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2011/01/06

El suicidio del mariscal Pedro de Navarra

El suicidio del mariscal Pedro de Navarra
Pello Esarte Muniain, Elizondo-Nabarra

El tema de si el mariscal Pedro de Navarra se suicidó o fue suicidado ha dividido hasta hoy las opiniones. Campión apostó por el asesinato, en razón a las irregularidades del proceso, contradicciones de testigos, sus interpretaciones, y la falta del testamento que, reconocida su existencia, ni se presentó, ni se consignó en el inventario de objetos encontrados. Peio Monteano, por el contrario, en un libro reciente, apuesta por el suicidio por su desesperación, monotonía y malas noticias: “finalmente, en noviembre se suicidará en su prisión de Simancas el propio líder agramontés y máximo defensor de los derechos de los Labrit, el mariscal Pedro de Navarra”.

Así apuesta porque “sólo las noticias de Navarra, a menudo malas, rompían la rutina diaria” (cuando el mariscal mantuvo una correspondencia normal con sus allegados, tanto en la preparación del intento de 1521, como en las gestiones que se hicieron para su liberación). Le acompañaba en su presidio un tal Frías (funcionario de prisiones), que dormía a un lado de su cama, y su fiel criado Bergara (al que los interrogatorios lo dan con dos nombres diferentes) y un tal (Diego) de Termino (que como Diaz de Termino puede ser el mismo) que dos años mas tarde actuaba en Navarra en los procesos de brujos de la Inquisición en Navarra.

Asienta que las malas noticias de la pérdida de Amaiur y la ejecución de algunos de sus seguidores y hasta la muerte del comunero salmantino Maldonado (a quien hace compañero de prisión), y al que dice, pudo haber visto en su ejecución. Estos supuestos le sirven para sostener que “desde entonces, Pedro de Navarra había caído en una profunda desesperación ... y obsesionado con que él también iba a ser degollado, llegó a desconfiar incluso de sus parientes y amigos”, lo que no coincide con las cartas que intercambió con sus familiares (que publiqué en el año 2001). Luego asienta datos de su comportamiento aportados por los testigos, parciales en cuanto todos ellos formaban parte de su custodia y responsabilidad.

El Acta o Auto total lo transcribe Mariano Ariguita, en su obra del Ilustrísimo y Rvdmo. Señor don Francisco de Navarra (1899), donde se pueden contrastar las arbitrariedades producidas durante la investigación y los interrogatorios. Se dice que al amanecer, el mariscal medio vestido pidió a Frías que llamase a su criado Bergara quedando solo, tras lo que se testimonia que fue hallado moribundo con dos cortes mortales de necesidad, faltando de explicar como se dio el 2º, cuando se dice que los dos eran mortales.

Se añade que el alcaide de Simancas ordenó rápidamente la presencia de un escribano que levantase acta del fatal hallazgo, tomase declaración a los testigos e inventariase las posesiones del navarro. Al mariscal se le encontró bastante dinero y una docena de libros en latín y caste­llano. Junto a ellos, el testamento que había escrito de su propia mano.

La divulgación de que fue asesinato es atribuida por Monteano a que llenó de desasosiego a los seguidores del mariscal, y lo difícil de asumir desde un punto de vista político, por la imposibilidad de reponer la desaparición de la cabeza del partido agramontés, bastión de los derechos dinásticos de los Labrit y, única figura capaz de unir a todos los navarros contra los conquistadores españoles. Añade también que, desde el punto de vista religioso, el suicidio de Pedro de Navarra le condenaba eternamente, y así encuentra explicación al criterio de los monjes de Leire: “No es de extrañar que muchos prefirieran creer que había sido víctima de un asesinato muy bien preparado. Los propios monjes de Leire —cuyo abad era destacado agramontés— señalaron en su calendario esa fecha como la del estrangulamiento del mariscal”.


b) En contra del criterio sobre el “suicidio del mariscal”

Para configurar la situación anímica del mariscal con exactitud, necesitaríamos datos objetivos que no poseemos. Se ha aludido a su estado anímico, en razón de los 6 años que llevaba de prisión. Difícil de mantener que, superado el tiempo de impaciencia (de esto hay ejemplos múltiples, tanto en su tiempo como en el nuestro), impere más la desesperación hasta el suicidio, que la voluntad humana de resistir, antes que entregarse a la muerte para fruto de su enemigo.

Además, en el caso del mariscal, existió libertad de comunicación y asistencia de un criado de su confianza, que le llevaba noticias de lo que ocurría. También conocemos, por las cartas del mariscal, que se hallaba al tanto de todos los sucesos del exterior, por lo que habría tenido noticia del encierro de su hijo en la fortaleza de Hondarribia, que contaba además con su permiso. Si en agosto de 1522 las fuerzas ya se hallaban concentradas para cambiar la guarnición de la fortaleza, es de suponer que no estuvieron las tropas durante 3 meses comiendo la sopa boba. Es decir, en el momento de ser “suicidado”, el mariscal (24-XI) tenía buenas noticias de su hijo, ya encerrado en Hondarribia y buena causa para seguir viviendo los acontecimientos con optimismo.

El asesinato también es descartable en un hombre que, como caballero, contaba con la inmunidad que le daba su juramento a otro rey, y por ello no podía ser condenado por crimen de Lesa Majestad. El mariscal creía en su triunfo, según se le aprecia firme en su voluntad de mantener su juramento a don Juan (el que dio al rey Fernando fue personal), en el derecho que defendía, en los parientes que tenía (cuñado del duque de Alburquerque y concuñado del condestable de Castilla) y finalmente en la resistencia de los suyos. Su hijo estaba encerrado en la fortaleza de Hondarribia con sus leales y otros independentistas del reino, gestionando su liberación.

Con lo que no contó es con la irascibilidad del emperador, que además de sus arranques de soberbia, unía en sí la falta de humanidad en grados como para emitir condenas de muerte contra cientos de personas, tanto comuneros, como germanos de Valencia. Se sabe pues de sus actitudes vengativas y más de su ambición para salir beneficiado. Está contrastado que al mariscal lo defendían sus familiares directos (duques de Alburquerque) y otros como el condestable, intercedían por sus allegados a la espera de que el tiempo le permitiera posicionarse sobre él, como ya lo había hecho en la liberación de Antonio de Peralta y otros seguidores del mariscal.

Monteano no recoge la opinión de asesinato de Campión, al que solo asigna que “dedica un pormenorizado análisis de la muerte del mariscal y de sus distintas interpretaciones históricas”.

Pero por encima de opiniones, donde mejor podría constatarse el estado de ánimo del mariscal, sería en el citado testamento desaparecido. Su desaparición sólo puede ser atribuida al causante de su muerte, mayormente siendo su beneficiado, Carlos 1º. En cuanto a que se encuentre su cuerpo, no soy precisamente optimista sabiendo de todos estos precedentes.



Extraído de la web de la empresa Nabarralde, S.L.

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