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2014/12/25

Nicolás de Echabarri el joven

Nicolás de Echabarri el joven
Iñigo Saldise Alda


Heráldica: de azur cinco estrellas de ocho puntas de oro puestas en sotuer con bordura de gules con aspas de oro.

Nicolás de Eguia y Echabarri nació en Lizarra en el año 1417. Fue hijo de Juan Martínez de Eguia y de Catalina de Echabarri, adoptando el apellido nabarro de su madre, de familia de judíos nabarros conversos, en vez del de su padre, fundador de la casa de Eguia en Lizarra y que provenía de una familia vasca del partido oñacino y por tanto procastellano de Amezqueta. Su tío fue Nicolás de Echabarri el mayor, hombre de confianza absoluta para la familia Real de Nabarra.

Con tan solo seis años fue adscrito al Hostal del rey y seis años después ya era el boticario personal de la reina de Nabarra Blanca de Évreux y Trastámara, quien le puso a nómina de su Cámara Real.

En el año 1431 sustituyó a su tío del mismo nombre, como recaudador de los impuestos de Lizarra, dos años después y de mano de la reina Blanca de Nabarra recibió para el resto de su vida el cobro personal de un impuesto muy impopular aplicado a los agricultores a su entrada en Lizarra, conocido como palmada, el cual, hasta entonces, iba a parar al Tesoro Real.

Nicolás de Echabarri el joven, a la edad diecinueve años obtuvo también de la reina de Nabarra las pechas de trigo, cebada y dineros del lugar y villa de Piedramillera, hasta logar recuperar los 300 florines que le habían costado las medicinas suministradas, al ejercer por aquel entonces como médico de la familia Real. Incluso fue enviado en el año 1441 al Vizcondado de Bearne, donde realizó la cura de las heridas que la infanta Leonor de Trastámara y Évreux había padecido tras un accidente.

Mantuvo unas excelentes relaciones con el príncipe de Biana Carlos de Trastámara y Évreux. Al igual que el propio príncipe nabarro, en el año 1441 Nicolás de Echabarri aceptó inicialmente el  testamento de la difunta reina Blanca de Nabarra, manteniéndose hábilmente al servicio del rey viudo Juan II de Nabarra, lo que le valió un ascenso paulatino en el escalafón administrativo del Reino, siendo nombrado en el año 1453 como Tesorero de Nabarra por el rey usurpador Juan II de Nabarra.  

También en ese año, Nicolás de Echabarri comenzó su relación con la Iglesia Cristiana, figurando como el cargo de abad en la alavesa-castellana abadía de Santa Pía, la cual le proporcionó importantes ingresos y cuantioso prestigio.

En el año 1457 y ostentando el cargo de capellán Mayor y Consejero del rey Juan II el usurpador de Nabarra, fue el encargado de poner en estado de defensa todas las villas y castillos existentes en la frontera que tenía el reino de Nabarra con el Reino de Aragón.

En el año 1460 fue nombrado por el rey usurpador Maestro de las Finanzas del Reino de Nabarra.

En el año 1461, tras la muerte del legítimo heredero a la Corona de Nabarra Carlos de Biana, el usurpador Juan II de Nabarra y de Aragón, en un hábil movimiento político, forzó la renuncia del cardenal griego Bessarión como obispo de Iruinea, postulando a Nicolás de Echabarri en su lugar, quien viajó a Roma junto al Condestable de Nabarra Mosen Pierres de Peralta el joven, artífice final de un  acuerdo. Por dicho trato, más mercantil que espiritual, Nicolás de Echabarri obtuvo el obispado pamplonés a cambio de arrendar las ganancias de la mitra por cuatro años al cardenal griego y una pensión anual de 1.500 ducados, sin perder la abadía de Santa Pía y los beneficios que ostentaba en Calahorra, además de otras prebendas.

Cuando Nicolás de Echabarri recibió el nombramiento como obispo de la Diócesis pamplonesa, estaba casado y vivía junto a su mujer. Pero esto no importó y este nombramiento supuso un gran triunfo para el bando agramontés, llenándose el cabildo de canónigos de su facción. Pero a pesar de no estar más que ordenado de menores y no haber recibido ninguna formación eclesiástica sólida, comprendió que era obispo de toda la diócesis, y que su misión esencial era procurar la paz. Para ello se valió de sus conocimientos de las finanzas, la política, la diplomacia y la Corte. Por eso, sin dejar de desempeñar el cargo de Maestro de Finanzas del rey, se dedicó con insistencia en la labor de lograr la reconciliación de los partidos en liza, el agramontés y el beaumontés.

En el año 1462 obtuvo del rey usurpador el privilegio de los impuestos que pagaba la sinagoga de Lizarra, así como la posesión del castillo de Belmerchet también en Estella. Esto último con la posibilidad de dejarlo en herencia a su hijo, o bien venderlo, darlo o empeñarlo a quien quisiera. Dos años más tarde, en diversas partes del Reino de  Nabarra compró diversas posesiones por un valor total de 1.500 florines de oro de Aragón y 1.000 florines de moneda corriente.

Como Tesorero y Maestro de las Finanzas del Reino de Nabarra, en el año 1462 llevada adelantadas a la Corona del usurpador, la nada despreciable cantidad de 22.500 libras.

En el año 1463, Nicolás de Echabarri insistió en logar la libertad del cabildo para el nombramiento de los nuevos prebendados, elecciones de canónigos y de las obligaciones del Tesorero y Arcediano de la Cámara, estableciendo para ello unas férreas normas, Quia nonnulli habentes, que buscaban impedir que los magnates impusieran sus candidatos, en contradicción total del modo como él había accedido al cargo de obispo de Iruinea.

La labor diplomática del obispo de Iruinea alcanzó sus frutos en el año 1464. Dicho año y gracias a su labor conciliadora se llegó a la concordia entre Juan II el usurpador y el partido beaumontés, estableciéndose así la paz interna en el Reino de Nabarra.

Por ello, la princesa Leonor de Nabarra, lugarteniente de su padre en el Reino, y cabeza visible de la facción beaumontesa, le donó a perpetuidad la viña Real del paraje de Irujo, así como otras piezas y tierras de Realengo situadas en los términos de Luquin y Barbarin.

Incluso el obispo de Iruinea participó en la política bélica tras la pacificación del Reino. Así pues se le pudo ver junto a Luís III de Beaumont, II conde de Lerín, rescatando la villa de Biana, que desde el año 1461 estuvo ocupada por las tropas invasoras de Castilla y León, al igual que La Guardia, Los Arcos y San Vicente de la Sonsierra. Los castellanos, en represalia por esta liberación, formaron un contingente de Santo Domingo de la Calzada y talaron las 9.000 peonadas de viña y árboles frutales en el término de Biana, desastre que la princesa Leonor de Trastámara y Évreux intentó paliar concediendo a la villa el privilegio de un mercado franco durante todos los miércoles del año.

En 1468, Isabel de Foix, esposa de Pierres de Peralta el joven, vendió los 8.000 florines que se le fueron asignados sobre la villa de Miranda, además de todos los derechos existentes ella al obispo Nicolás de Echabarri. El mismo año obtuvo de la princesa Leonor la confirmación de las pechas del lugar y villa de Piedramillera a favor de su hijo Ximeno de Echabarri.

Ese mismo año, la princesa Leonor de Nabarra y su esposo Gastón IV de Foix, mostraron abiertamente su intención de reinar en el Estado de Nabarra con total independencia de Juan II el usurpador. Mientras el condestable Pierres de Peralta el joven permaneció fiel al rey, el obispo Nicolás de Echabarri se posicionó por los príncipes mostrándoles públicamente su apoyo. Esto produjo la ruptura total en las relaciones entre el obispo y el condestable. Como era de esperar, Juan II el usurpador también se enfureció, y mando al capitán de Erriberri Gómez Frías, apresar al obispo, que se encontraba en el feudo del líder beaumontés, el conde de Lerin. Finalmnete y no sin importantes dificultades, su hermano Juan Martínez de Eguía logró liberarlo.

Mientras, la princesa Leonor y las Cortes de Nabarra se dirigieron al usurpador mediante un memorial de agravios. Estos fueron respondidos por Juan II de forma brusca e imputando de todos los males del Reino a la princesa y al obispo.

Tras su liberación, Leonor de Biana nombró a Nicolás de Echabarri su consejero personal. Siguiendo y siguiendo las instrucciones del obispo convocó Cortes Generales con el fin de poner unos medios más substanciales para acabar con las facciones y los odios internos del Reino. Las Cortes se reunieron en Tafalla, y en ellas el obispo condenó con toda aflicción las luchas intestinas, prediciendo años que de seguir así desaparecería Nabarra como Estado, y que la culpa no correspondía al pueblo, sino a los nobles y poderosos.

Incluso llegó a dirigirse a su antes amigo Pierres de Peralta, demostrándole que él era la principal causa por la cual se sostenían los odios y que finalmente, de él dependía el bienestar del Reino de Nabarra. El condestable disgustado por las palabras del obispo, juró venganza.

Pierres de Peralta, tras la reunión, se colocó en posición para capturar al obispo, vivo o muerto. Leonor de Biana hospedada en el convento de San Francisco de Tafalla y enterada de los deseos de venganza del condestable, llamó al obispo prometiéndole salvaguardia. En primera instancia el obispo se negó y ante la insistencia de Leonor de Biana, se dirigió a su encuentro. Entonces a la altura de la iglesia de San Sebastián fue muerto a lanzadas y desvalijado por sicarios del condestable Pierres de Peralta, el cual presenció el asesinato. Su cuerpo fue trasladado a Lizarra donde fue enterrado en la iglesia del Santo Sepulcro.

Nicolás de Echabarri fue un obispo bastante especial y atípico, ya que sólo estuvo ordenado de menores y además, no había recibido formación eclesiástica sólida. Fue un hombre que siempre estuvo vinculado a las finanzas, la política, la diplomacia y la corte. Tenía varios hijos, y, además cuando recibió el nombramiento estaba casado y aún vivía su mujer.

Bibliografía esencial

Hermoso de Mendoza, Javier. Nicolás de Echávarri o Chávarri, digital.

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Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda
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EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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