Evolución del escudo de Nabarra
Iñigo Saldise Alda
“De gules, carbunclo cerrado pomelado de oro, con losange de sinople en abismo”. Descripción heráldica del escudo del Estado de Nabarra que aparece dibujado en el Libro de Armería del Reino de Nabarra, concretamente en una copia del año 1572.
Las primeros escudos heráldicos, nobiliarios o de armas, tienen sus inicios entorno a los años 1120 y 1140. En ellos los reyes y también señores o nobles buscaron colorear los escudos para diferenciarse del resto. Los escudos llevaban incorporados blocas y/o refuerzos de metal, que protegían la superficie exterior del escudo ante los golpes de espadas, mazas y hachas, con la única función de que los escudos no se descompusieran, ya que los escudos medievales no estaban fabricados inicialmente con metal, sino que eran elaborados con listones de madera que las blocas aseguraban. Por ello, son las armas más antiguas aquellas que son plenas al poseer solo un color.
Tan habituales era las blocas en los escudos medievales, que estas han sido el mecanismo que ha determinado los posteriores fraccionamientos que hoy podemos apreciar en los escudos o blasones. Concretamente, las primeras armas de Nabarra son de gules o rojo pleno y datan de tiempos de Sancho VI el Sabio (1150-1194). Las armas de Nabarra solían representarse con blocas superpuestas, estando las blocas formadas por ocho brazos flordelisados con el carbunclo en el centro, de manera que contribuían a reforzar el escudo rojo de Nabarra. Estas representaciones no son consideradas, por la mayoría de los heraldistas nabarros y del resto del mundo, específicas para las armas de Nabarra, ya que las blocas no son muebles heráldicos sino, como hemos dicho, son refuerzos del escudo; pero también debemos saber que aparece así en la Biblia ilustrada editada en el año 1197 tras petición o mandato de Sancho VII el Fuerte (1194-1234).
Las armas personales que portó el sucesor de el Sabio, Sancho VII el Fuerte, era un águila de sable (negro) en fondo de gules, si bien, algunos heraldistas españolas afirman que el fondo era de plata (blanco), mientras que posteriores interpretaciones realizadas desde el nacionalismo vasco de mediados del siglo XX, afirman que el águila de sable estaba sobre fondo de oro (amarillo).
Al acabar con este rey la dinastía vascona de la casa Jimena, el siguiente rey ya de la casa de Champaña, Teobaldo I el Trovador (1234-1253) buscó las armas más antiguas de Nabarra para diferenciarlas de las que poseía por sus condados de Champaña y Brie. Por ello retrocedió hasta los tiempos de Sancho VI de Nabarra, pero añadiéndoles lo que dilucidó como parte de las armerías, es decir, el carbunclo y las blocas sobre el escudo. Concretamente el carbunclo tomó forma de trébol de cuatro hojas, incluso en alguna otra representación tiene forma de flor de lis, y con las blocas, los ocho brazos o barretas, que perdieron sus flordelisados y se cerraron, algo que podemos admirar al contemplar los escudos de Nabarra grabados y pintados en diversas columnas de la Catedral de Tutera-Tudela. Este y no otro, es el origen verdadero del escudo del Estado de Nabarra.
Conforme van transcurriendo los tiempos, el mismo rey o quizás alguno de sus sucesores de la misma casa nobiliaria, van añadiendo los besantes o pomas en los brazos de una manera siempre homogénea y simétrica, algo que podemos observar en los escudos labrados en la fachada exterior del convento de Santo Domingo de Lizarra-Estella. También se va alterando el carbunclo o abismo del centro del escudo (quizás ¿según la moda de la época?), llegando así sin modificaciones relevantes hasta el siglo XVI.
Tras la ilegal invasión y ocupación de gran parte del Reino de Nabarra realizada por las tropas españolas en el año 1512, los españoles dan comienzo a su brutal colonización, en la cual se incluye a finales del siglo XVI, más concretamente en su último tercio, la modificación del escudo de Nabarra. Esto es debido a la entrada de la Inquisición española, la Contrarreforma católica, junto el surgimiento e imposición del estilo artístico y arquitectónico conocido como Barroco, en las tierras nabarras ocupadas por el Reino de España al sur del Pirineo, dando introducción así a las cadenas.
Con ello los españoles buscan la subordinación absoluta de los nabarros surpirenaicos, ante la política llevada a cabo por los legítimos titulares del Reino de Nabarra, que lo mantenían en independencia y soberanía al norte del Pirineo, donde por cierto, se mantuvo el escudo del carbunclo cerrado y pomelado de oro sobre fondo de gules y además, la Reforma cristiana daba paso al denominado Nabarrismo auténtico, tanto en materia religiosa como política.
Cuando el rey Enrique III de Nabarra accedió al trono del Reino de Francia como Enrique IV, pese a su renuncia a la Fe protestante y por ende faltando al planteamiento Nabarrista de su madre la reina Juana III de Nabarra, las cadenas que fueron impuestas por el estilo Barroco de la Contrarreforma cristiana y española en las tierras ocupadas del sur del Pirineo, no fueron cogidas para el escudo del Estado de Nabarra por el monarca de Nabarra y de Francia. Es finalmente con el hijo de éste, el rey Luis XIII de Francia y ya en el siglo XVII, cuando se imponen las cadenas al escudo de los nabarros al norte del Pirineo, tras llevar a cabo el denominado decreto de la unión preparado en las Cortes francesas de Paris, sin presencia de nabarro alguno, todo hay que decirlo, adherido dicho decreto francés a la prohibición del culto reformado en el Reino de Nabarra.
Volviendo a los españoles, éstos siempre buscando dar legitimidad a la forzosa unión de las tierras vasconas surpirenaicas pertenecientes al Reino de Nabarra al Reino de España, se inventaron una leyenda, la cual es realmente famosa a día de hoy. Esta leyenda histórica va sobre unas cadenas que ataban a los esclavos africanos (subsaharianos) entorno a la tienda del emir musulmán Miramamolim durante la batalla de las Navas de Tolosa llevada a cabo en el año 1212.
Según dice esta leyenda de origen español (concretamente castellano de entre los siglos XIV y XV) y no nabarro, las cadenas que aparecen en el escudo de Nabarra son impuestas por los españoles y aceptadas posteriormente por los franceses, siendo y estando actualmente representadas en el escudo de la Comunidad Foral de Navarra. Unas cadenas esclavistas que realmente solo servían para evitar la huida de los sometidos africanos, pues se veían atados y obligados defender sus vidas y para ello protegerse de las acometidas violentas de sus enemigos cristianos y que servían por consiguiente para proteger así al citado jefe árabe. Estas cadenas, siempre atendiéndonos a la leyenda, fueron rotas por Sancho VII el Fuerte, provocando con su valentía y la de los 200 nabarros que le acompañaban, un giro en la crucial batalla en favor de la Fe cristiana católica en la Península Ibérica, alcanzando con dicha acción la victoria para los cruzados. Ello sirvió y sirve incluso hoy día al nacionalismo español, para su falsaria y machacada hipótesis unificadora española, pues sigue siendo pieza ideológica clave para la forzosa unidad nacional española que sufrimos y padecemos en la actualidad los nabarros surpirenaicos.
Para concluir lo cierto es que avanzada ya la Contrarreforma cristiana en el Reino de España, los brazos pomelados del escudo del Estado de Nabarra son cambiados o reemplazados por la labor colonizadora de la propaganda histórico política del Estado español y posteriormente desde el proselitismo histórico político colonizador del Estado francés, por las esclavizadoras cadenas; aunque por suerte, para el espíritu patriótico nabarro, todavía se mantiene el primogénito fondo de gules pleno o rojo absoluto, color de los vascones libres y representativo histórico político de nuestro Estado de Nabarra, independiente y soberano.

