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2014/11/13

Luis de Evreux-Nabarra y la Gran Compañía Nabarra

Luis de Evreux-Nabarra y la Gran Compañía Nabarra
Nerea Munariz

Heráldica de Luis de Evreux-Nabarra: Escudo cuartelado. 1º y 4º de gules trae carbunclo cerrado y pomelado de oro, con una esmeralda verde en forma de losange en abismo que es de Nabarra. 2º y 3º de azur sembrado de flores de lis de oro con una banda componada de plata y gules, tres y tres, que son de Evreux. Sobre el todo bordura de plata indicativa de ser el tercer hijo varón del linaje. (Heráldica facilitada por Iñigo Saldise)

Luis de Evreux o de Nabarra o de Evreux-Nabarra, nació en el año 1341. Fue el hijo menor de Juana II de Nabarra y su marido el rey consorte Felipe de Evreux, III de Nabarra. El condado de Beaumont-le-Roger le fue entregado por su hermano Carlos II de Nabarra en el año 1343. Se convirtió en duque de Durazzo  por derecho de consorte, tras su matrimonio con Juana de Sicilia, en el año 1366. Tuvo tres hijos con María de Lizarazu, dándose con ellos el origen a la denominada Casa de Beaumont.

Pero antes de juntar a la Compañía Nabarra para reclamar y recuperar los legítimos derechos de su esposa en Albania, cuya capital era Durazzo y estaba en manos de Carlos Topia perteneciente a una rama ilegítima de Roberto I de Nápoles, ya era un militar experimentado al haber  participado activamente en nombre de su hermano Carlos II de Nabarra, en la guerra que mantenía éste contra Carlos V de Francia.  

Para la creación de la compañía recibió ayuda tanto de su hermano como del rey de Francia. En el año 1372 comenzó la formación de la Compañía Nabarra compuesta por mercenarios, de los cuales, irónicamente algunos de ellos, ya habían luchado a su lado durante la guerra en Francia. Sus filas se incrementaron considerablemente en el año 1375 con nuevos reclutas que llegaron directamente del Reino de Nabarra. Entre los años 1375 y 1376 muchos de esos mercenarios y aventureros, mayoritariamente guerreros nabarros y gascones, contaban también con un gran número de ingenieros alistados en la compañía, cuya compleja planificación e ingeniería aseguraría finalmente el éxito de la Compañía Nabarra. Estos soldados cobraban un salario de 30 florines aragoneses de oro al mes. Carlos V de Francia ayudó a Luis de Evreux-Nabarra con 50.000 ducados para la campaña contra los albaneses.

En el año 1376 finalmente, Carlos II de Nabarra autorizó la partida de la Compañía al mando de su hermano Luis de Evreux-Nabarra, conde de Beaumont-le-Roger, Su misión era la de recuperar Durazzo y el Reino de Albania, pues tenía derecho de consorte, ya que Luis estaba casado con Juana de Sicilia, duquesa de Durazzo, de la rama Anjou-Tarento. Para eso se creó la Gran Compañía Nabarra, conocida entonces como “Compañía Blanca”.

 Durante esos años, 1375 y 1376, se reclutaron 800 hombres, que salieron desde Tutera por el Ebro hasta llegar a Tortosa, de donde finalmente partieron hacia el Reino de Albania. En el año 1376 desembarcaron en las tierras balcánicas. Conquistaron la ciudad de Durazzo y restablecieron a continuación el Reino de Albania. Pero el infante Luis de Evreux-Nabarra murió ese mismo año en Alpunia. El cuerpo de Luis de Evreux-Nabarra fue trasladado por algunos de sus hombres a Nápoles, siendo enterrado en la Cartuja de San Marino. Por otro lado, esto supuso que las tropas dejaran de percibir la paga mensual de 30 florines de oro.



Con la muerte de Luis, duque de Durazzo, la misión perdió todo su sentido. Sin medios para volver a casa y abandonados en una tierra extraña y lejana, la suerte de sus miembros cambió por completo al decidir emplearse como mercenarios, con la única finalidad de sobrevivir. Durazzo, la empobrecida capital del Reino de Albania, estaba rodeada por un pernicioso terreno pantanoso, lo que dificultaba aún más su situación. A todo esto se unió que la duquesa  Juana de Anjou-Tarento, contrajo un nuevo matrimonio, lo que produjo que los soldados-mercenarios se sintieran engañados y se desligaran definitivamente del juramento de fidelidad que debían a los duques de Durazzo, pasando a ponerse a las órdenes del mejor postor. Este resultó ser el rey de Aragón, Pedro IV, el cual solo aceptó sus servicios cuando así lo autorizó su legítimo soberano el rey de Nabarra.

En el año 1377 se dividieron en cuatro compañías. Dos al mando de los gascones Pedro de la Saga y Mahiot de Coquerel, los cuales habían sido camarlengos del rey de Nabarra, y las otras dos capitaneadas por los nabarros Juan de Urtubia y Juan de Garro, quienes ostentaban todavía el título de escuderos reales, o de bailets de cambra.

Pronto adquirieron una temible reputación, haciendo su primera aparición histórica en el escenario de Oriente como jefes de la Compañía, los que han de ser sus principales caudillos, Juan de Urtubia y Mahiot de Coquerel, los cuales no estaban nada satisfechos con el rey de Aragón.

Juan de Urtubia junto a Juan de Garro, atacaron Tebas en el año 1379 y a continuación tomaron Atenas, que estaba por entonces en manos barcelonaragonesas. También les arrebataron a los vasallos de la Corona de Aragón, Corfú, Tesalia y el castillo de Zonjón, al cual llamaron Castellum Navarrorum, que terminaría  siendo conocido finalmente como castillo de Navarone. Juan de Urtubia no paró ahí y también conquistó Beocia, perdiéndose su pista en otoño del año 1381.

Mahiot de Coquerel negoció el traslado de la Compañía a Acaya, donde apoyó las pretensiones de Jaime de Baux al trono de Bizancio, quien lo nombró baile del principado en el año 1381, cargo que ejerció hasta su fallecimiento.

Pedro de la Saga regresó y se casó con Juana de Beaumont y Lizarazu, hija bastarda de Luis de Evreux-Nabarra.

Realmente, la Gran Compañía Nabarra fue una tropa formada por mercenarios, reclutados en Nabarra y Gascuña primordialmente, para realizar una expedición militar con la cual recuperar la dote de Juan de Sicilia, esposa de Luis de Evreux-Nabarra, en el Reino de Albania. Posteriormente y debido a la pérdida de su caudillo, lucharon en distintos territorios griegos a finales del siglo XIV e incluso algunos hasta principios del XV. 

2014/11/06

El colonizado colonizador

El colonizado colonizador
Iñigo Saldise Alda

Definimos como colonizado a una persona, un grupo de personas, un pueblo, una nación o incluso a la totalidad de una sociedad originariamente libre, que haya sufrido o esté sufriendo el sometimiento militar, político, institucional, administrativo, jurídico, cultural, lingüístico y/o económico, por parte de uno o varios imperios.

Todo ello siempre viene dado mediante unas injerencias externas transgresoras e imperialistas, cimentadas inicialmente a través de una violenta, sangrienta y siempre ilegal invasión del territorio que habita o del Estado que crearon en libertad esas personas, pueblos, naciones o sociedades. Estas invasiones marciales de intencionado carácter e índole político irreversible para el o los imperios que la realizaron, sido solo posible perpetuarla mediante la consiguiente ilegítima ocupación del territorio o Estado. A esto hay que añadirle un genocidio continuado en todos los ámbitos, tanto individuales como colectivos, a nivel jurídico, político, cultural, lingüístico, etc., que siempre tienen como objetivo único la dominación y la esclavitud mediante la total subordinación y conquista del colonizado.

Para ello, los imperios colonizadores se valdrán de todas las armas que tengan a su alcance. Y una de más importante es la asimilación dentro de sus Leyes y Constituciones, de aquellos representantes o agentes políticos que surjan de esa sociedad colonizada, donde se distinguen principalmente los denominados partidos políticos, que aceptan y acatan las imposiciones Jurídicas y Constitucionales emanadas y sancionadas desde las metrópolis imperiales.

Independientemente de su ideología sociopolítica, incluso de su carácter regionalista o de nacionalismo étnico, todos ellos comparten la mayoría o quizás en algunos casos, la totalidad de los síntomas que se han encuadro dentro del síndrome del colonizado.

Entre los principales podemos destacar inicialmente un claro y palpable defecto de compresión de la realidad que padece la sociedad, negando incluso la situación colonial en la que viven. Para ello no tiene ningún problema en rehuir incluso de la utilización de dicho término en sus respectivos programas, panfletos, parloteos y/o discursos políticos, siendo así una muestra de su pasmosa actitud acomplejada, de arraigado sentimiento de inferioridad y unos agentes más colonizadores.

Así pues, debemos partir que es la imposición imperial radical, indudablemente agresiva, siempre discriminatoria y de carácter unilateral del respectivo imperio, está encaminada a generar un mayor nivel de conflictividad en las sociedades asimiladas de forma violenta e ilegal. Por ello, principalmente, es en los propios grupos colonizados donde surgen esto factores al haber sido históricamente arraigados por una implacable maquinaria esclavista y autoritaria proveniente de los Estados invasores, generándose así entre ellos una competitividad interna, de agresividad y conflictividad con sus semejantes colonizados, etc., lo que precipita indiscutiblemente la aceleración de la conquista, mediante un mayor de los grupos colonizados ya colonizadores, pues luchan entre sí dentro de las imposiciones imperiales, colaborando en el mantenimiento perpetuo de una sociedad subordinada, discriminada, siempre agredida o indiscutiblemente autoinfravalorada.

Estos diversos grupos dispares, existen en la totalidad territorial de actual dividida, fragmentada, separada y violada, colonia de Nabarra. Ninguno de ellos por sí mismo, muestra una coherencia en su distribución territorial a lo largo y ancho de nuestras fronteras reales, siendo supeditada su existencia a divisiones impuestas y por tanto ajenas a nuestro pueblo, nación, sociedad, patria o Estado. Por todo ello, a pesar de compartir el mismo síndrome del colonizado, podemos apreciar diversas propiedades en ellos, en algunos casos compartidas en otros no, que se encuadran o mejor dicho tienen las propiedades propias de otros síndromes.

Insto al lector o lectora, si es que está habido o habida de una necesidad altanera con la cual alcanzar la libertad, mediante la consecución autónoma e inapelable de la independencia a través de la recuperación de la soberanía de Nabarra, analice los siguientes síndromes: el síndrome del tío Tom, el síndrome de Estocolmo y el síndrome de la mujer maltratada, adecuándolos posteriormente a la lamentable realidad política colonial que padecemos, pues se pueden encontrar grandes similitudes con los actos y las acciones políticas de los diversos partidos políticos que se dicen de nuestro País, cuya etiqueta de colonizado colonizador es indiscutible al colaborar activamente con la maligna división y subordinación de nuestra Patria, indistintamente de sus siglas, de su supuesta ideología política o de sus innegables sentimientos, los cuales son traicionados por ellos mismos.

Antes de concluir decir que el auto-complacimiento o el auto-convencimiento llevado a cabo por ellos mismos, sus afiliados y votantes, solo sirve para perpetuar la necesidad de participación en unas instituciones coloniales o incluso imperiales, donde la imposibilidad de recuperar nuestra libertad, autodeterminación, independencia y soberanía son nulas o imposibles. A esto le podríamos equiparar al síndrome del yonqui, donde la mentira que generan trata de justificar su adicción a unos puestos y a unos sueldos en un marco colonial de corrupción absoluta.

2014/11/03

Sancho Sanchiz de Oteiza

Sancho Sanchiz de Oteiza
Iñigo Saldise Alda

Heráldica de Sancho Sanchiz de Oteiza: Escudo en campo de plata cruz de gules acortada que trae las armas de Nabarra (carbunclo de oro pomelado adaptado a la cruz, otros dicen cruz de Nabarra) cantonada de cuatro estrellas de sable de siete puntas.

Natural de Oteiza, Sancho fue hijo de Sancho García y María Sánchez, ambos linajes pertenecientes a la nobleza militar. Fue señor de Oteiza, del señorío de Aoiz y del valle de Arze, del cual hizo cesión a la Orden de San Juan de Jerusalen en el año 1413. Ese mismo año recibió por enajenación de Lancelot de Nabarra, la jurisdicción de Artozki, la cual también donó a la Orden de los Hospitalarios. Fue dueño de las pechas de Irujo, las cuales cedió a Juana Martínez de Olloki en el año 1414. También poseyó las pechas de Atondo, además del lugar de Oteiza de cuyo palacio del cabo de Armería tenía su origen. Su familia decidió que cursara la carrera eclesiástica, algo que no impediría que tuviera dos hijos con una doncella de Etxauri llamada María.

Se desconoce con exactitud el lugar donde cursó sus estudios, pero siguiendo las costumbres de la nobleza de Nabarra de la época, estos debieron ser realizados bien en Bolonia o bien en Tolosa-Toulouse.

En el año  1391 ejercía como abad de su pueblo natal, Oteiza. Sumo las dignidades de rector de Aibar y prior de Villatuerta antes de ser nombrado deán de Tutera, sin renunciar ni perder sus respectivos beneficios. También ostentó el cargo de Prior de Nuestra Señora del Puy de Lizarra y el de la Santa Cruz de Tutera. En el año 1420, tras el fallecimiento de Lancelot de Nabarra fue elegido obispo de Iruinea.

En el año 1405 acudió como notario civil y consejero del rey de Nabarra a Lizarra. Tuvo como misión conseguir el cese de las hostilidades banderizas entre los Ponces y los Learzas.

Como diplomático de Nabarra participó en el año 1415 en la conocida como capitulación de Narbona. Sancho Sanchiz de Oteiza en calidad de deán de Tutera, intervino junto a Lancelot de Nabarra administrador de la mitra pamplonesa y García de Falces secretario regio, como representantes del Reino de Nabarra encuadrados en los sucesos del conocido como Concilio Ecuménico de Constanza. Así pues, la resolución adoptada en Tratado de Perpiñan-Narbona se contemplaba la sustracción de obediencia a Benedicto XIII de Avignon, más conocido como el Papa Luna o antipapa según la jurisdicción de la Iglesia cristiana, católica y apostólica de Roma.

Su vida pública la llevo de forma paralela a su vida religiosa, incluso los quehaceres políticos se puede afirmar que fueron su ocupación principal. Notario en lo público de la Corte de Nabarra y de la Cámara de Comptos,  en lo apostólico en lo referente a las tareas del Clero nabarro. Llegó a ser  promulgador de diversos  modos de comportamiento jurídico para los pueblos de la Ribera de Nabarra, como por ejemplo las ordenanzas de Murchante, además de secretario personal del rey Carlos de Evreux, III de Nabarra.

Su largo trabajo y los continuos servicios prestados al rey de Nabarra, como los realizados en peligrosas y duras misiones diplomáticas en Francia, Borgoña e incluso ante los dos Papados existentes en la época, el de Roma y el de Avignon, entre otros Estados, le valió lo suficiente para ser recompensado con generosas donaciones, exenciones y beneficios, además de cuantiosas sumas de dinero que le permitieron comprar tierras y señoríos.  

El señorío y el palacio de cabo de Armería de Eza, lo adquirido en el año 1415 tras realizar una permuta con el monasterio de Iratxe, aportando a cambio el señorío de Oteiza y algunas casas, casales, pechas, heredades, otros bienes y derechos. El palacio y señorío de Eza, junto a numerosas haciendas como las que poseyó en Lizarra, los Arcos, Muñoa, Eraul, Abarzuza, Ailibia, Ibiricu, Iruñuela, Ugar, Caparroso, Olite y Marcilla, fueron en herencia  a su hijo Juan. Y su hija Juana heredó el mayorazgo perteneciente a sus posesiones en Tutera y Fontellas.

En el año 1423 participó en el Consejo Real en el cual se instituyó el privilegio de Tafalla, sino que además se instauró el título de Príncipe de Biana, dando fe de los requisitos, derechos y obligaciones de dicho cargo, junto a otros destacados miembros de la política del Estado de Nabarra, entre otros, Godrofe de Nabarra, Mosen Piarres de Peralta, los priores de Orreaga y de la Orden de San Juan de Jerusalen, Martín de Olloki, el alférez del Reino Carlos de Beaumont, etc.

Sancho Sanchiz de Oteiza contribuyó junto a Carlos III de Nabarra, en la ampliación, reedificación y remodelación de la Catedral de Iruinea, donde hizo estampar su escudo personal después del de Carlos de Evreux, III de Nabarra. Fue enterrado en la capilla de San Juan Evangelista de la Catedral de Iruinea, pese a contar con otro sepulcro disponible en la Catedral de Tutera.

Sancho Sanchiz de Oteiza fue un hijo de Nabarra. De linaje noble y adinerado, fue una persona que tuvo un gran poder. De profesión jurista y doctor en cánones más que meritorios, poseyó una visión de su época clara, además de demostrar su copiosa ciencia. Mostró una fidelidad incuestionable hacia el rey Carlos III de Nabarra, como miembro destacado de su Consejo Real, llegando a ser nombrado uno de los ejecutores testamentarios por el Evreux. Firmó como testigo en numerosos actos de relevancia para el Reino de Nabarra en calidad de notario, civil y apostólico. Fue un gran hombre de leyes, tanto civiles como apostólicas y le alcanzó la muerte en el año 1425, antes que su mayor valedor, Carlos de Evreux, III de Nabarra.

Historiografía sobre el vasco-cantabrismo y sus consecuencias

Historiografía sobre el vasco-cantabrismo y sus consecuencias 
Aitzol Altuna Enzunza, Galdakao-Nabarra

Desde el siglo XIII se empezó a identificar a los cántabros de época romana -para entonces desaparecidos de la historia- bien con todos los vascoparlantes o bien con los baskones que seguían dentro de la Nabarra libre. Conquistado todo el norte (1620) y el sur (1512-24) del Estado baskón por los Estados imperialistas español y francés, el “cantabrismo” se siguió identificando con los vascoparlantes o euskaldunes en general, pero, cuando había que emplazarlos geográficamente, se desplazó su ubicación desde Alta y Baja Navarra hacia las tierras de los autrigones (ríos Nervión al Asón y hasta la Bureba en Burgos por el sur) y karistios (del Nervión al Deba y Trebiño por el sur); incluso algunos autores añadían también como cántabros los territorios de los bárdulos (del río Deba al Urumea y Trebiño por el sur). Es decir, se identificaba a los “cántabros” con los habitantes de los territorios de la Nabarra Occidental: Bizkaia, Alaba y Gipuzkoa, así como La Rioja y norte Burgos desde Atapuerca, además de las tierras autrigonas y enkartadas hoy dentro de la recién creada (1982) CC. AA. de Cantabria (desde la Bizkaia actual hasta el río Asón).

Es al tolosarra Juan Martínez de Zaldivia (1500-1575) a quien se le atribuye la primera teorización completa sobre el “vasco-cantabrismo”, relacionándolo sólo con el occidente baskón en su obra “Suma de las cosas cantábricas y guipuzcoanas”, que es además el primer manuscrito sobre la historia de Gipuzkoa. Desde entonces, la identificación de los cántabros históricos con los nabarros occidentales ha tenido un largo proceso histórico. La cuestión apareció tímidamente por primera vez en autores como el historiador siciliano Lucio Marineo Sículo (1460-1533) en su “De rebus Hispaniae mirabilibus” cuando decía en latín: “Hay quien afirma que la lengua de los primeros habitantes indígenas de toda Hispania hasta la llegada de cartagineses y romanos, que entonces todos hablaban en latín, era la que ahora usan vascones (alta y baja Navarra) y cántabros (en referencia la Nabarra Occidental invadida para entonces), los cuales, pese a las variaciones de los siglos y los tiempos, no han mudado de lengua, costumbre, ni cuidado corporal”. El último comentario no deja de llamar la atención.

En su libro “Historiografía de Vizcaya”, el historiador bizkaíno Andrés R. de Mañaricúa (Bilbao 1911-1988) atribuía el origen de esta a confusión a diversos autores españoles empezando por Zurita: “Según Jerónimo de Zurita (1512-1580), quizás el mejor historiador español del siglo XVI, la extensión hacia oriente de las tierras de los cántabros antiguos fue debida, prescindiendo de autores extranjeros, a Antonio Nebrija (1441-1522) en su Rerum a Fernando et Elisabet, para el que los cántabros llegarían hasta el cabo Higuer en Gipuzkoa, a Gonzalo de Arredondo en su “Recopilación de los libros antiguos de Vizcaya” (1490) y a Florián de Ocampo en su obra “Cantabria. Descripción de sus verdaderos límites”. Ocampo (1499-1558) en “Crónica General de España” (1543) describía los límites de Cantabria así: “Luego tras éstos venían los cántabros, cuyo límite se metía mucho más dentro de la tierra, tomando buen pedazo de las provincias que nombrara ahora Vizcaya y Álava, hasta dar en la ciudad de Logroño". Ambrosio Antonio de Morales que en su “Crónica general de España” de 1574 habló anacrónicamente cuando dijo de “La guerra que hizo Augusto Cesar a los Vizcaynos, Asturianos y Gallegos”. Otro ilustre historiador español que extendió la tesis vasco-cantabrista fue el Padre Juan de Mariana (1536-1624)”.

Entre los autores vascos, en una esquina de “Bienandanzas” del primer historiador de Bizkaia el muñatón Lope García de Salazar (1399-1476), pero que Andrés de Mañaricúa atribuye a un postizo de un autor del s. XVI, aparece la primera vaga referencia a esta cuestión: «Las montañas y bizcaya/ murieron sus naturales por no perder/ sus leyes y costumbres no queriendo tomar las leyes de los emperadores Romanos/ que ansi en estas probincias quedó el lenguaje antiguo que hera vascuen/ en espana se ablo romance». También abogaban por el vasco-cantabrismo para los “bizkaínos” y para todos los euskaldunes en general, el orduñés Andrés Poza conocido como “licenciado Poza” (1533-1565) y el historiador enkartado Fray Martín Coscojales (s. XVI).

El nombre también se extendió al norte baskón. El labortano Juan de Huarte (1529-1588), en su “Examen de ingenios para las ciencias” escribía equivocadamente: “Los vizcaínos (en referencia a todos los nabarros occidentales) y los navarros (alto y bajo navarros), llamados por los autores griegos y romanos, cantabri y vascones, no recibieron los nombre de navarri y bizkaini hasta el siglo VIII”.

Esta cuestión no quedó aquí, otros historiadores siguieron dando vueltas sobre la identidad de los “cántabros” de época romana, y siguió aún más viva la polémica durante los siguientes siglos. El Padre Juan de la Puente (s. XVII), cronista del rey español Felipe IV, en su obra titulada “Conveniencia de las dos monarquías” insistía que: “las provincias de Vizcaya, Álava, Guipúzcoa y Rioja, comprendía la Cantabria, las Asturias de Santillana, con todas las montañas altas, y todo el trecho que hay entre el Duero y el monte Yubalda, etc.”. Por tanto, situaba a los cántabros en la toda la Nabarra Occidental invadida en el siglo XII por Castilla, más las tierras que realmente fueron del Pueblo de los cántabros (entre los ríos Asón y el Sella, territorio entonces denominado como Asturias de Santillana o la montaña “de Burgos”). El historiador y filósofo español padre Gabriel Henao (1611-1704), fue un furibundo defensor del cantabrismo de todos los baskones en su libro “las Averiguaciones de las antigüedades de Cantabria”.

La idea seguía muy extendida aún en el siglo XVIII. Comenta la Enciclopedia Auñamendi que un escritor en “lingua navarrorum” como fue el labortano Joanes Etxeberri, entre 1712 y 1719 escribía asimilando kantabresak y eskualdunak en su obra “Eskuararen Ethorkia”. Es también el caso del clérigo andoaindarra Manuel Larramendi (1690-1766) en su libro “Discurso sobre la Antigua Cantabria”. Larramendi en otra obra, resumido su título como “Corografía”, redactado hacia 1756, iba más allá y afirmaba que: “De esta suerte, si eligiéramos rey, será y se llamará Rey de Cantabria, y se le dará el Reino […] Guerras tendremos que sustentar. Sea así. Pero serán guerras cantábricas, cuyo nombre debe infundirnos aliento. Somos descendientes de aquellos valientes cántabros y aún late su sangre y valor en nuestras venas”.

Las bases del pactismo entre las “provincias separadas” o “Estados exentos” como eran llamados por los reyes españoles los diferentes territorios nabarros, se hallaban en la teoría cantabrista, ya que se argumentaba que sólo un Pueblo insumiso, es decir, nunca sometido, pudo haber pactado, de igual a igual, con la corona castellana, y este pacto, concretizado en los Fueros y en los juramentos mutuos, no podía ser rescindido unilateralmente por ninguna de sus partes.

Pero la cuestión fue incluso más allá de una discusión histórica. Comenta Juncal Esteban Larrea que “En 1703 se creó el Regimiento o Tercio de Guipúzcoa, que pocos años después se fusionó con los regimientos de Álava y Vizcaya, recibiendo el nombre definitivo de Regimiento de Cantabria. El aspa negra se suponía un antiguo lábaro astur o cántabro, por influencia del vasco-cantabrismo en boga en la época y por la leyenda de los estandartes y emblemas de las tropas de Constantino en la batalla de Puente Milvio (año 312)”.

El militar suletino o zuberotarra Jeanne-Phillippe Bela creó en 1745 otro cuerpo militar, pero en el ejército francés, denominado “Royal Cantabres Volontaires”, con gente de la baskonia continental, cuyo lema In hoc signo vinces que remitía claramente a Constantino. “En la guerra de los Siete Años sería llamado Régiment Royal-Cantabres, extinguiéndose en 1762. Hacia 1788 se creó un batallón de infantería ligera llamado Chasseurs Cantabres, con base en Saint-Jean-de-Luz (Lohitzune) y formado por personal sobrante del Royal-Italien y del Royal-Corse, dos regimientos licenciados por esa época. Luego en la guerra de Independencia (1808-1814) los franceses reclutaron en las provincias vascas del sur unos Gendarmes Cantabres josefinos, y el general francés al mando le explicó por carta a Berthier, jefe del Estado Mayor de Napoleón, que cántabro equivalía a vasco”, según me comenta personalmente la mencionada Juncal Esteban Larrea.

Es más, el propio Jeanne-Phillippe Bela escribió un libro con el título “Histoire des Basques...”, el cual se perdió pero que fue adaptado y publicado en 1785 por el obispo de Sanadon, donde se decía que: «los Pésicos, que ocupaban el territorio de Santander, y Laredo, los Cántabros propiamente dichos, que poseían una gran parte de la Bizcaya, Alava y Rioja”, en clara referencia tan sólo a los Autrigones.

Ni siquiera los ilustrados llamados “caballeritos de Azkoitia” de los Munibe, Narros y Altuna pudieron desmitificar el vasco-cantabrismo. Los proyectos historiográficos de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País (RSBAP) iniciados en 1765, como observa y analiza Olabarri Gortazar (1986), en todos los materiales acopiados para elaborar una Historia Nacional o “Historia de la nación vascongada”, el dogma vasco-cántabro permanece incólume.

Lo explica así la Enciclopedia Auñamendi: “tanto los extraños al país como Covarrubias, Fray Luis de León, Vaseo, Luis Núñez, Alderete, Morales, como los autóctonos como Lope Martínez de Isasti o el dominico Juan de Victoria, admiten y generalizan el uso de la voz cántabro para significar euskaldun o vascoparlante. En el anónimo «Canto de Lelo» escrito en el s. XVI (descubierto en el XIX), los protagonistas de las guerras cántabras son vizcaínos, con su caudillo a la cabeza”.

La voz “vasco”, que extendió el etnólogo y naturalista alemán Alexander von Humboldt a principios del siglo XIX, era usada entonces por los franceses y sólo para los vascos del norte pirenaico. En Castilla se llamaba “vizcaínos” a los euskaldunes y luego “vascongados” a todos ellos, en la corona de Aragón sin embargo sí se mantuvo el nombre nacional de “nabarros”. “Cántabros” era más un término de círculos eruditos que un término popular.

La cuestión llegó al siglo XIX, con una defensa más furibunda por los historiadores nacionales debido a las dos Guerra Carlistas y la defensa Foral por parte del Pueblo vasco(n). En el libro “Noticia de las cosas memorables de Guipúzcoa”, otro historiador tolosarra, Pablo Gorosabel (1803-1868), explicaba la controversia que aún pervivía en aquellos años sobre si los Pueblos euskaros occidentales eran los cántabros que resistieron a los romanos e incluso si lo eran todos o sólo una parte: “La situación de la región que en lo antiguo se llamó Cantabria, su extensión y límites, ha sido para algunos historiadores de las cosas de España un asunto de graves y eruditas controversias. (…) Unos han sostenido con calor la opinión de que Guipúzcoa, Vizcaya y Álava estuvieron comprendidas en dicha comarca, y fueron su porción principal y la más importante, si acaso no la única de ella. Otros han defendido con no menos empeño la contraria, o sea, que Guipúzcoa y Álava se hallaron excluidas totalmente de su territorio; así que la Vizcaya desde la ría de Somorrostro, o a lo menos desde la que pasa por Bilbao, en sentido de Poniente a Oriente (se refiere a los autrigones y al río Nervión)”.

Las consecuencias de esta falsa teoría historicista llegaron hasta finales del siglo XIX, cuando la historia vasco-cantabrista fue separando a nabarros occidentales del resto, de donde van surgiendo mitos como el “Estado separado” de Gipuzkoa (Garibay o Zaldivia en el s. XVII), el de Alaba hasta 1332 con la Cofradía de Arriaga y el de una Bizkaia independiente hasta 1378 (Estanislao Labayru s. XIX) o incluso hasta las Guerras Carlistas (Sabino Arana s. XIX), lo cual estudiaremos en otro artículo, y que ha traído nefastas consecuencias para este Pueblo.

No fue hasta la aparición de la “Asociación Euskara” (1877) de Juan Iturralde y Suit, Hermilio Oloriz, Serafín Olave o de Arturo Campión cuando se superen definitivamente las fábulas, para entonces muy cuestionadas pero vivas, del iberismo, del cantabrismo o del tubalismo y se retorne poco a poco a la historia verdadera del Pueblo baskón y del reino de Nabarra como unidad política nacional, aunque con notables excepciones.

20 de octubre de 1620

20 de octubre de 1620
Erlantz Urtasun Antzano

"Tal día como hoy, pero hace 394 años, un rey francés, tras realizar una invasión militar, publicó un edicto por el que decretó que la parte de Navarra que sus tropas acababan de ocupar por la fuerza pasaba a ser Francia.

Hablamos del asfixiante, angustioso e injusto fin de la independencia de Navarra, un Estado europeo pirenaico pacífico que fue reconocido internacionalmente al menos entre el año 824 y dicho 1620, y cuyas autoridades parlamentarias defendieron de manera unánime, pero en vano por su inferioridad en las armas, frente al creciente poderío violento de España al sur y Francia al norte.

En dicho edicto del conquistador, además, se recoge la imposición oficial de la lengua francesa a nivel administrativo, por escrito, sobre las que se hablaban en Navarra y que a día de hoy apenas sobreviven.

De igual manera, por los mismos días del edicto, el rey francés cerró la universidad navarra, para inmediatamente abrir otra con diferentes profesores de muy distinta ideología.

En la actualidad las tierras navarras históricas están divididas entre varios departamentos franceses y diversas provincias españolas, sin que exista ningún protocolo legal entre ellas que establezca ni mencione su milenaria unión".

2014/10/20

Desencuentros entre patriotismo y nacionalismo

Desencuentros entre patriotismo y nacionalismo
Tomás Urzainqui Mina, jurista e historiador nabarro. Iruinea-Nabarra
http://www.noticiasdenavarra.com/2014/10/18/opinion/tribunas/desencuentros-entre-patriotismo-y-nacionalismo

El discurso político profesional está constituido habitualmente con subterfugios y eufemismos, pero esta práctica alcanza niveles de auténtica sustitución de la realidad cuando se trata de camuflar la situación de subordinación que sufre esta sociedad conquistada, lo que genera la aparición de verdaderas incongruencias.

Desde el nacionalismo ha habido autores que confunden el reemplazo de los Fueros propios por unos fueros de privilegio, o concesiones de la conquistadora Castilla, luego autonomía foral, con los Fueros de soberanía y políticos, que son los Fueros navarros. Así, el nacionalista Leizaola metió en el mismo saco a la obra jurídico política del patriota navarro Sagaseta de Ilurdoz y a la del fuerista liberal vizcaíno Navia de Salcedo, cuando ambos se referían a realidades objetivas diferentes, el primero a la constitución independiente navarra con su propio sistema jurídico y ordenamiento legal, mientras que el segundo se refería a la normativa foral vigente en las provincias de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, supuestamente pactada tras la conquista de la Navarra marítima y la consiguiente suplantación allí por los reyes de Castilla de los Fueros de soberanía navarros.

El ocultamiento de la causa patriótica, la de la libertad de Navarra, que se manifestó unida hasta principios del siglo XX, está relacionado no sólo con el acoso desde las posiciones de los conquistadores españoles y franceses, sino también desde el combate iniciado en 1895 de un cierto nacionalismo contra el fuerismo, en principio vascongado, llegando a confundir el significado de los fueros. El nacionalismo no ha querido tener en la consideración debida el máximo contenido patriótico que tiene la defensa del sistema jurídico propio de Navarra, o Fueros. Es decir, la defensa del Estado independiente de Navarra, concretado en su ordenamiento jurídico, también llamado Fueros.

Se sigue sin tener en cuenta la existencia del verdadero sujeto político de nuestra sociedad. Así, mientras se ha visto que, junto al catalanismo cultural estaba el catalanismo político, en cambio no se quiere ver que además del vasquismo cultural (Euskal Herria) está el sujeto político estatal de Navarra y su consiguiente patriotismo soberano e independiente. Falta visualizar a la sociedad política, conquistada y dividida, social y territorialmente, que es la de la Navarra entera. Los prejuicios ideológicos lo dificultan, como lo demuestra que se haya llegado en las encuestas de identidades nacionales a que no se pregunte sobre la consideración de identidad o pertenencia y existencia de la ciudadanía navarra en la Navarra occidental (Araba, Bizkaia y Gipuzkoa ) y en la continental; y todavía más si tenemos en cuenta que en todas las encuestas sobre este tema realizadas en los últimos tiempos, en lo que se refiere a la Alta Navarra, el porcentaje de los que se consideran solamente navarros supera con diferencia a las demás opciones: navarros y vascos, navarros y españoles, solo vascos o solo españoles.

La valoración que hizo el que después sería el fundador del nacionalismo vasco, Sabino Arana, sobre la Gamazada, a la que fue invitado por patriotas navarros, es muy esclarecedora. Escribió que Navarra había sabido movilizar a toda su sociedad, sin distingos de ninguna clase, en defensa de los derechos nacionales. Pero después de hacer aquella afirmación confesaba que le parecía impensable aplicar el modelo de aquel patriotismo cívico en Bizkaia y se inclinó por crear un partido nacionalista que se pudiera enfrentar a los partidos dinásticos españoles hegemónicos entonces en Bizkaia.

Sin embargo, el patriotismo navarro que tiene muchos siglos de independencia a la espalda, tras la Gamazada de 1893-1894, fue confundido con el del origen del nacionalismo vasco en 1895, desde el ámbito de los seguidores de Sabino Arana, cuando, aun siendo aquel anterior y haber influido en el surgimiento de este, existe un desencuentro fundamental, precisamente en la fijación del sujeto político nacional, mientras en el primero es la liberación de la ya existente sociedad estatal independiente navarra ahora conquistada, para el segundo se trata del proyecto de un nacionalismo partidista, de inspiración inicialmente étnica-religiosa-lingüística, que tiene como objetivo crear una nueva nación, olvidándose de liberar a la sociedad, y al estado propio, que aunque conquistados, ya existen.

Ha habido tantos fuerismos como ideologías de partido se han afincado en el país. Para los nacionalistas sin Estado propio, sería recomendable un poco de conocimiento de nuestra historia nacional y de que hoy estamos conquistados por España y Francia, así partirían de la realidad de que el sujeto político nacional es Navarra y no de ensoñaciones vestidas de ropajes puristas.

No se consigue llegar a un análisis suficiente del sujeto político, prefiriendo el espejismo fundamentalmente culturalista. Por otro lado, tampoco contempla la realidad contemporánea de la sociedad y su Estado propio de Navarra, pues no quieren ver que yacen subordinados por la conquista continuada a manos de España y Francia.

Los conquistados, ahora -conscientes o inconscientes- colaboradores de los conquistadores, se sienten muy incómodos ante lo que ellos ven como amenaza para sus intereses, la posibilidad de que la nación conquistada recupere el ejercicio de la independencia. Así, aquellos que usufructúan una parte del poder en los territorios navarros conquistados, orientales u occidentales, y del norte o del sur, están nerviosos ante la eventualidad de tener que devolver el poder a la sociedad conquistada. Los partidos nacionalistas se hallan ante la tesitura patriótica de abrirse a la desconquista y al Estado navarro que es el propio, o por el contrario seguir encastillados en unas supuestas instituciones forales falsamente pactadas con el conquistador.

Fuentes del nacionalismo han señalado las posibles fases para un nuevo estatus político. Estas fases aparecen con una clara influencia del politólogo español Herrero de Miñon. En mi libro Soberanía o subordinación (2005) ya analicé este tipo de planteamientos que resultan negacionistas de la realidad de esta sociedad conquistada y de su Estado.

Otra tendencia reduce la cuestión al ejercicio del derecho a la necesaria consulta, o derecho a decidir, ocultando lo fundamental, que antes de conseguir la independencia externa con respecto a los demás estados hay que desconquistarse internamente. Algunos, como Ibarretxe, no lo dicen porque piensan que ocultando la realidad de la Navarra entera pueden saltarse el primer paso -la fijación del objeto social independiente o sujeto cívico-político- e ir directamente al referéndum de autodeterminación. Un salto porque no se quiere hacer los deberes que sí han hecho los catalanes y escoceses, pues ellos han dejado asentado que son estados independientes que ahora están dominados por otros estados.

2014/10/17

Nabarra según Dante Alighieri

Nabarra según Dante Alighieri
José Joaquín Saldias

…Dichosa Nabarra
Si se defendiese con el monte que la rodea!
Dante Alighieri (Paradiso XIX)

La divina Comedia es una de las obras fundamentales de la literatura universal, es un poema que pudo ser compuesto entre los años 1304 y 1320. Se divide en tres grandes partes (Infierno, purgatorio y paraíso) éste último compuesto entre los años 1313 y 1321, año del fallecimiento del autor Dante Alighieri.

¿Qué circunstancias llevaron al poeta a escribir semejante sentencia?

Resulta difícil indagar la cantidad y el grado de información de la política internacional a principios del siglo XIV, de lo que podemos estar seguros es que el Dante era una persona con acceso a esa información. Hacía un siglo que el Estado de Nabarra era noticia en la política europea, para intentar caracterizar aquellas razones debemos recordar el contexto histórico del periodo que estamos mencionando, en particular en lo referente a la conquista de la Nabarra marítima. La conquista castellana de los territorios navarros occidentales respondió, en primer lugar, al proyecto político expansionista castellano, motivado por el afán invasor de sus gobernantes que orientaron sus esfuerzos hacia un colonialismo (alentado por las ambiciones, jamás colmadas, de sus clases dirigentes) que concretó manu militari el inicio de su hegemonía peninsular.

En segundo lugar la apropiación castellana del litoral cantábrico nabarro significó la inaccesibilidad del Reino de Nabarra al mar, de nefastas consecuencias para este último, en su doble dimensión (geopolítica y económica).

En tercer lugar el acceso a los recursos naturales y la utilización de una cultura marítima antiquísima, favoreció la utilización por parte de castilla de las rutas navales de los vascos (en particular las de los bancos de ballenas y bacalaos del Atlántico norte, pero también las del mediterráneo como describe Benjamín de Tudela) y de su reputada autoridad en la materia (allí se encontraban los astilleros más importantes de la región). Con ese dominio Castilla accede a la caza de la ballena (el aceite de ballena era considerado el petróleo de la época); a una marina mercante; a una armada militar; incluso a los corsarios vascos, muy experimentados y con una larga trayectoria.

A esta tragedia, brevemente explicada, debemos añadir otro hecho de nefasta memoria, me refiero a la denominada “Guerra de la Navarrería” acontecida durante el año 1276. Jimeno Jurío describe los acontecimientos con descarnado realismo afirmando que “los hospitales son incapaces de albergar a tanto herido”. Una vez más los intereses foráneos de dinastías extranjeras causaban estragos entre el pueblo nabarro. En este sentido los versos del Dante parecen predicciones para la criminal conquista que Castilla llevará a cabo de dos siglos después.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

©NABARTZALE BILDUMA 2011

©NABARTZALE BILDUMA 2011