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2025/10/05

La Iglesia Católica contra el Estado de Nabarra


La Iglesia Católica contra el Estado de Nabarra

Iñigo Saldise Alda

“… del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones.” El Papa Clemente VIII

La Iglesia Católica sigue realizando a día de hoy un continuado saqueo sobre el patrimonio de los Pueblos nabarros, apropiándose ilegalmente mediante un proceso de privatización, el cual está siendo amparado por la jurisprudencia española, de diferentes iglesias, ermitas, casas, tierras y otros bienes públicos de los pueblos y ciudades de la actual Nabarra residual.

Las cifras que conocemos sobre dicho expolio son alarmantes, creciendo año tras año. Unos robos llevados a cabo por la imperial Iglesia Católica con la necesaria complicidad española, según nos informa casi diariamente la Plataforma de la Defensa del Patrimonio Navarro. Está claro, visto lo visto, que el Reino de España paga bien su compromisos negociados a lo largo de la historia con su más y siempre fiel aliada, la imperial Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Para saber de dónde viene dicha unión o alianza anti-nabarra, debemos remontarnos a la primavera del año 824, cuando los vasco(ne)s independientes o nabarros crearon el Reino de Pamplona tras alzar sobre el pavés a su mejor líder militar, Eneko Aritza, y titularlo así como rey ante las continuas amenazas bélicas provenientes de francos y árabes, que ponían en serio peligro la existencia del Pueblo más antiguo de Europa. Por aquel entonces las relaciones iglesia Católica y los nabarros cordiales y escasas.

Pese a ser un Estado cristiano, los primeros reyes de Pamplona o Nabarra, no dudaron en aliarse con los Banu Qasi, vasco(ne)s estos musulmanizados que vivían en torno a la ciudad de Tutera-Tudela, que no dudaron en mostrar el apoyo necesario para la formación del Reino o Estado vasco(n); todo ello, para combatir unidos al poder central del emirato musulmán cordobés y al afán expansionista del Imperio franco. El jefe de la Iglesia Católica o Papa León X, en el año 800 le otorgó a Carlomagno el título de Protector de la Cristiandad.

La relación existente en los primeros tres siglos entre la Iglesia Católica y el Reino de Pamplona(-Nájera) y Aragón, realmente se la puede considerar como buena y fluida, potenciándose la tendencia pre-romana con los reyes nabarros Sancho V y Pedro I. Pero no es hasta el reinado de Alfonso I el Batallador cuando el Reino nabarro alcanzó al fin su mayor esplendor teniendo a su control toda Baskonia, gracias a incrementar de una manera bastante considerable, la relación existente hasta entonces entre la dinastía vasc(on9a que gobernaba Nabarra y el Papa o emperador católico de Roma. Pero también durante este reinado, Iruñea-Pamplona volvía a ser la sede más importante del Estado vasco(n) y su obispo se vinculó directamente con el rey de Pamplona y Aragón, facilitando con dicho gesto una renovación importante en los altos cargos eclesiásticos existentes en la totalidad de Baskonia-Nabarra, lo que a la postre significaría el comienzo del deterioro en las hasta entonces buenas relaciones que se mantenía entre el Estado nabarro y el heredero de San Pedro, el Papa o Jefe máximo de la Cristiandad Católica.

Tras la muerte de Alfonso I el Batallador, su extraño testamento trajo duras consecuencias para el Estado de los nabarros. En su última voluntad el rey vasco(n) de Pamplona y Aragón, entregó los Reinos de Pamplona y Aragón a tres órdenes militares cristianas (católicas). Estas eran la del Santo Sepulcro, la de San Juan de Jerusalén y la del Temple. La nobleza nabarra se opuso y eligió como rey a García Ramírez el Restaurador, con la clara misión de reponer la monarquía vasc(on)a en los Reinos de Pamplona y Aragón;

Pero hubo una important intrusión, la del Maestre de la Orden del Temple y conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, quienl propuso a Ramiro el Monje, el cual tenía la idea de crear un Estado Teocrático en Nabarra al estilo del Papado. Esto contó con el inestimable apoyo del autotitulado emperador Alfonso VII de León y Castilla, siendo por tanto Ramiro el mejor candidato al trono de Pamplona y Aragón para el Papa o emperador de Roma, lo que finalmente provocaría la división definitiva del antiguo condado vasco(n) de Aragón del resto del Estado nabarro.

El Papa Benedicto IX se negó a reconocer a García Ramírez el Restaurador como rey de Pamplona otorgándole únicamente el título de dux, lo que facilitaba las pretensiones invasores de los Reinos cristianos vecinos de los nabarros, provocando así un continuo desmembramiento territorial del Estado vascón a lo largo del siglo XII.

Sancho VI el Sabio, tampoco fue reconocido como rey por el Papa San León IX, lo que obligó al monarca vasco(n), entre otras muchas cosas, a cambiar el nombre del Reino de Pamplona por el de Nabarra, ya conocido y utilizado desde los tiempos de Sancho I.

La Iglesia Católica tardó más de setenta años en reconocer el título de rey a los príncipes nabarros y para entonces, los Reinos de Castilla-León, Inglaterra, Aragón y Francia, ya habían comenzado a dar muestras de su desmesurado apetito imperial, invadido y ocupado ilegalmente numerosas tierras nabarras, sometiendo a continuación a los naturales del País y dando comienzo la colonización con asentamientos del ejército invasor, significando ello una importante herida para la soberanía de Nabarra.

En el año 1195 vuelven las amenazadas de excomunión y una nueva retirada del título de rey de Nabarra desde la jefatura de la Iglesia Católica. El Papa Celestino III llevó a cabo una bula contra el rey de Nabarra, acusándole de mantener relaciones diplomáticas con los reyes moros.

Un año después, 1196, el Papa fabricó una nueva bula en la cual no titulada a Sancho el Fuerte como rey, considerando a Nabarra como un Reino sin rey desde la intromisión de Ramiro II el Monje. En dicha bula el Papa lanzó una advertencia al rey de Nabarra por su alianza con los almohades, calificándola como ofensa directa a Dios.

Sancho VII de Nabarra recibió la sentencia de excomunión promulgada a lo largo del año 1197. El 8 de enero de 1198 murió el Papa Celestino III. El nuevo papa Inocencio III mantuvo la excomunión al rey de Nabarra en una demostración de la injerencia de la Santa Sede hacia el Reino nabarro. El Papa Inocencio III facilitaría así nuevas invasiones de los hostiles vecinos que siempre han tenido los nabarros, por ello, el monarca vasco(n) Sancho VII el Fuerte, se vió obligado a luchar en la batalla de Las Navas de Tolosa del año 1212, junto al mayor enemigo histórico de los nabarros, el rey de Castilla Alfonso VIII, que en el año 1199 había invadido y ocupado la parte occidental y marítima del Estado vasco(n) de Nabarra.

Por el contrario la jefatura Católica es comprensiva con el rey de León, el cual también se negó a asistir junto al resto de “aliados” cristianos contra los musulmanes y que gracias Sancho VII de Nabarra los cristianos finalmente lograron una importantísima victoria, la cual sirvió para cambiar decisivamente la balanza del poder religioso en la Península Ibérica, pero que no sirvió para que desde la Iglesia Católica se instara al Reino de Castilla a desalojar y devolver las tierras ocupadas ilícitamente al Reino de Nabarra.

Hasta la invasión y ocupación española del año 1512, las relaciones entre la Iglesia Católica y los nabarros, se puede afirmar que se fueron estabilizando, siendo estas más o menos cordiales en los diferentes reinados. El Reino de Nabarra participó activamente en varias cruzadas contra los musulmanes junto a otros Estados europeos, entre ellos el Reino de Francia, además de asistir a los diferentes concilios organizados por orden del jefe de la Iglesia Católica o Papa.

Es en mayo del año 1512, ante la incipiente amenaza militar proveniente del autotitulado rey de España, Fernando II de Aragón, conocido por nosotros los nabarros como el Falsario, cuando la neutral Nabarra mediante su Consejo Real, requiere el Pase o exequáter de las Bulas Pontificias por el Consejo. Todo ello al estar el Reino de Nabarra totalmente asentado en el espacio de las Naciones Europeas. Esta petición realizada por parte de los nabarros nunca fue atendida por el Papa Julio II, emperador de Roma y aliado acérrimo del maquiavélico Fernando de España.

Para facilitar las ansias invasoras de Fernando de España, el 21 de julio del año 1521, aparece la Bula Pastor ille celestis, falseada ésta, donde no se nombra a los monarcas nabarros, Catalina I y Juan III de Nabarra, pero en cambio si se refiere a cierto veneno de herejía que afectaba a los cántabros y nabarros, lo que no justificaba, ni de lejos, la invasión y ocupación militar del Reino de Nabarra por parte española. El voraz e insaciable apetito imperial del rey de España, Fernando el Falsario, hace que desde la Cancillería de Aragón se falsifique una segunda Bula ese mismo año y que lleva por título Exigit contumatiam, vinculando así al Estado de Nabarra a la condición de colonia española y que ha servido hasta hoy día al Estado español, para justificar toda suerte de atropellos y crímenes realizados por su inquisición, junto a la destrucción de los castillos nabarros y la expulsión de la nobleza e intelectualidad humanista del territorio ocupado por soldados españoles, extranjeros en la tierra de Baskonia. La tercer Bula, etsi obstinati, también falsificada ante la complicidad pasiva de la Iglesia Católica, es ya una clara condenación de los reyes nabarros, Catalina de Foix y Valois junto a su consorte Juan de Albret y Châtillon.

A pesar de que el jefe de la Iglesia Católica el Papa Julio II, sólo proclamó la bula contra Luís XII de Francia, Universis Santae Matris Ecclesiae, y que las otras tres serían falsificadas por orden expresa del rey de España, Fernando el Falsario, la Iglesia Católica nunca se ha posicionado frontalmente contra la falsa historiografía española, mediante la cual los españoles defienden sus supuestos Derechos de conquista basados en la Bula Exigit contumatiam, siendo precisamente esta la que sirvió para asentar realmente la ocupación militar española en el Estado de Nabarra.

En ella se dispensaba a los nabarros bajo pena de excomunión, de continuar obedeciendo a sus legítimos y privativos reyes, Catalina I y Juan III, a quienes habían jurado "por Fuero Sacrosanto ancestral" lealtad, nunca jamás hasta entonces violado de manera unilateral. Con ella, el rey de España condenaba personalmente a los reyes de Nabarra, más a todos los nabarros que masivamente les defendían, por lo que el Estado de España no dudó en imponer en esta tierra su horrenda ley de excepción, la cual arruinó la evolución claramente humanista existente desde los tiempos del príncipe Carlos de Biana. Una imposición que buscaba el sometimiento y la subordinación del Pueblo-Nación de Nabarra y que devastó brutalmente nuestro territorio, al menos aquel situado al sur del Pirineo.

El Papa León X sustituyó a Julio II como emperador de la cristiandad católica, siendo también un leal escudero para los intereses españoles en el recientemente ocupado Reino de Nabarra. Catalina I y Juan III, reyes de Nabarra, enviaron innumerables delegaciones a Roma, sede de la Iglesia Católica, las cuales en muchos casos ni siquiera llegaron a ser recibidas por el mayor aliado que han contado los españoles en su ilegal acción contra el Reino de Nabarra.

El ascenso al trono del Estado de Nabarra de Enrique II el Sangüesino, significó una mayor reivindicación por parte de los nabarros hacia el emperador católico de Roma. León X debía obligar al Reino de España a retirarse de las tierras ocupadas por su ejército al sur del Pirineo, pero León X, siguiendo con la mayor infamia y tradición católica a los nabarros, dio la espalda Enrique II de Nabarra. En diciembre del año 1521 moría León X sin haber hecho nunca nada en favor los nabarros, después de que las tropas españolas hubieran invadido y ocupado de nuevo el Reino de Nabarra, tras derrotar y matar a más de 5000 entre nabarros y aliados, en las campas de Noain-Ezkirotz-Barbatain.

Por primera y última vez hasta el día de hoy tras la ilegal invasión por parte española del Estado de Nabarra, un Jefe de la Iglesia Católica se postulaba a favor de la causa de los nabarros. Este fue el Papa Adriano VI, pero su repentina y extraña muerte en septiembre del año 1523, provocó que en Nabarra se celebraran funerales por su defunción. Esto fue aprovechado de nuevo por los españoles, los cuales impidieron el nombramiento de nabarros para altos cargos en la jerarquía eclesiástica en la Nabarra ocupada. Roma miraba a otro lado y volvía a ser así el silencioso y mayor aliado de los españoles, principales enemigos de los nabarros.

La llega al trono católico de Clemente VII realmente fue una mala noticia para los nabarros. El rey Enrique de Albret y Foix II de Nabarra, fue hecho prisionero en la batalla de Pavía por las tropas imperiales de Carlos I de España y V de Alemania, junto a su amigo el rey de Francia. Tras la fuga del nabarro, este se casó con la hermana de Francisco I de Francia, Margarita de Angulema-Aleçon-Orleans y Saboya, quien se encargaría de potenciar el humanismo en la Corte de Nabarra, algo que realmente aborrecía Clemente VII, el cual a pesar de estar prisionero del emperador español Carlos I desde el año 1527, fue cómplice activo en las decisiones de su captor, incluidas las que iban en contra de los nabarros que soportaron en dicho periodo la incansable y brutal caza de brujas por parte de la inquisición española.

Pablo III tras la muerte en el año 1534 de Clemente VII, toma las riendas del imperio católico. En un principio se posiciona con el Reino de Francia, provocando un ligero enfrentamiento con el Reino de España. Pese a ello, los nabarros no consiguen ningún avance diplomático en sus reclamaciones políticas, principalmente en las concernientes a la materia territorial o geopolítica. Solo se consigue la anulación del primer matrimonio de la princesa de Biana Juana de Albret y Angulema. La política anti-humanista del Papa le enfrentó de lleno contra el Nabarrismo incipiente de esa Corte de Pau, en la Nabarra soberana y a su vez, le llevó a aprobar reiteradamente el voraz apetito colonialista llevado a cabo por los invasores españoles en las tierras nabarras ocupadas y sojuzgadas del sur del Pirineo.

Tras su muerte toma el control del imperio cristiano el Papa Julio III. Durante sus cinco años de reinado no atiende ninguna reclamación proveniente del Estado soberano de Nabarra, ya que estaba centrado en el Concilio de Trento impulsado por su predecesor. Marcelo II apenas tuvo tiempo de atender alguna reclamación nabarra, ya que no ostentó el cargo de Jefe de la Iglesia Católica ni siquiera un mes. En cambio, el viejo y colérico Pablo IV, tras ponerse al mando del imperio católico de Roma en mayo del año 1555, pondera el denominado Reino del Terror con el cual pretende combatir las reformas protestantes de Lutero y Calvino. El Nabarrismo es un enemigo más al que combatir debido a la “rebeldía” de los nabarros. Su carácter impulsivo le llevó incluso a realizar un boceto donde planteaba entregar la Nabarra soberana del norte del Pirineo a la monarquía católica española.

En diciembre del año 1559 la Corona del Vaticano recae en Pío IV, el cual comienza una política de presión sobre Felipe II de España para buscar la resolución definitiva a la legitimidad de los reyes privativos de Nabarra. El obispo católico de Comminges Pedro de Albret y Ganuza llevó a Roma la carta de adhesión al nuevo Papa firmada por la mismísima reina Juana III de Nabarra y de su marido Antonio de Bourbon y Aleçon. Pedro de Albert y Ganuza había sido elegido como el encargado de realizar las negociaciones pertinentes, con las cuales se restituirían al Reino Soberano de Nabarra las tierras ocupadas por las tropas españolas. En enero del año 1561, el jefe de la Iglesia Católica nombra a los reyes de Nabarra legítimos soberanos para todos los territorios de Baskonia, incluidas las tierras ocupadas y devastadas por las tropas españolas y la inquisición. Pero, el Estado de España reacciona, presiona y se interpone con falsedades y promesas en la resolución del conflicto. Roma entonces rechaza a todas las delegaciones provenientes del Estado de Nabarra. El emperador de Roma traicionó el juramento dado a los nabarros, lo que provocó la entrada definitiva del Nabarrismo religioso en el Reino Pirenaico, contando este con una base plenamente calvinista, pero con gran semejanza al Anglicanismo del Reino de Inglaterra.

Su sucesor el Papa Pío V, fue el gran inquisidor del catolicismo, precisamente en un momento en el cual en el Estado Pirenaico de Nabarra se extendía la tolerancia religiosa y el respeto a las personas y opiniones. Después de él llegó al trono de Roma Gregorio XIII. Este emperador católico tras enterarse del asesinato a manos francesas de la reina Juana III de Nabarra, lo celebró abiertamente y posteriormente tras la matanza de San Bartolomé, ordenó que se cantara Te Deum en las iglesias de Roma. Sus aliados españoles, con su rey Felipe II al frente, también lo celebraron por todo lo alto. El nuevo emperador católico romano Sixto V, se alió de nuevo con el Reino de España. Por ello instó a la invasión de Inglaterra y de pasó, incentivado por su odio al humanismo nabarro, condenó y excomulgó por hereje calvinista a Enrique III de Nabarra. Sixto V realizó la condenación más clara que se ha realizado desde estado Pontificio contra el Nabarrismo, mediante una Bula que obligó firmar a 25 cardenales cristianos, católicos, apostólicos y romanos. Posteriormente, ante el ascenso al trono francés de Enrique III de Nabarra, Sixto V favoreció y preparó la conversión de el Bearnés al catolicismo, sin que esto supusiera algo beneficioso para el Reino de Nabarra.

Urbano VII, Gregorio XIV e Inocencio IX, apenas pudieron hacer daño a los nabarros, aunque intentaron incluir al Nabarrismo dentro de la Reforma. Sus mandatos en el imperio católico fueron extremadamente cortos, llegando solo a sumar algo más de un año entre los tres. Tras ellos llegó Clemente VIII, quien retiró la todavía existente excomunión a Enrique de Bourbon y Albret, pero solo como rey de Francia y manteniéndosela como rey de Nabarra, exigiéndole además la imposición de una única doctrina, la católica, para el Reino Pirenaico de Nabarra, manifestando incluso que el edicto de Nantes era obra del mismísimo diablo. Este emperador de Roma, llegó a afirmar lo siguiente:

“(…) del Navarrismo se reirán un día las futuras generaciones.”

León XI nunca, objetivamente, llegó a preocuparse de los asuntos de los nabarros, algo que si sucedió con Pablo V, último emperador católico de Roma que se inmiscuyó en los asuntos de los nabarros libres y soberanos.

Pablo V llegó a mencionar, en uno de sus conclaves, que habría más paz en el mundo si Enrique III de Nabarra y VI de Francia fuera asesinado, algo que finalmente llevó a efecto el ultra-católico jesuita François Ravaillac en el año 1610. Tras la muerte de Margarita de Valois-Angulema y Médicis, Louis XIII de Francia, sin contar con legitimidad alguna al trono del Reino de Nabarra, invade y ocupa el Estado Pirenaico, el cual para satisfacción de españoles y principalmente del Jefe de la Iglesia Católica, es declarado tras el ilegal Decreto de la Unión de Paris como parte del católico Reino de Francia, completándose así la destrucción del Estado más humanista y libertario existente hasta entonces en toda Europa, cerniéndose desde entonces la oscuridad retrógrada del catolicismo sobre los nabarros, una doctrina que ha facilitado así la colonización de los imperios español y francés del Estado de Nabarra.

En marzo del año 2000, el jefe de la Iglesia Católica, el Papa Juan Pablo II, pidió públicamente perdón por siete errores históricos de su Iglesia, mediante la Bula Incarnationis Mysterium. A día de hoy, con el Papa León XIV como el Jefe de la Iglesia Católica, todavía no han pedido desde la Iglesia Católica perdón a los nabarros por la intolerancia, la violencia, los magnicidios de los jefes de Estado nabarros con las guerras de religión como fondo, el abuso de Inquisición española, las excomuniones a los reyes de Nabarra y de su leales súbditos, su hostilidad contra la mitología vasc(on)a, su alianza con los Estados que impiden el Derecho primordial de autodeterminación, independencia y soberanía de los nabarros y su continua cerrazón cultural y ética mostrada desde la Iglesia Católica.

Por ello realmente, por muy creyentes que haya entre nosotros, a los nabarros no nos vale únicamente con dicho perdón, sino no está cargado de un gran arrepentimiento, pasmado cuando vuestra Iglesia pague la enorme deuda histórico-política que tiene con el Estado de Nabarra. Pero… ¿Cuando la Iglesia Católica pagará la enorme deuda que tiene con los nabarros, las nabarras y su Estado? Probablemente la respuesta sea nunca y por ello debamos atender de nuevo las palabras del gran dramaturgo inglés, William Shakespeare, que nos dijo: El que muere paga todas sus deudas y anhelar la total desaparición de la faz de la tierra a la gran secta de las sectas, por su ambición desmesurada e imperialismo imparable, que ha alcanzado todo su poder mediante la hipocresía, la violencia, la intransigencia, el fanatismo, la intolerancia, el odio, el miedo, el robo, el asesinato, la desconfianza y el terror, que conocemos como Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

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Descolonizando la mente descolonizaremos Nabarra

 

Descolonizando la mente descolonizaremos Nabarra

Iñigo Saldise Alda

Todo proceso de colonización da inicio tras la ocupación física de la tierra y la dominación del Pueblo que la habita, siempre llevadas a cabo de forma o manera ilegal por parte de un ejército invasor imperial, a lo que hay que sumar posteriormente la imposición ilegítima de sus Leyes, su política, su cultura y su lengua, las cuales son emanadas y promulgadas desde su metrópoli.

En el caso de las tierras de nuestro Estado de Nabarra y del Pueblo-Nación de Nabarra, los colonizadores son dos imperios, el español y el francés, contando ambos con la inestimable colaboración del Estado Pontificio de Roma o Vaticano.

Toda colonización de un Pueblo, de una Nación, encierra lo que podríamos llamar ciertos aspectos mentales que se encuadran claramente en el denominado Síndrome del Colonizado. El adoctrinamiento religioso, junto a la asimilación política, jurídica, social, económica e incluso cultural, son patrones comunes que se ven abocados todos los Pueblos colonizados, donde por supuesto, debemos incluir al Pueblo vasco(n) de esta parte de Europa, creador de la Nación nabarra. Así pues, Podemos afirmar sin ningún tipo de equívoco o duda, que la colonización se compone de dos aspectos primarios: la colonización física y la colonización mental.

Antes de la colonización imperial franco-española, el Pueblo vasco(n) era soberano y vivía en un Estado independiente, el cual, gracias a las Leyes de la Nación nabarra era libre. A través de la continuada colonización española y francesa, los nabarros se ven privados de su libertad y pasan a vivir en una situación de oprimidos, sojuzgados, sometidos y esclavizados.

Con el único y noble fin de ser liberado el Pueblo-Nación de Nabarra de la colonización, de la tiranía del Reino de España y de la República de Francia, imperios indudablemente opresores, es obligado aplicar el proceso inverso al realizado por la colonización. Es decir, se debe comenzar con la descolonización mental del Pueblo-Nación de Nabarra, para a su vez ir avanzando hacia la descolonización política del Estado de Nabarra.

Hay que comenzar teniendo claro que la colonización es siempre destructiva. Esta destrucción y maltrato se puede comprobar en la interiorización de algunos aspectos o caracterizas básicas y generales a cualquier Pueblo que sufre, o incluso ha sufrido en el pasado la colonización, que actualmente podemos encontrar en cualquier vasco(n), especialmente en los que residimos esta parte de Europa, y que debería ser nabarro. Estas son las siguientes:

1. Violencia interna y agresividad: La ira y la violencia dirigida hacia uno mismo, hacia la familia, la comunidad e incluso a las instituciones propias aún existentes es frecuente. Esto puede incluir a la violación, el asesinato, el asalto, el aberrante abuso sexual de los niños y niñas, el suicidio, la censura, el robo, la estafa, etc. La violencia irracional en la persona da como resultado hombres colonizados por culpa de las condiciones de opresión que la propia colonización impone a las personas sometidas. Es decir, la pérdida continuada de la identidad política y cultural es lo que supone finalmente la ruptura o fragmentación de la Nación. Principalmente esto es debido a las metodologías específicas utilizadas por la Nación o Naciones colonizadoras, a través de una imposición educativa concreta donde se oculta y manipula la verdadera historia de la Nación sojuzgada y esclavizada, mientras se ensalza la de dichos imperios opresores.

2. El individualismo - interés propio y/o partidista: Con la ruptura de la Nación, la fragmentación junto a la competencia individual y/o partidista dentro de la política impuesta desde los Estados imperialistas y colonialistas, ha venido a reemplazar al sentido de unidad y de comunidad que una vez fue la base de la sociedad oprimida, acentuándose la estigmación, la censura y los enfrentamientos dialécticos entre los miembros de la Nación sojuzgada y sometida.

3. Descuido de la cultura y de la lengua - la asimilación: Una táctica clave para que la colonización salga triunfadora, es retratar la cultura y la lengua del Pueblo-Nación sometida como algo negativo e irrelevante para la sociedad moderna actual. Una vez que esta creencia comienza a estar muy arraigada dentro de la persona sojuzgada, no le queda otro remedio que asimilar la cultura y lengua impositiva para ajustarse finalmente a la sociedad colonial.

4. Complejo de inferioridad - crisis de identidad: El objetivo de los colonialistas con respecto a las personas a las que someten, es hacerles creer que en su cultura y en su lengua hay poco o nada de aspectos positivos en ellas. La dominación física y mental ejercida desde los Imperios colonialistas, verifica la imagen negativa cultural de los Pueblos a los que subyuga, algo que también realizan sobre su historia. La supremacía militar de los colonizadores es la base de ciertas actitudes, plataformas o papeles fundamentales que sirven para el aparecimiento del complejo de inferioridad en los Pueblos que someten. Los miembros de esos Pueblos-Naciones comienzan a cuestionarse su auténtica identidad política, incluso perdiéndola totalmente, pasando a estar atrapados entre el concepto histórico de la actualidad y esa realidad histórica que les han inculcado desde los aparatos fácticos de los Estados colonizadores.

5. El abandono de la reclamación de territorios históricos: La colonización crea un sentimiento de dependencia a las instituciones impuestas, tanto en las ciudades existentes en colonias como de las propias de las metrópolis. Con el fin de beneficiarse de los programas coloniales, los partidos políticos dados de alta en los imperios colonizadores, abandonan las reivindicaciones territoriales propias y se ajustan a las divisiones comarcales, departamentales o provinciales impuestas por el colonialismo. El acto de la división y del aislamiento de los Pueblos esclavizados en las áreas marcadas desde las metrópolis, es una táctica para forzar a la gente de la periferia del territorio ocupado a la asimilación colonial, la cual incluso puede llegar a utilizarse como cabeza de lanza contra el resto del Pueblo-Nación sometida en caso de necesidad política imperial impositiva. Esto permite que los Estados colonialistas asuman la jurisdicción política sobre las tierras que fueron controlados una vez por las Pueblos-Naciones Libres.

Por el contrario, la descolonización es el acto de invertir totalmente el proceso de colonización. Por ello, se puede decir que la descolonización es lo opuesto a la colonización, por lo que sin ningún tipo de duda es altamente constructiva. Los siguientes métodos de la descolonización se dirigen a revertir los efectos destructivos del colonialismo que se han descrito más arriba y por ello son de gran interés para los vasco(ne)s de esta parte de Europa, es decir, para los nabarros:

1. Concienciación del problema: El aumento de la conciencia de la situación opresiva que viven en los Pueblos bajo yugo imperial, mediante la exposición a una descripción política más realista de la historia, junto a la identificación del enemigo o enemigos que crearon y mantiene dicha situación de dominación colonial, es un ejercicio primordial con vistas a alcanzar de nuevo la libertad. Una estrategia eficaz puede incluir la lucha con métodos apropiados tales como: la educación de uno mismo y servir como ejemplo para otros, la defensa soberana de los Derechos de los Pueblos-Naciones, junto al ejercicio geo-político de la defensa del territorio absoluto o pleno. Estas actividades suministran experiencias que inculcan un sentido de propósito Nacional, mediante la participación activa de las personas en las acciones que hacen una contribución positiva a su Pueblo-Nación y en última instancia, dan sentido político de sí mismo ante los colonizadores. Este proceso que podemos considerar de curación de la violencia irracional y de la agresividad colonial, es un mecanismo más se puede servir para identificar los sentimientos negativos que se conservan de la colonización y así, posteriormente lograr eliminarlos.

2. El obligado entendimiento de que un Pueblo y una Nación comparten la misma ascendencia: Durante las primeras etapas de la descolonización mental, la unidad y la convivencia juega un papel vital en el fortalecimiento de las unidades políticas nacionales. Una persona en proceso de curación del colonialismo que sufre, debe de ser consciente de la historia opresiva que le ha tocado vivir a su Pueblo, a su Nación. La actitud individualista introducida a través de los subsidios de la colonización, produce naturales inclinaciones en el sometido de cuidar de su Pueblo-Nación, apoyándose los unos a otros, facilitando la unidad. Así los intereses propios llegaran a deteriorarse totalmente, mientras que los importantes intereses Nacionales se convierten en un elemento clave, como una necesidad primordial en el proceso de descolonización.

3. La revitalización de un sentido de nacionalidad, junto a la apreciación de los conocimientos y formas de ascendencia propia: Las filosofías tradicionales de respeto y aprecio a la Tierra, a la vida, hacia los demás y hacia uno mismo, son las partes positivas de la cultura vasc(on)a que sobrevive hoy en la Nabarra colonial, los cuales debemos incentivar, junto a la comprensión de los aspectos negativos e incluso positivos de la actual sociedad colonial es de sustancial importancia. La enseñanza de los aspectos negativos de la colonización deben destacarse, mientras que los pocos aspectos positivos que haya deben utilizarse. Hay que reconocer que todas las personas vasc(on)as de esta parte de Europa han sido, son asimiladas en un grado u otro; nadie es inmune o está libre a la influencia de la colonia o la asimilación. Si bien esto sigue siendo cierto, también hay que admitir que la cultura vasc(on)a y las formas didácticas de la Nación nabarra no son estáticas. Si las personas vasc(on)as no se habían sometido a la influencia del colonialismo, no sería las mismas sociedades sociopolíticas y culturales exactas como las que existían en el momento del violento contacto militar inicial. Es en este punto donde la persona vasc(on)a tiene que aprender a existir dentro de un ambiente colonial, pero de una manera descolonizada.

4. Reconociendo la fuerza de la sociedad nabarra: Si bien las Naciones están sometidas a las exposiciones de las verdades de la historia, la persona se da cuenta de las falacias y mentiras vertidas desde los Estados colonialistas con respecto al Estado de Nabarra. La continua desinformación, ejecutada desde los poderes fácticos coloniales españoles y franceses, concretamente en lo referente a la historia, a la cultura, a la jurisprudencia y a la política de Nabarra, es primordial para el mantenimiento del actual Estado colonial. Ésto es importante para ampliar y acelerar el proceso de descolonización, poner a circular de forma más precisa y veraz las enumeraciones histórico-políticas de la sociedad nabarra. En primer lugar, la educación debe ser dirigida por la Nación nabarra y el enfoque no solo debe estar dirigido a la sociedad nabarra, sino también hacia personas de otros Pueblos, de otras Nacionalidades. Como los Pueblos colonizados han adquirido un claro complejo de inferioridad a través de las medidas opresivas imperialistas y colonizadoras, con el cual incluso se han acostumbrado a vivir, la reacción inicial puede ser para derrocar a sus opresores y hacerse con el control de las riendas políticas en unas instituciones coloniales impuestas en su territorio natural. La persona vasc(on)a tiene que entender que la actual sociedad y estructuración política colonial en la que vivimos es totalmente destructiva. Lo positivo pueden ser unos pocos aspectos o matices, que contienen los únicos componentes beneficiosos que pueden contribuir al proceso de descolonización, ya que recordemos que es imposible para una Nación colonizada, volver a la tradicional forma de vida, ya que su mentalidad, el medio ambiente y los avances tecnológicos han transformado drásticamente el paisaje. Sin embargo, la incorporación de los aspectos positivos de la modernidad de la sociedad, junto a ancestrales Leyes propias, contribuirán a la superación de los efectos de la inferioridad y de crisis de identidad política propia.

5. Correcta reclamación territorial: Esto incluye la reclamación de las fronteras políticas naturales del Estado de Nabarra a nivel internacional. A esto se le puede sumar simbólicas reivindicaciones personales, como la de ondear la bandera nacional de Nabarra en los diferentes rincones de nuestra correcta geografía política. También se puede realizar un incremento de las actividades políticas dentro del territorio nacional de Nabarra, como marchas a lugares emblemáticos, castillos, fortalezas, rendir homenaje a los héroes caídos en batallas históricas, etc., siempre teniendo como objetivo principal nuestra apropiada afirmación territorial y la eliminación de las fronteras coloniales impuestas en nuestro territorio.

Para concluir, decir que la colonización solo es constructiva para la sociedad de los Estados colonizadores y totalmente destructiva para la sociedad sometida o esclavizada. Por el contrario, la descolonización es plenamente constructiva para la sociedad sojuzgada, como la nabarra, ya que es la única vía política posible que tiene para recobrar la libertad. Ni que decir tiene, que la descolonización es absolutamente destructiva para la sociedad emanada de los Estados coloniales e imperialistas, como son el Reino de España y la República de Francia.

La libertad de expresión y su importancia

La libertad de expresión y su importancia

Iñigo Saldise Alda

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión." Artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos, 1948.

“El derecho a la libre expresión es uno de los más fundamentales, ya que es esencial a la lucha para el respeto y promoción de todos los derechos humanos. Sin la habilidad de opinar libremente, de denunciar injusticias y clamar cambios - el hombre está condenado a la opresión. Por estas mismas razones, el derecho a la libre expresión es uno de los más amenazados, tanto por gobiernos represores que quieren impedir cambios, como por personas individuales que quieren imponer su ideología o valores personales, callando los otros. La lucha por la libertad de expresión nos corresponde a todos, ya que es la lucha por la libertad de expresar nuestro propio individualismo. Respetar la libertad de los demás a decir cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos, es respetar nuestra propia libertad de palabra”. Derechos Human Rights

La libertad de expresión fue uno de los pilares de la guerra de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica y también de la Revolución francesa, sucesos históricos importantes de la historia mundial, ya que removieron las Cortes de los demás Estados occidentales. La libertad de expresión está reconocida como un Derecho fundamental del ser humano y de ella deriva la denominada libertad de imprenta o prensa. El Derecho a la libertad de expresión es especificado por la Jurisprudencia Internacional, como un medio necesario para la libre difusión de las ideas, pues así fue concebido durante el periodo histórico de la Ilustración. Para grandes filósofos como Montesquieu, Voltaire, Rousseau y Pach, la posibilidad del desacuerdo y la discordia, impulsa el avance de las artes y las ciencias, especialmente importante para una auténtica participación política.

La libertad de expresión siempre se ha visto coartada por aquellos sistemas totalitarios, imperialistas y colonizadores, porque el ejercicio de la misma puede llegar a suponerles el cambio de sistema político y/o colonial. El ejercicio absoluto de la libertad de expresión es indiscutiblemente beneficioso para el ser humano, ya que supone que cualquier individuo aprecie cuales ideas son verdaderas, falsas o relativas, siempre y cuando todo ser humano tenga el acceso a los medios y exponer sus ideas, pues de lo contrario, aquellos que posean más capacidad en los medios de comunicación, impondrán sus ideas y estas, pasaran a ser totalitarias o fascistas.

Incluso si alcanzáramos tener la absoluta certeza de la verdad en cualquier opinión, la existencia de opiniones discrepantes, contrarias o disidentes, tiene la capacidad de ponerla a prueba, manteniéndola viva, pues esa idea está fundamentada en una ponencia verdadera, pero a su vez evitando gracias a la libertad de expresión, que se convierta en dogma o credo.

Actualmente y debido a la continuada acción colonizadora llevada a cabo por parte de los Imperios de España y Francia, el ejercicio de la censura está firmemente asentado en la colonia de Nabarra. La falta de libertad de expresión que es incentivada desde las metrópolis de Madrid y París, es final y tristemente ejecutada por agentes y empresas de este País que sufren y padecen el denominado síndrome del colonizado.

Algunos de vosotros podéis pensar que esta afirmación es cuando menos ligera, pero tristemente dicho pensamiento-respetable para cualquier defensor de la libertad de expresión-es tan real como la vida misma.

Todo aquel que esté dentro del movimiento estatalista, soberanista e independentista nabarro, debe tener presente y ser consciente de la necesidad del total ejercicio de la libertad de expresión, pues ésta debe ser un pilar importantísimo para nuestra noble causa Patriótica, ya que en su total cumplimiento y práctica facilitaremos nuestra descolonización mental y nos acercaremos de forma irreversible a la liberación absoluta del Estado de Nabarra.

Enrique III de Nabarra frente a Henri IV de France y sucesores


Enrique III de Nabarra frente a Henri IV de France y sucesores

El Bearnés frente al Grande, al Justo y al rey Sol

Iñigo Saldise Alda

El Reino de Nabarra al norte del Pirineo, se mantuvo independiente hasta el año 1620; concretamente hasta la violenta e ilegal anexión al reino de Francia realizada por el Bourbon Louis XIII. Desde el reinado de Juana III de Nabarra, tanto la Tierra de Laburdi como la de Xiberoa, junto al Vizcondado del Biarno-Bearne y los condados de Foix, Bigorre, Albret, Gabardan y Nebouzan, pertenecían al Estado de Nabarra, como así lo atestigua que fuera el Regente y Lugarteniente General de las mismas por aquella época, el leal patriota nabarro Antonio de Agramont, conde de Gramont(1).

Su hijo Enrique, cuando era príncipe de Biana, junto a su hermana Catalina recibieron una educación de fuerte carácter humanista y conforme, en lo que se refiere a materia religiosa, a las creencias reformadoras de su madre Juana III de Nabarra, adquiriendo así una formación acorde con el Nabarrismo auténtico. Tras la muerte de su padre el rey de Nabarra y duque de Vedôme Antonio de Bourbon y Aleçon el día 10 de noviembre del año 1562, en el marco de la primera guerra de religión que asoló el Reino de Francia, los títulos nobiliarios de éste pasaron al joven príncipe de Biana, Enrique de Bourbon y Albret. La Casa de los Bourbon eran descendientes directos de San Louis IX, siendo por ello herederos de la casa de Valois, reinante en esos momentos en el Estado de France.

En el año 1572 la reina de Nabarra Juana de Albret y Valois-Angulema, fue envenenada en la Corte francesa de París por orden de su archienemiga la rrina madre de Francia Catalina de Médicis y la Tour d’Auvergne. Enterado de la noticia y tras ser coronado como rey de Nabarra en territorio del Estado Pirenaico, Enrique III de Nabarra entró en París junto a 900 caballeros nabarros vestidos de negro impoluto, color representativo los protestantes.

Enrique III de Nabarra se mostró partidario de continuar con el matrimonio concertado con la bella princesa de Francia Margarita de Valois y Médicis. Esta boda no contó con el apoyo del emperador de Roma o Papa, teniéndose que realizar en la puerta de la iglesia de Nôtre-Dame debido a las creencias reformistas de Enrique III de Nabarra.

En la noche de San Bartolomé del mismo año, los católicos franceses atacaron a los protestantes, tanto franceses como nabarros, esgrimiendo como escueta excusa la herejía y la defensa de la fe Católica. En total en el Reino de France, fueron brutalmente asesinadas unas cien mil personas, protestantes en su mayoría, y con ellos la inmensa totalidad del séquito de 900 nabarros del rey de Nabarra. El propio monarca nabarro fue hecho prisionero y forzado a convertirse al catolicismo, además de verse obligado a proclamar al catolicismo como religión única de todo el Reino de Nabarra, teniendo que permanecer de manera obligada en la Corte de París. Enrique III de Nabarra posteriormente consigue huir de París y de los católicos franceses.

Enrique III de Nabarra abjuró de la religión Católica nada más entrar el Reino Pirenaico y de inmediato se puso al mando de las tropas protestantes en la cuarta guerra de religión, que pronto se transformaría en la conocida como la guerra de los tres Enriques, que implicaba al propio rey de Nabarra, al nuevo rey de Francia y a el ultracatólico Henri I de Guisa y Este. Henri III de France, tras reconocer a Enrique III de Nabarra como heredero o sucesor al trono francés, muerió asesinado por un ultracatólico del partido de Guisa en el año 1589. La muerte del último Valois, permitió, en teoría, al rey de Nabarra convertirse en rey de Francia. Pero para poder lograrlo, Enrique III de Nabarra tuvo que mantener una guerra abierta contra la Liga Católica francesa encabezada por el partido de Guisa, el emperador de Roma o Papa y el rey de España Felipe II, que se negaban a reconocerlo como rey de Francia. En fases de este enfrentamiento Enrique III tuvo que retirarse al Reino de Nabarra, donde logró preparar un ejército que debería facilitarle el acceso al trono francés mediante la vía militar. En el año 1585, el Papa Sixto V, excomulga por hereje al que a la postre sería el último rey de Nabarra.

Las tropas protestantes franco-nabarras consiguieron algunas victorias, pero París consiguió resistir gracias al apoyo de las tropas españolas comandadas por Alejandro Farnesio. En el año 1593, el rey de Nabarra se convierte al catolicismo con el fin de obtener el trono de París, algo que se resumiría con una frase que falsamente se le atribuye, “París bien vale una misa”. Esta coronación no supuso la unión de los dos Estado o Reinos, ya que Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France mantuvo la independencia de Nabarra, cuyas Cortes legítimas estaban situadas en Pau, mientras que en Donapelau estaban los Estados Generales y se continúa acuñando la moneda del Reino Pirenaico independiente.

En el año 1598, Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France, firma la paz de Vervins con el Reino de España. En ese Tratado sobre el conflicto existente en Flandes entre los Reinos de Francia y España, el rey nabarro introdujo una clausura concerniente a la ilegal anexión de las tierras del sur del Pirineo por parte española, negándose claramente en ella, a legitimar el atropello militar español. Ese mismo año también realizó el Edicto de Nantes, donde se reconoce la libertad de religión en los Reinos de France y Nabarra, a semejanza del Manifiesto de los Gentileshombres y del Pueblo de Nabarra realizado treinta años antes por su madre Juana de Albret y Valois-Angulema, reina de Nabarra. Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France pretendía que el Edicto de Nantes se extendiese a los demás Reinos europeos, legalizando con ello el protestantismo y poniendo las bases definitivas para acabar con las guerras de religión en Europa, que en menos de un siglo habían costado millones de muertos.

Esta decisión le supone una nueva excomunión a Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France, por parte del emperador de Roma de turno. Enrique III casó en segundas nupcias con María de Médicis y Habsbuego-Jagellón en el año 1600. De esta unión nacería el futuro Louis XIII de Francia, el cual no fue educado según las condiciones existentes en el Fuero nabarro, ni presentado a las Corte nabarras, pasos obligados para ostentar el título de príncipe de Biana y así poder acceder al trono del Reino de Nabarra bajo elección determinada en el Preámbulo del Fuero del Biarno-Bearne realizado por Enrique II de Nabarra el Sangûesino, sino que recibió toda su educación católica en la corte francesa de Paris, concretamente de manos del Cardenal Richelieu.

En el año 1607 Enrique III de Nabarra y (Henri) IV de France deja escrito un testamento(2) en el cual queda bien claro que el Reino de Nabarra lo diferencia del Reino de France cuyo legítimo heredero es el delfín de Francia Louis de Bourbon y Médicis, pero también el el otorgaba la Tierra de Laburdi al Reino de France.

A finales del año 1608 Henri IV de France y (Enrique) III de Nabarra manda una comisión francesa encabezada por Pierre de Lancre y Jean d’Espagnet a la Tierra de Laburdi. Un año después y con la patente intención poner orden y acelerar la centralización francesa en esa tierra originariamente nabarra, Pierre de Lancre y Jean d’Espagnet no dudaron poner en práctica la inquisición francesa para solucionar “la brujería de los vascos” con el beneplácito de Henri IV de France y buscar también el final del litigio fronterizo existente con el Reino de España, más concretamente con Irun y Hondarribia.

A comienzos del año 1610, tras realizar una brutal escabechina contra los vascos de Laburdi, Pierre de Lancre deja bien claro y explícito que sus acciones eran aprobadas por el monarca francés Henri IV con la intención de asentar la frontera franco-española. Para ello construyeron fortificaciones como la de Sokoa, bajo organización militar, mientras que jurídicamente instauraron tribunales para la caza y el martirio de los brujos vascos.

El 14 de mayo del año 1610 el rey de France y de Nabarra, era asesinado en una calle de París por un jesuita, el ultracatólico François Ravaillac. . A pesar de ello el Reino Pirenaico mantuvo su independencia hasta el año 1620 sin llegar a elegir un nuevo rey o reina, cuando Louis XIII de France visitó las Cortes de Pau y restauró la religión católica en la totalidad del Reino de Nabarra prohibiendo la religión protestante, como la fe reformista Nabarra, en todos los Reinos bajo su dominio. Louis XIII de France, finalmente disuelve a sangre y fuego las Cortes y los Estados Generales de Nabarra ese mismo año y realiza el ilegal decreto de unión desde las Cortes de París. Así el Reino de Nabarra quedaba anexionado de forma ilegítima al Reino de France, y el Nabarrismo auténtico existente en los reyes nabarros desde los tiempos de Margarita de Nabarra era exterminado por un soberano francés, aplicándose la inquisición francesa y española en todas las tierras de Vasconia con el fin de sellar los Pirineos. En el año 1659, con el llamado Tratado de los Pirineos, gobernando Louis XIV en Francia y Felipe IV en España, se sellando las fronteras entre Gipuzkoa y Laburdi hasta la actualidad.

En el año 1714 se llevo a cabo el llamado Tratado de Utrecht. Dicho Tratado fue entre el rey Felipe de Borbón y Baviera V de España y el rey Louis de Bourbon y Austria (Haubsburgo) XIV de Francia; este último también se autotitulaba como III de Nabarra. En dicho Tratado el rey español renunció para él y para todos sus herederos a todos los Derechos sucesorios en Francia y en Nabarra en beneficio del delfín de Francia, el futuro Louis XV, mientras de Louis IV renunció a las tierras pertenecientes al Reino de Nabarra al sur del Pirineo.

NOTA

1. Conde de Gramont; Esta titulación ya era usada en el Reino de Nabarra. La propia reina Juana de Albret, III de Nabarra, utiliza esta titulación nobiliaria en la Cédula del 13 de noviembre del año 1565, donde da su aprobación de la gestión económica realizada por el señor de Agramont, Lugarteniente General y Regente del Reino de Nabarra, clave para las arcas reales existentes en Pau: “(…) querido y amado primo, Antoine, conde de Gramont, soberano de Bidache(…)”. Esto es debido al entroncamiento de la casa de Agramont y la de Guiche o Gixune. Estos últimos poseían el título de conde, otorgado por Carlos IX de Francia en el año 1543.

2. “(…) Y sin embargo la sincera afección que nosotros portamos hace nuestra muy querida y amada única, y el cuidado de pagar a nuestros acreedores a los cuales nosotros y nuestro predecesores reyes de Navarra y duques de Vedome habíamos vendido e hipotecado varias partes y porciones del patrimonio para poseer nuestra casa y futuro particular nosotros hemos retenido declarar esta unión; al contrario por nuestras cartas patentes del 13 de abril de 1590 hemos ordenado que nuestro dominio antiguo tanto de nuestro reino de Navarra, soberanía de Bearne y de Donezan, país bajo de Flandes que nuestros ducados, condados, vizcondados, tierras y señorías enclavadas en este reino fuese y permaneciese desunido, distraído y separado de nuestra corona de Francia sin poder entrar comprendido ni mezclado si no es ordenado más tarde, o que Dios nos halla hecho esta gracia de darnos linaje y quisiéramos poder y a este fin para no cambiar el orden y formas observadas en a conducta y mantenimiento de el nuestro dominio habíamos declarado nuestra intención que fuese llevado y administrado por personas distintas, así que como había estado antes de nuestro advenimiento a la Corona. Y sobre las dificultades que nuestra corte del Parlamento de París hacía de proceder a la verificación de dichas cartas.” Parlament de Paris A.N. Registre X1A-8646 Fº 43


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2025/10/04

El príncipe o la princesa de Biana

El príncipe o la princesa de Biana

Iñigo Saldise Alda

En la ciudad de Tutera-Tudela, concretamente el 20 de enero del año 1423, el rey Carlos III de Nabarra, que ha pasado a la posteridad como el Noble, instauraba el título de príncipe de Biana para su nieto, también llamado Carlos, legítimo heredero de su hija Blanca de Evreux y con vistas de salvaguardar el Reino o Estado de los nabarros, de las garras ambiciosas de su yerno, el infante aragonés de origen castellano Juan de Trastámara, el cual ha pasado a la historiografía nabarra como el Usurpador.

A día de hoy, podemos afirmar sin ningún tipo de duda, que este título originariamente nabarro también ha sido usurpado por la heredera al trono español, Doña Leonor de Borbón y Ortiz, siguiendo el ejemplo de su padre pues hizo lo mismo antes de ser rey de España Don Felipe de Borbón y Grecia.

De este acto se hace eco parte de la historiografía española, pues así lo menciona sin ningún tipo de pudor. Incluso algunos consideran a Don Jaime de Borbón-Dos Sicilias y Landaluce, como legítimo dueño del título de príncipe de Biana, ya que incluso se atreven a señalar a su padre Don Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, como el legítimo rey de todos los nabarros y nabarras, siguiendo para ello un falso y por tanto erróneo orden histórico de sucesión, el cual es tan ilegítimo como aquel que aportan aquellos que sostienen a Doña Leonor de Borbón y Ortiz como princesa de Biana.

A decir verdad, no han sido solo los miembros de la casa de Borbón quienes han suplantado de forma ilegal al verdadero poseedor o la verdadera poseedora del título del heredero o de la heredera a la Corona de Nabarra. Tras la invasión militar española, sin previa declaración de guerra del año 1512 y el asentamiento de la ocupación genocida española en las tierras nabarras del sur del Pirineo, la casa de los Austrias o Habsburgo, reinantes en el Reino de España e iniciadores de la colonización de los nabarros surpirenaicos, utilizó de forma ilegítima y sin ningún tipo de rubor, los títulos de rey de Nabarra y del príncipe de Biana, buscando con ello legitimarse ante un Pueblo nabarro derrotado y sometido, que sufría la terrible represión de la soldadesca española y la denominada Santa Inquisición, arma católica esencial e imprescindible para lograr el sometimiento de los nabarros surpirenaicos.

Volviendo a la casa de Borbón o originariamente Bourbon, concretamente a la rama de los Anjou a la cual pertenece Doña Leonor de Borbón y Ortiz, debemos repasar el Tratado de Utrecht realizado en el año 1714. Dicho Tratado fue entre el rey Felipe de Borbón, V de España y el rey Louis de Bourbon, XIV de Francia; este último también se autotitulaba como III de Nabarra. En dicho tratado el rey español renunció para él y para todos sus herederos a todos los Derechos sucesorios en Francia y en Nabarra en beneficio del delfín de Francia, el futuro Louis XV de Francia, el cual, a semejanza de su antecesor, también se autotituló como IV de Nabarra. Este Tratado nos indica, que en la guerra de sucesión española iniciada en el año 1833, ninguno de los pretendientes al trono español podía titularse como rey de los nabarros.

Legalmente el único miembro de la casa de Borbón que ha ostentado de forma legítima el título de príncipe de Biana, fue Enrique de Bourbon y Albret, que accedería al trono del Reino o Estado de Nabarra a la muerte por asesinato de su madre la reina Juana III de Nabarra.

Desde la instauración del título de príncipe de Biana, este tenía lo obligación de ser presentado y educado en la Corte del Reino independiente y soberano de Nabarra. Por ello, tras el asesinato de Enrique III de Nabarra y IV de Francia, los Estado Generales de Nabarra pidieron al hijo de este, el delfín de Francia y futuro Louis XIII, su presencia en la Corte de Pau; pero éste príncipe de Francia, bajo consejo del cardenal Richelieu, no solo se negó cumplir con su deber como heredero al trono de Nabarra, sino que además renunció al título de príncipe de Biana tanto para él como para todos sus sucesores, es decir, para cualquier rama de la casa de Borbón o Bourbon.

La bandera del Estado independiente y soberano de Nabarra

 


La bandera del Estado independiente y soberano de Nabarra

Iñigo Saldise Alda

"(…) en la delantera trescientos hombres de armas a pie con una bandera colorada con ciertas bandas de oro en ella a la cual todos aguardaban y juraron de no la desamparar…". Luís Correa, cronista español del duque de Alba. La Conquista del Reyno de Navarra, libro publicado en el año 1513.

Uno de los mayores problemas que acarrea para el imaginario político de una Nación, es el asentamiento de un poder imperialista extranjero. Más aún, además, si este es debido a una invasión militar y por consiguiente amparada exclusivamente en la violenta y la ilegalidad, ya que a continuación la maquinaria imperialista comienza con una brutal colonización de la Nación derrotada. Así, el ocupante cruel y colonizador, entre otras muchas tareas impositivas que comienza a desarrollar, ni que decir tiene que todas ellas van encaminadas indudablemente a buscar la sumisión de los vencidos, comienza sin demora alguna un continuado ejercicio de eliminación de los símbolos, enseñas, escudos, blasones, estandartes, pendones, banderas y demás, que han representado y representan a la Nación recientemente sometida y sojuzgada, llegando incluso el colonizador a modificar y cambiar dichos símbolos en post de su único y exclusivo beneficio imperial.

La Nación Nabarra, lleva muchos siglos sufriendo la maquinaria impositiva española y francesa. Ambos imperios, además, han contado con un gran colaborador en estas tareas. Este colaborador necesario ha sido y es el imperio del Estado Pontificio. De tal forma que la imposición es absoluta, tanto militar como clerical, del territorio de los nabarros y la reducción del mismo a lo que conocemos a día de hoy como la residual Comunidad Foral de Navarra.

La bandera del Estado de Nabarra dejó de ondear en los pocos castillos que se salvaron de la destrucción ordenada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, español y genocida donde los hubiere. Es más, tras la rendición de la plaza Nabarra de Hondarribia en el año 1524, el estandarte colorado del Reino de Nabarra desapareció de todos los lugares nabarros del sur de los Pirineos.

Ante el resurgir de un sentimiento propio entre los nabarros de finales del siglo XIX y principios del XX, en el año 1910, Arturo Campión junto a sus compañeros de la Asociación Euskara de Nabarra, Hermilio de Oloriz y Julio Altadill, diseñaron siguiendo las directrices y enseñanzas de las normas heráldicas, la actual bandera para la Navarra residual, reducida y sometida, siendo esta aprobada ese mismo año por la Diputación Foral de la provincia española de Navarra. Esta bandera fue reinstituida posteriormente en el año 1982, al establecerse en la Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de la provincia española de Navarra, con la especificación de que la bandera de la Comunidad Foral de Navarra, residual, reducida y sometida, es roja con el escudo en el centro.

A pesar de seguir las normas de la heráldica, estos importantes nabarros tomaron de manera equivocada para el escudo las legendarias cadenas de la batalla de las Navas de Tolosa del año 1212, coronado por la corona de la casa de los Borbón; la cual, aprovechando que el Arga pasa por Iruñea-Pamplona, no tiene ninguna legitimidad o Derecho, sobre el trono del Reino de Nabarra.

La leyenda dice que el rey de Nabarra, Sancho (VII) el Fuerte, tras romper las cadenas que ataban a los esclavos africanos entorno a la tienda de jefe árabe Miramamolim, que ciertamente servían para evitar su huida, siendo así abligados a combatir a las tropas cristianas para salvar sus vidas. Tras la victoria cristiana propiciada por la acción de el Fuerte, el valeroso rey nabarro cogió las cadenas y se las llevó como botín, incluyéndolas desde entonces en el escudo del Reino soberano de Nabarra, siempre si hacemos caso a la leyenda.

Lo cierto es que las cadenas aparecen en el escudo del ocupado Reino de Navarra varios siglos después, concretamente con la inquisitorial e impositiva Contrarreforma católica, que portaba bajo la manga el estilo barroco, todo ello cuando transcurría ya avanzado el siglo XVI y en el Reino soberano de Nabarra florecía el renacimiento humanista del nabarrismo integral con el escudo del carbunclo.

De vuelta a finales del siglo XX, en el DECRETO FORAL 206/1985, de 31 de octubre del B.O. de la Comunidad Foral de Navarra, nº 140, se realiza la aprobación de un nuevo diseño para un logotipo, que no escudo, para la C.F. de Navarra. Este diseño es realizado por el señor Ricardo Bermejo, propietario de la empresa con C.I.F. español, R. Bermejo Comunicación S.L. Este logotipo es muy utilizado en la actualidad por los diferentes organismos públicos existentes en la Comunidad Foral de Navarra. Eso si, dicho logotipo no es utilizado de manera oficial en la bandera de esta uníprovincial provincia española.

Este logotipo ha servido de inspiración para una bandera de Nabarra, la cual sin ninguna duda, podríamos encuadrarla dentro del movimiento soberanista. Lo cual no quita para afirmar que no sigue la normativa de la heráldica mundial y además, asimila de manera inconsciente la imposición de las cadenas, aunque estas queden disimuladas tras la aceptación del logo realizado por el señor Ricardo Bermejo. También podemos comprobar, la existencia de otra bandera dentro del ámbito del nabarrismo integral actual, la cual podríamos enmarcar dentro del arte minimalista. Esta es la fabricada por Nabarralde, que al igual que la anterior, la bandera creada por dicha empresa, no tiene ningún rigor heráldico e incluso me atrevo a afirmar sin ningún pudor, que tampoco cuenta con rigor histórico-político, algo que tal vez si tenía la primera bandera fabricada por dicha empresa.

Yo como seguidor acérrimo del Paradigma Nabarro, también del nabarrismo integral y amante de la historia de nuestra Nación y Estado de Nabarra, con este escrito intento mantener la memoria viva de aquella bandera colorada que aquellos trescientos valientes patriotas nabarros, en el año 1512, juraron no desamparar. Además debo decir con sinceridad, que poseo todas las banderas consideradas o encuadradas dentro del Movimiento Soberanista de Nabarra, y sigo las enseñanzas del mejor heraldista que ha existido dentro las reales fronteras del Estado de Nabarra, Jaime Albillos (in memoriam), siendo así de color roja la bandera real y oficial del Estado de Nabarra, con su escudo o armas blasonadas de gules (rojo), carbunclo cerrado pomelado en oro (amarillo), con una esmeralda sinople (verde) en forma de losange en abismo.

NABARRAKO ERESERKIA

Nabarra, reflexiones de un Patriota

Reflexiones de un Patriota by Iñigo Saldise Alda

ASKATASUNA = Baskoinak x Nafar Paradigma

"PRO LIBERTATE PATRIA GENS LIBERA STATE"

"Aberri askearen alde jende librea jaiki"

"De pie la gente libre a favor de la libertad de la patria"

Navarre shall be the wonder of the world

by WILLIAM SHAKESPEARE

EUSKARA-LINGUA NAVARRORUM

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©NABARTZALE BILDUMA 2011

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