USURPACIÓN ILEGAL Y VIOLENTA DEl REINO Y DE LOS TÍTULOS NABARROS acaecida en 1512.

El punto de inflexión tiene lugar en 1841 queda abolido oficialmente en el Reino de Nabarra y sus Cortes por parte de la representante liberal de la Casa de Borbón, Isabel, sus regentes y espadones. A pesar de la traicionera conquista de 1512 de la Navarra surpirenaica y de otras felonías, en la práctica hasta la fecha de 1841 la instituciones navarras (Cortes, Ejército e incluso moneda) no son quebrantadas si bien el proceso de deterioro es imparable.

La guerra carlista es un hito en el renacer la conciencia nabarra como Pueblo Soberano: El Reino y Diputaciones Forales son restaurados por una breve periodo de tiempo bajo el Estado Carlista de Carlos de Borbón y Austria- Este en guerra con Estado Constitucional Español.  Corresponde por tanto la titularidad del Reino de Nabarra a los descendientes del último monarca que ejerció como Rey de Nabarra.

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Sujeto a interpretación, la Sucesión al Soberano Reino de Nabarra por tanto es la siguiente:

1 [Dinastía Habsburgo].

La Línea de Blanca de Borbón y Borbón Parma (hija mayor de Carlos de Borbón y Austria Este) y Leopoldo de Habsburgo: Proveniente de la línea mayor de los Borbones y de Carlos VII (Dinastía Original carlista). Representada hoy por Domingo de Habsburgo, hermanos, hijos, tíos y demás familia.

Descartados toda la línea de doña Blanca de Borbón y Borbón Parma, habría que plantear la sucesión a través del resto de hijas de don Carlos de Borbón y Austria Este [Alicia, Beatriz, Elvira...].

La gran contradicción del carlismo es que en 1936 la Dinastía Carlista pierde sus derechos a la Corona Española, por falta de heredero varón. En cambio, para Navarra con diferentes leyes sucesorias, la Dinastía Carlista (lo que queda de ella) es absolutamente válida.  Cierto carlismo nunca superó el trauma sucesorio de 1936: por una parte dice defender 'las Leyes y Fueros de cada uno de los Reinos de Las Españas', pero por otra dice defender 'la Dinastía Legítima'.

Desde 1936, los derechos a la Corona Española (Borbón Parma) y los derechos a la Corona Nabarra (Habsburgo) recaen en familia distintas, y esto el carlismo no lo asume del todo bien.

De no aceptarse la sucesión por esta familia habría que buscar la sucesión en alguna de las ramas colaterales de los  hijos de Felipe V  (Dos Sicilias, Parma)

2.[Dinastía Borbón Dos Sicilias]La linea de los Borbón Dos Sicilias: 

Representada actualmente por el Duque de Calabria, Carlos y su madre Alicia de Borbón Parma. Una línea improbable, pues reconoce a Juan Carlos y por tanto la abolición del Reino de Nabarra en 1841. Tradicionalmente se considera a doña Alicia de Borbón Parma heredera del Conde de Chambord (último Borbón de Francia), por línea materna (su hermana), si bien el Estado Constitucional de España le otorga a ella y a sus hijos el rango de "infantes de España". La misma Constitución que niega la Estatalidad Nabarra, tal y como en 1841.

3.[Dinastía Borbón Parma] La Linea de los Borbón Parma :

Representada por Carlos Javier de Borbón - Parma, Duque de Parma (II Dinastía Carlista). Carlos Javier,  hijo del dirigente carlista de izquierdas Carlos Hugo, ha mostrado una actitud bastante ambigua respecto a Navarra y todo indica a que enmarque Navarra dentro de la "Estalidad Española" desde una concepción carlista españolista (Carlos Javier es heredero carlista a la Corona de España desde que los Borbón Parma asumieran la herencia carlista tras morir en 1936 el último monarca carlista sin sucesión)

4.[Orleans]. Rama menor de los Borbones.

Descartadas las líneas descendientes de Felipe V, debe buscarse la sucesión en los hijos menores de Luis XIII, los Duques de Orleans. Se desconoce la postura de los Orleans sobre Navarra, si bien es más que probable que enmarquen a Navarra dentro de la Estatalidad Francesa.

5.[Rohan]

De no haber tenido descendencia Enrique III de Navarra ( primer Borbón Rey de Navarra), Navarra, Foix, Bigorre hubieran sido heredados por su primo Enrique de Rohan.Actualmente la cabeza de esta familia es el Duque de Rohan-Chabot, Josselin. También la línea La Motte planteada por la llamada "Regencia de Nabarra" liderada por don Blas de Beaumont que ahora (según comunicado de principios de Septiembre) declina sus intenciones a representar a Navarra se trata de una línea muy lejana de la Casa de Rohan.

2013/09/27

La vía nabarra

La vía nabarra
Iñigo Saldise Alda

Diferentes agentes culturales y políticos de nuestro País, Nabarra, incluso estando entre ellos algunos que podemos considerar como referentes de nuestra Nación, se encuentran embobados y embelesados por el movimiento Nacional que está viviendo Catalunya. La última Diada celebrada el 11 de septiembre, fue masiva; indiscutiblemente. Hubo una gran diversidad de actos y cientos de miles de personas de diferentes edades salieron a la calle reivindicando la independencia del Reino de España, ensalzando especialmente su personal lengua, cultura y folklore, símbolos ideológicos del nacionalismo catalán surgido a finales del siglo XIX.

Estoy convencido que dicho embobamiento le viene dado a estas personas, incluidas las que algunos consideran como referentes de nuestro País, por una interiorizada ideología política conocida como nacionalista vasca, la cual, también, surgió a finales del siglo XIX, contando con similares símbolos ideológicos a los del nacionalismo catalán. Es decir, lengua y cultura diferenciada, además de grandes matices en su origen racial y que hoy mejor dicho debemos considerar étnicos.

Bien, solidarizándome con el movimiento independentista y soberanista catalán, y a su vez deseándoles que logren sus patrióticos objetivos, nosotros debemos saber y considerar que nuestro País no se parece en nada a Catalunya; originaria y sencillamente porque a diferencia de los catalanes, los nabarros si hemos poseído un Estado libre y soberano, el cual debemos siempre recordar que fue ilegal y violentamente invadido, ocupado, conquistado con genocidio y colonizado, por españoles y franceses.

Así pues, observando desde fuera el proceso de la vía catalana por la independencia, debemos interiorizar políticamente nuestro actual estatus de ser una colonia francesa y española, por muy doloroso y lamentable que ello sea, pues… esta es nuestra nefasta realidad.

Estamos oprimidos, sojuzgados, sometidos y subyugados, así de simple. Y para poder romper con esas cadenas que nos impiden vivir como hombres libres, tenemos que organizarnos en independencia de las instituciones coloniales y colonialistas, pues de lo contrario seguiremos legitimando nuestra propia esclavitud al sufrir el síndrome del Tío Tom junto al del síndrome del colonizado, juntos.

Pese a todo, ya sean dado avances desde la vía nabarra. Realmente hay proposiciones serias para formar una Asamblea Nacional Nabarra con vistas a una Unidad Nacional. Incluso hay una firme propuesta para la creación de una Mesa por la Descolonización de nuestro Estado, las cuales han sido reiteradamente ignoradas.

Estas fórmulas, personalmente no me opondría a otras siempre y cuando reine la no censura y con ello el respeto mutuo, el Pueblo-Nación de Nabarra debe saber que han sido ocultados tanto por los negacionismos imperialistas españoles y franceses, como por el negacionismo complaciente y pesebrero de diversos agentes políticos dados de alta en el sistema constitucional español y/o francés como partidos políticos, como por diversos agentes culturales interesados más en subvenciones y migajas de las instituciones coloniales y colonialistas impuestas en nuestro País, que de buscar una vía nabarra por la independencia.

Así bien, para que la noble y legítima causa patriótica de nuestro Pueblo-Nación, el cual pese a todo mantiene vivo el sueño de recuperar la libertad, ha de llevarse tras una obligada auto-descolonización mental de toda nuestra sociedad, tanto política como cultural pero especialmente de aquellos que mantienen un idilio con esa política de índole romántico, ciertamente folklórica y sin sustento histórico alguno que conocemos como aranista o abertzale, indiferentemente de su ideología sociopolítica de derechas, centro o izquierdas.  

Nuestra lucha tiene que ser pacífica, eso sí, dentro de la realidad violenta que es en sí la propia política en la denominada correlación de fuerzas, de ahí la importancia de una unidad entorno a nuestra Patria, nuestro Estado, Nabarra, debe, inicialmente, estar encuadrada exclusivamente en el ámbito propio o Nacional, para posteriormente extrapolarla al obligado marco internacional, tanto en Europa como en el resto del mundo. 

ONE DAY


2013/09/15

Sin descolonización no hay soberanía

Sin descolonización no hay soberanía
J.X. Mauleon, Cadreita-Nabarra

La asociación que hacemos del término soberanía los estatalistas nabarros y nabarras, es en realidad el desarrollo natural de la libertad Nacional y de la independencia política para nuestro Estado, Nabarra. Por ello, los y las que creemos en la recuperación de un Estado nabarro soberano, tenemos el deber de explicarle al Pueblo de Nabarra, a ser posible de una manera clara y sencilla, la relación entre soberanía y libertad. Debemos explicar su significado con toda seriedad y con una gran honestidad, siempre de forma independiente con respecto a las Instituciones coloniales francesas y españolas, bien en sus metrópolis o bien en nuestro territorio.

Antes de nada y por ello, la libertad e independencia, debemos acabar con mitos como el inexistente a lo largo de la historia, pacto entre iguales. Hay que finiquitar las medias verdades y la ficción de algunos planteamientos (seudo-)independentistas a la hora de plantear las opciones reales y permanentes para ejercer nuestro derecho natural, patriótico,  histórico y libertario. Se trata de un asunto muy formal, tan serio e importante, pues indiscutiblemente se trata del futuro en libertad de nuestra amada Patria.

El Estado de Nabarra, tras sufrir las continuadas, ilegítimas y sanguinarias invasiones con conquista, actualmente sufre un gran problema político de naturaleza o índole colonial, al no poder decidir sus autóctonos los designios económicos, jurídicos, culturales, lingüísticos y por supuesto políticos de nuestro País, ya que todos ellos se deciden finalmente desde las metrópolis de Madrid y Paris, buscando el único y egoísta beneficio del Estado imperial de turno, que finalmente nos subordina, somete, esclaviza y sojuzga.  

Nabarra no es, ni ha sido, un Estado libremente asociado a los Estados español y francés. Nabarra, por el contrario, es un Estado que ha sufrido las ansias imperialistas de España y Francia, las cuales siempre han contado con el visto bueno o beneplácito, del Estado Pontificio de Roma o Vaticano, convirtiéndola en una mera colonia, donde los naturales del País quedan relagados a las últimas capas de la sociedad.

Para acabar con el estado actual de subordinación y esclavitud que padece la sociedad nabarra, tanto al norte del Pirineo como al sur, los nabarros y nabarras debemos trabajar en soberanía tras un importante proceso de autodescolonización. Es decir,  matizando políticamente hablando si se prefiere, debemos alejarnos definitivamente de las instituciones coloniales y colonialistas que nos niegan nuestra noble causa libertaria, pues de lo contrario, seguiremos legitimando nuestra propia dependencia de los imperios de España y/o de Francia, justificando nuestro propio sometimiento. Solo de este modo podremos algún día encontrar complicidad en la opinión pública mundial, incluso en la política de la CEE y la ONU. Unos apoyos necesarios para adquirir de forma legal, en el ámbito Jurídico Internacional, la necesaria descripción jurídica de territorio no autónomo, el cual debe descolonizarse mediante la retirada de las tropas invasoras españolas y francesas, que ocupan ilegalmente nuestro territorio, la eliminación de las instituciones coloniales españolas y francesas mediante la aplicación de una Constitución Nabarra propia amparada en nuestro ancestral Derecho Pirenaico. 

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

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