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2011/01/15

Zangoza, enero 2011

Iñigo Saldise Alda
Estado de Nabarra: 995-1150
Soberanía de Navarra

En el año 995 el rey nabarro(1) era García Sánchez II, conocido con el Temblón. Un año después, el Condado de Burdeos se incorporaría al Condado de Gascuña, recuperándose así para el Reino de Nabarra esas tierras vasconas que habían estado mucho tiempo ocupadas por los francos, que ya por aquel entonces se les conocía en el mundo conocido como franceses. El conde de Gascuña Sancho Guillermo, que era conocido y nombrado por los franceses como Dux Navarrae, realiza una progresiva unión política y territorial al Reino de Pamplona, la cual incluso es anterior al ascenso al trono de Sancho III El Mayor. En cualquiera de los casos, en el año 1010, los dos Sanchos fueron vistos en Saint-Jean d’Angély celebrando la Invención de San Juan Bautista, y compartiendo dicha festividad junto al séquito francés, formado por el rey de Francia, Roberto el Piadoso, así como el Duque de Aquitania y Poitiers, acordándose la frontera entre el Reino de Pamplona y el Reino de Francia al norte del río Garona.

En el año 1016, el Reino de Nabarra, al cual todavía se le conocía como Reino de Pamplona, firma un pacto fronterizo con el Condado de Castilla. Esto fue debido y facilitado por el enlace matrimonial entre el rey nabarro, Sancho III el Mayor y Munia, hija del conde Sancho García de Castilla,a lo que se unía la importancia de que el Reino vascón era el Estado cristiano más poderos de la Península Ibérica y por lo tanto, era un aliado natural del Condado de Castilla es su lucha contra los reinos de Taifas bajo poder musulmán.

“Una concordia y acuerdo acerca de la división del reino entre Pamplona y Castilla, como ordenaron Sancho conde de Castilla y Sancho rey de Pamplona, tal como les pareció. Esto es, desde la suma cima al río Valle Venarie, hasta el Grañe donde está el mojón sito y collado Muño, y desde Biciercas y desde siguiendo hacia el río Razon, donde nace; después por medio del monte de Calcaño, después por la cima de la cuesta y por medio de Galaza, y allí está el mojón, y hasta el río Tera, allí esta Garrahe, antigua ciudad abandonada, y hasta el río Duero. Don Nuño Álvaro de Castilla y el señor Fortún Oggoiz de Pamplona, testigos y confirmantes. Año 1016”.(2)

El Reino de Pamplona mantuvo unas buenas relaciones de protectorado con el Condado de Castilla y a pesar de la muerte del conde de Castilla en el año 1017, la actitud política con Castilla se mantuvo vigente. Esta política nabarra de protectorado con el Condado castellano, se extendería posteriormente con el Condado de Barcelona e incluso, alcanzó también al Reino de León. El Reino de Pamplona recuperó las tierras de Sobrarbre, Ribagorza y Pallars, que se convierte en el flanco oriental del estado nabarro, concretamente hasta el valle de Aran. Sobrabre fue rescatado de la ocupación musulmana, para lo que tuvo que realizarse una auténtica campaña de liberación. El hijo de Almanzor en el año 1006 había realizado una expedición a Ribagorza, llegando incluso hasta Roda, cuyo obispo capitula en la catedral románica de San Vicente. Sancho acude a luchar contra ese poder impuesto musulmán, restituyendo al obispo en su cargo en el año 1018, el cual reconoce la soberanía nabarra.

Las tropas cristianas nabarras, entre las que se encontraba el conde de Gascuña y eran comandadas por el mismísimo rey de Pamplona, Sancho III el Mayor, en el año 1027 realizan un decidido ataque contra las tropas musulmanas que se encontraban en Huesca y Zaragoza. Junto a los nabarros también se encuentra presente el conde de Barcelona. Esta expedición capitaneada por el señor de los vascones, enriquece en gran medida a la abadía de Cluny. En el año 1029, Fernando segundo hijo legítimo de Sancho III el Mayor, hereda por vía materna el condado de Castilla tras la muerte de su tío en León. También en vida de rey de Pamplona, su hijo natural o bastardo, Ramiro, recibe a modo de tenencia varias tierras, destacando entre ellas el Condado de Aragón, el cual se encontraba dentro del Reino vascón de Pamplona.

Sancho III de Pamplona, muere en el año 1035 en extrañas circunstancias(3), encontrándose su hijo primogénito y heredero García III Sánchez, en el Estado Pontificio de Roma. A su vuelta es alzado como rey de los vascones independientes o nabarros, manteniéndose integra la unidad territorial del Reino de Pamplona. Ramiro mantenía la tenencia del Condado de Aragón, Gonzalo se hacía cargo de las tenencias de Sobrarbre y Ribagorza, mientras que Fernando continuaba al frente del aliado por aquel entonces Condado castellano.

El hermano del monarca pamplonés Fernando, ostentaba el dominio soberano de Castilla antes incluso que el de Nájera fuera rey de los nabarros. Fernando de Castilla se casó con la hermana del joven rey de León, Bermudo III. El territorio comprendido entre el Cea y el Pisuerga, territorio conquistado por un rey nabarro y conocido como el Mayor para el Condado de Castilla, era la manzana de la discordia entre castellanos y leoneses. Bermudo III recupera militarmente para León dicho territorio pese a que éste formaba parte de la dote matrimonial de su hermana Sancha, lo que provoca la reacción del Fernando, conde de Castilla, quien consigue el apoyo de los nabarros.

En una breve guerra iniciada en el año 1037, Fernando recupera dicho territorio y tras la batalla de Tamarón, en la actual provincia de Burgos, el rey Bermudo III es herido de muerte. Esto provoca que Fernando de Castilla, sea ungido ante Dios en la catedral de Santa María de León, pasando a ser así el rey Fernando I de León y Castilla.

Tras la muerte en el año 1038 de Gonzalo, las tenencias de Sobrarbre y Ribagorza son otorgadas a Ramiro por orden del rey de Pamplona García III Sánchez, conocido como el de Nájera, pero manteniéndose siempre la unidad al Reino de Pamplona, es decir, estando bajo soberanía nabarra. En el año 1043, Ramiro ataca al rey de Pamplona con el apoyo de los jefes musulmanes de Tutera, Zaragoza y Huesca, pero su ataque se salda con una estrepitosa derrota a manos de las tropas leales nabarras. La derrota de Ramiro hace que se comporte desde ese momento como un hermano fiel a la soberanía de su hermano, García III el de Nájera, rey de Pamplona. Incluso llegan a casar con dos hermanas, hijas del conde de Foix y Courseran y a su vez sobrinas de la condesa de Barcelona, siendo así por tanto también cuñados.

El rey nabarro liberó en el año 1045 y de forma definitiva, Calahorra para el Reino de Pamplona. Tras esta victoria, mandó construir en Naiara, Naxara o Nájera, el Templo en honor a Santa Mª la Real, patrona del Reino Pirenaico.

El rey de los navarros aprobechó de las diferencias, por no llamarlo enemistades, de los musulmanes de Toledo y Zaragoza, recibiendo en dos ocasiones de Toledo, la nada despreciable cantidad de 10.000 dinares, los cuales se repartió con el conde de Barcelona, asolando con éste los alrededores de Zaragoza, Huesca y Tutera,. Pero estos intentos de reconquista de las tierras vasconas en poder musulmán, tuvieron que frenarse ante una inesperada incursión militar procedente del oeste.

El 1 de Septiembre del año 1054, un ejército castellano-leonés, capitaneado por su rey Fernando I, invade el territorio de los nabarros rompiendo de manera unilateral con ello el pacto fronterizo que habían firmado Castilla y Pamplona en el año 1016. En Atapuerca dentro del territorio nabarro, las huestes castellano-leonesas de Fernando I se enfrentan a las tropas nabarras de García III. Fernando ansiaba los territorios nabarros que pasaban por Montes de Oca, Atapuerca y Urbel y que ganaban el Océano en la bahía de Santander, haciendo de la Bureba, Laredo y Santoña, piezas claves de su desmandada ambición. En la dura batalla es asesinado el rey de Pamplona. Fernando I de Castilla y León es el vencedor y obligó al hijo del de Nájera la jura de total obediencia a su persona, tras permitir el castellano, en el mismo campo ensangrentado por de batalla, su nombramiento como rey de los nabarros.

Fernando I de León y Castilla ocupa las tierras vasconas señaladas y comienza a tentar a los diferentes tenentes navarros situados en la nueva frontera obligada. La juventud del nuevo rey de Pamplona, provoca un distanciamiento con las tierras del norte del Pirineo, pero la lealtad de Ramiro hacia el nuevo rey de Pamplona, Sancho IV, frena momentáneamente el ímpetu imperialista castellano.

El reinado de Sancho Garcés IV comienza de forma trágica en el campo de batalla. Con tan solo 14 años, es proclamado rey en las ensangrentadas campas de Atapuerca. Muy pronto, ante el gran poder de Fernando I de León y Castilla, comienzan a aparecer las deserciones de numerosos tenentes nabarros, teniendo como consecuencia directa la perdida de gran parte del territorio para los nabarros, en el oeste del Estado vascón de Pamplona. Aun así y siendo pocos los leales a la corona nabarra, cabe destacar las figuras de Iñigo López en Bizkaia y Sancho Fortín en Pancorbo, que se mantienen firmes ante las tentadoras promesas castellanas.

El freno momentáneo en la ambición del rey castellano-leonés tras arrebatar esas tierras vasconas al Reino de Pamplona, permite una calma momentánea en la frontera occidental durante los primeros años de gobierno del rey nabarro Sancho IV. El rey de Pamplona, aconsejado por el conde Ramiro, tenente en el Condado de Aragón, tras verse presionado de nuevo por el poderoso rey de León y Castilla, realiza una donación a Castilla el 29 de diciembre del año 1062, de aquellas tierras vasconas invadidas y ocupadas tras la batalla de Atapuerca por las tropas castellano-leonesas
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El rey de Pamplona le otorga a Ramiro las tenencias de Lerda, Undués y del castillo de Zangoza. Aconsejado por el conde de Aragón, Ramiro, el rey de Pamplona comienza a interesarse por Zaragoza. Las presiones a los musulmanes de Zaragoza dan su fruto, lo que provoca la recepción de cuantiosas rentas para el Reino de los nabarros. Esta política llamada de parias, es muy beneficiosa para las arcas del tesoro real nabarro.

La muerte de Fernando I de Castilla y León en el año 1065, trajo más problemas para el Reino de Pamplona. Su hijo Sancho II irrumpe por la orilla izquierda del Ebro en el año 1067. Sancho IV de Pamplona pide ayuda al conde de Aragón, también llamado Sancho Ramírez, hijo de Ramiro que murió en el año 1063. Esta guerra es la llamada de los “tres Sanchos”, y con ella el rey castellano pretendía sondear a eventuales adversarios. La guerra se saldó favorablemente para el Reino de Pamplona, ya que los castellanos fueron expulsados de Biana por el conde de Aragón, Sancho Ramírez, teniendo así las tropas invasoras que volver a cruzar el Ebro, pero esta vez en dirección a su patria, a Castilla.

De esta manera, el rey de los nabarros, continúa recibiendo, sin sobresaltos y con mayor o menor regularidad, la importante suma de 1.000 piezas de oro mensuales por parte del rey musulmán de Zaragoza. El rey nabarro multiplicó y fortaleció las plazas defensivas, como las de Calahorra, Ocón, Clavijo, Arrendó, Peralta, Falces, Villafranca o Alesves, Uxue y Tafalla, entre otras. Las desavenencias con el Reino de Castilla continuaron, lo que provocó nuevos enfrentamientos tras violentas incursiones en el Reino de Pamplona de tropas castellanas, como por ejemplo en Tudejen, cerca de los baños de Fitero. Un nuevo pacto posibilitó la vuelta a la calma para esa frontera que ya se mostraba vulnerable.

La llamada a Cruzada a los caballeros de la Cristiandad por primera vez en la historia de la Península, que fue lanzada por Gregorio VII, encontró eco favorable en el Condado de Aragón y al norte de los Pirineos. El Rey de Pamplona hace oídos sordos, dando libertad al conde de Aragón Sancho Ramírez, mientras no abandona su lealtad pactada e interesada con el rey musulmán de Zaragoza, llegando incluso a enfrentarse al Papa y rechazando una reforma litúrgica que le parecía atentatoria a las libertades del País de los nabarros.

El 4 de Junio del año 1076, Ramón y Ermenesilda, hermanos del rey de Pamplona, le invitan a una cacería. Cerca de Milagro se detuvieron en un peñasco, el de Peñalén, que dominaba un precipicio, encontrándose abajo el río Aragón. El rey se inclinó para ver el hermoso espectáculo cuando una mano anónima lo empujó. El décimo rey de Pamplona resultó muerto, innoblemente asesinado. Tras dicho asesinato, Ermenesilda se apresuró a refugiarse en la corte de Alfonso VI de Castilla, mientras que Ramón fue bien recibido en la ciudad musulmana de Zaragoza. Tras el crimen de Peñalén, el Reino de Pamplona es invadido de nuevo por el oeste. El Reino de Castilla, que había sido el principal hostigador del crimen, consiguió grandes beneficios con ello. Rápidamente invadió el territorio nabarro otorgando títulos nobiliarios y hereditarios a todos los tenentes o funcionarios desertores, y apropiándose rápidamente así de las tierras que estos traidores administraban en nombre del rey de Pamplona.

El Reino de Pamplona parece descabezado, ya que los hijos del monarca nabarro eran muy jóvenes y el resto de la familia, incluida su esposa, habían huido en su mayoría al Reino de Castilla. Alfonso VI se presentó junto a su ejército rápidamente en Nájera y Calahorra, prosiguiendo con su empuje militar hasta la orilla izquierda del Ebro, llegando a ocupar todo el territorio existente hasta el Ega y Montejurra. Toda la rica y fértil Rioja caen en manos castellanas. Algunos funcionarios del Reino vascón rinden homenaje al monarca castellano. Entre ellos un cuñado del mismísimo rey de Pamplona, ya conocido tras su muerte como el de Peñalen y un tal Diego Álvarez. Pero la sed imperial castellana no acabó ahí. Álava y Vizcaya, y sin duda una gran parte de la actual Guipúzcoa son conquistadas militarmente por el rey de Castilla, provocando las deserciones de bastantes tenentes o funcionarios del Reino de Pamplona en esas tierras vasconas.

Pero no todo fueron deserciones, ya que la resistencia se hace fuerte en algunos castillos nabarros, cuyos alcaides no se rinden al invasor castellano. Entre ellos cabe destacar el castillo de Trebiño, donde se encontraba en el mismo año 1076, un tal Lope Iñiguez, siendo en el año siguiente Diego Sánchez el alcaide de esta fortaleza nabarra, que a su vez, lo era también del castillo nabarro de Término.

El ejército castellano seguía progresando por la tierra nabarra. Las intenciones de Alfonso VI eran claras, llegar a la mismísima capital vascona, Iruñea, y ocuparla, pero el caballero más leal al rey de Pamplona, el conde de Aragón Sancho Ramírez, sale al paso de las tropas invasoras castellanas. Ante la falta de una línea sucesoria en la Corona de Nabarra tras la muerte del de Peñalen, provocó que en Santa Mª de Uxue, célebre puesto de vigilancia navarra en la frontera con los musulmanes, sea los primeros en reconocer al conde de Aragón como rey de Pamplona y le entrega su castillo. Tras ella fueron Tafalla, Iruñea y otros lugares. Los navarros, siguiendo el Derecho Pirenaico, habían elegido un nuevo rey.

La elección por parte de los nabarros de Sancho V Ramírez, provocó una reacción en el rey de Castilla, Alfonso VI. Este se apresuró a volver a la Rioja para asentar la ocupación castellana de esa tierra vascona. La expoliación castellana y las adhesiones más o menos forzadas dejaron una situación poco favorable para los nabarros riojanos. Toda la margen derecha del Ebro, e incluso la izquierda hasta las inmediaciones de Monjardín y Azagra, estaban ocupadas por el ejército del Reino de Castilla. El rey castellano otorga títulos hereditarios de condes a diferentes desertores del Reino de Pamplona, unos condes que se mostraron absolutamente sumisos al invasor. Esto ocurrió tanto en la Rioja, como en Álava, Vizcaya y sin ninguna duda, en una parte de la actual Guipúzcoa.

Mientras, el nuevo rey de Pamplona, Sancho V Ramírez, otorga el título de Reino al Condado de Aragón, sin que ello suponga una división entre ambos Reinos, Pamplona y Aragón, los cuales permanecen unidos bajo la Corona de Nabarra.

Un acuerdo entre los monarcas de Pamplona-Aragón y Castilla, provocó que la porción central del Reino vascón de Pamplona, quede con un estatus particular. Esta región, en forma de una especie de cuadrilátero y estaba enmarcada por unos límites que iban desde el puerto de Erro a Monjardín, de ahí hasta Falces y para concluir en Aibar. El poder en su interior era confiado por el Rey de Pamplona Sancho V Ramírez, a un conde, concretamente el conde Sancho Sánchez de Nabarra. Pero pese a depender de Sancho V Ramírez, rocambolescamente este conde era vasallo del Reino de Castilla.

La determinación, rapidez y habilidad con la que actúa el rey de Pamplona-Aragón, evita que la globalidad del reino vascón sea absorbida por el imperio castellano. Sancho V Ramírez fue quien mandó fortificar Lizarra durante esa época. Esto sirvió para mejorar la ruta de Santiago y para construir en ella una poderosa fortaleza ante la siempre amenazante sombra del imperio castellano. Tras ello Sancho V Ramírez se preocupó más de reconquista de tierras ocupadas por los musulmanes y varios problemas religiosos, que de la política con otros reinos cristianos. Durante su reinado el estado de los nabarros propició un acercamiento con el Estado Pontificio de Roma, y con el Reino de Francia. Las nuevas relaciones con el Reino de Francia no impidieron un nuevo acercamiento con la Gascuña, especialmente con los monjes zuberotarras.

Pedro I de Pamplona y Aragón es proclamado rey por los nabarros en el mismo sitio de Huesca donde cayó muerto Sancho V Ramírez, y dos años después las tropas nabarras que él mismo capitaneaba liberaron la ciudad vascona del poder musulmán. A la muerte de Sancho V Ramírez, se habían recuperado diferentes plazas a los musulmanes, entre las que se encontraban Alcoraz, Caparroso y Peralta. En el año 1098 se produjo un acontecimiento capital para el Reino Pirenaico de Pamplona-Aragón, y este fue la consagración de San Juan de la Peña. Su prematura muerte a la edad de 36 años, facilitó el ascenso al trono de su hermano Alfonso I el Batallador. En el año 1109 el monarca nabarro se casó con la hija del rey de Castilla, Alfonso VI. Urraca era una mujer caprichosa e inconstante, fuertemente superficial y sin duda lasciva, que se dedicó a dificultar la vida del rey nabarro. Los obispos nabarros encontraron un defecto canónigo y buscaron la disolución del matrimonio.

El divorcio supuso un nuevo peligro político, ya que a pesar de disolverse el matrimonio no se anulaba el título obtenido tras el contrato de su matrimonio, que era el de señor de Castilla-León para el rey de Pamplona y Aragón, lo que daba toda la legitimidad posible de acceder al trono del Reino de León y Castilla al nabarro; eso sí, solo en el caso de que muriera Alfonso VI sin dejar en el mundo a un hijo barón.

El rey nabarro estrechó lazos con diferentes magnates francos y en especial, con los de la región de Midi. Gracias a las continuas llamadas de cruzadas contra los musulmanes, los diferentes vizcondados y condados de las tierras vasconas del norte de los Pirineos, entre los que destacaban el Condado de Gascuña y el Condado de Tolosa(Toulouse), volvieron a reintegrarse en su natural, el de los nabarros.

Las tropas de los cruzados comandadas por el rey de los nabarros, en cuyas filas se podían incluso encontrar a caballeros castellanos como Diego López de Haro, señor de Vizcaya, se dedicaron a recobrar para el Reino de Pamplona y Aragón las tierras que faltaban del valle del Ebro. El Batallador liberó Zaragoza en el año 1118 tras una nueva llamada a la cruzada. Un año después se rescataron Tutera y Tarazona de los musulmanes, mientras que Calatayud y Daroca se recuperaron en el año 1119. Ganó la batalla de Cutanda en el año 1120 y en los años 1125 y 1126 realizó una lúcida expedición por Al-Andalus, de donde regresó con numerosos mozárabes. Llevó una rápida repoblación de los territorios reconquistados por gentes del norte del Reino, también con francos y mozárabes, a la vez de que a muchos musulmanes se les permitió el permanecer dentro del territorio del Reino vascón de Pamplona y Aragón.

Tras la muerte de Alfonso VI, el rey nabarro penetró al mando del ejército nabarro en las antiguas tierras pertenecientes al Reino de los vascones, las cuales estaban ocupadas por los castellanos desde el año 1076. Incluso los nabarros llegaron a traspasar la frontera pactada con Castilla del año 1016. Tras muchas vacilaciones decidieron reconocer a Alfonso VII como rey de León y por ello, Alfonso I de Pamplona y Aragón accede a entrevistarse con él. Los dos monarcas, de nombre Alfonso, se encuentran en el valle de Tamara en el año 1127, concretamente entre Hornillos y Castrogeriz, firmando un nuevo tratado fronterizo.

“Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era reino de Navarra, es decir, desde el Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra, hijo del rey García de Nájera. De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió ‘cartas suas firmatas et bene vallatas’. Entonces Alfonso I de Aragón y Pamplona entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla VII y en adelante no quiso que se llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra”.

En el año 1130 se produjo una revuelta entre la población de la costera Baiona. El Batallador consiguió sofocar la insurrección un año después, tras haber enviado a numerosos señores nabarros, entre ellos los destacaron caballeros del Baztan, Lizarra, Etxauri, Burunda, Hernani, Tarazona, Barbastro, Donibane Garazi, Zuberoa, Bearne, Auch, Pallars,… Incluso diferentes navíos partieron desde Donostia y Hondarribia en dirección a Baiona durante ese periodo. Es durante el asedio a Baiona cuando escribió su testamento.

Tres años después, el monarca nabarro es derrotado y muerto en Fraga, cuando al mando de tropas nabarras se enfrentó a una alianza formada por los musulmanes de la ciudad y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, que a su vez era Maestre de la Orden del Temple. La muerte le llegó a Alfonso I el Batallador sin tener descendencia y su testamento escrito tres años atrás, otorgaba el Reino de Pamplona y Aragón a tres órdenes cristiano-militares de Palestina: Santo Sepulcro, San Juan de Jerusalén y el Temple. Por dicho testamento todos los castillos y fortalezas del Reino de Pamplona y Aragón, tenían que ser cedidos a las tres órdenes militares, intentando justificar con ello sus actos en vida y de paso servirle como ofrenda para la redención de sus pecados ante el Altísimo, pero no solo por su alma y sino también por la de sus parientes. Este testamento perjudicaba seriamente los intereses políticos del Reino de Pamplona y Aragón, mientras que por el contrario era muy favorable para la iglesia católica-romana, por lo que poco después de su muerte y de la inmediata crisis sucesoria planteada, este testamento fue rechazado por los señores nabarros.

Este hecho fue aprovechado velozmente por el mayor enemigo de los nabarros, el rey de León y Castilla Alfonso VII, el cual se había autoproclamado emperador. El castellano-leonés invadió el territorio del Reino de Pamplona y Aragón ocupando Naiara (Nájera) poco antes del 10 de noviembre del año 1134. Tras eso, se pone al acecho de otra plaza nabarra, concretamente la de Logroño, de donde pasó rápidamente a Zaragoza en diciembre del mismo año. Alfonso VII de León y Castilla con todo su ejército entra en Zaragoza el 2 de diciembre del año 1134, confirmando las posesiones a los nobles, infanzones y eclesiásticos, incluso dándoles privilegios que no tenían dentro del Reino de Pamplona y Aragón. En diciembre del mismo año, Ramiro el Monje se presenta en Zaragoza y confirma los derechos de los mismos nobles a heredar las tenencias salvo en caso de traición. Dichos privilegios fueron otorgados antes por Pedro I y anulados por Alfonso I el Batallador durante su reinado al ser contrarios al Derecho Pirenaico.

En plena crisis sucesoria se llevó a cabo en el año 1135 el Pacto de Vadoluengo, que básicamente pretendía una cohabitación de Poderes. La iglesia católica gobernaría a través de Ramiro el Monje, mientras que García Ramírez sería colocado como jefe supremo del Ejército nabarro, para que así este último siguiera combatiendo al Islam. Sin embargo, la última voluntad real no se llevó a cabo al no llegarse a un acuerdo entre García Ramírez y las Órdenes Militares de Palestina; los nabarros se decantaron por García Ramírez, señor de Tutera y de nuevo eligieron rey.

La cancillería pontificia lanzó una enérgica represalia contra el nuevo rey nabarro, negándole su condición de rex y otorgándole únicamente el título de dux, y consideraron desde Roma y en la práctica, que Reino de los nabarros quedaba libre para ser invadido y ocupado por el mejor postor dentro de los príncipes cristianos. Los intereses de la Iglesia de Roma en la cruzada contra los musulmanes en el Valle del Ebro, apoyada por el obispo de Barbastro y Roda, Ramiro el Monje y el arzobispo de Tarragona, primado de la Tarraconense, influyeron en sumo en la denominada operación barcelonesa; por el contrario en Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles Pirenaicos, también en el monasterio de San Juan de la Peña, así como los eclesiásticos del interior–el obispo de Huesca y Sancho de Larrosa de Pamplona-, apoyaron la continuidad de la unión del Reino de Pamplona y Aragón, bajo la corona de García Ramírez el Restaurador, frente a la disolución pretendida por el rey Alfonso VI de León y Castilla y su aliado el conde de Barcelona, Maestre de la Orden del Temple, Ramón Berenguer IV.

Ramiro el Monje, al verse apoyado por castellanos y barceloneses, creyó en la posibilidad de formar una monarquía teocrática del mismo tipo que la ya existente en Roma para todo el reino de Aragón y Pamplona. Convocó por ello a diferentes caballeros y obispos en la catedral de Huesca, donde los asesinó cruelmente ante su negativa a reconocerle como rey de Pamplona y Aragón. Los señores y clérigos de Jaca, Huesca, Cinco Villas, Val de Onsella, Sos y resto de los valles Pirenaicos, del monasterio de San Juan de la Peña e incluso el mismísimo obispo de Huesca, son decapitados por orden de Ramiro el Monje. Ante estas maniobras, García Ramírez fue proclamado rey en Pamplona, como restaurador de todas las tierras que conformaron el Reino de Alfonso el Batallador.

La presencia de Alfonso VII de León y Castilla en Zaragoza durante la Natividad de 1134-1135, echaron por tierra las pretensiones de crear una monarquía teocrática por parte de Ramiro el Monje. Pero no solo eso, ya que la presencia militar castellana en Zaragoza, se enfrentaba directamente a los derechos que tenía García Ramírez el Restaurador sobre el Reino de Zaragoza desde su recuperación para la cristiandad bajo por el Reino vascón de Pamplona y Aragón. García Ramírez el Restaurador, a diferencia de Ramiro el Monje, pretendía mantener el mismo criterio con los tenentes, en contra de las costumbres feudales existentes en Castilla-León y Barcelona. La invasión castellano-leonesa y la intromisión de los magnates de la Iglesia Católica alteraron drásticamente el panorama político en el Reino vascón.

Los partidarios de García Ramírez el Restaurador y de Ramiro el Monje se aproximaron, y hubo una reacción ante el caos producido por la guerra civil y la nefasta partición del Reino de los nabarros. Desde Castilla-León buscaron con ahínco la partición del Reino vascón tras la invasión y ocupación de las tierras riojanas y alavesas, intentando forzar así a García Ramírez a negociar con Castilla-León. En la primavera del año 1135, Alfonso VII acordó en Nájera una paz con García Ramírez, reconociéndolo como rey de Pamplona y Aragón. En el texto se hacía una clara alusión a una paz firme y duradera. Pero lo cierto, realmente, es que el rey de León y Castilla, pretendía repartirse el Reino Pirenaico con el barcelonés Ramón Belenguer IV, algo que sellaron en el tratado de Carrión de los Condes realizado en Febrero del año 1140. Para ello promovieron la boda del obispo Ramiro con la hija del conde de Poitou y el posterior casamiento de la hija de estos, de apenas dos meses de edad, con el conde de Barcelona, dando así forma a que sería la futura Corona de Aragón.

Ramiro I el Monje(4), se enclaustró en un convento debido a los remordimientos de conciencia que sufrió por su matrimonio, que contravenía el juramento de celibato dado y así, el príncipe de la Corona de Aragón, Ramón Belenguer IV de Barcelona, tomó el caudillaje de la Corona de Aragón desde el año 1147. Cristianos barceloneses y castellanos reconquistan Fraga y Lleida en el año 1149 bajo la excusa de segunda Cruzada a Tierra Santa que fue predicada en el año 1147. Ambas ciudades se constituyeron en unos marquesados y vinculados al Condado de Barcelona. A si pues, los nabarros de nuevo se ven presionados por todas las fronteras del Estado de Nabarra. La unidad bajo soberanía nabarra con los vascones del norte de los Pirineos se vio interrumpida por la acción militar inglesa y también francesa. Al sur, el Reino vascón quedó dividido entre Pamplona y Aragón por las injerencias externas procedentes del reino de León y Castilla, del condado de Barcelona y también del Estado Pontificio de Roma y la rica Rioja cae de nuevo bajo las zarpas imperiales castellanas.


NOTAS:

1. Rey nabarro. A pesar de ostentar los vascones independientes el término político de nabarros, el Estado de Nabarra, por aquel entonces, era conocido como el Reino de Pamplona. Posteriormente, como se puede comprobar en este escrito, se conoció como Reino de Pamplona y Aragón.
2. Cartulario de San Millán de la Cogolla, documento 166
3. Rosa Monterubio del Pozo afirma que murió en Campomanes, Asturias, asesinado por uno de sus peones.
4. Ramiro I el Monje: La historiografía española lo titula Ramiro II.

BIBLIOGRAFÍA
Este escrito histórico ha sido realizado partiendo de la base de 3 escritos históricos anteriores realizados por el mismo autor y disponibles en este mismo blog. Todos llevan por título principal LA GUERRA DE NAVARRA y sus subtítulos son: Del Pacto a la agresión militar; Magnicidio, invasión y caos; y Recuperación, testamento, injerencia y división; siendo la bibliografía de ellos:
CAMPIÓN, Arturo. Obras completas, 1983
CLAVERÍA, Carlos. Historia del Reino de Navarra, 1971
ESARTE Pello, Vasconia en el siglo XII. De Reino de Pamplona a Reino de Navarra, 2004
JIMENO JURIO, José Mª. Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días, 1980
LACARRA, José Mª. Historia política del Reino de Navarra desde sus orígenes hasta su incorporación a Castilla, 1972
LACARRA, José Mª. Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, 1976
MONTERUBIO DEL POZO, Rosa. Santa Mª la Real de Nájera, la piedra labrada como un exquisito bordado, 2001
MORET Y ALESON. Annales del Reyno de Navarra, 1980
NARBAITZ, Pierre. Navarra o cuando los vascos tenían reyes, 2007
SAGREDO, Iñaki. Navarra. Castillo que defendieron el Reino, Tomo I, II, III y IV,entre 2006 y 2010
SERRANO, Bixente. Navarra. Las tramas de la historia, 2006
SORAUREN, Mikel. Historia de Navarra, el Estado Vasco, 1999
URZAINQUI, Tomás. La Navarra marítima, 1998
URZAINQUI, Tomás. Navarra, sin fronteras impuestas, 2002
URZAINQUI, Tomás. Navarra Estado europeo, 2003
VV.AA. Historia Ilustrada de Navarra, 1993
VV.AA. Vasconia en el siglo XI; Reinado de Sancho III, el Mayor, rey de Pamplona (1004-1035), 2004

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