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| Blasón casa Alvear |
Sancho de Alvear; las crónicas de un soldado español
Iñigo Saldise Alda
Sancho de Alvear era miembro del linaje de los Alvear, hijosdalgos notorios del Reino de Castilla y León, los cuales eran originarios del valle de Aras en Cantabria. A mediados del siglo XV este linaje cántabro-español era vasallo de la casa de Velasco, tanto en servicios como en milicias armadas.
Mientras su hermano Juan de Alvear se hizo cargo de la torre del linaje, Sancho de Alvear fue como escudero parte del servicio del condestable de Castilla, camarero mayor de la reina Isabel I de Castilla y León y del rey Fernando II de Aragón, además de conde de Haro, Pedro Fernández de Velasco.
Sancho de Alvear participó activamente en la conquista del Reino de Granada, tanto como soldado como de escriba y/o copista. Allí coincidió con Diego Hernández de Mendoza y Zuñiga. Tras la muerte en el año 1492 de Pedro Fernández de Velasco, pasó a vender sus servicios como hombre de armas y/o de letras, al mejor postor dentro del Reino de España. Tras la conquista de Granada fue alcaide del castillo de Aldovea, cargo que ocupó al menos durante 10 años, como así atestiguó su contemporáneo el conde de Palma Luis Fernández de Portocarrero y Bocanegra:
“(…) es una casa fuerte, cuadrada, de gruesos muros defendidos por un cubo en cada una de las cuatro esquinas. En el interior se abren varios aposentos. Más que fortaleza es casa de campo, en medio de un soto, que pertenece a la Dehesa de Aldovea, abundante caza, principalmente de conejos. Carece de armas y de guarnición. Su alcaide es un montañés llamado Sancho Alvear, que ejerze este oficio desde hace diez años. Dista de Alcalá dos leguas.”
En el año 1507, encontrándose en Murcia, fue nombrado por el procurador español Alfonso Rodríguez de Almela, como cobrador del dinero que se le debía al difunto marido de Francisca de Montealegre. Tres años después, en el año 1510, vivía en la ciudad de Valladolid junto a su esposa Juana de Ruedas e hijos. Allí pleiteo contra el infante Fernando de Granada por el pago de unos servicios militares, los cuales fueron prestados con dos lanzas.
Atendió la llamada a las armas por parte del rey español Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, entrando con el rango de capitán en el ejército español bajo las órdenes del coronel extremeño Cristóbal de Villalba y González. Con dicho ejército invadió ilegalmente el Reino de Nabarra en el año 1512, participando activamente en todas las campañas emprendidas por el coronel español Cristóbal de Villalba y González, como la toma de la ciudad de Donibane Garazi/ St-Jean-Pied-de-Port y el posterior repliegue a la capital nabarra de Iruñea/Pamplona bajo las órdenes del duque de Alba (de Tormes), marqués de Coria, conde de Piedrahita y señor de Valdecorneja Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez (de Quiñones), para defender la recién ocupada plaza nabarra en nombre del rey español Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, ante el ejército de liberación nabarrogascón al que había que sumar un millar de mercenarios alemanes y albaneses.
Tras el fracaso nabarro de recuperación del territorio ocupado por los españoles, al capitán Sancho de Alvear, por su conocimiento en el arte de las letras, se le ordenó analizar la documentación nabarra y posteriormente preparar una crónica corregida con códices antiguos castellanoleoneses y aragoneses, es decir españoles, para intentar convencer a los líderes agramonteses, lealistas patriotas nabarros en su mayoría, de la supuesta legitimidad del rey español Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, a través del recorrido histórico común de Nabarra y Aragón, incluso también con Castilla y León, más concretamente con referencia explícita a su tierra natal, Cantabria. Todo ello a sabiendas de la casi total y frontal negativa de los patriotas nabarros, a aceptar los presuntos derechos a la Corona de Nabarra de Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, los cuales le había sido entregados en el año 1506 de forma ilegítima e ilegal al rey español, por su esposa Germana de Foix y Valois-Orleans, siendo ésta prima carnal de la reina titular y legítima de Nabarra, Catalina de Foix y Valois.
Ya en el año 1513, mientras Sancho de Alvear trabajaba en el encargo del rey español Fernando el Falsario, su hermano mayor Juan de Alvear fue incorporado al ejército español también con el rango de capitán, por su capacidad de movilización y mando, con la obligación de reclutar 600 peones de armas para la guerra contra el Reino de Nabarra.
Hasta finales del año 1514, Sancho de Alvear residió habitualmente entre Iruñea/Pamplona y Zangoza/Sangüesa, lugar este último junto a su esposa e hijos, pese a ser el capitán de las tropas españolas del valle de Erronkari-Roncal y soldado español perteneciente a la capitanía de Antonio de Velasco. Su familia había entrado con él en el Reino de Nabarra, concretamente en la retaguardia de las tropas invasoras españolas en el año 1512, siendo con ello, unos de los primeros colonos españoles en el ya ocupado y subordinado Reino de Nabarra.
A comienzos del año 1515, Sancho de Alvear fue destinado a la recientemente construida y realmente estratégica fortaleza española del Peñón San Juan de Santa María/Chatêau-Pignon, en Baxenabarra/Basse-Navarre, desde donde se controlaba el camino entre Donibane Garazi/St-Jean-Pied-de-Port y la ciudad de Iruinea/Pamplona, capital del Estado de Nabarra. El alcaide de dicha fortaleza era el capitán español Antonio del Hierro.
Sancho de Alvear en la primera mitad del año 1515 envió una carta a su rey, el español Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, informándole del movimiento de un número importante de tropas gasconas y nabarrobearnesas, que tenían que unirse al ejército del rey François I de France antes de marchar hacia la península itálica. Entre dicho ejército, Sancho de Alvear destacó la presencia del mariscal de Nabarra Pedro de Nabarra y (Enríquez de) Lacarra.
El día 23 de enero del año 1516 murió el rey español Fernando de Trastamara-Aragón y Enríquez, quien con falsos pretextos había invadido el Reino de Nabarra en el año 1512. Para entonces ya estaba totalmente abastecida y armada la fortaleza del Peñón San Juan de Santa María/Chatêau-Pignon y también, por supuesto, Sancho de Alvear y demás tropas españolas encastilladas en dicha fortaleza.
A mediados del mes de febrero, el capitán español Sancho de Alvear informó al coronel Cristóbal de Villalba y González, nombrado comandante en jefe del ejército de ocupación español en el Reino de Nabarra, por el regente y gobernador del Reino de España, cardenal de España, arzobispo de Toledo, primado de España, inquisidor general de Castilla, miembro de la Orden Franciscana e hijodalgo de Castilla, Francisco Jiménez de Cisneros, de un nuevo agrupamiento de tropas en Salvatierra de Biarno/Bearn. Esta vez formadas por nabarroberaneses, labortanos, xiberotarras y gascones, con la clara intención de desalojar al ejercito ocupante español de las tierras nabarras que permanecían sojuzgadas bajo el terror militar español.
Rápidamente el coronel Cristóbal de Villalba y González ordenó la retirada de la mayoría de las tropas españolas sitas en Donibane Garazi/St-Jean-Pied-de-Port, salvo un contingente de unos 300 hombres y varias piezas de artillería en la fortaleza de dicha ciudad, quedando bajo el mando del alcaide de la misma, el capitán español Antonio de Ávila.
Dichas tropas españolas, en las cuales se encontraba el capitán Sancho de Alvear, partieron hacia Auritz/Burguete, llevando a su paso una política de tierra quemada, robando ganando de tiro y quemando campos, casas y pueblos. También permaneció operativa y armada con artillería, la fortaleza española del Peñón San Juan de Santa María/Chatêau-Pignon, bajo el mando del alcaide español Antonio del Hierro.
El capitán Sancho de Alvear bajo las órdenes del coronel Cristóbal de Villalba y González, junto al resto de soldados españoles sometieron la villa de Zangoza/Sangüesa y reforzaron Burgi por el capitán español Amézcoa, con las mesnadas españolas encuartelados en Irunberri/Lumbier. Tras ello, la comarca de Orreaga/Roncesvalles fue saqueada y quemada por las tropas españolas del coronel Cristóbal de Villalba y González. La insurrección patriótica nabarra había sido brutalmente oprimida por los españoles, y el ejército capitaneado por el rey consorte Juan III de Nabarra se había estancado en Donibane Garazi. Pero lo más preocupante fue la escasez de suministros y la imposibilidad de recibirlos a corto plazo. Por estos motivos el mariscal de Nabarra decidió volver al valle de Erronkari/Roncal, donde la situación se agravó más al estar cerrado uno de los puertos pirenaicos, por la gran acumulación de nieve. Además sufrió la emboscada de tropas españolas en las cuales se encontraba Sancho de Alvear. Pedro de Nabarra y Lacarra se rindió junto a otros 17 nobles nabarros al invasor-ocupante español, bajo las leyes caballerescas, lo que permitió la libertad de todos sus subordinados.
Sancho de Alvear fue el encargado de escoltar y vigilar al mariscal de Nabarra, siendo conducido éste junto al resto de nobles nabarros por Zangoza/Sangüesa hasta la ciudad de Lizarra/Estella. En el año 1517, el capitán de infantería de su majestad Carlos I de España y V de Deutschland/Alemania, Sancho de Alvear, es cuando envió una carta al mariscal de Nabarra buscando la adhesión de éste al rey español, adjuntando una crónica, su obra Genealogías y descendencias de los reyes de Navarra y duques de Cantabria.
Sancho de Alvear participó en el año 1520, en el sometimiento de los sublevados en el conflicto interno en el Reino de España, concretamente el de las comunidades de Castilla.
En el año 1521, Sancho de Alvear también participó bajo las órdenes del capitán general de Gipuzkoa/Guipúzcoa Beltrán de la Cueva, en la defensa de Donostia/San Sebastián, villa fiel al rey-emperador español, ante el asedio del ejército francés capitaneado por el señor de Bonnivet Guillaume Gouffier. Pero el almirante francés levantó el cerco a la villa debido al mal tiempo reinante y retirándose por ello hasta Hondarribia/Fuenterrabia.
Un año después, concretamente en 1522, un ejército español formado por 30.000 hombres, muchos de ellos con arcabuces, junto a una artillería formada por 3 cañones, 1 culebrilla, 2 sacres, 6 falconetes y 4 ribadoquines, cercó el castillo de Amaiur/Maya, el cual estuvo defendido por 150 valerosos patriotas nabarros. En dicho ejército se encontraba también el capitán de infantería Sancho de Alvear, como así lo atestigua con la libranza de Francisco López de Zúñiga y Avellaneda, conde de Miranda, virrey de Navarra, a Juan Rena a favor de Sancho de Alvear, capitán del valle del Roncal, y de 252 vecinos, por sus servicios durante la toma de la fortaleza de Maya. (…) Recibo Sancho de Alvear, comisario del valle del Roncal, la suma de 71.085 maravedís entregados por Juan Rena en pago del sueldo de los vecinos del valle durante la toma de la fortaleza de Maya (Pamplona, 30-10-1522). Carta de poder de los vecinos del valle del Roncal otorgada a favor de Sancho de Alvear, capitán y comisario del valle, para recibir y cobrar de Juan Rena el sueldo por la toma de la fortaleza de Maya (Roncal, 18-8-1522).
Un año después, un recibo de Sancho de Alvear, comisario del valle del Roncal, de 2.570 maravedís entregados por Juan Rena para fin de pago de 10.000 maravedís por sus servicios en San Sebastián.
En el año 1526, en las calles de Lizarra/Estella, después de unas palabras de enojo entre Juan de Alvear, hijo de Sancho de Alvear, y Juan de Iturmendi y Martín de Iturmendi, hermanos carnales e hijos de Martín de Iturmendi y Juana de Garro, se encontraron “en el Puent de la Riba de la dicha ciudat, que pasan de la Carrera Luengua a la Rua, y así topados tres por tres se alló erido el dicho Johan de Albear de una cuchillada”, de la cual murió el colono español.
“Que sobre palabras de enojo, que obieron y pasaron entre los dichos Joan de Iturmendi y Martín de Iturmendi, y Joan de Albear, hijo legítimo de Sancho de Albear y de Joana de Ruedas, vecinos de la dicha ciudad de Estella, defuncto, se toparon en la Puente de Arriba de la dicha ciudad tres por tres y echaron mano por sus espadas y se tiraron muchos golpes y cuchilladas los unos contra los otros, y el dicho Joan de Albear fue herido de una cuchillada de la qual después de pasados algunos días murió y acabó sus días naturales, y que por ruego de algunas personas deudos de los sobredichos, el dicho Sancho de Albear, padre del dicho Joan de Albear, defuncto, ante que muriese les perdonó la muerte del dicho su hijo, y después de él muerto la dicha Joana de Ruedas, como madre y el Bachiller García de Albear y Pedro de Albear e María de Albear, muger legítima de Joan de Sangüesa, notario, vecinos de la dicha ciudad de Estella, hermanos carnales del dicho Joan de Albear, defuncto, y el dicho Joan de Sangüesa como tutor y curador de las personas y bienes de Sancho de Albear defuncto y de Tristant de Albear y de Jorge de Albear, menores hijos legítimos de los dichos Sancho de Albear y Juana de Ruedas”.
Llegaron a un acuerdo. Los Iturmendi pagarían los gastos hechos de cirujanos y de medicinas, además de las honras fúnebres, añadiendo una cantidad de socorro a la familia del muerto, redactándose un acta de perdón, el pacto se firmó el 5 de noviembre de 1530 estando ya muerto Sancho de Alvear.
En la crónica enviada al mariscal de Nabarra también menciona el español Sancho de Alvear la batalla de las Navas de Tolosa, de las siguientes formas, destacando la referencia a la esmeralda de Miramamolin y a las cadenas del escudo de los Zúñiga.
“(…) Averiguare, que es el poderoso Rey D. Sancho el fuerte de Navarra peleo en el cuerpo de la batalla tan poderosamente que su Alteza fue el primero que rompió la cadena que estaba alderredor del Miramamolin (…)”
“(…) el rey Don Sancho el fuerte rompió la cadena y fue para las tiendas del Miramamolin y dentro de la tienda principal estaba a manera de un farcel de yerro, de una red de hierro muy menuda y en medio daste farcel y red de yerro estaba donde se venían a juntar los cabos, una esmeralda verde de mui gran valor y como quiera que la mayor parte de las riquezas desta batalla que el Rey D. Sancho no quiso otra cosa sino trae por armas aquella red de hierro, que estaba hecho un carcel a manera de una camarica, y ansi de oy adelante se traen por armas estas mismas redes de hierro hallaron oy en dia en la Yglesia mayor de Pamplona en el coro y en la Yglesia mayor de Tudela la otra cadena que estaba rodeando (…) que el mismo rey quebro, repartelas a trozos para los Cavalleros (…) de aquella batalla, y a los Cavalleros de Zuñiga que eran cantabros (…) y les dio un trozo de cadena dorada por orlas (…)”.
